Sociedad

  • Ahora Milei invita a Bullrich a la reunión de ministros y Karina arma un gabinete VIP para dejarla afuera

     

    Javier Milei no acató la orden de Karina Milei y la invitó a Patricia Bullrich a la reunión de gabinete para evitar una ruptura con final impredecible.

    LPO anticipó en exclusiva que Karina echó a Patricia de las reuniones de gabinete enojada por el ultimátum que le dio a Manuel Adorni para que presente la declaración jurada. El propio Milei le había gritado a Bullrich en la última reunión con los ministros, enojado por cómo dejó expuesto al jefe de gabinete, acorralado por los escándalos patrimoniales.

    Luego de la revelación de LPO, Bullrich retiró a Federico Angelini, su funcionario de mayor rango, de una estratégica subsecretaría del ministerio de Seguridad.

    Para evitar que siguiera escalando el conflicto, el gobierno se apresuró a filtrar este viernes que Bullrich finalmente estará en la reunión del gabinete posterior al Tedeum del 25 del mayo.

    Pero la jugada de Karina, que anticipó Infobae, ahora es crear reuniones de gabinete VIP de las que sólo puedan participar los integrantes del Poder Ejecutivo. El objetivo indisimulable es que Bullrich, que es senadora, se quede afuera.

    Bullrich seguirá participando de la mesa política, que no es lo mismo que el gabinete VIP, aclararon en el gobierno. De este modo, habrá tres modalidades de reunión de ahora en más. La reunión de gabinete ampliado, un concepto que evitan mencionar entre los libertarios porque les suena muy macrista; la reunión de gabinete VIP de Karina y la mesa política.

    Como sucede en la teoría de los conjuntos, iniciada por los matemáticos alemanes Richard Dedekind y Georg Cantor en la década de 1870, la membresía de un funcionario en una mesa no le impide participar de otra. La única que está en todas las intersecciones es Karina.

     

  • Un dirigente de la UATRE denunció ante la Corte a la hija de Highton por vínculos con Toviggino

     

    El dirigente de la UATRE Eduardo Davico presentó este jueves una denuncia ante la Corte Suprema contra Elena Nolasco Highton, secretaria letrada del máximo tribunal e hija de la ex jueza Elena Highton de Nolasco, por sus vínculos con Pablo Toviggino, tesorero de la AFA. La jugada se produjo luego que Santiago Caputo convenciera a Javier Milei de retirar los pliegos de Juan Galván Greenway y Alejandro Catania de la comisión de Acuerdos del Senado, que debía dictaminar ambas postulaciones para la Cámara de Apelaciones del Fuero Penal Económico, donde terminarían tramitando las causas contra Claudio «Chiqui» Tapia por presunta evasión.

    Davico envió su escrito después que le dejaran un sobre anónimo en la puerta de su casa con información precisa sobre un vuelo privado que habrían compartido Nolasco Highton y Toviggino junto a Jorge Giani, esposo de la funcionaria judicial y presidente de la empresa Surco Seguros, conocida por negocios relacionados con el mundo del fútbol pero también la esfera sindical. Con un texto de 12 carillas, el sindicalista de Necochea sembró la inquietud sobre la cobertura que la hija de Highton podría facilitarle a la AFA en el cuarto piso de Tribunales.

    De hecho, LPO informó que el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, asumió su cargo con el mandato de mitigar el apremio judicial de Tapia y Toviggino. Para eso, elevó no solo los pliegos que Milei decidió abortar sino también los de Rául Agustín Rubiero, Matilde Ballerini y Javier Cosentino, que falló en el juzgado Comercial N°8 a favor de la AFA en la causa de World Eleven. Los últimos tres siguen su camino en el Congreso.

