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Descuento en el pago de Tasas Municipales Anuales

Se informa a los ciudadanos de Villa Regina que los descuentos vigentes para el pago anual las Tasas Municipales son los siguientes: pagando hasta el 30 de enero será de un 22 %, mientras que quienes decidan hacerlo en el mes de febrero, tienen tiempo hasta el 28 y el porcentaje de descuento aplicado será del 20 %.

Además de beneficiarse con los importantes descuentos que se aplican durante estos dos meses, también podrán acceder al sorteo de una moto de 110 cc en el mes de marzo.

Queremos recordar que esto corresponde a Tasas Municipales, lo que nada tiene que ver con la bonificación del 40 % en el pago de impuestos provinciales que se anunció desde la Agencia de Recaudación Tributaria de la Provincia de Río Negro.

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  • Cordoba no zafó de la caída de la economía nacional, se desploma industria y campo

     

    La economía de Córdoba empezó a mostrar signos de fatiga antes de lo previsto, según lo detectó un informe técnico de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba: en el último trimestre de 2025, la actividad cayó, se desaceleró el crecimiento interanual y algunos sectores clave exhibieron retrocesos bruscos.

    El Índice de Actividad Económica de Córdoba (IAEC) registró una caída del 0,68% en el cuarto trimestre de 2025 respecto al trimestre anterior, consolidando una «tendencia contractiva». Más relevante aún, el informe advierte una desaceleración del crecimiento interanual, lo que sugiere que el rebote económico que marcó el inicio de 2025 empezó a agotarse más rápido de lo esperado.

    El trabajo, elaborado por el Instituto de Economía y Finanzas de la UNC, tiene un valor político adicional: se trata de una de las pocas mediciones sistemáticas de la actividad económica provincial, en un contexto donde los datos oficiales suelen llegar con rezago o carecen de desagregación local. 

    En este caso, es un radiografía económica en el bastión libertario. El informe reconstruye una trayectoria clara: la economía cordobesa arrancó 2025 en alza, con subas trimestrales en el primer y segundo trimestre (1,84% y 1,30%, respectivamente). 

    En Córdoba la inflación fue de 3,3% y la línea de indigencia cruzó el millón de pesos

    Pero ese impulso se fue diluyendo en la segunda mitad del año. Ya en el tercer trimestre apareció una leve caída (-0,60%), que terminó de consolidarse entre octubre y diciembre. El resultado final es una curva en forma de «loma»: crecimiento inicial, meseta y posterior retroceso.La señal más fuerte no está solo en la caída puntual, sino en el cambio de tendencia. La economía pasó de expandirse con fuerza a moverse en terreno contractivo en apenas seis meses, un patrón que replica -casi calcado- lo ocurrido a nivel nacional.

    El trabajo, elaborado por el Instituto de Economía y Finanzas de la UNC, tiene un valor político adicional: se trata de una de las pocas mediciones sistemáticas de la actividad económica provincial, en un contexto donde los datos oficiales suelen llegar con rezago o carecen de desagregación local.

    De hecho, el informe subraya que la dinámica cordobesa sigue de cerca el ciclo del país. Mientras el índice provincial caía, el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) nacional mostraba un virtual estancamiento (0,1% trimestral), confirmando que el freno no es un fenómeno aislado.

    Para colmo, los sectores en rojo son las banderas del modelo productivo cordobés: Patentamiento de vehículos: se desplomó un 11,96% trimestral, marcando el ajuste más fuerte del período.Industrialización del maní: cayó un 10,72%, golpeando a uno de los complejos más dinámicos de la provincia. 

    Para colmo, los sectores en rojo son las banderas del modelo productivo cordobés: Patentamiento de vehículos: se desplomó un 11,96% trimestral, marcando el ajuste más fuerte del período.Industrialización del maní: cayó un 10,72%, golpeando a uno de los complejos más dinámicos de la provincia.

    El dato es que el retroceso no viene de sectores marginales, sino de motores históricos de la economía cordobesa, especialmente la industria y el agro. Pero además, la caída de consumo de energía indica que las fábricas están produciendo menos.Sin embargo, los números indican que el deterioro no está consolidado. 

