Dos de los bancos más influyentes de Wall Street coincidieron en los últimos días en una mirada más favorable sobre Argentina. Barclays publicó un informe titulado «Despertar exportador», mientras que JP Morgan volvió a destacar la consolidación fiscal y el interés que despierta el país entre los inversores internacionales. La conclusión común es que algunas de las variables que históricamente representaron una fragilidad para la economía argentina comienzan a mostrar una dinámica diferente.
El reporte de Barclays sostiene que las cuentas externas dejaron de ser una vulnerabilidad para convertirse en una fuente de resiliencia. El banco destaca que los volúmenes exportados se ubican 17 por ciento por encima del récord previo y que el crecimiento ya no se explica únicamente por Vaca Muerta.
Según el informe, bajo la administración de Javier Milei las exportaciones energéticas crecieron 92 por ciento, las primarias 28 por ciento, los alimentos procesados 15 por ciento y las manufacturas 9 por ciento. Para la entidad británica, se trata de un cambio relevante después de dos décadas de estancamiento exportador.
La mejora también se refleja en la balanza comercial. Barclays estima un superávit de 27.000 millones de dólares para 2026 y prevé que la cuenta corriente cierre prácticamente equilibrada, una situación que considera favorable frente a otros países de la región.
El optimismo no se limita al comercio exterior. El banco destaca que el ritmo de acumulación de reservas del Banco Central se encuentra entre los más fuertes de los últimos 25 años y considera que las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional podrían cumplirse incluso sin financiamiento adicional.
JP Morgan, por su parte, pone el foco en la consistencia fiscal. Diego Pereira, economista jefe para América Latina de la entidad, afirmó recientemente que lo que más sorprendió a los mercados fue la velocidad con la que se corrigió el desequilibrio de las cuentas públicas y la capacidad del Gobierno para sostener el ajuste pese a los distintos shocks económicos y políticos.
El CEO del JP Morgan, Jamie Dimon, con Milei
Desde el banco estadounidense incluso plantean que la discusión entre los inversores ya no pasa únicamente por aprovechar oportunidades financieras de corto plazo. «Lo que se va a decidir en los próximos trimestres es si Argentina es un trade o una inversión», sostuvo Pereira, al describir el creciente interés que observa por parte de empresas y fondos internacionales.
Sin embargo, en el mercado local advierten que el entusiasmo financiero todavía convive con interrogantes relevantes. Daniel Pesalovo, operador financiero, señaló que «hay un muy buen clima financiero, que puede estar descalzado de la realidad. Consumo, tejido social y economía real no son lo mismo que clima financiero».
Para Pesalovo, la mejora de la inflación, el superávit fiscal y el fortalecimiento del frente externo explican el cambio de percepción de entidades como Barclays y JP Morgan. Sin embargo, considera que el verdadero examen todavía está por delante. «El mercado ya premió el ajuste fiscal, ahora espera los dólares», resumió.
Hay un muy buen clima financiero, que puede estar descalzado de la realidad. Consumo, tejido social y economía real no son lo mismo que clima financiero
El operador explicó que la acumulación de reservas durante una etapa de actividad débil resulta más sencilla porque las importaciones se mantienen contenidas, mientras que la cosecha gruesa aporta divisas. El desafío, agregó, será sostener ese proceso cuando la economía vuelva a crecer y aumente la demanda de dólares para importar bienes e insumos.
«Wall Street quiere saber si Argentina puede acumular reservas mientras la economía crece, no si lo puede hacer durante una recesión», afirmó. En ese sentido, señaló que las apuestas oficiales sobre energía y minería aparecen como las principales herramientas para generar los dólares que necesita la economía en los próximos años.
Una visión similar expresó Milo Farro, analista de Rava Bursátil. Según explicó, los grandes bancos de inversión comenzaron a mejorar sus perspectivas sobre Argentina apoyados en la acumulación de reservas, las proyecciones para Vaca Muerta y la disciplina fiscal. No obstante, advirtió que el escenario sigue condicionado por factores políticos y externos. Entre ellos mencionó el riesgo electoral de cara a 2027 y la evolución de las tasas de interés de Estados Unidos, que continúan en niveles elevados y podrían volver a transformarse en un desafío para los mercados emergentes.
Leopoldo Oubiña, de PGA Valores, sostuvo que buena parte del optimismo actual se apoya en una combinación de factores que hace algunos años parecían difíciles de encontrar en simultáneo en la economía argentina: superávit fiscal, desaceleración de la inflación, apertura gradual del mercado cambiario y la expectativa de un fuerte ingreso de capitales asociado al RIGI, Vaca Muerta, el litio y el complejo agroexportador.
Según el especialista, el Gobierno logró sostener una agenda de medidas ortodoxas que el mercado reclamaba desde hace tiempo. Entre ellas destacó la disciplina fiscal, la normalización cambiaria y, más recientemente, la compra de divisas por parte del Banco Central para fortalecer las reservas y cumplir con las metas acordadas con el FMI. «Todos estos datos en su conjunto convierten a la Argentina en un mercado atractivo», afirmó.
Sin embargo, Oubiña advirtió que el principal factor de incertidumbre continúa siendo la política. A su entender, el mercado seguirá de cerca la capacidad del Gobierno para acumular reservas, afrontar los vencimientos de deuda previstos para 2026 y sostener una reducción del riesgo país que permita refinanciar obligaciones a tasas más bajas. En ese escenario, consideró que el mayor potencial podría encontrarse en las acciones vinculadas a los sectores energético y financiero, mientras que una eventual mejora en la clasificación de Argentina por parte de MSCI podría reforzar el interés de los inversores internacionales.
La decisión de Bullrich remueve uno de los obstáculos más desafiantes que tenía Jorge Macri en la búsqueda de su reelección. El jefe de Gobierno igual piensa en un acuerdo con los libertarios que incluya una primaria con Pilar Ramírez o directamente una fórmula acordada.
Mientras desafía a Milei, Bullrich comenzó a reunirse con empresarios y también con Mauricio Macri y con Jorge Macri. En esos encuentros comenzó a dar pistas sobre su futuro político.
