Milei copia el shutdown estadounidense para clausurar el gasto público pero dudan de su constitucionalidad

Milei copia el shutdown estadounidense para clausurar el gasto público pero dudan de su constitucionalidad

 

Javier Milei anunció el envío al Congreso de un proyecto de shutdown para estrangular el gasto público cuando se agota una partida presupuestaria, algo que hasta en la bancada libertaria del Senado juzgan «inconstitucional».

El Presidente posteó en sus redes sociales que se está empezando «a ultimar los detalles en la Reforma de la Carta Orgánica del BCRA, las bases del SHUTDOWN del Estado, la nueva ley para el Mercado de Capitales y el inicio de la desregulación del Mercado de seguros». Además, acompañó el mensaje en X con una foto en la que se lo ve junto al ministro de Economía, Luis Toto Caputo, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili.

La iniciativa del shutdown generó impacto inmediato en el Poder Legislativo en general y entre los libertarios en particular. Una senadora oficialista consideró que la medida sería «inconstitucional» porque «la Constitución Nacional consagra derechos que no se pueden dejar de sostener porque se agote una partida».

Se duplicaron las provincias con déficit 

En efecto, la legisladora advirtió que «Milei está queriendo copiar la Constitución de Estados Unidos». «El shutdown norteamericano se ‘activa’ cuando no se aprueba el presupuesto pero acá se reconduce y se usa el presupuesto aprobado para el año anterior», argumentó, y agregó: «nuestra constitución consagra una cantidad enorme de derechos y garantías y todo lo que la Constitución fije como derecho, no podés desfinanciar al cero», explicó.

Un libertario con experiencia legislativa en su provincia de origen consideró que un gobierno «puede dar menos o más presupuesto a cada área pero no puede darle de baja».

Fuentes del oficialismo admitieron que la idea del shutdown tiene el aroma de las ocurrencias de Sturzenegger, que goza del reconocimiento del Presidente para la formulación de proyectos titulados con grandilocuencia y difíciles de defender hasta por su propia tropa. LPO consultó al entorno del ministro pero prefirieron no hacer comentarios sobre el pomposo anuncio.

BASES PARA LA NUEVA ERA DORADA Empezando a ultimar los detalles en la Reforma de la Carta Orgánica del BCRA, las bases del SHUTDOWN del Estado, la nueva ley para el Mercado de Capitales y el inicio de la desregulación del Mercado de seguros.VLLC!CC: @LuisCaputoAR @fedesturzepic.twitter.com/meEwDvBWtm

— Javier Milei (@JMilei) July 7, 2026

El tuit de Milei se publicó después de la entrevista que le concedió a Alejandro Fantino en el streaming Neura. Allí el jefe de Estado dijo que trabaja, junto a su equipo, «en el armado del shutdown del Poder Ejecutivo, de la política», y aseguró: «cuando te agotás el presupuesto, no se puede gastar más y se apaga el Estado».

En rigor, el presupuesto argentino se rige por la ley de administración financiera, cuyo articulado establece que si no se aprueba un presupuesto para el año siguiente, a diferencia de lo que sucede con el shutdown estadounidense, «se reconduce» el presupuesto aprobado el año anterior. El espíritu que rige es el de no vaciar la ejecución de una política pública.

 

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  • Llaryora le hace un guiño al macrismo y suma a Lacunza

     

    Martín Llaryora decidió apelar al manual de supervivencia de su mentor, Juan Schiaretti, y reactivó formalmente el histórico pacto de convivencia política con Mauricio Macri.

    En medio de una delicada crisis política, el mandatario cordobés concretó un fuerte giro hacia el plano amarillo con la incorporación de dos figuras de peso identificadas con el PRO a la conducción del Banco de Córdoba (Bancor): el exministro de Economía de la Nación Hernán Lacunza, y el empresario industrial Ércole Felippa, quien condujo Fadea durante el Gobierno de Macri.

    La jugada excede por completo los andariveles de la gestión financiera. Las llegadas de Lacunza al directorio y de Felippa a la vicepresidencia son parte de una maniobra de altísimo voltaje político para oxigenar al Gobierno. En momentos donde la gestión provincial acumula frentes de conflicto internos, Llaryora busca refugio en la histórica sintonía que la provincia mantiene con el universo fundacional del PRO.

