Las broncas de Jaldo y Sáenz activan el plan tácito del gobierno de pelear las capitales en lugar de las gobernaciones

Las broncas de Jaldo y Sáenz activan el plan tácito del gobierno de pelear las capitales en lugar de las gobernaciones

 

En la Rosada analizan resignar la pelea por ganar algunas provincias en 2027 y concentrarse en las capitales para no detonar la relación con los gobernadores aliados que necesitan para sacar leyes en el Congreso.

Los gobernadores aliados empezaron a exhibir su malestar por el doble juego que los libertarios, que buscan complicarlos en sus provincias al mismo tiempo en el que les exigen respaldo a nivel nacional.

El que levantó la voz con mayor ahínco fue el tucumano Osvaldo Jaldo, que se quejó delante de Diego Santilli por el zumbido constante de Lisandro Catalán, mano derecha de Guillermo Francos.

El ex vicejefe de gabinete, que cuando estaba en la Rosada usaba recursos para la campaña tucumana incluso comprando medios locales, quiere pelearle la gobernación al peronismo en 2027. El reclamo de Jaldo llegó a la mesa política, así como el del salteño Gustavo Sáenz, inquieto por la buena imagen de la senadora libertaria Emilia Orozco.

En la mesa política coincidieron en que los aliados tienen razón en reclamar y «desactivarán» a Catalán en las próximas semanas. Pero la coincidencia no se da tanto por una cuestión de códigos de la política sino por mero cálculo electoral. 

En la Rosada creen que ganarles a esos gobernadores a nivel provincial será muy difícil, en especial en Tucumán en donde el peronismo ganó en las últimas dos décadas amparado en la sombría ley de acoples.

La mesa política del gobierno

La idea que surgió en la mesa de la que participan Santilli, Karina Milei, Patricia Bullrich, Lule Menem y Santiago Caputo fue concentrarse en ganar las capitales, un objetivo mucho más al alcance.

El frente Cambiemos supo explotar ese recurso en el pasado. Cuando Mauricio Macri llegó a la presidencia, se quedó con una porción importante de las capitales provinciales y desde allí sentó una base que le permitió a ese frente ganar en diez provincias años después.

En el caso de San Miguel de Tucumán, los libertarios tienen a un candidato con alta imagen como Federico Pelli, hijo del prestigioso arquitecto César Pelli, que ya entró como diputado nacional en la lista de La Libertad Avanza. La capital tucumana suele tener un electorado refractario al peronismo, si bien la actual intendenta, Rossana Chahla, ganó el municipio con un frente peronista. Los libertarios empezaron a caminar la provincia con los referentes de Creo, el partido que comanda la ex diputada Paula Omodeo que tiene fuerte ascendencia en las clases acomodadas de Tucumán. Con esa alianza, los libertarios creen que pueden ganar no sólo en la capital sino también en Yerba Buena.

En Salta, en tanto, Sáenz, espera que los libertarios hagan desistir a Emilia Orozco de competir la gobernación y que la hagan bajarse a la capital.

 

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    Un tuit del abogado Gregorio Dalbón volvió a poner en foco un recorrido político atravesado por muertes, violencias, encubrimientos y relatos oficiales construidos antes de cualquier verdad judicial. Desde Nisman hasta el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner, el nombre de Patricia Bullrich aparece siempre en el mismo lugar: el del poder que explica, señala y se desentiende.

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    El planteo de Gregorio Dalbón no es una consigna suelta ni una reacción emocional. Es una enumeración precisa de seis hechos gravísimos de la historia reciente argentina en los que Patricia Bullrich tuvo un rol político directo o determinante, siempre desde lugares de poder estatal y siempre antes de que la Justicia pudiera hablar con pruebas y no con conferencias.

    No se trata de igualar causas ni de forzar comparaciones. Se trata de observar un patrón político reiterado: muertes o hechos violentos incómodos para el poder, una ministra que aparece rápido, un relato cerrado que exonera al Estado y una ausencia total de autocrítica cuando el tiempo demuestra que las explicaciones iniciales eran, como mínimo, falsas o incompletas.

    Seis casos, un mismo libreto

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    En el caso Santiago Maldonado, como ministra de Seguridad, defendió a la Gendarmería desde el primer minuto, negó la desaparición forzada y acusó a la propia familia y a organismos de derechos humanos de “politizar” el hecho. La Justicia terminó estableciendo que Maldonado murió ahogado, pero Bullrich nunca explicó por qué encubrió el accionar represivo previo ni asumió responsabilidad política alguna.

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    El nombre de Fabrizia Pegoraro se suma a una lista menos mediática pero igual de inquietante: violencias institucionales minimizadas, responsabilidades diluidas y silencio político posterior. Cuando el caso deja de servir al discurso, desaparece del micrófono.

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    Siempre antes, nunca después

    El hilo conductor es claro y demoledor: Bullrich siempre aparece antes del fallo, nunca después. Siempre con certezas anticipadas, nunca con dudas. Siempre señalando culpables ajenos, nunca haciéndose cargo del área que condujo.

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