Patricia no quiere saber nada con la Ciudad. Ya lo había escuchado Horacio Rodríguez Larreta cuando le ofreció la jefatura de Gobierno en 2023 para sacarla de la cancha.
«Larreta cuando lo enfrenté, me ofreció el oro y después el oro y después el oro, si me bajaba y iba por la Ciudad, no lo hice entonces y no lo voy a hacer ahora», le dijo Bullrich a Jorge Macri, en el encuentro que tuvieron días atrás.
«Me dijo ‘Yo voy de presidente y vos de jefa de Gobierno y después venís vos. Yo le dije que no. Y ahora, menos'», insistió la senadora.
Larreta cuando lo enfrenté, me ofreció el oro y después el oro y después el oro, si me bajaba y iba por la Ciudad, no lo hice entonces y no lo voy a hacer ahora.
Bullrich cree que está frente a la última oportunidad para llegar a la presidencia. «Me queda un solo tiro y quiero jugar arriba, aunque pierda», agregó con el lenguaje llano que la caracteriza.
La sentencia de Bullrich llevó tranquilidad a Jorge Macri, que tras la derrota en las elecciones locales parecía sentenciado, pero hechos con los que no tuvo nada que ver le removieron sus principales amenazas: primero Manuel Adorni que decidió detonarse su futuro político por ceder a sus impulsos de wannabe argento y ahora Bullrich que parece decidida a buscar la revancha en la presidencial.
En el entorno de Jorge Macri el comentario de Bullrich trajo alivio y les abre incluso la posibilidad de acompañar su hipotética aventura presidencial si los Milei insisten en no acordar. Pero la prioridad para el jefe de Gobierno sigue siendo buscar un entendimiento con los libertarios.
Como reveló LPO, hoy Jorge Macri está en mejores relaciones con los libertarios, que su primo Mauricio, enfocado de manera absoluta en evitar la reelección de Milei. El jefe de Gobierno porteño encontró buenos canales de diálogo con los libertarios a través de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva y su par de Economía, Toto Caputo, que acaba de liberarle cientos de miles de millones a la Ciudad.
Contibuyó a mejorar la relación los diálogos del Tano Angelici con el presidente del banco Nación, Darío Wasserman y con su esposa, Pilar Ramírez, la jefa del bloque libertario en la Legislatura porteña.
En el entorno de Pilar Ramírez rechazan la idea de una primaria con Macri y supeditan la posibilidad o no de un acuerdo a la decisión de los Milei. «Falta mucho, hay que ver como está la economía el año que viene», explican.
Mauro, 37 años, ricotero, entra en el autódromo de San Martín minutos antes de que el Indio salga a escena y se arrodilla. Besa el barro y apoya la cabeza en la bandera enrollada. El amigo se para y abre las manos mirando al cielo, como si la lluvia que no cae desde hace seis meses en Mendoza, fuera una bendición y no lo único que le falta a su viaje.
—Llegué. Acá estoy pelado. ¡Acá estoy!- dice, uniformado con pañuelo árabe, sweater, jean topper blancas, una bandera que dice Misiones y la cara del indio, la frase: “tu esqueleto me trajo hasta aquí”. Salió hace 43 horas desde Misiones en un micro que se rompió dos veces en el camino. La última fue definitiva, a 20 kilómetros de llegar. Se bajó con el bolso y empezó a hacer dedo con sus tres amigos. Se dividieron en dos para poder llegar y todavía no pudieron reencontrarse. Tampoco saben cómo ni cuándo van a volver.
***
Un día antes, al anochecer, la Ruta 7 empieza a cargarse. Los camiones entorpecen la hilera de autos y micros que marchan desde Buenos Aires hacia Mendoza: uno de cada cinco, uno de cada cuatro, uno de cada tres, dos seguidos; todos, llevan la insignia. En esta religión hay, como en casi todas, un solo Dios; pero las maneras de adorarlo y simbolizarlo, incluso de nombrarlo, son de libre albedrío: Indio o Patricio Rey, la reproducción del arte de Rocambole en cualquier disco, todas las frases que se hayan escrito en los treinta años de esta banda que hace una década se redujo a su líder.
“Vamos a misa”, dice el ploteado en el parabrisas y en el capot de un Peugeot 307; “El que abandona no tiene premio”; “El lujo es vulgaridad”; “Vivir sólo cuesta vida”; “Tu esqueleto me trajo hasta aquí”; “Este infierno es encantador”; “Nadie es capaz de matarte en mi alma”; “Lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir”.
No llevar bandera es traicionar el rito, como el católico que no se hace la señal de la cruz al pasar por una Iglesia. Que todos sepan que se es parte, es casi una condición.
Belén y Kevin, de 26 y 38 años, entran en la estación de servicio de Rufino a los gritos y cantando. Se olvidaron la bandera en La Plata y no se bancan los 700 kilómetros que quedan con el auto despojado de identidad.
—¿Tenés cinta aisladora? —le piden a la vendedora.
—Sí.
—¿De qué color?
—Negro.
—¡Esaaa! —grita Belén. A las 11 de la noche y con dos grados se ponen a “plotear” el Clio en el estacionamiento. Andrés, el más joven de los ocho que viajan juntos en dos autos, corta la cinta y Kevin la pega con una cuidada desprolijidad: se toma el tiempo para que las curvas sean curvas y que la distancia entre las letras sea más o menos pareja. El resto le festeja cada cinta que pega. Cuando termina, todos toman distancia para mirar cómo se ve desde lejos: INDIO.
Ahora sí. Se sacan la foto y arrancan.
Las banderas van enganchadas en el baúl y cubren toda la parte trasera de los autos. La fiesta ya empezó. Esta vez hace demasiado frío; si se pudieran abrir las ventanillas, se escucharían las voces entonando y desafinando un tema atrás del otro a todo volumen. Como ahora en la estación de servicio del kilómetro 350: un Fiat Palio musicaliza con Gulp y afuera los viajeros comparten una cerveza. Cada auto que llega se suma al ritual: el saludo, casi como un código, es cantar un poco de la canción que suena y mover la cabeza como afirmando lo que los une. Así, siempre el mismo gesto, tan emocionante como estúpidamente igual, se repite en cada parada; sean 450 kilómetros como en último recital, en diciembre de 2011 en Tandil, sean los mil que hay que hacer esta vez para llegar a Mendoza. En cada parada, una y otra vez.
