Autor: Invitad@ Especial

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    El petróleo venezolano: un botín equivalente a 400 endeudamientos de Caputo y Milei

     

    Venezuela no es un problema: es un botín. Con las mayores reservas de petróleo del planeta, valuadas en entre 17 y 18 billones de dólares, el país concentra un volumen de riqueza energética que explica décadas de presiones, sanciones, intentos de disciplinamiento y ahora, abiertamente, proyectos de recolonización. Detrás del discurso de la “democracia” y la “transición”, lo que está en juego es el control del petróleo.

    Por Celina Fraticiangi para NLI

    Las mayores reservas del planeta y un crudo incómodo para el imperio

    Venezuela posee alrededor de 303 mil millones de barriles de petróleo probados, lo que representa cerca del 17 % de todas las reservas mundiales. No existe otro país con semejante volumen bajo su subsuelo.

    La mayor parte de ese petróleo se encuentra en la Faja Petrolífera del Orinoco y corresponde a crudo extra-pesado, un tipo de petróleo más denso y costoso de procesar que el liviano. Su explotación requiere tecnología avanzada, inversiones constantes y capacidad de refinación específica, especialmente diseñada para este tipo de crudo.

    Ese dato técnico no es menor: explica por qué históricamente las grandes petroleras norteamericanas y europeas estuvieron tan interesadas en Venezuela, y también por qué las refinerías del Golfo de México fueron adaptadas durante décadas para procesar crudo venezolano. No es un petróleo cualquiera: es estratégico.

    A precios actuales del crudo, el valor bruto de esas reservas se calcula en unos 17 a 18 billones de dólares. Para dimensionarlo: equivale a entre el 76 y el 81 % de toda la masa monetaria M2 de Estados Unidos, o dicho de otro modo, a tres cuartas partes de todo el dinero que circula y se deposita en el sistema financiero estadounidense.


    Antes de la nacionalización: Venezuela producía, pero no mandaba

    Durante gran parte del siglo XX, el petróleo venezolano estuvo controlado por empresas extranjeras, principalmente estadounidenses. Desde las décadas de 1920 hasta los años 60, compañías como Exxon, Mobil y Gulf Oil dominaron la exploración, extracción y exportación del crudo.

    En ese período, Venezuela llegó a producir más de 3,7 millones de barriles diarios, ubicándose entre los principales productores del mundo. Sin embargo, el control real del negocio, las decisiones estratégicas y una porción sustancial de las ganancias quedaban fuera del país.

    El esquema era simple y conocido en América Latina: Venezuela ponía el recurso, las multinacionales se llevaban la renta.

    Ese modelo empezó a resquebrajarse cuando el petróleo dejó de ser visto solo como mercancía y pasó a ser comprendido como recurso estratégico y herramienta de soberanía.


    La nacionalización, PDVSA y el límite al saqueo

    En 1976, bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez, Venezuela nacionalizó su industria petrolera y creó Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA). A partir de ese momento, el Estado venezolano pasó a controlar la producción, refinación y comercialización del crudo.

    La nacionalización no fue una rareza: formó parte de una ola global de nacionalismo energético que recorrió el mundo en los años 70. Pero para Estados Unidos fue una señal clara de alerta: uno de sus principales proveedores de energía decidía no obedecer más.

    Décadas después, con Hugo Chávez, ese control estatal se profundizó. Desde 2007, las empresas extranjeras fueron obligadas a convertirse en socias minoritarias de PDVSA o retirarse. Algunas aceptaron —como Chevron—, otras se fueron denunciando “expropiaciones”.

    Lo que para Venezuela fue soberanía energética, para Washington fue y sigue siendo un “robo”. Desde entonces, el petróleo venezolano quedó en el centro de una guerra económica: sanciones, bloqueos, asfixia financiera y operaciones políticas.


    Un botín que explica todo: FMI, Argentina y el contraste brutal

    El valor de las reservas petroleras venezolanas permite entender la magnitud del conflicto.

    Con 17 a 18 billones de dólares (calculado ya extraído y en barriles), ese petróleo equivale a:

    • Entre 380 y 400 préstamos del FMI como el que sostiene Milei, de unos 45 mil millones de dólares.
    • Entre 26 y 28 PBI completos de la Argentina.
    • Siete u ocho veces todo el efectivo físico que circula en Estados Unidos.

