Sociedad

  • Montoneros, putos y faloperos

     

    El Frente de Liberación Homosexual (FLH) marchó por primera vez con una bandera propia el día de la asunción de Héctor Cámpora. Se asomó a la Plaza de Mayo con algo de temor, pero al mismo tiempo, con una ilusión: la democracia pondría fin a décadas de persecución, según reconstruyó Santiago Insausti en un artículo sobre los cuatrocientos desaparecidos gays. Los jóvenes revolucionarios iban a abrazar a estos militantes de la diversidad como no había ocurrido antes con el peronismo.

    En 1973 seguía vigente un edicto del primer gobierno de Perón, del año 1949, que le permitía a la Policía Federal encarcelar por treinta días a “las personas de uno u otro sexo que públicamente incitaran o se ofrecieran al acto carnal”. A pesar de la vigencia de esa normativa, para fines de la década del sesenta se había consolidado un movimiento cultural y político potente en defensa del colectivo LGTB y de los derechos de la mujer, que en 1971 dio paso a la creación del FLH.

    Aquel 25 de mayo su columna se sumó a la plaza que colmaron los montoneros. El temor que sentían aquel día ante una posible “reacción anti-marica” quedó registrado en la revista 2001 Periodismo de Anticipación, que publicaba artículos de temas tan variados y contrapuestos como la carrera al espacio, ovnis, vida extraterrestre, ecología, parapsicología y también, sexualidad. Una extensa crónica contó que el FLH entró por Retiro y se ubicó frente al Banco Hipotecario. Alguien les gritó: “Aquí necesitamos hombres. No luchamos dieciocho años para que ustedes vengan a esta plaza”, y un integrante del frente le respondió: “Nosotros también somos hombres, y tan dueños de la plaza como vos”. Las mujeres de las minorías sexuales todavía no formaban parte de la conversación.

    Durante el gobierno de Cámpora —por unas pocas semanas—, el FLH se convirtió en un interlocutor respetable en distintos ámbitos públicos. Sus miembros se reunieron con legisladores, enviaron cartas a todos los comisarios para que dejaran de aplicar los edictos represivos y repartieron volantes en bares gays. Nació el periódico Somos y se imprimió el manifiesto Sexo y revolución, con el poeta y escritor Néstor Perlongher como activista destacado.

    Formado en la izquierda trotskista, el futuro autor de “Cadáveres” había sufrido en el Partido Obrero la discriminación por ser gay; ahora Perlongher venía a plantear a la juventud peronista que los procesos de liberación debían incluir al cuerpo y el combate del modelo heteropatriarcal de familia funcional a la opresión capitalista.

    Los integrantes del FLH marcharon por segunda vez el 20 de junio para recibir a Perón en su regreso del exilio. Llegaron en micros que salieron de Constitución a la avenida Ricchieri, se sumaron a la Columna Oeste de la Juventud Peronista y para aflojar los primeros momentos de tensión reformularon estrofas de la marcha peronista que se podían interpretar como un canto a la diversidad sexual: “Por ese gran argentino,/ que trabaja sin cesar/ para que reine en el pueblo/ el amor y la igualdad”.

    El empoderamiento de la derecha peronista a partir de los episodios ocurridos en Ezeiza significó el fin de la primavera camporista para la comunidad homosexual. En respuesta a los carteles de la JP que lo señalaban como el responsable de una “masacre”, el coronel Jorge Osinde empapeló la ciudad con carteles en los que “acusaba” a los montoneros de ser “homosexuales y drogadictos”. La respuesta de la izquierda peronista mantuvo el mismo tono homofóbico: “No somos putos/ no somos faloperos:/ somos soldados de Perón/ y Montoneros”.

    En el mes de octubre se estrenó la película El último tango en París, de Bernardo Bertolucci, que escandalizó por una escena en la que Marlon Brando, actor que ya tenía más de cincuenta años, para tener sexo con una muy joven María Schneider le untaba el ano con manteca. Aunque fue parcialmente censurada, a la JP le inspiró una rima machista del mismo tenor: “Brujo vení,/ Brujo vení, Brujo vení/te va a quedar el culo/ como el Tango de París”.

    Con el tercer peronismo volvieron las razias y las detenciones arbitrarias en los bares y ambientes que frecuentaba la comunidad homosexual. A partir de enero de 1974 Perón repuso en un cargo jerárquico de la Policía Federal a Luis Margaride, un comisario que había estado al frente de las Brigadas de Moralidad durante el régimen del dictador Juan Carlos Onganía. Era católico ferviente, no le gustaban los hombres con barbas ni las mujeres en minifalda y en nombre de las buenas costumbres había encabezado personalmente operativos en hoteles alojamiento para exigir la libreta de matrimonio a sus huéspedes.

