Mientras en Santa Fe el reclamo policial fue considerado “justo y genuino” y terminó con una mejora salarial acordada con el gobernador Maximiliano Pullaro, en la Ciudad de Buenos Aires el pueblo fue reprimido con hidrantes, balas de goma y gases por manifestarse en la Plaza de los Dos Congresos. La escena expone una doble vara que resulta imposible de ignorar.
Por Roque Pérez para NLI
La comparación es inevitable: cuando protesta la fuerza, hay negociación; cuando protesta el pueblo, hay represión.
En Santa Fe, diálogo y aumento salarial
El conflicto policial en Santa Fe se desactivó luego de que el gobierno provincial ofreciera una mejora que lleva el salario inicial de los efectivos a alrededor de 1.350.000 pesos, según trascendió en medios nacionales. Tras varios días de tensión y movilización de agentes, la propuesta fue aceptada y la medida levantada.
Maximiliano Pullaro calificó el planteo como un reclamo “justo y genuino”, y defendió la decisión de otorgar una recomposición que, según la administración provincial, busca acompañar el impacto de la inflación. La protesta policial no fue reprimida ni criminalizada: fue reconocida y atendida.
El mensaje fue claro: el reclamo salarial de quienes integran la estructura de seguridad del Estado merecía escucha y resolución.
En el Congreso, hidrantes y balas de goma
Muy distinto fue el escenario en la Plaza de los Dos Congresos. Allí, manifestantes —entre ellos trabajadores, jubilados y organizaciones sociales— se concentraron para exigir respuestas frente al deterioro del poder adquisitivo y las políticas de ajuste impulsadas por el Gobierno nacional.
Dentro del Congreso hubo legisladores que denunciaron el accionar policial y señalaron que se estaba vulnerando el derecho constitucional a la protesta. Afuera, el mensaje fue inequívoco: el espacio público no estaba disponible para el reclamo popular.
La doble vara
El contraste es evidente. Cuando quienes reclaman son policías armados, el Estado dialoga y concede. Cuando quienes reclaman son ciudadanos de a pie, el Estado avanza y reprime.
No se trata de negar la legitimidad del reclamo salarial en Santa Fe. Se trata de preguntarse por qué el mismo criterio no se aplica al resto de la sociedad. ¿Por qué unos pueden manifestarse sin consecuencias y otros son desalojados por la fuerza?
La democracia no admite categorías de ciudadanos con más derechos que otros. Sin embargo, los hechos recientes dejan una sensación incómoda: ellos sí pueden manifestarse. El pueblo, parece, no.
Lo que prometía ser una protesta multitudinaria contra la reforma laboral que quita derechos a los trabajadores —mientras el Senado debate hoy el proyecto impulsado por el gobierno de Javier Milei— se transformó en una jornada tensa marcada por represión, presencia desmesurada de fuerzas de seguridad y un protagonismo debilitado de la dirigencia sindical tradicional.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
La Plaza sitiada y la represión
Desde horas del mediodía, la Plaza de los Dos Congresos estuvo fuertemente cercada por un despliegue policial que limitó el acceso y la libre circulación de la protesta convocada por la CGT, las dos CTA y diversas organizaciones sociales opositoras a la reforma laboral.
El operativo incluyó vallas, policías motorizados y fuerzas federales desplegadas por toda la zona, generando un ambiente de tensión permanente. La fuerza pública respondió con gases lacrimógenos, chorros de agua y proyectiles de goma para disolver cualquier intento de manifestación en una clara actitud represiva.
A diferencia de muchas crónicas que resaltan la presencia de “manifestantes lanzando piedras”, la realidad mostrada por múltiples videos y transmisiones en vivo recogidas por distintos medios indica la aparición de encapuchados no identificados en medio de la protesta, un fenómeno que en marchas de este tipo suele corresponder a grupos infiltrados por los mismos aparatos represivos o provocadores externos, quienes nunca terminan siendo detenidos y luego sirven de excusa para justificar la violencia estatal contra el resto de la movilización.
La Policía les tira agüita a los de las molotovs apuntando al piso y gases lacrimógenos a los que están en la vereda. Total normalidadpic.twitter.com/8PgRuMTxMx
La reforma laboral y la traición del peronismo legislativo
Mientras en la Plaza se desarrollaban los choques con la policía, en el Senado de la Nación se discute el texto de la llamada “modernización laboral”, que según las organizaciones sindicales y sectores de la oposición implica reducciones significativas de derechos laborales, flexibilización de condiciones y limitaciones al poder sindical.