    Mientras Argentina es disciplinada por el FMI por decenas de miles de millones, Venezuela es acosada por una riqueza que vale cientos de veces más. La diferencia no es moral ni ideológica: es material.

    Por eso Estados Unidos no negocia con Venezuela como con un país cualquiera. La discute, la sanciona, la amenaza o directamente intenta administrarla. No por su sistema político, sino por su subsuelo.


    El remate que incomoda

    Venezuela no es pobre: es demasiado rica para que la dejen en paz.
    Y la Argentina de Milei no es castigada por rebelde, sino por obediente y endeudable.

    Cuando se entiende que el petróleo venezolano equivale a décadas enteras de producción argentina, a cientos de acuerdos con el FMI y a una porción sustancial del dinero estadounidense, se cae el relato.

    No es democracia contra autoritarismo.
    Es saqueo contra soberanía.

     

  • El giro de la negociación de Trump con el chavismo dejó en offside a Milei

     

    Javier Milei quedó en offside con el giro que hizo Donald Trump para negociar la transición con el chavismo en Venezuela y descartar un gobierno conformado por la oposición como pidió oficialmente la Rosada.

    El libertario quiso ser el primer mandatario del mundo en pedir que tras el secuestro de Nicolás Maduro, Venezuela quedara en manos de Edmundo González Urrutia y Corina Machado.

    Pocos minutos después de que Trump anunciara que había sacado a Maduro de su país, la Cancillería comandada por Pablo Quirno sacó un comunicado oficial en el que «recomendaba» a Estados Unidos que impusiera a esos dos dirigentes de la oposición venezolana.

    «El Gobierno argentino espera y apoya que esta nueva situación haga posible que las autoridades legítimamente elegidas por el pueblo venezolano en las elecciones celebradas en 2024, incluido el presidente electo Edmundo González Urrutia, puedan finalmente ejercer su mandato constitucional conforme a la voluntad popular expresada en las urnas y a las normas democráticas vigentes, destacando asimismo el liderazgo de María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, en la defensa de la democracia y la libertad en Venezuela», dijo el comunicado de Cancillería.

    El interrogante que deja el giro de Trump que dejó en offside al gobierno de Milei es hasta qué punto el libertario tiene línea con la Casa Blanca, si no puede anticiparse a una maniobra geopolítica de tamaña envergadura.

    Pero luego el propio Trump se encargó de ningunear a Machado y dijo que no la querían en su país, por ende no sería la encargada de encarar el nuevo gobierno. A Urrutia, a quien Milei hizo salir al balcón de la Rosada, ni siquiera lo mencionó. En cambio, Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, sí encararon negociaciones con Delcy Rodríguez, vice de Maduro, para encarar la transición.

    Corina Machado

    Este domingo, Rubio fue más allá y dijo que además de negociar con Delcy, ni siquiera pensaban en unas nuevas elecciones. «Es muy prematuro para eso», dijo el secretario de Estado y luego tuvo un sinceramiento brutal: «Nos importa la democracia y todo eso, pero lo primero que nos importa es la seguridad y prosperidad de Estados Unidos», dijo.

    Trump ya había dejado en soledad a Milei cuando viajó a Oslo para participar de la entrega del Premio Nobel de la Paz a Machado. Ni siquiera la venezolana llegó a tiempo para la premiación y Milei tuvo que volverse de apuro a la Argentina en un viaje millonario que, si ya era infructuoso entonces, ahora cobra aún menor relevancia.

    El interrogante que deja el giro de Trump que dejó en offside al gobierno de Milei es hasta qué punto el libertario tiene línea con la Casa Blanca, si no puede anticiparse a una maniobra geopolítica de tamaña envergadura.

     

  • Rubio confirma la negociación con el chavismo: «¿Elecciones? Es un poco prematuro para eso»

     

    El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, confirmó este domingo que Estados Unidos está dispuesto a trabajar con el gobierno de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, aunque advirtió que la relación dependerá de las acciones que tome el nuevo mando en Caracas a cargo de Delcy Rodríguez.

