“fue-una-jornada-de-importantes-anuncios-para-villa-regina”

“Fue una jornada de importantes anuncios para Villa Regina”

El Intendente Marcelo Orazi destacó la importancia de los convenios firmados con la Gobernadora Arabela Carreras, entre ellos el acta compromiso para la construcción de 185 viviendas con una inversión superior a $900.000.000 y el convenio marco para garantizar servicios a 107 lotes en el marco del Programa Suelo Urbano.

“Hace muchos años que en Regina no se anunciaban planes habitacionales, razón por la cual lo que rubricamos hoy con el gobierno provincial es de suma importancia”, valoró Orazi.

Las viviendas se enmarcan en el programa “Casa Propia- Construyendo Futuro”, mediante el cual la Cooperativa Río Negro pondrá en marcha 150 viviendas que demandarán una inversión de $735.014.880, mientras que el Consorcio de Viviendas Alto Valle tendrá a su cargo las restantes 35 por un monto total de $171.503.472.

Por otro lado, manifestó que “con el programa ‘Suelo Urbano’ daremos respuesta a una demanda de muchos años, porque se trata de la infraestructura básica para el loteo Barazzutti”. En este caso la inversión es de $21.615.872.

Por su parte, la Gobernadora Carreras manifestó que “estamos haciendo una importante inversión en viviendas y, en este caso, coordinando con las cooperativas, pudimos encontrar una tierra apta en Villa Regina, a través de las gestiones del Intendente Orazi”.

Además se firmaron los convenios para la construcción por obra delegada de las veredas en las plazas de los barrios Gardín y Belgrano con una inversión total superior a los $9 millones.

La firma de los convenios se dio en el acto que se desarrolló en el Club Náutico, donde también se entregaron aportes a la Asociación Civil Amuchen por $200.000 y a la Fundación Vida en Familia por el mismo monto.

Del acto participaron los Ministros de Obras y Servicios Públicos, Carlos Valeri; de Gobierno y Comunidad, Rodrigo Buteler y de Desarrollo Humano y Articulación Solidaria, Juan José Deco.

Difunde esta nota

Te puede interesar

  • Milei busca atornillar a Bausili en el Central hasta diciembre de 2028

     

     Javier Milei hizo uso de la cadena nacional para anunciar la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central con la que busca atornillar a Santiago Bausili al frente de la entidad hasta diciembre de 2028.

    «Se busca blindar al presidente del Banco Central y a su directorio frente a los atropellos de la política. Si bien se mantiene el mecanismo de designación vigente, el proceso de remoción será más exigente y requerirá el respaldo de dos tercios de los diputados y senadores», dijo el presidente, que presentó un paquete de reformas financieras que considera clave para la próxima etapa de su programa económico. 

    Sugestivamente, la presentación del proyecto de autonomía del Central la hizo con el titular de la entidad sentado a su lado. Bausili es además socio del ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, en la consultora Anker.

    El Presidente confirmó que enviará al Congreso tres proyectos de ley: una nueva Carta Orgánica para el Banco Central, una reforma integral del mercado de capitales y otra del sistema de seguros. 

    La primera reforma apunta al Banco Central. Milei anunció una modificación de su Carta Orgánica para redefinir el rol de la autoridad monetaria y reforzar su independencia del Poder Ejecutivo. La iniciativa recoge uno de los reclamos históricos del establishment financiero y especialmente del FMI, que suele señalar al modelo peruano como referencia por la autonomía de su banco central y la prohibición de financiar al Tesoro.

    El Presidente planteó que el Banco Central debe concentrarse exclusivamente en preservar el valor de la moneda y dejar de funcionar como una herramienta de financiamiento del Estado. La propuesta busca blindar institucionalmente esa independencia y limitar la posibilidad de que futuros gobiernos recurran a la emisión monetaria para cubrir el déficit fiscal.

    La iniciativa, sin embargo, llega después de dos años y medio en el que el propio Gobierno utilizó activamente al Banco Central como una pieza central de su estrategia económica. Como reveló LPO, la entidad volvió a incorporar Letras Intransferibles del Tesoro, coordinó con el Ministerio de Economía la utilización de contratos de dólar futuro y títulos dólar linked para administrar la tensión cambiaria y también transfirió utilidades al Tesoro. La reforma, así, propone penalizar hacia adelante herramientas que la propia administración utilizó hasta ahora.

