Caputo pone en venta a la Ciudadanía Argentina

Caputo pone en venta a la Ciudadanía Argentina

El ministro de Economía presentó en París el Programa de Ciudadanía por Inversión: US$350.000 de aporte no reembolsable al Tesoro o US$800.000 en un bono público a siete años para acceder a la nacionalidad argentina. El Gobierno lo presenta como una herramienta para atraer capitales. El problema es mucho más profundo: convierte una condición política y jurídica de pertenencia a la Nación en un producto financiero para grandes fortunas y lleva hasta el extremo la lógica de que, para el mileísmo, aquello que no tiene precio simplemente todavía no encontró comprador.

Por Tomás Palazzo para NLI

Caputo pone en venta a la Ciudadanía Argentina

Hay decisiones económicas que pueden discutirse por sus números, sus resultados o sus efectos sobre la producción y el empleo. Y hay otras que obligan a detenerse un poco más arriba, porque ponen en discusión qué entiende un gobierno por Nación, ciudadanía y soberanía. El anuncio realizado este viernes por Luis Caputo en París pertenece a esta segunda categoría. El ministro de Economía presentó oficialmente el Programa de Ciudadanía por Inversión de Argentina, un régimen que permitirá a extranjeros solicitar la ciudadanía mediante un aporte de US$350.000 no reembolsable al Tesoro o mediante la suscripción de un título público por US$800.000, con una duración prevista de siete años. El programa comenzará a recibir solicitudes durante el cuarto trimestre de 2026. El propio Gobierno lo presenta como parte de su estrategia de apertura internacional y captación de capitales.

Dicho sin la envoltura de marketing con la que fue presentado en la embajada argentina en Francia: el Gobierno de Javier Milei acaba de ponerle precio de entrada a la ciudadanía argentina. No se trata de una metáfora exagerada. La modalidad oficial establece expresamente una vía de naturalización vinculada a una contribución económica extraordinaria, y el mecanismo fue diseñado desde el Ministerio de Economía. El Decreto 366/2025 ya había modificado la Ley de Ciudadanía 346 para establecer que los extranjeros pueden acceder a la naturalización, cualquiera sea el tiempo de residencia, si acreditan haber realizado una “inversión relevante” en el país. Ese mismo decreto creó la Agencia de Programas de Ciudadanía por Inversión dentro de la estructura del Ministerio de Economía.

Y acá aparece la primera contradicción que el discurso oficial intenta esconder detrás de palabras como “libertad”, “inversión” y “apertura al mundo”. La ciudadanía no es una acción de una empresa, no es un bono soberano, no es una propiedad y no es un activo financiero. Es el vínculo jurídico y político mediante el cual una persona pasa a integrar plenamente una comunidad nacional, con derechos y obligaciones. La Constitución Nacional establece en su artículo 20 que los extranjeros gozan en el territorio argentino de los derechos civiles de los ciudadanos y contempla la nacionalización mediante dos años de residencia continua, pudiendo la autoridad acortar ese plazo en favor de quien alegue y pruebe servicios a la República.

El Gobierno, mediante el DNU 366/2025, modificó ese esquema legal y agregó una vía completamente diferente: la inversión relevante como puerta de entrada a la ciudadanía, independientemente del tiempo de residencia. La norma faculta además al Ministerio de Economía a determinar qué inversiones son consideradas relevantes y habilita proyectos específicos de inversión. Posteriormente, el Decreto 524/2025 estableció el procedimiento mediante el cual la Agencia evalúa las inversiones y eleva una recomendación a la Dirección Nacional de Migraciones. Es decir, no estamos ante una idea lanzada al aire en París: es un régimen jurídico construido por el Poder Ejecutivo durante 2025 y llevado ahora a su concreción económica.

Una ciudadanía para quien pueda pagarla

El diseño anunciado resulta todavía más elocuente cuando se observan los números. Un extranjero puede acceder al programa mediante US$350.000 destinados directamente al Tesoro, sin carácter reembolsable. Una familia integrada por el solicitante principal, su cónyuge y dos hijos menores podría hacerlo por US$500.000. La otra alternativa es mucho más onerosa: US$800.000 mediante un título público específico. El Ministerio de Economía sostiene que los fondos permitirán fortalecer la posición fiscal y financiera de la República.

La pregunta que queda flotando es brutalmente sencilla: ¿qué relación existe entre ser argentino y tener US$350.000?

