Sociedad

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    La discapacidad bajo ajuste: qué esconde el decreto 942/2025 de Milei

     

    Bajo el discurso de la “eficiencia”, la “transparencia” y el “orden administrativo”, el decreto 942/2025 firmado por Milei elimina la Agencia Nacional de Discapacidad y concentra todas las políticas del sector dentro del Ministerio de Salud. Detrás del lenguaje técnico, la medida implica más controles, más auditorías y un riesgo concreto de recorte de derechos para las personas con discapacidad.

    Por Roque Pérez para NLI

    La publicación del DNU 942/2025 pasó casi inadvertida en medio del cierre de año, pero su contenido es de enorme gravedad para uno de los sectores más vulnerables de la sociedad argentina. El decreto no solo prorroga la emergencia sanitaria, sino que desmantela la estructura institucional que durante años tuvo a su cargo la política pública en discapacidad.

    La decisión central es clara: la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) deja de existir como organismo descentralizado y pasa a ser absorbida por el Ministerio de Salud bajo la figura de una Secretaría Nacional de Discapacidad. Lo que el texto presenta como una “reorganización” es, en los hechos, una fuerte centralización política y presupuestaria.

    El fin de la ANDIS y la pérdida de autonomía

    Hasta ahora, la ANDIS contaba con cierta autonomía funcional y administrativa. Eso le permitía tener un presupuesto propio, equipos técnicos especializados y un margen —limitado, pero real— para sostener políticas públicas específicas.

    Con el decreto de Milei, la discapacidad deja de ser una política integral de derechos y pasa a ser un área subordinada a las prioridades sanitarias y fiscales del Ministerio de Salud. Esto no es neutro: implica que las decisiones sobre discapacidad quedarán atravesadas por criterios de ajuste, “racionalización del gasto” y metas presupuestarias.

    En otras palabras, la discapacidad deja de ser un derecho humano garantizado y pasa a ser un costo a administrar.

    Pensiones por invalidez: auditorías, revisiones y posibles bajas

    Uno de los puntos más sensibles del decreto está en el nuevo inciso 39 del artículo 23 de la Ley de Ministerios. Allí se establece que el Ministerio de Salud tendrá a su cargo:

    “el otorgamiento, control, revisión y auditoría de las pensiones por invalidez”.

    La inclusión explícita de las palabras control, revisión y auditoría no es casual. El propio decreto justifica la medida hablando de “irregularidades”, “falencias” y “desorden administrativo”.

    La experiencia histórica en la Argentina es clara: cuando se anuncian auditorías masivas sobre pensiones por invalidez, lo que sigue son suspensiones, demoras y bajas, muchas veces injustificadas. Personas con discapacidad que dependen de ese ingreso quedan meses sin cobrar o deben atravesar procesos humillantes para volver a demostrar una condición que ya fue certificada.

    El decreto habilita legalmente ese escenario.

    El Certificado Único de Discapacidad, bajo la lupa

    El texto reconoce que existen problemas en la gestión del Certificado Único de Discapacidad (CUD): sistemas fragmentados, falta de interoperabilidad y demoras. Sin embargo, la solución que propone no es fortalecer el acceso, sino centralizar la información y endurecer los mecanismos de control.

    Esto puede traducirse en:

    • Trámites más lentos
    • Mayor discrecionalidad administrativa
    • Nuevos obstáculos para renovar o acceder al CUD

    Para miles de personas, sin CUD no hay prestaciones, transporte gratuito, medicamentos ni acompañamientos terapéuticos. Cualquier demora o restricción impacta directamente en su vida cotidiana.

    Prestaciones en riesgo y prestadores ahogados

    La Ley 24.901 garantiza un sistema de prestaciones básicas que incluye tratamientos, rehabilitación, transporte, apoyos y acompañantes terapéuticos. El decreto afirma que busca “transparentar contrataciones” y “optimizar el gasto”.

    En la práctica, este tipo de procesos suele derivar en:

    • Retrasos en los pagos a prestadores
    • Revisión de convenios
    • Reducción de coberturas
    • Prestadores que dejan de atender porque el Estado no paga

    No hace falta un recorte explícito: la asfixia administrativa también es una forma de ajuste.

    Mucha Convención, poca participación real

    El decreto cita reiteradamente la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, pero no crea ningún mecanismo nuevo y concreto de participación de las organizaciones del sector. Todo queda concentrado en la estructura ministerial.

    Esto contradice el espíritu mismo de la Convención, que exige la participación activa de las personas con discapacidad en el diseño, seguimiento y evaluación de las políticas públicas que las afectan.

