Se informa a los ciudadanos de Villa Regina que los descuentos vigentes para el pago anual las Tasas Municipales son los siguientes: pagando hasta el 30 de enero será de un 22 %, mientras que quienes decidan hacerlo en el mes de febrero, tienen tiempo hasta el 28 y el porcentaje de descuento aplicado será del 20 %.
Además de beneficiarse con los importantes descuentos que se aplican durante estos dos meses, también podrán acceder al sorteo de una moto de 110 cc en el mes de marzo.
Queremos recordar que esto corresponde a Tasas Municipales, lo que nada tiene que ver con la bonificación del 40 % en el pago de impuestos provinciales que se anunció desde la Agencia de Recaudación Tributaria de la Provincia de Río Negro.
La irrupción de Javier Milei en la política argentina no puede explicarse únicamente como un fenómeno electoral ni como el simple ascenso de una nueva derecha. Hay algo más profundo ocurriendo en el modo en que el poder se legitima, organiza el lenguaje público y redefine quién merece reconocimiento dentro de la comunidad política. Allí es donde una lectura atravesada por las categorías de Michel Foucault adquiere una potencia singular: no para reducir el mileísmo a una fórmula académica, sino para comprender cómo un discurso de ruptura moral puede transformarse en una tecnología eficaz de gobierno.
El núcleo de esa construcción no es económico. Tampoco estrictamente ideológico. Es moral.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
Milei no llegó al poder solamente prometiendo bajar la inflación o destruir regulaciones estatales. Llegó construyendo un antagonismo ético absoluto entre “la casta” y “los argentinos de bien”. Ese lenguaje, repetido hasta el agotamiento mediático, terminó produciendo algo mucho más relevante que un slogan: fabricó una identidad social.
Porque “argentino de bien” no funciona como una descripción objetiva. No existe un criterio verificable que permita determinar quién pertenece realmente a esa categoría. Su eficacia reside precisamente en su ambigüedad. El concepto opera como una consagración moral difusa donde cada adherente puede reconocerse a sí mismo como parte de un grupo virtuoso amenazado por enemigos internos.
Allí aparece uno de los mecanismos centrales del poder contemporáneo: la administración de legitimidades.
La pureza como herramienta de poder
Foucault entendía que las sociedades modernas no se organizan únicamente mediante leyes o coerción física. El poder necesita producir discursos verdaderos, clasificar sujetos y establecer qué formas de vida son consideradas normales, productivas o deseables. Gobernar implica también ordenar moralmente la sociedad.
En la Argentina de Milei, esa lógica aparece de manera descarnada.
El “argentino de bien” es presentado como alguien que trabaja, paga impuestos, soporta sacrificios y rechaza cualquier forma de mediación colectiva asociada al Estado. Del otro lado emerge una masa difusa de sospechosos: sindicalistas, militantes, empleados públicos, movimientos sociales, periodistas críticos, universidades, artistas subvencionados, organismos de derechos humanos o cualquiera que cuestione el nuevo orden moral libertario.
No se trata simplemente de adversarios políticos. Se los construye discursivamente como sectores parasitarios, degenerados o moralmente inferiores.
Ese desplazamiento es decisivo. Porque cuando la política abandona el terreno del conflicto democrático y pasa a estructurarse sobre categorías morales absolutas, el opositor deja de ser alguien con quien se disputa el poder para convertirse en alguien cuya existencia misma aparece como ilegítima.
En otras palabras: ya no hay diferencias políticas; hay sujetos “sanos” enfrentados a elementos contaminantes.
La obsesión mileísta con palabras como “parásitos”, “zurdos de mierda”, “empobrecedores” o “casta” no responde solamente a un estilo agresivo. Constituye una forma de clasificación social. Una maquinaria simbólica destinada a dividir la población entre quienes merecen reconocimiento y quienes pueden ser humillados públicamente sin costo moral.
El outsider y la ficción de la excepción
La fuerza inicial de Milei provino de una promesa de exterioridad. Su legitimidad surgía de aparecer por fuera del sistema político tradicional, incluso cuando rápidamente comenzó a tejer alianzas con actores históricos del poder económico, mediático y judicial argentino.
Pero el outsider moderno no necesita estar realmente afuera del sistema. Le alcanza con conservar la narrativa de la excepción moral.
Ahí reside una de las grandes paradojas del mileísmo contemporáneo. Incluso frente a denuncias, escándalos, negociaciones opacas o evidencias de privilegios dentro del propio gobierno, parte importante de su electorado sigue interpretando esos hechos como secundarios frente a una supuesta batalla histórica contra enemigos mayores.
