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Concurso ‘Día mundial del reciclaje’

La Dirección de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Municipalidad de Villa Regina puso en marcha el concurso ‘Día mundial del reciclaje’ destinado a niños y niñas de hasta 13 años.

Los interesados en participar deberán realizar manualidades utilizando materiales reciclados (papel, cartón, latas, etc) y luego enviar fotos del proceso y su terminación a la página de Facebook ‘Dirección de Ambiente y Desarrollo Sustentable’ o al mail [email protected]

Deberán acompañarlo con nombre, apellido y teléfono de contacto. Tendrán tiempo hasta el 14 de mayo a las 14 horas.

Los premios son tres kits escolares: el primero por $2.000, el segundo por $1.500 y el tercero por $1.000. Los ganadores se darán a conocer el 18 de mayo.

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  • La Scaloneta rechaza las teorías conspirativas: «Perdimos en la nuestra dejando todo»

     

    Una frase de Lionel Messi antes de salir a jugar la final del Mundial disparó una serie de teorías conspirativas sobre una «mano negra» contra la Selección argentina, que perdió el título contra España sin un solo tiro directo al arco en 120 minutos. En la AFA rechazan todas las explicaciones conspiranoicas y aseguran que el equipo perdió dejando todo en la cancha.

    En el video se ve a Messi cuando sale junto al resto de los jugadores del vestuario y les da una arenga inusual para un partido semejante. «Olvidémonos de todo», dice el astro. «Estemos tranquilos, tranquilidad. Pensemos en jugar nomás», dijo Messi.

    Esas palabras motivaron interpretaciones en las redes y entre algunos periodistas deportivos que se preguntaron si no había algo más detrás de las declaraciones del capitán de la Scaloneta. 

    El partido que jugó la selección, que no llegó al área rival hasta el último minuto del alargue, abonó la teoría de que el equipo que venía remontando todos los partidos había jugado condicionado por un factor externo. 

    «Empezaron las teorías conspiraticas y desestabilizadoras desde el mismo lugar de siempre», dijo el periodista deportivo Hernán Castillo, que viajó a EEUU a cubrir el mundial para ESPN. 

    «Messi dijo ‘olvidémonos de todo’ por los jugadores españoles y sus dichos (muy calientes los argentinos estaban) y porque el árbitro era europeo. Quiso sacarlos de ese clima a sus compañeros. Eso fue en una arenga casi pública porque ellos saben que ahí hay cámaras. La verdadera arenga fue un rato antes y puertas para adentro y apuntó al corazón y al grupo bien armado y unido como siempre. Argentina perdió porque España fue mejor. Y el grupo lloró íntimamente y en público sabiendo que dejó todo y que quiere seguir juntos. Incluso van a intentar ellos convencer a Scaloni de que se quede. No desestabilicen con pavadas», dijo Castillo.

    En otro video, filmado en el entretiempo, aparece el Dibu Martínez pidiéndole a sus compañeros que vayan para adelante. «Para atrás juegan los cagones», gritó el arquero de la selección.

    En las redes recordaron que tras la presión que ejercieron los españoles sobre el arbitraje en la previa del partido, la FIFA designó una terna europea. El árbitro Slavko Vini y los jueces de línea eran eslovenos, la misma nacionalidad que Aleksander eferin, el presidente de la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA), siempre refractaria al éxito sudamericano. 

    El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, había sido cuestionado públicamente por la UEFA luego de que le retiraran la roja al delantero norteamericano Falorin Balogun por pedido del propio Donald Trump.

    El ex presidente de Independiente, Andrés Ducatenzeiler, fue uno de los personajes mediáticos que se adhirieron a las teoría conspirativas. «¿Qué pasó hoy que no nos vamos a enterar nunca los de a pie? Cuéntenme un partido en donde salgan el 4, el 2 y el 6 por lesión en una final. ¿Apuestas deportivas? ¿La bandera Las Malvinas son Argentinas?», dijo «Duka».

    «Ningún jugador habló con la prensa. Sacan un comunicado de Afa diciendo que algunos jugadores no van a venir a Argentina… Van a haber mil versiones y nunca sabremos la verdad», dijo el ex presidente del Rojo. «No se olviden que estamos en un Mundial en donde echaron al 9 de un equipo y lo hicieron jugar por orden de un presidente. Hoy puede haber llamado un presidente y decir que los tres defensores se tenían que ir porque dos de ellos juegan en la Premier», sugirió Duka.