    Curiosamente, según el Presidente la economía argentina ya no enfrenta un problema de falta de ahorro sino de mala asignación de ese ahorro, aún cuando afirma estar convencido de que los mercados son perfectos. 

    «Dejar nuestros ahorros fuera del sistema, en una caja de seguridad, bajo el colchón o en el exterior, atenta contra nuestro propio crecimiento», afirmó el especialista en crecimiento con y sin dinero.

    Milei agregó que «las políticas de las últimas décadas empujaron a los argentinos a sacar sus ahorros del sistema en defensa propia, y con eso frenaron la inversión». Sobre esa idea construyó el resto de los anuncios.

    La segunda iniciativa es la reforma del mercado de capitales. «Vamos a impulsar un proyecto de liberalización profunda de nuestro mercado de capitales, que modificará varias leyes con una misma idea: correr al Estado del medio para que el ahorro vaya directamente a la inversión», anunció Milei.

    El Presidente sostuvo que el objetivo es que el ahorro privado financie directamente al sector productivo sin intermediación estatal. «Dejar nuestros ahorros fuera del sistema atenta contra nuestro propio crecimiento», insistió, y planteó que la reforma buscará remover regulaciones que, a su juicio, dificultan esa canalización del crédito.

    Dentro del mercado financiero hubo un punto que concentró buena parte de la atención: la flexibilización para que las empresas puedan emitir deuda en dólares. Milei no brindó demasiados detalles sobre el funcionamiento del nuevo esquema, pero distintas fuentes del mercado interpretaron que la medida apunta a movilizar la enorme liquidez en moneda extranjera que hoy permanece inmovilizada dentro del sistema bancario.

    Los bancos acumulan más de 35.000 millones de dólares en depósitos en moneda extranjera, impulsados por el blanqueo a lo que se suman los fondos que el Gobierno espera captar con el régimen de Inocencia Fiscal. Esas entidades deben remunerar esos depósitos, pero tienen pocas alternativas para prestarlos porque el crédito en dólares sigue muy restringido para quienes no generan ingresos en esa moneda.

    Sin embargo, la iniciativa también despertó inquietud entre operadores del mercado, que advirtieron sobre el riesgo de descalce de monedas si compañías con ingresos principalmente en pesos incrementan su endeudamiento en dólares.

    La tercera reforma corresponde al mercado de seguros. Milei la incluyó dentro del paquete destinado a profundizar el mercado financiero y ampliar las fuentes de ahorro de largo plazo, aunque fue el capítulo menos desarrollado de su exposición. El Presidente no detalló qué leyes modificarán ni cuáles serán los principales cambios regulatorios.

     

    Difunde esta nota
  • PRIMER DÍA DEL HINCHA DEL ATLÉTICO REGINA

    En conmemoración por el primer día del hincha del Club Atlético Regina se realizó en las instalaciones de la Av Rivadavia un breve acto organizado por la Comisión Directiva del club en homenaje a personas que han sido parte de la historia de la institución. En una primera etapa se hizo el descubrimiento de una…

    Difunde esta nota
  • Justicia poética

     

    La supuestamente apolítica y proyanqui selección argentina posó ayer con una bandera: “Las Malvinas son argentinas”. Ya lo había hecho en la foto oficial en la previa del Mundial Brasil 2014, en un amistoso contra Eslovenia en La Plata, donde sostuvo una pancarta con idéntico mensaje. Aquella vez la FIFA investigó el caso basándose en su código de seguridad y la prohibición de «acciones provocadoras o agresivas». Multó a la AFA con 30.000 francos suizos (unos 33.000 dólares) y emitió una reprensión formal. 