Ese fenómeno revela algo incómodo sobre el funcionamiento real de las democracias contemporáneas: los ciudadanos no adhieren solamente a programas racionales; adhieren a sistemas emocionales de interpretación del mundo.
Cuando un gobierno logra construir una identidad moral fuerte, la evidencia objetiva pierde centralidad. Los hechos dejan de evaluarse en sí mismos y pasan a interpretarse según quién los denuncia y desde qué lugar político se enuncian. Por eso la corrupción puede relativizarse. No porque deje de existir, sino porque el discurso oficial logra reorganizar su significado. Si el líder continúa siendo percibido como quien combate a “los verdaderos corruptos”, entonces las contradicciones internas pueden absorberse dentro del relato épico de transformación nacional.
La pregunta deja de ser “¿hubo corrupción?” y pasa a ser “¿quién está denunciando y con qué intención?”.
La batalla cultural como disciplina
Uno de los aspectos más sofisticados del fenómeno Milei es haber convertido la confrontación permanente en una forma estable de gobierno. La agresión constante no constituye una anomalía comunicacional ni una pérdida de control emocional. Funciona como una pedagogía política.
Cada ataque presidencial contra periodistas, economistas, artistas o dirigentes opositores produce un efecto disciplinador sobre el resto de la esfera pública. El mensaje implícito es transparente: cualquiera que cuestione el relato oficial puede ser expuesto, ridiculizado o transformado en enemigo colectivo.
Foucault estudió precisamente cómo el poder moderno ya no depende exclusivamente del castigo físico espectacular. El control más eficiente es aquel que induce autocensura, vigilancia mutua y adaptación preventiva. Las redes sociales radicalizaron ese mecanismo hasta niveles inéditos. El ecosistema digital mileísta opera muchas veces como una estructura de disciplinamiento distribuido donde miles de usuarios reproducen hostigamientos, campañas de señalamiento y persecuciones simbólicas contra figuras disidentes. El resultado es un clima político donde la violencia verbal deja de ser excepcional y pasa a constituir la atmósfera cotidiana del debate público.
En ese contexto, la idea de “argentinos de bien” cumple una función central: ofrece legitimidad moral anticipada para la agresión. Si el adversario es presentado como corrupto, degenerado o enemigo de la nación, entonces la violencia discursiva aparece justificada como una forma de defensa social.
El sacrificio como virtud
Otro rasgo distintivo del mileísmo es la moralización del sufrimiento económico. En condiciones normales, una caída abrupta del salario, el consumo o el empleo debería erosionar rápidamente la legitimidad gubernamental. Sin embargo, Milei logró transformar el ajuste en una prueba ética.
El sacrificio ya no aparece como consecuencia de una política económica concreta, sino como evidencia de madurez social. “Había que pasarla mal”. “No hay plata”. “Estamos pagando décadas de populismo”. El dolor se resignifica como purificación. Ese mecanismo conecta profundamente con la subjetividad neoliberal contemporánea: el individuo debe aceptar precariedad, pérdida de derechos y deterioro material como demostración de responsabilidad personal.
El ciudadano deja entonces de percibirse como sujeto de derechos colectivos y comienza a entenderse como emprendedor moral de sí mismo. Aguantar se vuelve una virtud. Resistir el ajuste se convierte en signo de pertenencia identitaria.
La política ya no promete bienestar inmediato. Promete redención futura a cambio de obediencia presente.
La nueva legitimidad autoritaria
Quizás el aspecto más inquietante de la experiencia argentina actual sea que gran parte de estas transformaciones ocurren dentro de procedimientos democráticos formales. No hace falta clausurar elecciones para producir dinámicas autoritarias. Basta con erosionar sistemáticamente la legitimidad de toda institución intermedia capaz de limitar el poder presidencial.
La demonización del periodismo, el desprecio por el Congreso, el ataque permanente a las universidades, la ridiculización de organismos científicos y la construcción de enemigos internos constantes forman parte de una lógica más amplia: vaciar de autoridad simbólica cualquier espacio que pueda disputar la producción de verdad oficial.
