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Con un muy buen clima se recibió la tercera etapa de la Regata del Río Negro

Con un clima ideal y con el cumplimiento de los protocolos por COVID-19, la tercera etapa de la Regata del Río Negro arribó ayer al balneario de la Isla 58 en Villa Regina. Damián Pinta y Facundo Lucero se quedaron con el primer lugar en el parcial que unió Huergo y nuestra ciudad y, de esta manera, lideran la general.

El Intendente Marcelo Orazi, acompañado por el Secretario de Coordinación Ariel Oliveros y el Director de Deportes Damián Álvarez, observó el arribo de los palistas y transmitió sus felicitaciones a los representantes reginenses Octavio Soto y Elizabeth Lucero.

“Como siempre cuando llega la Regata a Regina es una fiesta. Nosotros siempre apoyamos este tipo de eventos y obviamente estamos presentes en esta competencia que es la Regata más larga del mundo. Estoy orgulloso de tenerlos en Regina nuevamente, es impresionante el ritmo que traen porque al ser una etapa cortita, fue impresionante verlos llegar”, manifestó Orazi.

Agregó: “Contento de acompañar a los chicos de Regina que hicieron un muy buen papel”.

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    Otra vez imágenes de misiles que surcan los cielos nocturnos, columnas de humo, los escombros al amanecer entre corridas, gritos y llantos. Otra vez anuncios solemnes en escenografías planificadas, hombres de traje, reuniones de alto nivel. Voces amenazantes que hablan de paz y libertad, voces acongojadas que llaman al diálogo y a la mesura, voces que cuentan armas de un lado y de otro. La infinidad de análisis sobre los actuales ataques y contraataques entre Estados Unidos-Israel e Irán, evidencian que las relaciones internacionales siguen pensándose en términos de una alta política habitada por intereses inconfesables, secretos diplomáticos, traiciones, aparatos de inteligencia, élites políticas, militares y económicas. Estas representaciones nos entregan pistas para dar sentido al funcionamiento del mundo en un momento gobernado por la incertidumbre, pero al mismo tiempo restringen nuestra mirada. Nos preguntamos aquí por la dimensión social que enmarca estas acciones estatales, es decir,  las manifestaciones sociales que dan contexto, posibilitan y limitan los ataques y las respuestas a ellos. 

    Bombardear en nombre del pueblo

    Las últimas dos intervenciones militares internacionales coincidieron en buscar la “decapitación” de los gobiernos de los países contra los que apuntaron. La operación militar clandestina de la administración Trump en Venezuela tuvo como objetivo la “extracción” del presidente Nicolás Maduro. En el caso de los últimos ataques ilegales a Irán, los primeros bombardeos de Israel y de Estados Unidos buscaron asesinar a los principales líderes políticos de la República Islámica, entre los que se encontraban el ayatola y líder supremo, Ali Khamenei. Ambos ejercicios de la violencia tuvieron un punto de continuidad con los anteriores: se hicieron en nombre de los pueblos. En el caso de Venezuela, en nombre del pueblo estadounidense —construido como víctima de las prácticas narco-terroristas del gobierno latinoamericano— y del venezolano —caracterizado como deseoso de paz, libertad y prosperidad—. Como dato a tener en cuenta, a diferencia de intervenciones pasadas (en Afganistán, Irak o Libia, solo para mencionar algunas), en su discurso, Trump no mencionó la palabra democracia. En cambio, explicitó que Estados Unidos gobernaría el país para asegurarse su subordinación a los intereses norteamericanos.

