carricavur-participo-del-acto-de-asuncion-del-director-del-coplade

Carricavur participó del acto de asunción del Director del COPLADE

El Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Villa Regina Guillermo Carricavur participó el miércoles del acto de asunción del arquitecto Pedro Molina como Director del Consejo de Planificación y Acción para el Desarrollo (COPLADE).

En la oportunidad estuvieron presentes el presidente del Concejo Deliberante Edgardo Vega, los concejales integrantes de la Comisión de Planificación y Desarrollo Martín Vesprini, Silvio Rodríguez y Carlos Rodríguez, y otros ediles.

Durante el acto el titular del cuerpo legislativo destacó que “se trata de la finalización de un proyecto y el comienzo de otro, tras la aprobación de la ordenanza que sentó las bases de un nuevo COPLADE y que determinó el llamado a concurso para cubrir el cargo de Director”.

Tras destacar y reconocer el trabajo realizado durante el último tiempo por la arquitecta Rosana Cisint, se dio lectura a la Resolución que formalizó el nombramiento y puesta en funciones de Molina.

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • Hecho vandálico en los baños del ingreso a la Isla 58

    En la noche de ayer, alrededor de las 21.30 horas, se produjo un incidente en el sector de los baños del ingreso a la Isla 58. Dos personas que merodearon por el lugar durante la tarde ingresaron en el sector masculino y sustrajeron un inodoro para luego retirarse con el objeto robado. En el lugar…

    Difunde esta nota
  • | | |

    DÓNDE BUCEAR EN ARGENTINA

    Si bien los lugares de buceo más conocidos de Argentina se encuentran en la costa Atlántica, existen muchos otros que jamás hubiera imaginado y en este post reúno algunos de ellos con sus características. En el centro del país, la provincia de Córdoba cuenta con varios Diques y Lagos donde practicar buceo de altura, los…

    Difunde esta nota
  • El Aleph de los mundiales

     

    Cuán importante será la influencia de la digitalidad en el arte que el último poema del Indio Solari fue un audio de WhatsApp nunca enviado. “Lionel, compatriota, habla Indio (sin el artículo). Acá soy uno más que te quiere saludar, que te quiere aplaudir. Has sido un tesoro deportivo argentino. Dios y el Diablo te dieron una destreza inimaginable (…) ¿Qué tal si ganás un campeonato del mundo más? Estás para eso, viejo. Estás para eso”.

    El Indio murió en las vísperas de esta Copa del Mundo y no verá si Leo logra o no su presagio. Jorge Luis Borges, igual o mejor artista, aunque más aburrido, falleció en el medio del Mundial de México, jugado en 1986. Su muerte cumplió estos días cuarenta años, como los está cumpliendo la gesta que consagró a Diego Armando Maradona. 

    Los caminos de los héroes pueden tener conexiones, cuatro décadas después. Se puede encontrar parecidos, trazar contrastes, tirar paredes.

    Si seguimos con Borges, esa copa maradoniana fue el aleph de los mundiales. Messi nos hace entender que vivir solo cuesta vida. Quizás los ídolos son como la poesía. Decía Borges, sobre ella: “Sabemos lo que es, pero no podemos definirla”. 

    Mi genio amor

    En su texto “Lionel Messi, autor del Quijote” (2007), Juan Sasturain comparaba un gol de Messi por Copa del Rey con el tanto de Maradona a los ingleses. El joven del Barcelona había eludido a tantos jugadores rivales como Diego, desde la misma posición y realizando casi las mismas gambetas. Copia y calco. Sasturain usó a Pierre Menard, que en la literatura borgeana quería escribir exactamente la misma novela que llevó a la inmortalidad a Miguel de Cervantes. Messi empezaba a hacer lo propio con esa gesta que hoy cumple cuarenta años.

