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EL 3X3 SE ABRE ESPACIO EN LA ISLA 58

La primer compe del año se va a llevar a cabo en el «Play-On» ubicado en un predio dentro de la Isla 58 de Villa Regina. Este domingo a partir de las 17:30hs.

Nos tomamos enero para poder reactivar un espacio al aire libre en uno de los lugares más naturales y dados para la recreación que hay en Regina, y febrero lo arrancamos con todo. Lo que llamamos el «Play-On», es una canchita de basquet al aire libre emplazada en la Isla 58, a pocos metros del río Negro.

Activación del Pay-On en la Isla 58

El playón está ubicado dentro de un predio que queda pasando lo que sería el «Avistaje de aves», cuenta con proveeduría y es un hermoso espacio al aire libre para pasar la tarde. Reacondicionamos y limpiamos el espacio que no contaba con las líneas reglamentarias, y el aro no se encontraba en condiciones y estaba en total desuso.

Lo pusimos a punto y lo dejamos listo. Mañana promete ser una linda compe para ir a ver y una linda tarde para disfrutar en familia. Traete el mate y la reposera.

Mañana domingo a partir de las 1700hs comienza el primer 3×3 del año, la «Copa JM Estudio Jurídico» que cuenta con 6 equipos: The LeñaKingos (unificación de dos equipos que siempre participán: Leñadors y Vikingos), Doble Ipa, The Wall, Onfair, Peppers (en su 2da participación) y cierra MiGachi.

En la 4ta competencia que organiza @3x3basquetregina, el formato de disputa será de dos zonas de 3 equipos, en las cuales los 3ros jugarán ente sí para definir 5to y 6to lugar, y los primeros cruzarán con los segundos para jugar semifinales.

CÓMO LLEGAR??
Agradecemos a quienes nos auspician
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    Samanta Schweblin no se calla

     

    Al recibir el Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana se refirió a la muy castigada, descuidada y abandonada universidad pública y gratuita de Buenos Aires.

    Por Alfonsina Madry para NLI

    La noche del 8 de abril fue gratificante para Samanta Schweblin: en el Museu Marítim de Barcelona, Rosa Montero, presidenta del jurado, anunció que El buen mal, que se “destaca por plasmar en un volumen de relatos nuevos mundos turbadores, fascinantes y complejos, recorre magistralmente la frontera entre lo posible y lo imposible con una prosa hipnótica, de una belleza inquietante que sitúa la tradición del cuento en su punto más alto”, era el libro ganador de la primera edición del Premio Aena.

    Sin turbación ante el millón de euros que representa hacerse con este galardón, la Schweblin tomó la palabra para agradecer y también poner blanco sobre negro el daño irreparable que significa la cruzada anticultural libertariana  para la UBA, a la que atribuyó haber contribuido a profundizar su pasión lectora. “La muy castigada, descuidada y abandonada universidad pública y gratuita de Buenos Aires”, dijo sin pelos en la lengua.

    En lo referido al contexto editorial y el universo de las premiaciones, hizo hincapié en una realidad que, como destacó aquí, en NLI, semanas atrás Silvina Belén en “Cuentos de novela”, castiga a la narrativa breve. En su discurso, Schweblin señaló que la elección de su libro implica “una declaración de principios” del jurado y de la esencia del premio:

    Pienso en otros grandes premios internacionales: se premian novelas y novelas y novelas extraordinarias, por supuesto, y muy de cuando en cuando tiene que aparecer una Alice Munro o una Jhumpa Lahiri para romper los cánones y lograr asomar un libro de cuentos. Me encanta que este premio incluya otros géneros más allá de la novela, y hoy este premio da su primer paso premiando la excepción. Me emociona de verdad pensar que estoy recibiendo un premio que es también un reconocimiento al género del cuento.

    El buen mal, excepcional colección de cuentos que el año pasado Samanta Schweblin dio a la imprenta (Seix Barral, 2025), compitió con narraciones de consagrados escritores como Canon de cámara oscura, novela de Enrique Vila-Matas. El Premio es iniciativa de Aena, empresa pública aeroportuaria de España, la mayor del mundo en el sector, con la que colaboran la Fundación Gabo y la Cátedra Vargas Llosa.


