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Durante el año, se entregaron insumos a 23 instituciones educativas

A lo largo del ciclo lectivo, 23 instituciones educativas recibieron insumos de distinto tipo a partir del convenio que la Municipalidad de Villa Regina firmó con el Ministerio de Educación y Derechos Humanos de Río Negro.

En este sentido, los establecimientos beneficiados fueron las Escuelas 265, 257, 143, 85, 105, 196, 83, 52, 28, 220, 91, 279, Jardín 45, Instituto de Formación Docente, Supervisión y el Consejo Escolar Alto Valle Este.

Los insumos fueron diversos, entre ellos se puede mencionar PCs más accesorios, teléfonos inalámbricos, impresoras, kits rapsberry, motoguadaña, heladera, Smart TV, termómetros y alcohol etílico que fueron entregados de acuerdo a la necesidad cada institución.

El Intendente Marcelo Orazi destacó la posibilidad que brinda la firma de este tipo de convenios con la cartera educativa ya que permite llegar con respuestas y soluciones de una manera más ágil a las demandas educativas.

Por su parte, desde el Consejo Escolar se valoró el acompañamiento de la Municipalidad en todos los aspectos durante el presente año lectivo.

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  • El mercado se vuelca a los bonos que ajustan por CER, en otra señal que la inflación seguirá alta

     

     Se dio a conocer el último dato de inflación y la situación geopolítica global comenzó a recalentarse cada vez más. En este contexto, los inversores se preguntan si seguir apostando por el peso o, por el contrario, migrar hacia activos financieros que ofrezcan cobertura cambiaria.

    La semana pasada, el Indec reveló que el índice de precios al consumidor (IPC) avanzó un 2,9% en febrero de la mano de las tarifas y los alimentos. De esta manera, acumuló un 5,9% de crecimiento en 2026 y un 33,1% de forma interanual. 

    El dato, que igualó al de enero, fue superior al 2,8% promedio estimado por las consultoras, lo que preocupó a una parte del mercado. En marzo se espera un registro similar, lo que indica que en apenas tres meses de habrá alcanzado la meta anual que fijo el gobierno en el Presupuesto de este año.

    La suba de tasas y la inflación por la guerra amplifican las fragilidad del modelo de Caputo

    En paralelo, la guerra en Medio Oriente protagonizada por Estados Unidos, Israel e Irán está escalando, lo que impulsó al alza el precio del petróleo, que ya ronda los USD 110 por barril.

    «Para el ahorrista argentino, este shock no es un dato lejano, tiene implicancias directas para Argentina: presiona la inflación global vía costos, deteriora el escenario de tasas en Estados Unidos y complica el contexto externo para economías emergentes», relató Priscilla Sosa, asesora financiera en Bull Market Brokers.

    Según la Agencia Internacional de Energía (EIA, el Brent se mantendrá por encima de los USD 95 durante los próximos dos meses, antes de moderar -eventualmente- hacia el tercer trimestre.

    Los bonos CER ofrecen cobertura directa contra la presión sobre la inflación. El esquema de bandas cambiarias vigente limita el traslado del shock externo al tipo de cambio oficial en el corto plazo, pero no neutraliza la inflación que ese mismo shock puede generar.

    «En este marco, los bonos CER ofrecen cobertura directa contra ese riesgo. El esquema de bandas cambiarias vigente limita el traslado del shock externo al tipo de cambio oficial en el corto plazo, pero no neutraliza la inflación que ese mismo shock puede generar», indicó Sosa.

    La lógica del dollar linked cobra más relevancia cuando el shock externo es tan pronunciado que fuerza un ajuste del tipo de cambio real. Ese escenario no es el base dado que hoy el Gobierno mantiene el ancla cambiaria como señal central, aunque el contexto geopolítico lo vuelva un riesgo a monitorear.

    Cabe señalar que los diferentes tipos de cambio están atravesando un periodo de gran estabilidad, motivo por el cual el dólar oficial ronda los $1.400 desde hace varias jornadas.

    «En un escenario de inflación global elevada y sostenida por un conflicto de resolución incierta, la cobertura en CER sigue siendo la más alineada con el objetivo de preservar el poder adquisitivo. El dollar linked tiene sentido como cobertura táctica ante una eventual ruptura del esquema cambiario, no como posición estructural mientras el ancla se mantenga», relató Sosa.

