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¿A QUIÉNES REPRESENTAN?

La Legislatura rionegrina aprobó en segunda vuelta la modificación de la Ley 3.308, para habilitar el desarrollo de actividad hidrocarburífera en la zona en el Golfo San Matías con 40 votos a favor 1 en contra, dos ausencias y una abstención, desde la Multisectorial Golfo San Matías/Defendamos a Nuestro Golfo que reúne asambleas, organizaciones, vecinos y vecinas, profesionales y fundaciones; advirtieron que la acción de la Legislatura rionegrina está marcada por la ilegalidad.

Con esta modificación de la Ley 3.308 se habilita la construcción de un oleoducto que unirá Vaca Muerta con la localidad rionegrina de Sierra Grande en Punta Colorada, en el Golfo San Matías. Ya lo daba por hecho la gobernadora Arabela Carreras en su exposición en el evento “Amcham Energy Forum”, un encuentro organizado por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (Amcham). En ese encuentro, Carreras no solo dio por modificada la Ley 3308 sino que adelantó un proyecto para construir un gasoducto en San Antonio Este –en el extremo norte del Golfo San Matías– con inversión del Grupo Techint. Y lo reafirmó esta semana en un encuentro con intendentes en Bariloche donde lo más importante de la jornada fue el anuncio de la inversión de YPF y la presentación del proyecto, que por supuesto su creación precede la modificación de la ley.

Encuentro con intendentes en Bariloche.

Estaba todo cocinado, solo faltaba que levanten la mano, onda marionetas. Y lo hicieron. Solo el diputado Pablo Barreno (FdT) votó en contra y hoy prefiere no hablar del tema ya que su cordura y coherencia le jugó en contra. Seguramente una especie de disciplinamiento con miras a repercutir de forma macro en la legislatura. La diputada María Inés Grandoso se abstuvo e Ignacio Casamiquela y José Luis Berros se retiraron del recinto: los tres son legisladores del Frente de Todos.

Acá no hay grieta, no hay discusión ni debate, se pelean entre todos, menos con el capital extranjero.

SESIÓN CERRADA, SESIÓN IMPUGNADA

El proyecto 762/22 apareció 24 horas antes de la sesión del 25 de agosto y según legisladores la noche previa buscaban mediante whatsapp funcionarios que firmen como co-autores del proyecto, cuenta Fabicio Digiacomo vocero de la Multisectorial Golfo San Matías. Un proyecto huérfano de autores provinciales. Sin debate previo, sin consulta a comunidades ni a profesionales de la ciencia y además a puertas cerradas, y con “problemas” de sonido en la emisión del vivo por youtube. Me empiezo a preguntar ¿¿A quienes representan??

El vice gobenador Alejandro Palmieri quien preside la cámara asumió y aclaró haber decidido que la sesión sea a puertas cerradas ya que habían solicitado “participar dentro del recinto de manera numerosa” adjudicando la decisión a “una cuestión de lo reducido de la bandeja superior” y agregó “para el normal desenvolvimiento de la sesión y para el cuidado del propio público”, todo esto mientras se votaba en ese mismo momento en el parlamento el proyecto de ley 762/22.

Las fallas de sonido fueron una constante durante toda la sesión, algo que no sucedió en las anteriores. Por supuesto que la aclaración de Palmieri se escuchó bien, lo que se olvidaron también fue de mostrar la gráfica de votaciones, como lo hacen siempre. Y como para rematar, una vez, finalizado el pedido de disculpas del Vice Gobernador respecto a cerrar las puertas del parlamento, espacio por excelencia de la democracia donde deberían escuchase todas las voces (paradójico), el camarógrafo giró la cámara para mostrar el “poco espacio” en la parte baja de la cámara, de manual. Aunque el público suela estar en la bandeja alta como explicó Pamieri. Un detalle.

Al ser una sesión pública, que no hayan podido acceder, es un factor de impugnación de la sesión misma, explica Rafael Colombo integrante del equipo legal de la Asociación Argentina de Abogados/as Ambientalistas en un vivo de Instagram emitido desde @abogadesambientalistas.

SINDICATOS FUNCIONALES Y LAS CUENTAS QUE NO DAN

Como para completar un cúmulo de movimientos lúgubres que ya no deberían ser parte de la política actual, o por lo menos las nuevas generaciones no queremos que así sean, aunque lo empírico nos muestra que los sujetos políticos lo avalan, la respuesta a la movilización social pacífica y responsable de la Multuisectorial en las inmediaciones de la legislatura fue con contra machas de la seccional Viedma de la Uocra, ente otros sindicatos.