    Las similitudes van solas. Ambos zurdos, capitanes, ganadores, escribas de un mundo mejor con cada una de sus gambetas. Comprometidos, los dos, con el liderazgo de sus equipos. La humildad de los genios que son buenos servidores y malos amos. Campeones mundiales sub 20 (1978 y 2005), cada uno también sabe cuánto pesa la Copa del Mundo de mayores (1986 y 2022). Ambos debutaron en la selección ante Hungría con edad juvenil: Maradona a los dieciséis y Messi a los dieciocho. Diego quedó afuera del corte del que hubiera sido su primer Mundial (1978) y Lionel no: jugó el 2006 y convirtió un gol en su debut contra Serbia y Montenegro, con “Pelusa” mirando desde la tribuna. Los dos perdieron una final del mundo contra Alemania con una camiseta azul y con imágenes icónicas. Messi relojeando el trofeo dorado mientras caminaba para recibir el premio al mejor jugador del certamen; Maradona lagrimeando con la medalla de plata en el pecho. Llorar es decir. 

    Una triste curiosidad acompaña su línea de tiempo. Messi nació en junio de 1987, un año después de México 86. Diego, por su parte, falleció en noviembre del 2020, ocho meses antes de la Copa América 2021, el comienzo de la seguidilla de trofeos de Messi. Nunca uno vio campeón del mundo al otro.

    Las diferencias suelen encontrarse en el campo político. El compromiso de Maradona lo colocó como pionero de la Italia pobre contra los perfumes chic de Milán, Turín y Roma. Su filosa lengua marcó a varios enemigos, entre ellos, el entonces jefe de la FIFA, João Havelange, y el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush (hijo). Mostraba un habitual andar por las causas populares. Es evidente que Messi no es de ese palo. Nobleza obliga: la mayoría de los jugadores son más como Lionel que como Diego.

    Volvamos a las coincidencias. Los dos tuvieron técnicos absolutamente cuestionados que acallaron a la “opinión pública” con victorias. Carlos Bilardo llegó al Mundial 86 en el foco de las críticas: hasta el presidente Raúl Alfonsin lo quiso sacar de su cargo. La situación de Lionel Scaloni no puso en tensión a ningún gobierno, pero la enorme mayoría del periodismo lo encontraba “inexperto” hasta su primer título. No somos vigilantes; cada uno sabe lo que dijo.

    Hasta en las cábalas podemos ver cosas que siguen, cuarenta años después. En 1986, Carlos “Chino” Tapia se afeitó sin que eso fuera necesario antes del partido con Inglaterra. Hoy, su homónimo Claudio Fabian, “Chiqui”, toma mate con algunos de los jugadores en la previa de cada encuentro. Ricardo Giusti guardó caramelos dentro de un pozo en un rincón del Estadio Azteca: el hecho había nacido como un eventual resguardo ante las altas temperaturas y terminó por convertirse en ritual. Estas revelaciones, y otras más, son puestas de manifiesto en el libro El Partido de Andrés Burgo, que sirvió de base para el largometraje del mismo nombre que acaba de estrenarse en cines. Hoy Leandro Paredes y Rodrigo De Paul siguen probando caramelos en el medio de la cancha cuando el equipo llega al estadio. 

    Messi y Maradona tienen, además, sus héroes secundarios. La actuación de Diego contra Inglaterra fue memorable, pero podría haber terminado mal si en el minuto 87´ Julio “Vasco” Olarticoechea no sacaba una pelota casi en la línea del arco propio con la parte de atrás de su cabeza. “La nuca de Dios”. Todavía podríamos preguntarnos cómo estaría Messi hoy, pero más importante, cómo estaríamos nosotros hoy, si la jugada de Randal Kolo Muani hubiera terminado en gol y no en la famosa atajada del “Dibu” Martínez en Qatar 2022.

    Borges habló de “máxima expresión de belleza” en referencia a la poesía. Messi y Maradona son como la poesía. Yo no me caí del cielo.

    Pausa. Sin hidratación, ni espacios publicitarios de apuestas online: ¿cuántas veces será aludido Borges en el texto? Con el perdón de la audiencia, las que considere el cronista. Seguimos.

    Cuarenta años no son una eternidad, pero casi. Alguna vez Borges dijo que en la eternidad hay belleza. Messi. Maradona. Las tensiones de los ídolos, la valentía de los héroes, la pausa de los normales, lo bello de la poesía. La expectativa latente de que el mundo puede cambiar y de que nos merecemos que cambie. Messi. Maradona. La vida misma.

