JUANA MANUELA GORRITI: la escritora argentina que desafió las convenciones de su época y convirtió el exilio en literatura
El 6 de noviembre de 1892 moría en Buenos Aires Juana Manuela Gorriti, una de las figuras más singulares de la literatura argentina del siglo XIX. Nacida en Salta, obligada a abandonar su tierra durante las guerras civiles y convertida en protagonista de los círculos intelectuales de Bolivia y Perú, construyó una obra que atravesó fronteras, cuestionó los lugares reservados a las mujeres y rescató episodios fundamentales de la historia sudamericana. Escritora, educadora y organizadora de tertulias literarias, Gorriti abrió caminos en un mundo intelectual dominado por los hombres y demostró que una mujer podía intervenir en los debates políticos, culturales y sociales de su tiempo.
Por Alcides Blanco para NLI

Una infancia atravesada por las guerras civiles
Juana Manuela Gorriti nació el 15 de junio de 1818 en Horcones, en la actual provincia de Salta, aunque algunas fuentes históricas consignan 1816 como año de nacimiento. Era hija de José Ignacio Gorriti, militar, dirigente político y protagonista de las luchas por la independencia, vinculado a Martín Miguel de Güemes y representante de Salta en el Congreso de Tucumán de 1816. Creció, por lo tanto, en una familia profundamente involucrada en los conflictos que definieron la organización política de las Provincias Unidas y la construcción de los nuevos Estados sudamericanos.
Pero la independencia no trajo una paz duradera. Las disputas entre unitarios y federales, los enfrentamientos entre caudillos y la lucha por definir la estructura del poder político marcaron la vida de las familias dirigentes del interior. En 1831, los conflictos que enfrentaron a su padre con Facundo Quiroga obligaron a los Gorriti a abandonar sus tierras y refugiarse en Bolivia. Juana Manuela era todavía una adolescente cuando el exilio alteró definitivamente el rumbo de su vida.
La experiencia no fue un episodio pasajero. El desplazamiento forzado significó dejar atrás el paisaje de la infancia, los vínculos familiares y la tierra que más tarde reaparecería una y otra vez en sus escritos. También la puso en contacto con sociedades, costumbres y debates políticos diferentes, una experiencia que ampliaría su horizonte intelectual y literario.
El exilio, impuesto por las luchas políticas de su tiempo, terminó convirtiéndose en una de las claves de su identidad como escritora. Gorriti conoció la inestabilidad de las fronteras, las consecuencias humanas de las guerras civiles y la dificultad de construir una vida propia en sociedades atravesadas por disputas de poder. Esos elementos reaparecerían en sus relatos, memorias y novelas.
Una mujer que construyó su propio espacio intelectual
En Bolivia, Juana Manuela se casó con Manuel Isidoro Belzú, militar que llegaría a la presidencia del país. El matrimonio la vinculó directamente con la política boliviana, pero su trayectoria no quedó reducida al papel de esposa de un dirigente. Con el tiempo, la relación se quebró y Gorriti se trasladó a Perú con sus hijas, donde debió construir una vida independiente.
En Lima encontró un ambiente cultural en el que pudo desarrollar sus capacidades intelectuales. Trabajó como educadora, enseñó a niñas de familias acomodadas y convirtió su casa en un espacio de encuentro para escritores, periodistas y figuras de la vida pública. Sus tertulias literarias fueron mucho más que reuniones sociales: funcionaron como ámbitos de circulación de ideas y de intercambio cultural en una época en la que las mujeres tenían restringido el acceso a numerosas instituciones intelectuales.
La importancia de esa experiencia reside también en el modo en que Gorriti ejerció su autonomía. No esperó a que las estructuras tradicionales le concedieran un lugar: construyó sus propios espacios de intervención, publicó sus textos y estableció redes de intercambio con autores de distintos países. En sus reuniones se discutían cuestiones literarias, políticas y sociales, y se consolidaba una comunidad intelectual en la que las mujeres podían participar de manera activa.
Su recorrido permite comprender las dificultades que enfrentaban las escritoras del siglo XIX. La educación femenina estaba condicionada por convenciones sociales que privilegiaban el matrimonio y la vida doméstica, mientras la producción intelectual era considerada, en gran medida, un territorio masculino. Gorriti desafió esas barreras mediante el trabajo, la escritura y la creación de espacios culturales propios.
Su autonomía no fue una consigna abstracta: fue una práctica cotidiana que le permitió sostener una carrera literaria y construir una voz pública en condiciones profundamente desiguales.
«La quena» y el nacimiento de una obra literaria
En 1845, la revista limeña El Instructor publicó La quena, relato que suele destacarse entre las primeras narraciones novelescas de una autora nacida en el territorio de la actual Argentina. La obra abrió una trayectoria que se extendería durante décadas y que incluiría novelas, cuentos, recuerdos autobiográficos, crónicas y textos vinculados con la historia política sudamericana.
Gorriti escribió sobre el amor, la memoria, las guerras civiles, los conflictos sociales y las experiencias de mujeres cuyas vidas quedaban atravesadas por las decisiones de los hombres y las estructuras de poder. Su literatura combinó elementos románticos, tradiciones populares, leyendas y referencias históricas. En lugar de limitarse a reproducir los modelos culturales dominantes, exploró personajes y experiencias que permitían observar las contradicciones de las sociedades poscoloniales.
