La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina informa que este jueves 25 la actividad denominada ‘Coloreando mi ciudad’ se desarrollará en el barrio 201 Viviendas.
Para ello se convoca a niños y niñas de entre 8 y 12 años a participar para disfrutar de una mañana llena de aprendizajes, dibujos y colores. El punto de encuentro será la Plaza del Comahue a las 10 horas.
La actividad es gratuita y para más información o consultas, los interesados pueden comunicarse al 2984904350.
Todos los martes, en homenaje a la vieja revista El Gráfico, Anfibia y Lástima a nadie, maestro analizan cada semana de la Copa del Mundo.
Cuán importante será la influencia de la digitalidad en el arte que el último poema del Indio Solari fue un audio de WhatsApp nunca enviado. “Lionel, compatriota, habla Indio (sin el artículo). Acá soy uno más que te quiere saludar, que te quiere aplaudir. Has sido un tesoro deportivo argentino. Dios y el Diablo te dieron una destreza inimaginable (…) ¿Qué tal si ganás un campeonato del mundo más? Estás para eso, viejo. Estás para eso”.
“Postdata: qué tal si ganas un campeonato del mundo más? Estás para eso, viejo… estás para eso” Indio Solari, 2026. pic.twitter.com/hDXSi2ZtLF
El Indio murió en las vísperas de esta Copa del Mundo y no verá si Leo logra o no su presagio. Jorge Luis Borges, igual o mejor artista, aunque más aburrido, falleció en el medio del Mundial de México, jugado en 1986. Su muerte cumplió estos días cuarenta años, como los está cumpliendo la gesta que consagró a Diego Armando Maradona.
Los caminos de los héroes pueden tener conexiones, cuatro décadas después. Se puede encontrar parecidos, trazar contrastes, tirar paredes.
Si seguimos con Borges, esa copa maradoniana fue el aleph de los mundiales. Messi nos hace entender que vivir solo cuesta vida. Quizás los ídolos son como la poesía. Decía Borges, sobre ella: “Sabemos lo que es, pero no podemos definirla”.
Mi genio amor
En su texto “Lionel Messi, autor del Quijote” (2007), Juan Sasturain comparaba un gol de Messi por Copa del Rey con el tanto de Maradona a los ingleses. El joven del Barcelona había eludido a tantos jugadores rivales como Diego, desde la misma posición y realizando casi las mismas gambetas. Copia y calco. Sasturain usó a Pierre Menard, que en la literatura borgeana quería escribir exactamente la misma novela que llevó a la inmortalidad a Miguel de Cervantes. Messi empezaba a hacer lo propio con esa gesta que hoy cumple cuarenta años.
Las similitudes van solas. Ambos zurdos, capitanes, ganadores, escribas de un mundo mejor con cada una de sus gambetas. Comprometidos, los dos, con el liderazgo de sus equipos. La humildad de los genios que son buenos servidores y malos amos. Campeones mundiales sub 20 (1978 y 2005), cada uno también sabe cuánto pesa la Copa del Mundo de mayores (1986 y 2022). Ambos debutaron en la selección ante Hungría con edad juvenil: Maradona a los dieciséis y Messi a los dieciocho. Diego quedó afuera del corte del que hubiera sido su primer Mundial (1978) y Lionel no: jugó el 2006 y convirtió un gol en su debut contra Serbia y Montenegro, con “Pelusa” mirando desde la tribuna. Los dos perdieron una final del mundo contra Alemania con una camiseta azul y con imágenes icónicas. Messi relojeando el trofeo dorado mientras caminaba para recibir el premio al mejor jugador del certamen; Maradona lagrimeando con la medalla de plata en el pecho. Llorar es decir.
Una triste curiosidad acompaña su línea de tiempo. Messi nació en junio de 1987, un año después de México 86. Diego, por su parte, falleció en noviembre del 2020, ocho meses antes de la Copa América 2021, el comienzo de la seguidilla de trofeos de Messi. Nunca uno vio campeón del mundo al otro.
Las diferencias suelen encontrarse en el campo político. El compromiso de Maradona lo colocó como pionero de la Italia pobre contra los perfumes chic de Milán, Turín y Roma. Su filosa lengua marcó a varios enemigos, entre ellos, el entonces jefe de la FIFA, João Havelange, y el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush (hijo). Mostraba un habitual andar por las causas populares. Es evidente que Messi no es de ese palo. Nobleza obliga: la mayoría de los jugadores son más como Lionel que como Diego.