    Nike es la cultura

    “Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. El fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”. Borges y su amigo Adolfo Bioy Casares tienen un cuento llamado Esse Est Percipi (Ser es ser percibido). Es el único sobre fútbol. En la historia, Honorio Bustos Domecq, que nació en Pujato como Lionel Scaloni, recibe una noticia impactante: el fútbol no existe, son solo actores para la publicidad y el negocio.

    A veces la realidad se acerca a la ficción: el deporte existe, pero el del business ya no es él.

    En 1986 ya se prefiguraba un mundo en el que las transmisiones televisivas ordenaban al fútbol, y no al revés. Maradona y Jorge Valdano, entre otros jugadores, se quejaron del horario de los partidos, que se disputaban al mediodía del verano mexicano para priorizar el prime time europeo. Se les dijo “callense y jueguen”.

    Hoy parece todo al revés, pero es lo mismo. El famoso hydration break no es contra el calor: persigue la finalidad de recaudar. Un trabajo periodístico reciente de Gonzalo Finlez (Filo News), con datos del Wall Street Journal, estima que esta nueva modalidad permite siete horas más de espacio publicitario, con 832 spots y una ganancia de entre 166 y 333 millones de dólares sólo en Estados Unidos. Exprimir cada centavo. Por su parte, en suelo argentino, el periodista Diego Genoud reveló lo que genera la privatización de los partidos del Mundial. La TV Pública sólo retransmite a cuenta gotas y le sale más caro al Estado argentino, que le paga 410 mil dólares por partido a DirecTV, del Grupo Werthein. En Qatar 2022 el costo era de 250 mil por encuentro.

    Dentro de ese entramado digital se nos aparece un Maradona hecho con inteligencia artificial incitando a apostar y varios jugadores de la Selección, como Messi, promocionando a petroleras, marcas de cerveza y locales de comida rápida. Dice la doctora en comunicación Yamila Heram en su texto “Por qué el Mundial sigue siendo un fenómeno televisivo en plena era del streaming”: “En primer lugar, resulta difícil escapar de la publicidad omnipresente con la cara de Messi. Todo tiene un aire de semejanza; durante estos meses previos va construyéndose una narrativa épica, sufrida y pasional que recubre con un halo comercial las más diversas opciones cotidianas. (…) El Mundial nos conecta con ese placer por el juego, por el deporte y por la grupalidad. El fútbol nos conecta con algo de esa infancia y ese deporte que se jugaba en la calle, en el barrio, en el club, en la playa y en cuanto potrero se podía encontrar. Pero ahora todo parece cambiar. Del juego propiamente dicho a las apuestas online; así, el mayor sponsor de este deporte pregona un negocio que trae consecuencias de escala global. Del placer por jugar a la adicción a ´jugar´”.

    La consultora Sustantiva publicó el pasado fin de semana un estudio sobre esta cuestión. Según esta empresa, el 72% de las personas que se manifestaron en redes sociales sobre el Maradona con IA mostraron indignación. De esa miel no comen las hormigas.

    Salando las heridas

    En su cuento “Juan López y John Ward” (1985), Borges describe a dos jóvenes enfrentados en la Guerra de las Malvinas (1982). Podrían haber sido amigos, o ni siquiera conocerse: terminaron enterrados. Jorge Luis no cantó con nosotros “Muchachos”, porque murió treinta y seis años antes. Y porque no le hubiera gustado. Vale, igualmente, razonar lo obvio: Juan López sería un pibe de Malvinas.

    Resulta imposible separar a Maradona de esa temática. El partido entre Argentina e Inglaterra, que ayer cumplió cuarenta años, estuvo atravesado por esa contienda. Al revés del Indio, vencidos vencedores. Dice Lucas Zalduendo, en La selección de los valientes, publicado recientemente: “Para el pueblo argentino representó una revancha simbólica que transformó el fútbol en un abrazo de desahogo nacional. También lo fue para las antiguas colonias británicas. Habitantes de India, Bangladesh y Pakistán pudieron ver, desde el televisor de su casa, cómo la corona británica se arrodillaba ante los pies de un futbolista tercermundista”. El apoyo que a veces encuentra el fútbol argentino en esos países contiene raíces profundas. El lujo es vulgaridad.

