desarrollo-social-participo-de-la-mesa-regional-de-genero-y-diversidad

Desarrollo Social participó de la Mesa Regional de Género y Diversidad

La Secretaria de Desarrollo Social de la Municipalidad de Villa Regina Luisa Ibarra y el Área Mujer y Diversidad participaron de la Mesa Regional de Género y Diversidad que se reunió en Cervantes. En la oportunidad se hicieron presentes referentes del Alto Valle Este para intercambiar experiencias y articular abordajes y líneas de trabajo en común.

La apertura estuvo a cargo de la titular de la Secretaría de Coordinación de Políticas Públicas con Perspectiva de Género, dependiente del Ministerio de Gobierno y Comunidad.

En la jornada se trabajó para la articulación partiendo de conceptos y resultados de relevamiento zonal sobre la temática, con el objetivo de establecer una red de abordaje intermunicipal y con los organismos provinciales, pensando en las características particulares del Alto Valle Este.

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • ¿Cómo enfrentar el “contragolpe cultural”?

     

    Así como las afirmaciones terraplanistas no modifican el hecho de que la Tierra sea redonda, así como los movimientos antivacunas no cambian la naturaleza contagiosa del Covid, el conservadurismo cultural, expresado hoy por fuerzas como las que lideran Javier Milei y Donald Trump, no modifica esta realidad: las sociedades humanas son constitutivamente diversas, heterogéneas y desiguales; en todas las comunidades humanas, pero aun más en aquellas donde existen el dinero y el Estado, hay multiplicidades y hay disparidades.

    Qué hacer con esta diversidad es un debate que viene concentrando la mayor parte de la historia ideológica, filosófica y política, y que por supuesto no está saldado. Dentro de estas controversias, uno de los capítulos centrales es el concepto de libertad, que ha sido utilizado por la extrema derecha como una de sus banderas. Para los conservadores, hoy llamados libertarios, la libertad se basa en la idea de que somos todos iguales: un rico y un pobre son consecuencia del modo distinto en que cada uno usó sus posibilidades. En esta mirada, la desigualdad fáctica es una consecuencia de una igualdad ontológica. Para las corrientes conservadoras, la libertad agiganta desigualdades. El rol del Estado, además de garantizar seguridad y justicia, debe ser restringir la diversidad: el Estado, que no debería cobrar impuestos, sí debe decretar que hay dos géneros, que la familia debe estar constituida de cierta manera y que las mujeres no pueden disponer de sus cuerpos.

    Desde una mirada democrática y progresista que asume que las sociedades son por naturaleza diversas, en cambio, la igualdad es algo a construir. Pero esa perspectiva hoy está a la defensiva. A través de una serie de subterfugios de ingenieros del caos, la posición histórica que conjuga liberalismo cultural, pluralismo político y justicia social ha sido estigmatizada como “woke” o “progresista”. La expresión “woke” surgió en Estados Unidos, un territorio de alta intensidad en la batalla cultural, en referencia a “despertar” (awake) ante la discriminación (“despierto” en el sentido de “concientizado”); pero hoy se usa de modo despectivo, que es la connotación que le dio Milei en su discurso en Davos. Como si las personas que descienden de esclavos o de pueblos originarios, como si las mujeres, que hasta hace setenta años no podían votar, hoy, justamente porque se reconocieron algunas de esas desigualdades, contaran con privilegios.

    La derecha conservadora está presente en distintas corrientes políticas, del mismo modo que la corriente que defiende las diversidades está presente –aunque no de modo uniforme– en partidos distintos. En Argentina, el peronismo, el radicalismo, el socialismo y la izquierda cuentan entre sus integrantes con personas que defienden este punto de vista. Se trata de una corriente que busca principalmente dos metas: que las personas y los grupos sean cada vez más libres, y que esa libertad se sostenga en formas igualitarias que la hagan real y no puramente declarativa o formal. Es una corriente de opinión que pone en escena grandes tradiciones culturales de la modernidad, heredadas de la Revolución Francesa y la Estadounidense, y que no tiene una única posición en materia de desarrollo económico, justicia distributiva o lucha por la igualdad. Ese “progresismo” no está en contra de ninguna religión, pero sí lucha por una separación completa de cualquier religión y del Estado. Ninguna ley puede sustentarse en creencias religiosas. Pero sí debe haber leyes que, por motivos universalistas, exijan el respeto de todas las religiones. Esta perspectiva, sometida hoy a una fuerte ofensiva, merece una reflexión autocrítica.

