Sociedad

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    Venezuela, Trump y el “otro” Carlos Calvo

     

    Mientras Donald Trump vuelve a mostrar el rostro más brutal del imperialismo norteamericano sobre Venezuela, vale recuperar a un Carlos Calvo que no es el recordado actor; nos referimos al jurista que, desde el siglo XIX, explicó con una lucidez asombrosa por qué estas invasiones no son errores ni excesos, sino parte constitutiva del poder imperial. La Doctrina Calvo no solo ayuda a entender lo que pasa hoy en Caracas: desnuda el ADN de la política exterior de Estados Unidos.

    Por Alcides Blanco para NLI

    El otro Carlos Calvo: jurista, diplomático y antiimperialista antes del antiimperialismo

    Carlos Calvo nació en Buenos Aires en 1824 y fue uno de los juristas internacionales más influyentes de América Latina. Diplomático, historiador y especialista en derecho internacional, desarrolló su pensamiento en un contexto marcado por intervenciones militares europeas y presiones extranjeras sobre los países latinoamericanos recién independizados.

    Calvo observó un patrón que se repetía una y otra vez: potencias extranjeras que utilizaban reclamos de ciudadanos, empresas o acreedores como excusa para intervenir política o militarmente en Estados soberanos. Frente a eso, formuló una doctrina que hoy resulta incómodamente actual.

    Qué plantea la Doctrina Calvo

    La Doctrina Calvo se apoya en principios simples pero revolucionarios para su época:

    • Igualdad jurídica entre nacionales y extranjeros, sin privilegios especiales
    • Obligación de someterse a la justicia local del país donde surja el conflicto
    • Rechazo absoluto a la intervención extranjera, diplomática o militar

    En términos claros: ningún Estado extranjero tiene derecho a intervenir en otro país para defender intereses privados, mucho menos usando la fuerza. La soberanía no se negocia.

    Del siglo XIX a Trump: la doctrina frente al imperialismo moderno

    Lo sucedido en Venezuela con la invasión estadounidense y el secuestro de Nicolás Maduro es una violación directa y deliberada de la Doctrina Calvo y de todo el derecho internacional moderno.

    Estados Unidos actuó por fuera de cualquier jurisdicción, desconociendo al Estado venezolano, ignorando la legalidad internacional y utilizando la fuerza militar como herramienta política. Exactamente el tipo de conducta que Calvo denunció hace más de 150 años.

    Nada de esto es nuevo: cambia la excusa, pero no la lógica. Ayer era la “protección de ciudadanos”, hoy es la “defensa de la democracia”.

    El petróleo como motor real de la agresión

    Calvo entendió algo clave: las intervenciones nunca son ideológicas, son económicas. Venezuela concentra las mayores reservas de petróleo del planeta, y desde su nacionalización se convirtió en un obstáculo estructural para los intereses de las grandes corporaciones energéticas.

    Cada vez que el Estado venezolano reafirmó el control sobre sus recursos, la respuesta fue escalando: bloqueos, sanciones, sabotajes, intentos de golpe y finalmente invasión directa.

    La Doctrina Calvo anticipó este conflicto: cuando un país periférico ejerce soberanía real, el imperialismo responde con violencia.

    El secuestro de Maduro y la negación de la soberanía

    El secuestro del presidente venezolano no es solo un hecho político: es un acto colonial. Supone que Estados Unidos se arroga el derecho de decidir quién gobierna y quién no, anulando la autodeterminación de los pueblos.

    Para Calvo, este tipo de acciones no eran anomalías sino el funcionamiento normal del sistema imperial, que necesita disciplinar a quienes se salen del libreto.

    Carlos Calvo versus el orden mundial actual

    El “otro” Carlos Calvo —el jurista— pensó un mundo donde los países latinoamericanos no fueran patios traseros, sino sujetos plenos de derecho. Por eso su doctrina fue combatida, invisibilizada y reemplazada por mecanismos favorables al capital extranjero.

    Hoy, frente a Trump y la ofensiva sobre Venezuela, Calvo vuelve a ser actual porque demuestra que el problema no es Maduro, ni el chavismo, ni Venezuela, sino la negativa de un país a ser colonia.