Los sindicatos siguen aceptando jugar ese rol parapolicial. Fabicio Di Giacomo, cuenta a Radio Namunkurá de Puerto Madryn que una vez enfrentados con ese brazo sindical que respondió al gobierno sin saber bien que hacían ahí, decidieron realizar una asamblea abierta en la plaza más cercana a la legislatura. Pequeñas diferencias de pensar y de actuar. En la calle hay debate y hay lucha. Pero no violencia. Nosotros sabemos a quienes representamos ¿Ustedes?

El molde es bastante parecido a cuando quisieron imponer la megaminería en Chubut, la UOCRA realizando contra marchas para imponerse ante la movilización popular, aprobarla entre gallos y media noche como quien dice, sin consulta previa. La justificación de los sindicatos suele ser defender la generación de puestos de trabajo, una de las promesas siempre incumplidas por este tipo de poyectos. En este caso el proyecto va a generar mil puestos de trabajo durante la construcción del oleoducto y una vez finalizado solo necesitará de cien trabajadores para hacerla funcional que además la mayoría serán técnicos especializados.

Un oleoducto con salida al mar acabaría con la pesca, “se perderían aproximadamente 50 mil puestos de trabajo” explica Fabricio en comunicación con La Namunkurá. Este es un punto que nadie menciona, la pérdida de puestos de trabajo reales, en contra posición a la falsa promesa de generación de empleo. Así las cuentas no dan.

»Mapa elaborado en conjunto con profes de los IFDC de Río Negro, El Bolsón, Fisque-Roca, Luis Beltrán, Río Colorado, San Antonio Oeste, Sierra Grande, Villa Regina que formamos parte del Equipo Juridiccional de Educación Ambiental.» Javier Grosso.

EXCESO DE ILEGALIDAD

La Multisectorial y los letrados que la acompañan, avanzarán con presentaciones legales contundentes, como la violación de la Ley General de Ambiente, el Acuerdo de Escazú y el Convenio 169 de la OIT.

Se esta violentando el principio de no regresión (no hay que ser un erudito para entender el concepto de lo que significa NO regresión) establecido en el acuerdo de Escazú que fue firmado por el ejecutivo nacional y todos los países latinoamericanos. Como también la falta de consulta previa a los Pueblos Originarios y comunidades presentes en el territorio.

NO HAY PELOPINCHO QUE AGUANTE

El proyecto Vaca Muerta Sur planifica construir un oleoducto que cruzará todo Río Negro desde territorio neuquino en Vaca Muerta hasta el municipio de Sierra Grande, al sur del Golfo San Matías. En su primer tramo, el oleoducto está proyectado en paralelo al actual ducto de la empresa Oleoductos del Valle Sociedad Anónima (Oldelval), que en diciembre pasado protagonizó el mayor derrame petrolero de la última década. Sí, el de la PELOPINCHO.

¿¿Y saben qué es lo peor de la historieta de la pelopincho?? Que realmente ejerce mejor contención que el plan de emergencia de la empresa en la que las piletas que se colocan por debajo de los ductos para contener las pérdidas no tienen estructuras de hierro por lo que cuando tienen que desagotarlas al apoyar la manguera de desagote se vence y se derrama más líquido del que se absorbe. Esos son los planes de emergencia.

El control (o en la falta de control) fue uno de los ejes en los que se fundamentó la modificación de la ley 3.308. Pasan 24 oleoductos o gasoductos por la provincia, de los cuales Rio Negro tiene control solo sobre 8. Los otros los controla Nación, ¿saben cómo?, recibiendo informes de las empresas en Buenos Aires, sin inspección alguna. Pasando en limpio, las empresas se autocontrolan. Acá es donde nos damos cuenta que se puede reír y llorar a la vez. Y en la legislatura se apoyaron justamente en el caso de Oldelval donde la provincia no pudo intervenir.

Mientras escribo este contenido explotó la refinería NAO en Vaca Muerta, precisamente en Plaza Huincul. Fallecieron 3 operarios. Son 14 los trabajadores fallecidos en el último lustro. Fueron 12 horas de fuego incontrolable con 4 dotaciones de bomberos de distintas ciudades trabajando sin parar.
Progreso con estándares altos de control y seguridad, teoría del derrame, y otras falsas promesas que no se cumplen.
50% de infancias pobres en la Argentina.

