SE DECLARÓ DE INTERÉS MUNICIPAL LA CREACIÓN DE LA AGRUPACIÓN «VALKIRIAS ROSAS”
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SE DECLARÓ DE INTERÉS MUNICIPAL LA CREACIÓN DE LA AGRUPACIÓN «VALKIRIAS ROSAS”

SE DECLARÓ DE INTERÉS MUNICIPAL LA CREACIÓN DE LA AGRUPACIÓN «VALKIRIAS ROSAS”

El Concejo Deliberante aprobó por unanimidad la Declaración de Interés Municipal; la creación de la “Agrupación Valkirias Rosas”, que desarrolla la actividad náutica “Remo por la Vida”, con el objetivo de promover la actividad del remo, como tratamiento post quirúrgico oncológico de mama.

Este proyecto fue elevado por los ediles de la Comisión de Asuntos Sociales, quienes habían tratado el tema en particular. La aprobación se resolvió de manera unánime en la sesión del jueves 6 de mayo.

Algunas de las consideraciones detalladas en el Proyecto de Declaración Ingresado destacan los siguientes aspectos:

  • Que varios estudios científicos publicados han demostrado que la actividad deportiva del remo, puede beneficiar a las personas que han padecido cáncer de mama.
  • Que los movimientos rítmicos y cíclicos de los brazos en el desarrollo del remo, ayudan al drenaje linfático, favoreciendo así la prevención del Linfedema o edema de los brazos, que se produce con frecuencia por la extirpación o daño de los ganglios linfáticos, como parte del tratamiento oncológico mamario.
  • Que este grupo formado por mujeres de entre 47 a 70 años de edad, algunas profesionales, comerciantes, amas de casa, que cursan o han cursado un cáncer mamario, como sentido de identidad han decidido nombrarse “Valkirias Rosas” en honor a las primeras mujeres guerreras vikingas.
  • Que el esfuerzo de Valkirias ante el desafío nos demuestra como sociedad, que nada es imposible y nos inspira con su ejemplo a no renunciar ante la adversidad, a pensar que vale la pena remar para adelante y que nada nos detiene cuando se tiene determinación.
  • Que el ejemplo de Valkirias, ha logrado el reconocimiento y acompañamiento de importantes instituciones y agrupaciones, como la Secretaría de Deportes de Río Negro, Municipalidad de Villa Regina, Hospital Área Villa Regina, LALCEC Villa Regina, Rotary Club de Villa Regina, Área de Mamografía del Hospital de San Antonio Oeste, LALCEC San Antonio Oeste, Agrupación Rosa Fénix de Neuquén entre otras.

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    Una independencia que no quería cambiar de dueño: Malvinas, Milei y la paradoja de enfrentar a Londres bajo el paraguas de Washington

     

    Milei volvió a reivindicar Malvinas y anunció sanciones contra empresas que operen allí, mientras acelera la base naval de Ushuaia. La historia de 1816 plantea una pregunta incómoda sobre la soberanía.

    Por Roque Pérez para NLI

    Bandera de Estados Unidos flamenado en Ushuaia (2024)

    En 1816, cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata decidieron romper formalmente con la monarquía española, había una cuestión que iba mucho más allá de la ruptura con Fernando VII. La independencia no podía significar simplemente dejar de obedecer a Madrid para comenzar a obedecer a otra capital. Por eso, diez días después de aquella declaración del 9 de julio, el Congreso de Tucumán incorporó una precisión que tiene una vigencia política sorprendente dos siglos más tarde: las Provincias Unidas serían una nación libre e independiente «del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli» y «de toda otra dominación extranjera». El agregado no fue decorativo ni una corrección de estilo. Pedro Medrano pidió incorporarlo expresamente para despejar los rumores sobre posibles proyectos destinados a colocar al nuevo país bajo la autoridad de otra potencia, en particular frente a las especulaciones relacionadas con Portugal.

    Ese detalle histórico adquiere otra dimensión después del discurso que Javier Milei pronunció ayer en cadena nacional, en el que volvió a colocar la cuestión Malvinas en el centro de la escena política argentina. El Presidente anunció un endurecimiento de las sanciones contra las empresas que participen de proyectos de explotación de hidrocarburos en las islas sin autorización argentina y anticipó medidas destinadas a reforzar las capacidades defensivas en Tierra del Fuego, incluyendo la aceleración de la construcción de la Base Naval Integrada de Ushuaia. Según explicó, esa infraestructura debería convertirse en un polo estratégico para la presencia argentina en el Atlántico Sur.