     

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  • Llaryora arma una embestida contra los libertarios por el Pami y reclamará a Milei una deuda de 30 mil millones

     

    «En los hechos, Milei nos tiró a las provincias el Pami». Ese es el diagnóstico que altas fuentes del Gobierno provincial hacen de la crisis de financiamiento del Pami, «la punta del iceberg» de lo que asoma si el Gobierno nacional no encuentra el rumbo rápidamente.

    Martín Llaryora ya mostró los dientes. Les pidió a los dirigentes liberarios que «no se escondan más, pongan la cara y pongan los recursos». Sabe que así incomoda a los socios de Gabriel Bornoroni, en particular a Luis Juez. «No puede el Pami estar abandonando a los abuelos. A los dirigentes que son nacionales, pongan la cara y vayan a pelear por los recursos».

    La cuenta que hacen en El Panal es que el desfinanciamiento del Pami le está costando a Córdoba unos 30 mil millones de pesos. En números gruesos, 9 mil millones de pesos les debe el Pami a los municipios cordobeses por atención en el sistema de salud comunal; una cifra similar por las prestaciones de los hospitales provinciales; y unos 15 mil millones de pesos por la deuda de Pami con Apross, la obra social provincial.

    Casi 60 mil jubilados provinciales tienen doble cobertura -Pami y Apross-, por lo que hay un acuerdo de pago entre las dos obras sociales. En la Provincia aseguran que el Pami adeuda nueve meses, a razón de 1.700 millones de pesos mensuales. «Hay un impacto directo en el sistema de salud», aseguran en el Gobierno provincial.

    De la Sota tensiona al máximo con Llaryora y apuesta al armado nacional post Milei 

    En un juego sincronizado, salieron a evidenciar la crisis del Pami desde la senadora Alejandra Vigo hasta el defensor del Pueblo, el radical Carlos Galopo. La esposa de Juan Schiaretti pidió explicaciones por la «gravísima situación», mientras que el radical reclamó la «renuncia» de las autoridades del Pami en Córdoba.

    El legislador radical Dante Rossi también pidió la remoción de la cúpula del Pami en Córdoba; y Ramón Mestre matcheó: «$ 2.100 por mes. Eso es lo que el Gobierno nacional decidió que vale la atención médica de un jubilado. Mi total apoyo a los médicos y jubilados. La salud es una prioridad, no un número en una planilla». Ambos trabajan en dinamitar un eventual acuerdo de Rodrigo de Loredo con La libertad Avanza.

    «Vamos a levantar la voz en tres aspectos innegociables: atención de los abuelos, el cumplimiento del financiamiento universitario y los fondos para la discapacidad», dice un ministro que diseña la campaña reeleccionistas de Llaryora, quien advierte que hay un «incumplimiento flagrante» de esas leyes por parte de los funcionarios nacionales.

     

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  • Una presentación a la convocatoria para cubrir cargo de Juez de Falta Suplente

    La Municipalidad de Villa Regina informa que se presentó una postulación al concurso abierto de antecedentes para cubrir el cargo de Juez de Falta Suplente. La presentación corresponde a la Doctora Fernanda Jazmín Cortes. A partir de ahora están corriendo los plazos previstos en el decreto 126/21. Difunde esta nota

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  • Apenas periodistas

     

    A las cuatro de la tarde del miércoles 15 de octubre de 2025 más de cuarenta periodistas salieron del edificio del Pentágono en Washington DC cargando cajas con sus pertenencias. Habían trabajado durante años acreditados en la sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Fue la reacción ante la revocación de credenciales a un grupo de ellos y las restricciones impuestas por el gobierno de Donald Trump para informar sobre las actividades militares. Cinco meses después, el 20 de marzo de 2026, un tribunal declaró inconstitucionales las restricciones a la prensa del gobierno federal.

    El lunes 6 de abril, en Argentina, la escena tuvo una réplica. La Casa Rosada revocó las credenciales de varios periodistas acreditados. El argumento fue una investigación periodística que, con documentos filtrados y sin pruebas, informaba que sus medios habrían recibido presuntos pagos por parte del gobierno ruso para publicar notas con el objetivo de desestabilizar al gobierno de Javier Milei. Esos periodistas no habían firmado los artículos señalados. Unos días antes, a uno de ellos que ya no podía entrar a la sala de prensa, el Jefe de Gabinete libertario le había dicho que era “apenas un periodista” cuando le preguntó por la causa judicial por enriquecimiento ilícito en la que está siendo investigado. En menos de un mes, los periodistas argentinos pasaron de ser catalogados como “apenas un periodista” por el vocero presidencial Manuel Adorni a “traidores a la Patria” por el Presidente. De la deslegitimación a la estigmatización. 