ÁREAS NATURALES DESPROTEGIDAS

La desembocadura será en el golfo, que reúne cuatro áreas naturales: Punta Bermeja, Caleta de los loros/Punta Mejillón/Pozo Salado, Puerto Lobos, Bahía San Antonio y un flamante Parque Nacional Islote de Lobos aprobado este mismo año, a la notable biodiversidad de especies de aves marinas y costeras, incluyendo migratorias; también se encuentran en resguardo la colonia reproductiva de pingüinos de Magallanes más septentrional del mundo y un importante apostadero reproductivo de lobo marino de un pelo, entre los mamíferos marinos de este parque nacional se suman una imponente belleza escénica y un valioso registro arqueológico, dando lugar a la conservación de un área con enorme potencial científico, turístico y económico y toda la actividad pesquera provincial. Así lo define Nación en su web.

Al igual que con la entrega de 6.000 hectáreas de la meseta de Somuncurá, área natural protegida en Rio Negro para realizar el proyecto de hidrógeno verde que conlleva el emplazamiento de parques eólicos en plena área de vuelo del cóndor andino. La meseta es el área de distribución del ave casi extinta rescatada por el Programa Conservación Cóndor Andino (Fundación Bioandina Argentina) que tardó 20 años en devolverlo a su hábitat natural. El mismo estado las declara áreas protegidas y después las desprotege. Prioridades sobe contradicciones.

Desde la multisectorial alertan sobre el impacto que tendrá en la actividad económica pesquera de la zona. “Punta Colorada, donde está proyectada la salida del oleoducto, es una zona de desove de la merluza. Esta especie constituye para el pueblo argentino el producto de mar de consumo masivo”, apunta Quilapán vocera de la multisectorial en entrevista con Agencia tierra viva. Los barcos petroleros además interrumpirían la ruta de la ballena franca austral patrimonio natural de la humanidad.

En cuanto a las consecuencias de la actividad petrolera, la vocera señaló que el riesgo está presente en toda la traza del oleoducto, que atraviesa la provincia y podría afectar el curso del Río Negro, que abastece de agua a las producción del valle frutícola provincial. El derrame ocurrido en diciembre en el ducto de Oldelval fue a solo cinco kilómetros del Río Colorado.

Fabricio Digiacomo advirtió que no hay ningún emprendimiento petrolero con oleoducto y terminales de carga y descarga con mono bolla como es el caso este, que no haya terminado en derrame o contaminación de algún tipo. Los buques viajan con miles de litros de agua porque no pueden viajar vacíos cuando se dirigen al puerto a cagar y esos tanques con resabios de petróleo y cargados de agua se van a vaciar en las costas del mar rionegrino para volverse a cargar. No hay un ejemplo a nivel mundial que no haya contaminado.

Esta película ya la vimos….

Fuentes
https://latapa.com.ar/defendamos-nuestro-golfo/
https://www.youtube.com/watch?v=zduqPfMZSHA
https://agenciatierraviva.com.ar/las-asambleas-de-rio-negro-defenderan-el-golfo-san-matias-por-via-judicial-no-tienen-licencia-social/
https://www.instagram.com/abogadesambientalistas/?hl=es
https://www.youtube.com/results?search_query=SESION+LEGISLATURA+RIO+NEGRO+

Portada y técnica: Germán Busin

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    — Agustín Almada (@aalmada1982) April 20, 2026

    Y con un cinismo notable, al encuentro de Suipacha que organiza Pareja con la diputada Miriam Niveyro, invitaron a los celestiales Nahuel Sotelo y Agustín Romo. «Las Fuerzas del Cielo pertenecen a La Libertad Avanza», afirmó a LPO un colaborador del diputado, para explicar la invitación a sus rivales internos.

    Incluso, minimizan la propia denuncia de Pareja contra los seguidores de Santiago Caputo. «Sebastián sólo hizo la denuncia pero no fue querellante. La fiscal es la que aporta las pruebas y pide al juez las actuaciones. Sebastián no tiene a esta causa entre sus temas de agenda», agregó la fuente consultada, subrayando el ninguneo.

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    Las fuertes lluvias caídas en las últimas horas volvieron a complicar seriamente el panorama en varios puntos del noroeste bonaerense que, desde marzo de 2025, presenta una situación de colapso en buena parte de sus caminos rurales, algo que entorpece la salida de la producción.

    Frente a eso, en la dirigencia rural acusaron que el gobierno de Javier Milei desfinanció el Fondo Hídrico Nacional que se nutre de un porcentaje del Impuesto a los Combustibles, por lo que contabilizaron 189 mil millones de pesos sin ejecutar en 2025 por ese concepto.

    «Qué buen momento para dejarse de joder con la estupidez de ‘no obra pública’. Si no la vas a hacer deja de cobrarla al menos», dijo en X la dirigente de Federación Agraria de Nueve de Julio Patricia Gorza, que expuso en un video la situación crítica en la localidad de Quiroga.