    Y en este Mundial 2026, tras la victoria argentina ante Egipto en los octavos de final, se viralizó un video del equipo de Scaloni cantando “Muchachos” en el vestuario, la canción inaugurada en el Mundial Qatar 2022, que habla de los pibes de Malvinas que jamás olvidaré. La Federación Inglesa (FA) presentó un reclamo disciplinario inmediato argumentando un tinte político ofensivo. Sin embargo, la FIFA decidió desestimar el caso por completo. No aplicó multas ni sanciones: entendió que formaba parte del folklore de la celebración en un ámbito privado.

    La primera regla no dicha de los mundiales no se rompió hace cuarenta años, con La Mano de D10S en el Estadio Azteca, el 22 de junio de 1986; se rompió hace sesenta años en el Mundial de Inglaterra 1966, cuando el 23 de julio Antonio Rattin humilló a la corona británica al osar sentarse en la alfombra roja de la realeza y estrujar un banderín del córner, luego de una expulsión que consideró injusta, en un partido donde la selección inglesa dejó afuera a la argentina. Allí surgió el único clásico internacional: Argentina vs Inglaterra. Donde la regla no dicha es no hay clásicos internacionales, que es como decir no hay subjetividad en los partidos y también, nada en el fútbol mundialista es político. 

    La rivalidad histórica entre los dos países empezó mucho antes, en el siglo XIX, cuando las milicias criollas expulsaron a las tropas británicas que habían invadido Buenos Aires entre 1806 y 1807. Y se reeditó en el intento infructuoso de Gran Bretaña de colonizar la Patagonia en 1891, un tema que hoy está candente a partir de la ocupación de tierras estratégicas del sur argentino. Aunque es la ocupación de las Islas Malvinas en 1833 y sus intentos de recuperación a través de la diplomacia y la guerra fallida de la última dictadura militar en 1982 lo que hoy está en el centro del debate. Ahí entra a tallar el fútbol, un deporte creado en Inglaterra en 1857 y exportado a la Argentina por inmigrantes ingleses en 1867 (lo que vuelve más interesante la disputa: ganarle al Padre). 

    A la diplomacia y a la guerra hay que agregar entonces el fuerte peso simbólico de los gestos de Rattin y de Maradona que, como mencionamos, ayer replicó la Scaloneta luego de ganarle a Inglaterra 2 a 1 y convertirse en finalista de este Mundial 2026. La justicia poética funciona como acto de economía geopolítica: lo que se juega en los paratextos del partido es también económico. De hecho, la sanción que prevé la FIFA para el despliegue de la bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” es económica y recaería sobre la AFA. Al margen del lugar ya común, aunque no por eso menos cierto, de que el fútbol en general y los mundiales en particular son un gigantesco negocio, además de un lavado de cara para acciones en la geopolítica internacional de las sedes mundialistas. Al margen, también, de la polémica que gira alrededor de la pausa de hidratación como espacio para las apuestas online y el consumo de comida chatarra, publicitado por los propios jugadores y por una imagen generada por IA de Maradona incitando a apostar (si el Diego se levantara de la tumba).

    Esas infracciones a la norma generaron cambios en las políticas de la FIFA. A partir del gesto rebelde de Rattin en 1966, para ordenar las sanciones, el árbitro inglés Ken Aston creó el sistema de tarjetas rojas y amarillas inspiradas en los colores de las luces del semáforo. Luego del gol con el puño izquierdo de Maradona, un dato no menor en este contexto, si le quitamos el aura religiosa al asunto —un gol de trampa, el ilícito (según Fernando Signorini), que el VAR hubiera anulado (y entonces quizá no ganábamos el Mundial 86, y quien dice cómo hubiese sido la historia); el robo de la billetera a los ingleses en palabras de Diego (de nuevo, economía geopolítica); un acto de revancha por los pibes de Malvinas— la FIFA comenzó a sancionar acciones dentro de la cancha como quitarse la camiseta (para evitar mensajes políticos o religiosos en las remeras interiores) y endureció los castigos por gestos provocadores a la tribuna rival, buscando aislar el juego de las tensiones del mundo real. Hoy, en Estados Unidos 2026, apuntar al cobro de un peaje financiero parece preferible a interrumpir el espectáculo y el juego. Para usar otro lugar común: el show debe continuar.