    En esta línea, los estrategas de Adcap Grupo Financiero coincidieron en que los bonos CER son mejor alternativa de inversión que la deuda dólar linked.

    «Tras el dato de inflación de febrero de 2,9% y especialmente la lectura núcleo de 3,1%, destacamos el Boncer TZXM7, que ofrece alrededor de un 5,5% de rendimiento real. De cara a adelante, esperamos que la inflación de marzo se mantenga elevada, en términos generales en línea con los registros de enero y febrero cerca del 2,9%, respaldada por una estacionalidad desfavorable y por indicadores de alta frecuencia firmes», sostuvieron los ejecutivos.

    Por su parte, los analistas de Proficio Investment expusieron su visión bajista sobre los bonos dólar linked. «Con el buen desempeño del peso argentino a pesar de la incertidumbre a nivel mundial, mantenemos nuestra view negativa considerando que el escenario de corto plazo favorece un peso apreciado al menos por unos meses más. Además, con tasas bajas (e incluso negativas), existen otras alternativas dolarizadas más atractivas en el caso de querer cobertura», concluyeron.

     

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    PERDÓN POR TAN POCO

    Pacha Mama o Madre Tierra son expresiones comúnmente utilizadas para mencionar al planeta Tierra en distintos países, término que expresa la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta en el que todos convivimos. Para lograr un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes…

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  • Blackrock y otros gigantes de Wall Street imponen un «corralito» ante el masivo retiro de fondos por la guerra

     

     El corazón financiero de occidente está herido. Todavía no es una crisis abierta. Pero los indicadores empiezan a alinearse de una forma inquietante. Wall Street camina sobre hielo fino. 

    Los jugadores más grandes de Wall Street tomaron una medida muy inusual que da cuenta del grave impacato de la guerra en la economía de Estados Unidos. BlackRock y otros gigantes de las finazas comenzaron a limitar los retiros de fondos de sus inversores, una suerte de «corralito» selectivo que día a día se expande a nuevas instituciones.

    En las últimas dos semanas se combinaron tres factores que según los analistas pueden explicar el fenómeno de los retiros masivos de dinero del sistema de Wall Street: la guerra con Irán y su impacto sobre el mercado del petróleo, el ruido que no afloja sobre una posible burbuja en torno a la inteligencia artificial y el enorme mercado de private equity y crédito privado que creció en las sombras después de la crisis de las subprime de 2008. 

    El nerviosismo se volvió visible cuando BlackRock limitó los retiros de su fondo HLEND, que administra junto a la gestora HPS, después de recibir solicitudes por alrededor de 1.200 millones de dólares, cerca del 9% de su valor neto. 

    Tras atacar tres buques, Irán advierte que el petróleo se irá a 200 dólares y se liberan reservas de emergencia 

    Otro de los casos relevantes ocurrió con Morgan Stanley, que restringió los retiros en su fondo North Haven Private Income Fund, un vehículo de crédito privado de unos 7.600 millones de dólares. Los pedidos de rescate superaron el 10% del capital, por encima del límite trimestral que permite el reglamento del fondo. El banco terminó devolviendo solo una parte del dinero solicitado, aplicando el clásico mecanismo de compuerta que se activa cuando los gestores temen tener que liquidar activos a pérdida. 

    Otro de los casos relevantes ocurrió con Morgan Stanley, que restringió los retiros en su fondo North Haven Private Income Fund, cuando los pedidos de rescate superaron el 10% del capital.

    Algo parecido ocurrió con Cliffwater, una firma especializada en medir el rendimiento de préstamos privados. Su fondo Corporate Lending Fund, que administra cerca de 33.000 millones de dólares, recibió pedidos de rescate por alrededor del 14% del capital. La firma limitó las devoluciones al 7%, lo que volvió a encender alarmas en el mercado. 

    La lógica es sencilla: cuando los inversores quieren salir al mismo tiempo, los fondos enfrentan el problema de vender activos que no tienen mercado líquido. Y ahí aparece otro dato que empieza a incomodar: el aumento de defaults y reestructuraciones en empresas muy endeudadas, donde ya entre el 8% y el 12% de los préstamos muestra signos de estrés. Un síntoma que trae el recuerdo de la crisis de los préstamos hipotecarios de la subprime. 