    Con Isabel Perón, Margaride —el FLH lo apodó la tía Margarita— llegó a jefe de la Policía Federal y recibió la orden de parte de López Rega de “asustar” a la comunidad gay para que no volviera a salir a la calle.

    El 13 de octubre de 1974 aparecieron en Villa Soldati los cuerpos de Pedro Barraza y Carlos Laham, una pareja que se reivindicaba como “putos peronistas”: la brutalidad escalaba.

    Barraza tenía treinta y seis años y veinticinco orificios de bala; Laham, que no llegó a cumplir veintiuno, recibió cincuenta y cinco balazos. Una cinta adhesiva le cubría los ojos.

    Barraza era periodista y había investigado en 1963 la tortura y desaparición del sindicalista Felipe Vallese; responsabilizó a Juan Fiorillo, jefe de la Brigada de Servicios Externos, quien fue condenado en 1971 a tres años que no cumplió. Fiorillo, liberado poco antes del crimen, se sumó a la Triple A.

    Barraza había conocido a Laham al regresar de Europa, en noviembre de 1970. La hermana, Virgina, era novia de uno de sus grandes amigos, el periodista Carlos Eichelbaum; los tres lo fueron a buscar a Ezeiza. Desde ese día no se separaron: se mudaron juntos y vivieron como pareja.

    En una ocasión notaron que un auto los seguía. La última vez que los vieron fue el 11 de octubre; dos días después faltaron a un almuerzo con la madre de Carlos.

    Pasaron casi cuarenta años hasta que una agrupación recuperó la historia del FLH, se apropió del pretendido insulto y le cambió el sentido para formar en La Matanza, en el conurbano, una línea interna del Partido Justicialista llamada “Putos Peronistas”.

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    Cuando el mercado era libre

     

    COMBUSTIBLES BAJO CONTROL | La cháchara de la libertad irrestricta de los mercados y el declamado odio a los controles de precios era solamente eso: cháchara altisonante de trasnochados para fanáticos e ingenuos.

    Por Nerio Corello para NLI

    Cuarenta y cinco días de control del precio de los combustibles por parte de la estatal YPF. ¿Será el principio del fin de falsos principios? Principio no, en realidad, porque la pléyade de la libertad arrancó su era poniéndole precio al dólar y continuó con aprietes blandos –valga la contradicción- a supermercadistas, prepaguistas y formadores de precios.

    Pero este control anunciado con el eufemismo “buffer”[i] parece el tiro del final a los principios libertarianos que el entusiasta de los bienes raíces, Manuelito, el tortugo más rápido del mundo para las escrituras traslativas, enunciaba con soberbia cuando ocupaba el púlpito de la vocería presidencial.

    El trago amargo del tampón fue para Horacio, que anunció el naufragio:

    “En YPF hemos decidido crear un buffer de precios para estabilizar los precios de los combustibles hasta 45 días”, declaró el director ejecutivo de YPF, Horacio Marín, en una entrevista televisiva este miércoles, “sea que el precio del Brent suba o baje, vamos a mantener los precios aproximadamente constantes”; “YPF va a ayudarte [consumidor], va a mantener los precios estables”, remató.

    Parece que la guerra en Irán y en todo lugar es un fenómeno estrictamente monetario, digamos, porque suma presión inflacionaria, excusa que dispara el hasta ayer aborrecido e innombrable control de precios, ahora nombrado como “buffer” para contener con disimulo verbal la hemorragia de principios.

    Pronto, seguramente, los puristas hablarán de esos viejos buenos tiempos, cuando los mercados eran libres y los precios volaban como pájaros de pico encorvado en libertad, sin control ni techo.


    [i] Una solución tampón o buffer es una mezcla acuosa de un ácido débil y su base conjugada que resiste cambios drásticos en el pH cuando se añaden pequeñas cantidades de ácido o base.

     

  • Petovello echó a su jefe de Gabinete por los créditos del Nación y expuso a Caputo y Adorni

     

    Sandra Pettovello echó a su jefe de Gabinete, Leandro Massaccesi, por haber recibido un crédito del Banco Nación por más de 400 millones de pesos y, en ese acto, sentó un precedente moral que dejó expuestos nada menos que a Luis Toto Caputo y Manuel Adorni.

