Sociedad

  • El día que apagaron la luz

     

    Si bien la expresión “calentamiento global” es hoy un significante en disputa —con billones de dólares en juego—, hay por lo menos dos alternativas en el horizonte. Si el capitalismo no logra organizarse para frenar la elevación de temperatura del planeta por emisión de gases de efecto invernadero, según las ciencias del clima, el planeta avanza derecho por un sendero: el de la catástrofe climática. Pero si la compleja estructura de gobernanza global y los intereses corporativos logran organizar la cruzada de la transición energética, las voces del establishment energético y financiero auguran que el premio será doble: no solo se podrá salvar al planeta neutralizando el cambio climático, sino que además el capitalismo logrará recuperarse de su agonía post-crisis de 2008 para ingresar en un nuevo ciclo de prosperidad global.

    ¿Qué cosa es la transición energética para suponer que pueda producir este milagro? Es el proceso de reemplazo de toda la infraestructura energética y de transporte del planeta basada en hidrocarburos por una nueva basada en energías renovables y limpias. Entre las energías limpias está la energía nuclear. Y dentro de la energía nuclear hay una tecnología incipiente que promete ser una clave para la transición energética: los llamados “pequeños reactores modulares” (SMR, por sus siglas en inglés), esto es, reactores nucleares de baja potencia para producir electricidad. 

    Aún no existe el mercado para esta tecnología, está en conformación. Argentina, que tiene una tradición nuclear robusta, persistiendo en un camino sinuoso de varias décadas, logra estar hoy entre los cuatro o cinco países que lideran con el desarrollo de un prototipo propio: el reactor CAREM-25. Mientras que el paradigma de transición dominante supone que nuestro país debe proveer recursos naturales y comprar la tecnología “llave en mano” y con crédito (esto es, con deuda), el CAREM muestra cómo la transición puede ser una oportunidad para la acumulación de capacidades tecnológicas e industriales con crecientes grados de autonomía. Y, al final del camino, exportación de alto valor agregado.

    A comienzos de 2024, la Nuclear Energy Agency realizó una evaluación de los pequeños reactores modulares en desarrollo. Se enfocaron en seis dimensiones: financiamiento, licenciamiento, emplazamiento, elementos combustibles, cadenas de suministros y compromisos para futuros desarrollos. De 56 proyectos, el CAREM figura entre los cuatro primeros.

    Sin embargo, el Gobierno de La Libertad Avanza designó en mayo a las nuevas autoridades en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) que decidieron someter al proyecto CAREM-25 (Central Argentina de Elementos Modulares) a un proceso de revisión integral. El 6 de junio de 2024, a través de la Resolución 262, el nuevo presidente de la CNEA, Germán Guido Lavalle, formalizó el “Comité de revisión de pares”. En esa lista de miembros figuraba el doctor en Ingeniería mecánica José Converti, quien, un mes más tarde, escribió en el diario Los Andes un artículo donde argumenta que el proyecto CAREM es un fracaso. Tratándose de un proyecto con futuro comercial, estas declaraciones son un acto de boicot explícito. Desde entonces, solo silencio acerca de estas declaraciones de uno de los proyectos tecnológicos emblemáticos para la Argentina. Por eso es necesario poner una gran lupa sobre los antecedentes del proyecto CAREM y su presente.

    La energía nuclear en la transición energética

    El cambio climático, la transición energética y el desarrollo de energías renovables y limpias son temas sensibles a escala global. A contramano de las políticas del Gobierno, su Ley de Bases y el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), la Argentina puede construir una ventana de oportunidad con el CAREM, en construcción desde 2014 en la localidad de Lima, provincia de Buenos Aires. Pero la CNEA es parte de un Estado que Javier Milei afirma estar destruyendo desde adentro. Pese a las afirmaciones de Lavalle, las inversiones que requiere el CAREM están siendo recortadas.

    Para dimensionar el sentido de la transición energética, el Financial Times explicó, a mediados de 2023, que “la magnitud de la infraestructura física que debe renovarse, demolerse o reemplazarse está más allá de la comprensión”. Y alertaba que debían ser los gobiernos, “y no BlackRock”, quienes lideren este nuevo Plan Marshall global que debe neutralizar el cambio climático.

    Luego del cataclismo financiero de 2008, el calentamiento global y la transición energética se convirtieron en la oportunidad de rejuvenecimiento para un capitalismo financiarizado y exhausto. La urgencia que plantea una potencial catástrofe climática fue asimilada y resignificada como urgencia financiera. Así, la transición energética hoy no solo aparece como el único camino para neutralizar el calentamiento global sino que, además, se la presenta como una oportunidad para grandes negocios.