    No se trata de un colapso, pero sí de un síntoma. Cuando un fondo empieza a cerrar la puerta, el resto del mercado mira con desconfianza qué está pasando adentro. El gestor, George Noble, comparó los rescates limitados en fondos con «las primeras grietas que se veían en 2007».

    Para entender el problema hay que mirar qué es exactamente el crédito privado. Se trata de préstamos que no provienen de bancos tradicionales. Después de la crisis de 2008, las regulaciones redujeron el margen de los bancos para financiar empresas con riesgo medio o alto. Ese espacio lo ocuparon fondos de inversión que prestan dinero directamente a empresas. Ese mercado creció a una velocidad extraordinaria durante la última década, pero ahora enfrenta un punto de inflexión: menor liquidez, valuaciones bajo presión y creciente cautela de inversores institucionales que empezaron a revisar su exposición al sector. 

    El private equity, o P.E., es el otro engranaje de ese sistema. Son fondos que compran empresas, las reestructuran y las venden más caras algunos años después. Muchas de esas operaciones se financian con deuda. Y esa deuda muchas veces proviene justamente del crédito privado. 

    El resultado es una red muy densa de préstamos entre fondos, empresas adquiridas y vehículos financieros. Un operador financiero lo describió con una imagen bastante gráfica: «Una telaraña de deuda que funciona bien mientras nadie la sacuda demasiado».

    Ahí aparece el recuerdo inevitable de las hipotecas subprime, un universo de activos difíciles de valorar, empaquetados dentro de estructuras financieras complejas. 

    El crédito privado podría ser un Lheman silencioso.

    La diferencia es que ahora el sistema es todavía más opaco. Muchos de estos préstamos no cotizan en mercados abiertos. Los precios se estiman con modelos internos y cuando los inversores quieren salir, el mercado descubre que no hay compradores suficientes. El analista FluentInFinance, muy seguido por operadores de Wall Street, escribió en X que el crédito privado podría convertirse en «el próximo Lehman silencioso». 

    En paralelo, el contexto global se volvió hostil. La guerra en Medio Oriente empujó el petróleo y reaviva la inflación global.

    Al mismo tiempo, la fiebre por la inteligencia artificial infló las valuaciones de las tecnológicas y disparó inversiones gigantescas en centros de datos y chips. Ese entusiasmo empieza a generar preguntas incómodas sobre si esa inversión tendrá un retorno real.

    Por eso, el economista Mohamed El-Erian advirtió que las tensiones actuales pueden generar un «efecto contagio clásico» si los inversores empiezan a vender activos para obtener liquidez.

     

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    Confesores imperdonables

     

    Los grandes contrastes entre los curas que influyeron en Isabel de Castilla y en la vida cotidiana de moros, judíos y cristianos.

    Y tú sin perjudicar a nadie y esposao
    Que la ley de extradición te pille
    confesao.
    – J. Sabina, Con un par

    Por Silvina Belén para NLI ·

    Llegar confesado al último suspiro era una aspiración que antaño compartían nobles y plebeyos españoles. Hoy mismo, si corriéramos algún riesgo de importancia pero igual decidiésemos tirarnos a la pileta, cualquier español podría decirnos, como Joaquín, “Que te pille confesado” casi automáticamente. El reflejo de la tradición de paladines de la cristiandad no desaparece así como así.

    Recibir el perdón divino con regularidad a través de un confesor era necesidad acuciante para el cristiano viejo. Ni qué decir para los monarcas. Y si se trataba de doña Isabel de Castilla, la reina a la que en el colegio conocíamos como Isabel  la Católica, la necesidad se multiplicaba al infinito. Sin confesor no había torrejas, ni alhajas a donar, ni colones que le hicieran la historia.

    Y a nosotros, entre maestras, profes de historia con secretas simpatías por el generalísimo con ínfulas imperiales –y aferrado al cirio-, dueños de bares y restaurantes, curas ibéricos, días de la raza más todos los etcéteras  imaginables, también nos hicieron la historia, la historia en la que Isabel quedaba fuera de cualquiera de las iniquidades que algún descreído pudiese referirnos acerca de la cristiandad peninsular de aquellos tiempos y de los que pronto les seguirían.