La respuesta del Gobierno parece ser que la relación la determina el aporte económico. Y allí aparece el corazón político de la discusión. Porque una cosa es incentivar a un extranjero para que instale una fábrica, construya infraestructura, genere puestos de trabajo, produzca bienes, incorpore tecnología o desarrolle una actividad económica estratégica. Otra completamente distinta es ofrecerle una vía de acceso a la ciudadanía a cambio de una transferencia de dinero al Tesoro o de la compra de deuda pública.

El propio diseño oficial permite advertir la diferencia. El programa anunciado no exige que esos US$350.000 sean destinados a una fábrica, a una planta industrial, a investigación científica, a infraestructura, a una cadena productiva nacional o a la generación de empleo. La primera modalidad es directamente un aporte no reembolsable al Tesoro. La segunda es la adquisición de un título público. El objetivo declarado es captar capitales.

Es la lógica del mercado aplicada al vínculo entre una persona y una Nación: pagá y entrás.

Y eso tiene una carga simbólica imposible de disimular. Argentina nació, creció y se constituyó como una sociedad política abierta a quienes quisieran habitar su territorio, trabajar, producir y formar parte de su comunidad. El propio Preámbulo constitucional habla de asegurar los beneficios de la libertad “para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”. El artículo 20 garantiza amplios derechos civiles a los extranjeros y establece el principio de nacionalización bajo determinadas condiciones.

El contraste con el modelo que ahora impulsa Caputo es evidente: del inmigrante que llega a trabajar y construir una vida en la Argentina al millonario internacional que puede comprar una puerta privilegiada de acceso a la ciudadanía.

La Nación convertida en producto financiero

El Gobierno sostiene que habrá controles de identidad, antecedentes, patrimonio, origen de los fondos y riesgos para la seguridad nacional. La Agencia de Programas de Ciudadanía por Inversión intervendrá junto con organismos como la UIF, la SIDE, Seguridad, Interior y Migraciones. La existencia de controles es importante y debe ser considerada al analizar el funcionamiento concreto del régimen. Pero esos controles responden a otra pregunta: quién puede entrar al programa. No modifican la pregunta central sobre qué principio se está estableciendo para acceder a la ciudadanía.

Tampoco alcanza con decir que otros países tienen mecanismos similares. La existencia internacional de los llamados “golden passports” no transforma automáticamente la práctica en deseable ni resuelve la discusión constitucional, institucional o política argentina. De hecho, estos programas han recibido cuestionamientos internacionales por riesgos vinculados con corrupción, lavado de activos y seguridad. Associated Press recordó que el Grupo de Acción Financiera Internacional ha advertido sobre la utilización potencial de estos esquemas para ocultar identidades, lavar dinero o evadir a la Justicia; también señaló que la Unión Europea anuló en 2025 el programa de ciudadanía por inversión de Malta.

Por eso, el debate no debería reducirse a una cuestión de “izquierda contra mercado” ni a la discusión sobre si entrarán más o menos dólares. Estamos hablando de qué significa ser argentino. Y desde una perspectiva nacional y popular, la pregunta es todavía más profunda: ¿una Nación es una comunidad construida alrededor de una historia, una cultura, un territorio, derechos y obligaciones comunes, o es simplemente una plataforma de servicios cuyo acceso puede adquirirse mediante una transferencia bancaria?

El Gobierno de Milei ya ha utilizado reiteradamente la idea de que prácticamente todo puede organizarse como una transacción. La educación aparece como servicio, la salud como gasto, los recursos naturales como activos, las empresas públicas como objetos de venta, el territorio como oportunidad de inversión y ahora la ciudadanía como instrumento para captar dólares. La novedad de Caputo es que esta vez la mercancía no es una empresa ni un inmueble: es el vínculo jurídico con la República Argentina.

Y el dato no es menor. El propio programa oficial promociona el valor internacional del pasaporte argentino y sus posibilidades de movilidad internacional. Reuters y Associated Press señalaron que una de las razones del atractivo para potenciales interesados es precisamente la posibilidad de viajar sin visa a numerosos destinos y acceder a las ventajas derivadas de la ciudadanía argentina.

Entonces aparece la pregunta que el Gobierno debería contestar sin slogans: ¿qué está vendiendo exactamente?

Porque si el atractivo para el comprador está en el valor internacional del pasaporte, lo que se está comercializando no es solamente un permiso para invertir en la Argentina. Se está ofreciendo pertenencia jurídica a una comunidad nacional y, con ella, los derechos derivados de la ciudadanía argentina y la movilidad internacional que esa ciudadanía permite.