    Emergencia sanitaria prorrogada: más discrecionalidad

    La prórroga de la emergencia sanitaria hasta diciembre de 2026 le otorga al Ejecutivo un margen extraordinario para tomar decisiones sin debate parlamentario. En ese marco, la política de discapacidad queda sujeta a resoluciones administrativas, reestructuraciones internas y cambios de criterio que pueden afectar derechos adquiridos.

    Menos Congreso, menos control, menos garantías.


    Un cambio de paradigma peligroso

    El decreto 942/2025 marca un giro claro: la discapacidad deja de ser abordada desde una perspectiva de derechos y pasa a ser tratada como un problema de gestión y gasto público.

    Detrás de palabras como “eficiencia”, “trazabilidad” y “orden”, se esconde un riesgo concreto de ajuste sobre quienes más necesitan del Estado. La eliminación de la ANDIS no es un hecho técnico: es una decisión política con consecuencias reales.

    En tiempos donde el gobierno de Milei repite que “no hay plata”, la pregunta es inevitable: ¿el ajuste también va a caer sobre las personas con discapacidad?

     

  • La doctrina del vale todo

     

    Después de los bombardeos en Caracas durante la noche, la mañana del sábado fue de extraña tranquilidad en otros estados de Venezuela. Colegas me mandaron desde Puerto Ordaz, a casi 700 kilómetros de la capital, fotografías de la gente saliendo a hacer las compras y a trabajar como si nada pasara. En el país hay, hace tiempo, una cotidianidad desenganchada y fatigada de la política.

    En Venezuela, una parte de la vida diaria parece seguir, ajena a la foto de Nicolás Maduro fotografiado esposado y en jogging. Podría ser la imagen de un líder pandillero o de un narco. Da igual. Pero es un presidente convertido en criminal por la justicia estadounidense. Y por el propio Donald Trump. Mientras el presidente de Estados Unidos, que gobierna más allá de sus fronteras, anuncia que controlarán Venezuela hasta que ocurra una transición, un sector importante de la población venezolana sigue en la suya, aparentemente desimplicada de la política. El peso de la vida diaria lo insume todo.

    Las diversas crisis económicas y la política gubernamental han lastrado el liderazgo de Maduro. Pocos llorarán por él. Tampoco habrá movilizaciones masivas pidiendo por María Corina Machado, sobre quien Trump, en la conferencia de prensa de hoy, dijo que no tiene “apoyo interno ni respeto del país”.

    En Venezuela hay, hace tiempo, una cotidianidad desenganchada y fatigada de la política.

    En el resto del mundo, apenas blandas declaraciones. Las condenas esperables de los gobiernos de México, Brasil y Colombia. En Argentina, celebran Milei, sus ministros y legisladores. También Mauricio Macri. Lula da Silva y Claudia Sheinbaum han criticado la incursión militar y sobre todo, el presidente de Brasil destaca lo más relevante: Trump cruzó la línea de lo aceptable y recuerda las históricas injerencias de EEUU en la región. La Union Europea se ve tensionada por las distintas posiciones con respecto a Trump. El bloque europeo solo reivindicó el respeto al derecho internacional. Festejan Giorgia Meloni y Emmanuel Macron. Una sorpresa: la líder francesa de extrema derecha, Marine Le Pen, rechazó la incursión de los Estados Unidos, alegando que “la soberanía de los Estados nunca es negociable”. El premier de Gran Bretaña, Keir Starmer, invocó el derecho internacional, pero advirtió que no derramará lágrimas por Maduro.

    Lo cierto es que, mientras reina ese aparente letargo interior y exterior, el movimiento de Trump rompe los consensos instaurados en los últimos cuarenta años por las dinámicas del multilateralismo y las normativas que establecen la ONU, la OEA y, en última instancia, el derecho público internacional. Estados Unidos confirma un poder que legitima la ruptura de los principios de autodeterminación estatal y quiebra al Estado Nación como concepto. 

    Trump está decidido a reconfigurar la política exterior norteamericana saliéndose de cualquier libreto imaginado en las últimas décadas. Y para ello posee un contexto favorable con importantes líderes de derechas radicales que apoyan su gobierno. Y además se considera artífice de victorias electorales, como las de Javier Milei y la del presidente electo hondureño Nasry Asfura. La fortuna está con Trump y eso lo lee cualquier avesado astrólogo del poder.

