| | |

Apuntes rápidos sobre medios & comunicación

I

“abrir cámara de compresión (…) cerrar cámara de compresión”. en casi todas las películas de ciencia ficción, la voz (no se sabe por qué siempre latosa) de una computadora superinteligente que hay en la nave nos dice muy didáctica y redundantemente más de la mitá de lo que hay que saber de la trama para que la cosa sea masomenos llevadera. quiero decir: buena parte de la narrativa audiovisual de los últimos años nos viene tratando de idiotas. ojo

II

el uso generalizado hace tiempo de la palabra “surrealista” me produce asco*. mucha gente llama “surrealista” a todo lo que no sabe qué es ni qué significa ni qué gracia tiene, pero que compra igual porque el mercado se lo ha puesto adelante de la nariz como si fuera una obra de arte. ejemplos para progres de semejante porquería son la mayoría de las películas de david lynch o las de lars von trier (pongo ejemplos para progres, aunque hay más entre todas las películas y series que se producen), muchos de los cuadros de dalí o la mitad al menos del arte visual actual, y sin duda mucho de lo que se vende como poesía o literatura. lo que hacen la mayor parte de los consumidores es como votar a macri pero delante de un cuadro o una peli o unas palabras: no usan la conciencia ni la tradición ni nada que no sea una especie de narcicismo pobre, sin intenciones y adaptativo. muy seguido los que no votan a macri no conocen la relación entre las cosas, y deciden inclinarse ante el mercado financiero y sus peores consecuencias culturales cuando están adelante de un cuadro o de una peli, lo que es bastante pior que votar a macri

* el asco siempre es político

III

dice uno en una página de facebook de esas que comentan y recomiendan pelis: “Hi, mates. Busco películas que sean biopics de emprendedores geniales como Steeve Jobs o Mozart”. yo sigo esperando que por fin en este 2020 la pandemia haga lo que tiene que hacer, pero parece que no

IV

durante los dos primeros minutos del comentado docu sobre el roc en latinoamérica que hizo netflix en el 2020 (“Rompan todo”) aparecen como quince testimonios de conocidos de la escena diciendo tales sandeces y lugares comunes que ahora que empecé a verlo estoy seguro de que lo que ellos llaman roc ha muerto. larga vida al no sé qué

V

¿cuando escuchan palabras como “underground”, “alternativo”, “contracultural”, “independiente” e incluso “transgresor” o “marginal” tomadas al pie de la letra, no les parece todo muy sospechoso?

VI

¿alguien vio alguna serie en la que ser joven no signifique ser un reverendo pelotudo? y ojo que digo pelotudo para simplificar. no sé, cualquier ejemplo de las últimas décadas me da ese resultado. en muchas pelis también, por ejemplo: ¿el jim morison de la película de oliver stone no es un auténtico salame?

VII

me puse a escuchar las canciones pop más exitosas internacionalmente de los últimos 2 años (puro mainstream, 2 o 3 top ten de cada año). casi todas son inaceptables para cualquiera al que le interese (aunque sea) la música: casi iguales a cosas que eran un poco simpáticas y casi originales hace 30 años, con escaso color, sin riesgo, sin juego, con letras que son lugares comunes cuando no son un balbuceo babeante. pensé: la cultura de mercado insulta nuestra inteligencia. y también pensé: la cultura de mercado es nuestra inteligencia. la mayoría de la gente pone cualquier FM en el auto para recibir esos insultos, y no se da cuenta

VIII

una peli española (no suelo mirar cine español) empieza con un plano cenital de una mesita ovalada de mármol gisaceo que encima tiene: un teléfono rosa fuerte (a un lado), un álbum de fotos color rosa claro (al centro), un alhajero circular color rosa más claro (al otro lado). también hay (para compensar el peso del teléfono) un encendedor de plástico rosa tirando a fucsia. el equilibrio, que podría llamarse clásico aunque es evidentemente una imitación fofa, decorativa y degradante de cierta simetría clásica, anuncia una película completamente inconsistente y amanerada pero, eso si, pretenciosa. me olvidé de decir que también hay en la mesa un cenicero circular color gris (un poco más oscurito que el gris del mármol y con menor diámetro que el alhajero) con ocho colillas prolijamente ordenadas. la miré toda, sí. perdóname Señor. cuánto más desagradable, cuánto más ofensivo al gusto es lo pretencioso, lo hecho con evidentes “buenas intenciones” progres que lo meramente comercial, pop o descuidado, ¿no? quiero decir: en materia artística, me quedo toda la vida con las películas de armando bo que con las de subiela

