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Con un muy buen clima se recibió la tercera etapa de la Regata del Río Negro

Con un clima ideal y con el cumplimiento de los protocolos por COVID-19, la tercera etapa de la Regata del Río Negro arribó ayer al balneario de la Isla 58 en Villa Regina. Damián Pinta y Facundo Lucero se quedaron con el primer lugar en el parcial que unió Huergo y nuestra ciudad y, de esta manera, lideran la general.

El Intendente Marcelo Orazi, acompañado por el Secretario de Coordinación Ariel Oliveros y el Director de Deportes Damián Álvarez, observó el arribo de los palistas y transmitió sus felicitaciones a los representantes reginenses Octavio Soto y Elizabeth Lucero.

“Como siempre cuando llega la Regata a Regina es una fiesta. Nosotros siempre apoyamos este tipo de eventos y obviamente estamos presentes en esta competencia que es la Regata más larga del mundo. Estoy orgulloso de tenerlos en Regina nuevamente, es impresionante el ritmo que traen porque al ser una etapa cortita, fue impresionante verlos llegar”, manifestó Orazi.

Agregó: “Contento de acompañar a los chicos de Regina que hicieron un muy buen papel”.

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  • Michel calificó como «error político» las agresiones de Milei contra Lula

     

    El diputado nacional por Entre Ríos, Guillermo Michel, cuestionó conflicto con Brasil que desató el presidente Javier Milei con sus declaraciones contra Luiz Inacio Lula Da Silva y recordó que ese país es el principal destino de las exportaciones argentinas.

    «Independientemente del error político que implica involucrarse en la elección de un país hermano como el de Brasil y agredir a un gran dirigente como Lula es una torpeza atacar a su presidente», dijo.

    Además, planteó que Brasil es el principal destino de las exportaciones de Argentina y que a junio de 2026 acumula el 14% del destino de los productos que Argentina vende al mundo.

    Milei trató a Lula de «ladrón» en un acto con Flavio Bolsonaro y abrió un conflicto diplomático con Brasil

    «La Argentina, la industria argentina y el trabajo argentino están por sobre cualquier alineamiento político de los dirigentes de turno en nuestro país», expresó.

    Milei abrió en las últimas horas una inédita crisis diplomática con Brasil al insultar a Lula en su propio país, en un acto en San Pablo con el candidato opositor Flavio Bolsonaro.

    Más eufórico y descontrolado de lo habitual, el presidente argentino llamó a Lula «ladrón» y «presidiario» y lo acusó de intervenir en las pasadas elecciones argentinas para que ganen «los zurdos de mierda».

    La crisis diplomática se consumó a las pocas horas cuando el canciller brasileño, Maurio Vieira, llamó en consulta a su embajador en la Argentina, Julio Bitelli, un paso que suelen dar los países para mostrar un profundo desagrado y que puede derivar o no en la ruptura de relaciones.

    Previo a eso, el titular del PT brasileño, Edinho Silva, quien consideró que «resulta inaceptable que un jefe de Estado extranjero visite nuestro país y se dirija a sus poderes constituidos de manera irrespetuosa», y agregó que «no sorprende que el actual presidente de Argentina se comporte así». «Al fin y al cabo, existen numerosas situaciones recientes en las que ha demostrado no estar a la altura del cargo que ostenta», completó.

     

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  • Una encuesta revela que el apoyo de Milei a Bolsonaro aumenta las chances de Lula

     

    La consultora brasileña Quaest publicó una encuesta en la que señala que la intervención de Javier Milei en San Pablo perjudicó a Flávio Bolsonaro. 

    El análisis fue difundido por el sitio brasileño Carta Capital y plantea que la asociación con el presidente argentino puede tener un efecto electoral negativo y que el apoyo de Milei corre el riesgo de ser «tóxico» para la candidatura del hijo de Jair Bolsonaro. 

    De esta manera, el 34% de los entrevistados considera que el apoyo de Milei a Flávio aumenta las chances que el electorado elija a Lula en las elecciones de octubre. Por su parte, el 27% dice que aumenta las posibilidades de votar por Flávio, mientras que el 17% asegura que no tiene ningún impacto. 

    Quaest sostiene que la advertencia aparece en un momento especialmente delicado de la campaña presidencial brasileña, dado que Flávio Bolsonaro intenta consolidarse como el principal candidato de la derecha, pero no logra reunir el apoyo de todo ese espectro político.

