¿Vuelve la presión sobre el dólar tras el pago del megavencimiento de USD 4.500 millones?

¿Vuelve la presión sobre el dólar tras el pago del megavencimiento de USD 4.500 millones?

 

Economía pudo pagar este jueves los USD 4.500 millones de intereses y amortizaciones de los Globales y Bonares emitidos tras la reestructuración de 2020. Fue una parada brava que se resolvió con éxito. Ahora el mercado se pregunta si volverá la presión sobre el dólar.

La razón es sencilla: la reinversión ya empezó. Los antecedentes muestran que las compras suelen adelantarse varias semanas al cobro efectivo de los dólares y no una vez que el dinero llega a las cuentas de los bonistas.

«El pago del 9 de julio no es el evento a seguir. La capacidad de pago no está en discusión, los dólares ya están depositados en el Banco Central y el mercado lo descontó hace rato», explicó a LPO el asesor financiero Facundo Pascual.

El diagnóstico coincide con un informe de Facimex Valores, que detectó que durante los cinco pagos semestrales realizados en la gestión de Javier Milei los Globales subieron en promedio alrededor de 2% durante las veinte ruedas previas al cobro y luego permanecieron prácticamente estables. En otras palabras, el mercado compra con el rumor y no con la noticia.

El dólar en junio saltó casi 5%: ¿Se terminó el carry trade?

Sin embargo, esta vez aparece un elemento nuevo que podría modificar el destino de esos dólares. Apenas seis días después del pago, el Tesoro licitará por primera vez el Bonar 2029 (AO29), un bono en dólares bajo legislación local con cupón del 6% anual pagadero mensualmente y, en su debut, sin límite de adjudicación.

Para Nicolás Sibecas, de Inversiones Andinas, esa decisión deja en claro cuál es la apuesta oficial. «El Tesoro sale a buscar que los bonistas reinviertan lo que cobran, en lugar de que esos dólares salgan del sistema o vayan a otros instrumentos», señaló.

El Tesoro sale a buscar que los bonistas reinviertan lo que cobran, en lugar de que esos dólares salgan del sistema o vayan a otros instrumentos.

La jugada tiene además un objetivo financiero. Si una parte importante de esos fondos termina en el AO29, el Gobierno podrá seguir obteniendo financiamiento en dólares dentro del mercado local, evitando volver a emitir deuda en Wall Street mientras el riesgo país continúa por encima de los 400 puntos.

Pero el mercado también observa el costo de esa estrategia. El nuevo bono vencerá en 2029, ya bajo la próxima administración presidencial, un plazo para el que los inversores todavía exigen un premio adicional frente a los títulos que vencen antes de las elecciones de 2027.

Sibecas considera que el AO29 debería ofrecer un rendimiento cercano al AN29, cuya tasa ronda el 8,5% anual en dólares, y cree que puede transformarse en una alternativa atractiva para inversores minoristas y fondos comunes por su esquema de cupones mensuales.

Pascual advierte, sin embargo, que incluso una reinversión elevada podría pasar inadvertida en la cotización de los Globales. «Puede haber reinversión sin rally. Si buena parte del flujo se canaliza hacia el AO29, el dinero irá al mercado primario en lugar de seguir comprando los bonos que ya cotizan», explicó.

La otra variable que seguirá de cerca el mercado será el comportamiento de los inversores extranjeros. Mientras los tenedores locales suelen renovar posiciones, los fondos del exterior concentran una porción importante de los pagos y podrían optar por realizar ganancias luego de la fuerte compresión del riesgo país registrada en los últimos meses.

El mercado ya descontó el pago de julio y la posterior reinversión. La mayor parte de las consultas pasa por volver a comprar los mismos bonos, como AL30 o AL35.

Desde Insider Finance también creen que el grueso del movimiento ya fue incorporado a los precios. «El mercado ya descontó el pago de julio y la posterior reinversión. La mayor parte de las consultas pasa por volver a comprar los mismos bonos, como AL30 o AL35», explicó a LPO su CEO, Pablo Lazzati.