     «El agua llegó adentro de los pueblos. La emergencia hídrica lleva ya 13 meses, aunque a nadie le importe demasiado», agregó.

    Gorza detalló que hay 343.000 millones disponibles proyectados para 2026 en materia de Fondo Hídrico. Los números de los montos no ejecutados por el Gobierno contrastan a simple vista con los 1.900 millones que en noviembre prometió Patricia Bullrich, cuando las inundaciones llevaban nueve meses en la zona.

    Esos recursos que fueron considerados «una tomada de pelo» por los afectados, tardaron dos meses en llegar y no modificó la parálisis de obras estructurales, desaprovechándose la ventana del verano para mejorar caminos troncales, alcantarillas y limpiar canales.

    En el campo denuncian que el Gobierno aún no reactivó obras que prometió en el Salado

    «No hicieron nada, los municipios siguen cobrando tasas. Y esos fondos de Nación eran tres mangos, unos miles de litros de gas oil nomás. Puro humo», dijo a LPO en una fuente del sector que advirtió que otro año de inundación similar a 2025 sería «intolerable».

    Además de Nueve de Julio, en Casares también vuelve a impactar el avance del agua. Productora de ese distrito, la tambera Andrea Passerini, dijo en X: «De nuevo el aislamiento y la pelea diaria por sacar la leche. Las vacas enterradas en el barro. La angustia permanente. Cosechas por levantarse. Caminos rurales y rutas detonados. Ah pero el boom del agro. La ignorancia indigna, la indiferencia MÁS».

    Se desinfla la ayuda que anunció Bullrich para los inundados y hay bronca en el campo: «Es una tomada de pelo»

    Según establece la Ley 23.966, Nación está obligada a destinar el 28,58% de esa recaudación al Fideicomiso de Infraestructura del Transporte. Y la mitad de ese fondo específicamente a rutas. Nada de eso sucede.

    En tanto, el Gobierno viene incrementando sistemáticamente el monto fijo que grava a los combustibles, que pasó de representar el 10% del precio final de la nafta en 2022 al 20% en marzo de 2026. De un litro a 2.000 pesos, cerca de 400 son carga tributaria interna. 

     

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  • La embajadora del tiempo

     

    Una silla blanca junto a un escritorio blanco pegados, a su vez, a una pared blanca. Un pilón de libros, una lámpara y un pequeño grupo de plantas discretas a un costado. Una mesa baja que eventualmente servirá para tener a mano algunas anotaciones y hojas impresas. El rincón de trabajo de Samanta Schweblin no es, estrictamente hablando, un cuarto propio, sino más bien terreno ganado al living del departamento que, desde hace cinco años, comparte con su marido Maximiliano en el efervescente barrio de Kreuzberg, no muy lejos del centro geográfico berlinés. Pero no deja de ser un rincón hecho a la medida de sus necesidades: para escribir, Samanta precisa un espacio lo más silencioso y despejado posible, sin nada que pueda desconcentrarla. Acá, en este refugio libre de distracciones, escribió Kentukis, la novela que presentó en Buenos Aires a mediados del año pasado y que desde entonces sigue presentando también en diversos festivales y eventos de literatura europeos, a los que viaja cada vez más seguido, aunque sea por pocos días: una de las ventajas de estar en el centro de Europa, a unas pocas horas-avión de muchas cosas.

    Son casi las seis de la tarde de otro día gris en Berlín y la luz del escritorio está prendida. No es fácil afirmar que es de noche porque estamos compartiendo lo que para nosotras es una merienda (tomamos té, picoteamos frutos secos) pero afuera, a esta altura, la oscuridad es rotunda. Bienvenidas, bienvenidos a una nueva jornada del largo invierno alemán.

    ***

    La vida que Samanta lleva en Berlín se armó casi sin que se diera cuenta. Ella y Maximiliano habían llegado para quedarse por un año gracias a la beca para artistas del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD), que anualmente selecciona alrededor de cinco escritores de todo el mundo y les ofrece casa, seguro médico y un sueldo en la capital pobre pero sexy de Alemania. La idea es que, durante ese período, los elegidos solamente tengan que ocuparse de escribir, sin otras, o no tantas, preocupaciones mundanas. Un lujo para cualquiera, más aún para alguien que siempre ha vivido en Latinoamérica.