    Santiago le recomendó a Milei que retire los pliegos de jueces que propuso Mahiques para cumplir con la AFA

    No es casualidad que Mahiques haya escalado desde la Procuración General de la Ciudad al gabinete presidencial, en un acuerdo entre Karina Milei y Daniel «Tano» Angelici. Pero el desembarco del ministro funcionó, además, como un lubricante en la relación de la Casa Rosada con el presidente de la Corte, Horacio Rosatti, enfrentado ahora a Ricardo Lorenzetti y Carlos Rosenkrantz. Por propiedad transitiva, la denuncia de Davico sugiere connivencia entre el gobierno, el Ministerio de Justicia, el máximo tribunal y la AFA.

    Nolasco, creen en la agrupación opositora de la UATRE, podría ser el dispositivo en las sombras para que en el Palacio Talcahuano terminen salvando a Tapia y Toviggino si las causas escalan desde los tribunales inferiores.

    Juan Bautista Mahiques.

    Según el documento de Davico, el trío de Nolasco, Giani y Toviggino viajó en un vuelo privado desde Miami al aeropuerto de San Fernando, en provincia de Buenos Aires, el 22 de julio de 2021, apenas 12 días después que el equipo de Lionel Messi levantara la Copa América en el Maracaná. Por entonces, regían en el país durísimas restricciones para la circulación por el rebrote del Covid19 y el segundo año de cuarentena, algo que torna más sospechoso el viaje de ida y vuelta en un día que compartieron los tres pasajeros entre Estados Unidos y Argentina.

    La aeronave que los transportó es una modelo Gulfstream G450, con matrícula LV-GTQ y número de serie 4147. Se trata de un avión de lujo, operado por la firma Alas del Fin del Mundo SRL, y habría sido utilizado para traslados oficiales, incluyendo viajes del ex presidente Alberto Fernández a Bolivia en 2020 y compromisos internacionales de la AFA.

    Nolasco, Giani y Toviggino viajó en un vuelo privado desde Miami al aeropuerto de San Fernando, en provincia de Buenos Aires, el 22 de julio de 2021, apenas 12 días después que el equipo de Lionel Messi levantara la Copa América en el Maracaná.

    Líder de la oposición a José Voytenco en la UATRE, Davico advierte en su denuncia sobre la proximidad entre Nolasco, Giani y Toviggino «mediante vuelos privados compartidos, relaciones personales reconocibles, coincidencias reiteradas y vínculos con actores insertos en estructuras sometidas a investigaciones públicas y judiciales». «No se afirma aquí que Nolasco haya intervenido indebidamente en expediente alguno ni que haya ejercido influencia concreta sobre decisiones jurisdiccionales pero tampoco puede ignorarse que el estándar institucional exigible a una funcionaria de la Corte Suprema obliga precisamente a evitar situaciones capaces de generar sospechas razonables acerca de posibles condicionamientos, accesos privilegiados o relaciones impropias», sostiene.

    El verdadero escudo defensivo de Chiqui Tapia y Toviggino es Giani, que mantiene negocios con la AFA y está casado con Nolasco, garante de la admisibilidad de una queja interpuesta por los dirigentes del fútbol ante la Corte Suprema en busca de impunidad.

    Fuentes al tanto de la situación indicaron a LPO que la sospecha es que «el verdadero escudo defensivo de Chiqui Tapia y Toviggino es Giani, que mantiene negocios con la AFA y está casado con Nolasco, garante de la admisibilidad de una queja interpuesta por los dirigentes del fútbol ante la Corte Suprema en busca de impunidad».

    En efecto, Giani sería socio de Julio Comparada, ex presidente del Club Atlético Independiente, en la aseguradora. Desde allí habrían cerrado una serie de contratos de seguro de los espectadores en estadios de fútbol y descuentos de aportes con sindicatos, sobre todo con aquellos ligados a Luis Barrionuevo.

    Por eso, la denuncia de Davico promueve la investigación para determinar si hay conflicto de interés a partir del vuelo privado, entre el tesorero de la AFA y el dueño de una empresa que tiene contratos con la misma entidad. «Legalmente, esto se vuelve relevante si hubo beneficios personales indebidos, en caso que el vuelo haya sido un ‘regalo’, y eso deriva en protección judicial hacia Toviggino», dijo un allegado al dirigente gremial.