Caputo encontró una nueva mercancía: ser argentino

Hay una ironía particularmente fuerte en todo esto. El Gobierno que habla permanentemente de soberanía individual, propiedad privada y libertad de elección acaba de construir un mercado en el que la pertenencia a la Nación adquiere un precio de lista. Y el ministro que conduce la economía argentina eligió anunciarlo en París, ante inversores internacionales, como una oportunidad para quienes tengan suficiente patrimonio.

El oficialismo podrá argumentar que ingresarán dólares, que aumentará la inversión extranjera y que Argentina necesita capital. Todo eso forma parte de la discusión económica y deberá medirse con resultados concretos. Pero ningún ingreso de dólares convierte automáticamente una decisión política en una buena decisión institucional. Tampoco todo capital extranjero constituye inversión productiva, ni toda compra de deuda genera desarrollo nacional.

La Argentina necesita inversiones. Necesita dólares. Necesita producción. Necesita trabajo. Necesita ciencia, industria, infraestructura y tecnología. Pero una Nación que alguna vez recibió inmigrantes con la expectativa de que construyeran una vida en su territorio ahora está siendo presentada ante el mundo bajo una lógica muy diferente: si usted tiene el dinero suficiente, puede comprar una vía acelerada hacia la ciudadanía argentina.

Eso es lo verdaderamente disruptivo de la medida.

No porque la ciudadanía argentina haya desaparecido ni porque cualquier persona pueda obtenerla automáticamente depositando US$350.000. El régimen establece evaluaciones y una decisión administrativa posterior. Pero sí porque el Poder Ejecutivo creó una categoría de naturalización en la que el elemento decisivo comienza con una inversión económica y eliminó, para esos casos, el requisito temporal de residencia. Esa modificación surge expresamente del Decreto 366/2025.

Por eso, más que preguntar cuánto dinero espera recaudar Caputo, la sociedad argentina debería preguntarse qué precio estamos dispuestos a ponerle a nuestra pertenencia colectiva.

Porque una fábrica puede venderse. Una empresa puede venderse. Un bono puede comprarse. Un inmueble puede transferirse. Un recurso natural puede concesionarse. Pero la ciudadanía de una República no debería ser presentada como una línea más dentro del menú de servicios financieros para multimillonarios.

El Gobierno podrá defender jurídicamente la reforma y argumentar que fue instrumentada mediante las facultades que considera vigentes. Pero la discusión sobre su compatibilidad con el espíritu y los principios de la Constitución Nacional es legítima y excede ampliamente la cuestión económica. El artículo 20 no fue escrito para establecer una tabla de precios de la nacionalidad, sino para regular la relación entre los extranjeros, la comunidad nacional y el proceso de naturalización.

Y mientras Caputo sonríe en París buscando compradores para el nuevo producto argentino, queda una imagen que debería incomodar mucho más allá de las fronteras partidarias: un país que alguna vez abrió sus puertas a quienes querían venir a trabajar y construir, ahora sale al mundo a ofrecer su ciudadanía a quien pueda pagarla.

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    Qué pasó con el dólar

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    El tipo de cambio mayorista cayó $3 ($49 a nivel semana) hasta $1.403 para la venta este viernes. De esta manera la divisa se sostuvo sobre la franja de los $1.400 y se ubicó a 7,1% del techo de la banda cambiaria.

    En tanto, en el promedio de entidades financieras que reporta el Banco Central (BCRA), la divisa lo hizo a $1.380,77 para la compra y a $1.432,06 para la venta. El dólar minorista cerró a $1.375 para la compra y a $1.425 para la venta en el Banco Nación (BNA). Así, el dólar tarjeta o turista, equivalente al dólar oficial minorista más un recargo del 30% deducible del Impuesto a las Ganancias, se ubicó en $1.852,5.

    Entre los paralelos, el dólar Contado con Liquidación (CCL) ya se ubica en $1.487,57 tras una leve alza de 0,1%, mientras que el MEP cae 0,6% y se posiciona en $1.453,63. El dólar blue baja $5 y opera a $1.430 para la venta.

    Qué pasó con los bonos

    El S&P Merval lideró la recuperación: subió 4,1% en pesos hasta los 3.000.242 puntos y avanzó 4,2% en su versión en dólares, a 2.021 puntos. La mejora le permitió revertir completamente la caída del día previo, cuando el índice había retrocedido más de 3% en medio de un mal clima internacional.

    Las acciones locales acompañaron la tendencia con fuertes subas. Aluar encabezó las ganancias con un salto de 13,8%, seguida por Transener (+7,46%) y Sociedad Comercial del Plata (+7,6%). En Wall Street, los ADRs argentinos también operaron con mayoría de alzas: entre los destacados se ubicaron Grupo Supervielle (+5,2%), Edenor (+4,8%) y YPF (+4,9%).

