Mientras el cobre alcanza precios récord y dispara la fusión de Glencore y Río Tinto, en Argentina se demoran las inversiones
El cobre está tocando precios récord y la posible fusión de los gigantes Rio Tinto y Glencore sacude los mercados mundiales. El metal rojo es el nuevo cuello de botella del capitalismo tecnológico.
La fusión de Rio Tinto y Glencore crearía la mayor minera del mundo, con una valuación superior a los USD 200.000 millones. Los precios ya dieron la señal del apetito por este metal. Subieron 41% el año pasado y en 2026 marcaron un récord histórico de USD 5,92 por libra. El temor es claro. La demanda avanza más rápido que la oferta, empujada por la inteligencia artificial, los autos eléctricos, las energías renovables y hasta el gasto militar. El cobre está en cañerías y cables, pero también en semiconductores, baterías, municiones.
S&P Global calcula que hacia 2040 la demanda superará a la oferta en un 25%, unas 10 millones de toneladas métricas, si no hay un salto fuerte de producción. El especialista Daniel Yergin lo resumió con una frase: el cobre puede ser un facilitador del progreso o transformarse en un freno para la innovación.
Más anuncios que inversión: la especulación de los «mineros de café» traba la explotación real
Ese escenario explica por qué las mineras prefieren comprar antes que excavar, un fenómeno bien conocido en provincia mineras como San Juan, donde ya hablan de los «mineros de café», como reveló LPO. Desarrollar una mina nueva puede llevar décadas y demanda inversiones de miles de millones de dólares. Argentina tiene el metal, pero todavía no ofrece certezas macroeconómicas y el libre giro de divisas sigue siendo una promesa.
Ese movimiento global tuvo un efecto inmediato en la Argentina. Las versiones sobre la compra de Glencore por parte de Rio Tinto sacudieron el tablero local. Incluso BHP, la mayor minera del mundo por valor de mercado, dejó trascender que no hará una contraoferta y mirará desde afuera cómo evolucionan las negociaciones.
El interés de la Argentina en la fusión no es casual. Las tres mineras presentaron proyectos millonarios para ingresar al RIGI y la Argentina aparece como una pieza estratégica.
Rio Tinto consolidó en 2025 una posición dominante en litio tras comprar Arcadium Lithium, quedándose con Olaroz y Fénix, entre otros activos. Glencore, en cambio, juega fuerte en cobre, con proyectos en San Juan y Catamarca que ganan valor en un mundo con déficit estructural del metal.
El yacimiento de El Pachón, en Calingasta San Juan, en la Cordillera de los Andes.
Dentro de los proyectos para la producción cuprífera sobresale El Pachón. Es el yacimiento de cobre más grande del país y el proyecto con la propuesta de inversión más alta presentada al RIGI: USD 9.500 millones. Pero mientras el gobierno de Milei difunde cifras siderales de inversión, la realidad es más pobre: la campaña de exploración de este verano demandará apenas USD 18 millones entre enero y abril.
«Argentina es un país con algunas provincias mineras, tenemos que ser un país minero»
El contraste es todavía más visible en Mendoza. Allí, la canadiense Kobrea Exploration inició la fase 1 de exploración del proyecto El Perdido, en Malargüe. Es una minera junior, con bajo perfil y desembolsos acotados. Planea invertir unos USD 20 millones y opera dentro del Malargüe Distrito Minero Occidental, la apuesta oficial para reactivar la minería en el sur provincial. Es, hoy, de lo poco que se mueve en campo.
Algo similar ocurre con Los Azules, otra mina sanjuanina y uno de los proyectos de cobre más avanzados del país. McEwen Copper presentó el estudio de factibilidad, tiene el ambiental y el RIGI aprobados y promete producción hacia 2030, con hasta 148.000 toneladas anuales. Pero todavía no tomó la decisión final de inversión. Sin ese paso, no hay obra. En la zona se ven las camionetas Toyota nuevas y unas oficinas espléndidas, pero en el yacimiento todavía no pasa nada importante.
La foto completa deja una conclusión incómoda. Mientras el mundo se prepara para un shock de demanda de cobre sin precedentes, la Argentina sigue esperando que sus proyectos «clase mundial» arranquen de verdad. Hoy, el único que produce es Martín Bronce, en Jujuy, con volúmenes bajos y 32 empleados en un solo turno.
Bajo la Alumbrera cerró en 2018 y el resto sigue en carpeta. «Tenemos cobre para alimentar la transición energética global, pero seguimos discutiendo cuándo empezar», concluyó un ejecutivo del sector. La demora local empieza a parecer un lujo que el país no puede darse.

