De Indios y duelos

De Indios y duelos

 

El duelo deportivo entre Argentina e Inglaterra reinscribió lo que se había abierto con la pérdida del Indio Solari. El enfrentamiento de estos otros indios también comunica un exceso: el carácter enigmático de lo que perdimos (y ganamos) junto a la pregunta irresuelta acerca del devenir de su potencia política.

Estupor 1:

Lo que vino después de la muerte del Indio Solari produjo enorme sorpresa y estupor en quienes nunca se habían aproximado a la dimensión teológica de los fenómenos plebeyos/populares. Lo teológico nombra aquello que sucede entre sujetos corporizados y que enlaza y excede a sus meros cuerpos individualizados. 

La sociabilidad que ese estar-con-otrxs produce aparece como un plusvalor que nos religa y vuelve práctico -en cierto modo sabido- que el otro no es amenaza sino aquel que permite que “yo” pueda existir y sienta que puedo más. 

Cuando la percepción del otro como amenaza se desactiva, en virtud del reconocimiento de una tenue pertenencia común, se movilizan lógicas de cuidado recíproco. Ese difuso nosotros que la pérdida torna patente amplía los confines de la comunidad. En esas ocasiones el aparato represivo del Estado pierde sustancia y queda involuntariamente restringido a la función de organizador, de asistente. 

Cristina Sille

La pérdida del Indio, su duelo público, nos reunió en esa procesión donde advertimos no sólo la dignidad de su vida, sino también la de nuestras vidas, reconfigurando el orden y alcance de lo común. Esa ocupación amorosa del espacio público amplía los espacios a ocupar, convoca el reclamo de una más igualitaria distribución de las vidas vivibles. 

Aquello que ilumina esa pérdida se refracta en otro escenario: el duelo deportivo. También allí hay un exceso que es preciso interrogar. 

Nunca fue sólo un partido de fútbol porque, al menos en Argentina, nunca es sólo un partido de fútbol. En esos potreros en los que se forjaron y forjan subjetividades se pone en valor el sentido de comunidad, los atributos que la caracterizan, las memorias y extracciones sociales que se honran y transforman. En un Inglaterra-Argentina esto sucede a otra escala. Lo supimos antes de ese encuentro, lo afirmamos contra la mesura -adecuada- del técnico, lo sancionaron los protagonistas al exponer la bandera, nuestra bandera. Ese duelo nos afirma a partir de otras pérdidas: de vidas no debidamente lloradas, ni dueladas, de territorios aún reivindicados y demandados, de heridas narcisistas colectivas, de reparaciones truncas e injusticias vigentes. De otros espacios ocupados y por ocupar.

Eugenia Neme

Con la victoria y la bandera no se recuperan esas vidas —ni las Islas— ni se saldan los conflictos morales, políticos, ideológicos y culturales que ese episodio de nuestra historia significa. A partir suyo, no obstante, podemos reconocernos en un frágil nosotros, procurando remendar en lo material y simbólico algo del amor propio hoy, más que nunca, en riesgo.

Estupor 2:

El asombro que provocó la reunión masiva de ambos acontecimientos  habla del olvido de esa dimensión gregaria que,  pese a toda guerra ideológica, todavía nos atraviesa y constituye.  

Somos sujetos sociales, dependemos de otros de formas que no somos capaces de asumir, advertir ni anticipar. Los otros -como afirma Butler- nos deshacen con la misma intensidad con la que nos configuran. El sabernos interdependientes emerge en situaciones más o menos excepcionales: en pandemias, en muertes, en ciertas victorias. 

En cada una de ellas experimentamos cómo y de qué honda manera nuestras vidas están sujetas al destino de otras vidas; de cómo podrían tornarse más o menos dignas de ser vividas, de cómo se empobrecen o potencian en esa compleja trama, de cómo se desrealizan o adquieren formas novedosas y enriquecedoras. 