    En El Partido, Andrés Burgo dio a conocer la historia de Hector Rebasti, uno de los 9.804 soldados argentinos trasladados a las islas para la contienda bélica. Era arquero y entrenaba con el plantel profesional de Huracán cuando partió para Malvinas. No retomó su carrera nunca más. Entrevistado por el autor, Rebasti dijo lo siguiente: “Cuando cayó Puerto Argentino, con otros compañeros seguimos peleando: dos de ellos murieron por no querer rendirnos. Esa derrota me afectó mucho, me sentí culpable, y el partido contra Inglaterra lo viví como agua fresca, como otra oportunidad, como si estuviera otra vez en la guerra. Miraba el partido y me sentía en combate”.

    Lo de Messi, claro está, es menos explícito. Mucho menos. Pero a veces la cultura popular se apropia de relaciones que, a simple vista, parecen ajenas. En este país hay una masiva canción que dice, en sus estrofas, “los pibes de Malvinas que jamás olvidaré” y “alentándolo a Lionel”.

    Hay una ausencia en esta relación simbiótica. Algo que aleja a Diego de Messi. Una pieza que no encaja en el rompecabezas. Por razones del azar, Lionel jamás disputó un partido contra Inglaterra. El último encuentro entre Argentina y el conjunto británico fue un amistoso de noviembre del 2005, con un joven Messi de 18 años suspendido en la tribuna.

    Me pregunto si podríamos cruzarnos con los ingleses en esta Copa del Mundo, cuarenta junios después. Los simuladores virtuales dicen que sí, que sería en semifinales si ambos lideran su grupo y ganan los duelos de eliminación directa. Tengo la certeza de que sería un partido más parecido al de México 86 que a los encuentros de Francia 98 y Corea Japón 2002. No tengo claro el por qué, pero se siente una hinchada y un tiempo más maradoniano. Indago en la duda sobre si estaríamos o no preparados como hinchas para un encuentro de esas características. Con el mejor del mundo de nuestro lado, con los odiados piratas del otro. Me convenzo de que no lo sé. Las Malvinas son argentinas.

    Esos dolores dulces

    Bioy Casares escuchó cómo en un quiosco de Ayacucho y Alvear un joven le dijo que su amigo se había muerto. Noticias de ayer. Extra, extra. Adolfo encaró hacia adelante con una suerte de tristeza desafiante. “Seguí mi camino sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges”.

    Ese sábado 14 de junio fue el único en diecinueve días sin partidos mundialistas de México 86. Fue la jornada de descanso entre el cierre de la primera ronda, que finalizó el día 13 con los partidos del grupo E, Escocia-Uruguay (0 a 0) y Dinamarca-Alemania Federal (2 a 0), y el comienzo de los octavos de final, abiertos el 15, con Bélgica-URSS (4 a 3) y México-Bulgaria (2 a 0). Vaya homenaje para el Borges anti-fútbol. Un minuto de silencio era poco: hubo todo un día.

    Aquella primera fase de la Argentina de Bilardo fue sólida: terminó invicta y en el primer puesto. Dos victorias y un empate. Este último, 1 a 1, ante la Italia campeona del mundo, con el debut goleador de Maradona haciendo de lo cotidiano algo icónico: diagonal hacia afuera, saltito con la marca encima, caricia, balón lento y cansino acomodándose al lado del palo derecho de Giovanni Galli. Nueva Roma, te cura o te mata. 

    Esta primera ronda del 2026 tiene sus sobresaltos, como siempre. Los primeros minutos contra Argelia y el segundo tiempo contra Austria mostraron adversidades. Nadie dijo que era fácil. No obstante, lo esencial es visible a los ojos: dos victorias contundentes, con buen volúmen de juego y superioridad ante sus rivales. Un Messi desorbitante. Con cinco goles en dos encuentros se convirtió en el mayor goleador de la historia de este torneo: dieciocho tantos en cinco mundiales y dos partidos. El equipo quedará primero en su grupo y es uno de los mejores equipos de la primera rueda.