    Tanto las declaraciones de Milei diciendo que “no hay que mezclar la hacienda”, calificando de “gestos de patrioterismo baratos, berretas” a los que reivindican la soberanía nacional del país que gobierna, o el posicionamiento opuesto de la vicepresidenta Victoria Villlarruel, hija de un militar combatiente de Malvinas, así como el pedido del primer ministro inglés Keir Starmer de que la FIFA abra una investigación a los jugadores o los titulares, o la “acusación” de los medios británicos como The Guardian, que catalogó el hecho como la exhibición de una «bandera política» («political Falklands flag«), dejan en claro que sí, que la cosa está mezclada.

    Los propios jugadores refrendaron el gesto con palabras al ser consultados por la prensa luego del partido. “Y siempre serán argentinas”, dijo, por ejemplo, Lisandro Paredes. Lionel Messi saltó con todos los demás.

    Otra bandera, menos viralizada, fue la que desplegó un hincha en la tribuna con la representación del mapa de las islas y la inscripción “Por siempre nuestras”.

    Entonces, cada vez que alguien intenta deslindar el fútbol mundial de la economía geopolítica (Scaloni conoce bien el reglamento y sabe que habrá sanciones económicas y tirones de oreja a los jugadores), están ahí los propios futbolistas y las hinchadas y un montón de periodistas para decir que no, que todo fútbol es político, que el fútbol es mucho más que 22 sujetos corriendo detrás de una pelota (ya lo dijo el Diego) y que las rivalidades y las reivindicaciones históricas se juegan también, ahí, en las tribunas, dentro de la cancha, entre los dos arcos, sobre el pasto verde no tan inglés. 

    La entrada Justicia poética se publicó primero en Revista Anfibia.

     

    Difunde esta nota
  • Niños y niñas reginenses ya disfrutan de la colonia de vacaciones

    Desde ayer lunes, niños y niñas de diferentes barrios de Villa Regina disfrutan de las propuestas que se enmarcan en la colonia de vacaciones que se desarrolla en el balneario municipal de la Isla 58. La actividad es organizada por la Dirección de Deportes de la Municipalidad. Hasta el próximo viernes, participan de la colonia…

    Difunde esta nota
  • |

    ARGENTINA ES TOP DE CONSUMO DE BEBIDAS AZUCARADAS EN EL MUNDO

    Por el consumo de bebidas azucaradas, más de 800 mil argentinos se enferman por año . Argentina es uno de los principales consumidores de gaseosas del mundo. La mitad de nuestra hidratación está compuesta por bebidas que contienen grandes cantidades de azúcar. El consumo máximo de azúcar agregada por día no debe ser mayor a…

    Difunde esta nota
  • ¿Cómo enfrentar el “contragolpe cultural”?

     

    Así como las afirmaciones terraplanistas no modifican el hecho de que la Tierra sea redonda, así como los movimientos antivacunas no cambian la naturaleza contagiosa del Covid, el conservadurismo cultural, expresado hoy por fuerzas como las que lideran Javier Milei y Donald Trump, no modifica esta realidad: las sociedades humanas son constitutivamente diversas, heterogéneas y desiguales; en todas las comunidades humanas, pero aun más en aquellas donde existen el dinero y el Estado, hay multiplicidades y hay disparidades.

    Qué hacer con esta diversidad es un debate que viene concentrando la mayor parte de la historia ideológica, filosófica y política, y que por supuesto no está saldado. Dentro de estas controversias, uno de los capítulos centrales es el concepto de libertad, que ha sido utilizado por la extrema derecha como una de sus banderas. Para los conservadores, hoy llamados libertarios, la libertad se basa en la idea de que somos todos iguales: un rico y un pobre son consecuencia del modo distinto en que cada uno usó sus posibilidades. En esta mirada, la desigualdad fáctica es una consecuencia de una igualdad ontológica. Para las corrientes conservadoras, la libertad agiganta desigualdades. El rol del Estado, además de garantizar seguridad y justicia, debe ser restringir la diversidad: el Estado, que no debería cobrar impuestos, sí debe decretar que hay dos géneros, que la familia debe estar constituida de cierta manera y que las mujeres no pueden disponer de sus cuerpos.