    El accidente nuclear de Fukushima, en marzo de 2011, desplazó a la energía nuclear del incipiente despegue de la “revolución industrial verde” y del “Global Green New Deal”, promovido, por lo menos en la retórica, por los organismos de gobernanza global. Ahora bien, el lobby nuclear es potente y disciplinado. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la industria del sector lograron impulsar un proceso de rehabilitación de la energía nuclear y así volverla a subir al escenario de la transición energética. Colaboraron con este proceso las limitaciones que enfrenta el desarrollo de las tecnologías renovables disponibles para la transición. Las dos principales, la solar y la eólica, presentan problemas: tienen vida operacional relativamente limitada y son intermitentes (es decir, dependen del sol y del viento). Lo que falta para superar esta limitación son tecnologías de almacenamiento, que aún están en desarrollo. Finalmente, los marcos regulatorios, consolidados a lo largo del siglo veinte a medida de los hidrocarburos, obstaculizan su avance[1]. La energía nuclear, vigente desde los años setenta, en cambio, es energía de base: no depende de factores climáticos ni de la hora del día. Además, es una energía limpia: junto con la eólica, es la que menos gases de efecto invernadero emite. El aporte nuclear se vuelve necesario para cumplir las metas de descarbonización comprometidas en el Acuerdo de París en 2015.

    Desde hace más de dos décadas funcionan en el mundo alrededor de 420 centrales nucleares que producen el 10% de la electricidad del planeta. Y hay alrededor de 50 en construcción, la gran mayoría en el este asiático. Las industrias estatales de Rusia, China y, detrás, Corea del Sur —con mayoría estatal en la principal empresa nuclear— lideran la provisión de las grandes centrales de potencia a escala global.

    En la actual versión financiera y extractiva de la transición energética, se supone que Argentina proveerá recursos naturales a bajo costo para las cadenas de suministros de las grandes corporaciones a cambio de crédito para ser consumidores de tecnologías renovables y limpias extranjeras y “llave en mano”.

    En especial para los países en desarrollo, las grandes centrales nucleares de potencia —entre 1200-1600 MW (megavatios de electricidad)— presentan hoy algunos problemas, como la enorme inversión de capital inicial y el costo que surge de las exigencias para los sistemas de seguridad post-Fukushima. Como respuesta aparecieron, en el horizonte cercano, los SMR, que pueden producir entre 20 y 300 MW para electricidad y calor. La ventaja crucial de estos reactores, especialmente para los países en desarrollo, es que los costos de la inversión inicial son mucho más bajos. Por un lado, porque su diseño permite instalar un primer módulo que produzca electricidad mientras se avanza, al mismo tiempo, con un segundo módulo, y así con los siguientes. Por otro lado, porque sus componentes se pueden producir en serie, bajando los costos de fabricación. El foco de esta familia de reactores puesto en bajas potencias también hace posible mejoras importantes en la seguridad, en la flexibilidad operativa y en la gestión del combustible gastado.

    Martínez de Hoz vs. Castro Madero

    Sin excluir a la CNEA de las políticas de terrorismo de Estado, durante la última dictadura cívico-militar genocida se impulsó el sector nuclear con inversiones masivas inéditas. Si bien la política económica de Martínez de Hoz no tuvo problemas en arrasar por completo sectores de la ciencia, la tecnología y la industria, el alumno de Milton Friedman no pudo meter la cuchara en la política nuclear, blindada por un grupo remanente de militares industrialistas.

    Durante los años de terror institucionalizado, la CNEA fue conducida por el vicealmirante Carlos Castro Madero, un marino egresado del Instituto Balseiro. Con una preocupación parcial y selectiva que no pudo evitar que el personal de CNEA padeciera persecuciones, desapariciones, cesantías y legajos paralelos, Castro Madero le imprimió un impulso vertiginoso a los proyectos nucleares más ambiciosos. Entre 1976 y 1983 se materializó la autonomía en el ciclo de combustible nuclear, pero también, según la caracterización de la socióloga Ana Castellani, se transformó al sector en uno de los “ámbitos privilegiados de acumulación de la patria contratista”.

    La devaluación de salarios, la dolarización de las tarifas de energía y la ausencia de regulaciones transforman a la Argentina en un país con mano de obra calificada y barata, apta para convertirse en un país ensamblador y apetecible para los negocios financieros.

    Durante la guerra de Malvinas, luego del hundimiento del ARA General Belgrano, Castro Madero denunció ante el OIEA el uso de submarinos nucleares británicos. La respuesta del organismo fue que la propulsión naval nuclear —tecnología que presenta numerosas ventajas operativas como la velocidad y la autonomía de navegación (de varios meses) respecto a los submarinos convencionales— no estaba prohibida por los tratados de no proliferación de armas nucleares. La Argentina contestó que se reservaría, entonces, el derecho a trabajar en propulsión nuclear con aplicaciones navales. Es decir, el derecho a desarrollar submarinos nucleares.

    Por esos días, medios de comunicación británicos y estadounidenses difundieron que el gobierno de facto argentino ocultaba proyectos de armas nucleares. Se trató de una poco novedosa operación de propaganda para distorsionar los objetivos de la política nuclear argentina, una campaña que se había iniciado a fines de los sesenta y se intensificaba entonces. La guerra de Malvinas fue una oportunidad materializada en titulares de los principales diarios: “Falkland, la ‘bomba latina’ y la proliferación nuclear” (Wall Street Journal), “Buenos Aires podría tener la bomba pronto” (Washington Post), “La derrota de Falklands podría acelerar la bomba A argentina” (The Christian Science Monitor).

    En simultáneo, la BBC de Londres difundía un documental que denunciaba un plan de los militares argentinos para desarrollar armas nucleares en complicidad con Alemania Federal. Los contratos de Atucha I y II con el grupo Siemens habrían tenido su origen, según el documental, en los “científicos atómicos nazis” refugiados en la Argentina al final de la Segunda Guerra Mundial. Un capítulo más en el imaginario demonizador del peronismo, según la tenaz versión de la paranoia colonial anglosajona.