    Lula retira a su embajador en Buenos Aires y baja la relación diplomática al mínimo tras los ataques de Milei «La cuestión central para la campaña de Flávio es que Milei no necesariamente aporta votos por el hecho de respaldarlo. Por el contrario, su presencia puede reforzar entre los votantes brasileños la percepción de que la candidatura del Senador está asociada a intereses y liderazgos externos», dice Quaest en su informe. 

    El 34% de los entrevistados considera que el apoyo de Milei a Flávio aumenta las chances de que el electorado elija a Lula en las elecciones de octubre. Por su parte, el 27% dice que aumenta las posibilidades de votar por Flávio, mientras que el 17% asegura que no tiene ningún impacto

    A esta encuesta hay que agregar un informe realizado por el equipo de campaña de Lula que confirma un notable rechazo al libertario en la conversación pública en redes sociales a partir de su participación en el acto bolsonarista. 

    En efecto, señala que el 76% de las intervenciones fueron críticas hacia Milei contra un 15% de respaldo y un 9% de posiciones neutrales. «Para la campaña de Flávio, el dato es incómodo y la obliga a tomar distancia durante este tramo de la campaña electoral», explicó a LPO un integrante de la campaña de Lula.

    El 76% de las intervenciones fueron críticas hacia Milei, frente a un 15% de respaldo y un 9% de posiciones neutrales. En ese contexto, el 27% de los comentarios cuestionó la falta de respeto hacia la Presidencia brasileña, mientras que un 18% consideró que Milei debería ocuparse de los problemas internos de Argentina en lugar de intervenir en la política brasileña

    En ese contexto, el 27% de los comentarios cuestionó la falta de respeto hacia la presidencia brasileña, mientras que un 18% consideró que Milei debería ocuparse de los problemas internos de Argentina en lugar de intervenir en la política brasileña. Este análisis se realizó sobre 129.000 comentarios y habla de «quiebre del protocolo diplomático»

    Por último, un 15% de los comentarios expresó apoyo a Lula y estableció una comparación favorable con Brasil. En esas intervenciones, el líder del Partido de los Trabajadores aparece asociado a la generación de empleo, los programas sociales, la defensa de los trabajadores y la situación económica del país. «Incluso algunos argentinos manifestaron desear para Argentina un liderazgo similar al de Lula», cierra el informe.

     

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  • La revolución es un sueño eterno

     

    “Aquí no volverá a haber elecciones, para que por ahí intenten ellos atrapar el gobierno, atrapar el poder”. Así fue como Daniel Ortega anuló los comicios programados para noviembre de este año. Para ello, contó el presidente de Nicaragua, va a trabajar con la Asamblea Nacional con el objetivo de aprobar leyes que sirvan de “muro” para que la oposición no llegue al poder. Estas palabras se pronunciaron en el acto de conmemoración del 47° aniversario de la Revolución Sandinista. En la lengua de Daniel Ortega, la palabra revolución hace convivir dos estrategias prácticas: mantener y conservar el poder para sí (a cualquier precio) y perpetuar una dinastía política y económica.

    Ante la novedad, se impone una pregunta: ¿por qué el sandinismo —que cuenta con el apoyo de partidos que legitiman su proyecto, con empresarios que intentan adecuarse con recelo y temor a la dinámica económica, y con un marco donde los disidentes están presos o exiliados— decide clausurar las elecciones?

    Para responder esta pregunta es necesario revisar lo ocurrido durante las últimas décadas. En primer lugar, este experimento político no es novedoso. Ya lo hizo Anastasio Somoza García, quien construyó un sistema de poder autoritario que le permitió a su familia controlar Nicaragua desde 1933 a 1979. Daniel Ortega se le parece a “Tacho” Somoza en dos aspectos: ambos provienen del mundo de las armas (uno del Frente Sandinista de Liberación Nacional; el otro de la Guardia Nacional) y comparten una mirada sobre la centralización autoritaria para mantenerse en el poder.

    En la lengua de Daniel Ortega, la palabra revolución hace convivir dos estrategias prácticas: mantener y conservar el poder para sí (a cualquier precio) y perpetuar una dinastía política y económica.

