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Comenzó el ciclo ‘Domingos de Plaza’

Este fin de semana, la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina puso en marcha el ciclo ‘Domingos de Plaza’ para que los vecinos puedan disfrutar de distintas expresiones de la mano de artistas reginenses.

Rey David, Alicia Triviño y Zule Vega animaron la primera entrega en la Plaza de los Próceres.

El área de Cultura a cargo de Silvia Alvarado agradece a los músicos por su participación y a quienes se acercaron por respetar los protocolos establecidos.

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    Las escobas que salieron a la calle: cuando los inquilinos de Buenos Aires hicieron temblar a los dueños de los conventillos

     

    En 1907, miles de inquilinos de Buenos Aires protagonizaron la Huelga de las Escobas contra los alquileres abusivos y las pésimas condiciones de los conventillos.

    Por Alcides Blanco para NLI

    A comienzos del siglo XX, Buenos Aires era presentada como la gran ciudad de un país destinado a convertirse en potencia agroexportadora, con una economía que crecía al ritmo de las exportaciones y una población que aumentaba aceleradamente por la llegada de inmigrantes. Pero detrás de aquella imagen de progreso que las elites exhibían como prueba del éxito del modelo había otra ciudad, mucho menos elegante y bastante más difícil de mostrar en las postales: la de los conventillos, las habitaciones minúsculas, los patios compartidos por decenas de familias, las condiciones sanitarias deficientes y unos alquileres que consumían una parte cada vez mayor de los ingresos de trabajadores que no tenían ninguna posibilidad real de acceder a una vivienda propia. En ese escenario, durante 1907, una protesta que comenzó en unos pocos inquilinatos terminó convirtiéndose en uno de los grandes conflictos sociales de la Argentina de comienzos del siglo XX: la huelga de inquilinos, conocida popularmente como la Huelga de las Escobas, porque fueron principalmente las mujeres quienes utilizaron esos elementos domésticos para enfrentar simbólicamente a quienes llegaban a los conventillos con órdenes de desalojo.

    Cuando la vivienda dejó de ser solamente un problema privado

    El conventillo no era simplemente una vivienda incómoda, sino una consecuencia concreta de la transformación económica y demográfica de Buenos Aires. La expansión del modelo agroexportador había generado una enorme concentración de población en la ciudad, mientras la construcción de viviendas no acompañaba en la misma proporción ese crecimiento. El resultado fue un mercado inmobiliario en el que miles de familias dependían del alquiler de una habitación dentro de grandes casas subdivididas, muchas veces antiguas residencias transformadas en inquilinatos, donde las condiciones de vida podían ser extremadamente precarias. El propio Departamento Nacional del Trabajo, al estudiar el problema después del conflicto, registró tanto el incremento de los alquileres como las deficiencias higiénicas y señaló que en numerosos conventillos la búsqueda de rentabilidad había relegado cuestiones elementales como la luz y el aire.

    La cuestión, por lo tanto, no era únicamente cuánto costaba alquilar, sino qué podía exigir un propietario a cambio de ese dinero y qué margen de defensa tenía quien dependía del alquiler para conservar un techo. Los reclamos de los huelguistas fueron bastante precisos: pedían una rebaja del 30% de los alquileres, la eliminación de garantías adicionales, protección frente a los desalojos y mejoras en las condiciones higiénicas de las viviendas. No se trataba de una protesta abstracta contra la propiedad privada, sino de una disputa concreta sobre las condiciones de acceso a un bien indispensable, en una ciudad donde el crecimiento económico convivía con una profunda desigualdad en las condiciones materiales de vida.

    La protesta comenzó a organizarse en los conventillos de barrios populares como La Boca y Barracas, aunque el conflicto rápidamente superó esos límites. El Gobierno de la Ciudad señala que a fines de agosto de 1907 los habitantes del conventillo conocido como “Los Cuatro Diques”, ubicado en Ituzaingó 279 al 325, se declararon en huelga y presentaron sus reivindicaciones, mientras que el 13 de septiembre el Comité Central de la Liga de Lucha contra los Altos Alquileres e Impuestos realizó el llamado a una huelga general de inquilinos que se extendió por numerosos inquilinatos porteños y alcanzó también a otras ciudades.

    Las mujeres y una forma inesperada de hacer política

    Uno de los aspectos más interesantes de aquella huelga es que permite observar cómo la política podía surgir de espacios que las instituciones de la época consideraban ajenos a ella. Las mujeres de los conventillos tenían una participación decisiva en la administración cotidiana de hogares sometidos a condiciones de hacinamiento, falta de higiene y dificultades económicas, por lo que el aumento del alquiler no era para ellas una discusión distante sobre contratos: significaba decidir qué podía comerse, qué podía dejar de comprarse, cuánto podía durar una familia en una determinada habitación y hasta dónde podía resistirse antes de quedar en la calle.