    A pesar de las operaciones, nunca se impulsaron, desde Argentina, proyectos de artefactos explosivos nucleares. Sí se propuso el desarrollo de un submarino nuclear, tecnología que, como afirmaba el OIEA, estaba encuadrada en los usos pacíficos de la energía nuclear. De esta trayectoria emerge el proyecto CAREM.

    La larga marcha del CAREM

    En 1969, Argentina inició negociaciones con el astillero alemán Howaldtswerke-Deutsche Werft AG, en Kiel, para la construcción de dos submarinos Tipo 209-1200[2]. En 1973, la Armada firma un convenio con la CNEA para avanzar en un estudio sobre propulsión naval nuclear. Durante la fugaz tercera presidencia de Perón, se inició el ensamble de los dos primeros submarinos en el astillero Tandanor, mientras, a la vez, a través de otra evaluación avalada por una serie de decretos del Poder Ejecutivo[3], se contrató al astillero alemán Thyssen Nordseewerke GmbH para completar el ensamblado de otros seis submarinos de la serie TR-1700. De esta segunda serie, solo se completaron, en el astillero Domecq García, los dos submarinos construidos en Alemania: el ARA San Juan y el ARA Santa Cruz[4].

    A fines de 1982 Castro Madero encargó al área de reactores de la CNEA la nuclearización de ambos submarinos. Al frente de esa tarea estuvo el físico Juan José Gilgerbino, que incluyó en la iniciativa a la empresa INVAP, Sociedad del Estado de Río Negro, que se había creado en octubre de 1976 y estaba a punto de lograr el desarrollo, en secreto, de la tecnología de enriquecimiento de uranio por difusión gaseosa, en Pilcaniyeu, cerca de Bariloche. Argentina anunció el 18 de noviembre de 1983 que era el octavo país en dominar esta tecnología. A través de la firma de un estudio preliminar, expuesto en 1983 ante un grupo de almirantes, se formalizaron los vínculos de CNEA e INVAP con la Armada para avanzar en la propulsión nuclear de los submarinos argentinos.

    Raúl Alfonsín heredó un plan nuclear sobredimensionado para la capacidad presupuestaria y financiera de un país con una enorme deuda externa. Por esos días, el liderazgo del proyecto pasó de CNEA a INVAP. En febrero de 1985, el físico Mario Mariscotti, entonces director del Departamento de Investigación y Desarrollo de CNEA, explicaba que si bien INVAP soportaba una situación económica crítica, el grupo de Pilcaniyeu estaba realizando estudios para la producción de un pequeño reactor. El proyecto de submarino nuclear había sido reformulado al de un reactor de baja potencia para ser empleado en poblaciones de no más de 30 mil habitantes y había sido presentado en marzo de 1984 en Lima, Perú, durante una conferencia del OIEA sobre reactores pequeños y medianos. La crisis presupuestaria del sector, sin embargo, mantenía paralizado al proyecto. 

    La transición energética debería ser concebida como sendero de desarrollo de capacidades industriales y tecnológicas con autonomía incremental. Excelente radiación solar en la zona cordillerana, los mejores vientos del planeta en la Patagonia, la tercera reserva mundial de litio, el yacimiento de Vaca Muerta y potencial marítimo.

    A fines de abril de 1985, CNEA e INVAP gestionaron una patente: “Reactor Nuclear Modular para Plantas de Generación Eléctrica”. Una mención temprana al CAREM-15 (así llamado por la producción de 15 MW) aparecía en el documento[5]. Cuando Roque Carranza asumió como ministro de Defensa, a mediados de 1985, el proyecto de pequeño reactor volvió a recibir apoyo. Pero su fallecimiento en febrero de 1986 lo dejó huérfano por varios años más. Hacia fines de abril, el accidente de Chernobyl arrojó una sombra sobre la energía nuclear, aunque no llegó a detener los trabajos de diseño del proyecto. El problema principal era, desde hacía varios años, presupuestario. Se especulaba con que, de haber financiamiento, el primer ejemplar del CAREM-15 estaría funcionando a comienzos de los años noventa.

    El liderazgo del proyecto volvió a CNEA. En 1989 se intentó una sociedad con Turquía, el primer país en demostrar interés por el proyecto CAREM. Se llegó a constituir una empresa binacional con un consorcio privado turco que, luego de muchas idas y vueltas en los años siguientes, no prosperó. En el mismo año se habló de la conformación de una empresa entre CNEA y la provincia de San Luis, interesada en el CAREM, que no llegó a concretarse.

    En el folklore oral del sector nuclear hay algunas diferencias de interpretación sobre todos estos avances y tropiezos. INVAP recriminaba a la CNEA que se atribuyera la propiedad del proyecto y que obstaculizara la búsqueda de socios privados, imprescindibles para acceder a las inversiones necesarias. En todo caso, las relaciones históricas, conflictivas, densas y enormemente prolíficas entre CNEA e INVAP —el primer desprendimiento empresarial de CNEA—, son la manifestación del dinamismo del sector nuclear y de la ausencia crónica, con excepción del período 2006-2015, de una política nuclear estable con metas de mediano y largo plazo. 