Volvamos a las coincidencias. Los dos tuvieron técnicos absolutamente cuestionados que acallaron a la “opinión pública” con victorias. Carlos Bilardo llegó al Mundial 86 en el foco de las críticas: hasta el presidente Raúl Alfonsin lo quiso sacar de su cargo. La situación de Lionel Scaloni no puso en tensión a ningún gobierno, pero la enorme mayoría del periodismo lo encontraba “inexperto” hasta su primer título. No somos vigilantes; cada uno sabe lo que dijo.
Hasta en las cábalas podemos ver cosas que siguen, cuarenta años después. En 1986, Carlos “Chino” Tapia se afeitó sin que eso fuera necesario antes del partido con Inglaterra. Hoy, su homónimo Claudio Fabian, “Chiqui”, toma mate con algunos de los jugadores en la previa de cada encuentro. Ricardo Giusti guardó caramelos dentro de un pozo en un rincón del Estadio Azteca: el hecho había nacido como un eventual resguardo ante las altas temperaturas y terminó por convertirse en ritual. Estas revelaciones, y otras más, son puestas de manifiesto en el libro El Partido de Andrés Burgo, que sirvió de base para el largometraje del mismo nombre que acaba de estrenarse en cines. Hoy Leandro Paredes y Rodrigo De Paul siguen probando caramelos en el medio de la cancha cuando el equipo llega al estadio.
Messi y Maradona tienen, además, sus héroes secundarios. La actuación de Diego contra Inglaterra fue memorable, pero podría haber terminado mal si en el minuto 87´ Julio “Vasco” Olarticoechea no sacaba una pelota casi en la línea del arco propio con la parte de atrás de su cabeza. “La nuca de Dios”. Todavía podríamos preguntarnos cómo estaría Messi hoy, pero más importante, cómo estaríamos nosotros hoy, si la jugada de Randal Kolo Muani hubiera terminado en gol y no en la famosa atajada del “Dibu” Martínez en Qatar 2022.
Borges habló de “máxima expresión de belleza” en referencia a la poesía. Messi y Maradona son como la poesía. Yo no me caí del cielo.
Pausa. Sin hidratación, ni espacios publicitarios de apuestas online: ¿cuántas veces será aludido Borges en el texto? Con el perdón de la audiencia, las que considere el cronista. Seguimos.
Cuarenta años no son una eternidad, pero casi. Alguna vez Borges dijo que en la eternidad hay belleza. Messi. Maradona. Las tensiones de los ídolos, la valentía de los héroes, la pausa de los normales, lo bello de la poesía. La expectativa latente de que el mundo puede cambiar y de que nos merecemos que cambie. Messi. Maradona. La vida misma.
Nike es la cultura
“Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. El fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”. Borges y su amigo Adolfo Bioy Casares tienen un cuento llamado Esse Est Percipi (Ser es ser percibido). Es el único sobre fútbol. En la historia, Honorio Bustos Domecq, que nació en Pujato como Lionel Scaloni, recibe una noticia impactante: el fútbol no existe, son solo actores para la publicidad y el negocio.
A veces la realidad se acerca a la ficción: el deporte existe, pero el del business ya no es él.
En 1986 ya se prefiguraba un mundo en el que las transmisiones televisivas ordenaban al fútbol, y no al revés. Maradona y Jorge Valdano, entre otros jugadores, se quejaron del horario de los partidos, que se disputaban al mediodía del verano mexicano para priorizar el prime time europeo. Se les dijo “callense y jueguen”.
Hoy parece todo al revés, pero es lo mismo. El famoso hydration break no es contra el calor: persigue la finalidad de recaudar. Un trabajo periodístico reciente de Gonzalo Finlez (Filo News), con datos del Wall Street Journal, estima que esta nueva modalidad permite siete horas más de espacio publicitario, con 832 spots y una ganancia de entre 166 y 333 millones de dólares sólo en Estados Unidos. Exprimir cada centavo. Por su parte, en suelo argentino, el periodista Diego Genoud reveló lo que genera la privatización de los partidos del Mundial. La TV Pública sólo retransmite a cuenta gotas y le sale más caro al Estado argentino, que le paga 410 mil dólares por partido a DirecTV, del Grupo Werthein. En Qatar 2022 el costo era de 250 mil por encuentro.