    Acerca de la autocrítica

    La hegemonía cultural de la extrema derecha impacta en el campo progresista. ¿Los movimientos por la libertad de las diversidades se “pasaron de rosca”? La ofensiva cultural de Milei y las derechas extremas, la derrota electoral del peronismo y los niveles de inflación y pobreza que dejó el gobierno de Alberto Fernández han planteado ese debate. ¿Hay una incidencia de la lucha por las diversidades en el oscurantismo que estamos viviendo hoy? ¿No habremos ido demasiado lejos? ¿Se puede seguir sosteniendo la defensa del colectivo LGTBQi+ en el contexto actual?

    Los procesos sociales y políticos siempre son imperfectos. Conocer esas imperfecciones, practicar la autorreflexión, es clave para mejorarlos. Por otro lado, se trata de movimientos profundos y de larga duración. En Argentina, por ejemplo, el movimiento masivo de mujeres de los últimos años comenzó en 2015 con el “Ni Una Menos”, una gigantesca movilización contra la violencia de género. ¿Frenar el reclamo contra los asesinatos de mujeres hubiera sido “menos radicalizado”? Y hoy, ¿qué está más vigente? ¿El reclamo de que no mueran más mujeres por el hecho de ser mujeres o la propuesta oficial de retirar del Código Penal el agravante por femicidio?

    La autocrítica no equivale a autoflagelación; debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican. Entre las múltiples causas que produjeron esta nueva etapa histórica global de las derechas extremas están, en efecto, los profundos déficits de la izquierda, la centroizquierda y los partidos tradicionales. Pero no coincido con quienes, subidos a la marea reaccionaria, afirman que la culpa es del progresismo, de un supuesto “wokismo” o de una “excesiva” ampliación de derechos civiles. Ese argumento puede terminar en diputados que voten con Milei regresiones culturales o puede llevar a un catolicismo de gobierno en contra de la libertad de las personas y los grupos. Empieza cuestionando el DNI no binario y termina aboliendo el divorcio.

    Pero entonces, ¿cuáles son esos errores de la izquierda? Si hubiera que elegir uno, diría lo siguiente: mientras las vocaciones igualitarias y de justicia social se tornaban cada vez más difíciles de lograr, en gran parte por no tener una alternativa concreta al capitalismo neoliberal, la izquierda avanzó con leyes y políticas tendientes a garantizar derechos civiles. Dependiendo de los países, se avanzó en materia de identidad de género, aborto, discriminación positiva, educación sexual, matrimonio igualitario, derechos de los pueblos originarios y los migrantes. Cuantas más dificultades aparecían en materia económica y social, cuanto más complicado se hacía sostener el horizonte de movilidad social, más se acentuaron estos derechos como compensación.

    La autocrítica no equivale a autoflagelación: debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican.

    Ese fue el gran problema. Las libertades civiles no pueden compensar el fracaso económico o social. Si son las únicas banderas que se agitan cuando se desfinancia el Estado de Bienestar, se retiran regulaciones públicas o se producen escaladas inflacionarias, como en el caso argentino, se corre el riesgo de que las fuerzas democráticas queden reducidas y debilitadas. Los límites para corregir o superar el neoliberalismo los terminan pagando los avances en materia de diversidad o pluralismo.

    Mi primera tesis es que, frente a quienes creen que la ampliación de libertades favoreció a la derecha extrema, creo que su causa es el fracaso económico.

    En segundo lugar, la cuestión de los particularismos. Mientras Martin Luther King buscó cambios que mejoraran la desigualdad estructural de la sociedad norteamericana, muchas políticas de la identidad del siglo XXI se concentraron en derechos particulares. Y es difícil pedirles algo más que simpatía pasiva o inactividad a quienes no están directamente involucrados en la conquista de un derecho. Esto no implica que movimientos como “Ni Una Menos”, “Black Lives Matter” o la “Marcha anti-fascista” de febrero de 2025 no hayan sido señales contundentes en la dirección correcta, sino simplemente llamar la atención sobre cuál puede ser el alcance de esas convocatorias.