    En 1992, el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) publicó un libro titulado Argentina y el submarino de propulsión nuclear. Allí Castro Madero sostenía que un pequeño reactor de propulsión nuclear podía ser una base para el desarrollo, porque eran demandados por un “mundo que no puede asimilar fácilmente las grandes unidades de generación nucleoeléctrica”. Creía que avanzar en un prototipo para submarinos le abriría a la Argentina la posibilidad de ser los primeros en ofrecer un SMR y así iniciar el diseño de un reactor de entre 10 y 25 MW. Una visión pionera a nivel global.

    En la misma publicación, el diplomático Julio Carasales sostenía que si bien resultaba claro que la decisión de producir submarinos nucleares introduciría un factor desestabilizador en la región que obligaría a Chile y a Brasil a dar un paso similar, y que los efectos de la controversia alrededor de las Islas Malvinas lógicamente impulsarían al Reino Unido a desarrollar una campaña para prevenirlo, no había, en concreto, ninguna prohibición legal[6].

    Lo ideal no debería ser “vender” viento, radiación, mareas o carbonato de litio, sino agregar valor, es decir, desarrollar la tecnología y el conocimiento para que la industria nacional aporte equipos, maquinarias, aerogeneradores, turbinas para energía undimotriz, componentes de paneles fotovoltaicos, etc.

    Durante los noventa, dos miembros de INVAP acompañaron a Menem en una gira por el este asiático: hicieron presentaciones y se dictaron seminarios en Vietnam, Malasia y Tailandia. También se presentó el proyecto de pequeño reactor en Indonesia y Egipto. Se describía al CAREM como un reactor modular con características interesantes para países que, sin experiencia nuclear previa, desearan ingresar en el campo de la generación nuclear de energía eléctrica[7].

    En un manuscrito inédito sobre la historia de INVAP, el tecnólogo Tomás Buch cuenta que mientras se trataba de exportar la concepción del CAREM, la CNEA había logrado destinar fondos a través de contratos para avanzar en distintos aspectos del reactor. Las primeras pruebas del CAREM se iniciaron a fines de 1993 en una instalación ubicada en Pilcaniyeu, designada como Laboratorio de Ensayos Termohidráulicos (LET). Para ese entonces, también se había completado la ingeniería básica y el análisis preliminar de seguridad. “Este documento fue el primero en su especie hecho en el país, con la profundidad y el detalle necesarios para una central de potencia”, escribe Buch.

    El premio mayor que buscaba el sector nuclear argentino desde la compra a Alemania de la central Atucha I, a fines de los años sesenta, era el desarrollo de la central de potencia argentina. Siguiendo este plan, Atucha I incorporó más del 30% de industria nacional; la central de Embalse, alrededor del 45%; y Atucha II, que debía finalizar a comienzos de los noventa, cerca del 70%. A comienzos del nuevo milenio, Argentina debía producir sus propias centrales de potencia. Sin embargo, la crisis de deuda y el alineamiento incondicional del menemismo con Estados Unidos paralizaron Atucha II, finalmente inaugurada a fines de 2014 por Cristina Fernández de Kirchner.

    En síntesis, durante los años noventa al sector nuclear se le escapó de las manos el principal objetivo de cuarenta años de desarrollo incremental. Es en este punto que el CAREM aparece como la alternativa viable. Por eso el énfasis de Buch en un informe que demuestra que, a pesar de los palos en la rueda, se podía avanzar en una central de potencia nacional.

    En septiembre de 1997 se sancionó la Ley de financiamiento para el proyecto CAREM, que autorizaba a la CNEA a realizar operaciones de crédito público con plazo no inferior a siete años por un monto de 132 millones de pesos. El objetivo del proyecto era alcanzar el desarrollo y la construcción del prototipo de un reactor innovador de baja potencia para producir energía eléctrica. Entre 1997 y 1999, en instalaciones de Pilcaniyeu, se hicieron ensayos con los elementos combustibles del pequeño reactor, fabricados en el Centro Atómico Constituyentes de la CNEA, en la provincia de Buenos Aires.

    Finalmente, cuenta Buch, mientras INVAP reclamaba a la CNEA mayor libertad para buscar otras fuentes de financiamiento y lograba despertar el interés de la empresa Pescarmona, que sugería un modelo de mayor potencia, el resultado favorable del estudio de factibilidad realizado por la CNEA se dio a conocer recién a fines de 2000, cuando la situación económica del país era muy negativa.

    A fines de los años noventa, a pesar de un gobierno adverso al sector, CNEA e INVAP insistieron en difundir que el CAREM abría “un nuevo mercado para la generación nucleoeléctrica: el de las centrales nucleares de pequeña potencia” (CARI, 1999: 46). La crisis terminal de 2001 congeló el avance del proyecto.