En 1869 publicó Don Dionisio Puch y en 1875 apareció Sueños y realidades, una de las recopilaciones centrales de su producción. A ellas se sumaron títulos como Panoramas de la vida, Misceláneas y La tierra natal. Su obra se difundió en distintos países de América del Sur y contribuyó a consolidar redes literarias que atravesaban las fronteras nacionales.
La escritura también fue para Gorriti una forma de recuperar la historia desde perspectivas que no siempre ocupaban el centro de los relatos oficiales. Las guerras, los exilios y las luchas políticas aparecían en sus páginas junto con las emociones, las experiencias privadas y las consecuencias que los grandes acontecimientos tenían sobre las personas. Esa combinación le permitió conectar la historia pública con las vidas individuales.
Su condición de mujer no fue un detalle secundario de su trayectoria. En un mundo en el que la autoridad intelectual se asociaba predominantemente con los hombres, publicar, organizar encuentros literarios y construir una obra reconocida implicaba disputar quién tenía derecho a narrar la sociedad y a intervenir en la cultura.
Argentina, Bolivia y Perú: una patria que desbordaba las fronteras
La vida de Gorriti estuvo vinculada a tres países que atravesaron procesos complejos de construcción estatal durante el siglo XIX. Nació en el territorio argentino, desarrolló buena parte de su carrera en Perú y mantuvo una relación profunda con Bolivia, donde vivió su juventud y se vinculó con la política de ese país.
Esa experiencia le permitió observar las sociedades sudamericanas desde una perspectiva que no coincidía necesariamente con los límites territoriales que los nuevos Estados intentaban consolidar. En sus escritos, los conflictos políticos, las tradiciones y las experiencias humanas conectaban regiones que las fronteras administrativas separaban.
En 1865, después de que Belzú fuera asesinado durante una nueva disputa por el poder en Bolivia, Gorriti viajó a ese país y participó en las gestiones para recuperar su cuerpo. El episodio volvió a situarla en medio de una crisis política y mostró hasta qué punto su vida personal había quedado entrelazada con los enfrentamientos que marcaron la historia regional.
Tras años de residencia en el extranjero, regresó a Buenos Aires en 1874. El retorno le permitió afianzar la publicación de su obra y establecer nuevos vínculos con el ambiente intelectual argentino. Sin embargo, su trayectoria no puede entenderse como la historia de una escritora que simplemente regresó al lugar de origen: era una autora formada a través de experiencias transnacionales, que había construido buena parte de su identidad literaria lejos de su provincia natal.
En La tierra natal, esa relación con el pasado y con los paisajes de la infancia adquirió especial importancia. La memoria de Salta convivía con los recuerdos del exilio y con una experiencia sudamericana mucho más amplia. Su obra muestra que la pertenencia a una nación podía coexistir con vínculos culturales, afectivos y políticos que atravesaban las fronteras.
Una precursora que merece ocupar un lugar central
Juana Manuela Gorriti murió en Buenos Aires el 6 de noviembre de 1892. Tenía una extensa trayectoria como escritora y educadora, y había construido una posición propia en la vida intelectual de América del Sur. Su recorrido reunió experiencias que no siempre aparecen juntas en los relatos tradicionales: el exilio político, la autonomía económica, la creación literaria y la construcción de espacios culturales para las mujeres.
Su importancia no se limita a haber sido una de las primeras novelistas argentinas. Gorriti participó activamente en la formación de una cultura literaria regional y demostró que las mujeres podían intervenir en los debates sobre la sociedad, la historia y la política. Sus relatos permitieron explorar las consecuencias de las guerras civiles y las tensiones de las nuevas repúblicas, mientras su actividad como organizadora cultural amplió las posibilidades de participación femenina.
Recuperar su historia también significa revisar la manera en que se construyó el canon literario. Durante mucho tiempo, las historias de la literatura privilegiaron a autores varones y relegaron a numerosas escritoras a capítulos secundarios, aun cuando sus obras habían tenido una circulación significativa. La trayectoria de Gorriti muestra que las mujeres no estuvieron ausentes de la formación cultural sudamericana: muchas veces fueron sus aportes los que quedaron relegados en los relatos posteriores.
Juana Manuela Gorriti convirtió el desarraigo en una experiencia de creación y abrió espacios propios en una sociedad que imponía límites a las mujeres. Su legado pertenece a la historia de la literatura argentina, pero también a una historia más amplia de la educación, la autonomía femenina y la circulación de ideas en América Latina.
A más de un siglo de su muerte, su vida invita a mirar el siglo XIX desde una perspectiva que no reduzca la historia a los gobiernos, las batallas y los acuerdos entre dirigentes. También hubo mujeres que, mediante la palabra, la enseñanza y la construcción de redes culturales, participaron en la definición de las sociedades que estaban naciendo. Gorriti fue una de ellas: una escritora que atravesó fronteras y convirtió su propia experiencia en una forma de intervenir en la historia.