    La reivindicación de la soberanía argentina sobre Malvinas, por supuesto, no constituye ninguna novedad ni pertenece a un gobierno determinado: es una política de Estado respaldada por décadas de diplomacia argentina y por la propia Constitución Nacional. Lo que vuelve políticamente particular el discurso de Milei es el contexto internacional en el que aparece y la arquitectura de alianzas que el Gobierno construyó desde su llegada al poder. Porque mientras el Presidente vuelve a confrontar discursivamente con el Reino Unido por la ocupación de las islas, su estrategia geopolítica ha colocado a Estados Unidos en un lugar privilegiado, precisamente en materia militar, logística y estratégica.

    La frase de 1816 que vuelve como una pregunta incómoda

    La historia del agregado del 19 de julio tiene una fuerza simbólica difícil de ignorar. El Congreso no se conformó con declarar la ruptura con la Corona española. Quiso dejar escrito que la emancipación no habilitaba el reemplazo de una dependencia por otra. La documentación histórica conservada por el propio Estado argentino señala que aquella fórmula adicional buscaba sofocar los rumores sobre una eventual dominación extranjera, mientras otras reconstrucciones históricas explican que existían especulaciones sobre un posible sometimiento al rey de Portugal.

    La idea de fondo era mucho más profunda que la disputa circunstancial entre distintas facciones políticas. Ser independiente significaba conservar la capacidad de decidir el propio destino, incluso cuando el escenario internacional obligara a negociar, establecer alianzas o convivir con potencias mucho más poderosas. San Martín, Belgrano y buena parte de los dirigentes de aquel proceso entendían que la emancipación debía ser continental y que la supervivencia de las nuevas naciones dependía, en buena medida, de no quedar sometidas a los intereses de las grandes potencias de la época. El propio Estado argentino reconoce que el Congreso de 1816 rechazó fórmulas intermedias que pudieran desembocar en alguna forma de protectorado.

    Dos siglos después, la pregunta puede formularse de otra manera: ¿se puede hablar de soberanía plena sobre Malvinas mientras la estrategia para defender esa soberanía queda estrechamente asociada a una potencia extranjera?

    No se trata de equiparar automáticamente una base militar contemporánea con un protectorado colonial del siglo XIX. Sería históricamente incorrecto. Una cooperación militar no implica por sí misma pérdida de soberanía. Pero sí resulta legítimo discutir qué intereses estratégicos persigue esa cooperación, quién define sus objetivos y qué margen conserva la Argentina para establecer una política autónoma en el Atlántico Sur.

    Y ahí aparece un antecedente que resulta particularmente incómodo para el relato actual.

    En abril de 2024, Milei había dicho que la instalación de una base estadounidense en Ushuaia constituía «el primer paso» para recuperar las Malvinas. En aquella oportunidad sostuvo que Estados Unidos era su aliado y vinculó explícitamente la presencia militar norteamericana en Tierra del Fuego con el reclamo argentino sobre las islas y la Antártida. También había destacado la visita de la entonces jefa del Comando Sur estadounidense, Laura Richardson, y presentado la cooperación militar con Washington como parte de una estrategia de integración con Occidente.

    La cuestión, entonces, no es solamente qué dijo Milei ayer sobre Malvinas. Es qué relación existe entre lo que dijo ayer y aquello que había dicho en 2024.

    Malvinas, Trump y una oportunidad que no necesariamente es argentina

    El otro elemento que vuelve especialmente significativo el discurso presidencial es Donald Trump. Apenas unos días antes, el mandatario estadounidense había dejado abierta la posibilidad de revisar la posición de Washington frente a la cuestión Malvinas. Consultado en el Salón Oval sobre si Estados Unidos podía modificar su postura histórica, Trump respondió que revisa todas las posiciones y que esa era «solo una» entre muchas. No anunció un cambio concreto de política, pero dejó deliberadamente abierta una puerta.