Dentro de ese entramado digital se nos aparece un Maradona hecho con inteligencia artificial incitando a apostar y varios jugadores de la Selección, como Messi, promocionando a petroleras, marcas de cerveza y locales de comida rápida. Dice la doctora en comunicación Yamila Heram en su texto “Por qué el Mundial sigue siendo un fenómeno televisivo en plena era del streaming”: “En primer lugar, resulta difícil escapar de la publicidad omnipresente con la cara de Messi. Todo tiene un aire de semejanza; durante estos meses previos va construyéndose una narrativa épica, sufrida y pasional que recubre con un halo comercial las más diversas opciones cotidianas. (…) El Mundial nos conecta con ese placer por el juego, por el deporte y por la grupalidad. El fútbol nos conecta con algo de esa infancia y ese deporte que se jugaba en la calle, en el barrio, en el club, en la playa y en cuanto potrero se podía encontrar. Pero ahora todo parece cambiar. Del juego propiamente dicho a las apuestas online; así, el mayor sponsor de este deporte pregona un negocio que trae consecuencias de escala global. Del placer por jugar a la adicción a ´jugar´”.
La consultora Sustantiva publicó el pasado fin de semana un estudio sobre esta cuestión. Según esta empresa, el 72% de las personas que se manifestaron en redes sociales sobre el Maradona con IA mostraron indignación. De esa miel no comen las hormigas.
Salando las heridas
En su cuento “Juan López y John Ward” (1985), Borges describe a dos jóvenes enfrentados en la Guerra de las Malvinas (1982). Podrían haber sido amigos, o ni siquiera conocerse: terminaron enterrados. Jorge Luis no cantó con nosotros “Muchachos”, porque murió treinta y seis años antes. Y porque no le hubiera gustado. Vale, igualmente, razonar lo obvio: Juan López sería un pibe de Malvinas.
Resulta imposible separar a Maradona de esa temática. El partido entre Argentina e Inglaterra, que ayer cumplió cuarenta años, estuvo atravesado por esa contienda. Al revés del Indio, vencidos vencedores. Dice Lucas Zalduendo, en La selección de los valientes, publicado recientemente: “Para el pueblo argentino representó una revancha simbólica que transformó el fútbol en un abrazo de desahogo nacional. También lo fue para las antiguas colonias británicas. Habitantes de India, Bangladesh y Pakistán pudieron ver, desde el televisor de su casa, cómo la corona británica se arrodillaba ante los pies de un futbolista tercermundista”. El apoyo que a veces encuentra el fútbol argentino en esos países contiene raíces profundas. El lujo es vulgaridad.
En El Partido, Andrés Burgo dio a conocer la historia de Hector Rebasti, uno de los 9.804 soldados argentinos trasladados a las islas para la contienda bélica. Era arquero y entrenaba con el plantel profesional de Huracán cuando partió para Malvinas. No retomó su carrera nunca más. Entrevistado por el autor, Rebasti dijo lo siguiente: “Cuando cayó Puerto Argentino, con otros compañeros seguimos peleando: dos de ellos murieron por no querer rendirnos. Esa derrota me afectó mucho, me sentí culpable, y el partido contra Inglaterra lo viví como agua fresca, como otra oportunidad, como si estuviera otra vez en la guerra. Miraba el partido y me sentía en combate”.
Lo de Messi, claro está, es menos explícito. Mucho menos. Pero a veces la cultura popular se apropia de relaciones que, a simple vista, parecen ajenas. En este país hay una masiva canción que dice, en sus estrofas, “los pibes de Malvinas que jamás olvidaré” y “alentándolo a Lionel”.
Hay una ausencia en esta relación simbiótica. Algo que aleja a Diego de Messi. Una pieza que no encaja en el rompecabezas. Por razones del azar, Lionel jamás disputó un partido contra Inglaterra. El último encuentro entre Argentina y el conjunto británico fue un amistoso de noviembre del 2005, con un joven Messi de 18 años suspendido en la tribuna.
Me pregunto si podríamos cruzarnos con los ingleses en esta Copa del Mundo, cuarenta junios después. Los simuladores virtuales dicen que sí, que sería en semifinales si ambos lideran su grupo y ganan los duelos de eliminación directa. Tengo la certeza de que sería un partido más parecido al de México 86 que a los encuentros de Francia 98 y Corea Japón 2002. No tengo claro el por qué, pero se siente una hinchada y un tiempo más maradoniano. Indago en la duda sobre si estaríamos o no preparados como hinchas para un encuentro de esas características. Con el mejor del mundo de nuestro lado, con los odiados piratas del otro. Me convenzo de que no lo sé. Las Malvinas son argentinas.