    Durante el mandato presidencial de Macri (2015-2019), el entonces gobernador Juan Schiaretti tejió una sólida y blindada alianza con el líder del PRO, basada en la mutua necesidad y el fuerte sentimiento antikirchnerista del electorado cordobés. Es un entendimiento histórico que se remonta al exilio de Schiaretti en Brasil, donde fue cobijado por el grupo Macri.

    Aquel entendimiento -que los radicales locales siempre denunciaron como un «pacto» que les impidió ganar la provincia- garantizó gobernabilidad para ambos lados de la grieta. Macri trataba a Córdoba como su «cuna política» y» Schiaretti le garantizaba gobernabilidad en el Congreso a través de sus diputados.

    Con el arribo de Lacunza, Llaryora revive esa sociedad política informal, reactivando los viejos canales de diálogo con el macrismo en un contexto de dispersión nacional.

    La decisión de sumar a Felippa -exjefe de la Unión Industrial de Córdoba y expresidente de Fadea con Macri- y a Lacunza no es casual. El exministro de María Eugenia Vidal y del tramo final de Cambiemos a nivel nacional ya venía orbitando la provincia; el año pasado había sido el expositor estrella en las jornadas de negocios organizadas por el propio banco provincial, donde terminó de consolidar los lazos con la primera línea del oficialismo cordobés.

    Los números que maneja la entidad financiera también explican el apuro político. Si bien los balances del primer trimestre mostraron una recuperación con utilidades netas por $9.176 millones (revirtiendo el rojo del trágico 2025), la verdadera alarma que encendió los despachos oficiales es el índice de morosidad, que trepó al 8,54%.

    La crisis golpea a través de tarjetas de crédito y préstamos personales. En ese escenario de vulnerabilidad económica y tensión social, Llaryora sabe que la estabilidad de los números no alcanza si no está respaldada por un esquema de gobernabilidad robusto y con fuerte gestualidad al círculo rojo cordobés.

    De hecho, al anunciar los cambios en el banco, Llaryora dijo: «Contar con un banco provincial fuerte, moderno y competitivo es una decisión estratégica para el presente y el futuro de los cordobeses».

     

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    Más casta no se consigue: Santilli reemplazará a Adorni

     

    El recambio en la Jefatura de Gabinete vuelve a exponer la lógica de concentración política del oficialismo libertario, que ahora deposita ese cargo clave en Diego Santilli, un dirigente que atraviesa distintas etapas del poder político argentino desde hace más de dos décadas y cuya trayectoria está profundamente entrelazada con el PRO, el macrismo porteño y la estructura estatal de la Ciudad de Buenos Aires.

    Por Tomás Palazzo para NLI

    La salida de Manuel Adorni y su reemplazo por Santilli no solo implica un cambio de nombres: reordena el tablero interno del Gobierno y reabre el debate sobre el perfil de quienes ocupan los principales despachos del Ejecutivo. En ese contexto, el nuevo Jefe de Gabinete asume con un historial político que lo vincula a múltiples espacios de poder, siempre dentro del mismo ecosistema de gestión y negocios del Estado.

    De la política porteña al corazón del poder

    Diego Santilli inició su recorrido político en la órbita de la Ciudad de Buenos Aires, donde ocupó distintos cargos durante los gobiernos del PRO. Fue parte del armado que consolidó la estructura política de Mauricio Macri en territorio porteño y luego vicejefe de Gobierno durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta.

    Desde ese lugar, no solo tuvo injerencia en áreas sensibles de la administración, sino que también quedó asociado a un entramado de decisiones políticas y administrativas que, con el correr de los años, derivaron en reiteradas observaciones sobre el modo de contratación del Estado porteño y la cercanía entre funcionarios, militancia y empresas proveedoras.

    Contratos, vínculos y la lógica del Estado como ecosistema político

    Uno de los casos más mencionados en investigaciones periodísticas refiere a la adjudicación de contratos a una empresa vinculada políticamente a su entorno, SOCIV SRL, que recibió múltiples licitaciones en el ámbito del Gobierno de la Ciudad. Se destacan millonarios contratos para servicios de mantenimiento y obras públicas, adjudicados en el marco de una licitación del Ministerio de Espacio Público y Medio Ambiente porteño .