***
Elba no lo puede creer.
—Imagínese que acá no tenemos ningún turismo. Es la que gente que anda de paso nomás o los viajantes. Pero ayer… Ayer eran micros, micros y micros —dice mientras sirve el desayuno en el Parque Hotel Laboulaye, un alojamiento rutero en el kilómetros 490 de la 7.
Se calcula que entre el jueves y el viernes pasaron por ahí unas 50 mil personas. Novecientos o mil micros y cinco mil autos.
—Esto yo no lo vi nunca, jamás, ni con el fútbol ni con nada —confirma el mito la señora— Cuando me dijeron que estemos preparados, yo no lo creía. ¿Quién es este indio que la gente hace tanto viaje para verlo? Ni que fuera la Virgen de San Nicolás. Después me dijeron que son los Redonditos de ricota. A esos sí los escuche, pero ¿tan famosos son? —pregunta con el sentido común del que mira desde afuera. Los que están adentro parecen haberlo perdido.
—Gente grande, familias con chicos… Algo deben tener. La gente no es tonta.
Cada ricotero tiene su ritual de entrada: besar el piso, alzar las manos y agradecerle a alguien -o algo- más allá de lo terrenal; correr como si hubiera por delante una línea de llegada; gritar, saltar, rodar. Llegar es también cumplir una promesa.
Como si se tratara de alcanzar la cima del Aconcagua, cruzar a nado el Río de la Plata o caminar hasta Luján. El momento se saborea como un logro personal, casi un sacrificio.
Como si haber pagado una entrada de 300 pesos no alcanzara para tener derecho a ver el show. Algo de la operación básica del capitalismo se pierde en el transe. O se borra, porque sólo así puede haber mística. Y eso es lo que ellos necesitan. Nada más puede justificar el esfuerzo.
Despojado de eso, el fenómeno se vuelve absurdo. Sus 120 mil protagonistas, simples víctimas de la industria del entretenimiento.
La furia empieza con el anuncio. Un día, casi sin rumores previos, ocurre la aparición: Carlos Solari sale de la caja de cristal que se construyó para sobrellevar una popularidad que dice que no le gusta, que dice no quiere ni buscó; que dice ni siquiera entiende.
—14 de septiembre. Mendoza.
Con ese mensaje anónimo y sin sujeto alcanza. Como un virus que inocula hasta el último ricotero del país, la noticia entra en el cuerpo, la maquinaria se pone en marcha. Todos los recursos -propios, prestados o robados-, se ponen a disposición de una logística que empieza en ese instante y continúa los dos o tres meses que faltan para la peregrinación.
Para muchos será corta: un avión y un lindo hotel que se paga con tarjeta de crédito. Para otros, empieza por ver cómo juntar los 300 pesos que esta vez cuesta la entrada.
Él, Carlos Alberto Indio Solari, llegó en un chárter privado desde San Fernando. Sus músicos, en aviones de línea. Hace tiempo que el líder de la multitud dejó de tocar por el mango: se calcula que con este show embolsó unos 15 millones de pesos. Lo suficiente para recluirse otros dos años; lo suficiente para no trabajar nunca más, si quiere.
¿Cómo será la cabeza y el ego de un tipo que sabe que genera esto? No hay fanatismo que pueda obnubilar tanto como para no preguntarse esto cuando en el kilómetro 850, a 140 del destino y a 16 horas de haber salido, el tránsito se frena de manera imprevista: son diez kilómetros de cola, una hora después serán 20, dos más tarde ya llega a 30. Cuatro horas para avanzar 10 mil metros. Los más impacientes van por la banquina; al rato, de la banquina ya pasan a la tierra lindante a los alambrados o, directamente, al otro lado de la autovía para acelerar en contramano.
—Imaginate al Indio en la suite del 5 estrellas viendo esto por la tele. No hay manera de no sentirte poderoso —dice uno de los fanáticos en el auto.
La gente se baja, prepara un fernet al costado de la ruta o en el baúl, camina por el medio de los autos o charlando con el que maneja; avanzan a un promedio de 2,5 kilómetros por hora, envueltos en banderas; hablan de lo que se viene a la noche, de que hay que abrigarse, comprar Fernet, ubicarse bien para Jijiji.
Una botella de gaseosa cortada y doblada hacia afuera para no lastimarse. Una parte de Fernet y dos de Coca Cola. Laura y Marcela preparan el trago para el grupo en una barra improvisada en el baúl de un cero kilómetro, varias horas antes del recital. En la división de roles de esta noche, a ellas les toca armar el porro.
Fernet, Coca Cola, marihuana y cerveza; la mezcla acompaña las horas de espera. Una semana antes del recital, en los alrededores del autódromo ya había cinco carpas; tres días antes, cincuenta; el viernes más de cien.
El día del show, a partir del mediodía, llega la multitud. Y los alrededores del autódromo colapsan. Hay autos, traffics y micros seis kilómetros a la redonda. Desde esa distancia parte la peregrinación caminada.
—Voy a verlo por primera vez. No lo puedo creer —dice Ignacio, un uruguayo de 25 años que llegó desde Montevideo con cinco amigos en uno de los treinta micros que partieron el viernes.
—Vengo de San Antonio de Padua. A todos lados desde hace 20 años —dice Carlos. Una hora antes de que empiece el recital vendió las últimas dos petacas de vodka a 20 pesos. Las otras 98 a 25. En tres horas y media recaudó dos mil pesos limpios.
—Me pagué el viaje. Negocio redondo.
Como él, son muchos los que se financian el viaje con puestos improvisados de alcohol o comida, venta de pósters y remeras.