    Una sorpresa: la líder francesa de extrema derecha, Marine Le Pen, rechazó la incursión de los Estados Unidos, alegando que “la soberanía de los Estados nunca es negociable”.

    La defensa militar y la inteligencia venezolana fallaron. La seguridad que exhibía Maduro en diversas entrevistas o presentaciones públicas se desmoronó en pocas horas. La incursión a Venezuela se fue rediseñando. Comenzó en el Mar Caribe, con el despliegue de una potente flota de la Armada estadounidense. La presión fue aumentando, pero a pocos pareció importarle. Las tropas estadounidenses estaban estacionadas frente a Venezuela desde agosto. Durante algo más de cuatro meses pasaron de atacar impunemente a embarcaciones sospechadas de llevar drogas a Estados Unidos —al menos 35 ataques y más de 115 muertos— a retener cargueros petroleros y sancionar y bloquear a algunos de esos buques. 

    Esto ya inauguró un potencial peligro para la estabilidad del régimen venezolano: no hay quien sobreviva políticamente en ese país si se toca la columna vertebral petrolera.

    Mientras tanto, la narrativa de la guerra contra las drogas —que se construye desde los años cincuenta en Estados Unidos— se fue asociando a la necesidad de recuperar el petróleo y los activos que Venezuela le había quitado al país.

    Trump está decidido a reconfigurar la política exterior norteamericana saliéndose de cualquier libreto imaginado en las últimas décadas. Y hoy tiene un contexto favorable con importantes líderes de derechas radicales que apoyan su gobierno.

    Esta vez, Trump contaba con tres elementos a su favor para avanzar.

    Primero, consenso entre la ciudadanía norteamericana para apresar a Maduro. La encuesta de Harris Poll y Harvard Caps —realizada entre el 2 y el 4 de diciembre de 2025— revelaba que más del 70 por ciento estaba de acuerdo con derrocar a Maduro y hacerlo enfrentar un juicio. 

    Segundo, la debilidad política, económica y militar de Maduro y su régimen. 

    Tercero, que no recibiría grandes condenas de otros grandes jugadores internacionales. 

    Entonces Trump avanzó, rompió todas las reglas y abrió un nuevo escenario. Se dio tiempo para bromear con que ha superado la Doctrina Monroe —América para los americanos— y ahora habrá que rebautizarla como Doctrina Donroe. Y justificó la decisión de pasar por encima del Congreso para garantizar el efecto sorpresa del ataque. Es una doctrina del vale todo. 

    Esto ya inauguró un potencial peligro para la estabilidad del régimen venezolano: no hay quien sobreviva políticamente en ese país si se toca la columna vertebral petrolera.

    Mientras tanto, el progresismo latinoamericano —que siempre cargó como un peso la experiencia chavista y madurista— hoy solo se aferra a la normativa internacional de sostener con poco énfasis alguna discusión en las redes y los devaluados foros internacionales. La ONU, la OEA y ninguna otra organización o bloque pudieron conducir a los Estados Unidos a una salida diplomática. Trump, en nombre de la seguridad de los Estados Unidos, las desconoce. Reivindica la fuerza. Ha establecido el caos como parte de su gobernanza internacional. Esto rompe cualquier certidumbre política y recupera el carácter violento y sin mediación de la política. Ese poder impone reglas precarias y obliga a los países débiles a tomar posición. Roma no paga traidores y eso el presidente norteamericano lo ha hecho saber (parte de ese laboratorio se inició con los aranceles). 

    Es interesante: mientras Trump reclama la influencia sobre el hemisferio occidental e indica la posibilidad de un segundo ataque, el ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela, Diosdado Cabello, llama a los motorizados a defender el país. A su vez, mientras por el canal VTV circulan imágenes sobre ataques a los cuarteles y la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, indica que van a defender Venezuela y que el único presidente es Maduro, una parte importante de la población en Venezuela se busca la vida como lo hace casi todos los días. Existe una profunda desconexión entre la política y las vidas ciudadanas.

    Se abre un nuevo escenario en Venezuela. Trump advirtió que la transición será larga y que Machado no puede estar al frente de la tarea. La estructura gubernamental y militar chavista se mantiene y, por ahora, no fue arrasada. Por lo tanto, sus actores están disponibles para futuras negociaciones con los Estados Unidos. Hoy, de alguna manera, comienza una transición en Venezuela. No sabemos cómo termina. Lo que sí sabemos es que el gobierno de Maduro está herido y que cuenta con demasiadas debilidades locales y regionales para torcer grandes dosis de injerencia norteamericana. Maduro y su esposa, Cilia Flores, serán juzgados mientras se realiza la transición y todo entrará en una zona de realpolitik, por ahora, desconocida. Queda por observar qué pasará con el petróleo y el impacto de ésta incursión en el bloque de poder chavista. También: cómo influirá el aterrizaje del gobierno estadounidense en el resto de los países de la región. ¿Qué papel jugará Argentina? ¿Cómo reaccionará Colombia? ¿Lo aceptará Brasil sin chistar? 