Allí aparece una intuición foucaultiana fundamental: el poder más eficaz no es necesariamente el que prohíbe, sino el que logra que una sociedad naturalice sus propias formas de sometimiento. Tal vez por eso el fenómeno Milei no pueda analizarse solamente como una anomalía argentina ni como una excentricidad mediática. Expresa una mutación más profunda de las democracias contemporáneas: la transición desde sistemas políticos organizados alrededor de consensos institucionales hacia regímenes de legitimidad emocional, identitaria y moral.
En ese nuevo escenario, la verdad importa menos que la pertenencia. La coherencia menos que la fidelidad. Y la corrupción menos que la capacidad de seguir convenciendo a millones de personas de que, pese a todo, continúan formando parte de “los buenos”.
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Se profundiza el derrumbe en las ventas de lácteos con el dato sensible de la leche fluída que, durante el primer cuatrimestre del año, registró una merma en las ventas de 11 millones de litros en comparación al mismo periodo de 2025.
Así se desprende del reciente informe del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (Ocla) que sumó otro dato ilustrativo del deterioro del poder adquisitivo al advertir que «han crecido fuertemente productos que, por precio, sustituyen el consumo de lácteos, como rayados, bebidas con lácteos, margarinas y otros».
Al analizar la serie histórica que publica el informe del Ocla, Javier Milei acumula los tres primeros cuatrimestres más bajos desde 2015 a la actualidad en términos de ventas de litros de leches fluidas en el mercado interno.
En lo relativo a la totalidad de los productos lácteos, las ventas presentaron en abril de 2026 un volumen 4,7% inferior a marzo (-1,5% en el promedio diario) y en litros de leche equivalente cayeron 5,8% (-2,6% en el promedio diario).
El acumulado del primer cuatrimestre del 2026 muestra en el cuadro de arriba una reducción del 1,5% en volumen de productos y del 2,1% en litros de leche equivalentes. Así, únicamente al rubro quesos tuvo subas interanuales, tanto mensual como acumulada.
«Escenarios como el actual donde hay un deterioro de los ingresos reales de la población con destino al rubro alimentos y bebidas en general por la mayor participación de otros destinos del ingreso, hacen que proliferen las «ventas informales» que obviamente ninguna estadística puede registrar», señala el Ocla.
En paralelo a los números en rojo que presentan las ventas de lácteos, en el sector cárnico el panorama critico también se agudiza.
Javier Milei acumula los tres primeros cuatrimestres más bajos desde 2015 a la actualidad en términos de ventas de litros de leche fluida en el mercado interno.
En abril, se faenaron poco más de 960 mil cabezas, un 15,26% menos que en el mismo mes de 2025, cuando se faenaron 1.133.903 cabezas.
Y el derrumbe se profundiza en mayo. Según consignó Bichos de Campo, la faena no superó las 800 mil cabezas al cierre del último día hábil del mes, lo que se traduce en una caída del 30% respecto al mismo período de 2025.
Mauricio Macri encabezó una cumbre en Uruguay con Marcos Galperín, Jonathan Kovalivker y otros empresarios para conseguir el financiamiento de la reconstrucción del PRO y de su eventual campaña presidencial.
Como anticiparon a LPO en exclusiva fuentes al tanto del encuentro, el ex presidente llegó a Colonia a bordo de un avión junto al dueño de la Droguería Suizo Argentina, salpicada por el escándalo de las coimas de ANDIS y otros empresarios. El dueño de Mercado Libre se les sumó en Uruguay, el país donde reside por preferencias tributarias.
El convoy habría partido desde el aeropuerto de San Fernando en un jet privado. Entre los presentes en la cumbre de Colonia estuvieron Ignacio Sáenz Valiente que fue socio de Fabio Calcaterra, el primo de Macri, en el Banco Interfinanzas.
También estuvo el empresario fintech Gabriel Sanchez Catena y Eduardo Bastitta Harriet, CEO y fundador de Plaza Logística. Bastitta es muy amigo de Galperín y de Macri y estuvo a cargo de financiar la fiscalización del ballotage de 2023, uno de los grandes aportes que hizo el líder del PRO para que Javier Milei ganara la presidencia.
En la reunión en Colonia se trataron dos grandes temas. El más importante fue ordenar el financiamiento del PRO para la campaña del año que viene. Macri está cada día más decidido a jugar a la presidencia y, como anticipó LPO, cree que Milei es su propio Duhalde y él se venderá como la continuidad del modelo libertario.
El otro tema es uno de los que más preocupan a Macri, que es el de retener la Ciudad y por eso en el encuentro hablaron de estrategias para que el PRO continúe gobernando la Capital después de los 20 años de gestión que cumple el año que viene.
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