Eugenia Neme

Pero aquello que en esas situaciones excepcionales se vuelve por un instante presente, casi una obviedad, amenaza con desaparecer en cada rutina cotidiana, con cada bombardeo mediático, con cada incursión en el lenguaje jurídico, ideológico y punitivo. Se diluye en los relatos cotidianos poblados de mitos heroicos o culpabilizadores, ambos individualizantes. En las fantasías de una vida plena ofrecidas por el mercado; en la tentación avasallante de hacer de la deuda privada la salvación timbera. 

Olvidamos esa condición gregaria cuando queremos huir, a través de múltiples narcóticos (legales e ilegales), de la angustia que produce el fracaso ante ese mandato imposible tan individualizante como violento. Olvidamos esa condición cuando somos llevados por la impotencia producida por este sistema a descargar el odio contra otros iguales de impotentes. 

Lo gregario no debería, como se señala en la cancha, aplastar la inventiva singular. Más aún: sólo sobre el fondo de esa interdependencia lo singular puede aflorar, dando sentido y gratificando a cada una de las posiciones que lo (nos) tornan posible. 

Estupor 3:

El asombro se instala ante la imaginación desbordada que impregna cada paisaje social. La identificación ideológica de la creatividad con un atributo o “don” individual explica este estupor. 

Quienes se fascinan o asombran con estos acontecimientos plebeyos desconocen que en los encuentros con otros —no siempre iguales a uno mismo— está la clave de la imaginación colectiva. Se puede improvisar una bandera porque se reúnen experiencias, saberes, memorias, que custodian las formas plurales de hacerlo, dejando siempre un margen para crear algo imprevisto. 

Sofía Schiavonni

La efervescencia que los acontecimientos produce hace circular afectos irreductibles a los individuos. Justamente porque los gobiernos tienen una sospecha inconfesada sobre estos efectos es que reprimen las movilizaciones populosas y abusan de los protocolos represivos. 

El valor de lo social, que con doctrinas y métodos gubernamentales buscan arruinar, opone resistencia y da muestras de su vitalidad en cada procesión. No importa si esa procesión es fúnebre o festiva, porque en el límite existe entre ambas una semejanza inmaterial. Si en la primera se hace gala de una dulce (y alegre) despedida, en la segunda se relame una feliz justicia y una genuina gratitud. Nos sentimos mejores después de transformarnos en esas miradas.

Lo que no puede provocarnos estupor es la felicidad que se permite asaltarnos aún en la peor de las circunstancias y en la más triste de las coyunturas. Porque, sin esos momentos de felicidad colectiva, tendríamos la amarga certeza de que ya todo está perdido. Ahora, en cambio, sabemos que eso no es así, ni tiene por qué serlo. 

Javier Corbalán

La entrada De Indios y duelos se publicó primero en Revista Anfibia.

 

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • | |

    CREAR CON UN PUNTO DE INICIO EN LO NATURAL

    “Cuando los maestros y los chicos cuidan su escuela, cuando la limpian, cuando la dejan preparada para el otro día entonces no hace falta hablar de ecología cuando uno cuida el lugar que habita, ya está«. Juan Carlos Videla, Ex director del Instituto Roberto Themis Speroni. City Bell, Bs. As. Estas son palabras con las…

    Difunde esta nota
  • Están abiertas las inscripciones para las Colonias de Vacaciones para Adultos Mayores y Personas con Discapacidad

    La Dirección de Deportes de la Municipalidad de Villa Regina anuncia que las Colonias de Verano 2022 para Personas con Discapacidad, que tendrá lugar en la Pileta del club Regina, y para Adultos Mayores, en la pileta del Club Círculo Italiano, comenzarán el día martes 11 de enero en el horario de 9 a 12…

    Difunde esta nota
  • La Filarmónica de Río Negro ya agotó las entradas

    La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina informa que se completó la capacidad de 250 butacas para la presentación de la Filarmónica de Río Negro en el Cine Teatro Círculo Italiano el próximo sábado. Además comunica que ese día la sala se abrirá a las 18,30 horas. Por otro lado, recuerda que…

    Difunde esta nota
  • Colapsados

     

    Esta crónica fue publicada originalmente en Efecto Cocuyo.

