Sociedad

  • La Mediterránea advierte que el campo ganaría menos plata que con Alberto

     

    Por momentos, el Gobierno de Javier Milei se entusiasma con una narrativa que suena irresistible: la campaña agrícola 2025/26 cerraría con una de las mejores cosechas de la historia, con más de 110 millones de toneladas entre soja y maíz. 

    En la Casa Rosada repiten el número como si fuera un salvoconducto hacia la reelección presidencial. Pero debajo de ese volumen impactante asoma una pregunta incómoda: ¿cuánto de esa cosecha récord se traduce realmente en rentabilidad?

    El dato no surge de un paper opositor ni de una entidad rural en pie de guerra. Al contrario. Proviene de un informe de la Fundación Mediterránea, con la firma de Juan Manuel Garzón -exfuncionario del propio Milei- y Franco Artusso. Es decir, números incómodos que nacen dentro del propio ecosistema técnico que suele orbitar el círculo rojo cordobés.

    Los datos -plasmados en el informe «Rentabilidad agrícola 2018-2026: márgenes ajustados, volúmenes récord y una carga tributaria que no afloja»- dibujan un escenario de contrastes. El maíz podría alcanzar un récord histórico de 67 millones de toneladas, mientras que la soja se mantendría en torno a los 48 millones. A simple vista, el agro vuelve a ser la locomotora. Pero cuando se mira la rentabilidad por hectárea, el cuadro cambia drásticamente.

    Salvar el proyecto, soltar a Milei

    El problema no es la producción, sino el margen. En el primer trimestre de 2026, los números empezaron a deteriorarse. Los ingresos cayeron en términos reales, empujados por la baja del precio del maíz, mientras que los costos -especialmente el gasoil y los fertilizantes- subieron entre 6% y 8%. El resultado: «márgenes en retroceso después de una recuperación parcial durante 2025». 

    El dato más sensible es que, incluso con buenos rindes, producir granos dejó de ser negocio en algunas regiones. En la zona extrapampeana, los productores que alquilan campos directamente operan a pérdida: -78 dólares por hectárea. En la zona núcleo, el corazón productivo del país, los arrendatarios apenas raspan el equilibrio con márgenes de 26 dólares. Solo los propietarios logran sostener números positivos, aunque lejos de los niveles de años anteriores.

    Incluso con buenos rindes, producir granos dejó de ser negocio en algunas regiones. En la zona extrapampeana, los productores que alquilan campos directamente operan a pérdida: -78 dólares por hectárea. En la zona núcleo, el corazón productivo del país, los arrendatarios apenas raspan el equilibrio con márgenes de 26 dólares. Solo los propietarios logran sostener números positivos.

    Es un escenario que relativiza el optimismo oficial. Porque la «cosecha récord» convive con una ecuación económica cada vez más ajustada. Y en Córdoba, la rentabilidad derrama en la dinámica política, particularmente en el interior, bastiones de Milei en las últimas tres elecciones. El factor que termina de tensar el cuadro es la estructura impositiva. 

    En los últimos doce meses, el Estado se quedó con el 55% del excedente económico en la zona núcleo y con el 76% en la extrapampeana. En otras palabras, en las regiones menos productivas, tres de cada cuatro dólares generados por el campo terminan en manos del fisco.

    Y ahí aparece otro contraste que incomoda al relato libertario. Mientras el Gobierno despliega el «cotillón» de la baja de algunos impuestos nacionales -con anuncios segmentados y reducción de alícuotas en tributos puntuales-, el corazón de la presión fiscal sobre el agro sigue prácticamente intacto. 

    Las retenciones, el impuesto más distorsivo según el propio Milei en campaña, continúan explicando la mayor parte de la carga tributaria efectiva.

    El informe de la Mediterránea también explica que el peso de los Derechos de Exportación es clave para entender la distorsión. A diferencia de otros impuestos, no se ajustan a la rentabilidad: se aplican sobre el ingreso bruto. Eso genera una paradoja que incomoda incluso a economistas cercanos al oficialismo: cuando los márgenes caen, la presión fiscal efectiva sube.

    Es el tipo de inconsistencia que el propio Milei había prometido eliminar durante la campaña, cuando hablaba de «dinamitar» el sistema impositivo y terminar con tributos que castigan la producción. Por ahora, esa promesa convive con una realidad más pragmática: la necesidad de sostener la recaudación.

    En 2021 y 2022, los derechos de exportación sobre la soja eran del 33%, más altos que los actualmente vigentes (24%). Sin embargo, los precios internacionales de los granos eran excepcionalmente elevados (efecto postpandemia y guerra en Ucrania), lo que generaba mayores excedentes económicos.

    El contraste con el período 2021-2022 es elocuente. En esos años, con precios internacionales en niveles excepcionales, los márgenes eran mucho más altos y la carga tributaria relativa, más baja, incluso con retenciones más elevadas. Hoy ocurre lo contrario: menores precios, mayores costos y una presión fiscal que pesa más.

    El informe lo precisa así: «En 2021 y 2022, los derechos de exportación sobre la soja eran del 33%, más altos que los actualmente vigentes (24%). Sin embargo, los precios internacionales de los granos eran excepcionalmente elevados (efecto postpandemia y guerra en Ucrania), lo que generaba mayores excedentes económicos». No son años cualquiera, sino los de Alberto Fernández en la Casa Rosada. 

    A eso se suma otro elemento que empieza a preocupar en el sector: el financiamiento. Si parte de los insumos se paga con crédito -un escenario cada vez más frecuente-, los márgenes se deterioran aún más. En ese caso, incluso los arrendatarios de la zona núcleo entrarían en terreno negativo.

    La conclusión es menos épica que el relato oficial. La campaña 2025/26 puede ser récord en volumen, pero no necesariamente en rentabilidad. Y eso tiene implicancias políticas y económicas.

    Para el Gobierno, el agro sigue siendo una fuente clave de dólares en un contexto de fragilidad externa. Pero si los márgenes siguen comprimidos, la capacidad de reinversión del sector se reduce, y con ella, el potencial de crecimiento futuro.

    En el fondo, el modelo enfrenta una tensión clásica de la economía argentina: la necesidad fiscal versus la competitividad productiva. Por ahora, la balanza sigue inclinándose hacia el primer lado.La pregunta que empieza a circular en el mercado es si el «veranito» de la cosecha récord alcanzará para tapar ese desequilibrio. O si, por el contrario, terminará exponiéndolo con más crudeza.

     

  • Caputo quiere mover los fondos de la Anses y crece la tensión con Pettovello

     

    El equipo económico quiere usar parte del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses para mover la economía. La implementación de la idea es incipiente, pero ya abrió otro conflicto en el gabinete: la ministra Sandra Pettovello que tomó el control del organismo, enfrenta cuestionamientos.