    «¿Elecciones? Es un poco prematuro para eso», dijo Rubio en una entrevista con la cadena CBS News, en la que ratificó que a Trump no le interesa negociar con María Corina Machado y Edmundo Gutiérrez, como pidió Javier Milei.

    Rubio dijo que EEUU está «enfocado en los problemas que había con Nicolás Maduro». «Nos importa la democracia y todo eso, pero lo primero que nos importa es la seguridad y prosperidad de Estados Unidos», dijo el secretario de Estado. 

     El funcionario dijo que Washington mantendrá una postura de vigilancia constante sobre el proceso de transición iniciado tras el operativo militar del sábado.

    «La vicepresidenta habló con Marco Rubio y dijo que hará lo que nosotros digamos», reveló Trump el sábado en referencia a Delcy Rodríguez, que asumió la presidencia tras el secuestro de Maduro por parte del ejército norteamericano.

    «Vamos a juzgar todo por lo que hagan, y vamos a ver qué hacen», dijo Rubio y evitó dar detalles sobre acuerdos específicos. 

    Trump anunció que negociará con la chavista Delcy Rodríguez la transición en Venezuela

    «Sí sé esto: que si no toman las decisiones adecuadas, Estados Unidos mantendrá múltiples palancas de presión», amenazó el funcionario estadounidense de mayor rango detrás de Trump.

    Como anticipó LPO, Rubio representa el ala del gobierno de Trump que busca el fin del chavismo, pero los trumpistas buscan una salida negociada. El propio presidente hundió a María Corina Machado, que pidió hacerse cargo del gobierno una vez capturado Maduro, Trump dijo desconocer donde se encuentra Corina y planteó que «no tiene respeto de la población».

    «No queremos que otra persona asuma el poder y que se repita la misma situación que hemos vivido durante los últimos años. Así que vamos a seguir gobernando el país», dijo Trump el sábado.

    Rubio intentó minimizar el ninguneo de Trump a Machado, pero confirmó que no tiene cabida en la transición.  «María Corina Machado es fantástica, la conozco desde hace años y ella es todo el movimiento, pero aquí estamos lidiando con una realidad, nosotros queremos una transición a la democracia, pero la mayoría de la oposición está en el exilio y nosotros tenemos que pensar en las próximas 2 o 3 semanas, 2 o 3 meses», dijo Rubio. 

    «Los primeros pasos consisten en salvaguardar los intereses nacionales de Estados Unidos y, al mismo tiempo, beneficiar al pueblo de Venezuela, no más narcotráfico, no más presencia de Irán/Hezbollah allí. No más uso de la industria petrolera para enriquecer a todos nuestros adversarios», dijo el secretario de Estado.

     

  • «Trump tuvo que negociar con los que están en el poder»

     

    La intervención de Donald Trump en Venezuela fue una bomba en la agente internacional y abre una etapa de profunda incertidumbre respecto de sus consecuencias en la región. 

    La doctrina del norteamericano para reforzar su poder en América Latina y resolver problemas en favor de sus intereses de la frontalidad brutal genera un híbrido entre las viejas estrategias golpistas con un modus operandi de la nueva etapa. 

    Al respecto, LPO consultó al analista internacional Martín Shapiro quien sostuvo que «la intervención de Trump es bastante particular porque es una intervención sin invasión terrestre, con una acción limitada y por lo menos por lo que sabemos con una coordinación con sectores del gobierno chavista que deja además afuera la oposición en el exilio. Así que es una intervención, en primer lugar, particular». 

    En segundo lugar, agrega Shapiro, «me llama la atención por lo desenfadada. Me refiero a esto de vamos a intervenir en el petróleo y vamos a tomar las decisiones sobre lo que pasa en Venezuela. Bastante curioso».

    Delcy está en Caracas y toma el control del gobierno: «el único presidente es Maduro»

     El analista planteó que «hay una imposición del ala de Marco Rubio, que es la que tiene mayor predicamento sobre las decisiones del gobierno estadounidense. No es el curso de acción preferido, no es algo que entusiasme demasiado al sector de J.D Vance que es más aislacionista, pero en líneas generales todos se han puesto detrás de este esfuerzo todos se han alineado y en principio, por lo menos provisoriamente, parece que es una intervención relativamente exitosa en términos de poder mostrar un resultado que es Maduro esposado».

