La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina informa que aún hay cupos disponibles para participar de la actividad de ‘Astroturismo’ que permitirá observar la Luna con un telescopio profesional, teniendo en cuenta que se encontrará en su posición más cercana a la Tierra.
Las inscripciones se reciben en la Oficina de Turismo (Florencio Sánchez 817) y tienen un costo de $600 por persona, que incluye seguro y degustación.
La propuesta se desarrollará el domingo 25 a las 17,45 horas con punto de encuentro al pie del Sendero a la Capilla. Se realizará observación con telescopio, charla astronómica y degustación.
Raúl Paolasso, el presidente del Banco de Córdoba, tiene un apabullante CV político -fue asesor de Carlos Corach- y profesional -tuvo posiciones estratégicas en el Bapro con Daniel Scioli-. Pero sobre todo, tiene una estrecha confianza con Martín Llaryora, heredada de una amistad común: Ignacio García Aresca y su hermano Pablo, con quienes Llaryora compartió dormitorio en la niñez, cuando el padre del ahora gobernador debió pasar a la clandestinidad, perseguido por la dictadura por su actividad sindical como líder de La Bancaria.
Los números del Banco de Córdoba en 2025 no fueron buenos. Él explica la situación en la que convergen varios puntos: la inestabilidad de los bonos por los vaivenes electorales, un sistema de 81 bancos para captar el 10% de un PBI pequeño, la competencia de las fintech por los fondos transaccionales y, en el caso de la entidad cordobesa, el extenso mapa de sucursales y cajeros automáticos.
«El Banco de Córdoba tiene el 50% de todas las sucursales del sistema financiero en la provincia: 203 sucursales. Tiene el 50% de todos los cajeros automáticos del sistema financiero en Córdoba: 880 cajeros automáticos. Ese es el costo estructural. Ganamos en el 2023 y en el 2024, pero en el 2025, como gran parte del sistema financiero, vamos a terminar perdiendo. Ahora, en el balance, el 2025, el banco está más capitalizado que antes, tiene más fondos que antes, mejor fondeo. Lo importante es que vamos a ganar mercado: el Banco de Córdoba está entre un 25 y un 30% del mercado. Y como todo el sistema financiero, estamos esperando que aumente ese 10% de relación préstamo-PBI», explica.
-¿Y cuál es la estrategia?
-Crecer más que la media y tener fondos transaccionales, que son la materia prima del sistema financiero. Hay dos formas de conseguir dinero. La forma fácil es carísima: el plazo fijo con tasas altísimas. ¿Cuál es el fondeo barato? El de los fondos transaccionales, que está en billeteras billeteras digitales o en cajas de ahorro. Son fondos que, respetando el encaje, se pueden prestar a costo cero. Pero son fondos muy difíciles de conseguir, porque solamente los conseguís con muy buena tecnología, con muy buena experiencia cliente. Esa es la gran pelea en el sistema financiero.
Si hay mucha gente en una sucursal, no tenés que decir, «qué bien que le va», como si fuera una parrilla o un restaurante. Es al revés: las sucursales con gente son las que no funcionan porque va la gente que no pudo solucionar sus cosas digitalmente.
-¿Cuál es la lógica de la cantidad de sucursales y de cajeros hoy, en esta parte de la historia?
-Es como Blockbuster. Hoy, las sucursales de los bancos son como esos locales de Blockbuster. Hoy pasa lo mismo en el sistema financiero: la gente no quiere ir a la sucursal; la gente quiere, desde la cama, hacer sus operaciones, sus transacciones, su plazo fijo, comprar los fondos comunes de inversión. Si hay mucha gente en una sucursal, no tenés que decir, «qué bien que le va», como si fuera una parrilla o un restaurante. Es al revés: las sucursales con gente son las que no funcionan porque va la gente que no pudo solucionar sus cosas digitalmente.
Las sucursales van a tender a disminuir sensiblemente y a transformarse para albergar negocios más complejos, corporativos, comercio exterior, agronegocios.