    El contexto importa. La declaración de Trump apareció en medio de sus fuertes presiones sobre el Reino Unido para que aumente su gasto militar y acompañe más decididamente la estrategia internacional de Washington. Por eso, una parte importante del análisis internacional interpreta la carta Malvinas no como un repentino descubrimiento de la causa argentina por parte de la Casa Blanca, sino como una herramienta de presión de Trump sobre Londres.

    Y esto modifica considerablemente la lectura. Porque si Trump utiliza Malvinas como una ficha en su negociación con el Reino Unido, la causa argentina corre el riesgo de convertirse nuevamente en una pieza dentro del tablero estratégico de una potencia que tiene sus propios intereses globales.

    Milei, naturalmente, puede considerar que esa circunstancia representa una oportunidad histórica. Y desde una perspectiva diplomática, cualquier modificación de la posición de una potencia como Estados Unidos puede resultar relevante para la Argentina. Pero existe una diferencia sustancial entre aprovechar una oportunidad internacional desde una posición autónoma y hacerlo subordinando la estrategia nacional a los intereses de quien ofrece esa oportunidad.

    El problema se vuelve todavía más evidente cuando la misma potencia que eventualmente podría modificar su postura sobre Malvinas es presentada por el Gobierno argentino como su principal aliado estratégico y cuando la presencia militar estadounidense en Tierra del Fuego fue reivindicada por el propio Milei como parte del camino para recuperar las islas.

    ¿Contra Inglaterra con una mano y abrazados a Estados Unidos con la otra?

    El discurso presidencial tiene, entonces, una paradoja difícil de esquivar. Milei endurece su posición frente a las empresas que explotan recursos naturales en Malvinas, cuestiona al Reino Unido y reivindica la soberanía argentina, pero al mismo tiempo acelera una infraestructura militar en el extremo sur cuyo desarrollo está inserto en una relación de cooperación estratégica con Estados Unidos.

    Incluso las sanciones anunciadas ayer tienen un componente concreto que merece atención: el Gobierno apunta al proyecto petrolero Sea Lion, impulsado por la británica Rockhopper y la israelí Navitas, y pretende ampliar las herramientas para impedir que empresas vinculadas con esa explotación puedan operar en territorio argentino. La decisión coloca nuevamente los recursos naturales del Atlántico Sur en el centro de la disputa, justamente cuando el petróleo de Malvinas empieza a adquirir una importancia económica y geopolítica cada vez mayor.

    Pero la soberanía no se reduce a quién puede o no perforar un pozo. Soberanía también significa decidir con quién se establecen alianzas militares, qué fuerzas extranjeras participan de la arquitectura estratégica del territorio nacional, qué intereses se protegen y cuál es el grado de autonomía con el que se toman esas decisiones.

    Por eso la frase incorporada al Acta de Independencia en 1816 vuelve a resultar incómodamente actual. Aquellos congresales no escribieron solamente que querían dejar de pertenecer a España. Escribieron que no querían pertenecer a ninguna otra dominación extranjera. Y lo hicieron precisamente porque conocían el riesgo de que una revolución emancipadora pudiera terminar cambiando de dueño.

    La Argentina del siglo XXI no es la Argentina de 1816 y Estados Unidos no es Portugal. Las circunstancias son completamente diferentes. Pero la pregunta de fondo conserva una vigencia extraordinaria: ¿para recuperar una parte de nuestro territorio nacional necesitamos apoyarnos militarmente en otra potencia extranjera?

    Milei parece haber encontrado en Malvinas una causa capaz de recuperar una bandera política que durante buena parte de su gobierno había quedado relegada detrás de su alineamiento incondicional con Washington y de sus elogios a Margaret Thatcher. Ahora el Presidente habla de soberanía, sanciona empresas que explotan recursos en las islas y anuncia mayor presencia argentina en el Atlántico Sur.

    Pero justamente por eso la discusión merece ser mucho más profunda que una consigna. Malvinas no puede convertirse en una bandera que se agita contra Londres mientras se entrega el mapa estratégico del Atlántico Sur a Washington. Defender la soberanía argentina sobre las islas implica, también, discutir la soberanía sobre el territorio continental, los recursos naturales, el mar, la Antártida y las decisiones estratégicas que afectan a toda la región.