    Por eso las mujeres ocuparon un lugar central en las protestas y en la resistencia a los desalojos. El Archivo General de la Nación conserva fotografías que muestran aquella dimensión colectiva del conflicto y que permiten observar algo que muchas veces desaparece cuando la historia social se reduce a nombres de dirigentes y organizaciones: familias enteras participando de una disputa por el derecho a permanecer en su vivienda. En algunas de esas imágenes aparecen mujeres organizadas en los conventillos y en las calles, convirtiendo objetos cotidianos en herramientas de resistencia. De allí nació la denominación de “Huelga de las Escobas”, una expresión que terminó convirtiéndose en la imagen más recordada de aquel movimiento.

    La presencia femenina también permite comprender por qué el conflicto tuvo una dimensión que excedía la relación contractual entre propietario e inquilino. La defensa del conventillo era, simultáneamente, la defensa de una comunidad, porque allí no vivía una persona aislada sino familias que compartían patios, pasillos, baños, cocinas y redes de solidaridad. Cuando llegaba una orden de desalojo, el problema afectaba a todo ese entramado. Las escobas, entonces, fueron mucho más que un símbolo pintoresco: representaron la entrada de las mujeres y de la vida cotidiana en el espacio público de la protesta, en una sociedad que todavía reservaba a los varones buena parte de las formas reconocidas de participación política.

    Una ciudad que descubría que el alquiler también era una cuestión social

    La huelga puso en evidencia una contradicción que atravesaría buena parte de la historia argentina: un país podía experimentar crecimiento económico y, al mismo tiempo, producir condiciones de vida profundamente desiguales para quienes sostenían ese crecimiento con su trabajo. El conflicto también mostró que los problemas habitacionales no podían ser reducidos a decisiones individuales, porque cuando una ciudad crecía más rápido que su capacidad de ofrecer viviendas adecuadas, el precio del techo terminaba convirtiéndose en un problema colectivo.

    La reacción de las autoridades fue, en muchos casos, represiva. Los desalojos fueron ejecutados con presencia policial y quedaron registrados en fotografías conservadas por el Archivo General de la Nación y por el Archivo Nacional de la Memoria, donde pueden verse efectivos policiales interviniendo en conventillos y familias expulsadas de sus viviendas. La documentación histórica permite reconstruir así una escena en la que la discusión sobre el precio del alquiler terminó enfrentando a familias trabajadoras con propietarios y fuerzas del Estado.

    Sin embargo, reducir aquella experiencia a una derrota sería desconocer su importancia histórica. La huelga contribuyó a instalar la cuestión de la vivienda dentro de la agenda de los conflictos sociales urbanos y mostró que los inquilinos podían organizarse colectivamente frente a condiciones que hasta entonces parecían formar parte del paisaje inevitable de la ciudad. El propio Departamento Nacional del Trabajo terminó estudiando las condiciones de los conventillos y dejó documentada la relación entre el aumento de los alquileres, el crecimiento demográfico y las deficiencias habitacionales.

    Más de un siglo después, aquellas fotografías de mujeres levantando escobas en los patios de los conventillos conservan una potencia que excede ampliamente la anécdota. No muestran solamente a un grupo de habitantes enfrentándose a un aumento de alquileres en 1907: muestran el momento en que la vivienda dejó de ser entendida únicamente como un asunto privado y comenzó a ser reconocida como un problema social, atravesado por el salario, la especulación, la urbanización, la desigualdad y la capacidad de organización popular. En aquella Buenos Aires que se enorgullecía de su modernización, fueron precisamente quienes vivían en las habitaciones más pequeñas los que obligaron a mirar la cara menos celebrada del progreso. Y quizá por eso la imagen de aquellas escobas sigue siendo tan poderosa: porque recuerda que, mucho antes de que existieran las categorías contemporáneas para discutir el derecho a la vivienda, hubo trabajadores y, sobre todo, mujeres trabajadoras que comprendieron que un techo podía convertirse en una cuestión política cuando el precio para conservarlo comenzaba a ser incompatible con la propia vida.

     

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  • La Justicia intervino Vorterix Rosario, controlada por un narco durante cinco años

     

    La Justicia Federal de Rosario dispuso la intervención empresaria de Vorterix Rosario que fue adquirida en 2018 por un grupo que tuvo como su dueño en las sombras a un hombre implicado en el tráfico internacional de cocaína mediante avionetas en vuelos clandestinos hacia distintos lugares del país.

