Este fin de semana, la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina puso en marcha el ciclo ‘Domingos de Plaza’ para que los vecinos puedan disfrutar de distintas expresiones de la mano de artistas reginenses.
Rey David, Alicia Triviño y Zule Vega animaron la primera entrega en la Plaza de los Próceres.
El área de Cultura a cargo de Silvia Alvarado agradece a los músicos por su participación y a quienes se acercaron por respetar los protocolos establecidos.
Lula y Paolo Rocca participaron del lanzamiento de la Escuela Técnica Roberto Rocca, construida por la siderúrgica Ternium en Santa Cruz, al oeste do Rio de Janeiro, que emplea a 8.000 personas y produce acero competitivo para Brasil y el mundo.
Pero más allá del evento protocolar, la foto está cargada de potencia y mensajes cruzados. Del lado brasileño destacan el avance del modelo industrial de Lula, que además se dio el gusto de mostrarse en sintonía con el dueño de la única multinacional argentina, que viene sufriendo el ataque peyorativo de Milei, supuestamente un presidente pro empresa.
«Lula y Rocca no tenían una relación, los acercó el alcalde de Río de Janeiro y por supuesto que a los dos les encantó sacarse una foto juntos para mandarle un mensaje a Milei», afirmó a LPO un funcionario brasileño.
Rocca tiene importantes inversiones en Brasil y de hecho acaba de tomar el control de la mega planta de Usiminas, donde se fabrican los tubos sin costura para la industria petrolera, que motivaron el conflicto con el gobierno.
Milei bautizó Don Chatarrin a Rocca, dijo que quiere hacer «negocios turbios con el Estado» y vaticinó que «deben desaparecer e ir a la quiebra».
La tensión de Milei con Rocca y Madanes Quintanilla, otro líder de la declinante industria pesada argentina, no es casual. El libertario viene instrumentando a buen ritmo un modelo anti-industria que se contrapone con el modelo de desarrollo brasileño, que nunca resignó su capacidad industrial, mas allá del color político de los gobiernos.
Un reciente informe de la Universidad de Buenos Aires reveló que la capacidad ociosa de la industria argentina supera el 40% y se pierden 160 empleos por día. El peso de la industria en la economía argentina se redujo en los dos años de gobierno de Milei a un 13%, un porcentaje que no se veía desde antes de la Segunda Guerra Mundial.
Lula y Rocca no tenían una relación, los acercó el alcalde de Río de Janeiro y por supuesto que a los dos les encantó sacarse una foto juntos para mandarle un mensaje a Milei.
Brasil es la contracara de este modelo de abandono del desarrollo industrial. En su tercer mandato Lula lanzó una nueva edición del PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento), un impresionante plan para favorecer inversiones productivas por USD 340 mil millones, sobre todo en infraestructura, energía y áreas sociales.
A demás el líder brasileño impulsó otros dos programas para modernizar y fortalecer la industria brasileña: Nueva Industria Brasil (NIB) y el Programa MOVER que buscan incentivar la producción sustentable, la innovación tecnológica y la competitividad.
El NIB establece objetivos de generar empleos cualificados, impulsar la investigación y el desarrollo en el país, descarbonizar la economía y posicionar a Brasil a la vanguardia de la movilidad sostenible. Mover, por su parte, ofrece incentivos para que las empresas inviertan en eficiencia energética, seguridad vehicular, formación profesional y contenido local. En este marco se inauguraron dos plantas del gigante automotriz chino Great Wall Motor (GWM) y se produjo el lanzamiento de la escuela industrial con Roca.
Un empresario de la poderosa Federación de Industriales de San Pablo (Fiesp) explicó a LPO la diferencia entre el presidente brasileño y Milei: «Lula suele tener empresarios a su lado en inauguraciones para destacar la reanudación de inversiones, generación de empleos y la asociación entre el gobierno federal y la iniciativa privada».
La foto de Lula y Rocca reúne una combinación de elementos: El modelo industrial, el mensaje a los empresarios brasileños que puedan estar evaluando jugar con el bolsonarismo en las elecciones y la mala relación de ambos con Milei.
«La proximidad entre Paolo Rocca y Lula se debe principalmente a intereses económicos estratégicos e industriales, sobre todo en el sector siderúrgico y energético. Ahora se sumó una agenda de capacitación y desarrollo técnico», agregó este empresario que reveló que el vínculo entre ambos «es reciente».
«No veo una jugada política pero, claro, que si Lula sabe de los roces entre Rocca y Milei, puede interesarle que su proximidad con el empresario incomode a Milei», agregó el empresario.
Sin embargo, un funcionario del gobierno de Lula confirmó a LPO que la oportunidad de diferenciarse de Milei no fue ignorada en el Palacio Planalto. La misma fuente confirmó que el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, un aliado de centro de Lula que buscará la gobernación del estado de Río de Janeiro en las próximas elecciones, fue quien los acercó.
Un dirigente que trabaja con Paes ratificó a LPO esta información pero agregó que también colaboró en el acercamiento el vicepresidente Alckmin y la ministra de Planificación, Simone Tebet. «La idea es abrir el juego a empresarios de afuera de Brasil y mostrarse como un gobierno aperturista y pro-mercado», explicó.
«La foto de Lula y Rocca reúne una combinación de elementos: El modelo industrial, el mensaje a los empresarios brasileños que puedan estar evaluando jugar con el bolsonarismo en las elecciones y la mala relación de ambos con Milei», concluyó un funcionario que trabaja muy cerca del presidente de Brasil.
Lula con el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes.
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En la Argentina retrógrada se agolpan las preguntas sin respuesta: nuestro reino del revés es el imperio de la duda constante.