    Otro antecedente remite a la adjudicación del servicio de mantenimiento del Campo de Golf Juan Bautista Segura, por casi 15,6 millones de pesos, también en la Ciudad, en un proceso donde la firma terminó siendo beneficiaria tras la desestimación de otros oferentes .

    Estos hechos fueron señalados por distintos medios críticos como parte de una dinámica recurrente de contratación estatal en la que confluyen militancia política, vínculos personales y gestión pública dentro del mismo círculo de poder.

    El entramado político y la acumulación de poder

    Más allá de los contratos puntuales, el recorrido de Santilli muestra una característica constante: su permanencia dentro de los núcleos de decisión del PRO, acompañando distintas etapas del macrismo desde la Legislatura porteña hasta la Vicejefatura de Gobierno y su proyección nacional posterior.

    En paralelo, su nombre ha sido mencionado en investigaciones periodísticas y denuncias mediáticas que apuntan a la existencia de estructuras societarias y vínculos empresariales asociados a su entorno político y familiar, en el marco de un sistema donde la frontera entre gestión pública y redes privadas aparece frecuentemente difusa.

    El nuevo jefe de gabinete y la continuidad del poder

    Su llegada a la Jefatura de Gabinete en reemplazo de Adorni no introduce una figura externa ni disruptiva, sino que consolida la circulación de dirigentes dentro del mismo universo político que ha gobernado la Ciudad de Buenos Aires durante más de una década.

    En ese sentido, el nombramiento de Santilli refuerza la idea de continuidad más que de renovación: un dirigente formado en la estructura del PRO, con trayectoria en la administración pública porteña y fuerte inserción en los engranajes del Estado, ahora trasladado al centro de coordinación del Gobierno nacional.

     

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  • Que el cielo nos corresponda

     

    Intentemos responder una pregunta que seguramente se esté haciendo usted, atenta lectora, perspicaz lector. ¿Es el mundial de fútbol una pantalla para distraernos? La respuesta es clara: sí. Por supuesto que sí, vos sabés que sí. Inserte video de Cristina con Novaresio en loop. El mundial nos distrae, nos entretiene, nos hace olvidarnos por un rato del préstamo en Mercado Pago o el arreglo del auto que no sabemos cómo pagar. Nada muy distinto a ir al cine o mirar los patos en el Rosedal. La diferencia entre estas dos actividades y el mundial, todas unidas por el arte de observar, es que difícilmente usted se pare y festeje en el cine cuando el bueno derrota al malo o cuando un pato vuela. En cambio, es mucho más probable que usted grite como un desaforado, como quien encuentra un tesoro o un pendrive, cuando el arquero de Cabo Verde le saca un gol a España o cuando el ocho de Curazao le hace uno a Alemania. Nos distraemos con el mundial, pero también nos ilusionamos con una idea que, a priori, parece irreal: que, por una vez, aunque sea por un rato, los débiles le afanen algo a los poderosos.

    Pausa de hidratación.

    Alerta aeropuertos

    El jueves 11 de junio, después de semanas, quizás meses, salió el sol en la ciudad de Buenos Aires. El motivo era evidente: esa tarde, después de tres años y medio, empezaba un nuevo mundial. En los días previos, las noticias parecían el programa Alerta aeropuertos: al árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan le prohibieron el ingreso a Estados Unidos, las selecciones de Uzbekistán y Senegal eran revisadas como potenciales terroristas, Canadá le negó el ingreso a Thomas Partey, volante de Ghana, debido a sus causas por violencia de género y parte del cuerpo técnico iraní no podría estar presente en los partidos de su selección. Deportaciones y persecución, otro día en el maravilloso mundo de Donald Trump. Irán, la gran protagonista de los comentarios geopolíticos, tiene su concentración en México y viaja a Estados Unidos en cada fecha. Esto, claro, frente a una guerra que hasta ayer bombardeaba escuelas y hospitales parece un dato menor. Es difícil encontrar un caso similar al de Irán y Estados Unidos, en el que dos países en guerra participen del mismo mundial con uno de ellos como sede principal.