     «Después, el futuro y la gobernabilidad de Venezuela es otra cosa pero en todo caso se narrar desde lejos en los Estados Unidos», aclara.

    Para Schapiro  «los mayores problemas internos creo los tiene tanto con los Demócratas como con algunos republicanos en el Congreso pero me parece que no hay problemas dentro de la estructura del gobierno de Trump que parece que está alineada». 

    La intervención de Trump es bastante particular porque es una intervención sin invasión terrestre, con una acción limitada y por lo menos por lo que sabemos con una coordinación con sectores del gobierno chavista que deja además afuera la oposición en el exilio.

    Por último, Martín Schapiro afirma «no estamos frente a un golpe de Estado tradicional. La situación me parece más cercana es el arresto de Noriega en 1989, pero la idea de que Estados Unidos toma el control del gobierno venezolano,  que Delcy Rodríguez se va a comportar como ellos quieren que se comporte, me parece que deja un antecedente complejo en términos del alcance y la posibilidad de los Estados Unidos de moldear los devenires políticos por sobre la soberanía de los estados. Creo que es sumamente importante para mirar». 

    La captura de Maduro confirma el regreso de las operaciones clandestinas de la CIA en Latinoamérica 

    Ene se sentido, sostiene que «el vacío que le hicieron a Machado, me parece que tiene que ver con el aprecio de Trump por el ejercicio de fuerza desnuda. Machado había logrado una importante capacidad de movilización electoral que la llevó a ganar las elecciones con Edmundo González, pero después de las elecciones no tenía un movimiento que le respondiera en la calle, no hubo grandes movilizaciones para que se respete el resultado electoral y entonces Trump me parece cuando tuvo que negociar con los que tenían poder».

     «Vamos a ver cómo gobiernan, me parece que ese por supuesto es un interrogante que está abierto la casta política venezolana si algo ha demostrado desde 2015 para acá es una enorme voluntad de mantenerse y de mantener el poder mucho más que lo ideológico», concluye. 

     

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    La discapacidad bajo ajuste: qué esconde el decreto 942/2025 de Milei

     

    Bajo el discurso de la “eficiencia”, la “transparencia” y el “orden administrativo”, el decreto 942/2025 firmado por Milei elimina la Agencia Nacional de Discapacidad y concentra todas las políticas del sector dentro del Ministerio de Salud. Detrás del lenguaje técnico, la medida implica más controles, más auditorías y un riesgo concreto de recorte de derechos para las personas con discapacidad.

    Por Roque Pérez para NLI

    La publicación del DNU 942/2025 pasó casi inadvertida en medio del cierre de año, pero su contenido es de enorme gravedad para uno de los sectores más vulnerables de la sociedad argentina. El decreto no solo prorroga la emergencia sanitaria, sino que desmantela la estructura institucional que durante años tuvo a su cargo la política pública en discapacidad.

    La decisión central es clara: la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) deja de existir como organismo descentralizado y pasa a ser absorbida por el Ministerio de Salud bajo la figura de una Secretaría Nacional de Discapacidad. Lo que el texto presenta como una “reorganización” es, en los hechos, una fuerte centralización política y presupuestaria.

    El fin de la ANDIS y la pérdida de autonomía

    Hasta ahora, la ANDIS contaba con cierta autonomía funcional y administrativa. Eso le permitía tener un presupuesto propio, equipos técnicos especializados y un margen —limitado, pero real— para sostener políticas públicas específicas.

    Con el decreto de Milei, la discapacidad deja de ser una política integral de derechos y pasa a ser un área subordinada a las prioridades sanitarias y fiscales del Ministerio de Salud. Esto no es neutro: implica que las decisiones sobre discapacidad quedarán atravesadas por criterios de ajuste, “racionalización del gasto” y metas presupuestarias.

    En otras palabras, la discapacidad deja de ser un derecho humano garantizado y pasa a ser un costo a administrar.

