Sociedad

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    El día que cerraron 11 ingenios: cómo una decisión de Onganía cambió para siempre la vida de Tucumán

     

    El 22 de agosto de 1966, la dictadura de Onganía cerró 11 ingenios de Tucumán y provocó una profunda crisis social, económica y demográfica que todavía perdura.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Hay decisiones de gobierno que pueden medirse en decretos, estadísticas o balances económicos, pero existen otras cuya verdadera dimensión solamente aparece cuando se observa qué ocurre con las personas que quedan del otro lado de una medida administrativa. El 22 de agosto de 1966, la dictadura de Juan Carlos Onganía dispuso la intervención y el cierre de numerosos ingenios azucareros de Tucumán, una decisión presentada entonces como parte de un programa destinado a ordenar una actividad considerada ineficiente y a reducir una supuesta sobreproducción, pero que terminó provocando una transformación económica y social de enormes proporciones en una provincia cuya historia estaba íntimamente ligada a la caña de azúcar. La medida no significó simplemente que algunas fábricas dejaran de funcionar: en un territorio donde el ingenio constituía alrededor del cual se organizaban pueblos enteros, empleos directos e indirectos, comercios, escuelas, clubes y redes comunitarias, cerrar una fábrica significaba alterar la vida completa de una región. A seis décadas de aquella decisión, la memoria tucumana continúa asociando el 22 de agosto con uno de los grandes quiebres sociales de su historia contemporánea.

    Una industria que era mucho más que azúcar

    Para entender por qué el cierre de los ingenios tuvo semejante impacto hay que retroceder mucho más allá de 1966. La producción azucarera había adquirido una importancia decisiva en Tucumán desde el siglo XIX y se había convertido progresivamente en el eje de una estructura económica que articulaba a productores, trabajadores rurales, obreros industriales, transportistas, comerciantes y familias enteras vinculadas directa o indirectamente con la actividad. La caña no representaba únicamente una mercancía destinada a convertirse en azúcar: constituía un modo de organización territorial, porque alrededor de los ingenios se desarrollaban poblaciones y se consolidaban relaciones sociales que excedían largamente las paredes de las fábricas. La propia provincia reivindica una tradición azucarera de más de dos siglos y señala que ya existen registros históricos de plantaciones de caña en Tucumán desde el siglo XVII, mientras que durante el siglo XIX la actividad adquirió una escala industrial que terminó convirtiéndola en una de las principales bases económicas del norte argentino.

    El problema era que hacia mediados del siglo XX la industria atravesaba dificultades reales, entre ellas una estructura productiva desigual, problemas de rentabilidad y una relación conflictiva entre productores, industriales y trabajadores. El diagnóstico de la dictadura, sin embargo, partió de una premisa que tendría consecuencias mucho más profundas de las que sugería su lenguaje técnico: para reorganizar el sector era necesario reducir drásticamente la cantidad de establecimientos. El gobierno de Onganía intervino entonces la actividad y ordenó el cierre de 11 ingenios tucumanos, una política que buscaba disminuir la producción y concentrar el negocio azucarero en las empresas consideradas viables. Lo que desde Buenos Aires podía aparecer como una operación de racionalización productiva adquirió en Tucumán una dimensión completamente distinta, porque detrás de cada establecimiento había comunidades cuya subsistencia dependía de que esas chimeneas continuaran funcionando.

    La decisión tampoco puede separarse del carácter político del régimen que la tomó. Onganía había llegado al poder mediante el golpe de Estado de junio de 1966, que derrocó al presidente Arturo Illia y estableció una dictadura que había eliminado los mecanismos institucionales de representación política. En ese contexto, los trabajadores afectados por el cierre de los ingenios no contaban con los canales democráticos habituales para disputar una política pública que modificaba radicalmente sus condiciones de vida. La intervención estatal no surgía de un debate parlamentario ni de una negociación política abierta, sino de la lógica de un gobierno militar que concebía la reorganización económica como una cuestión que podía resolverse desde el poder central.

    Cuando una fábrica que cierra se lleva un pueblo entero

    La dimensión humana del proceso comenzó a hacerse visible rápidamente. Los ingenios intervenidos dejaron de funcionar o redujeron drásticamente sus actividades, mientras miles de trabajadores quedaron sin su fuente habitual de ingresos. Pero el impacto no terminó en los trabajadores fabriles: la crisis se extendió hacia los pequeños comerciantes, los trabajadores temporarios de la cosecha, los transportistas y todos aquellos que dependían del movimiento económico generado durante la zafra. Cuando una economía local tiene una actividad dominante, el cierre de una planta industrial produce un efecto multiplicador en sentido inverso: el desempleo de un trabajador se transforma en la caída de las ventas de un almacén, la reducción del transporte, el deterioro de los servicios y la pérdida de población.