    Desde una mirada democrática y progresista que asume que las sociedades son por naturaleza diversas, en cambio, la igualdad es algo a construir. Pero esa perspectiva hoy está a la defensiva. A través de una serie de subterfugios de ingenieros del caos, la posición histórica que conjuga liberalismo cultural, pluralismo político y justicia social ha sido estigmatizada como “woke” o “progresista”. La expresión “woke” surgió en Estados Unidos, un territorio de alta intensidad en la batalla cultural, en referencia a “despertar” (awake) ante la discriminación (“despierto” en el sentido de “concientizado”); pero hoy se usa de modo despectivo, que es la connotación que le dio Milei en su discurso en Davos. Como si las personas que descienden de esclavos o de pueblos originarios, como si las mujeres, que hasta hace setenta años no podían votar, hoy, justamente porque se reconocieron algunas de esas desigualdades, contaran con privilegios.

    La derecha conservadora está presente en distintas corrientes políticas, del mismo modo que la corriente que defiende las diversidades está presente –aunque no de modo uniforme– en partidos distintos. En Argentina, el peronismo, el radicalismo, el socialismo y la izquierda cuentan entre sus integrantes con personas que defienden este punto de vista. Se trata de una corriente que busca principalmente dos metas: que las personas y los grupos sean cada vez más libres, y que esa libertad se sostenga en formas igualitarias que la hagan real y no puramente declarativa o formal. Es una corriente de opinión que pone en escena grandes tradiciones culturales de la modernidad, heredadas de la Revolución Francesa y la Estadounidense, y que no tiene una única posición en materia de desarrollo económico, justicia distributiva o lucha por la igualdad. Ese “progresismo” no está en contra de ninguna religión, pero sí lucha por una separación completa de cualquier religión y del Estado. Ninguna ley puede sustentarse en creencias religiosas. Pero sí debe haber leyes que, por motivos universalistas, exijan el respeto de todas las religiones. Esta perspectiva, sometida hoy a una fuerte ofensiva, merece una reflexión autocrítica.

    Acerca de la autocrítica

    La hegemonía cultural de la extrema derecha impacta en el campo progresista. ¿Los movimientos por la libertad de las diversidades se “pasaron de rosca”? La ofensiva cultural de Milei y las derechas extremas, la derrota electoral del peronismo y los niveles de inflación y pobreza que dejó el gobierno de Alberto Fernández han planteado ese debate. ¿Hay una incidencia de la lucha por las diversidades en el oscurantismo que estamos viviendo hoy? ¿No habremos ido demasiado lejos? ¿Se puede seguir sosteniendo la defensa del colectivo LGTBQi+ en el contexto actual?

    Los procesos sociales y políticos siempre son imperfectos. Conocer esas imperfecciones, practicar la autorreflexión, es clave para mejorarlos. Por otro lado, se trata de movimientos profundos y de larga duración. En Argentina, por ejemplo, el movimiento masivo de mujeres de los últimos años comenzó en 2015 con el “Ni Una Menos”, una gigantesca movilización contra la violencia de género. ¿Frenar el reclamo contra los asesinatos de mujeres hubiera sido “menos radicalizado”? Y hoy, ¿qué está más vigente? ¿El reclamo de que no mueran más mujeres por el hecho de ser mujeres o la propuesta oficial de retirar del Código Penal el agravante por femicidio?

    La autocrítica no equivale a autoflagelación; debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican. Entre las múltiples causas que produjeron esta nueva etapa histórica global de las derechas extremas están, en efecto, los profundos déficits de la izquierda, la centroizquierda y los partidos tradicionales. Pero no coincido con quienes, subidos a la marea reaccionaria, afirman que la culpa es del progresismo, de un supuesto “wokismo” o de una “excesiva” ampliación de derechos civiles. Ese argumento puede terminar en diputados que voten con Milei regresiones culturales o puede llevar a un catolicismo de gobierno en contra de la libertad de las personas y los grupos. Empieza cuestionando el DNI no binario y termina aboliendo el divorcio.