    Pensiones por invalidez: auditorías, revisiones y posibles bajas

    Uno de los puntos más sensibles del decreto está en el nuevo inciso 39 del artículo 23 de la Ley de Ministerios. Allí se establece que el Ministerio de Salud tendrá a su cargo:

    “el otorgamiento, control, revisión y auditoría de las pensiones por invalidez”.

    La inclusión explícita de las palabras control, revisión y auditoría no es casual. El propio decreto justifica la medida hablando de “irregularidades”, “falencias” y “desorden administrativo”.

    La experiencia histórica en la Argentina es clara: cuando se anuncian auditorías masivas sobre pensiones por invalidez, lo que sigue son suspensiones, demoras y bajas, muchas veces injustificadas. Personas con discapacidad que dependen de ese ingreso quedan meses sin cobrar o deben atravesar procesos humillantes para volver a demostrar una condición que ya fue certificada.

    El decreto habilita legalmente ese escenario.

    El Certificado Único de Discapacidad, bajo la lupa

    El texto reconoce que existen problemas en la gestión del Certificado Único de Discapacidad (CUD): sistemas fragmentados, falta de interoperabilidad y demoras. Sin embargo, la solución que propone no es fortalecer el acceso, sino centralizar la información y endurecer los mecanismos de control.

    Esto puede traducirse en:

    • Trámites más lentos
    • Mayor discrecionalidad administrativa
    • Nuevos obstáculos para renovar o acceder al CUD

    Para miles de personas, sin CUD no hay prestaciones, transporte gratuito, medicamentos ni acompañamientos terapéuticos. Cualquier demora o restricción impacta directamente en su vida cotidiana.

    Prestaciones en riesgo y prestadores ahogados

    La Ley 24.901 garantiza un sistema de prestaciones básicas que incluye tratamientos, rehabilitación, transporte, apoyos y acompañantes terapéuticos. El decreto afirma que busca “transparentar contrataciones” y “optimizar el gasto”.

    En la práctica, este tipo de procesos suele derivar en:

    • Retrasos en los pagos a prestadores
    • Revisión de convenios
    • Reducción de coberturas
    • Prestadores que dejan de atender porque el Estado no paga

    No hace falta un recorte explícito: la asfixia administrativa también es una forma de ajuste.

    Mucha Convención, poca participación real

    El decreto cita reiteradamente la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, pero no crea ningún mecanismo nuevo y concreto de participación de las organizaciones del sector. Todo queda concentrado en la estructura ministerial.

    Esto contradice el espíritu mismo de la Convención, que exige la participación activa de las personas con discapacidad en el diseño, seguimiento y evaluación de las políticas públicas que las afectan.

    Emergencia sanitaria prorrogada: más discrecionalidad

    La prórroga de la emergencia sanitaria hasta diciembre de 2026 le otorga al Ejecutivo un margen extraordinario para tomar decisiones sin debate parlamentario. En ese marco, la política de discapacidad queda sujeta a resoluciones administrativas, reestructuraciones internas y cambios de criterio que pueden afectar derechos adquiridos.

    Menos Congreso, menos control, menos garantías.


    Un cambio de paradigma peligroso

    El decreto 942/2025 marca un giro claro: la discapacidad deja de ser abordada desde una perspectiva de derechos y pasa a ser tratada como un problema de gestión y gasto público.

    Detrás de palabras como “eficiencia”, “trazabilidad” y “orden”, se esconde un riesgo concreto de ajuste sobre quienes más necesitan del Estado. La eliminación de la ANDIS no es un hecho técnico: es una decisión política con consecuencias reales.

    En tiempos donde el gobierno de Milei repite que “no hay plata”, la pregunta es inevitable: ¿el ajuste también va a caer sobre las personas con discapacidad?

     

  • La doctrina del vale todo

     

    Después de los bombardeos en Caracas durante la noche, la mañana del sábado fue de extraña tranquilidad en otros estados de Venezuela. Colegas me mandaron desde Puerto Ordaz, a casi 700 kilómetros de la capital, fotografías de la gente saliendo a hacer las compras y a trabajar como si nada pasara. En el país hay, hace tiempo, una cotidianidad desenganchada y fatigada de la política.