    Fue entonces cuando comenzó una transformación demográfica que marcaría durante décadas a Tucumán. Familias que habían vivido durante generaciones vinculadas a la industria azucarera tuvieron que buscar alternativas en otras provincias, especialmente en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, mientras muchos trabajadores rurales se desplazaron hacia las grandes ciudades en busca de empleo. La migración no fue únicamente un movimiento estadístico: significó la ruptura de comunidades, la separación de familias y la pérdida de una trama social construida alrededor del trabajo. Pueblos que habían tenido una actividad económica relativamente intensa comenzaron a experimentar un proceso de deterioro que modificó su paisaje urbano y su vida cotidiana.

    La paradoja es particularmente fuerte cuando se observa la distancia entre los objetivos oficiales y las consecuencias sociales. La política pretendía corregir desequilibrios económicos mediante una reducción de la capacidad productiva, pero el costo de esa reorganización recayó de manera especialmente intensa sobre quienes dependían de la industria para vivir. El cierre de los ingenios no fue simplemente una modificación de la estructura productiva nacional: fue también una redistribución territorial de las oportunidades, porque mientras algunas empresas y regiones podían beneficiarse de la concentración de la actividad, otras quedaron sometidas a un largo proceso de decadencia.

    La respuesta social no tardó en aparecer. Los trabajadores azucareros organizaron protestas y resistencias frente a los cierres, y el conflicto se incorporó a una tradición de movilización obrera que tendría un papel fundamental en la historia política tucumana de las décadas siguientes. La resistencia no puede entenderse solamente como una reacción sindical frente a una medida económica, porque para los trabajadores estaba en juego algo más profundo: el derecho a continuar viviendo en los lugares donde habían construido sus familias y sus comunidades. El reclamo por el ingenio era, simultáneamente, un reclamo por el trabajo, el territorio y la posibilidad de permanecer.

    El precio de una política pensada desde arriba

    La historia del cierre de los ingenios tucumanos obliga a discutir una cuestión que continúa siendo central en cualquier debate sobre desarrollo económico: qué ocurre cuando la eficiencia de una actividad se mide exclusivamente desde sus números y no desde el entramado social que la sostiene. Es indudable que la industria azucarera atravesaba problemas y que necesitaba transformaciones, pero una política de reconversión puede producir consecuencias muy diferentes según la forma en que se implemente, la existencia de alternativas laborales y la participación de quienes serán afectados. En Tucumán, la ausencia de una transición capaz de absorber semejante shock convirtió una reorganización productiva en una crisis social de largo alcance.

    También resulta significativo que la medida haya sido adoptada por una dictadura. La falta de representación política no fue un detalle secundario, porque permitió que una decisión de semejante magnitud se ejecutara sin el proceso de discusión pública que habría obligado a confrontar sus costos sociales. El caso tucumano muestra así una de las características más problemáticas de los gobiernos autoritarios que intentan imponer transformaciones estructurales desde arriba: pueden tomar decisiones con una velocidad que un sistema democrático difícilmente permitiría, pero esa misma velocidad puede impedir que se escuchen las voces de quienes soportarán las consecuencias.

    Con el paso de los años, algunos de aquellos ingenios desaparecieron físicamente o quedaron reducidos a estructuras abandonadas, mientras que otros fueron reconvertidos y la actividad azucarera sobrevivió en establecimientos que continuaron produciendo. Pero la provincia nunca volvió a ser exactamente la misma. La huella de 1966 quedó grabada en los pueblos que perdieron población, en las familias que emigraron y en una memoria colectiva que todavía identifica aquella fecha como el comienzo de una transformación traumática. En ese sentido, el 22 de agosto no pertenece solamente a la historia de la industria azucarera: pertenece a la historia de cómo las decisiones económicas pueden modificar la geografía humana de un país.

    Sesenta años después, cuando se habla de productividad, competitividad, reconversión o reducción de costos, la experiencia tucumana ofrece una lección que conserva plena vigencia: detrás de cada fábrica existe una comunidad y detrás de cada puesto de trabajo hay una cadena de relaciones que no aparece en ninguna planilla contable. El cierre de los ingenios de 1966 demuestra que una economía puede ser reorganizada desde un despacho, pero sus consecuencias se viven en las casas, en las escuelas, en los comercios y en las calles. Por eso aquella decisión de Onganía permanece como una de las grandes heridas sociales de Tucumán: porque no solamente cerró fábricas, sino que modificó el destino de miles de personas y obligó a una provincia entera a reconstruirse después de que el poder político decidiera que una parte de su economía ya no era necesaria. La historia del azúcar tucumano, en definitiva, permite comprender que el desarrollo no consiste solamente en determinar cuánto produce una región, sino también en preguntarse qué sucede con quienes viven de esa producción cuando alguien decide, desde lejos, que ha llegado la hora de apagar las máquinas.

     

  • Milei dijo que el caso Cerimedo es una operación del «castrochavismo»

     

    Javier Milei habló sobre la detención de Fernando Cerimedo y buscó despegarse de quien fuera su asesor durante la campaña. Además, dijo que el episodio se trata de una operación del «castrochavismo».

    «Usted sabe la cantidad de gente que se acerca a la política. Entran y salen todo el tiempo. (Cerimedo) es alguien quien no forma parte del espacio», dijo en una entrevista con Radio Mitre en la que se lo notó nervioso. «No tiene vínculo con nosotros de ningún tipo. Dejamos de vincularlo en 2023», agregó apelando una y otra vez a la muletilla «digo».