    Los primeros partidos mundialistas son traicioneros. En las once copas del mundo de los últimos cuarenta años, Argentina salió “mejor tercera” en 1990 y 1994, quedó afuera en Corea-Japón 2002, clasificó con un gol ante Nigeria en el minuto 86 en Rusia 2018, perdió el primer encuentro del 2022. No es poco estar como estamos.

    En 2026 se juegan el doble de partidos que en 1986, porque participan el doble de equipos: cuarenta y ocho contra veinticuatro. Las primeras rondas construyen en nosotros una sensación holística de fútbol permanente. Generan adicción y necesidad. Eso es lo curioso: en algún momento empezamos a extrañar al Mundial. El primer día sin partidos, que será el 8 de julio, nos generará el vacío del fin. Como aquel 14 de junio, con Bioy Casares preparándose para vivir en un mundo sin Borges. Las despedidas son, en definitiva, esos dolores dulces.

    Me gusta más que el rock

    “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”, Borges dixit, con la fineza del distinto y la maldad soberbia del distinguido. Jorge Luis, como ya dijimos, llegó a decretar el fin del fútbol en su cuento co-escrito con Bioy Casares. Hay algo curioso en la fecha elegida. Los autores dicen que el último episodio real de este deporte se dio el 24 de junio de 1937, cincuenta años exactos antes del nacimiento de Messi, que vio la luz ese mismo día de 1987 en Rosario. 

    Borges falleció en Suiza. Antes de su partida, frecuentaba la calle Corrientes. El poeta Roberto Alifano caminaba por allí junto a él cuando escuchó a una persona que gritaba desde un camión. “Borges, sos más grande que Maradona”. El escritor, que alguna vez había declarado “disculpe mi ignorancia” cuando le preguntaron si conocía a Diego, le dijo en privado a Alifano: “Estaría bien si lo gritaran en Estocolmo, tal vez podría influir en los académicos suecos”. A Borges no le dieron el Nobel. Diego no se llevó el balón de oro de 1986, reservado para jugadores europeos.

    ¿Por qué los ídolos son importantes? Como la poesía, no encuentran en la utilidad su mayor relevancia. Alguna vez Borges se enojó por una duda similar. “Dos personas me han hecho la misma pregunta: ¿para qué sirve la poesía? Y yo les he dicho: bueno, ¿para qué sirve la muerte? ¿para qué sirve el sabor del café? ¿para qué sirve el universo? ¿para qué sirvo yo? ¿para qué servimos? Qué cosa más rara que se pregunte eso, ¿no?”. Los ídolos son como la poesía.

    ¿Por qué Maradona y Messi? Porque fueron los únicos héroes de nuestros líos, respondería el Indio. Agregamos nosotros: porque generan la expectativa de que el mundo, en un par de minutos u horas, puede ser mejor de lo que es ahora. Un pueblo entero tuvo mejor vida a las dos de la tarde (horario mexicano) del 22 de junio de 1986, cuando terminaron los cuartos de final contra Inglaterra, que al mediodía de ese mismo día, cuando todo era nerviosismo. Teníamos mil elucubraciones sobre el debut de la selección en esta Copa del Mundo: en poco más de una hora y media y con tres goles ante Argelia, Messi cambió todas las dudas por sonrisas, como quien entrega y recibe figuritas para un álbum mundialista en Parque Rivadavia.

    La definición puede darnos sensación de precisión, pero muchas otras solo implica límites. Cuarenta junios después, el paso de los años es parte del paisaje. En ese mes de 1986 murió Borges y brilló Diego. En este junio se fue el Indio y Messi renueva su contrato con la belleza. Los ídolos, perdonen la repetición, son como los poemas. “¿Qué es el tiempo? —se preguntó Borges, cerrando una conferencia con una cita de San Agustín—. Si no me preguntan qué es, lo sé. Si me preguntan qué es, no lo sé. Pienso lo mismo de la poesía”.

    La entrada El Aleph de los mundiales se publicó primero en Revista Anfibia.