    El acuerdo anunciado entre Buenos Aires y Washington prevé un marco de trabajo para avanzar en la reducción de aranceles, la eliminación de barreras no arancelarias, la apertura agrícola y la convergencia regulatoria. Aunque los especialistas señalan que todavía falta conocer la “letra chica” para dimensionar su alcance real, el mercado celebró la señal política y comercial del entendimiento.

    En renta fija, los bonos soberanos en dólares avanzaron hasta 1,6%, con los Bonares a la cabeza, mientras que los Globales treparon hasta 1,2%.

    La combinación del anuncio bilateral y el repunte de los activos locales cerró así una jornada en la que los inversores dejaron atrás la cautela inicial y volvieron a apostar por un escenario de mayor estabilidad financiera.

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    El documento, de 204 páginas de extensión y al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, contiene consideraciones sobre la responsabilidad política del presidente y de otros altos funcionarios, una descripción del entramado en el que participaron lobbystas intermediarios como Mauricio Novelli y Manuel Terrones Godoy, y dio cuenta de que Milei y estos mismos dos personajes ya habían sido sido parte de otras tres operatorias financieras previas muy similares con criptomonedas.

    En ese sentido, el informe de la comisión presidida por Maximiliano Ferraro (Coalición Cívica) señaló que “la promoción del proyecto $LIBRA no constituyó un hecho aislado, dado que en diciembre de 2024 se registró una maniobra financiera similar vinculada a la moneda digital de KIP Protocol, en la que también participó con su promoción el Presidente de la Nación”, al igual que había sucedido previamente con otras criptomonedas como Coin X y Vulcano.

    Para los diputados opositores que fueron parte de la redacción del documento final, con una marcada participación del secretario Juan Marino (Unión por la Patria), “las afirmaciones del Presidente de que no conocía los pormenores del proyecto y que simplemente difundió información pública carecen de sustento fáctico”.

    En ese marco, no dudaron en caracterizar lo actuado por el mandatario como una violación a la Ley de Ética en la Función Pública.

    “Sin la promoción realizada por Milei en su cuenta oficial, el proyecto $LIBRA no habría alcanzado el volumen de compras registrado”, señalaron, y resaltaron que hasta la fecha el jefe de Estado no pudo determinar cómo obtuvo el link con el número de contrato del token Libra que publicó, “pese a que dicha información no era de circulación pública”.

    Según denunciaron, el Presidente no consultó a los organismos de control antes de promocionar el criptoactivo en sus redes sociales, de tal forma que “comprometió la investidura presidencial en un acto que no puede ser caracterizado como de naturaleza privada, evidenciando una conducta sostenida que desdibuja los límites entre lo público y lo privado”.

    También involucraron en el escándalo por presunta estafa a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, por haber autorizado el ingreso a la Casa Rosada y a la Quinta de Olivos de los empresarios y lobbystas que participaron de “un hecho que se investiga como una presunta estafa de alcance internacional”.

    En tanto, cuestionaron a los hermanos Milei y a otros altos funcionarios como Mariano Cúneo Libarona, Alejandro Melik, Florencia Zicavo, Paulo Starc y Roberto Silva por haberse ausentado a las respectivas citaciones para que brindaran declaración testimonial, y los acusaron de «incumplimiento de deberes» ya que «su accionar ha entorpecido las facultades constitucionales e investigativas de esta comisión».

    “Esta Comisión Investigadora entiende que este hecho plantea la necesidad de que el Congreso de la Nación, a partir de la responsabilidad política presidencial manifiesta evidenciada en este informe, evalúe si el Presidente de la Nación incurrió en mal desempeño en el ejercicio de sus funciones”, señalaron en las consideraciones finales.

    “En efecto, del análisis integral de la prueba reunida, esta Comisión observa un patrón sostenido de acciones y omisiones por parte del Presidente de la Nación que resulta incompatible con el ejercicio adecuado de sus deberes constitucionales. La promoción pública de un token cripto no auditado, la inacción frente a advertencias formales, la omisión deliberada de activar mecanismos de control interno y el uso de instalaciones oficiales para facilitar encuentros con promotores del token constituyen conductas que exceden el marco de decisiones discrecionales y se proyectan sobre la responsabilidad institucional del Jefe de Estado”, concluyeron los diputados opositores en el informe.

    La reunión de este martes fue la décima y última que celebró la comisión especial investigadora, que se creó como respuesta institucional del Congreso ante el escándalo internacional que estalló el 14 de febrero pasado.