    El Presidente dijo que detrás de la detención de Cerimedo podría estar «la runfla de (Marcela) Pagano, (Evo) Morales, el castrochavismo y Lula. Todo es parte de un mismo entramado», planteó.

    Milei y Lemoine respaldaron a Cerimedo y hay desconcierto entre los libertarios

    Además, aseguró que la versión de que en el país de empezaba a comercializar la carne de burro fue de un estudiante de publicidad brasileño que trabaja para los equipos de Lula da Silva y que publicó un libro sobre Pepe Mujica. «Esta vez lo hicieron de manera tan grosera que quedó en evidencia. Es una banda de delincuentes del castrochavismo que opera en la región y que hace desastres», dijo el Presidente.

    Detrás de esto está la runfla de (Marcela) Pagano, (Evo) Morales, el castrochavismo y Lula. Todo es parte de un mismo entramado.

    Pero más allá de las afirmaciones sin ningún tipo de prueba de Milei, lo cierto es que este sábado la propia Beller explicó con detalle en una entrevista concedida a Clarín porque cree que fue Cerimedo quien la mandó a matar: «Fernando Cerimedo me quiso matar porque podía contar todo lo que sabía».

    El abogado de Nadia Beller reveló que en el teléfono de Cerimedo había un mensaje pidiendo «eliminarla»

    De hecho, en el teléfono celular de Cerimedo la justicia de Bolivia descubrió un mensaje en el que Cerimedo le advertía a otra persona que tenían que «eliminar» a Beller por las cosas que sabía.

    Mano derecha del presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, Cerimedo fue arrestado en la madrugada de este martes en Santa Cruz de la Sierra, horas después del ataque armado que sufrió la abogada Nadia Beller, quien lo acusó de ser el instigador del ataque

    El consultor Fernando Cerimedo detenido en Bolivia.

    Este sábado, el vicepresidente de Bolivia, Edmand Lara, dijo que Cerimedo planeó un atentado contra su vida a concretarse durante su programada visita a Ecuador que tenía previsto hacer en febrero, pero que fue la propia Beller, a través de un asesor, quien le advirtió sobre este plan y decidió cancelarlo.

    Sheinbaum cuestionó a Cerimedo y Negre: «Generan noticias falsas, uno de ellos esta denunciado por intento de femicidio»

    «Yo tenía un viaje a Ecuador en el mes de febrero de este año, tenía una invitación, uno de mis colaboradores entra a mi oficina y me dice ‘no viajes, porque una persona cercana a Cerimedo me dijo que en Ecuador van a atentar en contra de tu vida’. Yo cancelé el viaje», dijo Lara a C5N.

    Esta sábado también, el ex candidato a la presidencia de Honduras, Salvador Nasralla, dijo que Cerimedo trabaja para el actual gobierno hondureño que lidera el trumpista Nasry Asfura.

    Aquí hemos denunciado que La Derecha Diario es un medio que fomenta la difusión de noticias falsas y genera opinión a partir de dinero, un medio de Cerimedo y Negre.

    Nasralla contó que en enero pasado se publicó oficialmente que Cerimedo había sido contratado para trabajar como asesor del gobierno. «Este gobierno le estuvo pagando con dinero del pueblo hondureño. Y puede ser que le sigan pagando, porque desde la cárcel puede seguir asesorando», agregó. 

    Y hace dos días, la presidenta de México recordó que que «aquí hemos denunciado que La Derecha Diario es un medio que fomenta la difusión de noticias falsas y genera opinión a partir de dinero» y recordó que en diciembre del año pasado, Negre posó en una foto con Cerimedo y la desafió a que la difunda en su mañanera.

    «Pues aquí la puse», afirmó Sheinbaum pícara y recordó que Cerimedo, socio de Negre, en La Derecha Diario «está denunciado por feminicidio». 

     

  • Tras la reunión con Massa y Máximo, Kicillof ordenó acelerar la instalación de su candidatura

     

    Axel Kicillof salió del Hotel Emperador y bajó la orden de acelerar a fondo con la instalación de su candidatura presidencial. El gobernador estuvo reunido en ese punto de Retiro con Sergio Massa y Máximo Kirchner donde se conversó exclusivamente de la necesidad de sostener las PASO de cara al año próximo.

    De regreso a La Plata, Kicillof dio luz verde a una apretada agenda para los días siguientes y pidió a sus armadores políticos acelerar los encuentros y plenarios del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), la línea interna del gobernador en el peronismo.

    Los días que siguieron fueron agitados. En apenas cuatro días viajó a Chaco para encabezar un acto con la CGT; participó de un seminario del PJ bonaerense en La Plata; se reunió con Susan Segal en el Hotel Alvear y viajó a Montevideo para participar del Tercer Congreso Panamericano, un ámbito que reúne a políticos progresistas de varios países.