    La determinación fue requerida por la Procuración de Lavado de Activos (Procelac) y admitida por 90 días este martes por el juez federal Carlos Vera Barros. Es un legajo impulsado por el fiscal federal Juan Argibay Molina que avanzó tras la detención de Brian Bilbao en noviembre del año pasado. Se trata de un rosarino que lideró una organización de narcotraficantes y fue apresado tras dos años prófugo en la localidad bonaerense de Pavón tras el aterrizaje de una aeronave con 956 kilogramos de cocaína. Ese mismo día una avioneta cayó a tierra en Arequito, Santa Fe, donde se hallaron otros 60 kilos de cocaína acondicionados de la misma forma que los que transportaba Bilbao.

    El fiscal Argibay Molina pidió ahora la intervención de Vorterix Rosario -VTX Rosario-para que los movimientos accionarios queden bajo el control de un síndico ya que se tiene acreditado que la compra del teatro ligado a la conocida radioemisora de Buenos Aires -que no tiene ningún vínculo con esta investigación- fue concretado con dinero del narcotráfico con fines de lavado.

    Vorterix Rosario era una emisora con sistema de redes que controlaba un teatro donde se organizaban shows de rock de primer nivel. Y que incluía también la administración de un teatro que llevaba el mismo nombre en Mar del Plata.

    Bilbao está preso desde el 11 de noviembre de 2025. Para ese momento la provincia de Santa Fe ofrecía por datos para ubicarlo una recompensa de 50 millones de pesos. Es un hombre al que no se le reconocen antecedentes de violencia. Precisamente invocó eso y su estado de salud para que le concedieran la libertad durante el proceso judicial. Tiene insuficiencia coronaria y tres stents colocados. «No soy una persona agresiva ni conflictiva», declaró cuando lo imputaron.

    Las acciones de Vorterix fueron compradas por Brian Bilbao y administradas por él al menos desde fines de octubre de 2018 y hasta 2023 inicialmente por medio de Anabela Acuña. También compartieron la administración Ludmila Aragón con la compra de seis mil acciones correspondientes al 30 por ciento del capital de Vorterix Rosario por el valor de una camioneta Toyota BW por 32 mil dólares. También Germán Urán estuvo en la administración desde junio de 2019 hasta que cedió seis mil acciones propias a Brian Bilbao

    Por su parte el productor de espectáculos Germán Uran, de la empresa Kaos Productora, también habría administrado la sociedad desde junio de 2019 con participación accionaria que transfirió en febrero de 2023, cuando se deshizo de seis mil acciones que retornaron a Brian Bilbao por la misma camioneta Toyota inscribió a nombre de Kaos Productora. Urán no la puso a su nombre sino de la productora, dice la fiscalía, en un indicio de intento de lavado.

    La pesquisa inicial de Gendarmería Nacional estableció que Brian W. Bilbao adquirió VTX Rosario a través de testaferros. Luego la fiscalía concluyó que Urán era socio gerente de los teatros Vorterix Rosario y Vorterix Mar del Plata.

    De las conversaciones telefónicas de Urán los investigadores de Procelac detectaron que hacía referencia constantemente a que Brian Bilbao era su socio y que no figuraba en la sociedad porque «no le daba para blanquear». Sin embargo era Bilbao, reconoce el productor, quien había puesto el capital para adquirir VTX Rosario.

    Ahora la sociedad quedará bajo el control de un síndico. La fiscalía había sugerido una intervención con un veedor o uno o varios coadministradores para controlar el patrimonio de personas que en algunos casos tienen elevadas a juicio causas por narcotráfico y, ahora, por lavado de activos.

    Los 956 kilos de cocaína secuestrados tras la detención del prófugo Brian Bilbao.

    Brian Bilbao fue detenido tras tener dos años de pedido de captura activo. Lo habían implicado en una asociación ilícita transnacional activa desde al menos octubre de 2024, que ingresaba al país grandes cargamentos de droga mediante avionetas privadas sin plan de vuelo ni registros válidos, que concluían en pistas clandestinas ubicadas en campos del sur santafesino y el norte bonaerense, para su posterior transporte o exportación hacia otros países, en particular mediante el uso de puertos fluviales de la región.

    El fiscal federal de la Procuración de Narcotráfico (Procunar) Matías Scilabra recordó al imputar a Bilbao que la investigación se inició el 30 de octubre de 2024, tras el hallazgo de 475 kilos de cocaína en una avioneta en Pueblo Andino, a 50 kilómetros de Rosario, que era pilotada por el ciudadano boliviano Oscar Armando Caba Hurtado, que ya tenía una condena a 7 años y 2 meses de prisión.

    Según la pesquisa, Bilbao y otra persona fueron detectados en dos camionetas en las inmediaciones y huyeron advertir que el piloto era perseguido por la Fuerza Aérea Argentina.

    Brian Bilbao era socio de su hermano Waldo Bilbao quien fue atrapado en Rosario en una persecución de película cuando huía por el ducto de cañerías del edificio donde habitaba en el céntrico barrio Martin.

     

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