    El progresismo latinoamericano —que siempre cargó como un peso la experiencia chavista y madurista— hoy solo se aferra a la normativa internacional de sostener con poco énfasis alguna discusión en las redes y los devaluados foros internacionales.

    Habría que considerar algunas cosas más: Trump logró una gran legitimación de los emigrados venezolanos en la región, de una parte de la población norteamericana que prontamente deberá participar de las elecciones intermedias de 2026 y una significativa capacidad militar y liderazgo frente a China y Rusia en un hemisferio donde ambos países tienen intereses económicos y geopolíticos.

    Veni, vidi, vici. Hoy Trump jugó y —por ahora— ganó.

    La entrada La doctrina del vale todo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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    La SIDE de Milei: verdades, historia y certezas

     

    El DNU 941/2025 no moderniza la inteligencia argentina: la redefine en clave autoritaria. Bajo un lenguaje técnico y eufemístico, el decreto amplía facultades, diluye controles y habilita un esquema de vigilancia política interna incompatible con el Estado de Derecho. No es una hipótesis alarmista: está escrito, negro sobre blanco.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    El gobierno de Milei volvió a recurrir al atajo institucional del Decreto de Necesidad y Urgencia para reformular de manera integral el sistema de inteligencia nacional. Lo hizo sin debate parlamentario, sin consensos mínimos y sin explicaciones públicas serias. El resultado es un texto extenso, ambiguo y peligrosamente abierto a interpretaciones expansivas, que concentra poder en la SIDE, debilita los controles democráticos y habilita prácticas históricamente asociadas al espionaje interno y al disciplinamiento político.

    No se trata de una discusión técnica. Se trata de qué tipo de Estado se está construyendo y contra quiénes se orientan sus herramientas más opacas.


    De la inteligencia estratégica al control político interno

    El DNU 941/2025 redefine los objetivos de la SIDE ampliando de manera sustancial el concepto de “seguridad estratégica”. Bajo esa categoría difusa se incorporan amenazas que ya no se limitan a riesgos externos, sino que incluyen fenómenos internos vinculados a la “influencia”, la “injerencia”, la “desestabilización” o la “afectación del orden institucional”.

    El problema no es semántico: es político. En la historia argentina, cada vez que el Estado amplió de forma ambigua estas nociones, el resultado fue el mismo: espionaje sobre partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales, periodistas y referentes opositores. El decreto no prohíbe de manera explícita esas prácticas; por el contrario, las deja implícitamente habilitadas.

    La supuesta prohibición del espionaje interno queda vaciada de contenido cuando el propio texto permite acciones “encubiertas” y de “obtención de información” frente a amenazas que no están claramente definidas ni tipificadas. En otras palabras, la SIDE pasa a tener margen para decidir por sí misma qué constituye una amenaza interna, sin control previo efectivo.


    Ambigüedad deliberada y concentración de poder

    Uno de los rasgos más preocupantes del DNU es su redacción. Conceptos como “operaciones encubiertas”, “acciones preventivas”, “seguridad estratégica” o “riesgos híbridos” aparecen reiteradamente sin definiciones precisas. Esta ambigüedad no es un error técnico: es una decisión política.

    El decreto refuerza la autonomía operativa de la SIDE, reduce instancias de supervisión externa y consolida un esquema de concentración de poder en el Ejecutivo, con una cadena de mando corta y opaca. El Congreso queda relegado a un rol casi decorativo, sin herramientas reales para auditar en tiempo real las actividades de inteligencia.

    Además, se amplían las capacidades del personal de inteligencia, incluyendo facultades operativas que rozan funciones de seguridad interior. Aunque no se lo diga de forma explícita, el texto habilita una zona gris donde inteligencia y coerción comienzan a superponerse, un terreno históricamente fértil para abusos.


    Las comunidades CIFN y CITN: redes de captura masiva de información

    El decreto formaliza y potencia el rol de las llamadas comunidades CIFN (Comunidad de Inteligencia Federal Nacional) y CITN (Comunidad de Inteligencia Territorial Nacional), estructuras destinadas a articular información entre distintos organismos del Estado y actores privados. En los hechos, se trata de redes de intercambio de datos a gran escala, con escasos límites normativos y controles difusos.