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    “Cuando llegué, estaba viviendo en Buenos Aires un poco como viven muchos de mis amigos escritores: luchando por llegar a fin de mes y dando talleres literarios cuatro o cinco veces por semana. Me sentaba a escribir y tenía los textos de todos mis alumnos metidos en la cabeza. Era difícil, agotador… No sé cuánto tiempo más hubiera aguantado”, recuerda Samanta. Pero se corrige enseguida: “Bueno, una lo sostiene. Todos mis amigos lo sostienen. Pero cuando llegué a Berlín me di cuenta de que con un tercio del trabajo que hacía en Buenos Aires, acá podía vivir, y que todo ese tiempo que no invertía en trabajar en otras cosas se transformaba en tiempo de escritura. Cuando me preguntan qué me gusta de Berlín, obviamente puedo decir que es amplio, que es pluricultural o que es un espacio en el que me siento muy libre, pero la verdad es que hay otro gran componente que me llevó a quedarme acá y es el tiempo de vida que te queda. Los escritores tienen que comprar su tiempo de escritura; ese tiempo es muy caro en todo el mundo, y en Argentina es directamente impagable. Y esa diferencia supuso una de las grandes razones por las que me quedé”.

    Aquel primer año en la ciudad nueva fue como el tramo inicial de una relación amorosa: se piensa que podría casarse para siempre con el proyecto que eligió; todavía es demasiado pronto para empezar a encontrar las fisuras. “A los seis meses de la estadía, más o menos, tanto yo como Maxi estábamos muy encantados y muy involucrados con la vida acá. El Instituto Cervantes me había invitado a dar talleres literarios. Y empecé con un grupo, después se armó otro, después otro más. Y casi sin buscarlo de forma deliberada, se me dio la posibilidad de vivir de la literatura en español en Berlín. Se habían armado tantos lazos y tantos compromisos que, al final, se hacía más complicado volver que quedarse”. Y se quedaron.

    Casualmente o no, durante ese año en que estuvo becada Samanta escribió Distancia de rescate, una historia que trasegó los límites del cuento para convertirse en su primera novela. Hasta entonces, en Argentina, o durante otras becas que la habían llevado a vivir en distintos lugares del mundo por períodos más cortos, Samanta había ejercido con destreza el arte de crear relatos cortos, precisos, contundentes. Estaba convencida de que tenía “cabeza de cuentista”, que ese era y sería su género por definición. “Una a veces cree que elige el género que escribe. Pero tener por primera vez tanto tiempo para escribir sin interrupciones, sin tener que estar haciendo otras tantas cosas a la vez para pagar el tiempo de escritura, y producir un texto más largo me dio a pensar sobre este supuesto”.

    ***

    Sería apresurado trazar una conexión directa entre su decisión de mudarse lejos de Buenos Aires y su explosión como la escritora argentina de mayor proyección internacional. Pero lo cierto es que, en estos últimos años fuera de casa, y con la posibilidad de dedicarse de lleno a la escritura, Samanta sumó a su trayectoria algunos de esos hitos que trascienden los suplementos culturales y llegan a los sitios web de los diarios con el fragor de las noticias del día, casi siempre impulsada por cierto orgullo nacional (¿a qué periodista no le gustan las noticias que comienzan con “la argentina que…”?).

    En 2015, ganó el Premio Ribera del Duero, dotado con 50 mil euros, que condecora el mejor libro de cuentos inéditos en español. En 2017 fue finalista del premio Man Booker International Prize por Fever Dream, traducción al inglés de Distancia de rescate, y al año siguiente esa misma novela se llevó el premio Shirley Jackson, destinado a thrillers y relatos de suspense psicológico. La semana pasada se anunció su segunda vez como nominada al Man Booker, esta vez por Pájaros en la boca o Mouthful of birds. Mientras tanto, sus libros se siguen traduciendo a una veintena de idiomas, comienzan a circular por lugares algo recónditos para nuestro GPS latinoamericano, los diarios del mundo hablan de “una de las mejores cuentistas en español de la actualidad” y Netflix produce la versión fílmica de Distancia de rescate, dirigida por la peruana Claudia Llosa y protagonizada por Dolores Fonzi. Pero ella se tomas las cosas con cierta calma; sin falsa modestia, con una conciencia sobre su carrera que jamás oculta, pero con calma al fin. “Yo sigo siendo una escritora argentina que vive en Berlín. No soy una escritora internacional”, asegura.

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    Desde que se instaló definitivamente en Europa, Samanta también viaja mucho más que antes a festivales o eventos de literatura y a lecturas organizadas por las editoriales que la publican. Un poco porque ahora está cerca (lo que implica que los festivales más pequeños pueden costear sus vuelos con mayor facilidad, y también que para ella es más fácil programar escapadas de unos pocos días), pero sobre todo porque la necesidad de presencia física fue creciendo conforme se multiplicaron las traducciones de sus libros. “En Croacia, en República Checa, en Italia, por ejemplo, mis libros son editados por editoriales independientes que necesitan que cada tanto vaya, haga una lectura, dé una entrevista, participe de alguna actividad. Yo soy muy nueva en esos mercados todavía, y hace falta que apoye, que esté, conocer a esos lectores y que los lectores me conozcan, que dé alguna nota. Todo eso lleva tiempo y presencia. Y me gusta mucho viajar, pero una siempre vuelve un poco fuera de eje, lleva un tiempo volver a acomodarse. Últimamente, estoy intentando que me lleve cada vez menos tiempo volver a casa, a la escritura. Poder saltar más rápido del aeropuerto de Tegel al escritorio”.