    Kicillof encabezó un acto con la CGT en Chaco: «Milei, la culpa del endeudamiento de las familias es tuya»

    Este sábado Kicillof encabezó el lanzamiento del MDF Juventudes en San Martín del que participaron más de 3.000 jóvenes de distintos puntos del país que organizaron las actividades en distintas comisiones temáticas.

    Entre otros temas, abordaron el impacto de la inteligencia artificial, las plataformas y las nuevas tecnologías; la importancia de la salud mental, la educación y el trabajo. También problemas como las apuestas y la construcción de un modelo productivo que incluya a todos.

    «No queremos simplemente restaurar el pasado, sino construir entre todos un futuro distinto, un futuro mejor, un futuro para todos. Y eso no lo puede hacer un dirigente, lo tiene que construir una fuerza política que convoque al pueblo entero a luchar por sus derechos», dijo el gobernador.

    No queremos restaurar el pasado, sino construir entre todos un futuro para todos. Y eso no lo puede hacer un dirigente, lo tiene que construir una fuerza política que convoque al pueblo entero a luchar por sus derechos.

    En tanto, la orden de acelerar el armado del MDF de la provincia generó entusiasmo en dirigentes y militantes que venían reclamando mayor juego político. De modo que se confirmaron los plenarios seccionales que esperaban fecha.

    El 29 de agosto se hará un encuentro de la Quinta Sección en Santa Clara del Mar. El 5 de septiembre Tapalqué será el punto de encuentro de los referentes de la Séptima. Y el 12, se realizará en Coronel Suárez un encuentro del MDF de la Sexta Sección. La idea es culminar el 19 de septiembre un Encuentro Federal en un lugar que todavía está por definirse.

    LPO adelantó que Kicillof no quiere apurar un acuerdo con Massa y Cristina Kirchner y decidió patear por lo menos hasta en marzo del año próximo el inicio de las negociaciones.

    El gobernador está convencido que el tiempo juega a su favor y prefiere enfocarse en crecer en la sociedad, alejado de las «roscas» de la política.

    En una sorpresiva cumbre, Kicillof, Massa y Máximo acordaron defender las PASO

    En La Plata no quieren saber nada con enredarse en la interna del peronismo y se entusiasman con la construcción de caminos separados. Por eso, alientan que otros sectores del peronismo se animen a una PASO.

    «Hay que concentrarse en trabajar el vínculo directo entre Kicillof y los argentinos de a pie.», afirmó uno de ellos. Ese -aseguran- es el capital más importante del gobernador. «Si hay un acuerdo en marzo mejor. Sino iremos a una PASO o en listas distintas. Todas esas opciones están bien», agrega otra de las fuentes consultadas.

    Por caso, esta tarde en San Martín, Kicillof dejó en claro que el próximo liderazgo no puede surgir de una rosca a puertas cerradas en la cúpula del peronismo. «Una alternativa que sea fuerte no va a surgir ni de un laboratorio, ni de una rosca política, ni de un encuentro entre cuatro paredes», planteó.

     

  • Marcelo Bonelli le respondió a Milei tras los insultos: «es una muestra de impotencia».

     

    El periodista Marcelo Bonelli salió a responder los insultos del presidente Javier Milei en las redes sociales y le reclamó que «no degrade con su vocabulario escatológico la institución presidencial».

    Bonelli consideró que son «una muestra de impotencia» por la marcha de la economía argentina. «En ningún momento objetó o desmintió precisamente lo que yo escribí», agregó.

    «El Presidente de la Nación tiene todo su derecho de expresarse, manifestarse, lo que opina de un artículo o una opinión. Lo único que le pido, por favor, por el respeto a la institución presidencial que cuide su vocabulario», sostuvo el periodista durante su programa en Radio Mitre.

    Milei trató a Bonelli de «mierda humana» y Nelson Castro dijo que está «psiquiátrico»

    «En vez de perder el tiempo en este tipo de cosas sería buenísimo que se dedique a solucionar el endeudamiento de las familias, el problema del salario que no crece, el empleo que no crece o aclarar situaciones enojosas, como lo de Adorni o lo de Cerimedo», dijo Bonelli.

     Sería buenísimo que se dedique a solucionar el endeudamiento de las familias, el problema del salario que no crece, el empleo que no crece o aclarar situaciones enojosas, como lo de Adorni o lo de Cerimedo.

    El viernes Milei dijo que el periodista es una «mierda humana mal cagada». El Presidente enfureció con una nota del periodista de Clarín que revelaba una reunión de Luis «Toto» Caputo con banqueros, en la que el ministro les habría dicho que Milei no iba a cambiar nada del plan económico, pese a que ya son inocultables los problemas de la gente.

    Milei preocupó a los empresarios, que lo vieron errático y desbordado 

    El primer mandatario volvió sacado de sus diez días de encierro en Olivos, que provocaron que el vocero Adrián Ravier tuviera que salir a aclarar que el libertario está bien de salud.

    Como anticipó LPO, Milei dejó preocupados a los empresarios que lo fueron a ver este jueves al Alvear. En una nueva edición del Council of Americas, el presidente se mostró errático, disperso y más agresivo que en su récord personal. 