Este proyecto, promovido por el Ejecutivo de Milei y defendido por su bloque en la Cámara Alta con apoyo de algunos sectores moderados de una faldera oposición, cuenta con modificaciones que buscan asegurar su aprobación, pero aún así representa un atropello sobre derechos históricos para los trabajadores.
Lo que más llama la atención es que algunos senadores de extracción peronista, que deberían ser garantes de la defensa de la legislación laboral, parecen dispuestos a avalizar o no oponer un freno firme al proyecto, generando un sentimiento de traición entre las bases trabajadoras que confiaron en su representación parlamentaria. La falta de posiciones claras y contundentes por parte de estos dirigentes legislativos ante una reforma que afectaría profundamente derechos y condiciones de trabajo alimenta la desconfianza y la percepción de que en el Senado prima más la lógica de acuerdos políticos que la defensa irrestricta del pueblo trabajador.
Una CGT débil, sin paro y sin conducción concreta
La CGT, la central obrera que históricamente fue pilar de la organización sindical argentina, convocó a la movilización frente al Congreso pero evitó llamar inmediatamente a un paro general, cosa que fue recordada por toda la plaza en varios cánticos entonados esta tarde.
Aunque algunas fracciones de la CGT, como la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) y otros gremios nucleados en paros parciales, decidieron cesar actividades en sectores claves, la conducción cegetista optó por una manifestación más simbólica que efectiva, lo que se traduce en una postura percibida como desdibujada y tibia en un momento en el que se exigía firmeza en la defensa de los trabajadores.
Esta actitud generó desencanto en sectores sindicales y sociales, que añoran una CGT protagonista de una huelga contundente y un plan de lucha real, en lugar de una marcha que, aun siendo masiva, no logró empujar al eje del conflicto ni detener el avance de la reforma en el Congreso.
Conclusión: una protesta fragmentada y una dirigencia en jaque
La jornada en la Plaza de los Dos Congresos expuso, en un mismo cuadro, la represión estatal frente a una protesta popular en defensa de derechos laborales, la posible alineación de sectores legislativos que debieran oponerse a una quita de derechos, y una CGT que parece más preocupada por la formalidad de una movilización que por una respuesta contundente y organizada.
En un momento histórico donde las políticas públicas buscan reformar el régimen laboral en detrimento de los trabajadores, esta combinación podría marcar un punto de inflexión en la correlación de fuerzas del movimiento obrero argentino, cuya unidad y claridad estratégica se ven hoy más desafiadas que nunca.
Javier Milei le ordenó a la mesa política que se instale en el Senado
hasta que se apruebe la reforma laboral y evitar de ese modo que aparezca cualquier imprevisto que haga caer el acuerdo con los «dialoguistas».
Fuentes del gobierno adelantaron a LPO que al inicio de la sesión se instalarán en el Senado Karina Milei, Manuel Adorni, Diego Santilli y Lule Menem, que estarán encima de Patricia Bullrich. Además, desde la Rosada estará Santiago Caputo.
La orden de Milei es que sostengan los cambios negociados con los gobernadores y los bloques dialoguistas, y que no se muevan del Senado hasta que se apruebe.
El gobierno logró destrabar las negociaciones este martes cuando Toto Caputo finalmente aceptó que se quite la baja de Ganancias a las empresas, un punto que los gobernadores rechazaban de plano porque afectaba la recaudación de las provincias.
Además, el oficialismo introdujo otras modificaciones solicitadas por la CGT (como mantener el aporte patronal del 6% a las obras sociales y la cuota sindical del 2%), los bancos (que lograron que se excluya la posibilidad del pago de sueldos en billeteras virtuales), y las cámaras empresariales (mantuvieron el aporte obligatorio).
El oficialismo tiene asegurado el respaldo en el recinto de los bloque del PRO y la UCR, además de los «dialoguistas» que responden a distintos gobernadores: la tucumana Beatriz Ávila, la salteña Flavia Royón, el correntino Carlos «Camau» Espínola, la neuquina Julieta Corroza, la chubutense Edith Terenzi, la cordobesa Alejandra Vigo, los misioneros Sonia Rojas Decut y Carlos Omar Arce, y los santacruceños José María Carambia y Natalia Gadano.
Europa hace al menos una década que atraviesa una crisis existencia. El actual orden internacional lo tiene en un lugar de irrelevancia y la dependencia de Estados Unidos lo ata de pies y manos a la hora de diseñar estrategias en el terreno de la economía, la seguridad y la defensa.