    Conclusión

    La Doctrina Calvo no es una reliquia académica: es una herramienta para entender el presente.
    La invasión estadounidense y el secuestro de Maduro confirman que el imperialismo sigue actuando como en el siglo XIX, solo que con un discurso más cínico.

    Mientras Trump ejecuta la política del garrote, Carlos Calvo sigue recordando que la soberanía no se pide permiso: se ejerce.

     

  • Larreta se burló de Patricia con una foto de cuando era de la JP

     

    Horacio Rodríguez Larreta se cruzó de manera brutal con Patricia Bullrich en Twitter tras el secuestro de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y la chicaneó con una foto de cuando pertenecía a la Juventud Peronista.

    El ex jefe de gobierno dijo que «Maduro es un dictador sanguinario» y que es «muy bueno para los venezolanos que no esté más». Pero al mismo tiempo cuestionó el método que usó el gobierno de Donald Trump para correr al líder chavista.

    «Hay, sin embargo, un principio que no se puede violar unilateralmente: el respeto a la soberanía de los Estados. Es un antecedente peligroso. Aun frente a gobiernos injustos, autoritarios y violentos. La salida para Venezuela no puede ser la imposición externa. Tiene que ser democrática. Tiene que ser venezolana. Que la palabra vuelva al pueblo. Que decidan en libertad. Elecciones libres ya»», dijo Larreta.

    Por ese último párrafo Bullrich salió a cruza al ex jefe de gobierno, con el que compitió en las primarias presidenciales de 2023 con el sello de Juntos por el Cambio, antes de saltar a La Libertad Avanza.

    «Dios, qué tibio. ¿Cómo se siente coincidir con el kirchnerismo, Horacio?», lo chicaneó la ex ministra de Seguridad, en referencia a un comunicado del PJ que cuestionaba los bombardeos de EEUU en Caracas.

    «Quizás vos me lo podés explicar mejor, Pato», le respondió Larreta junto a una foto de archivo de cuando Bullrich militaba en la JP.

    En la imagen se ve a Bullrich y de fondo un afiche con la imagen de Eva Perón que dice: «La Juventud Peronista, junto a los trabajadores, levantará tus banderas y las llevará a la victoria».

     

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    El petróleo venezolano: un botín equivalente a 400 endeudamientos de Caputo y Milei

     

    Venezuela no es un problema: es un botín. Con las mayores reservas de petróleo del planeta, valuadas en entre 17 y 18 billones de dólares, el país concentra un volumen de riqueza energética que explica décadas de presiones, sanciones, intentos de disciplinamiento y ahora, abiertamente, proyectos de recolonización. Detrás del discurso de la “democracia” y la “transición”, lo que está en juego es el control del petróleo.

    Por Celina Fraticiangi para NLI

    Las mayores reservas del planeta y un crudo incómodo para el imperio

    Venezuela posee alrededor de 303 mil millones de barriles de petróleo probados, lo que representa cerca del 17 % de todas las reservas mundiales. No existe otro país con semejante volumen bajo su subsuelo.

    La mayor parte de ese petróleo se encuentra en la Faja Petrolífera del Orinoco y corresponde a crudo extra-pesado, un tipo de petróleo más denso y costoso de procesar que el liviano. Su explotación requiere tecnología avanzada, inversiones constantes y capacidad de refinación específica, especialmente diseñada para este tipo de crudo.

    Ese dato técnico no es menor: explica por qué históricamente las grandes petroleras norteamericanas y europeas estuvieron tan interesadas en Venezuela, y también por qué las refinerías del Golfo de México fueron adaptadas durante décadas para procesar crudo venezolano. No es un petróleo cualquiera: es estratégico.

    A precios actuales del crudo, el valor bruto de esas reservas se calcula en unos 17 a 18 billones de dólares. Para dimensionarlo: equivale a entre el 76 y el 81 % de toda la masa monetaria M2 de Estados Unidos, o dicho de otro modo, a tres cuartas partes de todo el dinero que circula y se deposita en el sistema financiero estadounidense.