    En el sindicato precisan que «lo que realmente importa jurídicamente, más que el vuelo en sí, es quién pagó el viaje, si hubo contraprestación, si se tomaron decisiones en la AFA que beneficiaron a Giani y si hubo intervención judicial donde exista conflicto».

     

  • Milei busca cerrar una visita del Papa a la Argentina en noviembre

     

    Pablo Quirno publicó un misterioso posteo en X que alimenta todo tipo de especulaciones. El canciller escribió: «Vine a reunirme con el Presidente para darle «la Buena Noticia» que hará feliz a todo el pueblo argentino. Solo resta definir la fecha… qué linda Primavera…! Dios bendiga a los argentinos, que las Fuerzas del Cielo nos acompañen y VLLC».

    Fuentes diplomáticas consultadas LPO surgieron que esta visita que sería durante el mes de septiembre podría ser la del Papa León XVI. «Traer al Papa en medio de la crisis es ideal», afirma este funcionario.»Está casi confirmado. Seguro será entre septiembre y noviembre», agregó. 

    El Gobierno atraviesa un momento de extrema tensión interna desatada por los escándalos de corrupción de Manuel Adorni que generó malestar con Patricia Bullrich, la guerra entre Santiago Caputo y sus milicias digitales con Martín Menem por el supuesto usuario falso llamado Periodista Rufus y los audios de «la concha mágica».

    A eso, se la suma una situación económica compleja con alta inflación que el gobierno busca maquillar con los últimos números de recuperación de la actividad económica. 

    Quirno nombró a un hombre de Santiago en la Secretaría de Culto

    Quirno también apuesta a ser el reemplazante de Manuel Adorni en la jefatura de Gabinete en caso de una saluda por las irregularidades en su patrimonio y eso fue lo que le dijo a su entorno.

    LPO reveló en exclusivo el mes pasado que Quirno volvió de la visita oficial al Estado de Israel en estado de éxtasis porque está convencido que tiene el apoyo de la eran del presidente para ser el próximo jefe de Gabinete. «Está agrandado, cree que tiene a Karina metida en el bolsillo», dijo a LPO una fuente libertaria.

    Traer al Papa en medio de la crisis es ideal. Está casi confirmado. Seguro será entre septiembre y noviembre

    El funcionario logró hacer equilibrio en la interna libertaria ya que es elogiado por el Presidente, es bien visto por Karina y no está bajo el fuego de Santiago Caputo. De hecho, mantuvo en la secretaría de Culto a uno de los suyos tras la salida de Nahuel Sotelo.

    La llegada del Papa León XIV puede correr el eje de la crisis pero al mismo tiempo es darle espacio a un líder fuerte que continuó el estilo de Francisco y tomó una notable distancia de dos aliados de Milei con son Donald Trump y Benjamín Netanhayu.

     

  • Chahla busca descomprimir la interna con Jaldo y echa a un funcionario de Cisneros

     

    La intendenta de San Miguel de Tucumán, Rossana Chahla, busca descomprimir la interna con Osvaldo Jaldo, en medio de variadas versiones sobre un distanciamiento. La jefa comunal lo visitó en la Casa de Gobierno y horas después echó a un funcionario ligado al diputado nacional Carlos Cisneros, enemigo del mandatario provincial.

    El clima en el peronismo de Tucumán está más que caldeado desde hace tiempo, pero esta semana subió la tensión entre Jaldo y Chahla. Primero, con unas declaraciones picantes del gobernador que parecieron un tiro por elevación a la estrategia comunicacional de «la intendenta tiktoker».

    «Todos aquellos que quieran llegar a un cargo institucional, no les va a alcanzar con el TikTok, no les va a alcanzar con las redes sociales. Hay que venir a poner la cara», dijo Jaldo en un acto. «TikTok a la China se van a ir a hacer», advirtió.

