Concurso de precios 06/2021

Concurso de precios 06/2021

Concurso de precios 06/2021

La Municipalidad de Villa Regina puso en marcha el concurso de precios 06/2021 para la adquisición de insumos de limpieza con destino a distintas escuelas de Villa Regina y Valle Azul.

El presupuesto oficial es de $1.345.488.

Las ofertas se reciben hasta el 12 de julio a las 11 horas en Mesa de Entradas de la Municipalidad.

La apertura de los sobres será ese mismo día en el Departamento de Compras.

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  • Se parte la UIA: Moretti destrozó a Caputo y Rappallini salió a desautorizarlo

     

    La tensión entre la industria y el gobierno de Javier Milei terminó abriendo una interna feroz dentro de la propia central fabril. En pocas horas, Guillermo Moretti acusó a Luis Caputo de ser un «trader que no sabe lo que es un torno», Martín Rappallini reclamó por la caída de la actividad y el costo de la energía, Caputo respondió que no gobierna para «determinados empresarios» y, cuando todavía quedaba humo sobre el campo de batalla, el presidente de la UIA salió a desautorizar a su vicepresidente. 

    La secuencia arrancó apenas una hora antes del acto oficial por el Día de la Industria. Moretti, uno de los vicepresidentes de la UIA y referente industrial de Santa Fe, decidió romper todos los diques. «Esta gente no conoce el país y no conoce lo que es la industria, no tiene idea», afirmó en una entrevista concedida a El Destape. Y apuntó directamente contra Caputo: «Estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno». También cuestionó el crecimiento del patrimonio del ministro y sostuvo que sus finanzas personales habían aumentado «un 37% en dólares» mientras la Argentina se endeudaba. 

    Moretti fue bastante más lejos que la posición institucional que venía preparando la UIA. Habló directamente de «una política de desindustrialización» y vinculó la supervivencia fabril con las escuelas técnicas, las universidades, el CONICET y el INTI. También puso el foco sobre la diferencia entre los sectores beneficiados por el modelo. «Hay sectores en los que este Gobierno está apostando muy fuerte, el tema de la minería, energía y el petróleo», dijo, mientras describió a la industria manufacturera en una situación «muy difícil». 

    El clima ya venía cargado desde la víspera. Rappallini había anticipado que preparaba un discurso duro para el Día de la Industria y el Gobierno respondió vaciando políticamente el encuentro. El acto se hizo en la planta del Laboratorio Elea, en Malvinas Argentinas, ante unos 200 industriales y sin funcionarios nacionales de primera línea. 

    Choque total del gobierno con la UIA: el vice dijo que Caputo es un trader y Milei bajó a Santilli del acto

    Sin embargo, cuando Rappallini subió al escenario, su discurso terminó pareciendo moderado al lado de la descarga de Moretti. El presidente de la UIA presentó números muy duros: la producción industrial está 10% por debajo de 2022, hay ramas con caídas de entre 25% y 30% y desde agosto de 2023 se perdieron 90.000 empleos asalariados registrados. «La economía no puede medirse solamente por la evolución de la inflación. Tenemos que mirar la actividad», afirmó.Ese punto toca uno de los nervios del programa económico de Caputo. 

    Rappallini destacó que durante los últimos dos años los precios industriales subieron alrededor de 140%, contra un incremento cercano al 190% del nivel general y del 400% en los servicios. «La industria le está poniendo el hombro en la estabilización», dijo. 

     Guillermo Moretti 

     El reclamo más concreto apareció con la energía. Rappallini denunció que numerosas empresas, especialmente pymes, recibieron facturas de gas y electricidad que se multiplicaron entre tres y cinco veces. La UIA atribuye parte del salto a la decisión oficial de trasladar a los industriales el diferencial generado por el costo de importación de energía y viene reclamando un mecanismo de compensación. «Seguimos aguardando una respuesta», lanzó. 

    Al mismo tiempo pidió que Vaca Muerta no sea únicamente una plataforma para exportar hidrocarburos sino también una palanca para exportar producción industrial argentina. 

    La central fabril desplegó además una agenda de siete puntos: recuperación de actividad y crédito, reducción del costo argentino, defensa frente a la competencia desleal, energía, morosidad, infraestructura y modernización laboral. Rappallini pidió un «puente» entre la economía que queda atrás y la economía competitiva que pretende construir Milei. 

    También reclamó un pacto fiscal industrial para reducir impuestos nacionales, provinciales y municipales y advirtió que en algunos sectores los productos ingresados por circuitos irregulares representan entre 30% y 50% del mercado. «Esto lejos está de ser libre mercado», afirmó. 