No obstante, Lazzati observa un cambio respecto de pagos anteriores. Con rendimientos en dólares ubicados entre 8% y 10%, algunos inversores empiezan a diversificar hacia instrumentos en pesos ajustados por TAMAR o CER e incluso hacia acciones, buscando mejorar el retorno en un contexto donde la deuda soberana ya capturó buena parte de la mejora macroeconómica.

Así, el verdadero termómetro del pago de julio no será si los Globales suben unos puntos más después del cobro. La señal que espera el mercado es otra: cuánto dinero vuelve a financiar al Tesoro, cuánto busca nuevas alternativas de inversión y cuánto decide abandonar el riesgo argentino para volver al dólar.

 

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    La caución bursátil funciona como un préstamo garantizado dentro del mercado de capitales. Quien necesita fondos los toma dejando activos como garantía en su cuenta comitente, mientras que otro inversor aporta el dinero a cambio de una tasa de interés.

    Según explica el asesor financiero Fernando Villar, el escenario actual favorece claramente a quienes buscan financiamiento. «Hoy en día se puede tomar desde 1 día hasta 30 días a un promedio de tasa de un 20% anual en pesos nominal anual», señala.

    La posibilidad de acceder a fondos a una tasa relativamente baja resulta especialmente atractiva para las empresas. Villar sostiene que se trata de una herramienta ideal para financiar capital de trabajo, ya que permite obtener recursos a un costo considerablemente menor que el de un préstamo bancario tradicional.

    La ventaja también alcanza a los inversores particulares. En los últimos años se volvió cada vez más frecuente que personas con inversiones en una cuenta comitente recurran a la caución para afrontar gastos extraordinarios, financiar viajes o realizar compras importantes sin necesidad de acudir a créditos personales o planes de financiación con tarjeta de crédito.

    «Es muchísimo mejor tomar caución que sacar un crédito a través de cualquier banco o cualquier fintech. Hay tasas mucho, mucho más bajas», destaca Villar.

    Se trata de una herramienta ideal para financiar capital de trabajo, ya que permite obtener recursos a un costo considerablemente menor que el de un préstamo bancario tradicional

    La operatoria tiene un requisito central: contar con una cuenta comitente que posea activos suficientes para funcionar como garantía. Una vez cumplida esa condición, el mecanismo es relativamente sencillo y flexible. Las cauciones pueden renovarse periódicamente al vencimiento, permitiendo extender el plazo si el tomador aún necesita los fondos.

    Además del uso conservador vinculado al financiamiento de gastos o necesidades empresariales, existe otro perfil de usuarios que aprovecha la herramienta con fines especulativos. Algunos inversores toman caución para apalancarse y comprar acciones, bonos o Cedears con la expectativa de obtener una ganancia superior al costo financiero.

    Sin embargo, Villar advierte que se trata de una estrategia reservada para inversores con mayor tolerancia al riesgo. «Tomar caución de manera especulativa es para un perfil más bien agresivo, ya que no solamente está haciendo un trader de corto plazo, sino que también está haciéndolo con dinero prestado», explica.

    Del otro lado de la operación, la situación es menos favorable. Quienes colocan dinero en caución encuentran rendimientos cada vez más bajos, lo que reduce significativamente el atractivo de esta alternativa como inversión.

    Es muchísimo mejor tomar caución que sacar un crédito a través de cualquier banco o cualquier fintech. Hay tasas mucho, mucho más bajas

    Para el consultor Omar De Lucca, la ecuación es clara. «El que va a tomar dinero al 20%, sí, claramente conviene porque estás reemplazando deuda mala por deuda buena», sostiene.

    No obstante, advierte que las cauciones presentan algunas limitaciones operativas. Una de ellas es la corta duración de los plazos, que suelen concentrarse en períodos breves y obligan a renovar la posición con frecuencia. «La desventaja de la caución son los plazos, porque normalmente son a una semana», indica el ejecutivo.

    Desde la óptica del inversor, en cambio, el diagnóstico es menos alentador. Con tasas cercanas al 20% nominal anual, el rendimiento luce insuficiente frente a las expectativas inflacionarias para los próximos meses.

    «Si yo me paro del lado del inversor y estoy invirtiendo una caución al 20% anual, la verdad que no es muy rentable que digamos, porque es una tasa anual que, lamentablemente, ni siquiera iguala a la inflación proyectada», afirma De Lucca.

