Un hallazgo en África que obliga a reescribir la historia de la evolución humana
Redefinirían el origen del Homo sapiens
Por Alcides Blanco para NLI

Mandíbula ThI-GH-10717: (4) vista lateral derecha; (5) vista oclusal.
Mandíbula ThI-GH-10978: (6) vista lateral; (7) vista lingual.
Un reciente descubrimiento arqueológico en Marruecos volvió a sacudir las bases de la historia evolutiva humana. Nuevos restos fósiles de homínidos, hallados en la cantera Thomas I, en las cercanías de Casablanca, aportan evidencia concreta de que la evolución del género Homo en África fue mucho más compleja, diversa y temprana de lo que durante décadas sostuvo el relato dominante de la paleoantropología.
Los fósiles, con una antigüedad estimada en alrededor de 773.000 años, corresponden a individuos que no encajan plenamente en ninguna de las especies humanas clásicamente aceptadas. No son Homo antecessor, no son Homo heidelbergensis, pero tampoco pueden clasificarse como una forma temprana de Homo sapiens. Justamente allí radica su enorme importancia histórica.
Un eslabón africano olvidado
Durante mucho tiempo, la narrativa científica estuvo fuertemente eurocentrada. Sitios como Atapuerca, en España, ocuparon el centro del escenario al momento de explicar los orígenes del linaje humano moderno. Sin embargo, este nuevo hallazgo en el norte de África refuerza una idea cada vez más sólida: África no fue sólo el lugar de origen de la humanidad, sino también el escenario de múltiples linajes humanos coexistiendo, mezclándose y desapareciendo.
Las mandíbulas, dientes y vértebras recuperadas presentan una combinación de rasgos primitivos y otros sorprendentemente avanzados para su antigüedad. Esa mezcla sugiere la existencia de poblaciones africanas arcaicas que podrían haber sido ancestros comunes tanto de los humanos modernos como de los neandertales y denisovanos, mucho antes de lo que indicaban los modelos tradicionales.
Datación precisa y contexto cultural
El contexto geológico del sitio permitió aplicar técnicas de datación altamente confiables, ubicando los restos cerca del límite Matuyama–Brunhes, un punto clave del Pleistoceno medio. Esta precisión temporal convierte al hallazgo en uno de los registros humanos mejor datados de ese período en África.
Junto a los restos humanos aparecieron herramientas líticas de tipo achelense, lo que demuestra que estos homínidos no sólo caminaban erguidos y tenían una anatomía compleja, sino que también dominaban tecnologías de fabricación de instrumentos, cazaban y se adaptaban activamente a su entorno.
El fin de una evolución lineal
Este descubrimiento golpea de lleno a una de las ideas más persistentes del siglo XX: la evolución humana como una línea recta, ordenada y progresiva. La evidencia muestra exactamente lo contrario: una historia hecha de ramificaciones, cruces, adaptaciones regionales y extinciones.
Lejos de ser una excepción, estos fósiles africanos confirman que el camino hacia Homo sapiens fue un proceso largo, caótico y profundamente colectivo, en el que distintas poblaciones humanas aportaron rasgos que, miles de años después, terminarían confluyendo en nuestra especie.
Marruecos, clave para entender quiénes somos
El norte de África vuelve a posicionarse como una región central para comprender los orígenes de la humanidad. Desde Jebel Irhoud hasta la cantera Thomas, Marruecos ofrece un registro fósil que desarma prejuicios, cuestiona dogmas y obliga a revisar los manuales de historia.
Cada nuevo hallazgo confirma que la historia humana no pertenece a un solo continente ni a una sola tradición académica. Es una construcción global, profundamente africana en sus raíces, y mucho más compleja de lo que el sentido común heredado quiso admitir.