    «¿Quién puede creer que los jugadores fueron para atrás? Llegamos rotos, cansados sin resto y así y todo el cuco nos ganó porque pudieron meter una», dijeron a LPO fuentes de la AFA.

    «Perdimos en la nuestra peleando contra todo. Y fuimos los verdaderos animadores de este mundial. Cada vez que el mundo lo recuerde va a ser el mundial que Argentina volvió de la muerte 2 veces. Creamos una marca registrada que reforzó una identidad. Los claros ganadores de este mundial por legado, construcción de marca y futuro somos nosotros», dijeron en la asociación que preside el Chiqui Tapia.

    «En el 2022 dejamos la mejor final de la historia de los mundiales y en el 2026 dimos la mayor lección de carácter de la historia del deporte. El futbol de la década del 20 sin Argentina no existe», agregaron las fuentes.

    Respecto de Ducatenzeiller, en la AFA dijeron que «busca cámara». «Es muy triste porque era un dirigente y se transformó en un Azzaro», remataron. 

     

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  • La nueva desigualdad estructural

     

    En el último año se triplicó la cantidad de hogares argentinos que no llegan a pagar sus créditos. La morosidad bate récords. El dato importa y genera una preocupación obvia y compartida. Pero mirar solo las deudas impagas es confundir el síntoma con el problema. 

    Esta es la segunda nota publicada en Anfibia que retoma y profundiza la investigación del libro Una historia de cómo nos endeudamos (Siglo XXI editores) para analizar lo que sucede un poco más allá del ruido de la coyuntura.

    El primer texto explicaba por qué no todas las deudas son iguales y por qué es fundamental prestarle atención a cómo se experimentan, toman sentido y son vividas. Para una parte importante de la sociedad, las deudas que cargan no son el precio de algo —no son el escalón hacia ningún lugar. Son simplemente el precio de permanecer en el lugar. Para no caer. Eso es la deuda de sacrificio: una deuda sin aspiración. Una deuda que es el precio de sobrevivir.

    Ahora vamos a dar un paso más allá, y cambiar el foco: abandonamos las experiencias y analizamos las estructuras. 

    Las deudas de sacrificio pasaron de ser amortiguadores transitorios de las crisis a un rasgo estructural de la desigualdad de la sociedad argentina. 

    La mora es el árbol. Esa transformación social es el bosque.

    En nuestro país no hay una serie de largo plazo sobre prácticas financieras de los hogares. Y las encuestas que preguntan si alguien está «endeudado» no alcanzan: para medir la desocupación no se consulta «¿usted está desocupado?». El problema es el mismo: no sabemos qué entiende cada quien por esa palabra y cuántas realidades se ocultan o distorsionan en las respuestas.

    La pregunta que importa no es si hay deuda. Es para qué fue tomada: ¿para crecer o para no caer? Le sigue otra pregunta, derivada de la anterior: ¿qué nos dice el cambio de las dinámicas de endeudamiento de las familias sobre la desigualdad social de un país?

    La Encuesta Permanente de Hogares brinda información que ayuda a resolver, aunque no del todo, estas preguntas. En Una historia de cómo nos endeudamos (Siglo XXI editores) nos apoyamos en algunos indicadores de la encuesta periódica del INDEC para trazar los rasgos de una transformación social que tiene a las deudas de los hogares como driver principal. Podemos ver la evolución de los que tomaron crédito y, al mismo tiempo, «sacrificaron» ahorros y/o bienes, entre 2003 y 2025. Un proxy de acceso al crédito bajo estrés financiero, no de deuda en general.

    La serie completa muestra dos Argentinas, y no se diferencian por el volumen de la deuda sino por la función que cumple y para quién.

    Primera etapa (2003-2014). Con la crisis de 2007-2009, estos hogares subieron de 12,9% a 17,2% y, cuando la crisis pasó, casi volvieron a su nivel previo. La deuda amortiguó. Y en esta etapa no hubo un patrón de clase estable: el 20% más rico estuvo tan expuesto como el 20% más pobre.

    Segunda crisis (2016-2019). El indicador volvió a subir. Pero esta vez no volvió a bajar. El piso posterior quedó casi 70% por encima del período previo. Ahí arrancó el segundo tiempo de la historia, y es donde la función empezó a cambiar de manos.