Esos dolores dulces
Bioy Casares escuchó cómo en un quiosco de Ayacucho y Alvear un joven le dijo que su amigo se había muerto. Noticias de ayer. Extra, extra. Adolfo encaró hacia adelante con una suerte de tristeza desafiante. “Seguí mi camino sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges”.
Ese sábado 14 de junio fue el único en diecinueve días sin partidos mundialistas de México 86. Fue la jornada de descanso entre el cierre de la primera ronda, que finalizó el día 13 con los partidos del grupo E, Escocia-Uruguay (0 a 0) y Dinamarca-Alemania Federal (2 a 0), y el comienzo de los octavos de final, abiertos el 15, con Bélgica-URSS (4 a 3) y México-Bulgaria (2 a 0). Vaya homenaje para el Borges anti-fútbol. Un minuto de silencio era poco: hubo todo un día.
Aquella primera fase de la Argentina de Bilardo fue sólida: terminó invicta y en el primer puesto. Dos victorias y un empate. Este último, 1 a 1, ante la Italia campeona del mundo, con el debut goleador de Maradona haciendo de lo cotidiano algo icónico: diagonal hacia afuera, saltito con la marca encima, caricia, balón lento y cansino acomodándose al lado del palo derecho de Giovanni Galli. Nueva Roma, te cura o te mata.
Esta primera ronda del 2026 tiene sus sobresaltos, como siempre. Los primeros minutos contra Argelia y el segundo tiempo contra Austria mostraron adversidades. Nadie dijo que era fácil. No obstante, lo esencial es visible a los ojos: dos victorias contundentes, con buen volúmen de juego y superioridad ante sus rivales. Un Messi desorbitante. Con cinco goles en dos encuentros se convirtió en el mayor goleador de la historia de este torneo: dieciocho tantos en cinco mundiales y dos partidos. El equipo quedará primero en su grupo y es uno de los mejores equipos de la primera rueda.
Los primeros partidos mundialistas son traicioneros. En las once copas del mundo de los últimos cuarenta años, Argentina salió “mejor tercera” en 1990 y 1994, quedó afuera en Corea-Japón 2002, clasificó con un gol ante Nigeria en el minuto 86 en Rusia 2018, perdió el primer encuentro del 2022. No es poco estar como estamos.
En 2026 se juegan el doble de partidos que en 1986, porque participan el doble de equipos: cuarenta y ocho contra veinticuatro. Las primeras rondas construyen en nosotros una sensación holística de fútbol permanente. Generan adicción y necesidad. Eso es lo curioso: en algún momento empezamos a extrañar al Mundial. El primer día sin partidos, que será el 8 de julio, nos generará el vacío del fin. Como aquel 14 de junio, con Bioy Casares preparándose para vivir en un mundo sin Borges. Las despedidas son, en definitiva, esos dolores dulces.
Me gusta más que el rock
“El fútbol es popular porque la estupidez es popular”, Borges dixit, con la fineza del distinto y la maldad soberbia del distinguido. Jorge Luis, como ya dijimos, llegó a decretar el fin del fútbol en su cuento co-escrito con Bioy Casares. Hay algo curioso en la fecha elegida. Los autores dicen que el último episodio real de este deporte se dio el 24 de junio de 1937, cincuenta años exactos antes del nacimiento de Messi, que vio la luz ese mismo día de 1987 en Rosario.
Borges falleció en Suiza. Antes de su partida, frecuentaba la calle Corrientes. El poeta Roberto Alifano caminaba por allí junto a él cuando escuchó a una persona que gritaba desde un camión. “Borges, sos más grande que Maradona”. El escritor, que alguna vez había declarado “disculpe mi ignorancia” cuando le preguntaron si conocía a Diego, le dijo en privado a Alifano: “Estaría bien si lo gritaran en Estocolmo, tal vez podría influir en los académicos suecos”. A Borges no le dieron el Nobel. Diego no se llevó el balón de oro de 1986, reservado para jugadores europeos.