    «Hay ruido con la Anses, hay ruido con Pettovello», reconoció un diputado libertario al tanto de las discusiones del equipo económico, que como reveló LPO, está preocupado por reactivar la economía.

    El razonamiento es pragmático. Sin margen fiscal y con un mercado financiero todavía chico, el FGS aparece como uno de los pocos lugares con volumen para mover la economía real., por ejemplo, con créditos a tasas subsidiadas.

    No sería la primera vez. La idea con aroma kirchnerista tiene antecedentes que van desde la Tarjeta Argenta de 2012 para jubilados, hasta su reconversión en préstamos en efectivo en 2017, cuando el dinero empezó a acreditarse en cuentas bancarias. Después vinieron los Créditos Anses, con montos más altos y plazos más largos. La pandemia frenó ese circuito y recién en 2021 se reactivó de forma más acotada.

    Salvar el proyecto, soltar a Milei

    El punto de quiebre fue 2023. En plena campaña, bajo la conducción de Sergio Massa, el crédito desde Anses se expandió de manera masiva. Se ampliaron montos, se bajaron tasas y se incorporaron trabajadores formales con líneas específicas. Los préstamos llegaron hasta un millón de pesos para asalariados y 600 mil para jubilados. Fue una política explícita de estímulo al consumo en clave electoral. Ese movimiento quedó instalado como parte del llamado «plan platita».

    En plena campaña, bajo la conducción de Sergio Massa, el crédito desde Anses se expandió de manera masiva. Se ampliaron montos, se bajaron tasas y se incorporaron trabajadores formales con líneas específicas. Fue una política explícita de estímulo al consumo en clave electoral. Ese movimiento quedó instalado como parte del llamado «plan platita».

    Ese antecedente explica por qué hoy todas las miradas apuntan a Sandra Pettovello. Bajo su órbita quedó la Anses que dirige Guillermo Arancibia, un técnico serio pero con margen acotado. Pettovello le restringió la comunicación con la prensa y supervisa cada una de sus decisiones.

    Ahí aparece la tensión. La ministra tiene la llave del FGS. El recuerdo del uso electoral de esa herramienta pesa. En el oficialismo saben que abrir esa caja implica moverse en un terreno incómodo, donde la necesidad económica choca con el relato político.

    Entre las opciones también se analiza utilizar parte de los fondos del FGS para dar créditos hipotecarios, una manera de mover la construcción, hoy entre los sectores hundidos. Pero hay un problema legal. El Decreto 1039 modificó la ley previsional y le quitó al FGS la posibilidad de otorgar préstamos directos. Se eliminaron los incisos que habilitaban invertir en hipotecas y financiar beneficiarios. También se cerró la puerta a créditos subsidiados. El argumento oficial fue preservar la rentabilidad del fondo y dejar el crédito en manos del sector privado.

    El diputado Guillermo Michel presentó un proyecto para que la Anses financie la deuda de las familias.

    Esa restricción obliga a buscar alternativas. Una de las que circula es el Programa de Desendeudamiento de las Familias Argentinas del diputado peronista Guillermo Michel. El proyecto plantea usar el FGS para refinanciar deudas de tarjetas y prestamistas. Habla de préstamos de hasta 1,5 millones de pesos, con cuotas atadas a la tasa Tamar y un límite del 30% del ingreso. Convertir el proyecto en ley habilitaría a usar al FGS para aliviar la situación de mora de las familias y liberar capacidad de consumo.

    Mientras tanto, la actual conducción de la Anses tomó un camino distinto, que incluso contradice el relato libertario. Mientras el discurso oficial planteaba reducir la presencia estatal en empresas, los números muestran lo contrario. El FGS aumentó su participación en varias compañías, en algunos casos mas que duplicando su posición, como reveló la periodista Florencia Donovan en su columna de este sábado en La Nación.

    Los datos surgen de las presentaciones de las empresas que cotizan en Wall Street. Galicia informó que la Anses pasó de tener el 16,8% a 22,5% del grupo. La participación estatal en Loma Negra saltó de 5,33% a 9,2%. TGS pasó de 24% a 25,33%. En YPF la tenencia de acciones paso del 1,46% a 8% del paquete que está en manos del mercado. En Banco Macro avanzó de 28,8% a 29,75%. Y en Byma trepó de 3,34% a 8%.

    En el mercado, esa dinámica se lee con doble lente. Por un lado, algunos operadores destacan que el FGS está comprando acciones a precios que consideran bajos. Una señal alcista para el Merval. Por otro, advierten un riesgo político: las empresas buscan recomprar esas participaciones para evitar que, en un eventual cambio de signo político, el Estado gane influencia en sus directorios. «Señal mixta», apuntó a LPO un analista del mercado, «bullish por valuaciones, más ruido por gobernanza» completó.

     

  • Caputo admite el freno de la economía y debaten medidas para reactivar

     

    El equipo económico tomó nota del enfriamiento de la economía y está sumergido en un intenso debate interno sobre que medidas tomar para reactivarla, sin romper el delicado equilibrio fiscal y cambiario que construyó.

    Hasta ahora el gobierno apostó a medidas moderadas para reactivar: una gradual baja de tasas en las licitaciones de bonos y una baja de encajes a los bancos para liberar billetes, pero hasta ahora no se está traduciendo en una baja de tasas de los créditos.

    Por eso, en el equipo económico algunos proponen medidas mucho más audaces como bajar la tasa al 10% y el impuesto a las ganancias del actual 35% al 10,5% que se cobra en Paraguay. «Si bajas fuerte los impuestos la actividad se reactiva y terminas recaudando más», afirma un técnico que apoya esa medida que en su momento aplicó Reagan.

    «No negamos que el dato de actividad de febrero dio mal, pero veníamos de números récord», admitió el ministro Toto Caputo el pasado miércoles en la apertura de ExpoEfi. No fue una frase aislada. El ministro se detuvo en dos que peor la están pasando: industria y construcción. Dos de los sectores que más empleo generan.

    Salvar el proyecto, soltar a Milei

    En el caso de la construcción, Caputo intentó mostrar un horizonte. Vinculó una posible recuperación al giro a las provincias de concesiones viales que estaban en manos de la Nación. Dijo que en julio estarán en obra 9.000 kilómetros de corredores y se licitarán otros 12.000 kilómetros de rutas nacionales. Para la industria, no hubo anuncio concreto.

    En el equipo económico algunos proponen medidas mucho más audaces como bajar la tasa al 10% y el impuesto a las ganancias del actual 35% al 10,5% que se cobra en Paraguay. 

    Pero la apuesta central es a la recuperación del crédito. Que los bancos vuelvan a trabajar como bancos. Que dejen de financiar al Tesoro y canalicen pesos hacia el sector privado. Hoy, dos tercios de los activos del sistema están atados a la deuda pública.