    El sandinismo —que había tomado el poder en 1979— perdió las elecciones de 1990 y comenzó el tiempo de su reconfiguración en un proceso cruento en el que Ortega desplazó a los disidentes sandinistas y fortaleció su jefatura. Entre 1994 y 1995 se afianzó el punto cero de su liderazgo y empezó la carrera por llegar al poder. En 2006 ganó las elecciones y asumió la presidencia acordando con partidos tradicionales, con la Iglesia católica y con empresarios para construir un gobierno estable hasta 2018. En esos doce años consolidó su poder, lo amplificó con el apoyo de las fuerzas armadas y policiales, y logró expandirse hacia territorios electorales que ocupaban otros partidos. También se vio beneficiado por la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, un acuerdo con la Venezuela chavista a partir del cual Nicaragua obtuvo petróleo barato y subsidios para los sectores populares. 

    Este sistema —que gozaba de legitimidad, estabilidad y crecimiento sostenido (en promedio, un 4% anual desde 2006)— se quiebra en 2018 desatando una rebelión civil, a partir de un decreto que modificaba el sistema de pensiones, algo percibido por la ciudadanía como un gesto autoritario. Dos años antes, en las elecciones de 2016, hubo un punto de quiebre: la esposa de Ortega, Rosario Murillo, se convirtió en vicepresidenta y empezaron ciertas tensiones con un sistema de poder que la miraba de reojo.

    A partir de ese entonces, no solo se alejan los empresarios del acuerdo con el gobierno sandinista, sino que se erosiona la sostenibilidad del Estado. Los subsidios y el petróleo barato venían cayendo desde 2014 (con el derrumbe del precio internacional del barril) y para 2018 se desplomó la cooperación financiera entre Venezuela y Nicaragua en un 73 por ciento. El desgaste presupuestario del Estado nicaragüense y la caída del crecimiento implicaron ajustes que empujaron a gran parte de la sociedad a la calle. La desigualdad social y la pobreza empezaron a crecer en 2017 en una sociedad que ya tenía entre el 78 y 82 por ciento de informalidad laboral. La protesta anti autoritaria de las calles se combinó con el agotamiento de un sistema de poder que tenía más de diez años.

    ¿Por qué el sandinismo —que cuenta con el apoyo de partidos que legitiman su proyecto, con empresarios que intentan adecuarse con recelo y temor a la dinámica económica, y con un marco donde los disidentes están presos o exiliados— decide clausurar las elecciones?

    Como indica Elvira Cuadra, socióloga e investigadora del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica, el autoritarismo de Ortega y Murillo se radicalizó a partir de 2018. El camino para recuperar el control del liderazgo y acallar esas protestas —como ya había pasado entre 1994 y 1995— fue a partir de una fuerte y capilar represión: 355 personas asesinadas y la persecución de opositores provocaron el miedo social y un masivo exilio político. Entre 2019 y 2024, la pareja presidencial logró que la Asamblea Nacional vote una serie de leyes para aumentar la capacidad represiva, el control ideológico y la clausura del sistema democrático: más persecución, menos garantías. Se clausuró la libertad de expresión y se sometió a opositores al despojo de la nacionalidad y a ser considerados traidores a la patria.

    En cuanto a la política social, el gobierno sandinista se alejó de la atención de los problemas sociales y descansó, paradojalmente, en las remesas que recibían las familias nicaragüenses de quienes habían emprendido el exilio provocado por las represiones del sandinismo y por su propio modelo económico. Hoy, entre el 25 y el 30 por ciento del PBI lo representan las remesas. La política social está en manos de exiliados que se han escapado del régimen sandinista.

    La disputa al liderazgo de Ortega desde las protestas opositoras de 2018 tuvo como resultado el rediseño del sistema político: el sandinismo compitió en las elecciones de 2021 contra partidos que colaboraban con el gobierno. El FSLN ganó unos comicios controlados y obtuvo, con el 75,2 por ciento, el control mayoritario del parlamento.

    La política social de Nicaragua está en manos de exiliados que se han escapado del régimen sandinista.