    Caputo no dejó pasar el desafío. Horas después, durante el foro Vientos de Cambio, defendió el programa económico y rechazó el diagnóstico industrial. «El camino en el que estamos es el correcto. Estamos en un proceso de reconversión», afirmó. Después trazó la frontera política de la discusión: «El mío como ministro es defender el interés de todos los argentinos, no el de algunos o el de alguien en particular». 

    El ministro endureció todavía más la respuesta. Dijo que el modelo anterior había protegido empresarios mediante subsidios en energía, tipo de cambio y precios, y aseguró que la economía ahora crecerá «en dos velocidades». Sobre Moretti fue tajante: «El feedback de las industrias no es el que dijo hoy el vice de la UIA». Según Caputo, muchos empresarios entienden que llegó el momento de «reconvertirse» e invertir. «Si no nos adaptamos al mundo, cerremos las fronteras», resumió. 

    Milei completó la pinza esa misma tarde. En el mismo foro descartó cualquier flexibilización del programa por razones electorales. «El resultado fiscal no se negocia», afirmó. Y agregó: «No vamos a negociar la política monetaria porque no vamos a parar hasta terminar de derrotar la inflación». El Presidente condensó su posición en una frase que dejó poco margen para las demandas industriales: «Las buenas políticas no se negocian».

    Pero cuando parecía que la historia quedaba reducida al choque entre el Gobierno y los industriales, apareció el capítulo más incómodo para la UIA. Rappallini salió públicamente a despegarse de Moretti. Y lo hizo con una dureza que llamó la atención. 

    Después llegó la estocada. En LN+, Rappallini buscó bajar la temperatura y se mostró mucho más conciliador con el Gobierno. «Nosotros estamos de acuerdo con el orden macroeconómico, estamos de acuerdo con el equilibrio fiscal, estamos de acuerdo con bajar la inflación», afirmó. Y aclaró que la discusión con Caputo pasa por la economía real: «Lo que planteamos es que ahora tenemos que crecer». 

    También buscó quitarle amortiguar el choque: «No estamos en contra del Gobierno, estamos planteando una agenda industrial». Rappallini defendió además el rumbo general y sostuvo que «hay muchas cosas que se hicieron bien», aunque advirtió que «la actividad está claramente amesetada». 

    Rappallini sostuvo que Moretti «puede tener su propia mirada», pero aclaró que sus declaraciones representan «una posición personal o provincial, no la posición institucional de la UIA». Incluso recordó que la entidad tiene ámbitos internos para procesar las diferencias antes de expresarlas hacia afuera. El presidente de la central fabril terminó marcándole los límites a su vicepresidente en público.   

    El contraste con Moretti quedó expuesto. El presidente de la UIA se preocupó por dejar un puente tendido hacia Economía.

    Hay además un dato que vuelve más delicada la posición de Rappallini frente al Gobierno. El empresario es inversor del Proyecto San Jorge Cobre Mendocino, la mina de cobre y oro de Uspallata que ingresó al RIGI. El proyecto había sido presentado inicialmente por unos 630 millones de dólares y finalmente fue aprobado con una inversión total proyectada de 891 millones de dólares

    La pelea con Caputo dejó así una grieta expuesta dentro de la principal organización industrial del país. Moretti pateó el tablero, Rappallini trató de ordenar las piezas y el Gobierno aprovechó para reafirmar que no piensa modificar el rumbo. 

     

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    La historia detrás de la estrella de seis puntas de la bandera de Salta

     

    La estrella de seis puntas de la bandera de Salta tiene una historia que se remonta a 1817: nació como una condecoración militar para reconocer a Güemes y a los defensores de la provincia frente al avance realista.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Hay símbolos que parecen estar allí desde siempre, como si hubieran nacido junto con la tierra que representan. La estrella de seis puntas que aparece en el centro de la bandera de Salta es uno de ellos. A primera vista puede parecer simplemente una figura geométrica incorporada al escudo provincial, pero detrás de esa estrella existe una historia de guerra, resistencia y reconocimiento militar que se remonta a los años decisivos de la lucha por la independencia.

    Y hay una particularidad que muchas veces pasa inadvertida: la estrella salteña no fue concebida originalmente como un símbolo religioso ni como una alusión genérica a la “buena suerte”. Su origen es mucho más concreto. Fue una condecoración militar vinculada con la defensa de Salta frente a las tropas realistas, y sus seis puntas terminaron asociándose con seis hombres considerados protagonistas de aquella resistencia: Martín Miguel de Güemes, Luis Burela, Pedro Zabala, Apolinario Saravia, Juan Antonio Rojas y Mariano Morales.

    La invasión realista de 1817

    Para entender la estrella hay que retroceder hasta 1817, cuando la guerra por la independencia todavía estaba lejos de haber terminado.