    En Venezuela, una parte de la vida diaria parece seguir, ajena a la foto de Nicolás Maduro fotografiado esposado y en jogging. Podría ser la imagen de un líder pandillero o de un narco. Da igual. Pero es un presidente convertido en criminal por la justicia estadounidense. Y por el propio Donald Trump. Mientras el presidente de Estados Unidos, que gobierna más allá de sus fronteras, anuncia que controlarán Venezuela hasta que ocurra una transición, un sector importante de la población venezolana sigue en la suya, aparentemente desimplicada de la política. El peso de la vida diaria lo insume todo.

    Las diversas crisis económicas y la política gubernamental han lastrado el liderazgo de Maduro. Pocos llorarán por él. Tampoco habrá movilizaciones masivas pidiendo por María Corina Machado, sobre quien Trump, en la conferencia de prensa de hoy, dijo que no tiene “apoyo interno ni respeto del país”.

    En Venezuela hay, hace tiempo, una cotidianidad desenganchada y fatigada de la política.

    En el resto del mundo, apenas blandas declaraciones. Las condenas esperables de los gobiernos de México, Brasil y Colombia. En Argentina, celebran Milei, sus ministros y legisladores. También Mauricio Macri. Lula da Silva y Claudia Sheinbaum han criticado la incursión militar y sobre todo, el presidente de Brasil destaca lo más relevante: Trump cruzó la línea de lo aceptable y recuerda las históricas injerencias de EEUU en la región. La Union Europea se ve tensionada por las distintas posiciones con respecto a Trump. El bloque europeo solo reivindicó el respeto al derecho internacional. Festejan Giorgia Meloni y Emmanuel Macron. Una sorpresa: la líder francesa de extrema derecha, Marine Le Pen, rechazó la incursión de los Estados Unidos, alegando que “la soberanía de los Estados nunca es negociable”. El premier de Gran Bretaña, Keir Starmer, invocó el derecho internacional, pero advirtió que no derramará lágrimas por Maduro.

    Lo cierto es que, mientras reina ese aparente letargo interior y exterior, el movimiento de Trump rompe los consensos instaurados en los últimos cuarenta años por las dinámicas del multilateralismo y las normativas que establecen la ONU, la OEA y, en última instancia, el derecho público internacional. Estados Unidos confirma un poder que legitima la ruptura de los principios de autodeterminación estatal y quiebra al Estado Nación como concepto. 

    Trump está decidido a reconfigurar la política exterior norteamericana saliéndose de cualquier libreto imaginado en las últimas décadas. Y para ello posee un contexto favorable con importantes líderes de derechas radicales que apoyan su gobierno. Y además se considera artífice de victorias electorales, como las de Javier Milei y la del presidente electo hondureño Nasry Asfura. La fortuna está con Trump y eso lo lee cualquier avesado astrólogo del poder.

    Una sorpresa: la líder francesa de extrema derecha, Marine Le Pen, rechazó la incursión de los Estados Unidos, alegando que “la soberanía de los Estados nunca es negociable”.

    La defensa militar y la inteligencia venezolana fallaron. La seguridad que exhibía Maduro en diversas entrevistas o presentaciones públicas se desmoronó en pocas horas. La incursión a Venezuela se fue rediseñando. Comenzó en el Mar Caribe, con el despliegue de una potente flota de la Armada estadounidense. La presión fue aumentando, pero a pocos pareció importarle. Las tropas estadounidenses estaban estacionadas frente a Venezuela desde agosto. Durante algo más de cuatro meses pasaron de atacar impunemente a embarcaciones sospechadas de llevar drogas a Estados Unidos —al menos 35 ataques y más de 115 muertos— a retener cargueros petroleros y sancionar y bloquear a algunos de esos buques. 

    Esto ya inauguró un potencial peligro para la estabilidad del régimen venezolano: no hay quien sobreviva políticamente en ese país si se toca la columna vertebral petrolera.

    Mientras tanto, la narrativa de la guerra contra las drogas —que se construye desde los años cincuenta en Estados Unidos— se fue asociando a la necesidad de recuperar el petróleo y los activos que Venezuela le había quitado al país.

    Trump está decidido a reconfigurar la política exterior norteamericana saliéndose de cualquier libreto imaginado en las últimas décadas. Y hoy tiene un contexto favorable con importantes líderes de derechas radicales que apoyan su gobierno.