    Relanzamiento y obras

    En agosto de 2006, cuando Néstor Kirchner relanzó el desarrollo nuclear devastado durante los años noventa, el prototipo del reactor CAREM figuraba entre las metas prioritarias. En noviembre de 2009 se sancionó la Ley 26.566, que declaraba al CAREM de interés nacional y delegaba en la CNEA el diseño, ejecución y puesta en marcha del prototipo. En febrero de 2014 comenzó la obra civil (el primer hormigonado) en el Complejo Tecnológico Atucha, en Lima, y se estimó la finalización del prototipo para 2028. Se espera que esta primera versión pueda generar 32 MW, mientras que el módulo comercial tendría una potencia de entre 100 y 120 MW. Además, se proyectó que alrededor del 70% de sus insumos, componentes y servicios vinculados fueran provistos por empresas argentinas certificadas bajo estándares internacionales.

    El gobierno de Macri perdió —o eligió perder— el foco del proyecto y durante el gobierno de Alberto Fernández, si bien no se definió una política nuclear, se retomaron las inversiones para los principales proyectos nucleares, incluido el CAREM-25. A comienzos de 2024, la NEA (Nuclear Energy Agency), agencia de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), realizó una evaluación de los pequeños reactores modulares en desarrollo a lo largo y ancho del planeta. El análisis se enfocó en seis dimensiones: financiamiento, licenciamiento, emplazamiento, elementos combustibles, cadenas de suministros y compromisos para futuros desarrollos. De 56 proyectos, el CAREM figura entre los cuatro primeros[8].

    Epílogo anarcocapitalista

    Argentina tiene un poco de industria y otro poco de capacidades tecnológicas. En conjunto, algo insuficiente para iniciar un proceso sostenible de desarrollo social y económico. En el paradigma dominante de la transición energética corporativa y financiera, el país puede aceptar el lugar que se le asigna en el orden neoliberal y enfocarse en la exportación de recursos naturales y en la compra de tecnología importada, con endeudamiento y fuga. En esta dirección se orientan la Ley Bases y, especialmente, el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI).

    Esta versión financiera y extractiva de la transición energética supone que Argentina proveerá recursos naturales a bajo costo para las cadenas de suministros de las grandes corporaciones con base en las economías centrales a cambio de crédito y deuda para ser consumidores de tecnologías renovables y limpias extranjeras “llave en mano”. La devaluación de salarios, la dolarización de las tarifas de energía y la ausencia de regulaciones transforman a la Argentina en un país con mano de obra calificada y barata, apta para convertirse en un país ensamblador y apetecible para los negocios financieros. Así ocurrió durante el gobierno de Macri; así vuelve a ocurrir hoy en esta versión recargada.

    El CAREM-25 no es un fracaso, es un Aconcagua de las capacidades tecnológicas nacionales. Lo único que falta es decisión política.

    La transición energética, por el contrario, debe ser concebida como sendero de desarrollo de capacidades industriales y tecnológicas con autonomía incremental. Excelente radiación solar en la zona cordillerana para la producción de energía fotovoltaica, los mejores vientos del planeta en la Patagonia para la energía eólica, la tercera reserva mundial de litio, el yacimiento de Vaca Muerta para la producción de gas —que además de abastecer industria y hogares puede usarse para producción de hidrógeno azul— y potencial marítimo para el desarrollo de energía undimotriz.

    Pero la idea no debería ser “vender” viento, radiación, mareas o carbonato de litio, sino agregar valor, es decir, desarrollar la tecnología y el conocimiento para que la industria nacional aporte equipos, maquinarias, aerogeneradores, turbinas para energía undimotriz, componentes de paneles fotovoltaicos, etc. La transición energética debe ser concebida como un sendero de desarrollo de capacidades industriales y tecnológicas autónomas incrementales.

    En este esquema, los procesos de aprendizaje y acumulación de capacidades organizacionales y tecnológicas con crecientes grados de autonomía que se codifican en la trayectoria del CAREM-25 y su proyección al CAREM comercial, junto con el papel del Estado y las empresas —públicas, privadas y mixtas— representan un caso testigo del sendero virtuoso de transición energética por el que puede optar la Argentina.

    Esta película no la vamos a ver durante el gobierno libertario, que no solo está devastando las capacidades científicas y tecnológicas a escala nacional, sino que ya está ralentizando la construcción del CAREM-25 y, además, permite que referentes nombrados por el actual presidente de CNEA comprometan el futuro del CAREM comercial con afirmaciones irresponsables que pueden calificarse de boicot. En una gestión seria esta persona sería expulsada.El CAREM-25 no es un fracaso, es un Aconcagua de las capacidades tecnológicas nacionales. Lo único que falta es decisión política.


    REFERENCIAS

    Buenos Aires Herald. 1985. “Nuke research awaiting funds”, 15 de febrero, p. 7.

    Carasales, J. 1992. “Argentina y el submarino de propulsión nuclear: posibilidades y políticas en el mundo actual”, pp. 13-44. En: Argentina y el submarino de propulsión nuclear – Posibilidades y dificultades. Buenos Aires: Servicio de Hidrografía Naval.

    CARI. 1999. La Argentina exportadora de tecnología nuclear. Buenos Aires: Consejo Argentino de Relaciones Internacionales.

    Christophers. B. 2024. The Price is Wrong. Why Capitalism Won’t Save the Planet. Londres: Verso.

    CNEA. 1970. Memoria Anual 1970. Buenos Aires: CNEA.

    Hymans, J. 2006. The Psychology of Nuclear Proliferation. Cambridge: Cambridge University Press.