    Jennifer Hidalgo solo puede pensar en su sobrina Yanieska, que está apenas viva y con las piernas inertes sobre una camilla de la Unidad de Emergencias del Hospital Domingo Luciani, en lo alto de El Llanito. No reflexiona sobre el terremoto que devastó el país, destrozó su casa y mató al menos a tres miembros de su familia en La Guaira, a 30 km de Caracas. No se concentra en ella misma y en la pérdida de todas sus pertenencias. Su mente solo gira en torno de Yanieska y en su propia incapacidad para costear los insumos que le piden en el centro hospitalario para curarla.

    La crisis de suministros y materiales médicos es dolorosamente palpable tras el doblete sísmico registrado el 24 de junio de 2026 en Venezuela. Tan solo en abril de este año el presidente de la Federación Médica Venezolana (FVM), Douglas León Natera, había advertido sobre el desabastecimiento en hospitales del país, cuya disponibilidad de recursos no superaba el 10 % en la mayoría de los casos.

    “Están colapsados. No tienen casi nada. Uno tiene que traer las cosas. Me pidieron bacitracina, gerdex para los puntos, gasas… me pidieron que trajera hasta los analgésicos. No puedo comprar nada de eso, no tengo nada. Ella quedó tapiada y la encontraron en la madrugada. No siente las piernas, le tomaron puntos en los glúteos, está desnuda, no tiene ropa, ella tampoco tiene nada”, explicó Hidalgo a Efecto Cocuyo, en las afuera de la Unidad de Emergencia del Domingo Luciani.

    Yanieska Galvis, de 24 años, sufrió varias lesiones tras quedar atrapada en los escombros del edificio Opppe 30, perteneciente a la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV), que se desplomó la noche del miércoles en La Guaira. La joven fue hallada por Protección Civil en horas de la madrugada y trasladada hasta el hospital ubicado en el municipio Sucre del Área Metropolitana de Caracas.

    “Por la situación como está, todo colapsado, me dijeron que ya me la podía llevar. Creo que necesitan el espacio. Ella no se puede mover, pero me dijeron que me la tenía que llevar. Lo único que pido es una ambulancia que me traslade a La Guaira o alguien que me ayude a llevarla. Un transporte, que lo demás lo resuelvo yo”, dijo Hidalgo.

    No es la única que ha alertado sobre la falta de insumos dentro del Domingo Luciani en la jornada. Un enfermero del hospital, que no quiso ser identificado por seguridad, contó a Efecto Cocuyo que se requieren con urgencia gasas, tapabocas, obturadores, guantes, pañales, bisturí, gorros, batas para cirujanos, llaves de tres vías y batas para los pacientes:

    “De ahí para adelante, necesitamos todo con los que nos puedan apoyar”, expresó. Usuarios han publicado en redes sociales listas de solicitud que incluyen jelcos de adultos (varios), solución 0,9%, solución 45% sin dextrosa, solución ringer, pañales para adultos, omeprazol ampollas, dipirona, ketoprofeno, diclofenac, electrodos pediátricos y sábanas descartables. La situación se repite en otras instituciones, como el Hospital General Dr. Miguel Pérez Carreño y el Hospital Ana Francisca Pérez de León.

    Un par de días antes del terremoto, el doctor Natera pidió nuevamente transparencia sobre la distribución de 71 toneladas de medicamentos entregadas por Estados Unidos a Venezuela durante febrero de 2026. Este jueves, las consecuencias de la opacidad gubernamental se pagan en los pasillos de los centros hospitalarios de toda Caracas.