Donald Trump empuja esta crisis a la máxima potencia por su perfil de liderazgo unilateral y su cercanía con adversarios europeos como Vladimir Putin o con propuestas que ponen en tensión a la OTAN como la compra de Groenlandia.
La posibilidad de una vuelta de cada país a su moneda propia o el retorno de las fuerzas armadas locales es un debate constante que suele venir de los partidos de la extrema derecha que consideran que la Unión Europea atenta contra la soberanía de los países.
Todas esas tensiones se concentrarán en la cumbre sobre competitivas en donde los 27 países se reunirán en Bélgica. Emmanuel Macron, advirtió que el bloque europeo debe convertirse en una superpotencia, «o será barrido», y a la vez consideró el momento justo para que la Unión Europea «lance una capacidad de endeudamiento común, a través de los eurobonos».
El líder francés lo dijo en una entrevista con Le Monde y otros seis diarios europeos, dos días antes de una reunión informal de jefes de Estado y de Gobierno de la UE, centrada en cómo impulsar la competitividad europea.
Europa es el factor de ajuste para el resto del mundo. La cuestión es si somos capaces de convertirnos en una potencia económica, financiera, militar e incluso democrática
Esta posición entra en tensión con canciller alemán, Friedrich Merz, y la premier italiana, Giorgia Meloni que considera que la opción de los eurobonos no es la correcta. «La propuesta distrae del tema principal, a saber, el problema de la productividad», respondió el gobierno alemán.
Friedrich Merz, canciller alemán.
En el reportaje, Macron planteó que «Europa es el factor de ajuste para el resto del mundo. La cuestión es si somos capaces de convertirnos en una potencia económica, financiera, militar e incluso democrática».
«Tenemos tres batallas que librar: en seguridad y defensa, en tecnologías de transición ecológica y en inteligencia artificial y cuántica», comentó Macron, estimando en 1,2 billones de euros la suma que la UE necesita para cambiar de marcha.
Tenemos tres batallas que librar: en seguridad y defensa, en tecnologías de transición ecológica y en inteligencia artificial y cuántica
Al margen de todos esto debates estructurales que están pendientes y definirán el sentido de existencia de la Unión Europea, el punto de discusión de al cumbre será el desarrollo de la relegada industralización a través el proyecto de Ley de Aceleración Industrial que la Comisión prepara para finales de mes y se centra específicamente en la «compra europea».
Lo que complica el presente europeo es la falta de sintonía del histórico eje estratégico franco-alemán, dado que Merz y Macron no coinciden en los trazos gruesos de los pasos a seguir, por ejemplo, en reforzar la alianza con China para no depender de Estados Unidos.
Esto le da más aire a Meloni que opera como nexo entre esas dos usinas y aprovecha la buena relación con Donald Trump.
Una protesta inorgánica, sin líderes claros, desordenada en los reclamos que llegan a la mesa de negociación, pero con una potencia que está lejos de declinar. Las manifestaciones de la policía ya desbordaron Rosario y se activaron en distintas ciudades de Santa Fe. El gobierno de Pullaro tuvo que apelar a personal penitenciario para controlar las calles ante la deserción masiva de los policías. La noche de este martes llegó cargada de tensión, sin solución al conflicto y con nuevos focos en ciudades importantes como Santa Fe y Santo Tomé.
A las 20 de este martes funcionarios de segunda línea del Ministerio de Seguridad reconocieron que no se alcanzó ningún acuerdo con los policías rebeldes que están acuartalados a cielo abierto, con decenas de patrullas policiales rodeando la Jefatura de Rosario y familiares plantados de modo permanente en frente del portón principal.
El día había comenzado con el ministro de Seguridad, Pablo Cococcioni, anunciando que comprendían que había un reclamo legítimo que engloba recomposición salarial, pero advirtiendo que había sectores ligados a efectivos presos por corrupción que atizaban el conflicto. Por eso pasó a disponibilidad y retiró el arma de 20 efectivos. Fue peor.
Si hasta ese momento había 20 patrulleros apostados en la puerta de Jefatura pasó a haber 60 móviles, que permanecieron amenazantes, con las sirenas encendidas. Pullaro se indignó por la presencia de encapuchados. Los manifestantes afirman que en una organización basada en la obediencia vertical el desafío a la autoridad conlleva sanciones, pro eso ocultan su rostro. Pero durante el día y en la noche de este martes, como novedad política, los policías empezaron a mostrarse en la protesta a cara descubierta. Un desafío abierto a la autoridad.