    La Nación. 1969. “Piezas para submarinos argentinos”, 28 de marzo, p. 3.

    NEA. 2024. The NEA Small Modular Reactor. Boulogne-Billancourt: OCDE-Nuclear Energy Agency, No. 7671.

    Tiempo Argentino. 1985. “Crisis presupuestaria en los planes nucleares”, 6 de febrero, p. 9.

    NOTAS

    [1] Para aproximarse a la complejidad de este último tema, puede verse: Christophers (2024).

    [2] La Nación (1969).

    [3] Decreto 768 de 1973, decreto 956 de 1974 y decreto 336 de 1978.

    [4] CNEA (1970: 23-24); Hymans (2006: 156-158).

    [5] El documento también mencionaba la participación de la empresa COMETARSA (Construcciones Metálicas Argentinas), del grupo TECHINT, para integrar un consorcio que finalmente no prosperó. Además de la producción de electricidad, se hablaba de utilizar el calor remanente para la desalinización de agua.

    [6] Carasales (1992: 17, 38). El Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, abierto a la firma en 1968, no decía nada sobre submarinos nucleares.

    [7] CARI (1999: 45).

    [8] NEA (2024).


    Fotos: Presidencia

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  • El nuevo vocero dijo que Santiago Caputo convenció a Milei de ser candidato a presidente

     

    El nuevo vocero del gobierno, Adrián Ravier, se metió en el terreno espinoso de la interna entre Karina Milei y Santiago Caputo y sugirió que Javier Milei fue candidato a presidente gracias al asesor.

    Ravier dijo que le cuesta «hablar de interna», pero elogió a Caputo en base a diálogos con el propio presidente donde ubican al asesor como el cerebro de todas las iniciativas y a Karina como quien maneja la política. 

    «Cuando yo le pregunto por Santiago Caputo en alguna oportunidad, él me dijo que en en el momento en que se estaba preguntando si competir por la Ciudad de Buenos Aires o por la Presidencia, fue Santiago Caputo junto a Milei los que decidieron que era más fácil ganar la Nación que ganar la Ciudad», comentó Ravier en una entrevista con Luis Majul.

    «Esto es importante para ver, digamos, esa recomendación de Santiago Caputo», eligió destacar Ravier, casi adjudicándole al asesor la presidencia de Milei.

    «Segundo dato de Santiago Caputo. Cuando todos los asesores le decían al presidente ‘modérese, abandone esa esencia de patear el tablero que usted tiene’, fue Santiago Caputo el que le dijo ‘no pierdas tu esencia’. Y hoy es el asesor todavía y creo que con mucho éxito, ¿no? La figura de Santiago Caputo como amigo y asesor es clave», destacó Ravier.

    Luego, Ravier dijo que «tener a Karina en la parte política le permite a Milei descansar de algo complejo», pero enseguida aclaró que «por supuesto las decisiones las toma el Presidente». El nuevo vocero resaltó el trabajo de la secretaria en el armado territorial de La Libertad Avanza. 

    Ravier viene de la Fundación Faro que controla Caputo y su designación fue tomada como un triunfo propio de Las Fuerzas del Cielo. El asesor estuvo el martes en la primera conferencia de prensa del vocero y fue quien ideó la nueva escenografía, idéntica a la de la Casa Blanca. 

    El nuevo vocero mantiene la línea Adorni: «Los que no puedan pagar el gas se van a tener que abrigar» 

    Además, Caputo tuvo que utilizar a la Oficina de Respuesta para salir a aclarar el primer traspié de Ravier, que siguiendo la línea Adorni se burló de la gente que no puede pagar las tarifas: «Los que no puedan pagar el gas se van a tener que abrigar».

    En la entrevista con Majul, Ravier también hizo agua al intentar defender a su antecesor. «Adorni mintió y se contradijo», lo apuró el periodista. «¿Usted cree, Luis, que mintió?», le respondió con sonrisa sobradora. «Sí, sí, a mi me mintió en la cara. Me dijo que tenía los papeles, que los iba a presentar rápidamente y ni tenía los papeles ni los presentó rápidamente», lo cruzó el conductor. El nuevo vocero se quedó sin palabras y respondió que «la imagen política de Adorni cayó, la opinión pública no le creyó».

     

  • Llaryora festeja la llegada de Santilli y negocian eliminar las PASO

     

    Natalia de la Sota ya no disimula su malestar con Martín Llaryora. La posibilidad de confrontarlo abiertamente empieza a tomar forma, movilizada por el acuerdo cada vez más evidente entre el gobernador cordobés y la Casa Rosada. Más ahora que el jefe de Gabinete es Diego Santilli, con una larga amistad desde hace más de un cuarto de siglo, cuando los dos se formaban en el «orteguismo», el efímero plan de Ramón Ortega para ser presidente.   

    En el Frente Renovador también empieza a instalarse una idea similar a la que leuda en el campamento delasotista: marcarle la cancha a Llaryora, sobre todo para dejarlo expuesto cuando el gobernador mediterráneo «sea útil» con la intención del Gobierno nacional de suspender/eliminar las Paso. Una jugada de Llaryora en contra del peronismo nacional sería el punto de no retorno. 