    Algo similar ocurre con el “lenguaje inclusivo”. Se trata de un cambio cultural crucial, que busca ampliar libertades e incluir diversidades. Pero debe expandirse a partir de la posibilidad, no como imposición. Los mayores fracasos del cambio cultural ocurrieron cuando se pretendió imponer a través de prescripciones. El liberalismo cultural busca ampliar, no restringir, las posibilidades de las personas.

    El caso de las cuotas

    Muchas veces, en lugar de luchar por cambiar una legislación, una política o un presupuesto, las reivindicaciones progresistas se enfocaron en personas concretas: los varones blancos, incluyendo casos de punitivismo extra-judicial, como escraches a adolescentes, altamente polémicos. En aquellos casos, hubo voces feministas potentes que alertaron que el feminismo no surgió para cambiar al dueño del poder del patriarcado, sino para modificar un tipo de poder y de dominación. El punitivismo y la cultura de la cancelación fueron algunos de los errores más graves. Pero no es verdad que sean inherentes a los reclamos por la diversidad y la libertad: fueron casos minoritarios en causas justas.

    Detrás de este tipo de cuestiones aparece un problema que vale la pena debatir a futuro: la tensión entre lo particular y lo universal. Si cada uno de los grupos discriminados reclamara sólo para sí mismo, si todo se tradujera en una simple cuota por grupo, a largo plazo se terminarían socavando algunos de los consensos culturales necesarios para mantener las políticas de acción afirmativa. Un ejemplo es el de las universidades. En la mayoría de los países del mundo existe un sistema de examen de ingreso a la universidad y cupos por carrera. Al observar las universidades se hacía evidente que la abrumadora mayoría de los alumnos eran varones blancos. Eso llevó a reclamar políticas de cuotas raciales, étnicas y nacionales, como las que se terminaron concretando en Estados Unidos y Brasil. Este sistema garantizaba una mayor presencia de diversidades, restando lugares a los blancos. Pero, ¿qué quedaba, por ejemplo, para los blancos pobres? ¿Quién se preocupó de su situación? En muchos casos fueron los grandes olvidados, lo que contribuyó a que volcaran su respaldo a fuerzas políticas conservadoras que dicen defenderlos. ¿Qué hubiera ocurrido si se hubiera incluido una cuota general para los estudiantes de colegios públicos de bajos recursos en el ingreso a la universidad? Mientras en un terreno puramente cultural la especificidad por grupo es adecuada, en cuotas vinculadas a desigualdades puede no producir las consecuencias buscadas.

    En un mundo dominado por la incertidumbre económica, en el que se achican los recursos públicos, muchos países optaron por un modelo de cuotas para asegurar la presencia de los grupos discriminados no sólo en el acceso a la universidad sino también al empleo público –y en ocasiones al empleo privado–. Esto implica que los logros de la ampliación hacia los sectores discriminados se hicieron sobre la base de una reducción relevante de la participación de los sectores anteriormente privilegiados. Y esta estrategia, correcta desde un punto de vista filosófico, se topa con un problema político. Las personas de carne y hueso que se ven afectadas, que no logran ingresar a la universidad o no consiguen empleo, se van pasando en masa al ejército del “contragolpe cultural”, esperando el surgimiento de un Trump, un Milei o cualquier otro líder que proponga revertir la situación.

    Se trata de un error recurrente del progresismo: no percibir el dolor de las víctimas de sus políticas, y no elaborar una respuesta. Mi punto es sencillo: si se presuponen las restricciones económicas, como de hecho las aceptaron la mayoría de las fuerzas de centroizquierda en Europa y América, que los perdedores de la discriminación positiva pasen al otro lado es inexorable. Pero si se cuestiona un modelo que reduce los impuestos a la riqueza y desfinancia al Estado, y se usa ese dinero para ampliar el acceso a la universidad y el empleo, logrando mejorar la diversidad sin afectar drásticamente los espacios previos, la base política de la derecha extrema quedará reducida. Es cierto que esto no es posible para los varones privilegiados, que inexorablemente se verán afectados: será necesario pensar una política cultural específica para ellos.