    El libertario Lisandro Catalán, que se mueve como el candidato a gobernador de Milei, recogió el guante y le respondió rápido. Pero algún sector del peronismo quedó la idea de que el dardo de Jaldo no tenía como destinatario al exministro. En el entorno de Chahla le restaron importancia a

    «las interpretaciones» ante la consulta de LPO. «No tenemos nada de qué preocuparnos», agregaron.

    En la semana también algunos jaldistas salieron a marcar la ausencia de Chahla en una cumbre del gobernador con todo aparato territorial del PJ. Cerca del intendenta responden que estaba de viaje y que la reunión fue con dirigentes del interior.

    En el medio de estos chispazos circularon rumores de una ruptura de cara a las elecciones del año que viene, donde Jaldo buscará la reelección. Algunos sectores del peronismo tucumano ubican a Chahla por un camino separado e incluso compitiendo por un cargo provincial. 

    No les va a alcanzar con el TikTok, no les va a alcanzar con las redes sociales. Hay que venir a poner la cara

    Una fuente tucumana que mira la disputa desde afuera dijo a LPO que de uno y otro lado hay dirigentes a los que les conviene una ruptura y por eso alimentan esas versiones. Y recuerda que el año pasado el peronismo tucumano parecía más dividido y terminó yendo unido a las elecciones, aunque la armonía duró casi nada.

    En el medio de ese ruido, Chahla se dirigió el jueves por la mañana a la Casa de Gobierno provincial y mantuvo una larga reunión con Jaldo. «Tenemos diálogo con el gobernador, nos hablamos a la noche, a la tarde o en algún momento de la semana. Todo está viento en popa», dijo la intendenta al salir.

    El ministro Monteros, Jaldo y Chahla

    La reunión fue la calma que antecedió al huracán. Horas después el subsecretario de Gobierno de la Municipalidad, Alejandro Sangenis, salió a fulminar al ministro del Interior, Darío Monteros, mano derecha de Jaldo. «Monteros ha hecho todo lo posible para ponerle palos en la rueda a la gestión de Chahla», disparó Sangenis, que también vinculó al ministro con una denuncia del alfarismo contra funcionarios de la intendenta.

    Chahla, que horas antes había posteado una foto con Jaldo y Monteros, evitó que la crisis escalara y este viernes a primera hora echó de su gabinete a Sangenis, algo que no había hecho con críticas anteriores del mismo funcionario.

    El trasfondo de todo esto es que Sangenis es un funcionario del riñón del diputado nacional Carlos Cisneros, que está peleado a muerte con Jaldo desde que le sacó el control de la Caja Popular de Ahorros (CPA), una entidad que maneja los fondos del juego provincial. El despido del funcionario fue leído como un gesto de la intendenta para correrse de la guerra entre Jaldo y Cisneros.

     

  • Con la oposición unida, la reelección de Llaryora entra en zona de peligro

     

    Una encuesta de Carlos Sicchar, uno de los consultores que suele trabajar para el oficialismo cordobés, encendió luces amarillas en El Panal: Martín Llaryora conserva un núcleo duro, pero una eventual unificación opositora pondría a la reelección del gobernador en un escenario de máxima tensión política.

    El trabajo, realizado entre el 16 y el 18 de mayo sobre 1.000 casos en toda la provincia, muestra un dato que inquieta al Gobierno: aunque Llaryora sigue siendo el dirigente con mayor intención de voto individual, la fragmentación opositora es hoy su principal aliada.

    En el escenario de «todos contra todos», el gobernador alcanza 31% de intención de voto, mientras que Luis Juez aparece con 14%, Rodrigo de Loredo con 9% y Gabriel Bornoroni con 4%. Más atrás quedan la izquierda y García Elorrio, ambos con 3%. Pero el dato central está en otro lado: el 13% todavía no sabe a quién votar y otro 9% asegura que votaría en blanco.

    En otras palabras, si Juez, De Loredo y La Libertad Avanza lograran confluir en un armado común, la suma opositora quedaría prácticamente en línea con el gobernador y abriría una pelea completamente distinta hacia 2027.