IX

en una parte de la película que podría llamase peli o cinta y ahorrarnos dos sílabas, la joven que (spoil) va a ser en hora y media quemada por bruja hace de bruja: ¡qué necesidad, compañero! baila con lobos drogada con centeno en torno a una fogata con otras chicas drogadas y desnudas ¡qué necesidad hay de tal cosa, compañero! si querías mostrar chicas rosadas para calentar un poco al vecino pajero que somos todos, ponelas tocándose al principio de la cinta debajo de sábanas por otras trabajosas puritanas almidonadas y listo. entonces después contame algo

X

uno de los motivos por los que no miro televisión (esto es: televisión de aire) es que me molesta muchísimo el esfuerzo que hacen los animadores por animarme. es una especie de demagogia denodada, border, parecida a la prostitución, y a mí la prostitución me la baja porque estropea la seducción, entre otras cosas. y no me refiero solamente a animadores propiamente dichos; los que hacen de periodistas también entran, porque quieren animarte incluso a pesar de las noticias. otra vez: eso de que hay que estar obligatoriamente de buen ánimo es newage, por lo tanto es neoliberal y por lo tanto es de extrema derecha.

@mfernandez para trafkintu.com.ar sociedad de autores

Difunde esta nota

Publicaciones Similares

  • |

    ESTRENO: FUE LA MANO DE DIOS

    Aviso de Spoiler: Siempre tomo referencias de escenas, (Tampoco me molesta que me cuenten finales). Una mirada de Nápoles desde los sentimientos fuertes a flor de piél en la vida diaria de los protagonistas, una intensidad profunda que altera la lógica de las escenas y nos muestra un universo propio y particularmente mágico de SER…

    Difunde esta nota
  • Los homicidios en la Ciudad cayeron a su menor nivel desde 1994

     

    Todos los tipos de delitos disminuyeron en la Ciudad durante 2025 y los homicidios tuvieron su nivel más bajo en 31 años con 2,5 por cada cien mil habitantes. Buenos Aires mantiene el segundo lugar entre las capitales de América con menos homicidios por detrás de Ottawa.

    En 2025, los homicidios cayeron 3% respecto de 2024 y llegaron a las 78 víctimas fatales.

    «Algunos índices quedaron por debajo de la pandemia», festejó Jorge Macri en una presentación con medios de prensa. «Todas las formas de delito bajaron de un año al otro y en algunos casos con números récord absoluto desde que hay estadísticas», explicó el jefe de Gobierno.

    Los robos de automotores, un delito que tiene estadísticas más confiables porque siempre se denuncia, cayó un 54% respecto del año anterior y totalizaron 524. La cifra es incluso menor a la registrada en los años de pandemia.

    Los robos cayeron 27% respecto de 2024 y quedaron en su mínimo histórico desde el año 2000, sin contar el 2020 y 2021, años pandémicos. 2024 había terminado con 68.392 robos y en 2025 fueron 50.069.

    El capítulo de robos con armas también registró un descenso y pasaron de 8.445 en 2024 a 5.566 en 2025, un 34% menos.

    «Vos podés venir a delinquir a la Ciudad, pero no te la vas a llevar de arriba», dijo Macri y destacó que el 80% de los delitos denunciados tiene resolución. «Sostenemos el cumplimiento de la ley y la defensa de la policía, les damos cada vez más recursos y aumentamos la inversión», argumentó acompañado por el ministro de Seguridad, Horacio Giménez, y el secretario de Seguridad, Maximiliano Piñeiro.

     

    Difunde esta nota
  • Frágiles, atomizados, individualizados

     

    El modelo social, como se ha conceptualizado en la literatura, no es solo una estructura económica, sino una arquitectura institucional históricamente consolidada que gestiona las relaciones entre el mercado, el Estado y la sociedad. Refleja cómo se coordina el mercado laboral con los sistemas de protección social a los cuales Argentina ha llegado por varias vías institucionales, a veces con mayor éxito y otras con mayores desgracias.

    Este pacto institucional parece estar cambiando de forma estructural.