    En este sentido, Tania Kishakevich, la jefa del Frente Renovador en Córdoba, señaló: «El gobernador debe decidir si quiere priorizar los intereses de Córdoba por encima de cualquier alineamiento automático con la Nación y de cualquier especulación electoral». En el delasotismo, el análisis es similar: «Llaryora es el que se alejó del peronismo». 

    Una encuesta de Carlos Sichhar durante el mes de junio, de 1070 casos, encargada por el propio Gobierno, dice que Llaryora no logró acumular más allá de su núcleo duro: 34,5%, es decir 8% menos que en junio de 2023. Los números demuestran que una ruptura del peronismo podría complicar al gobernador. 

    Llaryora confía en que la oposición no logrará ponerse de acuerdo el año que viene. Algo similar sospecha Luis Juez. Aunque el jefe del Frente Cívico sostiene su acuerdo con La Libertad Avanza, también recuerda que el PRO de Mauricio Macri nunca quiso destronar al peronismo cordobés. La pertenencia de Santilli al PRO y la amistad con Llaryora potencian la hipótesis de una oposición nuevamente fragmentada en 2027

    «Presiento que la oposición va a ir dividida en tres; y en ese punto, a los tres les va a convenir que la única reelección posible la gane Lleryora», dice un ministro, ya en plena guerra psicológica a dos bandas: con la oposición y con el polo De la Sota-Massa. Siembra que en ese escenario hipotético, el sello del PJ que tendrá Llaryora será suficiente para retener el núcleo duro y, con él, lograr la reelección.   

    La llegada de Santilli al poder le da a Llaryora otra expectativa respecto de la llegada de fondos nacionales y de la autorización para la toma de préstamos, dos puntales para remontar una gestión que viene atravesada por la crisis de las cuentas de la Municipalidad, una situación en la que LLaryora tiene su cuota parte de responsabilidad por haber pateado el pago de la deuda en dólares que tomó el radical Ramón Mestre. El pago de esa deuda externa acorrala a Daniel Passerni. 

    «La política es importante, pero la gestión será la clave: si la gestión está aprobada, el votante pendular acompañará», es la estrategia de El Panal con estas encuestas sobre la mesa: una diferencia mínima y condicionada a la división opositora.   

    Respecto de qué hará Llaryora al momento de que se debate la eliminación de las Paso, históricamente el peronismo de Córdoba rechazó ese mecanismo de selección de candidatos. Sería una explicación lógica, aunque probablemente inaceptable para el peronismo bonaerense. 

     

  • Denuncian que las garrafas subieron hasta un 218% desde que Sturzenegger desreguló el mercado

     

    En el gobierno bonaerense expusieron el impacto de la desregulación que aplicó al mercado del gas envasado la gestión libertaria con Federico Sturzenegger al frente.

    De acuerdo a un reciente informe del Instituto Provincial de Asociativismo y Cooperativismo (IPAC), desde que desreguló Nación, en agosto de 2024, el aumento de las garrafas fue hasta seis veces superior que la suba del salario mínimo.

    Un estudio focalizado en Mar del Plata reveló que las garrafas de 10 kilos pasaron de costar cerca de $8.500 a llegar en algunas zonas a $27.000, lo que representa incrementos de hasta el 218%.

    «La evolución del precio de las garrafas demuestra que la desregulación no generó una reducción de costos para los consumidores. Por el contrario, el incremento del gas envasado fue entre tres y casi seis veces superior al aumento del salario mínimo», señalaron en el IPAC.

     El panorama impacta fuerte sobre los sectores de menores ingresos, trabajadores informales, jubilados y sectores de la economía popular que necesitan del gas envasado para cocinar y calefaccionar su casa. 

    En concreto, la suba del Salario Mínimo, Vital y Móvil en ese periodo fue del 38%, por lo que describieron que, antes de la desregulación, un trabajador que percibía el salario mínimo podía comprar aproximadamente 31 garrafas. «Hoy, ese mismo ingreso alcanza para adquirir apenas entre 13 y 18 garrafas, dependiendo del punto de venta», afirmó Facundo Villalba, director del IPAC.

    El nuevo vocero mantiene la línea Adorni: «Los que no puedan pagar el gas se van a tener que abrigar» 

    El estudio expone que el panorama impacta fuerte sobre los sectores de menores ingresos, trabajadores informales, jubilados y sectores de la economía popular que necesitan del gas envasado para cocinar y calefaccionar su casa.

    «Según los datos del Censo Nacional 2022, Mar del Plata cuenta con 259.623 hogares. De ellos, 46.194 hogares, es decir, casi uno de cada cinco, no cuentan con acceso a la red de gas natural», señalaron.

     A la par, crecen las quejas con la gestión libertaria por endurecer las condiciones para acceder al Programa Hogar en el que casi 4 millones de usuarios tuvieron que reinscribirse para recibir un reintegro de 9.593pesos por cada unidad adquirida. Eso, cuando las garrafas ya trepan a casi 30.000 pesos 

    El informe también advirtió la desigualdad territorial, ya que los precios más elevados se registran en los barrios populares de la ciudad, donde se hace más necesaria la garrafa.

    A partir de la desregulación, en varios puntos de la provincia también alertan por la falta de inspección sobre la seguridad de las garrafas, frente a denuncias de envases llenos de agua y con picos de baja calidad.