    Las dos escenas -Washington y Buenos Aires- sucedieron en contextos donde los gobiernos han convertido a la prensa en blanco de ataques sistemáticos. La diferencia no estuvo en el gesto del poder. Sí en la reacción de los periodistas. Y eso abre una serie de preguntas para el debate. 

    En Estados Unidos, la respuesta institucional y judicial fue rápida. En Argentina, en cambio, la reacción fue fragmentada: hubo comunicados, apoyos y muestras de solidaridad en redes sociales, desmentidas. Mucho ruido. Ninguna acción colectiva sostenida.

    La prohibición del ingreso de periodistas acreditados a la Casa Rosada fue el lunes 6 de abril. Después  de los cuatro días de Semana Santa en los que el presidente Milei “escribió 86 tuits contra la prensa y republicó otros 874 emitidos originalmente por militantes libertarios, funcionarios o usuarios desconocidos”, según publicó Martín Rodríguez Yebra en el diario La Nación. Fue una nueva escalada de su campaña NONSALP, “No odiamos lo suficiente a los periodistas”, acompañada por ministros y funcionarios. El miércoles 8 sumó una entrevista en la Televisión Pública en la que aseguró que “el 95 por ciento de los periodistas argentinos son delincuentes” y explicó: “escriben por mandatos o financiados por otros países o en medios que tienen conflictos con el Gobierno porque quieren prebendas o responden a empresaurios, empresarios prebendarios. Por lo cual el 95 por ciento del periodismo está contaminado”.

    “La revocación de mi acreditación es una manera de imponer miedo”, dice Liliana Franco, periodista de Ámbito con más de 30 años de trabajo en la sala de prensa de la Presidencia. Y sostiene: “A ningún gobierno le caen simpáticos los periodistas y es parte del juego. No estamos para ser aplaudidores del gobierno de turno”.  

    Mientras espera los resultados de la reunión en Casa Rosada entre los directivos de Ámbito y funcionarios para el descargo que demostraría que nunca habían recibido dinero del gobierno de Vladimir Putin, Franco hace un diagnóstico que va más allá del Gobierno: “Lo digo con tristeza, la mayoría de mis colegas cree que hacer su trabajo es llevarse bien con los voceros. Obviamente así es más fácil transitar los pasillos del poder. Por cosas muy menores, hace tiempo, la sala reaccionaba en conjunto. Esta vez solo hubo una pregunta en off a funcionarios. Hay excepciones pero ese es el nivel de periodismo, entonces los gobiernos avanzan”. 

    Franco entonces va contra su protagonismo individual de estas horas. “¿Sabes cuál es la noticia que importa? Que es muy malo para la democracia argentina que en la Casa Rosada se prohíba el trabajo de periodistas acreditados, como también es muy malo que en la sede del Gobierno nacional haya periodistas que no honren la profesión”. 

    Si algo muestra la falta de reacción conjunta es que el universo de periodistas argentino está atomizado, precarizado y sin capacidad de acción colectiva. La irrupción de Internet y, sobre todo de los buscadores como Google y las redes sociales, quitó del centro a los medios de comunicación como principales actores del ecosistema informativo y el modelo de negocios de las empresas periodísticas perdió su principal fuente de financiamiento: la publicidad que migró a las grandes empresas de tecnología. Los periodistas entendimos tarde que ese cambio iba a afectar nuestras condiciones de trabajo. La baja de salarios, llevó a que el pluriempleo sea la norma para llegar a un ingreso digno y ya se habla también de la uberización de los periodistas, porque según SIPREBA, son muchos los que deben manejar autos de aplicación o tener otras changas para completar los ingresos. En ese escenario, con la irrupción de la Inteligencia Artificial Generativa que pronostica el fin de los buscadores, de los seguidores en las redes y la automatización de la producción de contenidos, los periodistas, esta vez, reaccionamos. La manera de hacerlo quizás sea un debate que hay que dar. Al menos eso apareció en las conversaciones privadas que registró Anfibia y en algunos comentarios públicos de referentes.