    La defensa de la libertad

    Estamos ante un feroz ajuste a las libertades y es urgente emprender una fuerte defensa de políticas por la libertad basada en igualdades. La libertad, convertida en el eslogan hueco de la extrema derecha, no puede ser resignada por las fuerzas democráticas y progresistas. El principio básico de la lucha por la libertad es maravilloso: que las personas y los grupos puedan autorrealizarse en todas las dimensiones de la vida. Esto incluye su identidad de género, étnica, nacional, local, religiosa, así como su libertad de expresión, en la familia, en el trabajo…

    Esas libertades tienen un requisito: un piso de igualdad, porque quien sufre desnutrición no puede ser libre, quien no puede acceder a la escuela no puede ser libre. Una comunidad libre es aquella que garantiza un piso de igualdad para todos sus miembros.

    Los libertarios conservadores de la extrema derecha afirman que ser iguales es que cada uno se las arregle como pueda. Es una propaganda basada en la negación de la historia tal como sucedió. Los esclavos existieron hasta el siglo XIX bajo el imperio de la ley, y los afrodescendientes continúan siendo discriminados en prácticamente todos los países de América y Europa hasta hoy. La conquista colonial existió. El patriarcado y la desigualdad de géneros existieron… y todavía existen. En muchos países las mujeres votan recién desde hace algunas décadas. Y en la mayoría de los países europeos y americanos jamás hubo una presidenta o una primera ministra mujer. El capitalismo, por su parte, tiene mecanismos poderosos para reproducir la desigualdad de clases entre generaciones: a través de la herencia y también de la “herencia de clase”. La mayoría de los hijos de personas pobres son pobres. La movilidad social ascendente está en crisis en la mayoría de los países, y los mecanismos sociales que la hacían posible se están debilitando a un ritmo vertiginoso. Los libertarios conservadores quieren liquidar esos mecanismos, del mismo modo que se proponen atacar las leyes que tienden a asegurar libertades vinculadas a la diversidad y la disidencia. Esto implicará también contrarrestar su ofensiva individualista poniendo en valor la solidaridad, lo común y lo público. Enfrentar políticamente aquel proyecto exige autorreflexión y determinación.

     

    Difunde esta nota
  • |

    SE REALIZÓ EL PRIMER CULTIVO DE CANNABIS EN EL ALTO VALLE

    El INTA y la Asociación Ciencia Cannabis Sativa dieron inicio al primer cultivo de cannabis en Río Negro. El INTA y la Asociación Ciencia Sativa iniciaron el cultivo de dos variedades de cannabis en la Estación Experimental del INTA en Guerrico Río Negro. La producción se realiza en macrotúneles con prácticas culturales sostenibles y bajo…

    Difunde esta nota
  • Cafiero «hay opciones para hacer más estricto el aislamiento», pero pidió «no apresurarse»

    El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, sostuvo que «siempre hay opciones para hacer más estricto el aislamiento» en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) ante el crecimiento de casos de coronavirus, pero pidió «no apresurarse». «Estamos tomando las medidas una vez que tenemos bien desarrollado el marco de diagnóstico, que implica no sólo la…

    Difunde esta nota
  • COVID-19: Regina adhiere a la nueva Resolución de Salud

    La Municipalidad de Villa Regina adhiere a la Resolución N° 4463 del Ministerio de Salud de Río Negro y establece nuevas medidas sanitarias hasta el 25 de junio. El detalle: CIRCULACIÓN La restricción a Ia circulación de las personas seguirá siendo entre las 20 y las 6 del día siguiente. Quedan exceptuadas de Ia medida:…

    Difunde esta nota
  • Fracasó el lobby de Rocca: Techint perdió el gasoducto de Río Negro porque quiso cobrar un 40% más

     

    A pesar de las presiones de Paolo Rocca y el lobby de su ex empleado y ahora CEO de YPF, Horacio Marín, las petroleras de Vaca Muerta le darán la provisión de caños para su gasoducto de casi 500 kilómetros a la empresa india Welspun, que hizo una oferta 40% inferior a la de Techint.

    El proyecto que apunta a exportar Gas Natural Licuado (GNL) desde Vaca Muerta es desarrollado por Southern Energy, sociedad que tiene entre sus principales miembros a Pan American Energy -PAE- (30%), YPF (25%) y Pampa Energía (20%).

    Según reveló La Nación, la decisión que le propina un duro golpe al predominio local de Techint en su rubro ícono, fue muy discutida entre los socios mayoritarios de Southern Energy.