El autódromo de la ciudad San Martín es un continuo de cabezas y capuchas, de banderas y brazos alzados; desde el centro de la multitud no se ve el horizonte: sigue y sigue. La sensación de eternidad se vuelve miedo cuando en el segundo tema todo ese centro empieza a bambolearse como si lo estuvieran revolviendo. Empujan para un lado y para el otro, no se puede salir, hay que ir en puntas de pie porque si uno se cae, todos caerán encima, empiezan los gritos y aparece el pánico. El Indio sigue cantando. Desde dónde él está, desde arriba, lo que se ve es otra cosa: 120 mil personas coreando su nombre, cantando que se vaya a tocar a la luna y que la luna van a copar.
—Esto es una ciudad. ¿Se dan cuenta? Somos una ciudad —dice. Decir que tiene una ciudad a sus pies sería demasiado.
Y sigue:
—Me dicen que este es el show con entrada paga más multitudinario que se haya hecho. Yo se los agradezco. No me voy a cansar de agredecérselos.
Al mensaje demagógico, la respuesta es crítica.
—¿Cómo no lo vas a agradecer? Si te hacemos millonario. Dale, cantá loco, cantá —dice alguien.
Suena el primer acorde del próximo tema y ya nada se cuestiona: cada letra es coreada como el padre nuestro. Se la cantan a él, a alguien que no está, a la cara unos a otros, amigos o desconocidos.
Es como en el carnaval: la riqueza y la pobreza, el origen de cada uno, se olvidan en la fiesta. La multitud es homogénea cuando se hace masa, como un rebaño de ovejas obedientes. Al menos no en lo que dura este rito no hay robos ni descontrol; ni una sola pelea.
—Acá todos queremos vivir la fiesta. No hay intereses ni egoísmo. Yo le convido porro a uno que tiene una 4×4 y él me da birra. Estamos todos para lo mismo —dice Paco. Llegó en un Renault 9 desde Wilde con cuatro amigos más. Un poco de ropa, unas frazadas para dormir en el auto, cuatro botellas de Fernet, tres vinos, 5 cervezas y una heladerita con hielo. Pero calcularon mal: a las seis de la tarde ya no tenían más alcohol.
Sufriendo el mismo frío, vibran las mismas letras, acusadas de ser las más crípticas del rock nacional y que, sin embargo, crean eslóganes e identificación como pocas otras.
La fe no desconoce el sacrificio.
—Indio, ¡la concha de tu madre! ¿Te resbalás? ¿Te duele la garganta? Vení acá hijo de puta —grita uno cuando a cinco temas de empezar el show, la llovizna se hace lluvia y cae a dos grados bajo cero sobre cuerpos transpirados, aplastados, mal dormidos, colmados de alcohol.
—Hoy más que nunca prepárense para hacer el pogo más grande del mundo —dice Solari justo a la medianoche, después de dos horas de show en las que hubo tantos clásicos de los Redondos como de su etapa solista.
Las luces se apagan y empieza a sonar Jijiji. Como la asunción del Indio Solari a la categoría de líder, que esta canción y no otra sea el himno de cierre, no admite explicaciones. Desde los primeros shows de los Redondos fue así. Y nadie quiere que cambie. El ritual repetido, una y otra vez, es lo que moviliza. Es lo que se va a buscar, lo que se disfruta.
Al borde de la hipotermia, todos saltan en una euforia irrepetible. Los gritos, ya afónicos, son los más fuertes de la noche. Se arman rondas por todo el autódromo y los cuerpos se cruzan, chocan, giran, van y vienen; las banderas se agitan. La sensación de que se termina es más excitante todavía. “Estos chicos son como bombas pequeñitas”, dice la canción, y la metáfora se vuelve literal en este instante, pequeñas explosiones individuales que hacen estallar el estadio. La fiesta ser repite de una punta a la otra, replicada en 120 mil. Hasta que la luz se apaga y sólo queda el silencio. Por unos segundos todos siguen mirando el escenario.
Lo que quedaba de energía se acaba de ir. Real o no, el legendario temblor que los ricoteros afirman se siente. No sólo es mito, también es realidad.
—La fonoaudióloga de Manu todavía me manda sus dibujos: puro fuego y helicópteros. Durante un año todos los cumpleaños eran vestidos de bomberos.
—Hay gente que perdió todo.
—Y viste ese momento de decir: che qué me llevo.
—Tengo una amiga de Epuyén que vive cerca de la ruta 40. Cuando el fuego subió, la mamá la llama y le dice ‘agarrá la nena, el perro, el título y el televisor’. Sube todo al auto, la nena llora a los gritos mirando el fuego, ella carga el televisor, que era nuevo, y al girar lo choca contra la puerta y lo rompe. La tele era para entretener a su hija.
—Nosotras salimos despacio, en caravanita, con otras madres. Agarré las fotos y los documentos. Los chicos agarraron los playmobil. A mi esposo le rescaté la pelota de rugby y como él también es guardaparques, la motosierra, que la ama. Él se quedó en Lago Puelo. Después, cuando ya no había motosierras todos salieron a agarrar lo propio, y me dice dóóónde estááá, y yo le digo te la salvééé, y me dice ¡pero la necesito acá!
—Nooo…
—Jajaja.
—También agarré comida, sábanas, frazadas y la ropa que iba encontrando, no llevé ni una combinación como la gente. Nos recibieron en Trevelin, éramos siete madres con los chicos. Después se enfermaron todos los pibes juntos.
—A mí una compañera me dice llevate algo de gran valor para vos. ¡Y yo me llevé la máquina de coser! Dije que me encuentre con algo para seguir adelante, voy a volver a empezar.
—Jajajaja.
—En el documental Ecos de fuego, que lo hizo un docente de la Universidad de Río Negro, un brigadista cuenta que lo primero que agarró fueron sus herramientas. En la emergencia la cabeza ya está en la reconstrucción.