    Antes de la nacionalización: Venezuela producía, pero no mandaba

    Durante gran parte del siglo XX, el petróleo venezolano estuvo controlado por empresas extranjeras, principalmente estadounidenses. Desde las décadas de 1920 hasta los años 60, compañías como Exxon, Mobil y Gulf Oil dominaron la exploración, extracción y exportación del crudo.

    En ese período, Venezuela llegó a producir más de 3,7 millones de barriles diarios, ubicándose entre los principales productores del mundo. Sin embargo, el control real del negocio, las decisiones estratégicas y una porción sustancial de las ganancias quedaban fuera del país.

    El esquema era simple y conocido en América Latina: Venezuela ponía el recurso, las multinacionales se llevaban la renta.

    Ese modelo empezó a resquebrajarse cuando el petróleo dejó de ser visto solo como mercancía y pasó a ser comprendido como recurso estratégico y herramienta de soberanía.


    La nacionalización, PDVSA y el límite al saqueo

    En 1976, bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez, Venezuela nacionalizó su industria petrolera y creó Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA). A partir de ese momento, el Estado venezolano pasó a controlar la producción, refinación y comercialización del crudo.

    La nacionalización no fue una rareza: formó parte de una ola global de nacionalismo energético que recorrió el mundo en los años 70. Pero para Estados Unidos fue una señal clara de alerta: uno de sus principales proveedores de energía decidía no obedecer más.

    Décadas después, con Hugo Chávez, ese control estatal se profundizó. Desde 2007, las empresas extranjeras fueron obligadas a convertirse en socias minoritarias de PDVSA o retirarse. Algunas aceptaron —como Chevron—, otras se fueron denunciando “expropiaciones”.

    Lo que para Venezuela fue soberanía energética, para Washington fue y sigue siendo un “robo”. Desde entonces, el petróleo venezolano quedó en el centro de una guerra económica: sanciones, bloqueos, asfixia financiera y operaciones políticas.


    Un botín que explica todo: FMI, Argentina y el contraste brutal

    El valor de las reservas petroleras venezolanas permite entender la magnitud del conflicto.

    Con 17 a 18 billones de dólares (calculado ya extraído y en barriles), ese petróleo equivale a:

    • Entre 380 y 400 préstamos del FMI como el que sostiene Milei, de unos 45 mil millones de dólares.
    • Entre 26 y 28 PBI completos de la Argentina.
    • Siete u ocho veces todo el efectivo físico que circula en Estados Unidos.

    Mientras Argentina es disciplinada por el FMI por decenas de miles de millones, Venezuela es acosada por una riqueza que vale cientos de veces más. La diferencia no es moral ni ideológica: es material.

    Por eso Estados Unidos no negocia con Venezuela como con un país cualquiera. La discute, la sanciona, la amenaza o directamente intenta administrarla. No por su sistema político, sino por su subsuelo.


    El remate que incomoda

    Venezuela no es pobre: es demasiado rica para que la dejen en paz.
    Y la Argentina de Milei no es castigada por rebelde, sino por obediente y endeudable.

    Cuando se entiende que el petróleo venezolano equivale a décadas enteras de producción argentina, a cientos de acuerdos con el FMI y a una porción sustancial del dinero estadounidense, se cae el relato.

    No es democracia contra autoritarismo.
    Es saqueo contra soberanía.

     

  • El giro de la negociación de Trump con el chavismo dejó en offside a Milei

     

    Javier Milei quedó en offside con el giro que hizo Donald Trump para negociar la transición con el chavismo en Venezuela y descartar un gobierno conformado por la oposición como pidió oficialmente la Rosada.

    El libertario quiso ser el primer mandatario del mundo en pedir que tras el secuestro de Nicolás Maduro, Venezuela quedara en manos de Edmundo González Urrutia y Corina Machado.

    Pocos minutos después de que Trump anunciara que había sacado a Maduro de su país, la Cancillería comandada por Pablo Quirno sacó un comunicado oficial en el que «recomendaba» a Estados Unidos que impusiera a esos dos dirigentes de la oposición venezolana.

    «El Gobierno argentino espera y apoya que esta nueva situación haga posible que las autoridades legítimamente elegidas por el pueblo venezolano en las elecciones celebradas en 2024, incluido el presidente electo Edmundo González Urrutia, puedan finalmente ejercer su mandato constitucional conforme a la voluntad popular expresada en las urnas y a las normas democráticas vigentes, destacando asimismo el liderazgo de María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, en la defensa de la democracia y la libertad en Venezuela», dijo el comunicado de Cancillería.