     

  • El vicepresidente de Bolivia dijo que Cerimedo planeó un atentado contra su vida durante un viaje a Ecuador

     

    El vicepresidente de Bolivia, Edmand Lara, dijo que Fernando Cerimedo planeó un atentado contra su vida durante un viaje a Ecuador que tenía previsto hacer en febrero, pero que fue la propia Nadia Beller, a través de un asesor, quien le advirtió sobre este plan y decidió cancelarlo.

    «Yo tenía un viaje a Ecuador en el mes de febrero de este año, tenía una invitación, uno de mis colaboradores entra a mi oficina y me dice ‘no viajes, porque una persona cercana a Cerimedo me dijo que en Ecuador van a atentar en contra de tu vida’. Yo cancelé el viaje», dijo Lara a C5N.

    «Hace dos días, el doctor (Freddy) Vidovic, que es trabajador de la vicepresidencia me dice: quiero confesarte que la persona que me dijo que Cerimedo iba a atentar contra tu vida en Ecuador fue Nadia Beller», agregó.

    El vicepresidente de Bolivia dijo que Cerimedo participaba de las reuniones de gabinete y le daba órdenes a los ministros 

    Le revelación escala la crisis institucional que enfrenta el gobierno de Rodrigo Paz al máximo. El presidente de Bolivia ha evitado hasta ahora condenar seriamente a su ex asesor, para muchos en la política boliviana, un verdadero primer ministro. La coalición de derecha que sostiene la gobernabilidad de Paz analiza retirarle su apoyo, ante los múltiples casos de corrupción que terminó de destapar Nadia Beller y que ya provocaron la caída del ministro de Hacienda.

    Yo tenía un viaje a Ecuador en el mes de febrero de este año, tenía una invitación, uno de mis colaboradores entra a mi oficina y me dice ‘no viajes, porque una persona cercana a Cerimedo me dijo que en Ecuador van a atentar en contra de tu vida’. Yo cancelé el viaje.

    La acusación de Lara se conecta con otra revelación de Nadia Beller, que Cerimedo, según sus palabras, controlaba un grupo comando de polícias, que tenía previsto secuestrar a Evo Morales. En el allanamiento del departamento del asesor encontraron una sirena de policía, una camiseta y una placa de reconocimiento de esa fuerza.

    La ex presidenta del Senado, Adriana Salvatierra, dijo a LPO que Cerimedo se jactaba en sus redes sociales de tener el poder de meter preso a Evo Morales e incluso le ponía comentarios como que el tiempo se le acababa. «Ese era su poder y las declaraciones de Nadia Beller reflejan que él estaba buscando armarle un caso a Evo Morales y que tenía un control sobre una unidad operativa de élite dentro de la policía para buscar ejercer esta aprehensión», dijo.

    El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz y el vicepresidente, Edman Lara.

    El vicepresidente boliviano contó además que el entorno más íntimo del presidente Rodrigo Paz estaba involucrado en contratos y permisos para actividades mineras relacionadas con el oro. «Ya se venía comentando que la esposa del presidente era la que definía los contratos y permisos para actividades mineras, relacionadas con el oro. Ya había esos comentarios de que a la señora Bibi Urquidi, esposa del presidente, la llamaban la ‘ventanilla única'», contó.

    El diputado Ávila denunció que Cerimedo y Negre: «Tienen cientos de miles de bots operando en México»

    Sin embargo, pese a conocer estos rumores, indicó que no tenía pruebas respecto a este tema, por lo que no lo denunció, pero aseguró que Beller si cuenta con pruebas.

    El que tuvo la idea de quitarme atribuciones, presupuesto, de sacar un decreto constitucional, relegando mis funciones a la mínima expresión, a mí nadie me saca de la cabeza que fue Fernando Cerimedo.

    Además, sostuvo que considera que Cerimedo es quien estuvo detrás de que tuviera menos atribuciones en su rol de vicepresidente.

    «El que tuvo la idea de quitarme atribuciones, presupuesto, de sacar un decreto constitucional, relegando mis funciones a la mínima expresión, a mí nadie me saca de la cabeza que fue Fernando Cerimedo, porque da la casualidad de que en Argentina Milei hace lo mismo con su vicepresidente», señaló.

    Cerimedo en la campaña presidencial de Honduras.

    En tanto, el ex candidato a la presidencia de Honduras, Salvador Nasralla, dijo que Cerimedo trabaja para el actual gobierno hondureño que lidera el trumpista Nasry Asfura. «A Cerimedo le pagó una empresa hondureña cuando fue asesor. Sería interesante que la Unidad de Política Limpia investigue cuál fue la empresa», dijo. 

    El diputado Ávila denunció que Cerimedo y Negre: «Tienen cientos de miles de bots operando en México»

    Nasralla contó que en enero pasado se publicó oficialmente que Cerimedo había sido contratado para trabajar como asesor del gobierno. «Este gobierno le estuvo pagando con dinero del pueblo hondureño. Y puede ser que le sigan pagando, porque desde la cárcel puede seguir asesorando», agregó. 