    El problema es que esa idea se choca con una realidad: el gobierno bajó fuerte la tasa en las licitaciones de deuda, pero los bancos la mantuvieron bien arriba de la inflación. «Los bancos no quieren prestar, hay un problema de confianza en la marcha del plan económico, que se agrava por la mora», explicó a LPO un banquero.

    En efecto la morosidad está en niveles récord. Si bien en las últimas semanas bajó, la corrección fue marginal, frente al salto que pegó. La irregularidad de la cartera casi se cuadruplicó en un año: pasó del 3% al 12% del total del sistema. Es el nivel más alto en más de dos décadas. «Los bancos no están con muchas ganas de dar más préstamos ante esta situación», agregó a LPO un consultor que trabaja con las principales entidades.

    A eso se suma otra advertencia que circula en el mercado. Algunos economistas recomiendan cautela con la presión para bajar tasas. El riesgo es que la tasa pasiva -la que reciben los ahorristas- caiga más rápido que la activa -la que se cobra por los préstamos-. Si eso pasa, el spread se agranda y el incentivo cambia de dirección.

    Hoy ya hay una brecha fuerte. Un plazo fijo paga, en el mejor de los casos, una tasa efectiva anual cercana al 25%. Pero un crédito a tasa fija arranca en un interés nominal del 120% y, con cargos y capitalización, trepa a un costo total que ronda el 300% anual. La distancia no solo desalienta el crédito. También empuja a los ahorristas a mirar el dólar.

    Por eso, el Gobierno necesita medidas inmediatas. Una de ellas son los nuevos planes de tasa preferencial para pymes que impulsa el Banco Nación, que prepara la emisión de dos bonos por unos USD 300 millones para fondear más créditos hipotecarios. Has dos décadas que el mayor banco público no salía al mercado.

    Se suma a eso la idea de hacer algo con los fondos del FGS de la Anses. Desde respaldar créditos hipotecarios o personales a tasa subsidiada hasta ayudar a las familias a refinanciar sus deudas y contribuir así a una baja de la mora. Pero el equipo económico está chocando con la intransigencia de la ministra Sandra Pettovello que controla el organismo. 

    Como sea, la percepción que la economía hundida está complicando las chances de la reelección de Milei, ha logrado el milagro que el presidente y su ministro se suelten por un rato del mástil de la escuela austríaca y habiliten un debate que incorpora cuidadosas dosis de heterodoxia.

     

  • Juez exhibe la ruptura con De Loredo y se complica la unidad opositora

     

    Atrás quedaron los locros populares en el Comedor Universitario, servido en bandejitas de plástico y regados con vino suelto. El acuerdo del Frente Cívico con los libertarios cordobeses trajo una nueva estética: un salón recoleto, mesas redondas, manteles, vajilla blanca y vino en botella; un locro premium que expuso la disolución de aquella sociedad «indestructible» entre Luis Juez y Rodrigo de Loredo. 

    «Tenemos un acuerdo y un compromiso con La Libertad Avanza que vamos a honrar. Lo que más cuesta en la vida es construir lealtad y confianza y eso es lo que estamos construyendo con dirigentes de La Libertad Avanza, de la UCR y del PRO, porque sabemos que, si queremos terminar con tantos años de peronismo, hay que estar unidos». Así, Juez puso sobre la mesa su nueva sociedad con Gabriel Bornoroni ante decenas de dirigentes de toda la provincia, la misma tropa que lo siguió en innumerables estrategias y alianzas. 

    En la mesa principal estaban los nuevos socios: Gabriel Bornoroni y Gonzalo Roca, de LLA; Laura Rodríguez Machado, del PRO pero tropa de Patricia Bulllrich; y Soledad Carrizo, la radical que se referencia en Alfredo Cornejo. 

    Para que no le queden dudas a los juecistas -quienes en su mayoría llegaron al Frente Cívico desde el peronismo, digirieron el acuerdo con los radicales y el marxismo y ahora se preparan para tragarse la alianza con los libertarios-, Juez dijo: «El acuerdo con los dirigentes de LLA va más allá de una cuestión electoral. Tenemos una misma mirada y hemos actuado con reciprocidad. Hemos brindado respeto, y nos han tratado con respeto».

    Ultimatum de Bornoroni a De Loredo: «Tiene tiempo hasta el Mundial para definir si se suma»

    Como siempre, Juez dejó abierta una hendija: «Lo único que puede cambiar mi decisión es que no haya voluntad de ganar la provincia», dijo. Pareció una advertencia ante un hipotético acuerdo entre Javier Milei y Martín Llaryora quien podría reclamarle al Presidente una fórmula libertaria pura como método de división de la oposición. 

    El acuerdo con los dirigentes de LLA va más allá de una cuestión electoral. Tenemos una misma mirada y hemos actuado con reciprocidad. Hemos brindado respeto, y nos han tratado con respeto.

    Luego, Juez volvió a reprocharle a De Loredo por el fracaso de 2023: «Lo dijimos hace 3 años atrás: No se gana la ciudad de Córdoba si se pierde la Provincia». 

    También hay un guiño a la negociación que viene; y la posibilidad de un Juez en la boleta libertaria está sobre la mesa de análisis. Como se recordará, el hijo mayor del senador, Martín, es concejal de la ciudad de Córdoba. En este marco, Juez afirmó que habrá competencia con Bornoroni por liderar la boleta, pero no aclaró si esa disputa será electoral, en el marco de una interna, o política, atada a la negociación con Karina. 

    Lo que sí prometió a LLA es «lealtad». «Probablemente estamos compitiendo por lo mismo pero tenemos las reglas claras. Si le toca ser a Gabriel lo vamos a acompañar como corresponde. No tengan ninguna duda. Lo vamos a acompañar con lealtad, con trabajo, esfuerzo, sacrificio y la experiencia que el tiempo nos ha dado; y estoy seguro que si fuera al revés recibiríamos lo mismo», dijo Juez.

    El blanco será Martín Llaryora, pero con una apuesta diferente a la de Bornoroni: mientras el libertario se enfoca en los impuestos y la extensión del Estado provincial, Juez va por sus banderas históricas: «Todo va a ser muy difícil, pero no imposible. No tanto por lo que nosotros expresamos sino por lo que el peronismo tiene pánico de perder. Viven del Estado haciendo negocios millonarios y la pelea va a ser directamente proporcional a lo que tienen para perder».

    .Juez sabe que más temprano que tarde deberá despegarse de las sospechas de corrupción que sacuden a La Libertad Avanza, empezando por Manuel Adorni, pero sin olvidar Libra y las coimas de Spagnuolo, un combo difícil de explicar. Sin embargo, la apuesta juecista es provincializar la elección y hablar de Llaryora: «No vamos a entregar la provincia de nuestros hijos y nietos para que la sigan administrando los mismos corruptos de los últimos 28 años», fue la arenga.