    En cuanto al ataque contra la República Islámica de Irán, también se invocó la defensa del pueblo estadounidense, del israelí —ambos en peligro debido a que Irán fue caracterizado como el “Estado sponsor del terrorismo número uno del mundo”— y del iraní. Desde el estallido de las protestas de finales de diciembre y principios de enero en el país persa y en el marco del aplastamiento de las mismas por parte del gobierno, Trump les prometió “ayuda”. En su anuncio del comienzo de los bombardeos, al tiempo que los conminó a permanecer en sus hogares mientras estos durasen, les indicó “hacerse cargo de su propio gobierno” en cuanto terminaran. Y apuró: “esta podría ser su única posibilidad por generaciones”. Si bien en este caso se explicitó el objetivo de cambio de régimen, tampoco se articuló la palabra democracia. El anuncio de Benajmin Netanyahu corrió en el mismo sentido.

    La dinámica de las calles

    El antecedente inmediato a los ataques que comenzaron el pasado 28 de febrero fueron los de junio de 2025. Estos tuvieron como fondo los crecientes cuestionamientos a las acciones del gobierno de Israel en Gaza, que se dejaron oír tanto desde fuera del territorio israelí como desde dentro del mismo. Fuera de él, bajo la forma de flotillas humanitarias, manifestaciones colectivas de repudio y mediante el uso resonante de la palabra genocidio para describir las acciones de Israel en la Franja. Estos procesos se midieron cuantitativamente en una encuesta realizada por la consultora Gallup en la que se evidenció que, por primera vez desde el fatídico 2001, el pueblo estadounidense tiene mayor simpatía por los palestinos que por los israelíes.

    Dentro del territorio israelí, las protestas contra el gobierno por parte de los propios israelíes habían crecido cuantitativa y cualitativamente y se habían retomado las acusaciones por corrupción contra el primer ministro israelí, quien incluso llegó a ser acusado de cometer crímenes de guerra. Terminado ese episodio del ataque contra Irán, se retomaron las protestas contra el gobierno de Netanyahu: en enero pasado, miles de israelíes volvieron a manifestarse en las calles de Tel Aviv y Jerusalén/Al-Quds contra lo que consideran como una deriva anti-democrática en Israel apuntando contra la reforma judicial que busca imponer el gobierno y pidiendo la liberación del último rehén que queda en manos de Hamas. Como nota interesante, algunas de las pancartas expresaban críticas contra Trump.

    Las críticas al presidente de Estados Unidos también arreciaban en su territorio y la administración Trump enfrentaba sus propias movilizaciones. En este caso, gatilladas por la difusión de los archivos Epstein y contra ICE, la institución encargada de “extraer” a migrantes ilegales de suelo norteamericano, acusada de asesinatos, uso excesivo de la fuerza, detenciones arbitrarias y abusivas y la militarización de la cuestión migratoria. A fines de enero, los organizadores de estas manifestaciones demostraron su capacidad de coordinación y convocatoria masiva realizando el mismo día más de 300 protestas simultáneas en todo el país. La consigna: “ICE out of everywhere” (ICE fuera de todos lados).

    Iniciados los ataques actuales contra Irán, muchos de estos manifestantes se organizaron rápidamente para demostrar en las calles su repudio a la nueva guerra. El malestar con el uso de la fuerza por parte de la población de Estados Unidos también fue medido, en este caso, por una encuesta realizada en conjunto por Reuters/Ipsos. A través de ella se demostró que solo un 27% de los estadounidenses aprueban la guerra contra Irán. El repudio a la guerra pudo verse también en las calles de algunas ciudades de Turquía y en algunas capitales europeas.

    Las manifestaciones contra ICE fueron contemporáneas de una de las olas de protestas más importantes y masivas del pueblo iraní contra el gobierno desde la Revolución en 1979. En ellas participaron estudiantes, grupos de mujeres, organizaciones de trabajadores, comerciantes y organizaciones políticas. Las causas económicas que la impulsaron (alta inflación y fuerte devaluación del riyal iraní), rápidamente se articularon con otras de tinte político entre las que resonó de manera mayoritaria la demanda de la terminación de la República Islámica. El gobierno respondió con una represión brutal, dejando un saldo de entre miles y decenas de miles de muertos, dependiendo de la fuente. En su discurso de anuncio del ataque de 2026, Netanyahu afirmó que esas protestas habían sido posibilitadas por el ataque israelí del año anterior. Subrayar que estas manifestaciones fueron masivas no debe llevarnos a la conclusión apresurada de que el “pueblo” iraní está en contra del régimen. Lo que sí debe permitirnos concluir es que la República Islámica enfrenta oposiciones cada vez más contundentes y, dada la respuesta del gobierno, que la construcción de consensos le está resultando cada vez más dificultosa.