    Llaryora tiene piso, pero la gran duda es cuál es su techo. Sicchar lo plantea de manera explícita en las conclusiones preliminares del informe: «Martín Llaryora logra retener su núcleo duro, estableciendo un piso competitivo sólido».

    Ese dato explica buena parte de la estrategia política que viene desplegando el gobernador desde comienzos de año. Mientras el Gobierno de Milei profundiza el ajuste, Llaryora aceleró las recorridas por el interior provincial, reforzó el vínculo con intendentes y volvió a poner el eje en la gestión territorial.

    En El Panal, se baraja como principal hipótesis adelantar las elecciones provinciales para abril o mayo de 2027. Pese al poco tiempo, consideran que todavía hay tiempo para reconstruir una mayoría electoral más amplia. Pero admiten que el desafío ya no pasa solamente por conservar el aparato político que construyó el peronismo cordobés en más de dos décadas de poder. Ahora necesitan reconectar con sectores medios que comenzaron a tomar distancia.

    La encuesta ofrece una pista precisa sobre dónde está ese problema.

    El segmento de indecisos aparece concentrado principalmente en mujeres, menores de 30 años y hogares de ingresos medio-bajos. El 57% de los indecisos son mujeres y el 31% tiene entre 16 y 30 años. Además, la mayor parte pertenece a hogares que no logran superar cómodamente la línea de pobreza.

    Ese universo es justamente el que más sufrió el deterioro económico de los últimos meses.

    El informe también registra un cambio importante en el clima político general de Córdoba. Javier Milei, que había alcanzado niveles de aprobación cercanos al 61% a comienzos de año, cayó al 48%, mientras que la desaprobación subió al 46%.

    En cambio, Llaryora logró sostener su evaluación positiva pese a las crisis con docentes, jubilados y las altas tarifas de luz y agua. Según el estudio, el gobernador tiene 49% de aprobación y 42% de desaprobación, mejorando incluso cuatro puntos su imagen negativa respecto de la medición anterior.

    Ese diferencial es el principal activo político del cordobesismo: la percepción de gestión provincial todavía resiste mejor que la evaluación nacional.

    Pero el problema para el oficialismo es que la oposición, aun desordenada, empieza a detectar que existe una oportunidad real de disputar el poder.

    Luis Juez conserva volumen político después de haber quedado a apenas tres puntos de derrotar al PJ en 2023. Rodrigo de Loredo sigue siendo el radical con mejor instalación provincial y apuesta a un perfil menos confrontativo. Y Gabriel Bornoroni intenta capitalizar el peso electoral que todavía mantiene Milei en Córdoba y convertirse en el armador de una coalición libertaria-pro. La pelota está en esa cancha.

    La encuesta de Sicchar deja otro mensaje para Llaryora: el gobernador deberá seducir a ese electorado independiente, joven y golpeado económicamente que hoy mira la política con distancia y todavía no decidió su voto.

     

  • |

    Los argentinos de bien: poder, pureza moral y obediencia en la Argentina de Milei

     

    La irrupción de Javier Milei en la política argentina no puede explicarse únicamente como un fenómeno electoral ni como el simple ascenso de una nueva derecha. Hay algo más profundo ocurriendo en el modo en que el poder se legitima, organiza el lenguaje público y redefine quién merece reconocimiento dentro de la comunidad política. Allí es donde una lectura atravesada por las categorías de Michel Foucault adquiere una potencia singular: no para reducir el mileísmo a una fórmula académica, sino para comprender cómo un discurso de ruptura moral puede transformarse en una tecnología eficaz de gobierno.

    El núcleo de esa construcción no es económico. Tampoco estrictamente ideológico. Es moral.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    Milei no llegó al poder solamente prometiendo bajar la inflación o destruir regulaciones estatales. Llegó construyendo un antagonismo ético absoluto entre “la casta” y “los argentinos de bien”. Ese lenguaje, repetido hasta el agotamiento mediático, terminó produciendo algo mucho más relevante que un slogan: fabricó una identidad social.