    Este esquema plantea un riesgo evidente para la privacidad y las garantías constitucionales. La circulación de información sensible sin reglas claras de protección, almacenamiento y uso abre la puerta a bases de datos políticas, sociales y sindicales, algo expresamente prohibido por la legislación vigente y por estándares internacionales en derechos humanos.

    La experiencia histórica demuestra que cuando estos sistemas se expanden sin control, terminan siendo utilizados para el seguimiento de opositores y la anticipación de conflictos sociales, no para la defensa nacional.


    Elusión del Congreso y degradación democrática

    Que una reforma de esta magnitud se haya hecho por DNU no es un detalle menor. El sistema de inteligencia es, por definición, uno de los ámbitos que más control democrático requiere. Milei eligió exactamente lo contrario: evitar el debate parlamentario y avanzar por decreto.

    Esta forma de legislar no solo vulnera el espíritu de la Constitución, sino que consolida una lógica de Estado de excepción permanente, donde el Ejecutivo se arroga facultades extraordinarias sin justificación real de necesidad y urgencia.

    La inteligencia, en este esquema, deja de ser una herramienta al servicio de la soberanía nacional para convertirse en un instrumento de gobierno, orientado a garantizar gobernabilidad mediante la vigilancia y la disuasión.


    Herencias oscuras y un futuro inquietante

    Argentina conoce bien este camino. La SIDE de la democracia tutelada, la AFI del espionaje político, los archivos ilegales, las escuchas, las carpetas y los servicios como factor de poder autónomo. Nada de eso empezó con declaraciones explícitas: empezó siempre con decretos ambiguos y promesas de modernización.

    El DNU 941/2025 no crea un monstruo nuevo: reactualiza viejas prácticas, ahora bajo el ropaje del liberalismo autoritario y la retórica de la seguridad.

    La pregunta no es si estas herramientas pueden usarse mal. La pregunta es cuándo y contra quiénes. La historia argentina ofrece una respuesta incómoda pero clara.

     

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    Estados Unidos y la Doctrina Monroe: dos siglos de intervenciones, golpes y tutelaje sobre América Latina

     

    Desde 1823 hasta hoy, la Doctrina Monroe funcionó como coartada ideológica para justificar invasiones, golpes de Estado, bloqueos económicos y condicionamientos políticos sobre América Latina. Un repaso histórico, crítico y documentado de una política imperial que sigue vigente y que hoy vuelve a exhibirse en el respaldo de Washington a Milei y en el grave episodio denunciado por Venezuela como el secuestro de Nicolás Maduro.

    Por Alcides Blanco para NLI

    El origen de una doctrina imperial

    La llamada Doctrina Monroe, formulada en 1823 por el entonces presidente estadounidense James Monroe, suele presentarse en los manuales como una advertencia contra el colonialismo europeo en el continente. Sin embargo, desde sus primeros usos reales, funcionó como una autoproclamación de tutela: América no sería para los pueblos americanos, sino para los intereses de Washington. En un contexto en el que Estados Unidos aún no era potencia global, la doctrina operó como una declaración de intenciones a largo plazo, que se consolidaría con el crecimiento económico, militar y financiero del país del norte.

    A fines del siglo XIX, tras la guerra contra España y la ocupación de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, la Doctrina Monroe dejó de ser una consigna diplomática para convertirse en una herramienta activa de dominación regional, reforzada luego por el llamado Corolario Roosevelt, que legitimó la intervención directa en países latinoamericanos ante cualquier situación que Washington considerara una “amenaza”.


    Golpes de Estado y gobiernos derrocados

    Durante el siglo XX, la Doctrina Monroe fue el marco político que permitió una seguidilla de intervenciones directas e indirectas. En 1954, el gobierno democrático de Jacobo Árbenz en Guatemala fue derrocado tras una operación organizada por la CIA para proteger intereses corporativos estadounidenses. En 1964, Estados Unidos respaldó el golpe militar en Brasil; en 1973, jugó un rol decisivo en el derrocamiento y asesinato de Salvador Allende en Chile; en 1976, apoyó activamente a la dictadura argentina.

    Estos procesos no fueron excepciones, sino parte de una política sistemática: cuando un gobierno latinoamericano intentó desarrollar un camino autónomo, redistribuir riqueza o controlar recursos estratégicos, la respuesta fue la desestabilización. Golpes, sabotajes económicos, operaciones psicológicas y financiamiento a sectores opositores fueron prácticas recurrentes.