    La ministra de Capital Humano tomó la decisión después que se viralizara en Twitter el nombre de Massaccesi en una lista de los funcionarios, tuiteros y legisladores oficialistas y aliados que se beneficiaron con los préstamos de mismo banco que los libertarios amagaron con privatizar. El ministro de Economía, sin embargo, no dijo todavía una palabra sobre el privilegio de su secretario de Finanzas, Federido Furiase, y su asesor Felipe Núñez, que recibieron 410 y 470 millones de pesos, respectivamente, de parte de la entidad crediticia.

    Pese a que se lo vio sacado con los empresarios en la Bolsa de Comercio, Caputo guardó estricto silencio sobre Furiase y Núñez, muy lejos de las ganas que manifestó de «cagar a patadas en el culo» a los que piden devaluar. Pero el escándalo es mayúsculo porque el Ministerio de Economía ejerce control sobre el Banco Nación.

    Ambos funcionarios trabajan, además, codo a codo con el ministro pero, encima, el secretario de Finanzas es el que define la política crediticia, lo que hace suponer que habría maniobrado de los dos lados del mostrador para aplicar al préstamo. «Furiase es el que hace las colocaciones de deuda y es el que maneja la política financiera», comentó un especialista a LPO.

    Funcionarios de Toto Caputo, tuiteros y diputados libertarios, beneficiados con créditos millonarios del Banco Nación

    En cambio, Pettovello reaccionó sin titubear, pese a que no tiene una relación funcional con el Nación. Al primer trascendido en redes sociales, no dudó en echar a Massaccesi, el funcionario que le maneja políticamente el ministerio.

    De este modo, la ministra fija una regla ética que deja completamente en off-side a Caputo, pero también a Karina, que sigue respaldando a Manuel Adorni aunque los escándalos de corrupción se multiplican su alrededor.

    Furiase y Núñez.

    La determinación de Pettovello puede caer como una bomba en Casa Rosada, porque la ministra fetiche de Javier Milei termina teniendo una estatura moral mucho más alta que la de su hermana, quien ya evaluó la posibilidad de echar a la ministra en otra oportunidad.

    El problema de Karina es que la definición política de la jefa de Capital Humano es coherente con la prédica libertaria anticasta, un discurso que cada vez resulta más difícil de honrar para un gobierno minado por hechos de corrupción. Sin ir más lejos, Adorni no puede explicar cómo compró su casa en el country, con qué dinero adquirió el departamento de Caballito, con qué recursos viajó en avión privado a Punta del Este y qué capacidad de pago tenía para planificar, como si fuera poco, un viaje al Caribe en medio de semejante volumen de inversiones.

    La determinación de Pettovello puede caer como una bomba en Casa Rosada, porque la ministra fetiche de Javier Milei termina teniendo una estatura moral mucho más alta que Karina.

    Para desgracia de Karina, Pettovello le muestra a Milei que hay dos formas de lidiar con la corrupción en su gobierno: la de la negación y la búsqueda de influencia en el Poder Judicial o la de exigir la renuncia del funcionario réprobo.

    Leandro Massaccesi es el hijo de Horacio Massaccesi, el ex gobernador de Río Negro al que en sus horas de desesperación habría apelado el presunto narco Fred Machado para hacer lobby a su favor en Buenos Aires, tal como informó LPO.

     

  • El gobierno importó electricidad carísima de Uruguay, que se produce con el gas barato de Vaca Muerta

     

    Esta semana Argentina tuvo que importar electricidad desde Uruguay para evitar un colapso energético, por el pico de calor. Así lo publicaron distintos medios en el país vecino. 

    La decisión desnuda una falta de previsión -o negocio- que le cuesta carísimo al Estado argentino, porque se paga una fortuna por electricidad que Uruguay produce con el gas barato que exporta Argentina desde Vaca Muerta.

    El episodio ocurrió este miércoles en la franja más sensible del sistema. Entre las 19:12 y las 22 horas se importaron unos 830 MW, sumando a la potencia transferida desde Brasil. Para dimensionarlo: ese volumen representa cerca de la mitad de la demanda uruguaya en ese momento. Es decir, el rescate energético implicó que el vecino país destinara una porción significativa de su propio consumo para sostener al sistema argentino. Y así lo cobró.