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     El debut bursátil de SpaceX dejó a Wall Street mirando hacia adelante. La empresa de Elon Musk cerró este viernes por encima de los USD 161 por acción y alcanzó una valuación superior a los 2 trillones de dólares.  El volumen de capital movilizado pulverizó el récord de la petrolera Saudi Aramco en 2019 y de la tecnológica Alibaba en 2014. 

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    El mayor estreno bursátil de la historia no solo convirtió a Musk en el primer trillonario del planeta, sino que abrió un debate global sobre la extrema desigualdad en el mundo actual, donde un hombre acumula meas riqueza que varios países. «El dato es que la riqueza de algunos y la desigualdad está creciendo a niveles que nunca vimos», le dijo Steven Durlauf, académico de la University of Chicago al NYT.

    De hecho, el único antecedente de semejante riqueza en el mundo contemporáneo es John D. Rockefeller que en 1937 llegó. acumular una fortuna personal equivalente a 1.5 por ciento del PBI de Estados Unidos. Luego de la IPO de Space X, Musk alcanzó una fortuna equivalente al 3 por ciento del PBI de Estados Unidos. El empresario no vendió ni una de las acciones de la empresa espacial en su poder, que de manera inmediata pasaron a valer casi 900 mil millones de dólares, más de doble de la deuda externa de Argentina. «Si esto no es un ejemplo de oligarca, no se que es», afirmó el senador demócrata Bernie Sanders.

    El caso Facebook enfría la euforia por la salida a la bolsa de Space X

    Como sea, el sismo que causó la irrupción  bursatil de Space X, que de inmediato su hizo un lugar entre las siete magníficas abrió una pregunta más profunda: ¿estamos frente al nacimiento de una nueva camada de gigantes tecnológicos capaces de redefinir Silicon Valley?.

    Nunca antes tres compañías con valuaciones cercanas o superiores al trillón de dólares habían apuntado a salir a bolsa en un mismo ciclo. Después de SpaceX, todas las miradas se concentran en OpenAI y Anthropic, las dos empresas que lideran la carrera global por la inteligencia artificial.

    La respuesta que circula entre bancos de inversión y analistas es afirmativa. Nunca antes tres compañías con valuaciones cercanas o superiores al trillón de dólares habían apuntado a salir a bolsa en un mismo ciclo. Después de SpaceX, todas las miradas se concentran en OpenAI y Anthropic, las dos empresas que lideran la carrera global por la inteligencia artificial.

    Según reconstruyó el diario The New York Times, ambas compañías aceleraron durante las últimas semanas sus preparativos para cotizar en los mercados de capitales. Anthropic presentó de manera confidencial su documentación ante la SEC el 1 de junio. OpenAI hizo lo mismo una semana después. El procedimiento permite que los reguladores revisen la información financiera sin exponer todavía los detalles al mercado.

    El CEO de Open IA, Sam Altman.

    Anthropic, pese a la batalla que mantiene con la administración Trump -o quizás gracias a ella- parece llevar ventaja. Los mercados financieros le asignan mayores probabilidades de convertirse en la próxima gran IPO. Las estimaciones ubican su estreno hacia octubre. OpenAI mantiene un calendario más flexible. Su directora financiera, Sarah Friar, insiste públicamente en que la prioridad es construir una empresa sostenible antes que acelerar los tiempos de cotización. Sin embargo, la presión del mercado se siente.

    La pelea central pasa por las valuaciones. Anthropic fue impulsada por una sucesión de rondas privadas que la llevaron a valores cercanos a los USD 965.000 millones. Mientras que OpenAI, la compañía que creó ChatGPT, ya exhibe ingresos anualizados cercanos a los USD 25.000 millones. Los bancos que trabajan en la operación buscan sostener una valuación de referencia del trillón de dólares.

    La magnitud del fenómeno obliga a mirar más allá de cada empresa. Analistas de mercado calculan que SpaceX, OpenAI y Anthropic podrían captar cerca de USD 200.000 millones en conjunto si colocan alrededor del 5% de su capital. La cifra supera todo lo recaudado por las grandes IPO estadounidenses entre 2022 y comienzos de 2026. Es un elefante entrando a una pileta que ya parece llena. El agua necesariamente se moverá.