     

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    Tarjetas corporativas, lujo y opacidad: el “lado B” del informe de Manuel Adorni que expone gastos insólitos en una empresa estatal

     

    Continúa el escándalo en torno al Jefe de Gabinete.

    Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

    El informe que presentó Manuel Adorni terminó revelando mucho más que datos administrativos: dejó al descubierto un circuito de gastos llamativos con tarjetas corporativas dentro de Nucleoeléctrica Argentina, con consumos en el exterior, servicios de lujo y movimientos que vuelven a poner en discusión el uso de los recursos públicos bajo el gobierno de Milei.

    El documento, incorporado como anexo en una presentación oficial, detalla operaciones realizadas entre marzo de 2025 y febrero de 2026. Allí aparecen gastos por cientos de millones de pesos —equivalentes a más de 300 mil dólares— en un período relativamente corto, en una empresa que debería estar abocada a funciones estratégicas del sistema energético nacional.

    Consumos de lujo con fondos públicos

    Los registros muestran pagos en free shops internacionales, hoteles de alta gama, restaurantes, discotecas y tiendas de indumentaria, todos abonados con tarjetas corporativas. Pero lo que genera mayor controversia es el tipo de consumos: aparecen gastos en peluquerías, servicios de playa en España y salidas nocturnas en Europa.

    A eso se suman más de 400 extracciones de efectivo, muchas de ellas realizadas en el exterior y en lapsos de tiempo muy cortos, lo que refuerza las dudas sobre el destino real de esos fondos. La falta de justificación detallada convierte esos movimientos en uno de los puntos más sensibles del informe.

    Sin nombres propios, pero con responsabilidades políticas

    Uno de los aspectos más cuestionados es que el documento no identifica quién realizó cada gasto. Aunque se menciona la existencia de más de un centenar de tarjetas corporativas asignadas a funcionarios y técnicos, no hay un detalle que permita individualizar responsabilidades.

    El período analizado coincide con la gestión de Demian Reidel, cercano a Milei y quien estuvo al frente de la empresa durante parte del lapso observado. Reidel buscó despegarse del escándalo y sostuvo públicamente que no realizó gastos personales, aunque el informe no permite verificar ni desmentir esa afirmación con precisión.

    Ajuste hacia afuera, descontrol hacia adentro

    La reacción oficial llegó después de que los datos se hicieran públicos: el Gobierno dispuso la suspensión de las tarjetas corporativas y prometió reforzar los mecanismos de control. Sin embargo, la medida aparece más como respuesta tardía que como política preventiva.

    La contradicción se vuelve difícil de ocultar. Mientras Milei impulsa un ajuste que recae sobre jubilaciones, salarios y políticas públicas, el propio Estado reconoce gastos que remiten a consumos de lujo en el exterior financiados con recursos públicos.

    El episodio no sólo expone posibles irregularidades administrativas: también deja al descubierto una lógica más profunda. Un Estado que se achica para la sociedad, pero que sigue siendo permeable a prácticas discrecionales en sus niveles de gestión.

     

  • Vivirás entre luciérnagas

     

    Cristian Alarcón

    Periodista. Escritor. Buenos Aires.

    Rossana Reguillo nos había convencido: ella siempre saldría victoriosa. Ni el golpe seco contra el suelo y las operaciones después, ni las entradas al hospital por el pulmón luego de que los Benson & Hedges habían hecho su tarea, ni las del corazón, ni las de las últimas veces, cada vez que a lo largo de los años salía de una encrucijada del cuerpo, retomaba la tarea con la misma energía titánica y volvía a tramar una acción o una intervención certera, filosa, efectiva. Rossana no nos tenía preparados para que en una semana todo se fuera a la chingada, y de pronto la noticia de su agonía nos dejara en guardia. Entonces vino el vacío, la estupefacción, y después la espera larga de los que sabíamos que algo peor ocurriría. Su muerte llegó el sábado a la madrugada para dejar un lamento que cruza de Guadalajara y hasta el confín austral en ese camino que ella hizo tantas veces leyendo América Latina con su ojo dotado, único. 

    Desde ese momento el abatimiento hizo mella y me derrumbó. Solo atiné a comenzar una lenta recolección de los brotes que ella misma dejó sembrados aquí y allá con su pensamiento y con su espíritu. La chamana, le decía un novio mío que la vio mil veces en San Telmo, y La reina del sur, la bautizó un amigo dejándole el mote al que no se negaba. En su nombre los amigos que escribieron enseguida, los que ya estábamos en red, los que hacía años no hablábamos, acordamos este homenaje colectivo. Los mensajes fueron llegando hasta convertiste en este palimpsesto hecho de agradecimientos, y de anécdotas, de sentires y reflexiones que se mezclan para construirla como la intelectual y la activista que fue. Esa foto la tomó Patricia Nieto cuando vinieron las dos y tantos más al Festival de La Palabra en el 2014. 

    Aquella vez la pudimos alojar en un hotelazo, así que no se quedó en mi casa, donde había pasado otras estancias en Buenos Aires. En una de ellas, creo que en el 2009, Rossana era nuestra huésped el día en que en la vida de mi hijito ocurrió algo terrible. Entonces aún no era yo formalmente su papá, pero él ya me había elegido, yo me hacía cargo de su educación y pasaba varios días a la semana en mi casa. La noticia de una muerte terrible en su familia biológica había estremecido a todos. La tristeza lo había invadido, no salía de ella. Ahora él y yo la recordamos a Rossana en ese momento más que en ningún otro. Porque esa tarde ella dejó todo, abandonó las mil reuniones y los amigos y las cenas y las invitaciones que la inundaban cada vez que estaba en la ciudad, y se sentó con él, en el piso del living a jugar. Tomó de una repisa cada adorno que encontró: un león de no sé dónde, un ángel de madera guatemalteco, un auto de colección, un oso medio roto, cosas que arrastraba yo de no sé cuándo. Y con cada objeto se inventó un personaje para construir un mundo en el que lo que había pasado transmutaba a ojos de mi hijo volviéndose seres especiales, con aura, capaces de volar. La muerte no los rozaba. 

    Esa Rossana a la que todos los que aquí escribimos conocimos de alguna manera es la que nos hace hoy entregarles este fractal de ella misma. En su homenaje, los brotes de su montaña. 

    ***

    Marcela Turati 

    Periodista. Ciudad de México.

    Desde el año pasado cuando las Madres Buscadoras irrumpieron en el rancho de Teuchitlán y nos horrorizaron las fotografías de las ropas abandonadas de sus hijos desaparecidos, Rossana creó un chat para comenzar una conversación con Ale Guillén y conmigo para acomodar las emociones y analizar lo que veíamos. 