¿Por qué los ídolos son importantes? Como la poesía, no encuentran en la utilidad su mayor relevancia. Alguna vez Borges se enojó por una duda similar. “Dos personas me han hecho la misma pregunta: ¿para qué sirve la poesía? Y yo les he dicho: bueno, ¿para qué sirve la muerte? ¿para qué sirve el sabor del café? ¿para qué sirve el universo? ¿para qué sirvo yo? ¿para qué servimos? Qué cosa más rara que se pregunte eso, ¿no?”. Los ídolos son como la poesía.
¿Por qué Maradona y Messi? Porque fueron los únicos héroes de nuestros líos, respondería el Indio. Agregamos nosotros: porque generan la expectativa de que el mundo, en un par de minutos u horas, puede ser mejor de lo que es ahora. Un pueblo entero tuvo mejor vida a las dos de la tarde (horario mexicano) del 22 de junio de 1986, cuando terminaron los cuartos de final contra Inglaterra, que al mediodía de ese mismo día, cuando todo era nerviosismo. Teníamos mil elucubraciones sobre el debut de la selección en esta Copa del Mundo: en poco más de una hora y media y con tres goles ante Argelia, Messi cambió todas las dudas por sonrisas, como quien entrega y recibe figuritas para un álbum mundialista en Parque Rivadavia.
La definición puede darnos sensación de precisión, pero muchas otras solo implica límites. Cuarenta junios después, el paso de los años es parte del paisaje. En ese mes de 1986 murió Borges y brilló Diego. En este junio se fue el Indio y Messi renueva su contrato con la belleza. Los ídolos, perdonen la repetición, son como los poemas. “¿Qué es el tiempo? —se preguntó Borges, cerrando una conferencia con una cita de San Agustín—. Si no me preguntan qué es, lo sé. Si me preguntan qué es, no lo sé. Pienso lo mismo de la poesía”.
El personal de un Hospital vive programado en una sucesión de vigilancia y control de los cuerpos. Tensión redoblada que oscila entre la acusación y el castigo. Detectives del cuerpo, soldados sin descansar en la trinchera de la guardia, inspectores de tránsito que chequean los horarios de tráfico del personal, personal de inteligencia para problemas…
En el día mundial del RECICLAJE te compartimos algunas de las notas publicadas en La Tapa de diferentes autores… COMUNIDAD RECICLADA de Alejandro Casalini https://latapa.com.ar/comunidad-reciclada/ CREAR CON UN PUNTO DE INICIO EN LO NATURAL de Sofi Drago https://latapa.com.ar/crear-con-un-punto-de-inicio-en-lo…/ EL RECICLAJE ES UN MODO DE VIBRAR CON LA NATURALEZA DE LA TIERRA de Paula Cesari https://latapa.com.ar/el-reciclaje-es-un-modo-de-vibrar…/…
Con el objetivo de reforzar la concientización sobre las medidas preventivas frente al COVID-19, un grupo de personas coordinado por el Departamento de Protección Civil de la Municipalidad de Villa Regina recorrerá nuevamente espacios públicos de la ciudad entregando folletería, recordando el uso del tapabocas, la importancia del lavado de manos o el uso de…
Como en la apertura del Campeonato Nocturno de Karting 2022, la segunda fecha sostuvo el más de un centenar de pilotos participantes y la gran convocatoria de público que se dieron cita en el Kartódromo del Moto Club Reginense. Fue nuevamente una noche donde las luces y el espectáculo conformaron un gran show deportivo que…
“Hoy se murió mi juventud” leí en estos días de duelo, inmenso duelo colectivo por el Indio Solari. No sé si a mí se me murió ahora la juventud, pero sí que apareció convertida en una montaña de sensaciones intensas en el cuerpo, una avalancha de extrañores y recuerdos precisos de alegrías extremas y también penas gigantes, acompañados siempre o mejor desatados por su música. Esas canciones retumbando en loop en mi cabeza, en mi garganta, en mi cuerpo y condenándome al insomnio, a llorar mientras bailo sola o con otrxs.
2.