En una de las pausas del taller De la información a la acción: comunicar incendios en un nuevo escenario climático en la Patagonia Norte, realizado en el Parque Nacional Lago Puelo, mientras la mayoría de los participantes camina hasta la orilla del Lago, un grupo de mujeres locales se queda charlando. Entre risas y gritos recrean sus fugas hacia la supervivencia familiar, estrategias de adaptación al fuego que en los últimos veranos conmovió al mundo. El duelo ecológico por los bosques del sur —en una temporada se quemó más territorio que en veinte años— fue viral. Lo que ellas hacen, un ejercicio espontáneo de “RCP emocional”, como dirían los equipos que brindan primeros auxilios psicológicos a las personas afectadas por incendios forestales en la Comarca Andina y en Córdoba. Hablar y conectar con redes de apoyo vale, es evacuación emocional.
MINGA
Del encuentro participamos cincuenta personas vinculadas a la ciencia, la comunicación, el territorio y las experiencias comunitarias. Investigadores, periodistas, brigadistas y activistas de la Comarca Andina del Paralelo 42 —la región donde se tocan Río Negro y Chubut—, atravesada por la ruta 40. Es un jueves de fines de mayo. Hace más frío en Buenos Aires que en Lago Puelo, donde el calor y el color de pasto parecen de primavera. Invitan un pool de organizaciones: Avina con iniciativa BASE, AcercAR, Alimentaris e InnContext.
La convocatoria busca recuperar la promesa que se hace la gente de la Comarca durante la emergencia (es decir, los incendios): ¡Tenemos que organizarnos mejor! Pero después del fuego, el impulso de la vida cotidiana se reconstruye desde las ruinas, no queda margen para más reuniones. Quizás, mirar para otro lado le da descanso al desafío colectivo que toca vivir. Pero esta mañana se inventa el tiempo. Desean sentir que esa contención comunitaria que aparece durante la emergencia es real, y que puede fortalecerse más allá de la adrenalina y el estrés.
Más que el taller de una ong, este encuentro parece una asamblea o, mejor, una minga. Se llama De la información a la acción porque la comunicación ocupará un lugar central, entendida más allá de la difusión o lo periodístico: como vínculo y estrategia para reconstruir una agenda común, socializar las recomendaciones de las instituciones, llegar mejor tanto a las comunidades indígenas y rurales como a los medios locales, nacionales y extranjeros. Todo, para no morir. O dicho en sus palabras: “para aprender a vivir de forma responsable con el amor por la vida como filosofía”.
—No somos Grinpís, somos la ballena.
Aquel lema de la Asamblea de Esquel sigue haciendo sentido esta tarde, décadas después del No a la Mina.
• Entre 2025 y 2026, cuatro incendios grandes arrasaron con 70 mil hectáreas.
• La falta de lluvia y nieve seca los ríos, el suelo; así, las hojas y las ramas se vuelven un peligroso combustible vegetal.
• Los incendios actuales son un 30 por ciento más peligrosos, duran más tiempo y amenazan cada vez a más regiones.
• Ya no se trata de evitar el cambio, sino de reconocer que la normalidad es otra y hay que aprender a vivir con eso.
Entonces, cómo aprovechar estos meses, los meses sin “r”, ese período que para las comunidades indígenas significan “meses de paz”, de volver hacia adentro, de reconocerse paisaje y repensar cómo habitar cuando la naturaleza vuelva a fluir.
Después habló Pablo Baños, Gerente de Comunicaciones para América Latina y África de Avina. Compartió una guía para diseñar relaciones simbióticas entre periodismo y sociedad civil, que dice “Tejer redes es un acto de supervivencia pero también de renovación: cada alianza amplía la vida del relato y la capacidad transformadora del periodismo”. Una idea tomada de la reciprocidad en la naturaleza.
Momento lúdico: todos de pie, recibiendo postales con ilustraciones de lagos, glaciares, selvas, bosques, huemules, ciervos, zorros colorados, picaflores y otras aves, coihues, lengas, alerces, arrayanes, ríos turquesa, valles y mallines (los humedales del sur). Cada participante levanta su tarjetita y hace match para formar el ecosistema local y así, nuevas rondas de trabajo.
—¡Anímense a pensar más allá, a crear la botánica fantástica!
Aprendemos la diferencia entre prevención y preparación: si los incendios ya no se pueden evitar, ¿cómo planificar la respuesta para minimizar los daños? Que un buen cálculo para convivir con la naturaleza es el 3-30-300: ver al menos 3 árboles desde la ventana de tu casa, escuela o trabajo; 30 por ciento de verde en cada barrio y que cada vivienda esté a 300 metros del parque o espacio verde más cercano. Que a la hora de recibir donaciones, lo que se necesita es ropa de trabajo ignífuga y borcegos (aunque la gente, en redes sociales, pida aviones hidrantes). Que una fuente de información segura es el SPLIF (Servicio de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales). Que los brigadistas usan traje amarillo y los bomberos, rojo. Que la prioridad ante la emergencia es salvar, y en este orden: vidas, viviendas, bosque. Que a muchas plantas las llaman “combustible”, según su estructura y grado de inflamabilidad. Que la Comarca es una mezcla de campo y ciudad, que la “interfase” es esa zona entre lo rural y lo urbano, que las “estructuras” son las casas. Que los bomberos apagan las estructuras y los brigadistas, los incendios forestales. Y que aumentó un 15 por ciento la intensidad del viento en febrero: las ráfagas son determinantes en la velocidad de propagación y el comportamiento del fuego.
VIENTO
—Cuando evacuamos, yo miraba por el espejo y pensaba ‘esto ya no lo vuelvo a ver’.
—A mí me encanta la montaña, pero no la revisito ni en pedo.
—A mí me quedó como el fantasma del fuego. Miro y digo ‘allá hay un árbol’. Calculo de dónde va a venir el viento. ‘Y si viene para acá qué me va a pasar y si no podé este árbol va a chocar con esta chapa’.
—Cambió el sonido del viento. Desde la ventana de mi casa el viento se escuchaba como una ola, decías: viene bajando el viento. Ahora que ya no están las copas de los árboles sino puro palo, corre distinto.
—Yo vine a vivir acá a los 10 años. Mi familia es de Río Pico, por eso el viento no me asusta.
—Cuando pasa el evento y volvés, parece que vivís en zona de guerra entre cenizas, humo constante, helicópteros y campamentos del Ejército.