    “Veo dos lógicas en la desaparición: A) levantón al azar para ejecutar y dejar mensajes diversos B) desaparición para reclutamiento forzado”, escribió los primeros días. Entre nuestros intercambios de entrevistas o noticias, a veces mencionaba sus tristezas, mostraba su asco hacia quienes querían ocultar las desapariciones, se reía de los análisis simplistas que publicaban algunos medios, nos alumbraba con extractos académicos y con sus reflexiones sobre cómo activar la contramáquina para desmontar esas violencias.

    Siempre me sorprendía. Como cuando se preguntó cuántos jóvenes se necesitan para sostener la estructura criminal del Cártel de Jalisco Nueva Generación y horas más tarde tenía una cifra (obtenida con la IA que nos presumía que había entrenado a conciencia) y una columna ya redactada que le publicaron al día siguiente. O cuando leyó en las nóminas del Mencho el mísero pago a los “muchachos de choke” (sicarios) y se alborotó: “Tengo que escribir sobre eso”. O aquella vez que nos anunció: “Chale. Chicuelas, entré al hospital… corazón y pulmón” y dejó de contestar hasta que reapareció, días después, a dar de nuevo la batalla. 

    Le parecía urgente entender esto que pasaba en Jalisco, su tierra, y trazar las cartografías de las violencias.  

    “Estoy un poco mal de mis pulmones, mi pinche epoc me pasa factura… pero todo bien… mucho trabajo, entrevistas a distancia, escritura”, dijo cuando salió de otra hospitalización, restándole importancia. Llevaba una racha de llorar mucho. Cuando presentaba un libro que le dolía o daba charlas, o aquella vez que amadrinamos la Cartografía de la Ausencia, se emocionaba hasta las lágrimas y la voz se le atascaba al hablar de “los morritos” a quienes este país no les procura un futuro (“los que aprendieron qué eran las cuatro letras antes que Ayotzinapa”) o de las Madres Buscadoras que auscultan la tierra para ver si sus hijos ahí están enterrados.

    Busco en el Facebook y encuentro que nos encontramos en 2011 para nunca soltarnos. Rossana ya era una leyenda de la antropología latinoamericana cuando comenzó a acercarse a las periodistas que narrábamos las sórdidas violencias desatadas por la “narcoguerra”: nos llamaba para intercambiar ideas, aplaudía en foros la importancia de nuestro trabajo, y riendo y brindando con nosotras en encuentros de cronistas terminábamos armando juntas nuevas conspiraciones. Siempre nos acercaba libros y nombres de intelectuales para ayudarnos a poner palabras al horror que documentábamos. Para, como decía, lograr sostenerle la mirada, analizarlo, “contribuir a un debate que vuelva inútil la opción por la violencia”, acompañar a quienes sufren, y acuerparnos siempre en red, siempre cerca. 

    Eso hizo hasta el final: acompañarnos, cuidarnos.

    Leo nuestro chat “Pensar Juntas” y encuentro casi al final un: “Buen día! Ya salí del hospital. Estoy mucho mejor y con ciertas claridades de cómo necesito cuidarme”, seguido de un emoji festivo. Hoy me duelo por no haber comprendido que Rossana era frágil, que no era inmortal, que las luciérnagas también se apagan. No entiendo cómo no le hicimos muchos homenajes en vida. 

    Nuestros últimos mensajes quedaron sin su respuesta. 

    De nuestro intercambio, en especial me queda uno de sus mensajes como herencia, promesa, pendiente: “¡Vamos a articular las contramáquinas!”

    ***

    Néstor García Canclini

    Académico. Ciudad de México. 

    Con enorme dolor quiero participar en el duelo que muchos estamos haciendo por la partida de Rossana Reguillo. Desde los de una generación anterior hasta los jóvenes de todas las edades admiramos siempre en ella una investigación que refundó los estudios culturales y comunicacionales nutriéndose a la vez en la antropología, la sociología y las ciencias políticas. Su novedad brotó de recolocar el trabajo académico en las precariedades de los jóvenes, violencias estremecedoras (entrevistas a sicarios y a familiares de desaparecidos) y las tecnologías digitales. Habló a la vez en los tiempos largos de la reflexión académica, en revistas de opinión inmediata y en las espasmódicas redes. Juntó relatos, miradas sobre coyunturas estructurales y afectos. Presencia pública constante reconocida por los mejores analistas de medios y seguimiento incesante en redes, años en Facebook y en tiempos recientes en Twitter (24.000 seguidores). Creó con jóvenes del Iteso de Guadalajara el SignaLab, un laboratorio tecno avanzado que llegó a ser reconocido por centros de investigación internacionales y por el Instituto Nacional Electoral, que le encargó elaborar -a partir de decenas de miles de preguntas para el debate  de las últimas elecciones presidenciales- las que se usarían en la confrontación televisiva. Algunos del gobierno, con el pretexto de que Rossana les había hecho críticas, exigieron que siguiera el Signa Lab pero la quitaran a ella. La ola de recuerdos que llegan hoy de muchos países confirma que no es fácil sacarla del juego. Alumnos y profesores, que la tuvieron como maestra y modelo de profesora-activista-intelectual en red insistirán en hacerla presente en batallas ciudadanas, universidades, tribunas tan imprevisibles como cuando un Papa la invitó al Vaticano para explicar a los cardenales qué pasa con los jóvenes. Estará largo tiempo.

    ***

    Gabriel Kessler 

    Sociólogo. Buenos Aires.

    Rossana amaba Buenos Aires. Un día, caminando por la ciudad, le pregunté por qué le gustaba tanto. Me dijo —comparando con las otras dos ciudades donde más vivía cuando no estaba en Guadalajara: Barcelona y Ciudad de México— que en una se sentía inteligente y en la otra hermosa. No recuerdo cuál era cuál. Pero en Buenos Aires, me dijo, se sentía hermosa e inteligente. Así era Rossana: una inteligencia que no se separaba nunca del cuerpo, de la sensibilidad, de la experiencia vivida. Sus respuestas tenían siempre algo único, inesperado, pero al mismo tiempo profundamente situado en el mundo, en la estética y en los afectos. Con esa mirada pensaba América Latina y, sobre todo, su México, que la apasionaba y a menudo la desesperaba.

    Rossana veía antes. Vislumbraba temas, lenguajes, climas, cuando todavía no eran evidentes, y los compartía con una generosidad que se extendía por toda América Latina. En mi caso, cuando empecé a interesarme por el miedo al crimen y sus efectos en la vida común, su texto en Ciudadanías del miedo, el libro coordinado por la también tempranamente desaparecida Susana Rotker, era una referencia obligada. Allí ya estaba esa intuición tan suya: el vínculo entre temor y efectos autoritarios en nuestras sociedades. Ese texto me marcó. La contacté y nos vimos por primera vez, creo que hacia 2008, en una de esas veladas inolvidables que organizaba Cristián Alarcón. Desde entonces, nuestros caminos se cruzaron muchas veces. Nunca dejé de leerla, de seguir los rumbos que abría: en sus temas, en sus lenguajes, en su apuesta temprana por la crónica —como en Anfibia— y en sus apuestas más recientes, como Signa Lab.