    Por ejemplo, el patentamiento de autos, pese al desplome trimestral, acumula un crecimiento del 18,54% respecto al mismo período del año anterior. Algo similar ocurre con el maní, que exhibe una suba del 5,31%.Del otro lado, algunos sectores actuaron como amortiguadores. La industrialización de soja y girasol mostró subas trimestrales (3,87% y 3,60%, respectivamente), ayudando a contener la caída general.

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    Sin embargo, el propio informe advierte que se trata de un fenómeno atípico -ya que el cuarto trimestre no suele coincidir con la cosecha- y que, en términos interanuales, el desempeño es dispar: el girasol cae y la soja apenas se estanca. Es decir, el agro ayuda, pero no logra revertir la tendencia.

    Que la caída coincida con el estancamiento nacional sugiere que el margen de maniobra provincial es limitado. Córdoba no logra desacoplarse del ciclo macro argentino. Así, y de acuerdo al informe de a UNC, el rebote parece agotado antes de consolidarse. Y lo que viene, por ahora, es incertidumbre. 

     

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  • ¿Por qué funciona el discurso anticomunista?

     

    En la campaña electoral de 2023, los gritos vehementes de Javier Milei denunciando el “zurdaje comunista” generaron incredulidad y hasta risas. ¿A quién le hablaba?, ¿a quién convocaba con ese discurso antiguo? pensamos muchos. Un asombro similar produjeron las declaraciones de Donald Trump, que en 2019 denunció el “Green New Deal” (la propuesta de un nuevo acuerdo ecologista) como “un Caballo de Troya para el socialismo en Estados Unidos”. Más lejano aun pudo parecer el lema “Comunismo o libertad” usado en la campaña electoral de 2021 por Isabel Díaz Ayuso, la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid. Y desde luego, está el caso de Jair Bolsonaro, uno de los pioneros en reavivar la tradición anticomunista. Hasta hace poco tiempo, en su dispersión y heterogeneidad estas menciones podían parecer trasnochadas o anacrónicas, dada la desaparición del horizonte del comunismo soviético. Sin embargo, esos candidatos han llegado al poder. Entonces: ¿trasnochados ellos o ingenuos nosotros?

    Estos líderes forman parte de una lista más larga de quienes, con mayor o menor vehemencia, reclaman contra la conspiración comunista, socialista o colectivista que aqueja al mundo. De la ecología a las políticas de género, de los impuestos al cuidado humanitario de inmigrantes, o la educación sexual, hoy muchas de las causas y valores de la renovación de la cultura democrática de las últimas décadas han sido tachados de comunistas, como un avance totalitario y opresor. En el caso de los sectores ultraliberales, la educación y la salud públicas –y todas las políticas redistributivas o progresivas– son consideradas nuevas formas de comunismo. Así, la gran familia de las nuevas derechas parece estar viviendo otra vez la Guerra Fría, más cerca del delirio paranoide que de algún enfrentamiento real con opciones anticapitalistas.

    ¿Anacrónico?

    El primer dato a considerar es que el anticomunismo de estos líderes no es una novedad; tiene una larga historia de persecución política y pensamiento conspirativo que atraviesa todo el siglo XX de Occidente y que se remonta incluso a décadas anteriores a la Guerra Fría, al menos hasta la Revolución Rusa de 1917. Lo mismo sucede con la historia de estas derechas: la novedad que representan tiene profundas raíces en la historia del conservadurismo y el nacionalismo de cada país y a escala global (1). Por tanto, el anticomunismo es tan antiguo como la historia de las derechas que hoy tratamos de entender. Pero esto no significa que el fenómeno actual sea la mera continuidad de ese pasado o que pueda pensarse como la simple reverberación del fascismo de entreguerras. Hay en las derechas radicales una novedad indiscutible en la manera en que disputan sus intereses bajo el juego político de la democracia liberal, al mismo tiempo que la socavan por dentro, tal como han señalado agudos observadores (2). ¿Cuál es la novedad de su anticomunismo? ¿Por qué y para qué movilizar imaginarios en apariencia old fashioned, especialmente para las jóvenes generaciones a las que se dirigen?