HONGOS
¿Cómo se desata un incendio forestal? Se suele acusar a los pinos abandonados. A terroristas mapuche. A supuestos refugiados israelíes quieren quedarse con el agua. Hasta a “los hongueros chilenos” que recolectan morillas —hongos gourmet carísimos—, que son nativos de la Patagonia y crecen exponencialmente cuando se incendia un bosque.
Pero los humanos no somos los únicos agentes del planeta. La performatividad de la naturaleza también hace lo suyo. Así como ahora nieva en Nueva Orleans, hay huracanes tropicales en el Mediterráneo y los londinenses se mueren de calor, en la Comarca empezaron a caer rayos. La escucha profunda del sonido del rayo irrumpe como otra forma de conocimiento, que avisa a través del cuerpo y desata una telepatía comunitaria.
El conocimiento que la ciencia construye desde hace más de 50 años se vuelve concreto. Tanto que en la última COP, realizada en la Amazonía brasileña, la protección de los bosques nativos, la lucha contra el fuego y la deforestación ocuparon el centro de la agenda para 2030. En tiempos de negacionismo climático, visibilizar con evidencia el vínculo que existe entre estos incendios, entendidos como eventos extremos, obliga a diseñar nuevas estrategias de prevención, respuesta a la emergencia y recuperación de los paisajes afectados.
¿Qué toca? Aprender a convivir con el fuego. Aceptar que se habita en un lugar con riesgo alto de padecer incendios forestales incontrolables. Que “se trata de una ruptura y no de una crisis” y hay que “diseñar alianzas con las tensiones, no contra las tensiones”, dicen los científicos de la Fundación Patagonia.
Difícil atravesar el invierno como “los meses de paz”. La población local está sensible e hiperalerta. La percepción del riesgo comunitario activa estrategias para la acción. Por ejemplo, alientan que la prohibición del uso del fuego —incluso para hacer un asado en los parques nacionales— se extienda durante todo el año. Saben que una chispa de la amoladora puede incendiar una ladera, o que salir a tirar las brasas de la cocina, como se hizo toda la vida, puede terminar en un llamado a los bomberos. La sirena cruzando la Comarca, otra forma de conocimiento y telepatía. Igual que las notificaciones del grupo de Whatsapp comunitario con más de 700 vecinos.
ABRAZAR UN ÁRBOL
“Vivir en zona de interfase no sólo presenta riesgos, también tiene beneficios. Ayuda a mantener contacto con la naturaleza y sus ritmos, genera microclimas benignos, promueve la salud social al interactuar con vecinos, puede inspirarnos y posiblemente también favorezca la reducción de la contaminación atmosférica y el ruido”, dice el libro Redescubriendo nuestro entorno, de Aldana Matellini y Nicolás Bondel.
Cada vez más personas (de afuera) quieren vivir en el bosque “abrazados a una lenga”, exageran los locales. Después de un incendio forestal, las fotos de las revistas de arquitectura y decoración se miran de otra manera. “¿Cómo puede haber premios nacionales de paisajismo que celebran la construcción de casas pegadas a las ramas de los árboles? ¿Cómo se deconstruye ese conservacionismo?”, comentan. Como en todas las regiones del mundo afectadas por los eventos climáticos extremos, queda por delante la compleja tarea de la configuración territorial.
La emergencia también genera omnipotencia. Cuando el incendio no es en la zona de interfase sino en un parque (lejos de las vidas humanas y de las viviendas), igual muchos vecinos corren a apagar el fuego poniéndose en riesgo y sin herramientas para afrontar física, técnica y emocionalmente la escala del evento.
PERROS Y HUEMULES
—A los perros los dejamos en mi casa, tengo un cerco. La orden fue que a último momento, si todo explotaba, los soltaran. Pensábamos que iban a huir hacia el lago. Cuando fue una compañera y los soltó, todos corrieron y se le subieron al auto.
—Jajajaja.
—Sí, pensábamos que la villa explotaba. El fuego venía y no se podía hacer nada. Era una cosa bíblica.
—El momento más terrible fue la escuela. Se salvó porque fueron todos a mojarla. Dicen que en ese momento no ves nada, ni tus pies. Esa escuelita está en el medio de la cordillera, es muy linda, producen plantas nativas.
—¿Les dará tiempo a los pájaros?
—Mi marido trabaja en el Parque Los Alerces, es biólogo. Monitorea la población de huemules. Y se pasó un año diciendo: los huemules van a volver, su conducta es volver al lugar. Y ahora están volviendo. Sólo le falta que aparezcan tres.
NATIVAS
En los “meses de paz”, las comunidades indígenas trabajan en la restauración del suelo, podan las plantas para dejar que la vida propia de las raíces hagan lo suyo. En tiempos de adaptación, queda combinar lo mejor de lo ancestral y de lo nuevo.
Entre las maneras contemporáneas de habitar el bosque sin amenazar el paisaje, una de las recomendaciones es generar las “zonas defendibles”. Como el inicio y la propagación del fuego depende muchísimos de la estructura e inflamabilidad de la vegetación, una alternativa es elegir especies nativas de arbustos, árboles y enredaderas, ubicarlas a cierta distancia entre sí y cuidarlas de manera especial. Ciprés, maitén, notro, retamo, chacay, laura, maqui, zarzaparrilla, parrillita, enredadera clavel de campo, entre otras especies, cuidan el bosque: porque están adaptadas al clima de la Comarca, y no sólo tienen bajo nivel de inflamabilidad sino que necesitan menos agua. El recursero de la bióloga Melisa Blackhall, investigadora del CONICET, también recomienda mantener el pasto cortado y tirar las ramitas secas. Y sí: la transición requiere un presupuesto verde tan enorme como excluyente.
CORTISOL DE VERANO
—Estos últimos años los veranos están siendo el cortisol. Agarrémonos que se viene.