    Acostumbrados como estamos a los desengaños, bien podríamos soportar un inventario de las agachadas -que no fueron pocas- de la reina, igual que sobrellevamos las desilusiones cromáticas con French y Beruti,  o Cornelio Saavedra y otros tantos que, con halo de patriotismo finalmente desmentido, nos precedieron en estas latitudes que por siglos le dieron riqueza a España gracias al buen olfato atribuido a la ilustre esposa de Fernando de Aragón.

    Pero como doña Isabel también soportó arduos pesares y tuvo sus virtudes, despistes y grandezas, solamente vamos a enfocarnos en las alegrías, amarguras y desaciertos que experimentó con sus confesores, dado que siendo “La Católica” el punto no carece de interés e, incluso, de una pizca de justicia para con la chismografía histórica que cultivan las anteojudas comadres de biblioteca, gracias a quienes sabemos, por ejemplo, hasta qué punto la reina odiaba al ajo, pecado culinario peninsular si los hubiera.

    Biografías, historia del periodo y datos afines pueden hallarse con facilidad en enciclopedias tradicionales, Wikipedia o a través de la ubicua IA. Lo singular y menos registrado es todo aquello que relaciona a estos confesores entre sí, la reina, el poder y la tan mentada cultura de moros, judíos y cristianos.

    Para no zozobrar con el asunto de los confesores, hay que partir asociando el renombrado año 1492 no a Colón y el Puerto de Palos de Moguer –como tan popular como erróneamente se suele denominar al Puerto de Palos de La Frontera-  sino a Granada, con pausa obligatoria para evocar a Washington Irving y sus Cuentos de la Alhambra (La Alhambra: conjunto de cuentos y bosquejos sobre moros y españoles, 1832), digresión más que justificada para ambientar la mente.

    Feminismo regio y conquista

    Ya desde los tiempos de princesa doña Isabel  era mujer de carácter y armas tomar. A su capellán de esa etapa, Alonso de Coca, lo envió tanto a Aragón como a Francia para que conociese en persona a los dos principales nobles que la pretendían: Fernando de Aragón y el duque de Guyena. Debía informarle Coca sobre virtudes y defectos de sus posibles maridos. Era exigente y no iba a decidirse así como así. Ella misma evaluaría  luego atractivos personales y conveniencias políticas.

    Su primer confesor fue fray Mortero (Alonso de Burgos), antisemita jurado e irascible cura que introdujo la Inquisición en Castilla y León. El segundo, nada menos que el  más afamado y cruel de los inquisidores, fray Tomás de Torquemada. Durante años consentido por Isabel, cuando la Inquisición había llegado a su cenit de terrorismo recaudatorio, lo nombraron inquisidor general y la católica cambió de confesor.

     Y a partir de aquí, más allá de los devaneos con el santo oficio, comienza lo interesante.

    Fray Hernando de Talavera, prior desde 1470 de Nuestra Señora del Prado, en Valladolid –lugar de residencia de la corte en la época-,  pasó a ser desde 1474 el nuevo confesor. En las antípodas de sus predecesores, no veía con buenos ojos la Inquisición ni se lo consideraba un fanático al estilo de Torquemada. Atravesó desde 1475 junto a Isabel y Fernando la Guerra de Sucesión de Castilla que en 1479 terminó con los tires y aflojes en favor de la Católica y ostracismo de la Beltraneja.

    Hernando, con un talento para la economía que lo había convertido en un ministro de hacienda de facto, contribuyó a financiar la obsesión de la reina con la conquista de Granada, ciudad que se creía la mejor fortificada del mundo. Esa guerra, con su largo sitio, exigía recursos que la habilidad de Talavera conseguía con su don para las finanzas regias unido a un celo administrativo ejemplar.

    Merodeando las arcas también andaba Colón, a quien Hernando de Talavera llevaba cortito aunque, con intuición similar a la de Isabel, finalmente apoyó. Por muchos años el confesor, consejero y ministro de hecho de varias carteras lo fue todo para la reina. Mientras, los astros se conjugaban para que el año 1492 fuera un punto de convergencia inigualable.

    El asedio a Granada, máquina de fagocitar maravedíes reales, en 1491 había agotado la paciencia y la economía castellanas, pero también los víveres de los árabes que resistían intramuros. Alimentar a una población que había crecido exponencialmente en pocos años se hacía misión imposible. Unas y otras desgracias invitaban a la negociación, que terminó dándose en noviembre.