    El periodista Ramón Indart escribió en su cuenta de X el 7 de abril todavía entre retuits de la campaña de violencia digital: “Off con empresario que entiende de medios. Me siento a tomar el café. Me mira. Tira de entrada: ‘porq naturalizan el odio contra ustedes. Va a ser difícil construir sobre lo destruido’. Lo naturalizamos?” Y no fue el único. Leandro Renou en la misma red social planteó: “Hay que armar agrupaciones de periodistas nuevas. Vivas. Modernas, renovadas y desafiantes de los contextos. Las q están no sirven absolutamente para nada”.

    Por teléfono, Renou retoma la idea: “Me parece que lo que falta es una posición clara sobre la violencia contra los periodistas en el debate público, que son cuestiones que van más allá de lo salarial, que también hay que exigir. Cuando digo lo de la modernización me refiero a dejar de lado las cuestiones ideológicas o de intereses diferentes ante el gobierno, dejar lo institucional y pensar sin prejuicios el ejercicio profesional. Porque las entidades que supuestamente representan a periodistas permiten que el corte de acreditaciones sea selectivo. Incluso llegaron a publicar el informe sobre la operación rusa en algunos medios con notas pagas para desestabilizar sin tener pruebas. Lo que le da más pasto a las fieras”. 

    En estos días, quizás convenga pensar si el problema no es solo que los gobiernos ataquen al periodismo como política pública, sino que el periodismo -fragmentado, precarizado y dependiente de plataformas-, ya no tiene capacidad colectiva de responder.

    La pregunta sobre cómo debe reaccionar el periodismo frente a los ataques del gobierno de Milei más allá de los desafíos por las cuestiones salariales y de rutinas de producción atravesadas por los cambios tecnológicos es crucial para Silvio Waisbord. Investigador y profesor de Periodismo y Comunicación Política en la Universidad George Washington, acepta que la acción siempre es reactiva. 

    “Lo que pasa es que el periodismo, por lo general, tiene una posición reactiva – asegura Waisbord- y la situación de precariedad laboral obviamente no contribuye a encontrar el tiempo para pensar la profesión. Entonces la única posibilidad de acción es la reacción frente a lo que va sucediendo que se mueve con otras lógicas que no son las periodísticas como la política, la geopolítica o la inteligencia. La flaqueza del periodismo es también justamente no tener una agenda propia”.

    Para Waisbord también son reactivos el posicionamiento frente a los desafíos que plantea la economía digital y el rol de las plataformas, “porque los periodistas no controlan las condiciones en las cuales esos cambios suceden”. En su opinión, ante la violencia del gobierno de Milei se profundiza una condición estructural del periodismo reactivo: “así como se reacciona frente a lo que está circulando en las redes”.

    El desafío ante este tipo de ataques de gobiernos sucede en otros países. Pero para Waisbord, “este gobierno es particularmente astuto en cómo actúa con la prensa y tiene el poder de plantar información. El dilema es si no respondes porque las mentiras o las falsedades quedan. O sea, no se puede ignorarlas, pero también responder es darle oxígeno”. 

    Esa disyuntiva es ética y la solución no es fácil, asegura Waisbord: “No creo, especialmente por cómo este Gobierno piensa la comunicación, que se pueda ignorar y no plantarse contra esa narrativa”.

    Waisbord define al gobierno de la Libertad Avanza “especialmente astuto en comparación con otros gobiernos argentinos como el kirchnerista que fueron contra la prensa. Saben cómo, especialmente a través de las redes, imponer temas o desencadenar campañas coordinadas personalizadas. El periodismo incluso debilitado, queda como el único actor. La respuesta es casi individual porque se personaliza”. 

    La violencia digital, potenciada por procesos de automatización y algoritmos oscuros de grandes empresas tecnológicas, incide en la autocensura y en la redefinición del rol del periodismo en un contexto democrático. Sebastián Lacunza es uno de los periodistas que mantiene su actividad en X. “Mí pregunta es dónde hablar si no. En ese ámbito también se define el valor del periodismo tanto como la elaboración de una nota cuando te adentras en la Amazonía o como cuando agarrás la bici para ir a preguntar a los vecinos si Adorni vive en esa cuadra de Caballito. Es también parte del apego a la profesión y donde se construye un texto en ese maremagnum de redes corrompidas”.