    Se suele decir que el anticomunismo es un discurso anacrónico, en un mundo donde, desde la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la Unión Soviética (1991) el comunismo no existe más como opción política. Por esa razón, el componente antimarxista de las nuevas derechas suele ser relegado como un dato más de una retórica florida. Esta perspectiva tiende a descartar el problema, considerando como una mera estrategia discursiva al elemento ideológico que organizó buena parte del conflicto político del siglo XX. La dificultad reside en entender “comunismo” en términos geopolíticos literales, como si solo se refiriese al mundo soviético, a los partidos comunistas en Occidente o a la defensa de un modelo anticapitalista. Y tal vez ese no sea el ángulo más productivo para pensar el problema. La pregunta es, más bien, otra: ¿qué están diciendo cuando dicen “comunismo”, y qué potencial político tiene hoy volver a movilizar este término?

    Feminismo, género, diversidades sexuales, raciales o religiosas, educación sexual, cambio climático, migraciones, islamismo, redistribución del ingreso, protección de las minorías y de los sectores sociales más vulnerables… La lista de ideas, proyectos o sujetos tachados de “marxismo cultural” o “socialismo” –según las declinaciones de cada profeta– muestran, de una punta a la otra del mapa global, que “comunismo” designa hoy los valores del llamado mundo “progresista” de las últimas décadas (“woke”, en su versión despectiva). En otros términos, el anticomunismo es una declinación a la antigua del actual antiprogresismo, con la diferencia de que hoy la disputa se produce dentro del capitalismo y con variaciones muy relativas. Sin embargo, en esas variaciones relativas, que parecen marginales dentro del capitalismo, se juega la vida de millones de personas. Al apelar a la potencia simbólica del término “marxista” o “comunista”, los líderes de derecha buscan recuperar la fuerza mayor de ese combate en el Occidente liberal (de todas maneras, la evocación no es igual en todos, y de hecho algunos líderes, como Marine Le Pen o Giorgia Meloni, no recurren tanto a la batería discursiva anticomunista). En cualquier caso, todos defienden el mismo sentido antiprogresista que los vehementes antimarxistas Santiago Abascal o Javier Milei.

     

    Antiprogresismo

    El segundo dato clave –ya muy conocido– es que el antiprogresismo es hoy el centro de la batalla cultural de las nuevas derechas globales, que en cada país adquiere sus propios contornos –antiperonista y ultraliberal en Argentina, islamobófico y antimigratorio en Europa o Estados Unidos–. Esa guerra cultural de la “internacional reaccionaria” parte del supuesto de que la izquierda, a pesar de su fracaso en la construcción del socialismo, se impuso en el terreno cultural. La verdadera lucha debería apuntar, para las fuerzas conservadoras, a la hegemonía del progresismo que destruye la sociedad occidental con su pensamiento “políticamente correcto” (3). Por eso mismo, se presentan como la rebelión contra un sistema que suponen conquistado y dominado por el progresismo y la izquierda. Por muy anacrónico que parezca, el anticomunismo es coherente y está en el corazón del proyecto ideológico de las nuevas derechas.

    El anticomunismo propone respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social.

    Una mención aparte merece el combate contra el feminismo y la “ideología de género”, combate que va más allá de sus élites dirigentes. ¿Por qué el feminismo y la diversidad sexual están en el centro de la disputa y de la denuncia anticomunista sobre el “marxismo cultural”? En la actual configuración de las democracias liberales, pocas cosas –o casi ninguna– representan una amenaza real al orden social. Sin embargo, el feminismo, en su impugnación antipatriarcal (que incluye el cuestionamiento del orden heterosexual como norma), conserva un poder subversivo y antisistema que no tiene ningún otro factor del progresismo actual (independientemente de las corrientes dentro del feminismo). Así, estas derechas, que se proclaman antisistema, luchan en realidad por la preservación de un orden social blanco, masculino y colonial que sienten socavado. Tal como lo hacía el anticomunismo del pasado, que veía el orden occidental en peligro e imaginaba conspiraciones paranoicas de la Casa Blanca a la Casa Rosada, de los hippies a las guerrillas, de las minifaldas al peronismo. Es aquí, en la lucha por la preservación del sistema, donde la impugnación de “marxista” o “comunista” aplicada al feminismo encuentra todas sus resonancias pasadas.