-¿Tienen un número de cuántas sucursales deben quedar? Porque está el peso político que tiene la sucursal…
-Será progresivo. Vamos a trabajar primero en la ciudad de Córdoba donde tenemos muchas sucursales. Pero no dejaremos localidades sin sucursal o sin un centro de atención para el pago de jubilados o retirar dinero. Pero hay que pensar que la gente cada vez menos usa el dinero. Si se aplica un cálculo técnico entre el volumen de negocios versus cajeros automáticos, Bancor debería tener 330 en vez de 88 y 70 sucursales en lugar de 203. No significa que vamos a ir a esos números, pero sí hay que tener en cuenta que los costos están sobredimensionados.
No dejaremos localidades sin sucursal o sin un centro de atención para el pago de jubilados o retirar dinero. Pero hay que pensar que la gente cada vez menos usa el dinero. Si se aplica un cálculo técnico entre el volumen de negocios versus cajeros automáticos, Bancor debería tener 330 en vez de 88 y 70 sucursales en lugar de 203.
-Banco Nación puso sobre la agenda el tema de las tasas municipales. ¿Cuál es su posición respecto de las tasas municipales para el caso del sistema bancario?
-Claramente nos resulta muy difícil competir con muchos bancos que tienen sede en Ciudad de Buenos Aires. El costo impositivo de operar en CABA es mucho más bajo que el de muchas otras provincias. Con lo cual, deberíamos hacer cierta docencia con intendentes del interior explicando la naturaleza del tributo y lo que implica la tasa, la relación que tiene que haber entre la prestación y el monto que uno paga. Estamos avanzando y estamos logrando acuerdos muy importantes para bajas sensibles de la tasa de comercio. Las municipalidades son nuestros clientes y queremos que sigan pagando sus nóminas por el banco. Lógicamente no vamos a judicializar la situación. Negociamos caso por caso con toda la buena voluntad. Ahora, eso hay que acelerarlo porque tenemos un contexto de alta competencia.
-¿Cuál es la situación de la cartera de crédito del banco? ¿Los niveles de morosidad cuáles son y cómo está afectando la situación de la economía real?
-La inflación bajó sensiblemente, los spreads bancarios bajaron sensiblemente. Eso, sumado a la cantidad de bancos y a la relación de préstamo versus PBI, es en gran parte el problema que tenemos. La volatilidad que tuvieron los títulos públicos y una baja sensible también pegó muy fuerte en los estados contables de todos los bancos en 2025. En ese marco, las moras del sistema financiero que, de un promedio de 3, 4% que venía de años anteriores, hoy debe estar en un promedio de 7 u 8% del sistema financiero en general. Ahora, en tarjetas de crédito, muy probablemente, está arriba del 10% en el sistema financiero.
-¿La economía crece, pero la gente está cada vez más apretada?
-En 2025 si bien creció la economía un poco, si bien hubo una recuperación del salario real, por otro lado los costos fijos aumentaron, los servicios públicos aumentaron, con lo cual se ha deprimido el consumo y el poder adquisitivo y eso ha pegado en la mora. Lo que más nos preocupa es que históricamente, cuando uno analiza el tema de la mora, cuando asciende como ascendió en 2025, después demora aproximadamente un año en bajar a los niveles normales. Entonces estamos preparados para una mora del 2026 que va a bajar, pero lentamente.
En 2025 si bien creció la economía un poco, si bien hubo una recuperación del salario real, por otro lado los costos fijos aumentaron, los servicios públicos aumentaron, con lo cual se ha deprimido el consumo y el poder adquisitivo y eso ha pegado en la mora, sobre todo en las familias y en las tarjetas de crédito.
-¿Entonces la crisis está en el endeudamiento familiar?
-Sí, justamente en las familias está el problema de la mora. Y fundamentalmente en tarjetas de crédito: ahí está la mora. Las empresas se han mantenido bastante bien.
-¿Qué condiciones deberían darse para que se recupere la importancia del crédito en el sistema bancario tradicional?
-Primero, debería seguir bajando la inflación.Y la gente debería seguir confiando en el sistema financiero, debería mantener sus ahorros en los bancos y eso genera un aumento de la oferta de préstamos. Después hay un tema estructural vinculado a los préstamos hipotecarios, que tiene que ver mucho con el mercado de capitales y con la posibilidad de la securitización de las hipotecas.
-¿Cual sería ese problema estructural?
-En el mundo, los bancos otorgan préstamos hipotecarios, después los securitizan y colocan títulos en el mercado de capitales y vuelven a hacerse la liquidez para seguir restando. En Argentina, salvo que con un ordenamiento de la macro y una profundización del tema del mercado de capitales, sería muy difícil seguir sosteniendo el tema de los préstamos hipotecarios.