    La historia reciente del periodismo argentino influye en este escenario. Dice Lacunza al respecto: “Como colectivo profesional tienen una trayectoria bastante compleja. Entonces es difícil que se plantee ciertos criterios y posiciones comunes frente a un ataque generalizado, pero personalizado. Es un problema que termine en formas de reacciones individuales o de medios particulares. No hay una solidaridad abarcativa o una historia solidaria dentro del periodismo en estos últimos 25 años. No es un modelo de consenso, la idea de la grieta terminó de profundizar la polarización, pero creo que en los 90 hubo algunos esbozos de consensos comunes entre los periodistas. Banderas como la libertad de expresión, sobre la importancia de los trabajos de investigación, cosas básicas que hacen más fácil respuestas mancomunadas. Pero es verdad que también se necesita una sociedad civil y una política que apoye la defensa del periodismo y de la libertad de expresión”. 

    Martín Becerra coincide con Waisbord en posar la mirada en las últimas décadas del ejercicio periodístico en la Argentina y en el rol de los grandes medios que no mantuvieron un compromiso con la tarea de informar y la libertad de expresión que debe aparecer en momentos álgidos como estos. También subraya el rol activo que antes tuvieron organizaciones de la sociedad civil y del campo de los derechos humanos para apoyar con mecanismos claros los ataques a la libertad de expresión.  

    Para los fines del análisis, Becerra, especialista en medios de comunicación e investigador del Conicet, diferencia entre los periodistas “notorios”, que son más formadores de opinión, de la mayoría de los periodistas que trabajan día a día en los medios y no son conocidos. “Es la mayoría y están detonados. Frente a un ataque del Gobierno, o de la SIDE coordinado, con o sin trolls, que les pueden desde hackear las cuentas de mails, meterse con la familia, doxearlos o todas esas cosas juntas, los mecanismos de defensa institucionales clásicos como el de las empresas donde trabajan es casi inexistente en la actualidad. Primero, porque las corporaciones periodísticas no lo hacen como antes y segundo porque ya es muy difícil que un periodista trabaje para una sola empresa”.

    Hace al menos dos décadas que el periodismo ya no sucede únicamente en las redacciones ni en los medios tradicionales. Además del ejercicio profesional, la vida pública transcurre en plataformas con sistemas de algoritmos opacos que definen qué se vuelve visible; que además amplifican la violencia y hasta incluso terminan induciendo a la autocensura. Tiene dueños. Cuando, en octubre de 2022, Elon Musk pagó 44.000 millones de dólares por Twitter, declaró: «El pájaro ha sido liberado» y explicó que compró la plataforma para asegurar una «plaza pública digital» libre para la expresión, esencial para el futuro de la civilización y el debate saludable, claro según lo que él cree que eso significa. 

    Waisbord señala que el periodismo argentino en gran parte, como en otros países, se ha tratado de acomodar lo mejor posible a las nuevas condiciones que imponen las plataformas porque ahí está el público. Ya nadie duda que las Big Tech tienen el acceso a las audiencias y “como no les vas a ganar, tenés que sumarte. Es un pacto con el diablo”, dice. Lo más llamativo es que las empresas periodísticas también pactan con ellas, que son sus principales competidoras por las audiencias. En las conversaciones para esta nota surgió un dato llamativo: representantes de Google suelen ocupar los escenarios de encuentros de entidades periodísticas para que capaciten a las redacciones en el uso de sus propias herramientas de IA.

    Mientras ya se habla del fin de las redes sociales, del fin de los seguidores y de que la Inteligencia Artificial Generativa va a terminar de configurar un panorama en el que la circulación de la información tendrá menos jugadores se puede pensar  que quienes tengan ese poder serán cada vez más poderosos y que los periodistas deberían ser mucho más necesarios.
    Si llegamos a ese futuro inmediato deberíamos responder al menos la pregunta sobre si el periodismo, tal como está hoy, puede reaccionar de una manera distinta y, en caso de que no suceda, cómo los periodistas podemos defender la  democracia si no logramos pensar colectivamente nuestra propia existencia. Finalmente el problema no es solo el avance autoritario de un gobierno, lo que está en juego también es la propia relevancia de un oficio atado a la libertad.

    La entrada Apenas periodistas se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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