    «Este señor es capaz de hacer lo que sea», dijo Nasralla y agregó que tiene contactos en Washington y en otros países. Además, dijo que desde Honduras, Cerimedo dirigió una campaña en su contra. «En determinado momento dio la orden de que ya no me peguen», contó el ex candidato presidencial dando cuenta del poder del asesor en las redes.

    En Bolivia fue detenido un personaje llamado Fernando Cerenido, esto toma importancia cuando vemos que es socio de otro estratega político que está en Estados Unidos, de nombre Javier Negre, dueño de La Derecha Diario… que fue condenado por falsear información en España.

    En México, el diputado federal Arturo Avila, recordó los nexos de Cerimedo con el perodista español Javier Negre y señaló que manejan más de 500.000 cuentas falsas para atacar al gobierno de Claudia Sheinbaum.

    «En Bolivia fue detenido un personaje llamado Fernando Cerenido, esto toma importancia cuando vemos que es socio de otro estratega político que está en Estados Unidos, de nombre Javier Negre, dueño de La Derecha Diario… que fue condenado por falsear información en España», dijo el diputado.

    «Tienen una red de cientos de miles de bots que operan en contra de gobiernos progresistas… este personaje y este grupo fue contratado por Ricardo Salinas Pliego para activar en nuestro país un ecosistema digital de amplificación de narrativas falsas que opera en cuentas desde Argentina, España, Estados Unidos y suma más de 500,000 cuentas robóticas», agregó.

     

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    El día que Buenos Aires tuvo tranvías eléctricos y la ciudad empezó a vivir a otra velocidad

     

    Antes de los colectivos y del subte moderno, los tranvías eléctricos transformaron Buenos Aires y cambiaron para siempre la forma de viajar, trabajar y vivir la ciudad.

    Por Redacción de NLI

    Hubo un momento en la historia de Buenos Aires en que la ciudad comenzó a descubrir que las distancias podían dejar de ser una condena. A fines del siglo XIX, la capital argentina atravesaba una transformación demográfica y urbana extraordinaria: crecían la población, los barrios, las actividades comerciales y las necesidades de una sociedad que recibía a cientos de miles de inmigrantes y que empezaba a extenderse mucho más allá de su antiguo núcleo. El problema era que la expansión territorial no podía sostenerse indefinidamente con los mismos medios de transporte que habían servido para una ciudad mucho más pequeña. Los carruajes y los primeros tranvías tirados por caballos tenían sus límites, y fue entonces cuando la electricidad comenzó a ofrecer una respuesta que, además de modificar la manera de viajar, terminaría cambiando la propia forma de Buenos Aires. El tranvía eléctrico no fue simplemente un nuevo vehículo: fue una de las infraestructuras que hicieron posible la Buenos Aires moderna.

    La historia del tranvía porteño había comenzado varias décadas antes, cuando en 1863 se puso en funcionamiento el primer servicio de tranvías de la ciudad, todavía impulsado por caballos. Aquellos vehículos representaban un avance considerable respecto de los carruajes individuales porque permitían transportar un número mayor de pasajeros siguiendo recorridos determinados sobre rieles, pero continuaban dependiendo de una tecnología cuya capacidad estaba condicionada por la fuerza animal. Cada unidad necesitaba caballos, alimentación, descanso y cuidados, mientras que el crecimiento de la red significaba también multiplicar la cantidad de animales necesarios para sostenerla. En una ciudad que se expandía a gran velocidad, ese sistema comenzaba a mostrar las mismas limitaciones que presentaban otros medios de transporte de la época: la modernización urbana exigía encontrar una manera de transportar más personas, a mayores distancias y con una regularidad que no dependiera de la capacidad física de los animales.

    La electricidad llegó a las calles de Buenos Aires

    La electrificación del transporte formó parte de un proceso mucho más amplio que durante aquellos años estaba transformando las grandes ciudades del mundo. La electricidad comenzaba a modificar la iluminación pública, las fábricas, las comunicaciones y numerosos aspectos de la vida cotidiana, y el transporte constituía uno de los campos donde sus posibilidades parecían más evidentes. En Buenos Aires, los primeros ensayos con tranvías eléctricos se realizaron durante la década de 1890 y finalmente, en 1897, comenzó una nueva etapa con la puesta en funcionamiento de servicios eléctricos que reemplazarían progresivamente a la tracción animal.

    La diferencia no consistía solamente en eliminar los caballos. Un tranvía eléctrico necesitaba una infraestructura completamente distinta, porque la ciudad debía incorporar vías adecuadas, cables aéreos, instalaciones eléctricas y sistemas destinados a producir y distribuir la energía necesaria para mover los vehículos. La electrificación, por lo tanto, no significó simplemente cambiar el motor de un transporte existente, sino introducir una nueva red tecnológica en el corazón mismo de la ciudad. Las calles comenzaron a adquirir una fisonomía diferente y, junto con los rieles, aparecieron cables y postes que anunciaban que Buenos Aires estaba entrando en una etapa histórica en la que la electricidad dejaría de ser una curiosidad asociada a determinadas instalaciones para convertirse en una presencia cotidiana.