    En la cabeza calva de Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, este es un ejemplo de cómo el fútbol puede unir a pesar de las diferencias geopolíticas —un eufemismo para no hablar de bombas e imperialismo—. Él garantizó que la selección iraní pueda presentarse al mundial a pesar de Trump y la guerra. Infantino se ve a sí mismo como un pacificador. Al menos eso intenta, como cuando buscó que los presidentes de las federaciones palestina e israelí se dieran la mano. Sorpresa: no ocurrió.

    Infantino puede mirarnos y decirnos que estemos chill, como dijo en la conferencia de prensa previa a la inauguración. Un periodista aprovechó para preguntarle qué tan chill se podía estar cuando el país anfitrión negaba el acceso y si había perdido el control del mundial. “Cuando digo que estén chill, no digo que no hagamos nada. Digo que confíen en nosotros. Detrás de escena, estamos trabajando”. Dos días antes de viajar a Estados Unidos, todavía en México, un olor alertó a la concentración iraní. Llamaron a la policía. En un auto con patente estadounidense encontraron un cadáver. Total normalidad. Irán viajó a Los Ángeles para jugar su partido contra Nueva Zelanda, en un estadio colmado por iraníes que viven en Estados Unidos. En la previa los futbolistas no quisieron opinar sobre la guerra entre su país y el anfitrión, ya habían llegado a México con un pin con el número 168, en homenaje a las víctimas de uno de los bombardeos. El partido transcurrió con normalidad. Salvo por dos hechos que habrán roto la calma chill de Infantino. Después de uno de los goles, en la tribuna de Irán aparecieron unas letras que decían: MINAB 168. Y Mohamad Mohebi festejó el segundo haciendo de sus manos dos armas con las que disparó imaginariamente al aire. Todo gol es político. Quizás el próximo paso de la FIFA sea prohibir los goles iraníes.

    El mundial mcdonalizado

    El mundial que arrancó el jueves pasado tiene la particularidad de haberse inaugurado tres veces. Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal e inauguraban un mundial. Primero en México, después en Canadá y finalmente en Estados Unidos. La noche anterior a la primera apertura, la mexicana, Manuel Adorni nos contó los beneficios de invertir en criptomonedas y guardarlo para la posteridad en un pendrive. Algo une a Infantino con el jefe de Gabinete, además de un pasado con alopecia, y es la gran diferencia entre la imagen que proyectan de sí mismos frente a lo que ven el resto de los mortales.

    La primera sorpresa se dio antes de que la pelota se moviera y tuvo que ver con una canción. No, nada que ver con Shakira y su supuesta doble. Para esta copa, la FIFA innovó en el ingreso de los equipos. Ahora entran a la cancha los planteles completos y rodean el círculo central. En cada partido de fondo suena “Sirius”, una canción de 1982, escrita y ejecutada por Alan Parsons, la misma que daba la bienvenida a los Chicago Bulls de Jordan. Un souvenir, un mojón de estos tiempos donde todo se refrita: camisetas retro homenajeando viejos equipos, discos de duetos reviviendo canciones, formatos televisivos imitados en stream. Deje de gritarle a la nube, anciano, dirá el lector.

    El partido inaugural repitió el del Mundial de 2010: México contra Sudáfrica. Los sudafricanos entraron al calentamiento entonando en coro una canción llamada “Shosholoza”, un viejo canto de los trabajadores que llegaban de Zimbabue a trabajar en las minas. La canción, que habla de la unión colectiva, no se vio reflejada dentro de la cancha: Sudáfrica perdió dos a cero contra México y fue uno de los equipos más flojos de la primera fecha. Lo peor de ese partido y de todos los partidos es esa aberración llamada “pausa de hidratación”. Culin breik. El fútbol desde sus inicios se jugó en dos tiempos de cuarenta y cinco minutos, pero la basquetbolización, la locura de Infantino por encantar a los yanquis y la inescrupulosa búsqueda de beneficios por parte de la televisión, nos traen la novedad de partir cada tiempo en dos. Con el espanto de meter un corte comercial de tres minutos que corta el ritmo del partido y la atención de los que lo miramos.