    Dictaduras, terrorismo de Estado y Operación Cóndor

    En los años setenta, la Doctrina Monroe se tradujo en su versión más brutal con la Operación Cóndor, una coordinación represiva entre dictaduras del Cono Sur, con apoyo logístico, tecnológico y de inteligencia de Estados Unidos. Miles de militantes políticos, sindicales y sociales fueron secuestrados, torturados y asesinados en nombre de la “lucha contra el comunismo”.

    Lejos de ser un desvío, este entramado represivo fue funcional a la imposición de un nuevo modelo económico: apertura irrestricta, endeudamiento externo y destrucción del aparato productivo nacional. La violencia política fue el complemento necesario del saqueo económico.


    Del intervencionismo militar al disciplinamiento económico

    Con el fin formal de la Guerra Fría, Estados Unidos no abandonó su política de injerencia, sino que la adaptó. Las invasiones militares dieron paso, en muchos casos, al disciplinamiento financiero, las sanciones económicas, el endeudamiento condicionado y el uso de organismos internacionales como herramientas de presión.

    En América Latina, esta etapa incluyó bloqueos como el impuesto a Cuba y Venezuela, persecuciones judiciales selectivas contra líderes populares —el llamado lawfare— y el financiamiento de proyectos políticos alineados con la agenda de Washington. La Doctrina Monroe mutó, pero nunca desapareció.


    Bolivia: el golpe contra Evo Morales y el laboratorio del “golpe blando”

    El caso de Bolivia es uno de los ejemplos más claros del intervencionismo estadounidense en el siglo XXI, adaptado a nuevas formas. En 2019, el presidente Evo Morales, primer mandatario indígena del país y artífice de un proceso de nacionalización de recursos estratégicos —en especial el gas y el litio— fue forzado a renunciar tras una operación de desestabilización política, mediática e institucional.

    El rol de la Organización de Estados Americanos, alineada históricamente con la política exterior de Washington, fue clave. Un informe preliminar sin sustento técnico sobre supuestas irregularidades electorales fue utilizado como excusa para legitimar un golpe de Estado que derivó en la instalación de un gobierno de facto encabezado por Jeanine Áñez, inmediatamente reconocido por Estados Unidos.

    Durante el régimen posterior al golpe, Bolivia vivió masacres en Sacaba y Senkata, persecución judicial contra dirigentes del Movimiento al Socialismo y una política de alineamiento total con Washington. El objetivo fue claro: interrumpir un proyecto soberano y disciplinar a un país que había decidido controlar sus recursos naturales y construir alianzas fuera del eje estadounidense.


    Ecuador: Rafael Correa y la persecución como método

    En Ecuador, la Doctrina Monroe se expresó a través de una modalidad cada vez más frecuente: la persecución judicial selectiva. Tras una década de gobierno de Rafael Correa, marcada por la recuperación del rol del Estado, la reducción de la pobreza y una política exterior autónoma, se desplegó una ofensiva para borrar políticamente a su principal referente.

    Correa fue víctima de un proceso de lawfare que incluyó causas judiciales armadas, condenas sin pruebas materiales sólidas y la imposibilidad de presentarse a elecciones. Todo ocurrió bajo el gobierno de Lenín Moreno, quien llegó al poder con un discurso de continuidad pero rápidamente giró hacia un alineamiento pleno con Estados Unidos, restaurando acuerdos militares, entregando información estratégica y revirtiendo políticas soberanas.

    La persecución contra Correa no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia regional: neutralizar líderes populares sin necesidad de tanques en la calle, usando tribunales, medios concentrados y presión internacional.


    Brasil: Lula, la cárcel y la proscripción política

    El caso de Brasil es otro capítulo central del intervencionismo contemporáneo. Luiz Inácio Lula da Silva, líder histórico del Partido de los Trabajadores y dos veces presidente, fue encarcelado en 2018 tras un proceso judicial plagado de irregularidades, que luego serían reconocidas incluso por la propia Justicia brasileña.

    La causa que llevó a Lula a prisión se construyó sin pruebas directas y tuvo como resultado inmediato su proscripción electoral, allanando el camino para el triunfo de Jair Bolsonaro, un dirigente alineado ideológicamente con Washington y funcional a sus intereses geopolíticos y económicos.