    Si bien la batalla cultural antiprogresista unifica a las nuevas derechas radicales, sus diferencias no son menores, especialmente en cuestiones como la economía y el nacionalismo. Estas variaciones indican, también, que el florecimiento de fuerzas radicales de derecha debe ser explicado en función de procesos y tradiciones locales –y no meramente como una “ola global”–. Es aquí donde el anticomunismo de Milei adquiere su rasgo distintivo: no se trata de la impugnación de las agendas culturales del progresismo biempensante, sino de la destrucción de todo resabio de políticas orientadas a las grandes mayorías sociales entendidas como formas de estatismo y colectivismo. Se trata de la gestión desnuda en favor de los intereses del tecno-capitalismo concentrado internacional. Con ello, el neoliberalismo argentino –en la versión iracunda de Milei– retoma una larga tradición de nuestras derechas. Basta con evocar la última dictadura para constatar que las derechas fueron tan anticomunistas como neoliberales y autoritarias, y que su principal oponente fueron las políticas estatistas, keynesianas y redistributivas, en general asociadas al peronismo y al kirchnerismo. Desde luego, esto parece dejar a Milei lejos del proteccionismo de Trump, pero muy cerca de la defensa compartida del tecno-capitalismo. En todo caso, el anticomunismo neoliberal de Milei se alinea cómodamente con el de Bolsonaro o José Kast.

    Dentro de estas variaciones nacionales, algunos argumentos de orden geopolítico explican los tópicos anticomunistas de manera más concreta, sin los efectos anacrónicos que parecen tener en boca de líderes como Milei. El caso más claro es Trump y su batalla por la supervivencia del poder imperial estadounidense frente a China. Ello le permite, sin excesivos retorcimientos históricos, identificar su enemigo en el “comunismo oriental”. De la misma manera, su electorado de origen latino vota entusiasta la condena a la “troika de la tiranía”, tal como la llamó su Consejero de Seguridad Nacional en 2018, John Bolton, a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Por la misma razón estratégica pero en sentido inverso, en Hungría Viktor Orban dejó de lado su discurso anticomunista –que asociaba la Rusia de hoy con la Unión Soviética– para pasar a una cercanía más pragmática con Vladimir Putin.

    Significante vacío

    Volvamos a nuestras preguntas de partida: ¿por qué y para qué movilizar el imaginario anticomunista? Si, una vez más, dejamos de pensar el comunismo en términos literales, surge un último elemento clave: el potencial político-simbólico del discurso anticomunista en su larga historia. Con mayor o menor pregnancia según los países, “comunista” ha funcionado también como un potente significante vacío negativo, capaz de ser llenado con los más diversos contenidos y sujetos, como un otro absoluto, peligroso y amenazante. Tanto es así que Alice Weidel, la dirigente de la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), puede permitirse decir que Adolf Hitler era un “comunista”.

    La noción de significante vacío es particularmente útil para entender el peso del anticomunismo en Argentina, donde –salvo algunos momentos– no ha habido fuerzas de izquierda importantes, a diferencia de países como Brasil o Chile, donde el comunismo evoca miedos históricos bien reales. En Argentina “comunista” es, entonces, un sentido a ser llenado, que sirve para polarizar y designar un otro peligroso que pone en riesgo “nuestro” orden social y moral, nuestra comunidad. Es, por ello, un enemigo absoluto que debe ser eliminado (4). En la historia argentina, la denuncia del “peligro rojo” ha servido para generar miedos sociales y justificar la persecución de trabajadores, partidos de izquierda, peronistas y antiperonistas, mujeres, jóvenes, gays o artistas “transgresores”, cuyas prácticas, ideas o deseos parecían hacer tambalear el orden occidental y cristiano. Movilizado con fines instrumentales o con auténtica convicción ideológica, “comunista” o “marxista” ha funcionado en boca de las derechas como designación automática de un culpable de todos los males. Así, el anticomunismo finalmente propone certezas y respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social y amenaza sobre la comunidad de pertenencia. Esta potencia simbólica es la que sigue funcionando en el apelativo “comunista” aplicado en el presente. Por eso mismo, la pandemia de Covid –epítome máximo de la disolución final por venir– fue también un momento de renacimiento del anticomunismo.