Fernanda Rezzano hace un chiste y lo dice en serio. Ella está al frente de la asociación civil AcercAR. Mientras los tecnofeudales planean mudarse a Marte, Fernanda reunió a ex compañeros de secundario y amigos de amigos, nacidos y criados en la Patagonia, que se fueron a estudiar a otras regiones y eligieron volver. Y quedarse en este lugar que cambia de color en cada estación, está lleno de lagos que reflejan bosques, golondrinas que anidan en el techo de las casas en primavera, el cinchin y su perfume entre vainilla y chocolate, el area natural protegida que es uno de los grandes pulmones de bosque nativo, y una comunidad híbrida, de aquí y de allá, pero que sienten el mismo deseo por el lugar. Trabajan por un desarrollo local sustentable. Fernanda es comunicadora, Paula es diseñadora, Pamela es docente, Tatiana es periodista, Guido matemático, Victoria es médica, Maximiliano es politólogo, Juanjo es contador, Eimí es desarrollóloga, Nehuén es geógrafo, Nicolás es Forestal, Martina es Ambientóloga, Marta es abogada, Guadalupe es obstetra.
Vistos desde los Objetivos de Desarrollo Sostenible para la agenda 2030, se apropian de los casilleros “resiliencia” y “medidas urgentes para combatir el cambio climático”, en parentesco con acciones de tantas otras regiones en las que confluyen saberes científicos, técnicos, comunitarios y ancestrales. Esto, sin caer en la epistemología de la desregulación: el Estado es responsable, se tiene que encargar. La adaptación necesita financiamiento, sobre todo en las regiones y poblaciones más vulnerables. La Constitución, la Ley General de Ambiente y tantos otros marcos enuncian la responsabilidad oficial de cuidar los territorios.
Fernanda da clases de educación ambiental. Recorre escuelas. Cuando los chicos dicen ‘no quiero que llegue el verano’, les responde que no tengan miedo, que en los paisajes pasan cosas, que transformamos el entorno pero que eso no necesariamente significa el final. Que un bosque quemado también puede ser el principio de otro paisaje si lo acompañamos.
Si la crisis del 2001 tuvo una banda de sonido, esa música latió a ritmo de cumbia. Y la cumbia se metió en el rock, como parte de una latinoamericanización general. La otra parte se la llevó el llamado rock barrial: un espasmo callejero narrativo empecinado en contar qué ocurría en las esquinas del Conurbano. Hoy ese espacio fue ganado por el trap y derivados: una cazuela en el que se cocen ecos del hip hop, el reggaeton y también, omnipresente, la cumbia. Más allá de la rítmica, hay similitudes: ambos momentos históricos revelaron una música de “texto” que delimita una línea tensada entre, digamos, Pablo Lescano y L-Gante.
El presente de fines de diciembre de 2021 aparece definido por el desastre doble de macrismo y pandemia. Los dos años de cuarentena propulsaron una música indoors, compuesta con los elementos con los que se contaba –una reactualización de la filosofía punk- y diseminada a través de las redes. El encierro pandémico exacerbó los cambios de paradigmas de la industria del entretenimiento e impulsó aún más a las plataformas digitales, esa tendencia hacia las “no cosas” a las que refiere el pensador coreano-alemán Byung-Chul Han.
El periodista Nicolás Igarzábal investigó las llamadas “nuevas músicas urbanas” y menciona los vínculos entre aquella escena y la actual y el “hazlo vos mismo” que supone esta estética. “Pensemos nada más que L-Gante, un cumbiero influido por el reggaeton con vocación rapera, cuyo despegue se dio en plena pandemia a través de una session de Bizarrap: allí arengan con dos vinos de cartón en mano, en un ejemplo de trap barrial”. Igarzábal también avanza sobre la veta tecnológica del fenómeno. “El trap es una música muy económica al momento de hacer un tema, todo lo contrario de lo que implica armar una banda con instrumentos y alquilar salas de ensayo y de grabación. Ahí está el poder de adaptación de la escena trapera: tanto la producción como el consumo suceden en computadoras y celulares. Es la música popular ideal para superar la crisis de la industria discográfica”.
La historia de Los Redondos es singular por donde se la mire. Sobre todo cuando el Indio, en los 90, se reconfigura en héroe de la clase trabajadora.
Así como hace dos décadas el abismo político, social y económico tuvo más que ver con la perversión de arrastre de la década menemista que con la impericia de la Alianza, musicalmente el abismo de esa escena ocurrió tres años después, con Cromañón. Siempre las fechas de los procesos históricos aparecen desfasadas. 2004 fue para el rock lo que el 2001 para el país: mucha muerte, demasiada. Ambos hechos se relacionan profundamente, desde lo político y lo cultural: la corrupción estructural de ciertas instituciones, la futbolización del rock, la precariedad empresarial, una pauperización generalizada. La pérdida de la inocencia de la fiesta de las bengalas salió muy cara. A barajar y dar de nuevo.
El menemismo fue largo y algunas canciones que resultaron proféticas engalanaron las cortinas de los programa de televisión. Ya en 1998 Bersuit Vergarabat anunciaba el estallido –como su fuera el epílogo de Sr. Cobranza, y desde los bordes –desde la periferia de París, desde Barcelona, desde Cartagena, pero esencialmente desde la calle de cualquier lugar- Manu Chao deslizaba una música urgente que funcionaba como un machacante loop rebelde. Cualquiera podía tocar sus canciones, cualquiera podía cantar. El rock se maceraba en las ochavas de los arrabales y en los monoblocks con lo que había: cerveza, fasito, algún aparato para grabar adquirido en el 1 a 1. Para formar una banda bastaba aprender un par de acordes con la profesora de guitarra de la cuadra, llamar a tres amigos y calcar yeites de los Rolling Stones y Creedence. La degeneración de ese rock fue lo que se incendió en Cromañón.