    Ahora bien, volviendo a la pregunta sobre por qué clausurar las elecciones, modificar la constitución y la ley electoral, podríamos responder que Ortega busca asegurar el poder más allá de su propia biología y, como indica Cuadra, resolver el problema de la sucesión. La primera propuesta para definir al sucesor fue la reforma constitucional de 2024 que estableció la copresidencia, cargo asumido por Rosario Murillo. Esta nueva posición en el Ejecutivo le permitió acceder a todas las instituciones del Estado y poner en cuestión la división de poderes. A la radicalización del autoritarismo le siguió la aceleración de la concentración de poder. La segunda propuesta se pronunció el pasado 19 de julio: Ortega, en el proyecto que enviará a la Asamblea, desea extender el mandato presidencial a siete años y que la continuidad, en vez de ser decidida en las urnas, pueda renovarse por el mismo parlamento en el que tiene mayoría. De esta manera, intenta constitucionalizar el fin de la alternancia política, blindar a Rosario Murillo —quien no cuenta en el sandinismo con los apoyos que sí tiene su esposo— y perpetuar una dinastía que se piensa más allá de la actual dupla presidencial. Algunos de los hijos de Ortega ya han asumido roles políticos y económicos relevantes. Entre ellos, Laureano Ortega Murillo, a quien nombraron Asesor Presidencial para las Inversiones, Comercio y Cooperación Internacional y hace las veces de canciller paralelo, tejiendo alianzas con China, Rusia y Bielorrusia mediante acuerdos de inversión en infraestructuras. Esto también lo posiciona, en caso de que las tensiones con Estados Unidos aumenten, en un lugar relevante para futuras negociaciones.

    Esta propuesta de clausurar la alternancia política y de radicalizar la concentración de poder bicéfalo no llega en momentos de bienestar económico. Si bien las remesas ayudan a muchas familias y sostienen la demanda social, la informalidad superó al 80 por ciento, cayó el poder de compra y empeoró la situación de aquellos hogares que no reciben remesas. El deterioro de las prestaciones públicas y de los programas de transferencia directa van en aumento, al igual que los costos de la energía y el transporte. A esto se agrega el temor a que la política migratoria estadounidense afecte el envío de dinero a Nicaragua. 

    El sandinismo tendrá que gestionar los próximos años con una situación económica muy precaria, en la que se impone el refuerzo de los “comités sandinistas”, que persiguen el control y asistencia barrio por barrio.

    La clausura de la alternancia política generó el rechazo del gobierno de Estados Unidos, de Costa Rica —que cobijó a una importante cantidad de exiliados y emigrantes—, de la Unión Europea, entre otros. Si bien Venezuela apeló al principio de autodeterminación de los pueblos, su apoyo es retórico. Desde el secuestro de Nicolás Maduro y de la presión sobre Cuba, Ortega sabe que está solo. Nicaragua no tiene petróleo y ha sido un aliado eficiente de Estados Unidos a la hora de contener los flujos migratorios y el surgimiento de pandillas. Entiende que puede tener una vía de negociación con la Casa Blanca y más si Donald Trump pierde las elecciones de medio término en noviembre. 

    En estos días, la Asamblea y Rosario Murillo abrieron el proceso de consultas para una nueva  reforma constitucional. Convocaron a los funcionarios estatales, al ejército, a la policía, a los empresarios y grupos sociales cercanos al gobierno. La mayoría de los analistas entienden que se abre la posibilidad de constitucionalizar el partido único acompañado de medidas que profundicen aún más la clausura de la vida democrática y de derechos fundamentales.

    Daniel Ortega busca asegurar el poder más allá de su propia biología y, como indica Cuadra, resolver el problema de la sucesión.

    Daniel Ortega, desde su llegada al poder en 2006, tuvo como meta concentrar el poder y quedarse. Provocar una simbiosis entre el sandinismo, el Estado y su propia persona. Actualmente está en marcha un laboratorio político que lo perpetúa más allá de la biología. Ortega busca afianzar una dinastía bicéfala, combinando, desde su regreso al poder, juego democrático, prácticas autoritarias, negación de derechos y garantías, represión y asesinato, tortura a manifestantes y acceso al poder estatal de algunos de sus hijos. Ha esgrimido distintos fundamentos narrativos: un mandato providencial para gobernar Nicaragua y el influjo del “poder popular” que les permite diseñar una constitución a medida.

    El cierre de la alternancia democrática es un momento más de una estrategia donde en el centro de la escena está la estructura de poder construida sobre su propia figura. Ese guerrillero que le arrebató el poder a los Somoza, que nunca tuvo el carisma de otros guerrilleros y que pervive con algo de mesianismo entendió que ese hilo rojo de la historia nicaragüense vinculado a la concentración del poder (autoritaria o democrática) era un legado a rescatar para mantenerse a flote, gobernando y mandando a una sociedad cada vez más atemorizada, precarizada y con poco entusiasmo por la política.

    La entrada La revolución es un sueño eterno se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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