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    Desde el sillón del living de Samanta es posible ver, hacia un lado, una ventana que da a la calle, ahora entregada a la oscuridad y al silencio –incluso acá, en Kreuzberg, Berlín es una ciudad con índices de ruido que casi nunca se condicen con los de una gran capital–. Hacia adentro, las estufas blancas y los pisos de madera típicos de un departamento alemán y la biblioteca, dividida en dos, como guardiana de la puerta de entrada. A su izquierda, unos cuantos anaqueles con libros comprados en estos últimos años y algunas joyas más viejas, traídas desde Buenos Aires. Hacia la derecha, una columna angosta con todas las ediciones de sus propios libros en distintos idiomas. Una colección de todas las versiones, y todos los colores, y todos los idiomas que fue conquistando su obra y que ahora da a conocer en cada nuevo viaje, en cada nueva entrevista, en cada nuevo festival.

    – La gran mayoría de las invitaciones a ferias o festivales, o incluso los contactos para algunas traducciones me llegan directamente a mí. Me gusta entender bien adónde voy, con quién estoy tratando. Por una cuestión de tiempos, muchas veces tengo que decir que no y quiero estar muy segura respecto de qué cosas priorizo. Esas gestiones me resultan difíciles (intercambiar mails, informarse, ¡pedir cosas!). Siempre me costó mucho esa parte: la de poner condiciones. Pero fui aprendiendo.

    – Supongo que el salto a una carrera de proyección internacional implica aprender habilidades que no están necesariamente vinculadas a escribir…

    – Claro. Ayuda ser un bicho sociable, cosa que no soy en absoluto, o ser organizado, cosa que tampoco se me da nada bien. Voy haciendo lo que puedo y como puedo. Pero al final, siempre se trata de habilidades logísticas que no tienen nada que ver con la escritura, así que intento perder el menor tiempo posible con eso. En cambio sí hay temas nuevos de los que empiezo a sentirme responsable. Por ejemplo, a veces voy a festivales en los que soy la única argentina o incluso la única latinoamericana. Yo no hice la carrera de Letras, mi formación literaria se forjó de forma autodidacta y ecléctica, en bibliotecas de amigos, algunas librerías o talleres literarios. Y cuando me di cuenta de que en ciertos espacios, aunque no lo quiera ni sienta que estoy realmente a la altura de semejante cosa, represento a la literatura latinoamericana, empecé hacerme muchas preguntas alrededor de qué es ser latinoamericano, o a cómo desarmar muchísimos lugares comunes desde los que se piensa lo latinoamericano desde afuera. También a leer a nuestros autores con más atención, a algunos de ellos a leerlos incluso por primera vez.

    – ¿Por ejemplo?

    – Ahora estoy leyendo a Elena Garro ¡y no puedo creer lo que son sus crónicas! Esa mujer reinventó el periodismo al final de los cuarenta, era una tipa brillante y de una valentía feroz. También a Amparo Dávila, o incluso argentinas o chilenas. Hasta llegar a Berlín nunca había leído a Norah Lange, ni a María Luisa Bombal. Estos años en Berlín han sido también de estudiar idiomas. Llegué casi sin hablabar inglés. Bah, tenía el inglés básico de secundario que tenemos los argentinos (risas). También empecé a estudiar alemán.

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    No es del todo forzado establecer cierta conexión entre la experiencia de estos años fuera de casa y la creación de una novela que transcurre en zonas tan distintas del mundo –o mejor dicho: que por primera vez, deliberadamente, no sucede en Argentina–. “Hasta Kentukis, en el momento en que yo me sentaba a escribir mi cabeza se trasladaba inmediatamente a Argentina, era impensable para mí escribir una historia sobre un chino circulando en Lyon o un guatemalteco buscando nieve en Noruega”. La segunda novela de Schweblin cambió ese precepto: en una impresionante maquinaria coral, la decena de historias de esas mascotas virtuales conectadas a la red y manejadas por un desconocido en cualquier lugar del mundo necesitaba, por defecto, suceder en muy distintos puntos del globo. Al principio, de manera intuitiva, Samanta localizó a los muñequitos con forma de animales en lugares que ella misma había conocido por la literatura: Erfurt, Oaxaca, China, Australia. Pero pronto se dio cuenta de que, para que la novela funcionara, necesitaba otros escenarios. “Me daban ganas de empezar por ciudades que había pisado, sentido, olido. Lo que no quita que después haya ido a Google Maps a buscar ciudades nuevas, que no conocía, para unir puntos que faltaban”.