    Pero entonces, ¿cuáles son esos errores de la izquierda? Si hubiera que elegir uno, diría lo siguiente: mientras las vocaciones igualitarias y de justicia social se tornaban cada vez más difíciles de lograr, en gran parte por no tener una alternativa concreta al capitalismo neoliberal, la izquierda avanzó con leyes y políticas tendientes a garantizar derechos civiles. Dependiendo de los países, se avanzó en materia de identidad de género, aborto, discriminación positiva, educación sexual, matrimonio igualitario, derechos de los pueblos originarios y los migrantes. Cuantas más dificultades aparecían en materia económica y social, cuanto más complicado se hacía sostener el horizonte de movilidad social, más se acentuaron estos derechos como compensación.

    La autocrítica no equivale a autoflagelación: debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican.

    Ese fue el gran problema. Las libertades civiles no pueden compensar el fracaso económico o social. Si son las únicas banderas que se agitan cuando se desfinancia el Estado de Bienestar, se retiran regulaciones públicas o se producen escaladas inflacionarias, como en el caso argentino, se corre el riesgo de que las fuerzas democráticas queden reducidas y debilitadas. Los límites para corregir o superar el neoliberalismo los terminan pagando los avances en materia de diversidad o pluralismo.

    Mi primera tesis es que, frente a quienes creen que la ampliación de libertades favoreció a la derecha extrema, creo que su causa es el fracaso económico.

    En segundo lugar, la cuestión de los particularismos. Mientras Martin Luther King buscó cambios que mejoraran la desigualdad estructural de la sociedad norteamericana, muchas políticas de la identidad del siglo XXI se concentraron en derechos particulares. Y es difícil pedirles algo más que simpatía pasiva o inactividad a quienes no están directamente involucrados en la conquista de un derecho. Esto no implica que movimientos como “Ni Una Menos”, “Black Lives Matter” o la “Marcha anti-fascista” de febrero de 2025 no hayan sido señales contundentes en la dirección correcta, sino simplemente llamar la atención sobre cuál puede ser el alcance de esas convocatorias.

    Algo similar ocurre con el “lenguaje inclusivo”. Se trata de un cambio cultural crucial, que busca ampliar libertades e incluir diversidades. Pero debe expandirse a partir de la posibilidad, no como imposición. Los mayores fracasos del cambio cultural ocurrieron cuando se pretendió imponer a través de prescripciones. El liberalismo cultural busca ampliar, no restringir, las posibilidades de las personas.

    El caso de las cuotas

    Muchas veces, en lugar de luchar por cambiar una legislación, una política o un presupuesto, las reivindicaciones progresistas se enfocaron en personas concretas: los varones blancos, incluyendo casos de punitivismo extra-judicial, como escraches a adolescentes, altamente polémicos. En aquellos casos, hubo voces feministas potentes que alertaron que el feminismo no surgió para cambiar al dueño del poder del patriarcado, sino para modificar un tipo de poder y de dominación. El punitivismo y la cultura de la cancelación fueron algunos de los errores más graves. Pero no es verdad que sean inherentes a los reclamos por la diversidad y la libertad: fueron casos minoritarios en causas justas.

    Detrás de este tipo de cuestiones aparece un problema que vale la pena debatir a futuro: la tensión entre lo particular y lo universal. Si cada uno de los grupos discriminados reclamara sólo para sí mismo, si todo se tradujera en una simple cuota por grupo, a largo plazo se terminarían socavando algunos de los consensos culturales necesarios para mantener las políticas de acción afirmativa. Un ejemplo es el de las universidades. En la mayoría de los países del mundo existe un sistema de examen de ingreso a la universidad y cupos por carrera. Al observar las universidades se hacía evidente que la abrumadora mayoría de los alumnos eran varones blancos. Eso llevó a reclamar políticas de cuotas raciales, étnicas y nacionales, como las que se terminaron concretando en Estados Unidos y Brasil. Este sistema garantizaba una mayor presencia de diversidades, restando lugares a los blancos. Pero, ¿qué quedaba, por ejemplo, para los blancos pobres? ¿Quién se preocupó de su situación? En muchos casos fueron los grandes olvidados, lo que contribuyó a que volcaran su respaldo a fuerzas políticas conservadoras que dicen defenderlos. ¿Qué hubiera ocurrido si se hubiera incluido una cuota general para los estudiantes de colegios públicos de bajos recursos en el ingreso a la universidad? Mientras en un terreno puramente cultural la especificidad por grupo es adecuada, en cuotas vinculadas a desigualdades puede no producir las consecuencias buscadas.

