La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina informa que este jueves 25 la actividad denominada ‘Coloreando mi ciudad’ se desarrollará en el barrio 201 Viviendas.
Para ello se convoca a niños y niñas de entre 8 y 12 años a participar para disfrutar de una mañana llena de aprendizajes, dibujos y colores. El punto de encuentro será la Plaza del Comahue a las 10 horas.
La actividad es gratuita y para más información o consultas, los interesados pueden comunicarse al 2984904350.
El superávit comercial de diciembre volvió a ubicarse por encima de lo que se esperaba y coronó un 2025 con saldo externo positivo por USD 11.286 millones. No es un número aislado: fueron veinticinco meses consecutivos de superávit y un acumulado de USD 31.248 millones, aún con un fuerte rebote de importaciones.
Durante 2025, las exportaciones totalizaron USD 87.077 millones, con un crecimiento interanual del 9,3%, impulsado casi exclusivamente por cantidades que saltaron un 10%, en un contexto de precios levemente a la baja con caídas del 0,6%.
Las importaciones, en cambio, subieron con fuerza: USD 75.790 millones, un salto del 24,7% interanual, explicado por una recomposición de volúmenes del 30,5% que comprimió el excedente comercial respecto de 2024, pero no lo eliminó.
Diciembre condensó esa dinámica. Las exportaciones sumaron USD 7.448 millones, un crecimiento del 5,7% interanual y las importaciones USD 5.556 millones, un 3,5% en relación al año pasado. El resultado fue un superávit mensual de USD 1.892 millones, USD 211 millones más que en diciembre del año anterior.
El dato clave aparece cuando se mira la composición. Los bienes energéticos explicaron el 47,2% del superávit comercial de diciembre y el 69,2% de todo el 2025. No es una exageración: sin energía, el excedente se achica de manera dramática. Es la foto de la nueva estructura económica que empieza a insinuar la Argentina, gracias a Vaca Muerta.
El dato clave aparece cuando se mira la composición. Los bienes energéticos explicaron el 47,2% del superávit comercial de diciembre y el 69,2% de todo el 2025. No es una exageración: sin energía, el excedente se achica de manera dramática. Es la foto de la nueva estructura económica que empieza a insinuar la Argentina, gracias a Vaca Muerta.
La balanza energética cerró 2025 con un superávit récord de USD 7.815 millones, el más alto del que se tenga registro. Las exportaciones energéticas alcanzaron USD 11.086 millones, un alza del 12,8% interanual, mientras que las importaciones se redujeron a USD 3.271 millones, un derrumbe del18%.
En diciembre, esa foto se repitió en miniatura. El sector energético aportó un superávit de USD 893 millones, con exportaciones por USD 1.067 millones y compras externas limitadas a USD 174 millones. Esos números explican por qué, aun con importaciones totales creciendo en bienes de capital, consumo y vehículos, el frente externo cerró con más holgura.
Siguiendo esta línea, la consultora ACM proyecta para 2026 unescenario base con exportaciones por encima de USD 90.000 millones e importaciones en torno a USD 80.000 millones, lo que permitiría un saldo comercial menor al de 2025. Sin embargo, desde ACM remarcan que en ese esquema, el sector energético aparece como soporte estructural.
Ese cambio tiene una explicación concreta y material. Vaca Muerta opera en niveles récord. La producción total de petróleo ronda los 550 mil barriles diarios y las exportaciones alcanzan los 180 mil barriles por día. Pero no es sólo volumen exportado, también es sustitución de importaciones y generación neta de dólares en una economía históricamente condicionada por la restricción externa.
Vaca Muerta opera en niveles récord. La producción total de petróleo ronda los 550 mil barriles diarios y las exportaciones alcanzan los 180 mil barriles por día. Pero no es sólo volumen exportado, también es sustitución de importaciones y generación neta de dólares en una economía históricamente condicionada por la restricción externa.
La historia no empieza ahora. Antes de la recuperación del control estatal de YPF en 2012, la Argentina enfrentaba una caída sostenida de la producción de hidrocarburos y un salto explosivo de las importaciones. En 2003, el país gastaba unos USD 550 millones en compras externas de combustibles. En 2012, esa cifra superó los USD 10.200 millones. En 2011, la balanza energética ya mostraba un déficit cercano a los USD 3.000 millones, el primero desde la década del 80.
La caída sostenida de la producción de petróleo y gas había empujado un aumento acelerado de las importaciones de combustibles, que hacia 2011 ya generaban un déficit energético cercano a los USD 3.000 millones y obligaban a gastar más de USD 10.000 millones anuales en traer gasoil, naftas y GNL del exterior.
El gasoducto de Vaca Muerta.
Esa sangría fue la que llevó a Cristina Kirchner a tomar la decisión de expropiar en 2012 la mayoría de YPF en manos de la española Repsol. Poco después, ya con Miguel Galuccio como presidente y CEO, se anunció la decisión de desarrollar Vaca Muerta, frente al escepticismo de la industrial que creía que el yacimiento estaba «sobrevalorado».