    Después de la declaración de la Independencia de 1816, el poder español continuaba teniendo una formidable presencia militar en el Alto Perú. Desde allí, los ejércitos realistas intentaban avanzar hacia las provincias del norte, recuperar posiciones y, si las circunstancias lo permitían, avanzar sobre el territorio revolucionario.

    En ese escenario apareció una vez más la figura de Martín Miguel de Güemes, gobernador de Salta y jefe de las milicias que sostenían una guerra irregular contra los realistas.

    En abril de 1817, el ejército comandado por el mariscal José de la Serna avanzó hacia Salta con una fuerza muy superior a la que podían reunir los defensores locales. El 15 de abril los realistas llegaron a ocupar la ciudad. Pero ocupar Salta no significaba controlar Salta.

    Güemes trasladó su cuartel de operaciones y organizó una estrategia basada en las milicias gauchas y en pequeños grupos móviles que hostigaban permanentemente al enemigo. Los llamados Infernales y las fuerzas locales atacaban las líneas de abastecimiento, arrebataban ganado, recuperaban armas y dificultaban que los realistas pudieran sostenerse en territorio salteño.

    La guerra se convirtió así en una sucesión de ataques, emboscadas y movimientos rápidos. El ejército invasor podía ocupar una ciudad, pero encontraba enormes dificultades para alimentarse, movilizarse y conservar sus posiciones.

    La resistencia terminó obligando a las tropas de La Serna a retirarse hacia el Alto Perú.

    La importancia de aquel episodio fue enorme: Salta había vuelto a funcionar como una barrera contra el avance realista hacia el sur. La defensa no había consistido en una única batalla convencional, sino en una campaña prolongada en la que las milicias de Güemes hicieron del territorio un obstáculo casi permanente para el ejército invasor.

    Una estrella para reconocer a los defensores

    Fue en ese contexto que comenzó a gestarse el símbolo que muchos años después terminaría formando parte del escudo y de la bandera provincial.

    Manuel Belgrano propuso distinguir a quienes se habían destacado en la defensa de Salta. La idea era otorgar una estrella heráldica militar de seis puntas, siguiendo una tradición de condecoraciones que ya había sido utilizada durante la guerra de Independencia.

    El número seis no fue casual.

    La tradición histórica salteña identifica las seis puntas con seis protagonistas de aquella defensa: Güemes, Burela, Zabala, Saravia, Rojas y Morales. De esta manera, la estrella dejó de ser solamente una condecoración individual y pasó a representar una acción colectiva.

    El 28 de noviembre de 1817, el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón dispuso oficialmente una medalla para distinguir a los jefes, oficiales y tropas que habían participado en la defensa.

    La disposición establecía una estrella de seis brazos. Para Güemes sería de oro; para comandantes y oficiales tendría brazos de oro y centro de plata; y para la tropa se dispuso un distintivo de paño blanco. La inscripción que debía llevar era particularmente elocuente: “AL MÉRITO EN SALTA”, mientras que en el centro figuraría “AÑO DE 1817”.

    Es decir que el origen del símbolo no está en una interpretación posterior. La estrella fue concebida expresamente como reconocimiento al mérito militar de quienes habían defendido Salta.

    Pero existe una historia todavía más curiosa

    La condecoración ordenada por Pueyrredón tuvo una existencia bastante problemática.

    La documentación posterior muestra que recién en 1818 Belgrano informó la cantidad de medallas y escudos que serían necesarios. Se hablaba de una medalla para Güemes, otras para oficiales y miles de distintivos para la tropa.

    Sin embargo, existen dudas históricas acerca de cuánto de aquella condecoración llegó efectivamente a fabricarse y entregarse. Algunas investigaciones sostienen incluso que Güemes nunca recibió la medalla de oro que le había sido destinada.

    La paradoja resulta extraordinaria: el símbolo que terminaría identificando a Salta nació como premio a una victoria y, sin embargo, la propia condecoración que debía materializar ese reconocimiento aparentemente nunca llegó de manera efectiva a manos de su principal destinatario.

    De condecoración militar a símbolo de una provincia

    La historia de la estrella no terminó en 1817.

    Con el paso de las décadas, aquella figura comenzó a incorporarse a la simbología institucional salteña. Hacia la segunda mitad del siglo XIX ya aparecía en sellos y representaciones provinciales, y fue adquiriendo una nueva dimensión: dejó de recordar solamente una condecoración militar para convertirse en una representación de la tradición güemesiana de Salta.

    El paso decisivo llegó en 1946, cuando la provincia institucionalizó su escudo mediante la Ley 749.

    El nuevo escudo colocó en el centro una estrella de plata de seis puntas, sobre un campo azul. En su interior aparece un sol dorado. Alrededor, dos ramas de laurel recuerdan los triunfos de las armas salteñas.