    La guerra dispara el precio del gas y las tarifas podrían duplicarse: los tres escenarios

    Un dato llamativo aparece cuando se miran los números locales. La demanda máxima del día apenas superó los 20.000 MW. Sin embargo, el sistema argentino tiene capacidad instalada para generar hasta 30.000 MW. No faltó capacidad instalada. Lo que falló fue la coordinación, el despacho y la previsión. Una estructura que, en el momento clave, no logró responder. El episodio ya es una constante en la actual administración.

    El episodio ocurrió este miércoles en la franja más sensible del sistema. Entre las 19:12 y las 22 horas se importaron unos 830 MW. Argentina pagó por esa energía importada valores que rondan entre los 150 y 200 dólares por MWh. El doble que la generación nacional promedio.

    Argentina pagó por esa energía importada valores que rondan entre los 150 y 200 dólares por MWh. El doble que la generación nacional promedio. Esa electricidad, además, se genera, en parte con gas argentino.  

    El gas de Vaca Muerta se exporta a Uruguay, a través de acuerdos como el que mantiene Pan American Energy con la estatal uruguaya UTE,  precios cercanos a los 3,5 dólares por millón de BTU, por debajo de los casi 5 dólares que se pagan en el mercado doméstico. 

    Con ese insumo, la central térmica de Punta del Tigre produce electricidad que luego se vende de regreso a la Argentina a precios varias veces superiores. 

    La ecuación es difícil de justificar. Argentina exporta gas barato y reimporta energía eléctrica cara producida con ese mismo recurso. En los hechos, subsidia el insumo y paga el valor agregado. Una lógica invertida que se vuelve más visible en momentos de estrés del sistema. 

    En el trasfondo, el manejo del SADI vuelve a quedar bajo cuestionamiento. La previsión de la demanda, la disponibilidad efectiva de generación y la coordinación regional no lograron alinearse. No fue una falla estructural. Fue una secuencia de decisiones que derivó en una importación evitable. 

    «Hay que apurar la comisión de interconexión. Le vendemos gas barato de Vaca Muerta para que generen en Punta del Tigre y después nos venden la electricidad carísima. Es un cuadrilátero que ya pagamos», explicó a LPO una fuente del sector. 

     

  • Bullrich se juntó a celebrar el regreso de Agostina Páez y el papá hizo el gesto del mono

     

    Patricia Bullrich dio otro paso en falso este jueves al recibir a la abogada Agostina Páez, detenida en Brasil por hacer gestos discriminatorios hacia los habitantes del vecino país. Por la tarde, se juntó con la chica y su padre, Mariano Páez, quien festejó el regreso de su hija por la noche y fue filmado repitiendo el baile del mono por el que la joven fue demorada.

    En plena Semana Santa, la ex ministra de Seguridad se reunió con los Páez, para brindarles su respaldo, pero el hombre, apenas unas horas después, repitió los gestos de su hija en una fiesta. Con los brazos abiertos en jarra y haciendo que se rascaba las axilas, empezó a vociferar como un animal: «Uoh, uoh, uoh».

    Bullrich se dejó filmar en una mesa de café, junto a la joven Páez, donde se indignó con la situación que vivió la abogada. «El juez dijo que estaba todo mal», sostuvo la senadora libertaria.

    Durante el encuentro, la jefa del bloque de LLA en la Cámara Alta llegó a expresar su desagrado con la detención de Páez. Juntando los dedos de sus mano izquierda en montoncito agregó en tono de queja: «¿Tres meses?».

    Por la noche, el padre de Agostina dio una fiesta en el Bar La Oculta, en Santiago del Estero, y fue filmado mientras bailaba haciendo el mismo gesto del mono por el que su hija fue detenida en Brasil, reafirmando el agravio discriminatorio.

    «Yo nunca me he ido al Estado. A Zamora le tengo asco», dice el empresario. Sin ninguna inhibición, se jactó ante sus amigos: «Soy empresario, millonario y usurero. Y narco, narco, narco… privado».

    Soy empresario, millonario y usurero. Y narco, narco, narco… privado.

    Mariano Páez fue dueño de una línea de colectivos en La Banda pero quienes lo conocen le atribuyen la prepotencia de un patrón de estancia a la antigua. En la madrugada de esta noche, y después de ofrecer el espectáculo de su bailecito, habría confesado que los 18 mil dólares para traer a su hija de regreso al país los habría pagado él, como una protesta porque ni el Estado nacional ni el provincial lo asistieron.

    En el video de la reunión entre los Páez y Bullrich, la senadora se dirige a la abogada casi con afecto: «Viviste una experiencia que te va a fortalecer en la vida». «Con todo, con fuerza», termina alentándola.