    Había en Rossana una forma de estar en el mundo que hacía de cada idea una experiencia, y de cada experiencia, una forma de pensamiento compartido, por eso no se fue, sigue en todas y todos  los que aprendimos con ella. 

    ***

    Mauricio Sepúlveda Galeas

    Académico. Santiago de Chile. 

    Con Rosana, en la Barcelona de los 2000, yo era su «anti-guía»: planeaba llevarla a un lugar, y nunca llegábamos porque yo me perdía. Pero esa era la magia: cada desvío se convertía en un paseo antropológico. Con ella, no importaba llegar al sitio exacto: cada rincón era una nueva historia.

    Rosana tenía una apertura afectiva que te abrazaba de inmediato. En ella, la vida cotidiana y lo intelectual fluían sin separaciones. Y siempre te empujaba a más: organizaba, conectaba, y en un consejo te hacía repensar el pensamiento mismo. Su legado es, sin duda, enseñarnos a no dejar de perdernos y a no dejar de pensar con esa misma generosidad.

    ***

    Gabriela Polit

    Académica. Austin.

    Quizás no sea el texto más memorable de Rossana, pero la crónica de su visita al Vaticano es lo que me vino a la mente al enterarme de su muerte. Era un texto inteligente que, de manera sutil, hacía notar la arbitrariedad de los protocolos jerárquicos y misóginos de la iglesia. Cuando la leí aquella vez, imaginé la dificultad de la Rossana insumisa, curiosa, irreverente, siguiéndolos durante esa visita que fue una invitación del Papa. 

    La explicación del capricho de mi memoria, imagino, es que, ante el rigor de la muerte, la imagino curiosa, irreverente e insumisa ante San Pedro. Espero tu crónica mordaz, Rossana. Un texto criticando las desigualdades entre ángeles y arcángeles; cuestionando la santidad de los santos y haciendo el reclamo de por qué en la casa de Dios en la tierra la smujeres no podemos vestirnos de blanco. ¡Buen viaje, querida Rossana!

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    Alejandro Grimson

    Antropólogo. Buenos Aires. 

    Treinta años de amistad no se evaporan con nada. Ni siquiera con la muerte. El legado era claro, de vieja escuela: pasión por conocer, romperse la cabeza en la escritura, prepotencia del trabajo, buscar los límites incesantemente, pensar cosmopolíticas, jugárselas donde se pueda, cultivar la amistad, la conversación, cuidar los amores y desplegar la risa contra el poder. Ella fue agudeza, ironía y sarcasmo contra lo instituido. Llegó a infundir temor en algunos poderosos que la amenazaron.

    Ahora estamos más solos. Mi amiga de alta intensidad y cómplice irremplazable partió. Dedicó su vida a entender este mundo brutal, sus violencias, sus cifrados, sus incomprensiones. Especialista con títulos y honores en incomunicación. Era tapatía, mexicana, latinoamericana. No tenía fronteras. Su pensamiento voló, flamea, vivirá entre luciérnagas.  Siempre, a abismos de las contabilidades contemporáneas. Desafió el sentido común, la falta de imaginación, construyó afectos sólidos, no se cansaba de innovar, de aprender ni de llenar el mundo de carcajadas hasta el final.

    Querida amiga: tu ausencia hará todo más arduo, más desafiante. En tu memoria buscaremos hacer lo imposible para un mundo donde quepan muchos mundos.

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    Oscar Martínez

    Periodista. El Salvador. 

    No recuerdo la ciudad donde la vi hace años decir aquello. Quizá era Guadalajara, quizá era Monterrey. Bogotá, puede ser. No recuerdo el año, pero recuerdo, eso sí, que fue antes de 2010, porque yo apenas incursionaba en el mundo de los cronistas mexicanos y había llegado a escucharla porque esos cronistas hablaban de la claridad de ella. Lo que no olvido son las palabras que dijo ni tampoco el gesto elocuente, salpicado de rabia, con que las dijo. 

    En un panel de uno de esos eventos donde académicos de alto prestigio dicen cosas profundas y altamente enredadas, ella hablaba con una sencillez retadora, como diciendo: «Para hacerme entender, no tengo porqué decir todas las palabrotas que aprendí». Llegó el turno de preguntas y un estudiante joven -o eso parecía- preguntó a ella si podía explicar más lo que había dicho acerca de relativizar la mirada para entender al otro, al sujeto que sufre, al muchacho que pasa de la rebeldía al delito. El moderador, un señor cano que sí había dicho todas las palabras grandes que conocía, atajó la pregunta del estudiante y dijo que aquello hacía referencia a poner en duda lo que uno piensa antes de entrar a conversar con las personas a las que uno va a describir. Ella se volteó de la silla, dejó de dar la espalda al moderador, descruzó las piernas, le pidió el micrófono con el gesto de mano con el que alguien dice «me toca». Y dijo con severidad, viendo al señor cano: «No dije eso». Luego, volvió a enredar sus piernas y dijo al muchacho, con una voz comprensiva: «Me refiero a que uno debe cambiar su mirada, lo que uno entiende del mundo -se quitó los lentes y abrió con uno de sus dedos uno de sus ojos-. Quitarse los ojos propios e intentar lo más que se pueda, por imposible que parezca, mirar el mundo con los ojos del otro». Y devolvió el micrófono al ya apocado moderador. 

    Después de aquella charla nos hicimos cercanos y la escuché muchas veces en distintas ciudades repetir aquello de formas diferentes, siempre elocuentes, siempre fascinantes. Supongo que, en la titánica tarea de mirar el mundo con ojos prestados, a Rossana Reguillo se le fue parte de la vida. Yo nunca olvidaré aquella sencilla lección. Por imposible que parezca, ando por ahí intentando hacerle caso y ponerme las lumbreras de alguien más. En estos tiempos donde tantos quieren mirar con los ojos propios solo aquello que les agrade, ella deja un hueco enorme. Rossana, la mujer que buscaba miradas ajenas para tener algo propio que decir. Nos vas a hacer falta. 

    ***

    Gabriela Wiener

    Escritora. Madrid. 