     

    Difunde esta nota
  • Un informe de la UCA revela que la economía de Milei crea empleo de baja calidad

     

    La economía puede mostrar una planilla prolija y, al mismo tiempo, dejar a los trabajadores haciendo equilibrio en la cornisa. Ese es el dato incómodo que aparece detrás del nuevo informe de la UCA: el desempleo no arde, pero el empleo se rompe por adentro. La macro luce ordenada en la vidriera. En la trastienda hay changas, monotributos flacos, motos prestadas y cuentas que no cierran.

    El Observatorio de la Deuda Social Argentina publicó un trabajo sobre la estructura laboral urbana entre 2010 y 2025. La conclusión es fuerte: el deterioro no aparece como una expulsión masiva al desempleo abierto, como en los años noventa, sino como una degradación silenciosa de las condiciones de trabajo. La UCA lo resume como una «desintegración laboral sin desempleo».

    El dato central está en las trayectorias laborales. Entre 2011-2013 y 2023-2025, la proporción de desocupados que pasó al autoempleo informal subió del 24,1% al 29,5%. En cambio, la salida hacia empleos asalariados formales o públicos cayó del 24,1% al 19,6%. Dicho más simple: cada vez menos desocupados consiguen un empleo registrado y cada vez más terminan inventándose una ocupación de baja escala.

    La misma dinámica golpea a quienes ya tenían un empleo formal. Según el informe, el pasaje de asalariados formales hacia el autoempleo informal subió del 4,8% al 6,2%. La caída ya no es sólo del desocupado que no encuentra puerta de entrada. También alcanza al trabajador registrado que pierde el escalón y cae en el rebusque.

    Un modelo de empleo precarizado

    Por eso la tasa de desempleo puede quedar relativamente contenida mientras el mercado laboral se deteriora. En el primer trimestre de 2026, la desocupación fue del 7,8%, casi sin cambios frente al mismo período del año anterior. Pero la informalidad subió al 44,2% y también creció la subocupación. El Estado cuenta a una persona como ocupada. El hogar mira si ese ingreso alcanza para llegar a fin de mes.

    La composición del empleo confirma el corrimiento. El sector microinformal pasó del 46,4% de los ocupados en 2010 al 48,3% en 2025. Dentro de ese universo, los no asalariados informales treparon del 28,2% al 31,7%. En paralelo, el empleo público cayó del 20,1% en 2023 al 16,7% en 2025. 

    El sector microinformal pasó del 46,4% de los ocupados en 2010 al 48,3% en 2025. Dentro de ese universo, los no asalariados informales treparon del 28,2% al 31,7%. En paralelo, el empleo público cayó del 20,1% en 2023 al 16,7% en 2025. 

    La precariedad también tiene números duros. En 2025 alcanzó al 45% del total de los ocupados. En el sector microinformal llegó al 66,5%. Entre los asalariados informales de microestablecimientos, trepó al 81,1%. En el empleo público fue del 15,9% y en el sector privado formal del 29,1%. 

    El ingreso muestra la parte más brutal del fenómeno. La UCA advierte que los trabajadores del sector microinformal cobran, en promedio, entre 30% y 40% menos que el resto. En 2025, los trabajadores privados formales regulados tenían una probabilidad 18 veces mayor de estar en el quintil más alto de ingresos que en el más bajo. En el microinformal, esa relación caía a 0,28. 

    Ahí aparece la otra cara del orden macroeconómico que el Gobierno vende como modernización. El informe marca dos motores en tensión. Por un lado, sectores de baja productividad que absorben mucha mano de obra. Por otro, actividades de alta rentabilidad, como recursos naturales, finanzas y servicios empresariales, que generan pocos puestos directos. 

    La apuesta libertaria combina ajuste fiscal, desregulación, incentivos exportadores y una mirada muy favorable a recursos naturales y finanzas. Ese camino puede ordenar algunas variables. Pero no arma, por sí mismo, un régimen de desarrollo. Sin crédito, proveedores, infraestructura, tecnología y coordinación estatal, los números cierran arriba y la factura se abre abajo.

    El espejo peruano entra justo ahí. Perú logró durante años baja inflación, reservas altas y bajo endeudamiento. Pero en 2025 tuvo una informalidad laboral del 70,2%. Fueron 12,3 millones de trabajadores informales sobre una población ocupada de 17,6 millones. En las zonas rurales, la informalidad llegó al 94,8%. En las urbanas, al 64,5%. La desocupación, en cambio, fue de apenas 4,9%. La trampa queda a la vista: una macro eficiente puede convivir con una sociedad partida.