    Estudios recientes de nuestro equipo en el Instituto Gino Germani muestran dinámicas preocupantes en el mercado laboral, caracterizadas —de manera deliberada o no— por lo que podría definirse como un (no) modelo. Más allá del cierre de fábricas y la aceleración de quiebras, cuyo caso más emblemático es Fate, los datos oficiales —técnicamente cuestionables y objeto de una profunda deslegitimación académica— muestran una tendencia regresiva: el empleo formal cayó a su mínimo histórico (45%), con 407 mil puestos destruidos y apenas 226 mil precarios creados. El 72% de los ocupados gana menos que la canasta básica y uno de cada cinco trabajadores con jornada completa es pobre, lo que genera casi como humorada la desaceleración del divorcio y padres y madres que pasan un mayor tiempo en casa. El pluriempleo afecta al 12%, mientras la industria y la construcción se contraen frente a servicios precarios. La pobreza bajó al 31,8% por ingresos informales frágiles, no por empleo de calidad: dos tercios de la fuerza laboral padece precariedad o desocupación.

    Vivimos un momento particular.

    La reforma laboral que impulsa el gobierno de Javier Milei cambia las reglas de juego entre empleados y empresas, entre el trabajo y el capital; y el árbitro —el Estado— comienza a ser profundamente parcial.

    Un punto crítico del proyecto es la modificación del sistema de indemnizaciones por despido, donde se reemplaza el esquema tradicional por fondos de cese laboral o sistemas de capitalización individual, similares a los vigentes en la construcción. La propuesta legislativa contempla ampliar el período de prueba más allá de los tres meses, estableciendo una duración variable que podría extenderse hasta seis u ocho en función del tamaño de la empresa.

    Para los contratos antiguos, la nueva ley marca un quiebre: si un trabajador con muchos años de servicio es despedido tras su promulgación, el cálculo de su liquidación se regirá íntegramente por las nuevas reglas, sin considerar su antigüedad previa. Además, la jornada laboral podrá extenderse hasta 12 horas.

    La reconfiguración global de las economías, marcada por el desarrollo tecnológico, la modernización de los procesos productivos y el crecimiento exponencial del sector de servicios, ha actuado como un poderoso motor de cambio social. En nuestra particular economía, un grueso de la misma está despojada de la protección, la tecnología, la mayor productividad y de un potencial bienestar. Más allá de las métricas puramente económicas, estos fenómenos han contribuido decisivamente a la erosión de las solidaridades colectivas tradicionales y al ascenso de un individualismo contemporáneo que redefine las expectativas de los ciudadanos frente al mercado, el Estado y la comunidad.

    El núcleo de esta transformación reside en una mutación profunda de la estructura laboral y social. La modernización ha propiciado la emergencia de nuevas clases medias de servicios, cuyo espacio de trabajo difiere radicalmente del de la fábrica fordista. Estos profesionales ya no se agrupan en grandes plantas industriales; sino que trabajan en pequeñas oficinas, microempresas o de forma autónoma, en entornos donde la interacción social es débil y fragmentaria. Este proceso de socialización frágil y atomizado fomenta estrategias de desarrollo estrictamente personales e individuales. La antigua lealtad a una gran compañía, que ofrecía una carrera vitalicia y un sentido de pertenencia colectiva se desvanece frente a la lógica del proyecto personal, la empleabilidad y la marca individual.

    Paralelamente, la atomización del tejido industrial —con la externalización de servicios, la deslocalización y el auge de las plataformas digitales— ha quebrado los comportamientos colectivos que antes surgían de la experiencia compartida en el espacio de trabajo. Este fenómeno es, en gran medida, un efecto directo de la segmentación de los mercados laborales, que divide a los trabajadores entre un núcleo estable y cualificado y, por otro lado, una periferia precaria y desprotegida.

    La consecuencia más visible de este proceso es el declive histórico de las tasas de afiliación sindical. Los sindicatos, diseñados para representar a masas de trabajadores homogéneos en industrias concentradas, encuentran enormes dificultades para organizar a una fuerza laboral dispersa, diversa y a menudo individualista en sus aspiraciones. Y no fueron solamente los baluartes de las conquistas sociales de los más débiles, sino que, incluso fuera de Argentina, pudieron conseguir, en sus procesos de demanda, mejores resultados distributivos.