    Es entonces este gran poder performativo de la acusación de “comunista”, tan sedimentado históricamente en el mundo occidental, lo que permite que las nuevas derechas –herederas al fin y al cabo de largas tradiciones conservadoras– sigan utilizando el término para arremeter en su batalla cultural. Sin duda, la movilización antiprogresista ha logrado dar una nueva vida al “miedo rojo” para las generaciones desencantadas de nuestro tiempo.

    1. Para el caso argentino, véase: Sergio Morresi y Martín Vicente, “Rayos en un cielo encapotado: la nueva derecha como una constante irregular en Argentina”, en Pablo Semán (coord.), Está entre nosotros, Buenos Aires, Siglo XXI, 2023.
    2. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Barcelona, Ariel, 2018; Steven Forti, Democracias en extinción, Barcelona, Akal, 2024.
    3. Pablo Stefanoni, “Las mil mesetas de la reacción: mutaciones de las extremas derechas y guerras culturales del siglo XXI”, en J. A. Sanahuja y Pablo Stefanoni (eds.), Extremas derechas y democracia: perspectivas iberoamericanas, Madrid, Fundación Carolina, 2023.
    4. Ernesto Bohoslavsky y Marina Franco, Fantasmas rojos. El anticomunismo en la Argentina del siglo XX, UNSAM, 2024.

     

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  • Aumentaron los turistas pero el gasto se derrumbó casi 19 puntos durante el fin de semana largo

     

    La crisis del consumo se profundiza en los indicadores turísticos. Según Came, a pesar de registrarse un crecimiento de 5,6% en la cantidad de turistas con relación a 2025, en el fin de semana largo de Semana Santa el gasto total se derrumbó un 18,9% anual en términos reales.

    Un dato que refuerza la tendencia al recorte extremo en los tiempos de viaje y la permanencia en los destinos es que cada vez son más los turistas que no completan los cuatro días de estadía en un fin de semana largo.

    La estadía promedio esta vez fue de 2,6 noches, un 16,1% menor que en 2025. En tanto, el gasto promedio diario por turista fue de $ 108.982, con una baja del 8,4% frente al año anterior, mientras que el gasto total descendió un 18,9%.

    «Se volvieron a priorizar escapadas cortas y cercanas, en un contexto donde el costo del transporte y la situación económica influyeron en las decisiones de viaje», detallaron en Came, que habla de «un turista más prudente, que ajustó su consumo y priorizó experiencias gratuitas o de menor costo».

    En concreto, el tercer fin de semana largo del año movilizó a 2.852.256 turistas en todo el país, quienes generaron un impacto económico directo de $ 808.198 millones en alimentos, bebidas, alojamiento, transporte, recreación y compras.

     Se volvieron a priorizar escapadas cortas y cercanas, en un contexto donde el costo del transporte y la situación económica influyeron en las decisiones de viaje 

    «No son buenas las perspectivas para el invierno y la razón es sencilla: no hay plata», dijo un hotelero marplatense a LPO.

    En la ciudad balnearia hay voces del sector que filtran malestar con Daniel Scioli y con su emisario, Diego Juárez, a quien el ex gobernador puso al frente del Ente Municipal de Turismo y Cultura de Mar del Plata (Emturyc) en diciembre pasado.

    Scioli toca los números de turismo y ahora recurre a un Previaje low cost 

    «Es un coach ontológico sin experiencia en el rubro», dijo a LPO un gastronómico en referencia al currículum de Juárez, ex secretario privado de Scioli que venía de administrar los hoteles de Chapadmalal durante el periodo en que estuvieron vacíos, previo a ser quitados de la órbita de Turismo para ir hacia la concesión.

    Por estos días, Scioli volvió a visitar Mar del Plata con la promesa de posicionar a esta plaza en el turismo de cruceros. Pero en la ciudad son escépticos y recuerdan que el hoy funcionario de Milei ya había anunciado una terminal de cruceros cuando era gobernador.

     

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