    Al analizar el indicador en sus dos partes -gastar ahorros y vender pertenencias- aparece el mecanismo exacto de esa transformación.

    Vender pertenencias nunca fue parejo. El 20% más pobre se deshizo de sus cosas siempre más que el 20% más rico, desde 2003. Esto no se volvió desigual: siempre lo fue. Lo que cambió después de 2016 fue la magnitud de esa desigualdad, que se agrandó con fuerza. Gastar ahorros sí era parejo, y con signo opuesto: hasta 2016, quien más los gastaba era el rico, no el pobre —los doce años de esa etapa, sin excepción. Después de 2016, se invirtió: pasó a ser predominantemente el pobre.

    Dos historias distintas que terminan en el mismo lugar: una que siempre fue desigual y se agrava; otra que cambia de manos por completo.

    Al sumar las dos series se ve que hasta 2016, ricos y pobres corrieron parecido en la deuda de sacrificio agregada. Desde entonces, el 20% más pobre se despegó y quedó sistemáticamente arriba del 20% más rico.

    La desigualdad no nació en 2016. Ya estaba ahí, escondida en el componente de venta de bienes —que siempre fue más común entre los sectores de menos ingresos. Lo que cambió en 2016 fue que se recurrió a esa forma de capitalizarse más que a gastar ahorros, y pasó a pesar más en el promedio. Por eso el indicador agregado, que antes no distinguía por clase, terminó arrastrado hacia el grupo más expuesto a tomar créditos y vender sus bienes: los sectores de menos ingresos.

    En 2024 las deudas de sacrificio tocaron su máximo histórico: más del doble que al comienzo de la serie. Lo excepcional se volvió estructural, y siguió impactando sobre todo en los que menos tienen.

    Al mismo tiempo cambió la composición del endeudamiento. El crédito bancario formal fue la fuente que más creció en 22 años en general, y en los sectores de menos ingresos en particular. Y desde la salida de la pandemia, no paró de aumentar. Los préstamos entre familiares cayeron hasta 2023, pero repuntaron en los últimos dos años. Las dos fuentes aún conviven no se reemplazaron.

    Lo que sí revela un desfasaje de clase es el ritmo de bancarización. A nivel país, el peso del préstamo bancario alcanzó y superó al préstamo familiar alrededor de 2011: ambas fuentes se cruzaron en torno al 15,6% cada una. En el 20% más pobre eso nunca llega a pasar: el préstamo familiar siguió siendo, en 2025, la fuente más importante de las dos (32,9% contra 20,9% del crédito bancario). Lo que sí ocurrió es una convergencia: la brecha entre ambas fuentes, que era de 43 puntos en 2003, se achicó a 12 puntos en 2025 —y esa convergencia se aceleró justo en la ventana en que la deuda de sacrificio se volvía estructural y desigual. Los hogares de menores ingresos se acercaron al patrón de bancarización que el resto de la sociedad ya tenía hace más de una década, sin terminar de alcanzarlo.

    La mora aparece justo ahí. No es coincidencia, aunque tampoco alcanza con mirar cuánto creció el crédito: hay que preguntar a quién llegó, y cuándo.

    Dos desigualdades viejas se confirman: inquilinos y hogares con menores de edad ya estaban más expuestos antes de 2016, y ahora lo están más. Pero aparece un tercer y nuevo factor de desigualdad: la precariedad labora. La inestabilidad del trabajo se suma a la lista de lo que empuja a los hogares hacia la deuda de sacrificio.

    Por eso la morosidad récord de 2025-2026 no aparece sobre una sociedad que se quebró de repente. Aparece sobre una sociedad donde la deuda venía cambiando de función, y de manos, desde hacía casi una década.

    Si el problema es la mora, discutimos tasas y refinanciaciones. Si el problema es que las deudas de sacrificio dejaron de amortiguar las crisis para organizar la desigualdad, la pregunta es otra: por qué una parte creciente de los hogares solo logra reproducir su vida cotidiana endeudándose y sacrificando ahorros y bienes.

    Donde falla un derecho —laboral, social— no nace una necesidad. Nace una deuda de sacrificio.

    La entrada La nueva desigualdad estructural se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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