    La diferencia para los pasajeros fue enorme. Un sistema eléctrico permitía aumentar la capacidad y regularidad del transporte, reducir la dependencia de la fuerza animal y sostener recorridos cada vez más extensos. En una ciudad que crecía rápidamente, esa posibilidad tenía consecuencias que iban mucho más allá del simple hecho de viajar con mayor comodidad.

    El tranvía hizo que Buenos Aires pudiera crecer

    La verdadera revolución del tranvía no estuvo únicamente en la velocidad con la que podía desplazarse, sino en la distancia que consiguió volver cotidiana. Antes de que existiera una red de transporte urbano suficientemente extensa, vivir lejos del centro podía significar una dificultad considerable para quien necesitaba trasladarse todos los días hacia las zonas donde se concentraban los empleos, los comercios y las instituciones. El transporte permitía que esa relación cambiara, porque una persona podía comenzar a vivir a una distancia mayor de su lugar de trabajo sin que el viaje se transformara necesariamente en una tarea agotadora o económicamente inaccesible.

    De esa manera, el tranvía participó activamente en la expansión territorial de Buenos Aires. Los nuevos recorridos favorecieron el crecimiento de barrios que anteriormente se encontraban relativamente aislados y contribuyeron a elevar el valor de terrenos situados lejos de las zonas centrales. Allí donde aparecía una conexión de transporte confiable, aparecía también una nueva posibilidad inmobiliaria: podían construirse viviendas, instalarse comercios y establecerse familias que ahora tenían una conexión más sencilla con el resto de la ciudad.

    El tranvía, en definitiva, no solamente llevaba pasajeros hacia los barrios: ayudaba a crear los barrios.

    Esa relación entre transporte y urbanización es fundamental para comprender la historia de Buenos Aires. Las ciudades no crecen únicamente porque aumenta su población o porque se construyen nuevas viviendas; también necesitan redes que permitan que las personas se desplacen entre lugares cada vez más distantes. La expansión del tranvía permitió que Buenos Aires dejara progresivamente de ser una ciudad concentrada alrededor del centro y comenzara a desarrollar una estructura mucho más extensa y compleja.

    Una ciudad atravesada por empresas y trabajadores

    El crecimiento de la red tranviaria convirtió al transporte en uno de los grandes negocios urbanos de la época. Distintas compañías participaron de la construcción y explotación de líneas, y la expansión del sistema generó inversiones importantes en infraestructura, material rodante, instalaciones eléctricas y talleres. El tranvía se convirtió así en un ejemplo perfecto de cómo la modernización tecnológica y los intereses económicos avanzaban juntos: cada nuevo recorrido podía representar tanto una mejora en la movilidad de los habitantes como una oportunidad comercial para quienes controlaban la infraestructura.

    Detrás de ese negocio había, además, una enorme cantidad de trabajadores. Conductores, guardas, mecánicos, electricistas, personal de talleres, empleados administrativos y trabajadores encargados de mantener las vías y las instalaciones formaban parte de una estructura laboral que creció al mismo tiempo que la red. La modernidad eléctrica tenía, por lo tanto, una dimensión humana que las fotografías de los vehículos muchas veces ocultan. Cada tranvía que recorría Buenos Aires dependía de una organización compleja y de miles de personas que garantizaban diariamente que el sistema funcionara.

    Como sucedía en otras actividades estratégicas, las condiciones laborales generaron conflictos, reclamos y procesos de organización sindical. El transporte urbano se convirtió así también en un escenario de la historia del movimiento obrero, porque cualquier interrupción del servicio afectaba directamente a una ciudad que dependía cada vez más de sus tranvías para funcionar. La importancia económica del transporte le otorgaba a sus trabajadores una capacidad de presión que no podía ser ignorada, y las discusiones sobre salarios, horarios y condiciones de trabajo formaron parte de la evolución de aquella gigantesca red.

    Los tranvías también cambiaron la vida cotidiana

    La expansión de los tranvías produjo una transformación social que resulta difícil de medir únicamente en kilómetros de vías construidas. Viajar diariamente en un mismo sistema de transporte significaba compartir el espacio con personas provenientes de distintos barrios y sectores sociales, en una ciudad que estaba recibiendo una inmigración masiva y que se encontraba en plena construcción de nuevas identidades urbanas. Aunque las diferencias económicas y sociales seguían siendo profundas, el transporte contribuía a generar una experiencia común: Buenos Aires comenzaba a convertirse en una ciudad en la que millones de trayectos individuales formaban parte de una misma red colectiva.

    También cambió la relación de los habitantes con el tiempo. Cuando el transporte se vuelve relativamente regular, los horarios laborales, escolares y comerciales pueden organizarse de otra manera, porque las personas comienzan a calcular sus desplazamientos en función de frecuencias y recorridos. La ciudad empieza entonces a ser percibida no solamente como un espacio geográfico sino también como una red de tiempos de viaje.

    Para la Buenos Aires de comienzos del siglo XX, aquello era una transformación enorme. La posibilidad de atravesar grandes distancias con mayor previsibilidad modificaba las rutinas y permitía que una persona pudiera residir en un barrio alejado y trabajar en otro sin que esa separación resultara necesariamente incompatible con su vida cotidiana.