-¿El Banco de Córdoba otorga créditos hipotecarios?
-El Banco de Córdoba entregó 60.000 millones de pesos en el transcurso del 2024 y 80.000 millones de pesos en el 2025. 140.000 millones en los dos primeros años de la gestión de Martín Llaryora, que fueron unos 1.700 préstamos, 1.700 familias que sacaron sus préstamos. Cada 10 préstamos hipotecarios, 6 los otorgó el Banco de Córdoba. Y hubo momentos en el 2025 en que cada 10, 8 los dió el Banco de Córdoba.
El Banco de Córdoba entregó créditos hipotecarios por 60.000 millones de pesos en 2024 y 80.000 millones en 2025. Fueron 140.000 millones en los dos primeros años de la gestión de Martín Llaryora, unos 1.700 préstamos, 1.700 familias. Cada 10 préstamos hipotecarios, 6 los otorgó el Banco de Córdoba. Y hubo momentos en el 2025 que cada 10, nosotros dimos 8.
-¿Crees que pueda haber un crecimiento de los créditos este año?
-Sí, creemos que van a crecer. Esperamos que esta relación del 10% (créditos vs PBI), debería acercarse en poco tiempo a un 15, 16, 17%. En la medida que la macro se mantenga, que haya confianza en el sistema, que la gente mantenga sus fondos en el sistema bancario, esto tiene que tender a progresar en este sentido.
-¿Por qué podría estar afectada la confianza en el sistema bancario hoy?
-No en el sistema bancario. Pero siempre está pendiente el tema del dólar. Si hay expectativa de que el dólar se vaya para arriba, la gente saca sus fondos y se va al dólar. Y si esa expectativa empieza a darse, la única que le queda al Gobierno nacional es subir la tasa. Ahí de nuevo se empieza a complicar los préstamos. La confianza es fundamental. Y que el dólar se mantenga en valores razonables, también es muy importante.
-¿Es técnicamente posible ese horizonte?
-En general los economistas plantean que para este 2026 la inflación rondaría entre un 20% y un 26%. Si es así, esto debería tender a normalizarse. No veo un crecimiento brutal de la economía, pero debería tender a normalizarse. Seguimos teniendo regulado uno de los principales precios, que es el valor del dólar, el tipo de cambio, y ahí hay una gran discusión entre liberarlo por completo y mantenerlo regulado.
-En los últimos dos años hubo una pérdida de 11.000 puestos de trabajo formales en Córdoba y unas 3.700 unidades productivas que cayeron o bien fueron a la informalidad o cerraron, sobre todo microempresas y unidades productivas muy individuales. ¿Cómo el Banco acompaña esta caída, si es que lo puede hacer?
-A diferencia de otros bancos privados que en algunos momentos delicados se retraen con su política de créditos, como banco público y como banco cercano, el Banco de Córdoba sabe en los momentos en los cuales tiene que estar. Cuando los bancos privados se retiran, el Banco de Córdoba está presente y eso lo hemos hecho con empresas y lo hemos hecho con individuos. Entre tanto, estamos haciendo una enore inversión tecnológica para estar en mejores condiciones que los bancos privados.
Los economistas plantean que para este 2026 la inflación rondaría entre un 20% y un 26%. No veo un crecimiento brutal de la economía, pero debería tender a normalizarse. Seguimos teniendo regulado uno de los principales precios, que es el valor del dólar, el tipo de cambio, y ahí hay una gran discusión entre liberarlo por completo o mantenerlo regulado.
-¿Cuándo se finalizará este proceso de renovación tecnológica, un tema en el que el banco venía muy demorado.
-Nunca. Estamos fundando 3 pilares: el primero, un shock de austeridad que tiene que ver con la renegociación de los principales contratos del banco. Luego, una reestructuración interna en la que eliminamos 290 gerencias y subgerencias. Y por último, la soberanía tecnológica que es clave. Sin soberanía tecnológica, el banco (cualquiera) es rehén de los grandes proveedores tecnológicos que tienen un control de toda tu infraestructura crítica y con lo cual vos podés hacer todos los planes de negocio que quieras, pero quedás sujeto a los propios planes de negocio de estas empresas proveedoras de tecnología.