    Años más tarde, quedó demostrado que el proceso contra Lula estuvo atravesado por coordinación entre jueces, fiscales y actores externos, incluyendo cooperación informal con agencias estadounidenses. El objetivo fue inequívoco: desarticular un proyecto político autónomo que había fortalecido la integración regional, los BRICS y la independencia económica de Brasil.

    Venezuela como objetivo permanente

    Venezuela se convirtió en uno de los principales blancos de esta política en el siglo XXI. Desde la llegada de Hugo Chávez y la recuperación del control estatal sobre el petróleo, Estados Unidos desplegó una estrategia de hostigamiento constante: sanciones económicas, intentos de aislamiento diplomático, reconocimiento de autoridades paralelas y amenazas militares explícitas.

    En las últimas horas, el gobierno venezolano denunció un hecho de extrema gravedad: el secuestro del presidente Nicolás Maduro en el marco de una operación atribuida a fuerzas estadounidenses. Más allá de la versión que intenta instalar Washington, el episodio fue calificado por Caracas y por diversos actores internacionales como una violación flagrante de la soberanía y un regreso abierto a las prácticas más crudas del intervencionismo.


    Milei y el alineamiento sin matices

    En este contexto regional, la Argentina atraviesa una etapa de subordinación explícita. Durante el proceso electoral que llevó a Milei al poder, el respaldo político y económico de Estados Unidos fue público y determinante. Señales financieras, gestos diplomáticos y apoyos externos funcionaron como un mensaje claro al sistema local: había un candidato alineado con los intereses de Washington.

    Lejos de ocultarlo, Milei celebró ese respaldo y adoptó una política exterior de alineamiento automático, avalando sanciones, intervenciones y acciones que históricamente el peronismo y los movimientos nacionales habían cuestionado. El resultado es una Argentina que renuncia a la autonomía regional y se reubica, sin negociación alguna, dentro del esquema de la Doctrina Monroe.


    Una doctrina que nunca fue pasado

    A más de doscientos años de su formulación, la Doctrina Monroe sigue viva. Cambió de formas, de discursos y de métodos, pero mantiene intacto su núcleo: América Latina como zona de influencia exclusiva de Estados Unidos. Desde los golpes militares del siglo XX hasta el condicionamiento económico y las operaciones encubiertas del presente, la lógica es la misma.

    La historia demuestra que cada vez que un país latinoamericano intentó salirse de ese corset, la respuesta fue la presión, la desestabilización o la violencia. Entender ese recorrido no es un ejercicio académico: es una condición necesaria para defender la soberanía, la democracia real y el derecho de los pueblos a decidir su propio destino.

     

  • Delcy está en Caracas y toma el control del gobierno: «el único presidente es Maduro»

     

    Delcy Rodríguez reapareció tras la captura de Nicolás Maduro para ponerse al frente del gobierno de Venezuela y en una conferencia de prensa en Caracas, dejó en evidencia que las versiones que había decidido refugiarse en Rusia eran falsas

    La vicepresidenta lideró la reunión de urgencia del Consejo de Defensa y se mostró con la primera línea de la cúpula chavista como su hermano y presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, el ministro de Seguridad, Inteligencia y Justicia, Diosdado Cabello, y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López. 

    Esto confirma, como adelantaron fuentes venezolanas a LPO, que la vicepresidenta no estaba en Rusia como circuló en algunas agencias internacionales sino que siempre se mantuvo en la capital venezolana. 

    En la conferencia de prensa, la vicepresidenta de Venezuela anunció la activación de un decreto «de conmoción externa» firmado por Maduro antes de su detención, que fue entregado al Tribunal Supremo de Venezuela, que controla el chavismo, para otorgarle la formalidad de un respaldo constitucional. Aún no está claro que medidas implica la activación de ese decreto.

    Trump anunció que negociará con la chavista Delcy Rodríguez la transición en Venezuela

    Pero el elemento mas relevante de la aparición de la vicepresidenta chavista es que se mostró en control del gobierno, luego que Trump la instalara como la autoridad con quien la Casa Blanca piensa negociar una transición, en detrimento de María Corina Machado, que intentó presionar al republicano para que instalara en el poder a su aliado, el ex candidato presidencial, Edmundo González.

    La Constitución de Venezuela establece que al no haber trancurrido la mitad del mandato de Maduro, la vicepresidenta debería convocar a nuevas elecciones presidenciales.

    Como era de esperar, la nueva líder bolivariana no confirmó que asume la presidencia y aclaró que el único jefe de estado es Nicolás Maduro, pero la Constitución establece que con el depuesto líder fuera del poder la que está en funciones es la vicepresidenta. 