    El ex ministro peruano Piero Ghezzi lo dijo en una entrevista con La Nación: «La política macro, que es transversal, no alcanza». También advirtió que en Perú «no hay suficientes sectores para incorporar a esos trabajadores». Esa frase explica el riesgo argentino.

    Perú incluso mostró crecimiento del empleo en 2025. El INEI informó 17,57 millones de ocupados, un aumento de 1,5% frente a 2024. Pero la calidad del empleo siguió siendo el agujero negro. En empresas de hasta diez trabajadores, la informalidad fue del 88,6%. En las grandes, del 15,6%. En agricultura, pesca y minería, llegó al 91,1%. En servicios, al 57,6%. El orden macro no impidió que la mayoría trabajara sin red.

    En Argentina, la palabra peruanización pega porque toca una fibra sensible. El país todavía conserva protecciones sociales y laborales más extendidas que Perú explicada por su complejo científico inudstrial. Pero el informe de la UCA advierte que esa arquitectura se erosiona. La norma protectoria sigue escrita. El problema es que una porción creciente del trabajo queda afuera de su alcance. .

    Ramiro Robles, investigador del Observatorio de la Deuda Social, planteó que hacen falta políticas de coordinación salarial, fortalecimiento del salario mínimo y formalización. Pero con una aclaración clave: formalizar no es sólo registrar. También supone crear canales reales para incorporar a quienes hoy están fuera del sistema fiscal, previsional y laboral porque sus márgenes productivos son mínimos. Su diagnóstico fue poco amable para la épica oficial: «No parece evidente que en el corto plazo la situación del empleo vaya a mejorar».

     

    Difunde esta nota
  • El superávit se achica, pero presionado por los fallos Caputo tuvo que aumentar el gasto en universidades

     

     El Gobierno volvió a mostrar superávit en mayo y Javier Milei salió a celebrarlo: «el granítico ancla fiscal». Pero debajo de ese número prolijo apareció un dato incómodo para el relato oficial. El gasto en universidades fue una de las partidas que más creció en términos reales, una tendencia que se acentuará en los próximos meses cuando comience a ejecutarse el acuerdo que firmó el Gobierno para tratar de evitar un fallo en contra de la Corte.

    El otro gasto que subió fue el destinado a subsidios de servicios públicos que aumentaron nominalmente $784.178 millones. Energía explicó $523.417 millones y transporte $258.687 millones, a pesar de los aumentos tarifarios, o mejor dicho para contenerlos por su presión inflacionaria.

    El Sector Público Nacional registró en mayo un superávit primario de $1.924.367 millones y un superávit financiero de $478.613 millones, después de pagar intereses de deuda por $1.445.754 millones. Con ese resultado, el acumulado de los primeros cinco meses llegó a 0,7% del PBI en el resultado primario y a 0,2% del PBI en el financiero.

    Ese 0,7% tiene valor político. Es la mitad de la meta de superávit primario de 1,4% del PBI que el Gobierno renegoció con el FMI para 2026. La meta original era más exigente: 2,2% del PBI. El Fondo la bajó luego de la revisión del programa y el acuerdo técnico que habilitó un desembolso de 1.000 millones de dólares.

    El número también tiene una lectura menos épica. La meta anual quedó en torno de $16,4 billones. A mayo, el Gobierno acumuló cerca de $6,98 billones de superávit primario. Es decir, llegó con aire a junio, aunque todavía tiene por delante el pago de aguinaldos y una segunda mitad del año donde la recaudación no muestra una recuperación sólida.

    Las universidades acordaron un aumento del 24% con el gobierno pero no retiran el reclamo en la Corte

    De hecho, la consultora Equilibra reveló que el superávit fiscal se achicó en mayo porque los ingresos cayeron más que los gastos. El superávit primario tuvo una caída real del 14,9% y el financiero del 45,7% interanual. En los primeros 5 meses del año, el deterioro acumulado es de 12% para el primario y 25,2% para el financiero, en la comparación interanual.