    Un hospital colapsado

    El Domingo Luciani está tan colapsado que los médicos gestionan la identificación mediante listas escritas a mano pegadas en las paredes exteriores, donde la gente intenta ubicar a sus seres queridos. Profesionales jóvenes corren de un lado a otro en los pasillos, intentando atender a las decenas de pacientes que llegan de todas partes de Caracas y La Guaira. Afuera, las víctimas de otros accidentes se mezclan con los familiares de los heridos durante los dos terremotos.

    Algunos grupos de voluntarios ofrecen comida entre las filas de personas que se aglomeran en la entrada de la Unidad de Emergencias, otros reparten café y agua fría en diminutos vasos desechables.

    En los pasillos algunos integrantes del personal del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) murmuran que hacen falta doctores y enfermeros. La deserción del personal de salud resulta evidente.

    El 20 de enero de este año la vicepresidenta del Colegio de Enfermería del Distrito Capital, Naucela Gudiño, advirtió que al menos 60% de enfermeras desertaron de los centros de salud públicos debido a los bajos salarios del sector. No hay registros oficiales que indiquen cuantas trabajan actualmente dentro del Hospital Domingo Luciani.

    Eduardo Rodríguez, de 65 años y artesano de profesión, ingresó al centro de salud el 24 de junio en la tarde con una herida en la cabeza que requirió 20 puntos. Pocos minutos antes la pared de la casa de su vecino se había desplomado en El Carmen, Barrio Unión, mientras él intentaba correr calle abajo. El muro le cayó encima y algunas personas de la comunidad lo trasladaron rápidamente para que recibiera atención médica.

    “Me dieron de alta hoy al mediodía. Me pidieron la resonancia y la tuve que hacer fuera, pero las placas me la hicieron en el hospital. Cuando me vine todavía estaban trayendo gente. Hoy ese hospital está colapsado. Hay muchos médicos jóvenes, pero eficaces. Casi todos son médicos muy jóvenes. También enfermeras, pero ya no dan abasto. Les falta gente”, contó Rodríguez.

    Incapacidad para responder

    En su informe anual de 2025, la ONG Provea alertó que el sistema sanitario público en Venezuela opera con una “reducción cercana a 80% de sus capacidades de atención” y que 94,6% de los venezolanos sigue dependiendo exclusivamente de él para atenderse. El 24 de junio el Ministerio de Salud activó la red hospitalaria en todo el país con mayor prioridad y centros habilitados en Distrito Capital, La Guaira, Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón

    Este 25 de junio la situación en lo alto de El Llanito requiere de atención inmediata. Familias provenientes de La Guaira se preguntan cómo podrán pagar insumos cuando han perdido sus hogares y recursos en tan solo una noche. Con los depósitos vacíos y sin un stock mínimo de reserva estratégica para catástrofes, el Domingo Luciani no tiene cómo responder de forma completa a todas las víctimas que ingresan a sus instalaciones.

    “Se nos notan las costuras. Todo lo que se estuvo tapando con un dedo durante años ahora se destapó y en el peor de los escenarios. No esperábamos esto y obviamente no estábamos preparados. Sabemos que mucha gente allá afuera quedó sin nada. Dependemos de la solidaridad de los que puedan enviarnos algo, de los que puedan apoyar así sea con poco. No debería ser así, deberíamos poder responder. Pero esta es nuestra realidad. Nuestra realidad es que necesitamos demasiada ayuda”, afirmó el enfermero que pidió proteger su identidad.

    Maurilina Guzmán, actual directora general del hospital, indicó en entrevista para un medio televisivo que se estaba ofreciendo atención con un equipo “redoblado de profesionales”, pero no especificó cuántos están activos. Autoridades del Luciani no se han pronunciado al respecto y las cifras de los heridos o fallecidos en el centro tampoco han sido publicadas por ningún ente. De acuerdo con reportes oficiales, hasta la fecha se registran 188 fallecidos y más de 1.500 heridos en todo el territorio nacional.

    La entrada Colapsados se publicó primero en Revista Anfibia.

     

    Difunde esta nota