Por Jorgelina Áster para NLI
A medida que el espíritu autocrático se consolida en Argentina, se multiplican los decretos y en el Congreso se aprueban, con aplauso cerrado de nuestros tribunos de la plebe, leyes antediluvianas, crecen interrogantes que hasta hace no mucho tiempo atrás hubiésemos descartado de plano por ridículos.
Pero con una década mucho más signada por la infamia que la históricamente llamada infame, con una pandemia -nada aleccionadora por cierto, aunque quién sabe…- entre medio, y claros retrocesos civilizatorios, ya no es ridícula ninguna pregunta. En el reino del revés se activan todas las dudas.
Querer saber, por ejemplo, si la ciudadanía en verdad ansiaba extenderle el certificado de defunción a la democracia e instaurar el vale todo, el sálvese quien pueda, hoy tiene pleno sentido. La vida precaria, la inequidad y la iniquidad en díada, el despojo a cielo abierto de recursos y derechos llevan a preguntarse, incluso, si no estaremos en las fauces de una pesadilla que se estira en la noche.
¿La precaria vida material y espiritual que padecemos las personas de a pie proviene del triunfo pírrico de una demostración de desprecio absoluto e irrevocable a las imposturas representativas que antaño sufrimos hasta el hartazgo? ¿Fue intencional entregarle las llaves del reino a la peor caterva, se trató de un escarmiento simbólico pero tan placentero que justificaba la inmolación?
Aunque parezca mentira, hubo un hombre, un escritor galardonado con el Nobel, que imaginó un brote pandémico, primero, y un brote de lucidez, poco después. El broche de oro del segundo brilló en las urnas: un 83% de votos en blanco. ¿Será el nuestro un estado intermedio entre los efectos psicológicos inconscientes de una pandemia cercana, de evocación reprimida, y un inminente brote de lucidez plena?
Saramago
Aunque José Saramago presentó ambas obras como ficciones, usó en el título de las dos novelas la palabra ensayo: Ensayo sobre la ceguera y Ensayo sobre la lucidez. Las concibió, sí, como textos ficcionales, pero daría la impresión de que le resultaron excesivamente verosímiles, mucho más cercanas a la reflexión ensayística que a los placeres estéticos que caracterizan la buena narrativa.
A medida que lo que aparenta ser una abulia cívica crece en occidente, nunca falta quien nos recuerde la premonitoria imaginación del portugués universal. Suele darse por sentado que la actitud de los votantes de Ensayo sobre la lucidez es digna e implacable, que desespera a los indignos politiqueros por cuestionar su representatividad.
Sin embargo, tras el cachetazo cívico, no hay beneficios duraderos para la innominada localidad rebelde. La lucidez que representaría el voto, contracara del brote de “ceguera blanca” del “otro ensayo”, finalmente, se convertirá en un boomerang para la ciudadanía: el cuestionado poder político toma revancha con autoritarismo justificado en interpretaciones baladíes del voto en blanco.
Si pensáramos, entonces, con muchas dudas pero cierta esperanza, que estuviéramos a medio camino pero en marcha hacia la lucidez, deberíamos conformarnos con la promesa de un futuro acto de dignidad que engalanase la ruina por venir, previsiblemente más dura que la actual. Sería quizá bastante para el espíritu, pero poco para el cuerpo. Sería, al menos, algo, podría decirse.
Pero si, con realismo exacerbado, creyéramos que la necedad convirtió en masoquistas a los electores habilitados, que la frustración orientó su venganza hacia los inocentes y multiplicó el poder de los impostores, que hay un placer morboso en consentir la inequidad programada, ya no nos quedaría siquiera el consuelo de pensar en una lucidez que nos espera a la vuelta de la esquina.
Podría esgrimirse, por otro lado, que la idea de un archipiélago de individualidades que, de acuerdo con la triunfante cháchara economicista, configura el país, también alimenta la ficción mental del ego blindado, invulnerable mientras vele por sí mismo y se libere de empatías, rémoras sentimentales, solidarias y justicieras.
Todas estas cursilerías desaparecerían cuando al fin volviésemos a la Edad de Piedra: darle el poder a los más retrógrados, entonces, valdría la pena. Los caminos del abstencionismo, en las antípodas del voto en blanco, serían tan efectivos como la transitoria asociación de retrógrados que, mientras haya que tolerar al estado, se encargaría de capturarlo con el mínimo de sufragios.
Después, cada cual seguiría atendiendo su juego. Al fin y al cabo así, desde la infancia, nos instruyó el sabio Antón, insanamente olvidado. En algún momento ya no habría que compartir nada, solamente una idea: las mejores islas serían las islas perdidas. La privacidad de la caverna estaría cerca, y con la IA allí haríamos la pata ancha.
Quizá, entre hipótesis, sospechas y conjeturas, nos alcance la nada. Una nada más cercana al tropo de La historia interminable que a las inasibles especulaciones filosóficas. El culto a los Gmork del presente puede estar repleto de espejismos para el ego y exacerbar morbos, pero no deja de ser destructivo. Michael Ende es claro: Gmork representa el poder que fortalece la nada.
Gmork
Sin Áuryn ni Falcor, que igual de nada servirían porque nuestro Reino de Fantasía se volatilizó hace más de medio siglo –al tiempo que nuestras porciones en la torta de los ingresos se convertían en migajas-, Gmork es la realidad. Y aunque la nada sea difícil de imaginar, bien podría estar a la vuelta de la esquina en lugar de la lucidez.
Mientras tanto, en el limbo de las dudas, nos quedan tres lecturas –o relecturas- para matizar la espera de unas respuestas que, seguramente, no nos satisfarán.
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