    Muchos esperan que OpenAI y Anthropic produzcan un fenómeno similar, pero esta vez sobre los nombres más pesados del sector tecnológico. Microsoft, Alphabet o Meta podrían sufrir ventas técnicas a medida que Wall Street reequilibre posiciones para incorporar a los nuevos jugadores puros de inteligencia artificial.

    De hecho, el primer efecto ya apareció. El estreno de SpaceX provocó ventas en compañías vinculadas al sector espacial y satelital. Fondos y ETFs tuvieron que liberar espacio en sus carteras para incorporar al nuevo gigante, la cotización de varias «espaciales» caía, mientras Space X se disparaba. Muchos esperan que OpenAI y Anthropic produzcan un fenómeno similar, pero esta vez sobre los nombres más pesados del sector tecnológico. Microsoft, Alphabet o Meta podrían sufrir ventas técnicas a medida que Wall Street reequilibre posiciones para incorporar a los nuevos jugadores puros de inteligencia artificial.

    Los optimistas sostienen que las métricas tradicionales ya no alcanzan para evaluar compañías que aspiran a controlar la infraestructura tecnológica del siglo XXI. Argumentan que SpaceX domina sectores estratégicos como los lanzamientos espaciales y las comunicaciones satelitales, mientras que OpenAI y Anthropic compiten por desarrollar inteligencia artificial general. Para este grupo, la IA será la nueva electricidad: una plataforma transversal sobre la que funcionará buena parte de la economía global. Bajo esa lógica, las valuaciones actuales serían apenas una estación de paso.

    Los escépticos observan otra escena. Recuerdan que OpenAI y Anthropic consumen miles de millones de dólares en chips, centros de datos y energía. El problema no es la innovación sino la rentabilidad. Nadie sabe todavía si los ingresos futuros podrán compensar semejante nivel de gasto. La gran incógnita es si estas compañías venden una autopista o simplemente el peaje de una promesa.

    El CEO de Space X, Elon Musk.

    Las advertencias se multiplican. Ali Ghodsi, CEO de Databricks, advirtió días antes de la salida de SpaceX que 2026 podía convertirse en «un año terrible para salir a bolsa» debido a la feroz competencia por captar liquidez. Ivan Cosovic, director gerente de Breakout Point, describió el clima de época en Wall Street: «Ven el juego que se está jugando, se burlan abiertamente de él y luego planean jugarlo de todos modos».

    Incluso dentro de OpenAI existen dudas. En el sector se conocen las tensiones entre Sarah Friar y Sam Altman respecto al momento adecuado para cotizar. La preocupación gira alrededor de los compromisos multimillonarios de inversión en infraestructura y la velocidad real a la que crecerán los ingresos. El debate es simple: cuánto tiempo puede sostenerse una carrera donde el combustible cuesta decenas de miles de millones de dólares.

    Desde la política también llegaron cuestionamientos. La senadora demócrata Elizabeth Warren criticó duramente el debut de SpaceX y puso bajo sospecha las proyecciones que justifican semejantes valuaciones. Para sus detractores, el entusiasmo actual recuerda otros momentos de euforia tecnológica donde el mercado terminó descubriendo que el futuro llegaba más lento de lo prometido.

    De hecho, las ganancias de Space X vienen en picada, debido a las monumentales inversiones que está haciendo en mega campus de IA. Las inversiones masivas en inteligencia artificial de casi todas las tecnológicas están drenando sus ganancias, bajo la promesa de rentabilidades futuras. Una apuesta que inquieta a varios inversores.

    Pero por ahora, SpaceX cotiza a múltiplos que hace pocos años hubieran parecido delirantes. Los inversores los aceptan porque creen estar comprando algo más que ingresos o ganancias: una porción del futuro, que se supone ofrecerá la «economía espacial». OpenAI y Anthropic generan expectativa bajo la misma lógica. Ya no se trata de cuánto ganan hoy, sino de la pelea por quién controlará las herramientas con las que f-se supone- funcionará la economía de mañana. Cuanto hay de burbuja y cuanto de pronóstico fundado es la pregunta que contestará el tiempo.

     

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