    Así se sumaron también el pueblo noruego en el que vive el dispositivo comandado por Marvin (“necesitaba un lugar en el que fuese creíble que un kentuki se pudiera mover libremente, bajar y subir rampas y llegar al mar”) y Surumu, la pequeña localidad brasileña llena de cabras en la que sucede la historia más oscura de la novela, entre otros. “Cuando lo buscás en Google Earth, vas a ver que es así: un pueblo abandonado de cuatro, cinco cuadras máximo. Tropical, de cielo oscuro y denso, donde no hay casi nada, salvo cabras. Está absolutamente tomado por cabras, durmiendo en las canchas de tenis, en las mesas de los restaurantes abandonados… y en el medio de todo eso hay una moto roja impecable, impoluta, que parece recién lavada. Lo que te da la pauta de que ahí parece vivir alguien”.

    Esos pequeños cameos de personajes situados en los suburbios de la Tierra fueron escritos desde la conciencia de no narrar solamente historias del centro del mundo. “A veces leo que se habla de Kentukis como una novela global, y yo no creo que sea tan global, en el sentido de que hay medio mundo que no entra en estas historias, salvo por unas pocas excepciones. Para empezar, para comprar un kentuki tenés que tener algo de dinero y conexión a internet, lo que seguramente ya deja afuera a gran parte de la humanidad”, reflexiona.

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    Cuando tomaron la decisión de quedarse a vivir en la capital alemana, Samanta y Maximiliano tuvieron que dejar la casa del barrio de Halensee que les había provisto el DAAD y buscar su propio departamento, un trámite que de un tiempo a esta parte se volvió pesadillesco para todo aspirante a residente en Berlín: hace una década, los inversores extranjeros vieron el negocio y adquirieron miles de propiedades a la espera de que su valor aumente exponencialmente en los próximos años, en concordancia con otros cambios que se suceden rápidamente en la ciudad, que de aquella fase libertaria y okupa de los noventa conserva cada vez menos. Y mientras los precios suben solos, por pura inercia capitalista, los departamentos quedan ociosos, a la espera de los afortunados compradores. Conforme la ciudad deja de ser un paraíso para artistas, estudiantes y bohemios y se convierte en la capital de un país líder que estaba destinada a ser, los lugares para alquilar escasean. Buscar casa asusta. Pero a Samanta, una vez más, la salvó la literatura.

    «Buscar departamento acá es un poco como postular a un trabajo. Tenés que llevar tu currículum, ir a ver la casa con otras veinte parejas más que también están interesadas, esperar a que te digan si sos la elegida. Y para colmo, yo sentía que cargaba con un montón de desventajas: tenía perro, era extranjera, no había tenido ningún alquiler previo acá. Era todo muy complicado», recuerda.

    Durante meses, Samanta se levantó muy temprano todos los días. El ritual era el siguiente: desayunar, leer el diario, elegir las casas, salir con cierto entusiasmo a mirar os departamentos -siempre rodeada de otros tantos candidatos, porque las Wohnungbesichtigungen (citas para visitar una propiedad) casi nunca suceden de forma privada-, desentusiasmarse porque algo no le gustaba o una voz interna le decía «no nos va a elegir». 

    Ya casi entrando al segundo mes de búsqueda llegó a este departamento en el que hoy charlamos. La atendió una mujer.

    -Soy Ingeborg-, se presentó.

    -Como Ingeborg Bachmann, ¡me encantan sus cuentos!- le contestó Samanta.

    La mujer sonrió, muy orgullosa por la comparación con esta autora austríaca que ella también admiraba. Y al ratito, en tono cómplice y disimulando entre el resto de los aspirantes, le dijo: «El departamento es para vos”.

    A unos metros de la biblioteca, en el mismo living en el que estamos por terminar nuestro té, está la mesa que reunía a todos los alumnos de los talleres literarios en español que Samanta daba hasta que, hace unos meses, decidió suspender por un tiempo. “Empecé a viajar demasiado y me di cuenta de que no les hacía bien a mis alumnos tanta interrupción.” Fue una decisión tomada a conciencia, pero igual lo extraña: juntarse semanalmente en su casa con su grupo de escritores y aspirantes a escritores iberoamericanos no solo se había convertido en un ritual que se parecía un poco a verse periódicamente con la familia, sino que la ayudó a reflexionar mucho sobre la lengua castellana y sobre su propio trabajo.