    Esta vez, Trump contaba con tres elementos a su favor para avanzar.

    Primero, consenso entre la ciudadanía norteamericana para apresar a Maduro. La encuesta de Harris Poll y Harvard Caps —realizada entre el 2 y el 4 de diciembre de 2025— revelaba que más del 70 por ciento estaba de acuerdo con derrocar a Maduro y hacerlo enfrentar un juicio. 

    Segundo, la debilidad política, económica y militar de Maduro y su régimen. 

    Tercero, que no recibiría grandes condenas de otros grandes jugadores internacionales. 

    Entonces Trump avanzó, rompió todas las reglas y abrió un nuevo escenario. Se dio tiempo para bromear con que ha superado la Doctrina Monroe —América para los americanos— y ahora habrá que rebautizarla como Doctrina Donroe. Y justificó la decisión de pasar por encima del Congreso para garantizar el efecto sorpresa del ataque. Es una doctrina del vale todo. 

    Esto ya inauguró un potencial peligro para la estabilidad del régimen venezolano: no hay quien sobreviva políticamente en ese país si se toca la columna vertebral petrolera.

    Mientras tanto, el progresismo latinoamericano —que siempre cargó como un peso la experiencia chavista y madurista— hoy solo se aferra a la normativa internacional de sostener con poco énfasis alguna discusión en las redes y los devaluados foros internacionales. La ONU, la OEA y ninguna otra organización o bloque pudieron conducir a los Estados Unidos a una salida diplomática. Trump, en nombre de la seguridad de los Estados Unidos, las desconoce. Reivindica la fuerza. Ha establecido el caos como parte de su gobernanza internacional. Esto rompe cualquier certidumbre política y recupera el carácter violento y sin mediación de la política. Ese poder impone reglas precarias y obliga a los países débiles a tomar posición. Roma no paga traidores y eso el presidente norteamericano lo ha hecho saber (parte de ese laboratorio se inició con los aranceles). 

    Es interesante: mientras Trump reclama la influencia sobre el hemisferio occidental e indica la posibilidad de un segundo ataque, el ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela, Diosdado Cabello, llama a los motorizados a defender el país. A su vez, mientras por el canal VTV circulan imágenes sobre ataques a los cuarteles y la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, indica que van a defender Venezuela y que el único presidente es Maduro, una parte importante de la población en Venezuela se busca la vida como lo hace casi todos los días. Existe una profunda desconexión entre la política y las vidas ciudadanas.

    Se abre un nuevo escenario en Venezuela. Trump advirtió que la transición será larga y que Machado no puede estar al frente de la tarea. La estructura gubernamental y militar chavista se mantiene y, por ahora, no fue arrasada. Por lo tanto, sus actores están disponibles para futuras negociaciones con los Estados Unidos. Hoy, de alguna manera, comienza una transición en Venezuela. No sabemos cómo termina. Lo que sí sabemos es que el gobierno de Maduro está herido y que cuenta con demasiadas debilidades locales y regionales para torcer grandes dosis de injerencia norteamericana. Maduro y su esposa, Cilia Flores, serán juzgados mientras se realiza la transición y todo entrará en una zona de realpolitik, por ahora, desconocida. Queda por observar qué pasará con el petróleo y el impacto de ésta incursión en el bloque de poder chavista. También: cómo influirá el aterrizaje del gobierno estadounidense en el resto de los países de la región. ¿Qué papel jugará Argentina? ¿Cómo reaccionará Colombia? ¿Lo aceptará Brasil sin chistar? 

    El progresismo latinoamericano —que siempre cargó como un peso la experiencia chavista y madurista— hoy solo se aferra a la normativa internacional de sostener con poco énfasis alguna discusión en las redes y los devaluados foros internacionales.

    Habría que considerar algunas cosas más: Trump logró una gran legitimación de los emigrados venezolanos en la región, de una parte de la población norteamericana que prontamente deberá participar de las elecciones intermedias de 2026 y una significativa capacidad militar y liderazgo frente a China y Rusia en un hemisferio donde ambos países tienen intereses económicos y geopolíticos.

    Veni, vidi, vici. Hoy Trump jugó y —por ahora— ganó.

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