    Ese día, el presidente promocionó en sus redes sociales el criptoactivo Libra, que difundió bajo el nombre «Viva la Libertad Project» y lo presentó como si fuera una noble causa para financiar pymes de todo el país.

    Sin embargo, pronto quedó en evidencia que Milei había utilizado su investidura presidencial y popularidad para inducir a miles de usuarios a invertir en un negocio en el que ganaron unos pocos con información privilegiada y como contrapartida provocó pérdidas millonarias para miles de usuarios.

    Desde su puesta en marcha, el trabajo de la comisión atravesó distintas instancias: después de un primer momento de parálisis que se extendió por meses, producto de la imposibilidad de elegir autoridades por el bloqueo sistemático del oficialismo, se pudo destrabar el nudo a raíz de un proyecto del propio Ferraro que consiguió normalizar el funcionamiento.

    Con gran expectativa y a sala llena, la comisión ejecutó este martes su «last dance» y leyó el informe final, que incluyó un conjunto de consideraciones y recomendaciones.

    Al abrirse el debate, Marino, quien se quedó hasta las 4 de la mañana puliendo la redacción del informe, señaló que la presentación que hiciera Milei de Libra como un «proyecto serio de inversión para desarrollar pymes en realidad, desde un punto de vista técnico, era más cercano a un meme coin que habían manipulado de antemano para realizar el tirón de alfombra (rug pull)».

    El diputado de Unión por la Patria recordó que el entonces Jefe de Gabinete, Guillermo Francos, durante su interpelación en la Cámara de Diputados, había admitido que el presidente había evitado realizar consultas a organismos públicos de control para conocer si la promoción de Libra podía generar algún tipo de conflicto de interés que comprometiera la ley de Ética Publica.

    En tal sentido, el dirigente opositor y líder del Partido Piquetero aseguró que el «endorsement» a Libra de parte de Milei no fue un «error» involuntario sino «una decisión deliberada para eludir los controles estatales» y apuntalar un negocio privado.

    «El daño a la credibilidad institucional de la Argentina continúa hasta el día de hoy», consideró, y puntualizó que no se trata de «un hecho aislado» ya que Milei, junto a Novelli y Terrones Godoy ya habían sido parte de maniobras defraudatorias similares en el pasado reciente.

    «En nuestro rol de órgano de control político sobre el Poder Ejecutivo planteamos con total claridad que corresponde que el pleno del Congreso evalúe si el presidente de la Nación inclurrió en mal desempeño de sus funciones», enfatizó.

    Por su parte, el diputado nacional de Encuentro Federal Oscar Agost Carreño señaló que existe un «patrón de conducta» o antecedentes que involucran directamente a Milei y a Novelli, y coincidió en que lo sucedido configura un «daño muy grave a la credibilidad del país».

    Informe comisión $Libra: “El Congreso debe evaluar si Milei incurrió en mal desempeño”

    Christian Castillo (Frente de Izquierda) refutó la defensa esgrimida por Milei respecto a que el mencionado posteo fue hecho en carácter de «ciudadano común».

    «Lo hizo desde una cuenta que tiene tilde gris y que refiere a altos funcionarios de Estado. Es decir, que no lo hizo como un ciudadano común», desmintió el diputado nacional del PTS.

    El dirigente trostkista también retrucó lo afirmado por Milei respecto a que el contrato de Libra era «público».

    «Él intentó dar la idea de que se encontró de casualidad con algo que era interesante para la Argentina y que por eso lo difundió. Sin embargo, hasta el día de hoy no hay ninguna explicación de dónde estaba la circulación pública de ese link sin el cual toda la maniobra alrededor de Libra no se hubiera podido hacer», subrayó.

    Para Castillo, «ese contrato no lo podía encontrar cualquier persona» sino solamente quienes «tuvieran información privilegiada» como el propio Milei, y lo relacionó con las múltiples reuniones previas que el presidente mantuvo con empresarios cripto como Hayden Davis y los intermediarios Novelli y Terrones Godoy.qMQYIA

    «Sin ese contrato no había posibilidad de estafa. No había posibilidad de hacer la maaniobra de rug pull», remató el legislador de izquierda.tal cual. Rodolfo, te agradecemos muchísimo estos minutos y conversar con nosotros sobre estos temas. Nosotros los agradecimos siempre. luego. Hasta luego. Abrazo. Gracias. Abrazo grande.  Adiós. Bueno, charlamos con Rodolfo Hoyar, secretario general de Ate Nacional.

     

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