La presentación de Gulp, en Cemento, el primer recital al que fui en mi vida. Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, un nombre larguísimo e insólito que nunca había escuchado. Creo que fue allí mismo que me compré -ya devenida en instantánea fanática- el cassette en la puerta, toda una inversión para una piba de 18 que vivía sola y trabajaba-estudiaba-y-militaba. Pero donde más cerca estuve de rozarlos fue en el Parakultural, creo que en 1986, en una de esas noches alucinantes en el sótano húmedo de charcos y cables sueltos en las que podías toparte con las Gambas al Ajillo, los títeres de Ubú Rey, delirar con los poemas de Alfonsina declamados por el delirante trío de Urdapilleta, Tortonese y Batato Barea. ¡Batato! Verlo caminar despampanante y tan bello hacia acá, y sentir por un instante fugaz que me estaba mirando, sí, a mí, la más tímida del mundo. Temblar empequeñeciendo y sentir su piel acariciando la mía mientras seguía camino a los fondos-camerinos. Y allí en esa penumbra refulgente de golpe, sin aviso, un microconcierto de los Redondos. “El infierno está encantador”. Pude ir seguido al Parakultural. Me hacía entrar gratis Giancarlo, amigo y compañero de militancia con el que compartíamos casa, una insólita buhardilla con techo de dragones dorados justo frente a la Central de Policía a la que apodamos “la boca del lobo”. Giancarlo conocía al flaco de la entrada y lograba colarnos. No hubiéramos podido pagar una entrada al tugurio. Eran micro-recitales (éramos cien, doscientos, no más) de una intensidad que luego se hizo multitud sin disolverse. Eso que cuenta el Indio de que “éramos tan pocos que el borde de los escenarios se hacía permeable y emancipaba a artistas y espectadores de sus roles acostumbrados”, eso mismo era lo que pasaba en ese caldo de cultivo delirante que eran las noches del Parakultural. Cualquiera terminaba arriba de la tarima, todos nos emborrachábamos de amor abajo. Seguí yendo al Pakacultural hasta que cerró, en medio de la desesperación hiperinflacionaria y los inicios del menemato. Creo que mi última vez fue la noche en que me dejó el Gato, el novio más lindo y drogón que tuve. Pero esa noche no tocaban los Redondos sino Palo Pandolfo con Don Cornelio y la Zona. Estaba tan triste que me fui sola antes de que terminaran de tocar, y llegué caminando y lloriqueando desde San Telmo hasta Saavedra.
3.
Considerándome ricotera, me perdí la misa, la multitud, el fenómeno de masas. La última vez que los escuché en vivo fue la noche feroz en que la cana detuvo, torturó y asesinó a Walter Bulacio, un pibe del conurbano bonaerense de 17 años, en la puerta de Obras Sanitarias, después de hacer razzias en los bondis que llegaban hasta allí y llevarse muchísima gente detenida porque sí. Walter estaba como muchos otros escuchando el concierto desde afuera del estadio porque no tenía plata para pagar la entrada. La policía presionaba con sus métodos atroces para que los Redondos transaran en pagar sus servicios, y para evitar esa infame transacción, el Indio se arriesgó a revolucionarlo todo dejando de tocar en la capital del país. Desde entonces, el fenómeno ricotero que no dejó de crecer y crecer y crecer, sucedió en esos márgenes, ciudades chicas y pueblos que recibían de golpe cientos de miles de personas que peregrinaban desde todas partes del país, para estar allí presentes en la misa ricotera. Pasó de todo, incluso personas muertas en esos descomunales recitales autogestionados, pero los Redondos no cedieron a la policía. Walter Bulacio nunca más. Tampoco tranzaron con las discográficas, lo que explica que sean tan absolutamente desconocidos en el resto del mundo, aún cuando el rock argentino suele brillar bastante. Me sorprendió mucho ese absoluto desconocimiento internacional de algo que aquí -para todxs nosotrxs- es tan indiscutible, ineludible. Cada vez que en una clase o en una conferencia en otras partes de América Latina o Europa hablé de los Redonditos para dar cuenta de la escena underground argentina en tiempos de dictadura y primera posdictadura, o para presentar la “estrategia de la alegría” (Jacoby dixit) como una de las tácticas de resistencia al terror disciplinador (el Indio lo dijo entonces y nos lo sigue diciendo ahora mismo, en este nuevo tiempo fascista: “hay que cuidar el estado de ánimo”). Sobre todo hablé de él para explicar el proyecto de investigación y curaduría colectiva “Perder la forma humana”. Con mucho de incredulidad y una pizca de curiosidad algunxs estudiantes los empezaron a descubrir. Me acuerdo de una joven música mexicana que luego de escucharlos por primera vez me decía: “no suenan como nada de lo que una puede esperar”.