Entonces cuando hay que competir con empresas nativas digitales que tienen un control total sobre su tecnología, y el banco, aunque tenga clarísimo las funcionalidades que tenés que agregar a tu billetera o a tu app individuo o a tu app empresa, si para cambiar un botón de lugar hay que esperar 6 meses a estas empresas, ya perdió la carrera. Ni bien asumimos, hicimos un gran cambio en el área de tecnología y la creación de equipos para la generación de productos. De ahí surgió Bezza, que es nuestra propia billetera digital desarrollada casi desde cero en 6 meses y tendrá actualizaciones cada 15 días. Y en breve estará la app específica para empresas. Y dos meses después tendremos el nuevo home banking para individuos, con tecnología avanzada.
Un grupo de adolescentes y jóvenes mujeres sale al escenario. Delante de ellas, miles de personas. La voz del presentador retumba por doquier, halaga la belleza de las chicas. Nervios, sonrisas y postura firme, siguiendo el protocolo. Espectadores atentos y otros no tanto. La mirada de los atentos va desde lo tierno hasta lo perverso….
El Instituto Crecer, hace años cuenta con un gran equipo de trabajo, que a cargo de su directora, Miriam Troncozo, apuesta a brindar herramientas para el acceso al mercado del trabajo. Dichas capacitaciones, están destinadas a personas en situación de vulnerabilidad y son de vital importancia para quienes quieran y necesiten insertarse en el mundo…
Tras la polémica generada por las declaraciones de Luis «Toto» Caputo que sostuvo que nunca compró ropa en Argentina «porque es un robo», los trolls de Javier Milei salieron en defensa del ministro con una pieza propagandística de la dictadura que exaltaba la apertura de importaciones de José Alfredo Martínez de Hoz.
«Esta propaganda es la obra maestra de un genio», dijo el troll Pregonero en alusión a un clásico spot de la Junta Militar que, usando como ejemplo la producción de sillas, alienta la apertura de las importaciones del entonces ministro de Economía de Jorge Rafael Videla.
En paralelo, otras cuentas alineadas al gobierno libertario difundieron este spot que, para organismos de derechos humanos y sindicatos, es un símbolo de la destrucción de la industria nacional por la apertura de importaciones durante la última dictadura.
Envalentonado en medio de la defensa troll, Caputo redobló la apuesta en X y eligió el posteo de una usuaria que cuestionó sus dichos relativos a comprar la ropa afuera. «No tengo guita para el pasaje porque me lo paso pagando impuestos en este país», lo habían acusado desde una cuenta.
«Ya no necesitás comprar pasaje si querés comprarte ropa más barata. Solo tenes que saber usar internet. Podes comprar dólares libremente para pagarla», cruzó Caputo, en un posteo celebrado por el Gordo Dan y su granja de trolls.
En esa línea, también salieron al cruce de empresarios textiles que expusieron en las últimas horas la situación crítica del sector. «Durante 2 décadas cerraron el culo con los impuestos porque tenían el zoológico de tarados pagando mierda a precio de oro», acusó Pregonero.
También, varias cuentas alineadas a Milei cruzaron a la ministra de Mujeres de la provincia, Estela Díaz, que aludió a la propaganda de la dictadura para cuestionar a Caputo.
«Mismo libreto: desprecio y destrucción de la industria nacional y del empleo bajo el engaño de la «modernización». Siempre sale mal para las mayorías. Nada nuevo bajo el sol», dijo la ministra de la gestión Kicillof en un posteo que disparó ataques de trolls libertarios que extremaron la defensa de Caputo.
La llegada de Carlos Presti al ministerio de Defensa está lejos de resolver la crisis de IOSFA, la obra social de los militares que desde la llegada del gobierno de Javier Milei acumula deudas millonarias que afectó progresivamente la cobertura social tanto de los activos como de los retirados.
Esta situación empeoró y fuentes afectadas por la situación revelaron que en Mar del Plata los afiliados de IOSFA se quedaron sin cobertura por una deuda de 800 millones de pesos con el Hospital Privado de la Comunidad.
Esta fuente afirmó que «hay un corte total de cobertura en Mar del Plata desde hace varios días sin solución a la vista.