    La consultora Equilibra reveló que el superávit fiscal se achicó en mayo porque los ingresos cayeron más que los gastos. El superávit primario tuvo una caída real del 14,9% y el financiero del 45,7% interanual. 

    Los ingresos totales de mayo fueron $14.531.657 millones, con una suba nominal de 27,8% interanual. Los recursos tributarios crecieron 30%. El impulso central vino de Ganancias, que saltó 72,5% por el vencimiento de sociedades. En cambio, los derechos de exportación siguieron en baja y cayeron 17,4% interanual.

    La caída de los recursos obedeció fundamentalmente a los impuestos ligados a la actividad interna, como el IVA neto de reintegros con una baja del 11%, los aportes y contribuciones a la seguridad social que cayeron 4,4%, los débitos y créditos y los impuestos internos un 16,7%. Los tributos ligados al exterior también continuaron cayendo, tanto los derechos de exportación como los de importación. 

    Cuando se descuenta la inflación, se ve el deterioro del superávit. Según IARAF, los ingresos totales cayeron 4,1% real interanual. Los tributarios bajaron 2,4% y los no tributarios retrocedieron 22,5%. El gasto primario también cayó, aunque menos: 2,2% real. Por eso, el superávit primario de mayo fue 14,9% menor al de un año atrás.

    Ahí aparece una tensión clave. En abril, el Gobierno había encendido luces amarillas porque el gasto subió en términos reales mientras los ingresos caían. En mayo corrigió esa foto, pero no del todo: los ingresos bajaron más que el gasto. 

    La Justicia le ordenó a Milei que aplique de inmediato la Ley de Financiamiento Universitario

    El dato más político está en las universidades. IARAF registró que las transferencias a universidades crecieron 78,5% real interanual en mayo. Fue el mayor aumento entre los componentes del gasto. En la ejecución oficial, las transferencias corrientes al sector público subieron 47,4% nominal, explicadas por un salto de 89,1% en las transferencias universitarias.

    Ese movimiento revela que pese a su discurso blindado, el gobierno tocó un límite en el ajuste universitario y es evidente que las masivas protestas terminaron mellándolo. El aumento responde a recomposiciones parciales en medio de la pelea, pero todavía no refleja el reciente acuerdo que incluye una recomposición salarial de 24,33% en dos tramos, una suba de 20% para gastos de funcionamiento, 50.000 millones adicionales para hospitales universitarios y un aumento de 50% para las becas Manuel Belgrano.

    Un acuerdo transitorio mientras se espera el fallo de la Corte Suprema sobre el  incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, avalada por la Cámara Contencioso Administrativo Federal.

    Según el cálculo del economista Ricardo Rotsztein en los primeros cinco meses de 2026, el resultado financiero oficial cercano a 0,3% del PBI se transforma en un déficit de 2,2% si se suman intereses capitalizables.

    La otra cara del superávit está en las partidas que siguen ajustadas. El gasto de capital se ubicó en $183.519 millones, un nivel similar al mes anterior. IARAF marcó caídas reales fuertes en gasto de capital a provincias, otros gastos corrientes y otras funciones (gastos operativos del sector público)

     Los principales recortes se dieron en el gasto de capital (obra pública), que tuvo una caída del 3,8% interanual nominal, siendo los rubros más afectados agua potable y alcantarillado, una hipoteca al futuro sanitario del país.

    El punto más delicado no está en el comunicado de Economía sino en lo que queda debajo de la línea. El FMI ya había advertido que, si se computa el componente real de los intereses capitalizados, el resultado financiero deja de verse tan prolijo. En su staff report, el organismo señaló que el superávit de caja global de 0,2% del PBI de 2025 pasaría a un déficit de 0,8% del PBI si se incorporaran esos intereses.

    La discusión volvió a circular con fuerza en redes. Según el cálculo del economista Ricardo Rotsztein en los primeros cinco meses de 2026, el resultado financiero oficial cercano a 0,3% del PBI se transforma en un déficit de 2,2% si se suman intereses capitalizables por 2,5% del PBI. 

     

    Difunde esta nota

Deja una respuesta