    En lugar del antiguo “obrero-masa”, colectivo y con identidad de clase, hoy emerge una figura laboral más aislada. Este vacío no ha quedado desierto, sino que ha sido ocupado por formas de microcorporativismo. El individuo negocia de forma aislada sus condiciones con su empleador o, en el mejor de los casos, busca soluciones privadas a riesgos que antes eran colectivos (seguros de salud, planes de pensiones privados, horas extras, vacaciones). Este proceso de transformación, incubado desde la década de 1980, encontró en el pensamiento neoliberal su principal soporte ideológico. Su prédica a favor de la flexibilidad, la desregulación y la responsabilidad individual ha proporcionado el marco intelectual que justifica y acelera estas dinámicas.

    El individualismo de mercado es pragmático y radical. Concibe al individuo como un agente autónomo que compite en una esfera mercantil con reglas mínimas. Su referencia jurídica, como plantea el investigador Antonio Martín Artiles, de la Universidad Autónoma de Barcelona, es el “common law”, flexible y basado en la jurisprudencia, que refleja esta concepción de un orden espontáneo y descentralizado. El Estado es visto con recelo y su rol queda relegado a garantizar contratos de carácter asimétrico, pero no el de un proveedor activo.

    El individualismo institucionalizado, en cambio, se desarrolla dentro de un marco de instituciones robustas. Propio de culturas corporativistas, este modelo concibe al individuo como un titular de derechos y deberes precisos, garantizados por un Estado fuerte y un sistema de negociación colectiva. Su tradición jurídica es el derecho corporativo germánico, codificado y sistemático. Aquí, la autonomía individual no se opone a la solidaridad institucional, sino que se ejerce a través de ella.

    Frente al avance de un espectro individualista, la cultura colectivista —cuyo principal exponente es la organización sindical— responde a una lógica sustancialmente distinta. Este paradigma ancla las expectativas de protección social en la ley, el Estado y la autoridad pública, configurando una visión jerárquica del orden social en la que el individuo se integra y es resguardado por marcos colectivos definidos desde arriba: la familia, el gremio, la nación, el partido. Sin embargo, este enfoque retrocede de manera constante ante la expansión de la modernización capitalista, la mercantilización de las relaciones sociales y el avance de la ideología del mérito individual.

    El período actual de restauración conservadora y neoliberalismo extremo puede interpretarse sociológicamente como una reacción a la desestabilización de los órdenes tradicionales acelerada por la globalización y las crisis económicas. Se observa una lucha por la imposición de un nuevo “sentido común” que naturaliza la mercantilización de la vida (biopolítica neoliberal) y restaura jerarquías sociales y culturales percibidas como amenazadas, como los privilegios de la elites, la expectativa de ganancia empresarial y un mundo a ser vívido en su plenitud por los más ricos. Se manifiesta como una recomposición de alianzas de clase, donde élites económicas aprovechan el malestar social (precariedad, pérdida de identidad) para promover un individualismo competitivo radical y desmantelar estructuras de solidaridad colectiva.

    Este período encarna la paradoja del neoliberalismo como orden antipolítico: al reducir a la ciudadanía a la mera gestión empresarial de sí misma, vacía la esfera pública y socava los fundamentos de la democracia deliberativa. Sobre ello se intenta desmantelar la protección de trabajadores y trabajadoras, pero sobre el propio proceso de desmantelamiento a la luz de los resultados sociales, parece iniciarse una lenta corrosión de un modelo hierático.

    La entrada Frágiles, atomizados, individualizados se publicó primero en Revista Anfibia.

     

    Difunde esta nota
  • Personal municipal se capacita sobre la ley Micaela

    Durante esta mañana un grupo de empleados municipales se capacita sobre la ley Micaela en el marco de la Ordenanza N° 028/2020 y la Ley Nacional N° 27.499 que establece la capacitación obligatoria en temática de género y violencia contra las mujeres para todas las personas que se desempeñan en la función en los tres…

    Difunde esta nota
  • GastroArte: una velada con degustación y buena música

    La tercera edición del ciclo ‘GastroArte’ se llevó a cabo en la noche del jueves en Maddison, propuesta de la Dirección de Cultura y de la Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina que tiene como finalidad realzar la identidad local junto a los comercios gastronómicos y los artistas reginenses. En esta ocasión…

    Difunde esta nota

Deja una respuesta