    La prueba de que el “pueblo” iraní no está contra el régimen y que —aún más— buena parte de él continúa apoyando la República Islámica, fueron las manifestaciones también masivas de congoja y enojo por el asesinato del ayatola Khamenei. Si bien existieron algunas expresiones celebratorias en las calles de Teherán y de la diáspora iraní, no se comparan en número con las manifestaciones populares de duelo.

    Desde la óptica shiíta, el asesinato de Khamenei por parte de Estados Unidos e Israel lo transforma en mártir. Esto tiene dos efectos relevantes. Primero, lo ubica en una línea histórica de muertes violentas en contextos de lucha contra la injusticia y la opresión. Segundo, traslada su muerte a la región sagrada. La noción de martirio lleva al asesinato de Khamenei a un más allá de trascendencia. Su muerte deviene, así, en una fuerza impulsora y lo hace centro de la devoción shiíta. Esto permite movilizar la identidad islámica. Lo que explica que estas manifestaciones de duelo se hayan replicado en distintos puntos del globo: Pakistán, India, Irak, Líbano, Bangladesh, Baréin, Yemen. Muchas de estas manifestaciones derivaron en ataques contra embajadas y consulados de Estados Unidos en esos países.

    Entre estas, son de destacar las manifestaciones ocurridas en Irak, Yemen y Baréin. En el caso de Irak, de mayoría shiíta, las manifestaciones de duelo llevaron a grupos de manifestantes a atacar la Zona Verde en Bagdad. Se trata de un territorio amurallado construido por Estados Unidos luego de su invasión a Irak en 2003 y en la que se encuentran residencias de diplomáticos, embajadas y consulados. En Saná, capital de Yemen, la activa y potente minoría shiíta logró una movilización masiva en la que se desplegaron banderas de Palestina, Yemen e Irán. También en Baréin existen actualmente levantamientos que derivaron en enfrentamientos violentos entre grupos pertenecientes a la mayoría shiíta y las fuerzas de seguridad de la monarquía bareiní. Los manifestantes reclaman dar apoyo a Irán y echar a la 5ta Flota de Estados Unidos, apostada en el reino árabe. Estas manifestaciones, comenzadas antes de esta nueva ronda de ataques sobre Irán, buscan un cambio de régimen.

    Durante los levantamientos que sacudieron al mundo árabe en 2010-2011, Baréin fue un caso que resonó puesto que fue el más afectado de los países del Golfo árabe. En esa oportunidad, el Consejo de Cooperación del Golfo, un organismo regional de seguridad colectiva que incluye a las monarquías árabes de la Península, intervino militarmente para defender al rey del país. Frente a estas nuevas protestas y enfrentamientos, el Consejo volvió a enviar tropas. Los países del Golfo se han abstenido de responder a los ataques de Irán contra instalaciones militares y políticas estadounidenses en sus territorios en respuesta a los ataques por parte de la potencia norteamericana. Diversas razones los movilizan, pero todos buscan conservar la estabilidad de la que por el momento han gozado en una región en la que movilizaciones populares, bombas y misiles son, hace varias décadas, moneda corriente. Una forma de asegurarla es no responder a Irán, no solo porque esos ataques podrían traer aún más incertidumbre, sino porque eso implicaría aliarse con Israel mientras sus poblaciones continúan apoyando la causa palestina.