4.
El Indio nos regaló tanto. También nos regaló el nombre. “Perder la forma humana” es la frase de Carlos Castaneda con la que el Indio remata una de sus respuestas en la preciosa entrevista que Daniela Lucena y Gisela Laboureau le hicieron en 2011 como parte del proyecto impulsado por la Red Conceptualismos del Sur y el Museo Reina Sofía: “Existencialismo cínico, contracultura, mayo francés, beatniks, nueva izquierda, anti-psiquiatría y música de rock como hilo musical brindaron el desfile de ideas que me empujaron hacia el futuro con una alegría impúdica que aún conservo. Monologuistas contestatarios, bailarinas de strip-tease y músicos de happening-rock intentábamos carecer de identidad con la intención de vivir en revolución permanente. (…) La idea era ‘perder la forma humana en un trance que desarticule las categorías vigentes y provea emociones reveladoras’» (Perder la forma humana, Madrid, Museo Reina Sofía, 2012). Empezamos ese proyecto indagando en los nuevos modos de entrecruzamiento entre arte y política en los años ochenta latinoamericanos en 2008, una treintena de investigadores de distintos puntos de América Latina focalizándonos en reconstruir la trama de relaciones entre los recursos creativos de los movimientos de derechos humanos en Chile y Argentina, la eclosión de prácticas artísticas (sobre todo performances) asociadas a las disidencias sexuales, los espacios (sobre todo nocturnos) de sociabilidad juvenil y nacimiento de pank (escrito así con “a”) en las barriadas periféricas de ciudades como Sao Paulo, las redes de solidaridad que lograban desbordar las fronteras nacionales y llevar la denuncia de la masacre que se estaba viviendo en buena parte del continente a otras partes. Teníamos claro que el título de ese ambicioso proyecto tenía un denominador común en el cuerpo como soporte de la intervención política, como territorio de violencia y represión, y también de experimentación y libertad. Habíamos ensayado distintos títulos, “Poner el cuerpo”, “Cuerpos desobedientes”, en las instancias previas a la exposición que concretó el proyecto y la publicación que la acompañó. Hasta que apareció esa imagen luminosa que nos trajo el Indio y que habilitaba a pensar al mismo tiempo en el cuerpo como lugar de masacre, desaparición forzada, fosa común, y a la vez de fuga, metamorfosis, mutación.
5.
“¿Era todo?, pregunté. Soy una ilusa”. Alguna vez escribí solo eso en una carta que no tuvo ninguna respuesta. Otra vez, en el medio de una fiesta, alguien me deslizó al oído el mejor piropo imaginable: “sos la gran bestia pop”. El indio nos dio tanto: nos dio un código, un lenguaje poético que está allí, en las paredes, en las banderas, en las remeras, en las gargantas, las lenguas, las bocas. Imágenes punzantes, justas, imborrables, disponibles en su magia, como invocaciones o sortilegios. Imágenes movilizantes, danzantes y festivas. El indio nos dio canciones. La banda sonora de nuestras vidas. El viernes en la Plaza de Mayo nos reunimos en multitud, una muchedumbre espontánea (que siguió el sábado en el Obelisco y el domingo en Villa Domínico, cuadras y cuadras de gente haciendo fila para despedirlo), y aquí y allá se armaban micro-recitales alrededor de una guitarra, un bombo o un reproductor musical. En torno a ese rito, cantábamos, bailábamos, nos abrazábamos, llorábamos y hacíamos pogo. Un pogo entre desconocidxs que nos cuidamos y duelamos juntxs. “Se murió mi papá”, decía un flaco llorando a la cámara. Después supe que es Gastón Fernández, militante de HIJOS y de SIMECA, el sindicato de motoqueros que fue clave en las manifestaciones del 2001. “No mi padre biológico, mi papá de la vida. El que nos sopló al oído a los pibes de la esquina y nos enseñó ‘poné tu rebeldía acá’. Yo soy militante por los Redondos, porque me hubiera muerto como el resto de mis amigos, pero estoy acá”. “Yo ya no puedo cumplir hazañas que prometí / Solo seguir cantando”, se despidió el Indio en 2021. Acá estamos también, agradecidxs y sin poder parar de llorar, y prometiéndonos que por el Indio y con él vamos a seguir cantando, vamos a seguir bailando, y ojalá también atreviéndonos a inventar nuevas canciones.