    La carta magna también establece que al no haber transcurrido la mitad del mandato, Rodríguez debería convocar a elecciones. A esta altura, los pasos a seguir parece que se terminarán dando en coordinación con Estados Unidos que no confía en el liderazgo opositor para salir de la crisis.  

    El Miami Herald había revelado días atrás que en la conversación que mantuvieron Trump y Maduro, antes que se activara la detención del chavista, ambos líderes analizaron la posibilidad de un paso al costado de Maduro para que luego Delcy convocara a elecciones.

    La vicepresidenta Delcy Rodríguez junto a la plana mayor del chavismno en la reunión que mantuvieron este sábado.

    Un importante operador político que trabaja en Nueva York y opera como nexo del chavismo con la petrolera estadounidense Chevron, que opera en Venezuela, afirmó a LPO: «Lo que pasó es un cambio de piezas interno. Washington siempre hablo con Delcy. A Trump ella no le molesta, porque sabe que una transición que cuente con la colaboración del régimen es vía menos costosa para salir de la crisis». 

    «Ahora, si Caracas no se alinea con eso, el escenario puede ser peor», agregó este operadort, en referencia a la advertencia de Trump de una segunda ola de ataques.

    Debate en la Casa Blanca: Rubio va por el final total del chavismo y los trumpistas analizan una salida negociada

    Pero más allá de las especulaciones sobre una operación acordada con la cúpula del chavismo, en su conferencia Delcy Rodríguez mantuvoó una narrativa de confrontación y acusó a Estados Unidos de «violar flagrantemente el Artículo 1 y 2 de la Carta de las Naciones Unidas, pese a que Maduro había extendido su mano al pueblo estadounidense para establecer canales de comunicación diplomáticos, políticos e institucionales, basados en el respeto a la legalidad internacional».

    «Insto al pueblo a mantenerse en calma y a afrontar la situación juntos en perfecta unión nacional. Instó a que la fusión policial, militar, popular se convierta en un solo cuerpo para defender nuestra amada Venezuela en esta etapa de defensa de nuestra soberanía y de nuestra independencia nacional», concluyó.

     

  • Trump anunció que negociará con la chavista Delcy Rodríguez la transición en Venezuela

     

     Donald Trump dio una conferencia de prensa en la residencia presidencial en Mar-a-Lago junto al secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth, luego del ataque militar que forzó la captura de Nicolás Maduro. 

    Trump reivindicó la operación militar y afirmó que todo el poder militar venezolano fue destruido. Pero el dato más importante gira en torno el futuro del país sudamericano y la sucesión de Maduro en el poder. 

    En ese sentido, el presidente de EEUU dijo que «ahora vamos a gobernar el país hasta que podamos llevar a cabo una transición segura, adecuada y prudente» y confirmó que Marco Rubio está negociando con Delcy Rodriguez la transición. «La vicepresidenta habló con Marci Rubio y dijo que hará lo que nosotros digamos», reveló.

    «No queremos que otra persona asuma el poder y que se repita la misma situación que hemos vivido durante los últimos años. Así que vamos a seguir gobernando el país», aclaró, cerrando la puerta a un gobierno opositor.

    Con el aval de Trump, la CIA volvió a tener un papel crucial en la región y orquestó la captura de Maduro

    De todas formas, insistió con que el diálogo para definir los pasos a seguro no es con nadie de la oposición sino con el propio chavismo. Ante la consulta sobre María Corina Machado, dijo desconocer donde se encuentra y planteó que «no tiene respeto de la población». 

    No queremos que otra persona asuma el poder y que se repita la misma situación que hemos vivido durante los últimos años. Así que vamos a seguir gobernando el país

    Esto confirma lo que LPO adelantó en exclusivo sobre la desconfianza de la Casa Blanca con los líderes opositores que no cuenta con el apoyo interno, en especial de las Fuerzas Armadas. 

    Lo que resta saber ahora es si el diálogo de Delcy con Washington es una decisión articulada con los otros integrantes de la cúpula que pueden ocupar lugares de liderazgo en la nueva etapa como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López.

    Esto también cristaliza la interna en el gobierno de Trump, entre los que quieren eliminar a todos los integrantes del chavismo como Marco Rubio y el trumpismo mas alienado a la lógica MAGA que busca terminar la ofensiva en esta operación y trabajar con nuevas autoridades dentro del régimen.

    La idea de «administra por cuenta» propia el país parece un punto intermedio entre esas dos corrientes que pagan en el corazón de Washington.