    Porque “argentino de bien” no funciona como una descripción objetiva. No existe un criterio verificable que permita determinar quién pertenece realmente a esa categoría. Su eficacia reside precisamente en su ambigüedad. El concepto opera como una consagración moral difusa donde cada adherente puede reconocerse a sí mismo como parte de un grupo virtuoso amenazado por enemigos internos.

    Allí aparece uno de los mecanismos centrales del poder contemporáneo: la administración de legitimidades.

    La pureza como herramienta de poder

    Foucault entendía que las sociedades modernas no se organizan únicamente mediante leyes o coerción física. El poder necesita producir discursos verdaderos, clasificar sujetos y establecer qué formas de vida son consideradas normales, productivas o deseables. Gobernar implica también ordenar moralmente la sociedad.

    En la Argentina de Milei, esa lógica aparece de manera descarnada.

    El “argentino de bien” es presentado como alguien que trabaja, paga impuestos, soporta sacrificios y rechaza cualquier forma de mediación colectiva asociada al Estado. Del otro lado emerge una masa difusa de sospechosos: sindicalistas, militantes, empleados públicos, movimientos sociales, periodistas críticos, universidades, artistas subvencionados, organismos de derechos humanos o cualquiera que cuestione el nuevo orden moral libertario.

    No se trata simplemente de adversarios políticos. Se los construye discursivamente como sectores parasitarios, degenerados o moralmente inferiores.

    Ese desplazamiento es decisivo. Porque cuando la política abandona el terreno del conflicto democrático y pasa a estructurarse sobre categorías morales absolutas, el opositor deja de ser alguien con quien se disputa el poder para convertirse en alguien cuya existencia misma aparece como ilegítima.

    En otras palabras: ya no hay diferencias políticas; hay sujetos “sanos” enfrentados a elementos contaminantes.

    La obsesión mileísta con palabras como “parásitos”, “zurdos de mierda”, “empobrecedores” o “casta” no responde solamente a un estilo agresivo. Constituye una forma de clasificación social. Una maquinaria simbólica destinada a dividir la población entre quienes merecen reconocimiento y quienes pueden ser humillados públicamente sin costo moral.

    El outsider y la ficción de la excepción

    La fuerza inicial de Milei provino de una promesa de exterioridad. Su legitimidad surgía de aparecer por fuera del sistema político tradicional, incluso cuando rápidamente comenzó a tejer alianzas con actores históricos del poder económico, mediático y judicial argentino.

    Pero el outsider moderno no necesita estar realmente afuera del sistema. Le alcanza con conservar la narrativa de la excepción moral.

    Ahí reside una de las grandes paradojas del mileísmo contemporáneo. Incluso frente a denuncias, escándalos, negociaciones opacas o evidencias de privilegios dentro del propio gobierno, parte importante de su electorado sigue interpretando esos hechos como secundarios frente a una supuesta batalla histórica contra enemigos mayores.

    Ese fenómeno revela algo incómodo sobre el funcionamiento real de las democracias contemporáneas: los ciudadanos no adhieren solamente a programas racionales; adhieren a sistemas emocionales de interpretación del mundo.

    Cuando un gobierno logra construir una identidad moral fuerte, la evidencia objetiva pierde centralidad. Los hechos dejan de evaluarse en sí mismos y pasan a interpretarse según quién los denuncia y desde qué lugar político se enuncian. Por eso la corrupción puede relativizarse. No porque deje de existir, sino porque el discurso oficial logra reorganizar su significado. Si el líder continúa siendo percibido como quien combate a “los verdaderos corruptos”, entonces las contradicciones internas pueden absorberse dentro del relato épico de transformación nacional.

    La pregunta deja de ser “¿hubo corrupción?” y pasa a ser “¿quién está denunciando y con qué intención?”.