    ¿Qué muere cuando muere un oráculo? Con el tercer ojo con el que leía lo incierto, Rossana Reguillo nos enseñó a los cronistas a completar el sentido de sus respuestas, pero sobre todo a cambiar las preguntas. Para ella, la pasión alegre era encontrarnos en la lucha, en una utopía. Vernos orientadas hacia esa convergencia, hacia esa insurgencia, es su más poderoso legado. ¿Lograremos conservar, como nos enseñó, la memoria de lo intolerable, de lo justo, de lo innegociable? ¿Seremos capaces de cambiar el miedo, el silencio, por las pasiones alegres? Muchos años antes de que el gobierno del Perú asesinara a decenas de jóvenes andinos y aymaras por manifestarse contra el régimen, la profesora Reguillo me había prometido que esa juventud encontraría la forma de seguir unida en la protesta y en la imaginación de otros futuros posibles. Aún después de sus muertes, sigo creyendo en ese vaticinio. Cuando un oráculo muere, nunca muere.

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    Omar Rincón

    Académico. Bogotá.

    Rosana Reguillo es, y seguirá siendo LA mujer indispensable, en un campo muy machito como lo es la comunicación y lo cultural. Pensó y sintió e indagó siempre contra lo establecido, lo obvio, el copy y paste teórico. Ella construyó una manera propia, única, singular de imaginar-pensar las culturas y la comunicación: siempre poniendo el cuerpo en los afectos y lo público y el vínculo a lo político irredento.
    Rossana es una figura ineludible para todos los que trabajamos intentando hacer e intervenir sentidos desde el sur global, desde la mirada de lo que es distinto e insurrecto. Ella nos enseñó que en América Latina los sentidos se encuentran en los sentires no evidentes, esos que se van como el agua por las grietas donde habitan los poderes de lo nefasto.
    Su lucha fue por una sociedad más politizada, más activista, más experimental. Pero sobre todo creo que una de las cosas que valoro más de ella es que era una mujer que ponía el cuerpo en la amistad, en sus afectos, en sus estudiantes. Era cuerpo presente activo en la vida de los afectos. De mi parte solo un gran afecto, por esa chica maravillosa, esa mujer a la que admiro por siempre.

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    Ana María Saavedra

    Periodista. Cali, Colombia. 

    Le pedí a la IA que escribiera dos párrafos sobre Rossana Reguillo. Dijo que Reguillo “no solo fue una académica de gabinete, sino una etnógrafa que caminó las calles y navegó los algoritmos con la misma agudeza”. Dijo tantas y tantas cosas sobre la “cartógrafa de la ‘maquinaria de muerte’ o necropolítica”.

    Pero la IA no sabe que a Rossana la conocí en 2009, un año que marcó mi vida, por muchas razones, una beca de seis meses en España y un encuentro de la Fundación Gabo, que reunió periodistas, expertos académicos y escritores que investigamos sobre el crimen organizado y el narcotráfico. Mientras escribo esto, la banda sonora de mi cabeza es “Yo no sé mañana, yo no sé mañana. Si estaremos juntos, si se acaba el mundo”, la canción de Luis Enrique que bailamos tantas noches en el Casa Blanca, una discoteca en algún lugar que creo era el centro de Ciudad de México.

    Y buscando entre mi memoria, que en realidad es el Facebook, las USB con las fotos y mi correo de Yyahoo –todo muy de los 2000– encontré dos correos con palabras de otro de los miembros de esta operación Casa BClanca,  nuestro querido Javier Valdez, asesinato por el narco en Sinaloa el 15 de mayo de 2017. Así que no hablaré sobre Rossana, dejaré que la memoria de unos correos hablen por mi:

    7 de diciembre de 2009.  “Felicidades a Almazán, Diego Osorno y Rossana Reguillo, de quien me siento orgulloso por su prosa, conocimientos, sensibilidad y valentía. (…) Un abrazo especial a Rossana, nuestra luz en medio de este páramo desolador y sangriento. Javier V”.

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    Víctor Hugo Robles

    Escritor, activista. Santiago de Chile. 

    A Rossana, sus amigos le decíamos  la reina del sur. No solo por su reinado en estudios sobre juventudes urbanas, violencias políticas, tecnologías de la comunicación y ciencias sociales sino también por ser una chingona de los márgenes, los territorios en disputas, dolores y esperanzas de un pueblo. Profesora en su México lindo y querido que llora su triste e irreparable partida.

    Desde una perspectiva única e inédita, Rossana Reguillo describió la compleja realidad mexicana desentrañando el impacto de las estructuras criminales de la sociedad, del narco y la violencia institucional. Pionera en estudio e investigación de redes sociales, desnudó las estrategias del poder político. No importando filiaciones. Ganando adeptos y detractores e incluso sufriendo amenazas de muerte. Pese a todo y contra todo, usó su voz para iluminar la realidad mexicana, acompañando a las madres de los desaparecidos, las Madres Buscadoras, nunca perdiendo la esperanza, mucho menos su dulce sonrisa.      

    La conocí en octubre del 2005 en la Universidad ARCIS en Santiago, bello lugar donde trabajé coordinando la editorial junto a la periodista Rita Ferrer. Fue invitada por la ensayista y crítica cultural Nelly Richard, gran anfitriona e intelectual, entonces vicerrectora de Extensión, Comunicaciones y Publicaciones, mucho antes de su amargo e imperdonable cierre forzado. Rossana Reguillo, junto a la académica Diana Taylor de la Universidad de Nueva York, fueron las invitadas de honor del Coloquio Internacional Políticas del Recuerdo. Dimensiones performáticas de las conmemoraciones. 

    Rossana era una mujer hermosa, tez morena, melena negra, ligeramente encorvada, seguramente debido a un accidente en moto cuando era joven. Muy cariñosa, muy acogedora, muy conversadora, muy, muy mexicana.

    Su visita a Chile dejó muchos recuerdos, huellas imborrables y complicidades eternas. Amó Santiago y sus locas desviaciones, sus amistades. En noviembre de 2012, Rossana presentó a Lemebel en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara cuando Pedro escupió a los representantes del ministerio de las Culturas y las Artes de Sebastián Piñera. Fue su desquite por haberlo subido al avión solo porque sobraba un pasaje. Hermoso e inolvidable acto de rebeldía que Pedro dedicó a su gran amigo, el fallecido cronista mexicano Carlos Monsiváis. 

    Hoy, Rossana, Monsi y Lemebel se saludan, se besan y gozan la eternidad.

    ***

    Alejandro Almazán

    Escritor y periodista. México.

    Rossana querida, gracias por tu lucidez. Por ver lo que la mayoría no vemos. Tu obra es fundamental para comprender la evolución de la violencia en México. Comenzaste estudiando a jóvenes en contextos marginales en la década de 1980. En 2006, cuando Calderón lanzó su guerra, notaste que víctimas y victimarios eran cada vez más jóvenes. Para conceptualizar esta realidad, retomaste el estudio de Hannah Arendt sobre los campos de exterminio nazi y la comparaste con la violencia que ejerce el narcotráfico.

    Acudiste a Primo Levi para acuñar el término Narcomáquina. Incluso planteaste el “narcoñol” como una suerte de lengua. Fuiste de las que dijo que el conteo de muertos es inútil: no repone nada, menos a la “humanidad” perdida en los cuerpos mutilados.