    El CEO de YPF, Horacio Marín, hizo un fuerte lobby para que la licitación quede para Techint, gestión que fracasó ante el resto de los miembros del consorcio, donde aparece como principal accionista PAE, la empresa liderada por Marcos Bulgheroni.

    Empleado durante 35 años dentro del grupo comandado por Rocca, Marín propuso darle a Siat-Tenaris, la empresa de Techint, más alternativas para mejorar su oferta, pero era demasiada la distancia. «La diferencia de precio pasó de una diferencia de 45% a una de 40%», explicó a LPO un ejecutivo al tanto de la puja.

    Rocca amenazó al Gobierno con cerrar la planta de Alsina, enojado porque China le pelea el monopolio de los gasoductos

    Ahora se viene el segundo round por la obra civil de este proyecto, que apunta a licuar gas de Vaca Muerta para exportar principalmente a Europa en dos barcos gasificadores que se ubicarán en la costas de Río Negro. El proyecto es el único real de GNL de la Argentina y ya tiene contratos firmados con Alemania. Los mega anuncios de Marín con Petronas y Shell quedaron en la nada, como casi todo el humo que emite el equipo de comunicación de la petrolera estatal, que se gastó 100 mil millones en publicidad sólo en 2025.

    Empleado durante 35 años dentro del grupo comandado por Rocca, Marín propuso darle a Siat-Tenaris, la empresa de Techint, más alternativas para mejorar su oferta, pero era demasiada la distancia.

    LPO había revelado que fuentes del sector ya advertían que los precios de los caños de Techint son un 40% más caros que los de sus competidores, ya sea de China, India, Colombia o México. 

    Rocca suele enarbolar la «amenaza China» para tratar que los gobiernos de los países donde opera, como Argentina, México y Estados Unidos, bloqueen a su principal competidor. Pero el problema es que ya está perdiendo por precio con muchos otros países, como en este caso Welspun, que lidera la carismática Diplai Goenka.

    Horacio Marin, presidente de YPF.

    En un intento por conservar el monopolio de los gasoductos, en diciembre último Rocca amenazó con cerrar la planta de Tenaris en Valentín Alsina, si Southern Energy no le adjudicaba esta licitación.

    Esa advertencia del CEO de Techint, filtrada en un conveniente off the record, no cayó nada bien en el gobierno de Javier Milei.

    Los números contradicen la elogiada gestión de Marín en YPF: la deuda supera los USD 9.000 millones y el balance da pérdida

    El vínculo entre Rocca y Milei, que permitió en un primer momento la llegada a la presidencia de YPF de Marín, se fue desdibujando a la par de las aperturas de importaciones de tubos para distintos proyectos.

    Aunque las quejas de Rocca estaban centradas en la injerencia del gigante asiático, finalmente fue una empresa de la India la que se impuso a Techint.

     En un intento por conservar el monopolio de los gasoductos, Rocca amenazó con cerrar la planta de Tenaris en Valentín Alsina, si Southern Energy no le adjudicaba esta licitación. La amenaza no cayó nada bien en el gobierno de Milei.

    Con numerosos proyectos en Asia y Europa, Welspun había participado en Vega Pléyade, un proyecto offshore de Total emplazado a 20 kilómetros de la costa al sur de la Bahía de San Sebastián, en Tierra del Fuego.

    La oferta de Welspun, de poco más de USD 200 millones, no solo impacta en el entramado empresarial por haber desplazado a Techint. También abre interrogantes sobre los costos de proyectos previos en los que se impuso la oferta del grupo de Rocca, como el gasoducto Néstor Kirchner.

    Además de imponerse a Techint, la oferta de Welspun prevaleció a la de otras 15 ofertas de empresas provenientes de España, China, Colombia, México, Japón, Grecia y Turquía. Techin no sólo quedó lejos de la firma india, sino también de la China, entre otras.

     

    Difunde esta nota
  • |

    LAS PASIONES DE LOS GRINGOS

    Extractos de la investigación de la profesora e historiadora reginense Silvia Zanini presentada en las Primeras Jornadas de Historia del Delito en la Patagonia, organizadas por el GEHiSo y las Facultades de Humanidades y de Derecho y Ciencias Sociales (UNCo), General Roca. Las pasiones de los gringos A la pregunta sobre quienes cometían los delitos…

    Difunde esta nota

Deja una respuesta