    La batalla cultural como disciplina

    Uno de los aspectos más sofisticados del fenómeno Milei es haber convertido la confrontación permanente en una forma estable de gobierno. La agresión constante no constituye una anomalía comunicacional ni una pérdida de control emocional. Funciona como una pedagogía política.

    Cada ataque presidencial contra periodistas, economistas, artistas o dirigentes opositores produce un efecto disciplinador sobre el resto de la esfera pública. El mensaje implícito es transparente: cualquiera que cuestione el relato oficial puede ser expuesto, ridiculizado o transformado en enemigo colectivo.

    Foucault estudió precisamente cómo el poder moderno ya no depende exclusivamente del castigo físico espectacular. El control más eficiente es aquel que induce autocensura, vigilancia mutua y adaptación preventiva. Las redes sociales radicalizaron ese mecanismo hasta niveles inéditos. El ecosistema digital mileísta opera muchas veces como una estructura de disciplinamiento distribuido donde miles de usuarios reproducen hostigamientos, campañas de señalamiento y persecuciones simbólicas contra figuras disidentes. El resultado es un clima político donde la violencia verbal deja de ser excepcional y pasa a constituir la atmósfera cotidiana del debate público.

    En ese contexto, la idea de “argentinos de bien” cumple una función central: ofrece legitimidad moral anticipada para la agresión. Si el adversario es presentado como corrupto, degenerado o enemigo de la nación, entonces la violencia discursiva aparece justificada como una forma de defensa social.

    El sacrificio como virtud

    Otro rasgo distintivo del mileísmo es la moralización del sufrimiento económico. En condiciones normales, una caída abrupta del salario, el consumo o el empleo debería erosionar rápidamente la legitimidad gubernamental. Sin embargo, Milei logró transformar el ajuste en una prueba ética.

    El sacrificio ya no aparece como consecuencia de una política económica concreta, sino como evidencia de madurez social. “Había que pasarla mal”. “No hay plata”. “Estamos pagando décadas de populismo”. El dolor se resignifica como purificación. Ese mecanismo conecta profundamente con la subjetividad neoliberal contemporánea: el individuo debe aceptar precariedad, pérdida de derechos y deterioro material como demostración de responsabilidad personal.

    El ciudadano deja entonces de percibirse como sujeto de derechos colectivos y comienza a entenderse como emprendedor moral de sí mismo. Aguantar se vuelve una virtud. Resistir el ajuste se convierte en signo de pertenencia identitaria.

    La política ya no promete bienestar inmediato. Promete redención futura a cambio de obediencia presente.

    La nueva legitimidad autoritaria

    Quizás el aspecto más inquietante de la experiencia argentina actual sea que gran parte de estas transformaciones ocurren dentro de procedimientos democráticos formales. No hace falta clausurar elecciones para producir dinámicas autoritarias. Basta con erosionar sistemáticamente la legitimidad de toda institución intermedia capaz de limitar el poder presidencial.

    La demonización del periodismo, el desprecio por el Congreso, el ataque permanente a las universidades, la ridiculización de organismos científicos y la construcción de enemigos internos constantes forman parte de una lógica más amplia: vaciar de autoridad simbólica cualquier espacio que pueda disputar la producción de verdad oficial.

    Allí aparece una intuición foucaultiana fundamental: el poder más eficaz no es necesariamente el que prohíbe, sino el que logra que una sociedad naturalice sus propias formas de sometimiento. Tal vez por eso el fenómeno Milei no pueda analizarse solamente como una anomalía argentina ni como una excentricidad mediática. Expresa una mutación más profunda de las democracias contemporáneas: la transición desde sistemas políticos organizados alrededor de consensos institucionales hacia regímenes de legitimidad emocional, identitaria y moral.

    En ese nuevo escenario, la verdad importa menos que la pertenencia. La coherencia menos que la fidelidad. Y la corrupción menos que la capacidad de seguir convenciendo a millones de personas de que, pese a todo, continúan formando parte de “los buenos”.