    Días atrás, un relevamiento que publicó el Instituto Argentina Grande (IAG). detalló que, desde fines de 2023 a la fecha, el precio de la garrafa aumentó un 842%, dato que impacta en los barrios populares, donde más del 85% usa garrafas para cocinar.

    A la par, crecen las quejas con la gestión libertaria por endurecer las condiciones para acceder al Programa Hogar en el que casi 4 millones de usuarios tuvieron que reinscribirse para recibir un reintegro de 9.593pesos por cada unidad adquirida. Eso, cuando las garrafas ya trepan a casi 30.000 pesos.

     

  • Los Menem cierran con Santilli y marginan a Pareja

     

    Los Menem cerraron con Diego Santilli y empezaron a marginar a Sebastián Pareja, que vive un mal momento por el ascenso en el gobierno de su rival interno para pelear la gobernación de Buenos Aires.

    La semana pasada, a pocos días de que Santilli fuera elegido por Karina Milei como el nuevo jefe de gabinete, Lule Menem empezó a intervenir el armado de Pareja en la provincia. Ese armado se afinca en las delegaciones de Anses y de Pami que controla Pareja en los pueblos bonaerenses, es decir, la caja para hacer política en el interior de la provincia.

    En varias delegaciones los parejistas se enteraron que los habían corrido por decisión de la Rosada para dar lugar a dirigentes provenientes del PRO, una situación que se repitió en otros distritos en favor de dirigentes vinculados tanto a Santilli como a Cristian Ritondo y Jorge Macri. Un caso fue el de Tigre, en donde Claudio Baumgarten fue desplazado por una maniobra del concejal Juan Furnari,

    Pareja es el presidente de La Libertad Avanza en la provincia y espera que Karina lo levante como el candidato a gobernador el año que viene. Pero la lógica de Karina y los Menem para disputar provincias se fue acomodando a las necesidades. Luego de plantar candidatos en todas las provincias en las elecciones de 2025, ahora el objetivo que tienen es asegurar la reelección de Milei.

    Lule Menem

    Por eso la estrategia que se debate es ayudar a los aliados en las provincias que no gobierna el peronismo y competir con el mejor candidato en los distritos que sí gobierna el peronismo. Santilli es quien mejor mide dentro de las alternativas libertaras, muy por encima de Pareja, que no aparece en las encuestas.

    La elección de Santilli como jefe de gabinete asoma como un trampolín para su candidatura de 2027. Los Menem lo impulsaron para reemplazar a Manuel Adorni y lo sumaron al plan de controlar el Congreso. El Colorado juró este martes y la primera reunión política que tuvo como jefe de gabinete fue con los dos Menem. Afuera quedó Pareja, que tuvo que acercarse a sacar una selfie con Santilli entre las sillas del Salón Blanco.

     

  • Villarruel se reunirá con el Pollo Sobrero para exponer el colapso ferroviario de Milei

     

    Victoria Villarruel extrema su guerra con Javier Milei y, luego de lanzar duras críticas contra Manuel Adorni tras detonar el escándalo patrimonial, ahora tiene previsto hacerle lugar a los temas que exponen la ausencia de gestión del gobierno libertario.

    Uno de los puntos más críticos en ese sentido es el sistema ferroviario, sobre el que recientes informes de gremios y la Auditoría General de la Nación revelaron subas exponenciales de accidentes y fallas técnicas por desinversión.

    Por este tema, la vicepresidenta tiene previsto recibir al dirigente de la Unión Ferroviaria y referente de la Izquierda Socialista, Rubén «Pollo» Sobrero.

    «Hice una presentación en el Senado, ¿sabés quién fue la única que me aceptó una reunión? Villarruel. Algunos compañeros me decían ‘¿te vas a sentar con Villarruel?’ Me voy a sentar con todos», dijo el dirigente trotskista en declaraciones al programa Primer Plano.

    En la Unión Ferroviaria denunciaron que en los primeros cuatro meses de 2026 se registraron en el Tren Sarmiento 101 descarrilamientos, lo que representa un incremento del 30% respecto del mismo periodo de 2025.

     Sobrero también adelantó que le pedirá una reunión a Patricia Bullrich: «La conozco desde hace 40 años, nos hemos peleado mucho, pero me voy a sentar con ella», dijo

    «El riesgo de chocar es cada vez más grande. El sistema está colapsado y el Gobierno no hace nada. La emergencia fue puro humo, no bajaron un peso, solo se dedicaron a despedir trabajadores», dijo Sobrero, que agregó: «Si ocurre un accidente, va a ser culpa de Milei».

    Como contó LPO, una auditoria que recientemente reveló la AGN y que abarca 2024 alertó un aumento del 72% del total de accidentes en relación con el 2023, siendo para el caso de «Colisiones y choque» del 50% y «Descarrilamientos» del 150% en el Tren San Martín.

    Ferroviarios alertan por el riesgo que plantea el abandono de las líneas Sarmiento y San Martín

    Sobrero también adelantó que le pedirá una reunión a Patricia Bullrich: «La conozco desde hace 40 años, nos hemos peleado mucho, pero me voy a sentar con ella, le voy a llevar un informe técnico y le voy a decir ‘este es el problema y esta es la salida que ofrecemos'», dijo el dirigente de la Izquierda Socialista.