    En un mundo dominado por la incertidumbre económica, en el que se achican los recursos públicos, muchos países optaron por un modelo de cuotas para asegurar la presencia de los grupos discriminados no sólo en el acceso a la universidad sino también al empleo público –y en ocasiones al empleo privado–. Esto implica que los logros de la ampliación hacia los sectores discriminados se hicieron sobre la base de una reducción relevante de la participación de los sectores anteriormente privilegiados. Y esta estrategia, correcta desde un punto de vista filosófico, se topa con un problema político. Las personas de carne y hueso que se ven afectadas, que no logran ingresar a la universidad o no consiguen empleo, se van pasando en masa al ejército del “contragolpe cultural”, esperando el surgimiento de un Trump, un Milei o cualquier otro líder que proponga revertir la situación.

    Se trata de un error recurrente del progresismo: no percibir el dolor de las víctimas de sus políticas, y no elaborar una respuesta. Mi punto es sencillo: si se presuponen las restricciones económicas, como de hecho las aceptaron la mayoría de las fuerzas de centroizquierda en Europa y América, que los perdedores de la discriminación positiva pasen al otro lado es inexorable. Pero si se cuestiona un modelo que reduce los impuestos a la riqueza y desfinancia al Estado, y se usa ese dinero para ampliar el acceso a la universidad y el empleo, logrando mejorar la diversidad sin afectar drásticamente los espacios previos, la base política de la derecha extrema quedará reducida. Es cierto que esto no es posible para los varones privilegiados, que inexorablemente se verán afectados: será necesario pensar una política cultural específica para ellos.

    La defensa de la libertad

    Estamos ante un feroz ajuste a las libertades y es urgente emprender una fuerte defensa de políticas por la libertad basada en igualdades. La libertad, convertida en el eslogan hueco de la extrema derecha, no puede ser resignada por las fuerzas democráticas y progresistas. El principio básico de la lucha por la libertad es maravilloso: que las personas y los grupos puedan autorrealizarse en todas las dimensiones de la vida. Esto incluye su identidad de género, étnica, nacional, local, religiosa, así como su libertad de expresión, en la familia, en el trabajo…

    Esas libertades tienen un requisito: un piso de igualdad, porque quien sufre desnutrición no puede ser libre, quien no puede acceder a la escuela no puede ser libre. Una comunidad libre es aquella que garantiza un piso de igualdad para todos sus miembros.

    Los libertarios conservadores de la extrema derecha afirman que ser iguales es que cada uno se las arregle como pueda. Es una propaganda basada en la negación de la historia tal como sucedió. Los esclavos existieron hasta el siglo XIX bajo el imperio de la ley, y los afrodescendientes continúan siendo discriminados en prácticamente todos los países de América y Europa hasta hoy. La conquista colonial existió. El patriarcado y la desigualdad de géneros existieron… y todavía existen. En muchos países las mujeres votan recién desde hace algunas décadas. Y en la mayoría de los países europeos y americanos jamás hubo una presidenta o una primera ministra mujer. El capitalismo, por su parte, tiene mecanismos poderosos para reproducir la desigualdad de clases entre generaciones: a través de la herencia y también de la “herencia de clase”. La mayoría de los hijos de personas pobres son pobres. La movilidad social ascendente está en crisis en la mayoría de los países, y los mecanismos sociales que la hacían posible se están debilitando a un ritmo vertiginoso. Los libertarios conservadores quieren liquidar esos mecanismos, del mismo modo que se proponen atacar las leyes que tienden a asegurar libertades vinculadas a la diversidad y la disidencia. Esto implicará también contrarrestar su ofensiva individualista poniendo en valor la solidaridad, lo común y lo público. Enfrentar políticamente aquel proyecto exige autorreflexión y determinación.

     

    Difunde esta nota

Deja una respuesta