    Los yanquis le devolvieron los mimos a la FIFA: llenaron el estadio y le pusieron onda. Tom Cruise, Paris Hilton, una tipa vestida de la estatua de la libertad y Leo Di Caprio. Lloraron faltas, abuchearon al árbitro y gritaron iu-es-ei. Puede que Infantino sea recordado como el presidente que conquistó a los yanquis. El resto del mundo se acordará de él como un traidor.

    Esa misma primera noche Corea del Sur mostró que no todo es BTS, que la evolución de los últimos mundiales sigue su camino y le ganó a Chequia —el rebranding de República Checa, antes Checoslovaquia—. Corea del Sur es uno de los ejemplos de que al mundial de 48 selecciones hay que tenerle paciencia. Si hay que darle tiempo a algo, mejor que sea a un mundial y no a un ministro que se timbeó el país en temporadas anteriores. Otros casos testigo son Japón, Marruecos, Arabia Saudita, Egipto o Senegal, selecciones que empezaron a clasificar con regularidad con los mundiales de 32 —a partir de Francia 98— y fueron creciendo con el correr de las competencias. Lo mismo ocurrirá más temprano que tarde con otras naciones que ganen competencia con este nuevo formato. Seguramente haya que esperar un par de mundiales para ver como se materializa esta humilde profecía, aunque en esta edición ya vimos cómo varios seleccionados que supuestamente eran relleno le hicieron partido a las grandes potencias. Haití se paró de manos contra Escocia. Y Cabo Verde, saludo a su comunidad afincada en nuestro Dock Sud, le robó un empate a la candidata España. Algo une a Haití con Cabo Verde, además de su carácter insular, y es la conformación de sus planteles con futbolistas que no nacieron en esos países. El mundial de los hijos de las diásporas. 

    Se lleva en la sangre

    A finales de la década del noventa, Francia y Países Bajos empezaron a incluir futbolistas nacidos en sus colonias o a los hijos de migrantes relegados a los márgenes de las grandes ciudades. El documental Les bleus cuenta cómo la selección francesa campeona del mundo en 1998, colaboró para que parte de la sociedad reconociera como compatriotas a los negros y a los árabes. Las grandes figuras de esa selección tenían su origen en lo que muchos consideraban extranjeros y otros, como Jean-Marie Le Pen, como invasores. El siglo XXI siguió en esa dirección, las potencias europeas buscaban sus talentos en los márgenes y los márgenes eran migrantes. El fútbol necesita del desorden y este no se encuentra en la pulcritud de las academias. Así aparecen Lamine Yamal, figura de España y de padres marroquíes; Kylian Mbappé, crack francés de sangre argelina; Folarin Balogun, goleador de Estados Unidos de origen nigeriano; Jamal Musiala, talentoso alemán también de familia nigeriana.

    El caso más extraño se dio en el partido entre Suecia y Túnez cuando Yasin Asari marcó el primer gol para los suecos y pidió disculpas. La famosa ley del ex, pero versión selecciones. Asari tiene origen tunecino así que no gritó el gol. Algo similar a lo que ocurrió el mundial pasado cuando Achraf Hakimi, nacido en España, hizo el penal con el que Marruecos eliminó a su país de origen. Este último caso creció en los últimos dos mundiales. Ahora también son las selecciones “menores” las que buscan futbolistas nacidos fuera de su territorio. Los hijos de la diáspora. En el partido entre Marruecos y Brasil, por ejemplo, la selección marroquí llegó a alinear once jugadores nacidos en otros países. Roberto Lopes juega para Cabo Verde y su primer contacto con la selección, fue a través de Linkedin. Contó que cuando leyó el mensaje que le había enviado el entonces entrenador caboverdiano, creyó era un spam. Otro es Jean-Ricner Bellegarde, el diez de Haití, nacido en Colombes, Francia. Los ejemplos sobran, en total son 289 futbolistas los que nacieron fuera de los países que representan.