    El interrogante que deja el giro de Trump que dejó en offside al gobierno de Milei es hasta qué punto el libertario tiene línea con la Casa Blanca, si no puede anticiparse a una maniobra geopolítica de tamaña envergadura.

    Pero luego el propio Trump se encargó de ningunear a Machado y dijo que no la querían en su país, por ende no sería la encargada de encarar el nuevo gobierno. A Urrutia, a quien Milei hizo salir al balcón de la Rosada, ni siquiera lo mencionó. En cambio, Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, sí encararon negociaciones con Delcy Rodríguez, vice de Maduro, para encarar la transición.

    Corina Machado

    Este domingo, Rubio fue más allá y dijo que además de negociar con Delcy, ni siquiera pensaban en unas nuevas elecciones. «Es muy prematuro para eso», dijo el secretario de Estado y luego tuvo un sinceramiento brutal: «Nos importa la democracia y todo eso, pero lo primero que nos importa es la seguridad y prosperidad de Estados Unidos», dijo.

    Trump ya había dejado en soledad a Milei cuando viajó a Oslo para participar de la entrega del Premio Nobel de la Paz a Machado. Ni siquiera la venezolana llegó a tiempo para la premiación y Milei tuvo que volverse de apuro a la Argentina en un viaje millonario que, si ya era infructuoso entonces, ahora cobra aún menor relevancia.

    El interrogante que deja el giro de Trump que dejó en offside al gobierno de Milei es hasta qué punto el libertario tiene línea con la Casa Blanca, si no puede anticiparse a una maniobra geopolítica de tamaña envergadura.

     

  • Rubio confirma la negociación con el chavismo: «¿Elecciones? Es un poco prematuro para eso»

     

    El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, confirmó este domingo que Estados Unidos está dispuesto a trabajar con el gobierno de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, aunque advirtió que la relación dependerá de las acciones que tome el nuevo mando en Caracas a cargo de Delcy Rodríguez.

    «¿Elecciones? Es un poco prematuro para eso», dijo Rubio en una entrevista con la cadena CBS News, en la que ratificó que a Trump no le interesa negociar con María Corina Machado y Edmundo Gutiérrez, como pidió Javier Milei.

    Rubio dijo que EEUU está «enfocado en los problemas que había con Nicolás Maduro». «Nos importa la democracia y todo eso, pero lo primero que nos importa es la seguridad y prosperidad de Estados Unidos», dijo el secretario de Estado. 

     El funcionario dijo que Washington mantendrá una postura de vigilancia constante sobre el proceso de transición iniciado tras el operativo militar del sábado.

    «La vicepresidenta habló con Marco Rubio y dijo que hará lo que nosotros digamos», reveló Trump el sábado en referencia a Delcy Rodríguez, que asumió la presidencia tras el secuestro de Maduro por parte del ejército norteamericano.

    «Vamos a juzgar todo por lo que hagan, y vamos a ver qué hacen», dijo Rubio y evitó dar detalles sobre acuerdos específicos. 

    Trump anunció que negociará con la chavista Delcy Rodríguez la transición en Venezuela

    «Sí sé esto: que si no toman las decisiones adecuadas, Estados Unidos mantendrá múltiples palancas de presión», amenazó el funcionario estadounidense de mayor rango detrás de Trump.

    Como anticipó LPO, Rubio representa el ala del gobierno de Trump que busca el fin del chavismo, pero los trumpistas buscan una salida negociada. El propio presidente hundió a María Corina Machado, que pidió hacerse cargo del gobierno una vez capturado Maduro, Trump dijo desconocer donde se encuentra Corina y planteó que «no tiene respeto de la población».

    «No queremos que otra persona asuma el poder y que se repita la misma situación que hemos vivido durante los últimos años. Así que vamos a seguir gobernando el país», dijo Trump el sábado.