    Los famélicos mandamases moros estaban dispuestos a rendirse si les daban plazo y condiciones dignas. En secretas negociaciones con el rey Boabdil se llegó a un acuerdo que conjuntamente firmaron, como siempre, Isabel y Fernando, que sabía que con su esposa el patriarcado era una quimera.

    El acuerdo capitular garantizaba tolerancia, respeto y libertades para  los habitantes de la ciudad, en línea con el pensamiento nada inquisitorial de Hernando, que estuvo, por supuesto, en Granada cuando el 6 enero de 1492 los reyes católicos hicieron su entrada triunfal, con abrazo al malogrado Boabdil incluido.

    Cambio de confesor y desgracias en cadena

    Isabel cumplió el sueño de enseñorearse en Granada al tiempo que le decía adiós a su confesor, que pasó  a ser administrador apostólico del nuevo reino a la espera de la bula papal que lo nombraría al año siguiente primer arzobispo de Granada. Sin Hernando, la sombra negra del Cardenal Cisneros comenzaba así a asomar sobre la espiritualidad de la reina

    La estrategia de conversión del flamante arzobispo excluía la coacción,  el acoso y la violencia. Hacía un esfuerzo por conocer la cultura del pueblo vencido, dominar su lengua, dialogar y persuadir. Ansiaba solamente conversiones voluntarias, sinceras e incruentas. Su oposición a que los inquisidores pisaran Granada terminaría costándole muy cara.

    El nuevo confesor de Isabel, fray Francisco Jiménez de Cisneros, consideraba inaceptable el método blando de Hernando de Talavera. Quería que con los moros se hiciera lo mismo que con los judíos, a los que se había esquilmado y desterrado o convertido para después acusarlos de herejía, torturarlos, confiscarle los bienes y,  a la postre, encarcelarlos, ejecutarlos o quemarlos vivos en auto de fe.

    La diferencia radicaba en que con los judíos no se había hecho ningún acuerdo ni firmado tratado alguno. Pero con los moros los reyes católicos habían empeñado su palabra.  No obstante, Cisneros, que ya había mostrado un extremismo sin par a lo largo de su carrera eclesiástica, unas obcecaciones insanas y todo el talante de fanático que pudiera imaginarse, avanzaba con su plan.

    Con el privilegio de la cercanía del confesor, Cisneros acicateaba a Isabel. Encontró el primer resquicio formal en los “elches”, renegados de la religión cristiana, que a su juicio no estaban amparados por el tratado que comprometía a los reyes. Convenció así a los monarcas para que le abrieran la primera puerta hacia la cadena de iniquidades que iría llevando a cabo en Granada y otras ciudades cercanas.

    Isabel, golpeada por la muerte de sus hijos  Juan e Isabel,  su nieto Miguel y la locura de Juana, flaqueaba. Cayó enferma. En tanto, Cisneros seguía adelante con su proyecto: diezmaba Andalucía y zahería a Hernando de Talavera. En circular oprobio, la reina había retornado al yugo espiritual de iniciales confesores fanáticos y crueles.

    Sin haber podido honrar plenamente la palabra empeñada, en parte seguramente por las malas artes dialécticas de su último confesor, Isabel falleció a los cincuenta y tres años, en 1504. Su muerte profundizó las desgracias del equilibrado Talavera: contra toda coherencia, le cayó encima la Inquisición, que no pudiendo apresarlo a él sin más trámite, le encarceló a sus parientes cercanos. Fue la primera acusación a un Arzobispo de la que se tuviera noticia. Los denuestos del cardenal Cisneros, que aspiraba a ser inquisidor general con el apoyo del rey Fernando, habían dado fruto.

    Aunque parezca mentira, no pocos historiadores coinciden en afirmar que el agua y el aceite, es decir: Hernando de Talavera y Francisco Jiménez de Cisneros, fueron los confesores predilectos y más queridos de Isabel. Hasta Pedro Miguel Lamet, autor de Yo te absuelvo, majestad –libro recomendado para entusiastas del tema-, afirma, al referirse al deceso de la reina y a ellos, que “no pudieron encontrarse junto a su lecho de muerte ninguno de sus dos confesores predilectos”.  En fin…




     

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