«No quieren aflojar. Habían levantado el corte después de media tarde. Como no les dan soluciones volvieron a poner todos los móviles en la calle y se cortó todo de nuevo», dijo un suboficial con diez años de servicio, mientras las sirenas sonaban con estridencia en la YPF vecina a Jefatura, copada por móviles y policías.
No quieren aflojar. Habían levantado el corte después de media tarde, pero como no les dan soluciones volvieron a poner todos los móviles en la calle.
Lo llamativo en tres nudos: La cantidad de policías que manifiestan a cara limpia exponiéndose a sanciones administrativas. El hecho de que la protesta haya escalado pese al anuncio de sanciones por abandono de servicio. Y el fuerte malestar con el gobierno de una policía que fue empoderada por Pullaro con gestos que robustecen su autoridad, pero a la que se le exigen fuerte trabajo de calle y según denuncia por muy bajos ingresos. El salario inicial ronda los 800 mil pesos y los 500 de emergencia que ofreció Pullaro al inicio de la protesta sólo alcanzaba a los uniformados que hacen tarea de calle.
Los policías protestando en la estación de YPF cercana a la Jefatura de Rosario.
«La anarquía reina dentro del reclamo», dijo a LPO el secretario de Seguridad de Santa Fe, Omar Pereyra. El funcionario que es el encargado específico de la policía provincial, sostuvo que ese es el motivo por el cual el ministro de Seguridad no estuvo presente esta tarde en la mesa de negociación.
«El abogado que llegó a la mesa como intermediario -Gabriel Sarla– tiene buena voluntad pero dos problemas: no sintetiza las demandas, que se multiplican todo el tiempo, y cuando vuelve a comunicar lo conversado no satisface a los que protestan. Así no es posible llegar a ningún acuerdo pese a la total voluntad para escuchar», comentó Pereyra.
La anarquía reina dentro del reclamo. El abogado que llegó a la mesa como intermediario tiene buena voluntad pero dos problemas: no sintetiza las demandas y cuando vuelve a comunicar lo conversado no satisface a los que protestan. Así no es posible llegar a ningún acuerdo.
El portón de la Jefatura de Rosario tiene dos hojas gigantes que son la entrada y salida de los móviles del patrullaje urbano por dos avenidas, Ovidio Lagos y Francia. Ovidio Lagos fue despejada por la fuerza por el jefe de policía de provincia con grupos tácticos en la medianoche del lunes.
«La decisión de liberar Ovidio Lagos fue elemental porque es una vía de ingreso a la ciudad y es un contrasentido que no se pueda transitar por una protesta de la policía», dijo Pereyra.
«Para llegar a la reunión pedimos que los móviles no taparan el ingreso a avenida Francia. Dijeron que sí, pero luego no lo hicieron. Los representantes que llegan a negociar no logran hacer cumplir con lo que se comprometen. Por esa falta a lo pactado es que el ministro de Seguridad no se hizo presente», agregó Pereyra.
Esto es lo que pasó con el enviado policial, el abogado Gabriel Sarla. «Se comprometió a que no se cortaran los portones y no pudo garantizarlo. Perdió su condición de vocero único. El tema es que nadie surge como representativo porque hay múltiples grupos pidiendo cosas muy diversas», sostuvo Pereyra, que es ex comandante de Gendarmería.
El servicio de seguridad con más de la mitad de la flota regular desafectada por la protesta estaba muy afectado en Rosario al punto que por la tarde el gobierno acudió a personal penitenciario para la custodia del frente de Jefatura. Aunque no se reportaron hechos graves o al menos no trascendieron.
«No estamos en el nivel óptimo de 200 patrulleros por turno pero estamos cubriendo con un diagrama de emergencia entre quienes no se adhieren, otras direcciones generales, con un rediseño con un esfuerzo extra de personal de otras regionales, por lo que tenemos cubierto el servicio del 911», dijo Pereyra, que reconoció que la protesta, aunque con expresiones dispares que no se acercan al que se ve en Rosario, ya afectan a las 19 unidades regionales de toda la provincia. «Es fuerte el reclamo», reconoció el secretario de Seguridad.
El servicio de seguridad con más de la mitad de la flota regular desafectada por la protesta estaba muy afectado en Rosario al punto que por la tarde el gobierno acudió a personal penitenciario para la custodia del frente de Jefatura.