    Apostaste por la capacidad intelectual “crítica, artística, periodística y ciudadana” de hacer visible, de denunciar el “crimen ontológico” de la Narcomáquina. Cuando te fue insuficiente el concepto, desarrollaste Necromáquina, otro un dispositivo de muerte, horror y aniquilación; y Contramáquina, una resistencia encarnada por las madres buscadoras.

    Me quedo con ese par de fotografías que nos tomamos con toda esa banda de periodistas que con el tiempo tomó su camino, pero que seguía ligada a ti, a tus enseñanzas. Buen viaje, maestra.

    ***

    Dante Leguizamón

    Periodista. Córdoba. 

    Éramos unas 30 personas en el auditorio del Museo Rufino Tamayo, en DF, México. Asistíamos a un seminario de la Fundación Gabo llamado “Narcotráfico y violencia en las ciudades de América Latina: retos para un nuevo periodismo”. Sobre el escenario un periodista brasileño hablaba en primera persona de “una incursión de las fuerzas de seguridad a las favelas” y me empezó a dar asco. En mi cuadernito de lunares blancos y negros, escribí: “Este no es periodista, este es un constructor de miedo”, parafraseando algo que le había escuchado a Cristian Alarcón poco tiempo antes. A mí lado había una mujer de manos huesudas que tomaban nota rápido, como si estuvieran bien ejercitadas en el asunto. Nunca nos habíamos visto, pero espió mi cuaderno y cuando leyó lo que había escrito, se me acercó al oído y me dijo:

    -No sólo eso. 

    Dio vuelta sus propios apuntes para mostrarme lo que iba a escribir para mí: “Además, es un pelotudo”. 

    Me di cuenta de que la palabra pelotudo la usaba porque sabía que yo era argentino y a partir de ese momento comenzamos a cuchichear. 

    Al terminar la charla se nos acercó Cristian Alarcón que nos había visto cómplices y preguntó qué nos había parecido. Entonces, tratando de hacerme el estudiado e impactar a mi nueva amiga que pensé que también era periodista, contesté: 

    -¿Cómo era esa académica que me contaste y trabaja con la idea de que el miedo es un proyecto político?

    Cristian se rió y me señaló a la mujer que estaba a mi lado. Acababa de citar a mi nueva amiga: Rossana Reguillo. 

    Hasta entonces y todavía hoy, los académicos me dan miedo porque siento que muchos no pueden salir de su clase magistral y de ese tono erudito que los acomoda a medida que hacen que uno se sienta cada vez más incómodo y pequeño. Rossana era diferente. Ella era una traductora de su saber, quería que todos supiéramos lo que ella sabía. 

    Con los años volveríamos a encontrarnos otras veces. Rossana hablaba y discutía todo el tiempo. Ponía sus ideas en juego con el compañero con el que tomaba whisky o con el que desayunaba. Una noche, después de pensar y pensar en cómo narrar la violencia, todos los asistentes al seminario nos íbamos a bailar a Casablanca, un bar donde conocí a la verdadera Reguillo, la que más amé, la mejor docente que tuve en mi vida, la que me enseñó a bailar salsa al ritmo de Luis Enrique y cantando a gritos con los compañeros la canción de aquellas jornadas: “Yo no sé mañana, si estaremos juntos, si se acaba el mundo…”. 

    -Abre las piernas cordobés, que al final eres un cobarde. Déjame entrar que esto se baila con todo el cuerpo y no puedes estar así tan tímido. Entrega los hombros al ritmo, yo me encargo de tu cintura. 

    Y con su pierna entre las mías me sentí por unos días el mejor bailarín de salsa de la noche mexicana y no el tronco que volví a ser apenas pisé nuevamente suelo cordobés. 

    Adiós Rossana. Gracias. 

    ***

    Ximena Poo

    Periodista y Académica. Santiago de Chile. 

    La que ha líado nuestra maestra y amiga al irse tan pronto, justo cuando el mundo cruje y los tiempos se nos hacen hostiles. Nos queda su apachacho constante, sus ideas que muerden, su academia que desafió el canon, su fuerza cuando a una se le venía la academia encima (atesoro la carta que con la generosidad del tiempo que solo ella conocía me escribió el año pasado para pasar a ser profesora titular en la U. de Chile mientras hablábamos de la crueldad del sistema). Me siento una afortunada al haberla conocido, abrazado y reído y llorado con ella cuando nos cruzábamos en el camino de nuestra América Latina que grita y grita cuando se van lxs buenxs como Rossana lo fue. Desde ahora será luciérnaga, como se escribe en su último libro. Y nos queda su risa para desafiar a la muerte, porque, seguro, la sigue peleando allá donde esté. En el Grupo de Trabajo Comunicación y Ciudad de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Comunicación (ALAIC), que ella fundó y que coordino hoy, asumimos su partida, pero no su ausencia; la íbamos a abrazar en Monterrey, en julio, pero abril se la llevó. 

    Ha sido un honor, un privilegio, indignarse con ella cuando hablamos de violencia, de los Estados ausentes, del odio en las calles. Y ha sido un alivio pensar con ella la esperanza, esa estrella que nos clava a la tierra y nos hace sentir que la vida puede ser distinta mientras se sufre y se goza. Aquí estaremos, Rossana eterna, para seguir leyéndote en clases con el fin de que nuestrxs estudiantes latinoamericanxs nunca bajen los brazos. Aquí te seguimos para pelearla juntxs.

    ***

    Verónica Gago

    Académica y activista. Buenos Aires.

    Rossana Reguillo se mueve al ras del suelo y en la altura de un pensamiento singular que nos deja métodos y pistas sobre cómo hacer eso que llamamos trabajo anfibio de investigar y escribir. Hay que leerla porque ella nos regala, al menos, tres claves para tener a mano.

    Anticiparse es animarse. Entendió el territorio digital como campo de investigación prolífico, cuando se lo miraba con sospecha y desdén. Se sumergió ahí de la mano de las juventudes a las que seguía con respeto y admiración. Redefinió la noción de territorio cuando se decía que las redes lo iban a reemplazar.

    Ser anfibia es confiar en la colaboración. «Para mí lo anfibio es la perspectiva de la colaboración» dijo y nos conquistó. Por eso si es pionera es siempre con otrxs, en conexión, buscando desafiar las fronteras de las disciplinas, los lenguajes y las policías del saber.

    Para experimentar, hay que ser rigurosa. Se tomó en serio la experimentación, con un trabajo paciente y dedicado. Las investigaciones llevan su tiempo, decía, porque es esa marca de tiempo lo que permite masticar y entender, eso que Rossana se proponía con pasión.

    Gracias Rossana.

    La entrada Vivirás entre luciérnagas se publicó primero en Revista Anfibia.