    El debate sobre la representación se abre en dos direcciones: están los que deciden representar al país donde nacieron y los que prefieren defender la bandera de sus madres y padres. La discusión de fondo es si tira más la tierra o la sangre. En los casos de las grandes selecciones hay una paradoja: aquellos habitantes que suelen ser discriminados, condenados a vivir en guetos, son mirados con cariño cuando hacen goles y juegan bien al fútbol. Los resultados exponen la hipocresía, cuando ganan son compatriotas —como en el caso de los campeones del mundo en Francia en el 98 o en el 2018— pero cuando pierden es por culpa de esos mismos extranjeros. Algo así planteó el diputado provincial libertario Agustín Romo luego del empate entre España y Cabo Verde: “El problema de la selección de España es que la mitad no son españoles”. Había que preguntarle qué pensaba en la Eurocopa pasada cuando España ganaba con las gambetas de Lamine Yamal. Escenas de fútbol y xenofobia, como las que se vivieron en marzo de este año en el amistoso entre españoles y egipcios en el RCDE Stadium de Barcelona. Esa noche catalana  cantaron “musulmán el que no bote”. Musulmán como Yamal, su principal figura. Lamine expuso a sus compatriotas: “Sé que iba por el equipo rival y no era algo personal contra mí, pero como persona musulmana no deja de ser una falta de respeto y algo intolerable”.

    Kansas City, here we go

    Jerome Leiber y Michael Stoller, dos compositores estadounidenses de rhythm and blues, tuvieron escondida una de sus grandes joyas durante casi diez años. A comienzos de la década del cincuenta, escribieron una canción que grabó Little Willie Littlefield con el título “KC lovin’”. Casi el nombre de un combo en KFC, la casa de comidas rápidas que comparte iniciales con Cristina. Varios años después, Wilbert Harrison grabó la versión que se haría mundialmente famosa con otro título: “Kansas City”. Kansas City allá vamos podría ser uno de los videos motivacionales que publica la AFA. Esta noche, después de empacharnos esperando las derrotas de las grandes selecciones, llega nuestro debut. Hace doce años que Argentina no gana en su primer partido. Hago esta aclaración para aquellos que piensan que Argelia es cosa fácil, como soplar y hacer botellas o twittear pavadas siendo presidente.

    Como en 2022, el debut nos agarra moqueando. Dos días antes del partido contra Arabia Saudita en Qatar, se nos fue Hebe de Bonafini. Ahora nos toca llorar a Taty Almeida. En tiempos de sentirnos cada vez más solos, los partidos de la selección son una posibilidad para juntarnos y creer en algo. La ilusión no se negocia, las ganas de alegrarnos por algo tampoco. Por un mes y pico, en el mejor de los casos, las charlas no rondarán en torno a deudas, despidos o la utopía de llegar a fin de mes, esperamos por lo menos mecharlas con elogios a los movimientos de Enzo Fernández, comentarios a los bailes de Dibu Martínez o elucubraciones sobre la relación entre Messi y el paso del tiempo. 

    La Scaloneta llega un poco recauchutada. Si bien son pocos los nombres nuevos respecto del mundial anterior, las noticias en estos últimos días son partes médicos. Que el Dibu se pudo poner guantes, que Julián llega bien, que Tagliafico se pierde la primera fase, que Paredes tiene o no tiene un desgarro, que Cuti Romero está joya nunca taxi. Arrancar un mundial con jugadores sin ritmo es peligroso, pero quiénes somos nosotros, simples mortales, para discutir con el Comandante Scaloni.

    El rival, como hace cuatro años, es un equipo árabe. Argelia cuenta como principales figuras a Riyad Mahrez y a Luca Zidane, el hijo de Zinedine. Argentina tiene la chance de ser la primera selección sudamericana en ganar en este mundial, luego de las derrotas de Paraguay y Ecuador, y los empates de Brasil y Uruguay. Argelia, después Austria y el cierre con Jordania. Con un ojo ansioso puesto en el grupo de Uruguay y España: el segundo de ese grupo será nuestro rival en dieciseisavos de final. Y sí, en estos momentos, en la previa a un debut, uno solo imagina lo mejor, eso empieza con pasar primeros.

    En estos días volví a escuchar Es mentira, el primer y poco valorado disco de Miranda. Las canciones ya tienen esa mezcla entre Virus, Depeche Mode y Valeria Lynch que los caracteriza. Entre ellas encontré un mantra para estas horas previas. “Qué será”, se pregunta Ale Sergi en “Horóscopo”. “Será lo que Dios disponga”, se consuela. Pero luego se anima a soñar, en una frase para tatuarse cuando arranca un mundial: “Que el cielo nos corresponda”.

    La entrada Que el cielo nos corresponda se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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