El funcionario, número dos de Seguridad en Santa Fe, explicó que se trata de un reclamo multicausal. «Me pregunto qué cuestión tan fuerte tiene que haber para atacar un plan de seguridad que a la vista de todos está siendo exitoso, con la baja a la mitad de índices de delitos violentos. A los policías no les puede molestar un trabajo organizado que está dando resultados y que hicieron ellos mismos. Pero hay en grupos un resentimiento mal canalizado, algo que no tiene que ver con justos reclamos de ingresos, salud o bienestar», opinó Pereyra.
-¿A qué se refiere?, ¿a los planteos del ministro de grupos de policías exonerados de los que habló el ministro Cococcioni?, preguntó LPO.
-Sí, contestó conciso el secretario de Seguridad.
Sin embargo, la mayoría de los que protestaban lo hicieron sin ocultarse, luciendo sus uniformes. Es evidente que hay problemas de ingresos en el marco de una recesión económica con alta inflación, que ya se siente fuerte. Un malestar que también se expresó a la tarde con una masiva manifestación gremial en el centro de Rosario para rechazar la reforma laboral que se votará este miércoles y los senadores de la coalición que lidera Pullaro seguramente acompañen.
No hay claridad conceptual, sobre todo acerca de qué es lo que se está reclamando, quién es el vocero que viene a hablar, en nombre de quienes realizan estas peticiones.
Como sea, esta noche, al salir de la reunión con los delegados de la protesta, el secretario de Control Institucional, Esteban Santantino, confirmó que enfrentaban la dificultad de no tener interlocutores claros del lado policial .»No hay claridad conceptual, sobre todo acerca de qué es lo que se está reclamando, quién es el vocero que viene a hablar, en nombre de quienes realizan estas peticiones, para poder ser asertivos en las respuestas. Entonces, no es una falta de voluntad ni una falta de recursos, sino que quizás, mejorando algunos aspectos de los canales de comunicación, vamos a poder destrabar este conflicto».
Pero el conflicto, ya entrada la medianoche, estaba lejos de desmontarse. «En la puerta de Jefatura sigue todo igual», dijo a LPO un comisario identificado con la protesta. «Todos los móviles están en la calle, del otro lado del paredón de Jefatura están los vehículos de la Motorizada. A esta hora no hay nada que desactive esto», agregó.
En una entrevista en Radio Splendid, el ex ministro de Seguridad de Santa Fe y exdirector de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, Marcelo Saín, lanzó durísimas declaraciones contra Milei. Habló de tratamiento psiquiátrico, cuestionó su aptitud para gobernar y redobló la apuesta cuando le marcaron el tono de sus palabras.
Por Roque Pérez para NLI
El clima político sumó este martes un nuevo capítulo de máxima tensión. En diálogo con Radio Splendid, Marcelo Saín no se guardó nada y apuntó directamente contra Milei, con afirmaciones que rápidamente comenzaron a circular en redes y a generar repercusiones en el arco político.
Consultado sobre la situación actual del país y el liderazgo presidencial, Saín fue tajante: Me preocupa tener a un tipo con tratamiento psiquiátrico al frente de la nación. La frase, por sí sola, ya marcaba el tono de la entrevista.
“No puede estar al frente de los destinos del país”
Ante la repregunta del periodista —¿Es así?—, el ex funcionario redobló la apuesta. Por supuesto. Un tipo que se caga y mea encima no puede estar al frente de los destinos del país. Lo lamento como persona enferma, sostuvo, en una declaración que elevó aún más la temperatura política.
El conductor del programa le señaló que se trataba de una acusación muy dura. Pero Saín no retrocedió. Me chupa un huevo, respondió, ratificando cada una de sus palabras, retrucando que más grave es tener narcotraficantes dentro de la estructura del gobierno.
Las expresiones del ex ministro de Seguridad santafesino se dan en un contexto de creciente cuestionamiento a las políticas de ajuste, al manejo institucional y al estilo confrontativo que caracteriza a Milei. En ese marco, las declaraciones no solo impactan por su contenido, sino también por el nivel de crudeza con el que fueron formuladas.
Repercusiones y debate
Hasta el momento no hubo una respuesta oficial desde el entorno de Milei, aunque se descuenta que el tema escalará en las próximas horas. Las palabras de Saín abren un debate delicado sobre los límites del discurso político, la salud mental y la responsabilidad institucional.
Más allá de la polémica, lo cierto es que la tensión política no afloja. En un escenario atravesado por la crisis económica y el malestar social, cada declaración suma combustible a un clima ya de por sí inflamable.
La pregunta que queda flotando es si este tipo de intervenciones contribuye a clarificar el debate público o, por el contrario, profundiza la grieta en un país que atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años.