Los afiliados deben pagar de su bolsillo «cifras astronómicas» en el HPC (donde normalmente tienen cobertura) y tienen problemas para conseguir turno».
El enojo y decepción arrastra a Presti porque, según afirman, se esperaba que el nuevo ministro saneara la obra social, pero «la realidad es que es peor todo y no ha servido de nada».
Esta fuente afirma que «en Mar del Plata están las tres fuerzas representadas, hay gente en actividad y retirados de las tres fuerzas y se quedaron sin obra social y sin alternativas porque en el HPC vas con problemas médicos o algún tipo de estudio».
«Tenés que ponerte tu bolsillo que en algunos casos llegan a los 400.000 pesos que te sale una tomografía o los 100.000 que te salen un análisis de sangre. Con los sueldos nuestros y sobre todo los que están con algún tema complejo o jerarquías bajas, imposible hacer frente a esos valores», remarca.
Tenés que ponerte tu bolsillo que en algunos casos llegan a los 400.000 pesos que te sale una tomografía o los 100.000 que te salen un análisis de sangre. Con los sueldos nuestros y sobre todo los que están con algún tema complejo o jerarquías bajas, imposible hacer frente a esos valores
«Es una situación muy compleja que no tiene viso de solución por el momento, a pesar de que habían hablado de que se iba a regularizar a través de un DNU y que se iban a separar las obras sociales con la fuerza de seguridad. De todo eso nada y con pagos muy a cuenta gotas que son insuficiente como para restablecer la prestación», lamenta.
Según esta fuente, otra ciudad con problemas similares es en el Hospital Italiano de Bahía Blanca y hay problemas con las farmacias que atendían IOSFA en todo el AMBA.
«CABA tiene otra situación porque también está el Hospital Militar Central, el Hospital Naval y el Hospital Aeronáutico como alternativas primarias. La situación está muy delicada, porque en este momento IOSFA no cuenta con caja como para hacer frente al pago de los prestadores, y entonces eso se va cortando», concluye.
El enojo es mayor porque consideran que las prioridades de Presti están desfasadas de estas necesidades. «Se preocupa más porque los militares de alto rango puedan tener cargos políticos sin pasar a disponibilidad en lugar de resolver estos problemas que son urgentes», reprochan.
LPO accedió a un comunicado en el que dice que «el Hospital Privado de Comunidad (HPC), a través de la Fundación Médica de Mar del Plata, notifica a la Base Naval que, debido a las deudas impagas por parte del Instituto Obra Social de las Fuerzas Armadas (IOSFA), se suspenden la mayoría de los servicios programados» con la excepción de Oncología, Pediatría, Obstetricia y emergencias que pongan en riesgo la vida.
En 1929, durante la segunda presidencia de , el Congreso sancionó la Ley 11.544, que estableció por primera vez en todo el país la jornada máxima de 8 horas diarias o 48 semanales. El texto legal recogía una demanda histórica del movimiento obrero argentino y colocaba a la Argentina, al menos formalmente, dentro del mapa de las legislaciones laborales modernas.
Sin embargo, entre 1929 y 1945, la distancia entre la ley y la realidad fue abismal. La jornada de 8 horas existía en los códigos, pero no organizaba la vida cotidiana de la mayoría de los trabajadores.
La sanción de la ley no implicó automáticamente su cumplimiento. El Estado argentino carecía —y en muchos casos no tenía voluntad— de los mecanismos necesarios para garantizarla. Las inspecciones laborales eran escasas, las sanciones simbólicas y la justicia tendía a fallar en favor de los empleadores. En los hechos, el límite horario seguía siendo una decisión patronal.
En algunos sectores urbanos e industrializados la situación fue diferente. Grandes empresas, talleres visibles y actividades con fuerte organización sindical —gráficos, ferroviarios, portuarios— lograron imponer, no sin conflictos, la jornada legal. Aun allí, el cumplimiento era parcial: horas extras obligatorias no pagadas, jornadas partidas que extendían el tiempo total de trabajo y mecanismos de evasión salarial eran prácticas habituales.