    En 1816, los hombres reunidos en Tucumán entendieron que la independencia no consistía en elegir cuál sería la próxima potencia a obedecer. La independencia consistía en no tener amo. Dos siglos después, esa diferencia sigue siendo demasiado importante como para dejarla flotando en una cadena nacional.

     

  • Trump ahora agita un nuevo conflicto de Argentina con Inglaterra por Malvinas y se propone como pacificador

     

    Donald Trump dio otro paso en su evidente estrategia de usar el conflicto de soberanía por las Islas Malvinas para molestar al Reino Unido, que se niega a acompañarlo en su fallida incursión militar en Medio Oriente. Ahora, directamente habló de una eventual guerra entre Argentina y Gran Bretaña y se ofreció como mediador. Delirante, pero real. 

    Y lo hizo desde Irlanda, donde abogó por la unificación de los territorios irlandeses, una línea roja para los gobiernos británicos. «Las Islas Malvinas…acá vamos de nuevo. Son muy interesantes. El Reino Unido tiene algunos problemas con la inmigración, con la energía, así que no lo sé. No sé si estarán dispuestos a viajar tan lejos. Están muy lejos», empezó Trump en respuesta a una pregunta de los periodistas irlandeses, sobre el conflicto de las Malvinas.

    Lo hizo el marco de su visita oficial a Irlanda, donde ofreció una conferencia de prensa junto al primer ministro irlandés, Micheál Martin, y sugirió que podría intervenir en un eventual conflicto armado entre Argentina y Reino Unido. «Estoy seguro de que me llamarán para intervenir en ese potencial desastre. Si lo hacen, probablemente podré resolverlo», aventuró. 

    «Pero ahora mismo hay dos países que no están contentos con la situación en las Malvinas.  Devolver las Malvinas… es una buena pregunta», continuó. 

    En las FFAA sospechan que el anuncio de Milei es la antesala para dejar una base naval en manos de Trump

    Es imposible, conociendo el estilo transaccional de Trump, no vincular su repentino interés por las Malvinas con la tensión que mantiene con el gobierno laborista inglés por su negativa a intervenir en la guerra en Irán. 

    Esto explica la idea de «revisar» la posición estadounidense de neutralidad sobre la soberanía de las Malvinas, que deja flotando la administración republicana, pero no termina de concretar en ninguna acción concreta que -por ahora- vaya más allá de las declaraciones.

    Las Islas Malvinas…acá vamos de nuevo. Son muy interesantes. El Reino Unido tiene algunos problemas con la inmigración, con la energía, así que no lo sé. No sé si estarán dispuestos a viajar tan lejos. Están muy lejos.

    Pero en la pelea con Inglaterra, Trump solo usa a las Malvinas. En Irlanda reiteró su petición de que el Reino Unido abra el Mar del Norte a la extracción de petróleo y gas y respaldó una posible unidad de Irlanda, entre el actual territorio independiente y el que permanece bajo control de los ingleses. 

    La visita de Trump a Irlanda incluyó protestas contra su presencia en Dublin, donde se mostraron banderas palestinas y se cuestionó la guerra en Medio Oriente.

    Protestas contra Trump en Dublin.

     «Me disgusta tener que decir esto, pero ellos podrían observar lo que hemos hecho, al igual que otros europeos, ya saben, amo a Europa. Mi madre era de Escocia y mi padre de Alemania. Amo a Europa. Siento una inclinación natural hacia ella».  

    Estoy seguro de que me llamarán para intervenir en ese potencial desastre. Si lo hacen, probablemente podré resolverlo. Ahora mismo hay dos países que no están contentos con la situación en las Malvinas.

    «Me duele ver lo que está sucediendo en Europa. Me disgusta ver lo que ocurre con el comercio. Me disgusta ver lo que pasa con la energía. Y me disgusta ver lo que sucede con la inmigración. Ay, esa inmigración… lo que se están haciendo a sí mismos; simplemente se están destruyendo», agregó.

    Sobre la unificación de Irlanda, Trump señaló: «¿Cómo podría ser algo malo, ¿verdad? Me encantaría verla unificada. Creo que sería un gran logro, un gran motivo de orgullo para todos, si eso sucediera». 

    «Va a ocurrir tarde o temprano… Bien podría ocurrir ahora. Ahora bien, el Reino Unido tendrá algo que decir al respecto, obviamente. Pero creo que sería algo magnífico», concluyó.

     

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