    La estrella había recorrido entonces más de un siglo de historia: había nacido como condecoración de guerra, había quedado asociada a Güemes y a sus hombres y finalmente se había transformado en el corazón mismo de la representación oficial de la provincia.

    Y ahí aparece otro detalle fundamental.

    Las seis puntas y los seis héroes

    La interpretación oficial salteña sostiene que cada una de las seis puntas recuerda a uno de los seis héroes de la defensa.

    Una de ellas corresponde a Martín Miguel de Güemes.

    Las restantes evocan a:

    • Luis Burela, comandante de las milicias.
    • Pedro Zabala, comandante.
    • Apolinario Saravia, sargento mayor.
    • Juan Antonio Rojas, sargento mayor.
    • Mariano Morales, capitán.

    La elección tiene una carga política e histórica significativa: Güemes no aparece representado como un héroe aislado, sino como parte de una estructura de combatientes que sostuvo la defensa de la frontera norte.

    Por eso la estrella puede leerse como una síntesis de la llamada Guerra Gaucha: un jefe, pero también una comunidad armada detrás de él.

    La propia simbología oficial define al escudo como una síntesis del espíritu güemesiano, del ideal de quienes dieron su vida por un país libre y soberano y del orgullo de pertenecer a Salta.

    ¿Y qué tiene que ver con la bandera?

    La bandera provincial fue creada mucho más tarde, en 1997, mediante la Ley 6946, promulgada por el Decreto 2663.

    Su diseño incorporó tres grandes elementos: el color tradicional del poncho salteño, las referencias a los departamentos provinciales y el escudo de Salta.

    Por eso, cuando vemos la estrella de seis puntas en el centro de la bandera, estamos viendo en realidad una representación simplificada del corazón del escudo provincial: la estrella de plata asociada con la defensa de 1817 y con Güemes.

    Pero la bandera tiene además otras estrellas.

    Alrededor del escudo aparecen 23 estrellas doradas, que representan a los 23 departamentos de la provincia. En otras palabras, la bandera combina dos dimensiones diferentes: una estrella central que remite a la historia de la independencia y a la gesta güemesiana, y 23 estrellas que representan la organización territorial contemporánea de Salta.

    El resultado es casi una pequeña lección de historia provincial convertida en bandera.

    En el centro está la memoria de la guerra de Independencia.

    Alrededor, la provincia actual.

    El sol dentro de la estrella

    Todavía queda un elemento que suele pasar inadvertido: el sol ubicado en el centro de la estrella.

    Según la simbología oficial, ese sol representa los servicios prestados por Salta a la causa de la Independencia. No es simplemente un adorno colocado dentro de la estrella.

    La lectura es interesante: la estrella recuerda a quienes defendieron el territorio y el sol representa la causa nacional por la cual esa defensa fue realizada.

    La simbología provincial asigna además significados a los colores del escudo: el azul representa justicia, verdad y lealtad; la plata, integridad y firmeza; el oro, nobleza, poder y riqueza; y el verde, esperanza y fe.

    De este modo, el escudo no funciona solamente como una imagen decorativa. Es una construcción simbólica en la que cada elemento remite a una parte de la historia salteña.

    Una estrella que no nació para mirar el cielo

    Quizás la mejor manera de entender la estrella de seis puntas de Salta sea dejar de verla como una simple figura geométrica.

    No nació en un escudo. Nació en una guerra.

    Fue pensada en 1817 para reconocer a quienes habían resistido la invasión realista y quedó vinculada para siempre con Güemes y con los hombres que combatieron junto a él. Con el paso del tiempo se transformó en una pieza de la identidad provincial, hasta llegar al escudo oficial de 1946 y, décadas después, a la bandera que hoy representa a todos los salteños.

    Por eso, cada vez que la estrella aparece en la bandera de Salta, hay mucho más que seis puntas.

    Hay una ciudad ocupada por un ejército extranjero.

    Hay gauchos persiguiendo a las tropas realistas.

    Hay una frontera que durante años sostuvo la lucha por la independencia.

    Hay un Güemes que convirtió el territorio en arma.

    Hay otros cinco nombres que la memoria oficial decidió colocar junto al suyo.

    Y hay una idea que atraviesa toda la historia del símbolo: la independencia argentina no se ganó solamente en las grandes batallas que quedaron grabadas en los manuales escolares. También se defendió en los caminos, en los campos y en las quebradas del norte, donde durante años hombres y mujeres sostuvieron una guerra que impidió que el poder realista avanzara hacia el corazón de las Provincias Unidas.

    La estrella de Salta, en definitiva, es la memoria de esa resistencia convertida en símbolo.

    Seis puntas. Seis nombres. Una provincia. Y una guerra por la independencia que todavía puede leerse en su bandera.

     

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