El acuerdo con Chevron marcó el punto de quiebre. Permitió financiar la etapa inicial, incorporar tecnología y acelerar la curva de aprendizaje del shale, lo que revirtió la tendencia declinante de la producción y sentó las bases del salto posterior en petróleo y gas.
Ese cambio productivo, sin embargo, no alcanzaba por sí solo. Producir más sin capacidad de transporte mantenía el cuello de botella y el drenaje de divisas. Por eso, el paso siguiente fue la obra de infraestructura que permitió monetizar el recurso: llevar el gas desde Neuquén al centro del país y reemplazar importaciones caras.
Con la asunción de Milei y la liberación de las exportaciones, el yacimiento empezó a crecer fuerte. Se exportaba petróleo y gas, pero al mismo tiempo el gasoducto Néstor Kirchner, construido en el anterior gobierno, permitía el abastecimiento intermo. Durante años, el país importó GNL a precios internacionales mientras tenía gas en Neuquén. Por eso, cada barco que no llega hoy es superávit automático.
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En Mar del Plata, Milei volvió a subirse a un escenario militante para repetir un libreto cada vez más gastado: guerra cultural, enemigos internos y autosatisfacción ideológica. Lejos de ofrecer respuestas concretas a una Argentina golpeada por el ajuste, el discurso de anoche en la Derecha Fest confirmó que el Presidente prefiere el aplauso identitario antes que la gestión.
Por Roque Pérez para NLI
El mensaje de Milei no tuvo sorpresas. Fue, una vez más, la reafirmación de un relato construido sobre la confrontación permanente. En lugar de hablarle al conjunto de la sociedad, eligió hablarle a los convencidos, reforzando una lógica de “nosotros contra ellos” que ya es marca registrada de su gobierno.
La escena fue elocuente: un Presidente celebrando su propio rumbo frente a un auditorio afín, mientras afuera crecen la pobreza, la recesión, la destrucción del empleo y la incertidumbre económica. La Derecha Fest funcionó como refugio simbólico para un oficialismo que evita dar explicaciones sobre los efectos reales de su programa.
La “batalla cultural” como coartada
El eje central del discurso volvió a ser la llamada “batalla cultural”, presentada como el gran desafío histórico del país. Bajo esa consigna, Milei simplifica la realidad argentina en una lucha moral entre supuestos defensores de la libertad y un enemigo difuso al que llama “la izquierda”, “el estatismo” o “los zurdos”.
Este recurso no es inocente. Convertir la política en una guerra cultural permite desplazar el debate sobre la gestión concreta. No se habla de salarios pulverizados, de jubilaciones recortadas ni del derrumbe del consumo. Se habla de ideas abstractas, de enemigos ideológicos y de un futuro prometido que nunca llega.
La Argentina real, la que no entra en los slogans, quedó completamente ausente del escenario marplatense.
Insultos, amenazas simbólicas y polarización
Uno de los momentos más celebrados por el público fue la reiteración de frases provocadoras y descalificantes hacia quienes no adhieren al proyecto libertario. Expresiones como que “se viene la noche” para determinados sectores no aportan ninguna solución, pero sí alimentan un clima de hostilidad política y social.
Desde la investidura presidencial, este tipo de mensajes no solo degradan el debate público, sino que legitiman la intolerancia como forma de acción política. El adversario deja de ser un actor democrático y pasa a ser un enemigo a derrotar culturalmente.
Mientras tanto, los problemas estructurales siguen sin abordarse.
Liberalismo declamado, realidad omitida
Milei volvió a presentar al liberalismo como una verdad revelada, casi religiosa, que no admite matices ni críticas. El mercado aparece como solución mágica, aun cuando los datos muestran una economía paralizada, caída del poder adquisitivo y mayor desigualdad.
No hubo en el discurso ninguna autocrítica, ni siquiera una mención a los costos sociales del ajuste. Tampoco explicaciones sobre cómo su modelo mejorará la vida de quienes hoy están peor que hace un año. El liberalismo fue invocado como dogma, no como política pública evaluable.
En ese marco, la Derecha Fest operó más como acto de reafirmación emocional que como espacio de rendición de cuentas.
Un presidente cómodo en el escenario, ausente en la gestión
El contraste es cada vez más evidente: Milei se muestra cómodo en actos ideológicos, viajes y eventos militantes, pero esquiva el debate serio sobre los resultados de su gobierno. La épica reemplaza a la política, y el show reemplaza a la gestión.
La Derecha Fest dejó una imagen clara: un Presidente que elige la ovación de su núcleo duro antes que enfrentar la complejidad de un país en crisis. En lugar de construir consensos mínimos para salir adelante, profundiza la división y el enfrentamiento.
El discurso de Milei en Mar del Plata no fue un mensaje para la Argentina, sino para su tribuna. Un acto de fe ideológica que ignora deliberadamente la realidad social y económica. Mientras el país acumula problemas urgentes, el Presidente insiste en la guerra cultural como cortina de humo. Y así, entre aplausos y consignas, la Argentina sigue esperando respuestas.
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