Pero fuera de esos núcleos organizados, la ley simplemente no existía en la práctica. En el campo, donde la relación laboral estaba atravesada por el aislamiento, la dependencia personal y la ausencia casi total de inspección estatal, las jornadas de sol a sol siguieron siendo la regla. En las economías regionales, la situación era aún más evidente. En los ingenios azucareros de Tucumán, la jornada se organizaba en torno al ritmo de la zafra: turnos extensos, calor extremo y trabajo continuo mientras durara la molienda, sin límites horarios reales. En los yerbatales de Misiones, los mensúes cobraban por cantidad de kilos transportados, lo que los obligaba a prolongar indefinidamente la jornada para alcanzar un ingreso mínimo. El tiempo de trabajo no se medía en horas, sino en desgaste físico.
En los viñedos cuyanos y los algodonales del norte, la lógica era similar: trabajo estacional, pago por rendimiento y jornadas que se extendían mientras hubiera luz natural. La ley de 8 horas era irrelevante frente a un sistema productivo que organizaba el trabajo por campaña y no por jornada.
En los pequeños talleres urbanos de ciudades como Buenos Aires o Rosario, especialmente en rubros como la confección, el calzado o la metalurgia liviana, eran habituales las jornadas de 10 a 12 horas, justificadas como “aprendizaje” o compensadas con salarios miserables. El trabajo a destajo permitía al empleador exigir una producción diaria fija que solo podía alcanzarse extendiendo el horario real de trabajo.
El comercio minorista reproducía una lógica similar. Empleados de almacenes, tiendas y casas de ramos generales abrían temprano y cerraban de noche, muchas veces con descanso parcial o inexistente, bajo la excusa de la atención al público. En el servicio doméstico, directamente excluido de toda protección efectiva, la jornada carecía de límites: vivir en la casa del empleador implicaba disponibilidad permanente, sin distinción clara entre tiempo de trabajo y tiempo de descanso.
La ley estaba vigente, pero no tenía ejecutores. El Estado carecía de un cuerpo de inspectores con presencia territorial, las sanciones eran irrisorias y la justicia laboral —cuando intervenía— tendía a legitimar las prácticas patronales. En ese contexto, la jornada de 8 horas no era un derecho exigible sino una declaración abstracta, desconocida para amplios sectores del mundo del trabajo. Para millones de trabajadores, la jornada legal era una promesa distante, ajena a su vida cotidiana y subordinada a una realidad donde el poder de fijar el tiempo de trabajo seguía en manos del patrón.
La clave no estaba en el texto legal sino en la correlación de fuerzas. Donde había sindicatos fuertes, comisiones internas y capacidad de huelga, la jornada de 8 horas se defendía. Donde no, el trabajador quedaba librado a su patrón. Durante esos años, el cumplimiento de un derecho laboral dependía más de la organización colectiva que del Estado.
En los últimos años, sectores libertarios repiten como argumento que el peronismo “miente” porque la jornada de 8 horas no fue creada por Perón, sino sancionada en 1929. El señalamiento es formalmente correcto, pero históricamente falaz. Confunde deliberadamente legislar con garantizar. La Ley 11.544 existía desde hacía más de una década, pero fue incumplida de manera sistemática por amplios sectores del empresariado, con un Estado ausente o complaciente. Reducir la historia social a una fecha en el Boletín Oficial implica borrar la diferencia central entre un derecho escrito y un derecho vivido.
Ese divorcio entre la ley y la realidad empieza a romperse recién a partir de 1943–1945, cuando el Estado deja de mirar para otro lado y decide intervenir de manera directa en la relación entre capital y trabajo. No se trató de crear nuevos derechos, sino de hacerlos cumplir. Bajo la acción del Estado y el impulso político de , la jornada de 8 horas dejó de ser una recomendación abstracta y pasó a convertirse en una norma exigible. El límite al tiempo de trabajo ya no lo fijó el patrón, sino el Estado. Ese fue el verdadero punto de inflexión.
La experiencia deja una enseñanza incómoda pero fundamental: los derechos laborales no existen solo porque estén escritos. Existen cuando hay un Estado dispuesto a garantizarlos y una sociedad organizada para defenderlos. Entre 1929 y 1945, la jornada de 8 horas fue una conquista legal sin poder. Su historia demuestra que la legislación social, sin voluntad política, puede convertirse en una promesa vacía.
La jornada de 8 horas no nació plena. Fue primero una letra, después una pelea y recién más tarde una realidad. Y esa diferencia —entre ley y vida— explica buena parte de la historia social argentina.
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