Resulta llamativo que, visto en perspectiva, el rock barrial –también llamado peyorativamente rock chabón– se espejara en el fenómeno de los Redonditos. La trayectoria de “Los Redó” –como lo apocoparon “las bandas”, la manera que encontraron de asesinar el espíritu de Patricio Rey – es singular por donde se la mire. Surgidos como una banda de niños ricos que no tenían tristeza pero sí deseos de experimentar, brote de la alta burguesía de La Plata, los Redonditos conjugaron en una misma propuesta contracultura, política, hippismo, vanguardia y ambición. Sobre todo el Indio, en los años 90 se reconfiguraron en héroes de la clase trabajadora. O, con más precisión, héroes de los expulsados del régimen menemista. Si se tiene en cuenta que el disco debut fue de 1985 (Gulp!), Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota fueron estupendos comentaristas de la democracia recuperada en 1983. No parece casual que se disolvieran centímetros antes del precipicio por donde se despeñaron De la Rúa, Cavallo y compañía. Pasaron del “¡a brillar mi amor!” de la primavera alfonsinista al “lujo es vulgaridad” de los años del menemato, para diluirse con la Alianza y la enfática desolación que supone la frase “¡No da más la murga de los renegados!”.
Patricio Rey fue un estupendo comentarista de la democracia: su debut fue en el 85, con Gulp! Se disuelve centímetros antes del precipicio por donde se despeñaron De la Rúa, Cavallo y compañía.
Los Redonditos tocaron el 4 de agosto en el 2001 en el estadio Chateau Carreras de Córdoba y anunciaron el show de fin de año en Unión de Santa Fe para el 8 de diciembre. Ese concierto nunca se realizó. La fecha programada provocó tensiones internas: la banda iba a tocar sobre un volcán en erupción. Con la sabiduría con que siempre manejaron las tensiones, el terceto encargado de tomar decisiones dijo “basta”. El 2 de noviembre de 2001, Poli Castro, Skay Beilinson y el Indio Solari lanzaron el comunicado oficial que decía que paraban. El impasse que se volvió definitivo.
El rock barrial tomó la colectora de los Redonditos. Cuando la banda de La Plata se disolvió, como diría T. S. Eliot, “en un rápido suspiro”, otros artistas ocuparon el espacio vacío. Algunos sobrevivieron y construyeron su propia épica; otros desaparecieron. Fue en aquellos tiempos en que el periodista Pablo Plotkin observó al rock como uno de los últimos espacios de aventura: “El acceso a la informática encerró a una parte de los jóvenes compositores argentinos a la soledad de su disco rígido. La banda de rock sigue siendo el lugar de la aventura, pero el individualismo electrónico se afianza como alternativa perfecta para aquellos que no están dispuestos a lidiar con problemas de convivencia y caprichos de baterista”, escribió.
Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado no son un premio consuelo: son parte del sistema de eslabones que supone una tradición.
Esa idea de aventura es la que proyecta el Indio Solari con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Los conciertos realizados el último fin de semana en La Plata –el regreso a la presencialidad, luego del fantástico show virtual de Epecuén – reafirmaron la vigencia de una épica. La aparición del Indio Solari como un holograma para cantar seis canciones le da un nuevo condimento heroico a la leyenda ricotera. Todo lo que ocurre alrededor del Solari es gesto, hazaña, epopeya. Las “bandas” no necesitaron la presencia del líder para llevar a cabo cada uno de los rituales: los cantitos, el pogo bestial con Ji ji ji, el desborde emotivo. Muchos recién habían nacido cuando los Redonditos se separaron. Sin embargo, el rescate de los Fundamentalistas es más que un premio consuelo: es el sistema de eslabones que supone una tradición.
Hoy los festivales esponsorizados post pandemia diseñan listas sábanas en las que se mezclan el rock con traperas y traperos para todos los gustos. Se trata de una escena abigarrada, que combina emergentes con consagrados que aspiran esquivar los quince minutos de fama warholianos: Ysy A, Duki, NeoPistea, Ca7riel, Nicki Nicole, Zaramay, Acru, Cazzu y, en otro nivel, Wos. Habrá que volver a escuchar qué dicen las canciones –en estos casos, largas parrafadas- para concluir que siempre el rock y derivados como el noble freestyle fueron y son uno de los más certeros testimonios líricos del doloroso péndulo político y social de la Argentina.
El Gobierno nacional anunció la preadjudicación de la nueva concesión de la Vía Navegable Troncal a Jan De Nul asociada a la firma argentina Servimagnus. La decisión surge del dictamen elaborado por la Comisión Evaluadora de la licitación internacional que impulsa la privatización del principal corredor fluvial del país.
Según el dictamen la unión Jan De Nul-Servimagnus obtuvo el mejor desempeño en las etapas de evaluación técnica y antecedentes, alcanzando 66,20 puntos, mientras que la oferta de DEME logró 42,14 puntos.
La diferencia se produjo en la valoración técnica, ya que ambas empresas presentaron exactamente las mismas tarifas económicas para las tres etapas de la concesión y consiguieron el puntaje máximo en ese apartado.
La empresa ganadora acreditó experiencia por más de 210 millones de metros cúbicos dragados en la Hidrovía y otros proyectos internacionales, además de antecedentes en balizamiento y mantenimiento de vías navegables similares.
En cambio, gran parte de los antecedentes presentados por DEME fueron descartados durante el proceso de evaluación por no ajustarse a los criterios establecidos en el pliego.
Desde el Ministerio de Economía destacaron que el proceso atravesó tres etapas de análisis, que no recibió impugnaciones de las empresas participantes y que las denuncias judiciales presentadas contra la licitación fueron rechazadas.
El Gobierno sostiene que la nueva concesión permitirá una reducción inmediata cercana al 15% en los costos logísticos y una modernización integral de la tecnología de navegación.
La preadjudicación abre ahora una instancia final de siete días corridos para la presentación de eventuales impugnaciones al dictamen. Cumplido ese plazo, la Agencia Nacional de Puertos y Navegación quedará en condiciones de avanzar con la adjudicación definitiva del contrato para la vía por la que circula alrededor del 80% del comercio exterior argentino.
En paralelo, las principales entidades usuarias del sistema, entre ellas la Bolsa de Comercio de Rosario, la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara-CEC), la Cámara de Puertos Privados Comerciales y la Unión Industrial Argentina, celebraron el avance y pidieron rapidez para la adjudicación definitiva.