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    “Hay algo muy interesante que sucede en estos talleres donde somos todos extranjeros, donde aparecen voces porteñas, chilangas, guatemaltecas, españolas, mendocinas: escuchar tantos castellanos hace que desnaturalices y vuelvas a pensar tu voz, tus propias palabras”, reflexiona. “A veces alguien leía un texto y lo primero que había que hacer, mucho antes que cualquier apreciación o sugerencia, era preguntarle por las palabras que no entendíamos”, se ríe. “Pero ese desconcierto inicial, ese español que es el tuyo pero en palabras de otro te suena desconocido, servía también para pensar la propia escritura, para repensar alrededor del ritmo y la música de un texto, y hasta qué punto tu español también configura tu voz y tu estilo. También era una buena excusa para comparar constantemente las tradiciones de las que cada uno venía, e incluso cómo, en cada país, la idea de cómo debe o no formarse un autor –si es que esto fuera posible-, cambia radicalmente, y lo que en ciertos ámbitos pareciera ser muy natural, sería, por supuesto, inaceptable en otros.

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    Si el segundo jueves del mes la encuentra en Berlín, Samanta tiene una cita casi obligada: la noche de tangos en Gloria, el restaurant de comida argentina que en 2013 abrió junto a un socio jujeño y que se volvió un punto obligado para argentinos con nostalgia de empanadas y malbec, y por supuesto también para europeos ávidos de conocer la cocina de América del Sur. Ubicado a unos metros del Görlitzer Park, Gloria organiza este evento especial una vez por mes en el que al menú de siempre se le suma la música en vivo, casi siempre a cargo de un guitarrista (Gabriel Battaglia) y dos cantantes (Elisa Martel y Duna Rolando), a veces acompañados por invitados especiales.

    Desde la barra, con una copa de vino mendocino recién servida en mano, Samanta saluda de lejos a unos cuantos conocidos y amigos. Regala una sonrisa a la mesa de allá al fondo sin moverse de su rincón y después vuelve a nuestra charla, con la voz dulce y el tono apaciguado que la caracterizan. Incluso cuando juega de local, Samanta se mueve sigilosa, en calma, y evita las estridencias. “Me encanta este día porque es un poco como darse una vueltita por Buenos Aires. Se llena de argentinos, se habla solo en español, se cantan tangos, a veces hasta se baila, y siempre me encuentro con algún amigo que anda por ahí. A veces pienso que reemplaza un poco lo que para mí eran los domingos en familia, que siempre hacía en Buenos Aires: pasta, carne, vinito, panza llena, un dato de clasificados que después te soluciona la semana, una discusión política que te la amarga y mucho cariño y sensación de pertenencia”, explica. Detrás nuestro, de manos de un mozo porteño, una mesa de otros cinco porteños recibe su comida (pastel de papas o “Auflauf argentinischer Art”, cazuela patagónica o “Eintopf mit Lammfleischwürfeln” y empanadas, la especialidad de la casa) y por momentos es difícil recordar que habría que atravesar el segundo océano más extenso de la Tierra para llegar al lugar del que provienen estos sonidos, los sabores, los aromas, esta energía que se respira.

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    “Sí, claro que me sigo considerando absolutamente extranjera en Berlín”, dice Samanta. “Y creo que en veinte años voy a seguir sintiendo esto mismo. Tengo varios amigos que llevan viviendo décadas acá, lejos de sus ciudades natales, y que siguen pensándose como extranjeros. Pero es una extranjería cómoda, en un lugar que está lleno de gente de muchos lugares del mundo y en el que la gran mayoría de las personas elige estar. Y además, creo que siempre fui un poco extranjera, en todos los lugares en los que viví. Cuando era chiquita y vivía en Hurlingham me llevaban a un colegio de El Palomar, a una estación de tren de mi barrio. Yo era “la chica de Hurlingham”, y siempre me sentía fuera de lugar. Cuando terminé el secundario e hice la carrera de Imagen y Sonido en la UBA, me acuerdo que más de una vez me dijeron ‘vos hablás raro’, y entendí que lo decían porque yo era de provincia. Yo pensaba: ¿qué es lo que hago tan distinto? Después me mudé a Capital, y siempre seguí sintiendome un poco de afuera. Y ahora, cuando vuelvo a Buenos Aires desde Berlín, empapada de tantos tipos de españoles, todavía me dicen ‘hablás raro’, pero entonces yo pienso, ‘listo, estoy en casa’.”

    La entrada La embajadora del tiempo se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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