    Desacoples y discontinuidades

    La historia de los enfrentamientos estatales se cuenta a través de dicotomías totalizantes, puesto que el ejercicio de la violencia no puede más que reposar sobre estas. Se escribe al respecto: se conmina a tomar posición. Los observadores hacen cálculos de fuerza, especulan y aventuran hipótesis, buscan y encuentran las razones, señalan posibles ganadores, identifican perdedores, advierten acerca de los peligros, iluminan algunas zonas, condenan a la oscuridad a otras.

    Aquí busqué apuntar a una zona que tiende a permanecer a oscuras para subrayar desacoples, movimientos en paralelo, heterogeneidades y discontinuidades. En fin, para destacar cómo la vida se resiste a dejarse atrapar en categorías y políticas cerradas y totalizantes. Son solo flashes que no entregan más que pistas fragmentarias, pero que buscan destacar el movimiento y la potencia vital que insiste debajo de las palabras serias y graves, circulando entre los estallidos estruendosos, resurgiendo una y otra vez de entre los escombros.

    La entrada El fuego camina conmigo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • Los empleados públicos volvieron a rechazar la oferta de Kicillof y se complica la paritaria

     

    Axel Kicillof entró en por primera vez en lo que va de su gestión en una negociación real con los empleados públicos. Este jueves subió apenas un punto la oferta que la semana pasada habían rechazado docentes y estatales, y que había sido del 2% para el mes de febrero.

    Desde el gobierno advirtieron a los gremios que la provincia no cuenta con un margen mayor para mejorar la oferta debido al «complejo contexto fiscal» que atraviesa. Por lo pronto, los sindicatos estatales UPCN, ATE y Fegeppba ya la rechazaron y argumentan que está por debajo de la inflación.

    La negociación se da en un contexto complejo para los líderes gremiales. Roberto Baradel (Suteba) y Claudio Arévalo (ATE) fueron los primeros aliados de Kicillof en el arco gremial. El gobernador y los gremios mantuvieron una fuerte alianza en los últimos años sin ningún paro cuestiones salariales.

    Las provincias perdieron 500 mil millones de coparticipación: Córdoba y Santa Fe las más perjudicadas

    Sin embargo, desde el año pasado las bases sindicales comenzaron a exigir mejores aumentos y reniegan de ver a Baradel, Arévalo y Oscar de Isasi en la primera fila de todos los actos del gobernador.

    El malestar de las bases con los dirigentes llegó a un punto que este año la negociación paritaria se realiza por conferencia virtual porque los gremialistas temen escraches en las oficinas del ministerio de Trabajo.

    Roberto Baradel.

    La oferta del gobierno está muy lejos de lo que las bases reclaman. Por caso, UPCN, ATE y Fegeppba la rechazaron de plano. Sin embargo, el Frente de Unidad Docente Bonaerense (FUDB) que comandan el Suteba de Baradel y la Federación de Educadores Bonaerenses (FEB) se llevaron la oferta para analizarla.

    El gobierno afirmó que el mes pasado los estatales cobraron un 4,5% más que en diciembre, pero los gremios advierten que eso ocurre porque se otorgaron dos retroactivos por un total del 1,5% que ya no se cobran más. Por eso, ahora afirman que el aumento ofrecido hoy en realidad mantiene ese 1,5% y le suma un 1,5% más, por debajo de la inflación de enero que fue 2,9%.

    Si la negociación se dilata, el gobierno de Kicillof podría aplicar el aumento ofrecido este miércoles sin el asentimiento de los gremios, para luego seguir negociando. En enero, la poderosa FEB ya habían rechazado el acuerdo (que se aceptó por mayoría de los gremios del Frente de Unidad Docente). En tanto, los judiciales firmado la oferta en disconformidad.

    Kicillof necesita asegurar el inicio de clases en tiempo y forma para poder lanzarse a recorrer las provincias en clave electoral. Hasta ahora, el gobierno viene evitando que los gremios retrasen el inicio de clases, un conflicto recurrente durante las gestiones anteriores durante cada mes de marzo.

     

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