    Cuando apareció el gran rival: el colectivo

    El dominio del tranvía no sería eterno. Durante las primeras décadas del siglo XX comenzó a desarrollarse otro medio de transporte que poseía una característica particularmente atractiva para una ciudad en permanente crecimiento: el colectivo no necesitaba rieles.

    Esa diferencia aparentemente técnica terminó siendo decisiva. Un tranvía estaba obligado a seguir las vías que determinaban su recorrido, mientras que un colectivo podía modificar su itinerario, ingresar en calles donde no existían rieles y adaptarse con mayor rapidez a las necesidades de barrios que estaban apareciendo o creciendo. La flexibilidad del nuevo sistema permitió que comenzara a competir con el tranvía y que, con el paso de los años, se convirtiera en una pieza central del transporte porteño.

    El automóvil agregó otra presión sobre las calles. A medida que aumentaba su presencia, la infraestructura urbana comenzó a reorganizarse alrededor de un modelo de movilidad diferente, en el que los rieles del tranvía empezaban a ser considerados por algunos sectores como un obstáculo para el tránsito automotor. La modernidad que había llevado a Buenos Aires hacia la electrificación comenzaba a ser reemplazada por otra modernidad basada en colectivos, automóviles y nuevas formas de circulación.

    El tranvía, que alguna vez había representado el futuro, empezaba lentamente a ser presentado como parte del pasado.

    El final de los tranvías y una curiosa paradoja

    El servicio tranviario tradicional fue desapareciendo progresivamente hasta que, a comienzos de la década de 1960, Buenos Aires dejó atrás buena parte de aquella extensa red que durante décadas había sido uno de los símbolos de la ciudad. El proceso fue presentado como parte inevitable de la modernización del transporte, pero visto desde el presente resulta interesante advertir que muchas de las ventajas que habían hecho exitoso al tranvía volvieron a ser discutidas décadas después.

    La preocupación por la congestión, el consumo de combustibles y la contaminación llevó a numerosas ciudades del mundo a recuperar sistemas tranviarios modernos, generalmente con tecnologías mucho más avanzadas que las utilizadas a comienzos del siglo XX. El tranvía volvió a aparecer como una alternativa para determinados corredores urbanos, demostrando que un medio de transporte no necesariamente queda obsoleto para siempre: puede perder vigencia en un contexto determinado y recuperar valor cuando cambian las necesidades de la sociedad.

    En Buenos Aires, algunos proyectos y servicios posteriores recuperaron parcialmente la idea del transporte eléctrico sobre rieles, mientras que la memoria de la antigua red sobrevivió en fotografías, recorridos históricos y espacios donde se conservaron vehículos de época. Pero la cuestión más importante no es solamente sentimental. La historia del tranvía permite observar cómo las decisiones tomadas sobre transporte terminan condicionando durante décadas la forma física y social de una ciudad.

    La ciudad que construyeron los rieles

    Cuando hoy recorremos Buenos Aires, resulta difícil imaginar que muchas de las calles por las que circulan colectivos y automóviles alguna vez estuvieron dominadas por tranvías. Sin embargo, buena parte de la estructura urbana que conocemos se desarrolló mientras aquellos vehículos expandían sus recorridos y conectaban barrios que antes estaban separados por distancias difíciles de atravesar diariamente.

    La historia del tranvía eléctrico es, en ese sentido, mucho más que una historia tecnológica. Es una historia sobre cómo una ciudad aprende a crecer. La electricidad permitió aumentar la capacidad de transporte; el transporte facilitó la expansión urbana; esa expansión creó nuevas necesidades y mercados; y esas nuevas necesidades impulsaron otras formas de movilidad. Buenos Aires se fue transformando en un proceso en el que cada sistema de transporte dejó una marca sobre el siguiente.

    Por eso, cuando observamos una vieja fotografía de un tranvía avanzando por una avenida porteña, no estamos viendo simplemente un vehículo que desapareció hace décadas. Estamos viendo una pieza de la infraestructura que ayudó a construir la ciudad moderna, una época en la que la electricidad comenzaba a transformar la vida cotidiana y en la que cada kilómetro nuevo de riel podía significar que un barrio hasta entonces distante entraba definitivamente en el mapa de Buenos Aires.

    El tranvía eléctrico llegó como una promesa de modernidad y durante décadas cumplió esa promesa. Después fue desplazado por otras tecnologías, pero dejó detrás una transformación que sobrevivió a sus propios rieles: hizo posible que Buenos Aires se extendiera, conectó barrios, organizó tiempos de viaje, creó empleos y convirtió al transporte público en una pieza inseparable de la vida urbana.

    Quizás por eso aquella vieja imagen del tranvía tenga todavía algo de fascinante. No muestra solamente cómo viajaban nuestros abuelos o bisabuelos. Muestra el momento en que Buenos Aires descubrió que una ciudad podía crecer mucho más allá de sus límites si conseguía encontrar una manera de mover a su gente.

    Y durante varias décadas, esa manera tuvo nombre propio: el tranvía eléctrico.