    Rubio intentó minimizar el ninguneo de Trump a Machado, pero confirmó que no tiene cabida en la transición.  «María Corina Machado es fantástica, la conozco desde hace años y ella es todo el movimiento, pero aquí estamos lidiando con una realidad, nosotros queremos una transición a la democracia, pero la mayoría de la oposición está en el exilio y nosotros tenemos que pensar en las próximas 2 o 3 semanas, 2 o 3 meses», dijo Rubio. 

    «Los primeros pasos consisten en salvaguardar los intereses nacionales de Estados Unidos y, al mismo tiempo, beneficiar al pueblo de Venezuela, no más narcotráfico, no más presencia de Irán/Hezbollah allí. No más uso de la industria petrolera para enriquecer a todos nuestros adversarios», dijo el secretario de Estado.

     

  • «Trump tuvo que negociar con los que están en el poder»

     

    La intervención de Donald Trump en Venezuela fue una bomba en la agente internacional y abre una etapa de profunda incertidumbre respecto de sus consecuencias en la región. 

    La doctrina del norteamericano para reforzar su poder en América Latina y resolver problemas en favor de sus intereses de la frontalidad brutal genera un híbrido entre las viejas estrategias golpistas con un modus operandi de la nueva etapa. 

    Al respecto, LPO consultó al analista internacional Martín Shapiro quien sostuvo que «la intervención de Trump es bastante particular porque es una intervención sin invasión terrestre, con una acción limitada y por lo menos por lo que sabemos con una coordinación con sectores del gobierno chavista que deja además afuera la oposición en el exilio. Así que es una intervención, en primer lugar, particular». 

    En segundo lugar, agrega Shapiro, «me llama la atención por lo desenfadada. Me refiero a esto de vamos a intervenir en el petróleo y vamos a tomar las decisiones sobre lo que pasa en Venezuela. Bastante curioso».

    Delcy está en Caracas y toma el control del gobierno: «el único presidente es Maduro»

     El analista planteó que «hay una imposición del ala de Marco Rubio, que es la que tiene mayor predicamento sobre las decisiones del gobierno estadounidense. No es el curso de acción preferido, no es algo que entusiasme demasiado al sector de J.D Vance que es más aislacionista, pero en líneas generales todos se han puesto detrás de este esfuerzo todos se han alineado y en principio, por lo menos provisoriamente, parece que es una intervención relativamente exitosa en términos de poder mostrar un resultado que es Maduro esposado».

     «Después, el futuro y la gobernabilidad de Venezuela es otra cosa pero en todo caso se narrar desde lejos en los Estados Unidos», aclara.

    Para Schapiro  «los mayores problemas internos creo los tiene tanto con los Demócratas como con algunos republicanos en el Congreso pero me parece que no hay problemas dentro de la estructura del gobierno de Trump que parece que está alineada». 

    La intervención de Trump es bastante particular porque es una intervención sin invasión terrestre, con una acción limitada y por lo menos por lo que sabemos con una coordinación con sectores del gobierno chavista que deja además afuera la oposición en el exilio.

    Por último, Martín Schapiro afirma «no estamos frente a un golpe de Estado tradicional. La situación me parece más cercana es el arresto de Noriega en 1989, pero la idea de que Estados Unidos toma el control del gobierno venezolano,  que Delcy Rodríguez se va a comportar como ellos quieren que se comporte, me parece que deja un antecedente complejo en términos del alcance y la posibilidad de los Estados Unidos de moldear los devenires políticos por sobre la soberanía de los estados. Creo que es sumamente importante para mirar». 

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    Ene se sentido, sostiene que «el vacío que le hicieron a Machado, me parece que tiene que ver con el aprecio de Trump por el ejercicio de fuerza desnuda. Machado había logrado una importante capacidad de movilización electoral que la llevó a ganar las elecciones con Edmundo González, pero después de las elecciones no tenía un movimiento que le respondiera en la calle, no hubo grandes movilizaciones para que se respete el resultado electoral y entonces Trump me parece cuando tuvo que negociar con los que tenían poder».

     «Vamos a ver cómo gobiernan, me parece que ese por supuesto es un interrogante que está abierto la casta política venezolana si algo ha demostrado desde 2015 para acá es una enorme voluntad de mantenerse y de mantener el poder mucho más que lo ideológico», concluye.