7.700 MILLONES

Cada yo es un universo particular por donde transcurren historias, sensaciones, pensamientos, modos de afrontar a la realidad, intereses, gustos y disgustos, traumas, ocupaciones y preocupaciones, geografías, alimentos y excrementos, roles, miedos y orgullos, logros y fracasos, escuelas y calles, sillas y medios de transporte, lógicas instaladas y absurdos del aquí y ahora, redes sociales para compartir o quedar atrapados, centros para la salud y centros para contagiarse de cualquier germen que ande cerca.

Es así, cada yo tiene su recorrido, y a veces ese mismo yo se encuentra con otro para crear momentos irrepetibles. La vida se trata del encuentro de los yo. Pero nadie dice que cuando los yo se reúnen, las cosas sean tan fáciles como parecen. Porque los huesos del yo no están hechos de calcio sino de conflictos. La cuestión es, ¿cómo cada uno de los 7.700 millones de yo que habitan este mundo conviven con sus propios conflictos?

Podemos ubicar a cada persona con precisión gracias a su dispositivo celular, pero el yo de esa persona se escurre y se desconecta de la localización satelital para poder sentir que nadie lo vigila o controla.

Hay una tendencia a creer que el yo es el único que anda dando vueltas por ahí, y que todo gira alrededor de él, a eso suele llamársele autoreferencia. Sin embargo, cuando la autoreferencia se afloja, el yo puede apreciar que hay tantos yo como él, o sea: diferentes, contrapuestos, afines, cercanos o longincuos, y que, además, empiezan a tomar conciencia que deben aprender a relacionarse con otros yo. Por eso, algunos le llamarán a esa relación: empatía, negociación, relaciones interpersonales, diplomacia, diálogo, o comunicación…

Es imposible negar las tensiones que surgen entre los diversos yo. Tensiones que pueden ir desde la ira hasta la esperanza. Si el yo decide formar parte de un club, un partido político, una religión, un país, o cualquier otra institución social, la esperanza y la ira se condensarán en un cúmulo de esperanzas e iras en donde decida incluirse.

Nos podrán decir que hay semillas de yo guardadas en los óvulos y los espermatozoides, en el banco genético de una informacion en contanste transmisión. Y son esas semillas que tendrán que juntarse y anidar en el cuerpo para formar una combinación única que hará aparecer un yo, un yo irremplazable y especial que tendrá que crear su propio destino…

El yo dirá: acepto o rechazo, pienso luego existo, voy o me quedo, insisto o desisto, gané o perdí, comprendo o no entiendo, me despierto o me duermo, me cuido o no me importa, respondo o pregunto, me siento fuerte o débil, necesito alguien que me ayude o me las arreglo por mi cuenta, voy a obedecer o hago la mía, estoy vivo o me estoy muriendo…

Las historietas y el psicoanálisis se metieron con el yo para magnificarlo, y en consecuencia aparecieron los superhéroes y los superyo, algunos de ellos vendrían a salvarnos, otros a decirnos qué debemos hacer. Una construcción de idealidades para un yo ideal, o quizás para un ideal del yo. Sin embargo, la era del anti-yo no tardaría en emerger de las tinieblas, algunos lo identificaron con los impulsos más reprimidos o con siniestras intenciones, y otros lo representarían como un antihéroe que pusiese en peligro las verdades y los recursos del supuesto superyo. Pero tanto los super-yo como los anti-yo nos han demostrado sus vulnerabilidades, sus hábitos y problemas en una lucha desenfrenada por el reconocimiento entre el dilema del ser o no ser.

El yo es como el tiempo, no se lo ve pero transcurre. Transcurre con el espacio indefinido que también él es. Podrá ser un mediador entre el interior y el exterior, entre la oferta y la demanda, entre la necesidad y la satisfacción, o hasta un mensajero que debe filtrar como una membrana celular aquello que entra y aquello que sale de sus más entrañables tejidos. ¡No maten al mensajero! Van a decir los simpatizantes del yo.

El yo tiene que estar atento a la simplificación y a la generalización que lo aproximan a las envolventes esferas del estereotipo. Un yo que no pretende quedar codificado como una contraseña que nunca cambia. Y si el prejuicio forma parte del caldo de la cultura, entonces el yo deberá moverse con cautela o arriesgarse a salir de las costumbres y el lenguaje que lo hacen dirigirse a las habituales direcciones, o decir siempre las mismas palabras. Además, el yo podría retomar las fortalezas de la tradición para moverse con seguridad y abrir alternativas hacia la innovación, o ejercer una reviravolta de los prejuicios ya no en su sentido peyorativo.

Vivimos en épocas en donde el yo se ha saturado de exigencias propias y agenas, exigencias que lo agobian y le recortan los posibles senderos por donde este podría avanzar. Sin embargo, la oportunidad para reorganizarse está a la orden del día; y entonces, es ahí que la autoafirmación es un enclave propicio para recuperarse, tomar aire, y buscar formas de consolidarse y expresar sus potencialidades.










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  • Galicia: tras la caída de la acción por la compra del HSBC, el regreso de los dividendos seduce al mercado

     

     La compra de HSBC Argentina por parte de Grupo Galicia tuvo todos los condimentos de una montaña rusa bursátil: euforia, golpe y posible rebote. Wall Street primero la celebró, después la castigó por la dilución y los costos, y ahora vuelve a mirarla con mejores ojos. El ruido no desapareció del todo, pero el clima cambió.

    El arranque fue contundente. El 9 de abril de 2024, cuando se anunció la operación, la acción saltó más de 4% en una sola rueda. Pasó de USD 27,73 a USD 28,66. Fue una reacción clásica: el mercado leyó escala y una jugada ofensiva en un sistema financiero que venía achicado.

    Después vino el golpe. En enero de 2025, Galicia anunció la emisión de 17,7 millones de nuevas acciones a USD 53 para financiar la compra. La respuesta fue inmediata. Caídas de hasta 7,7%. La dilución pesó más que la expansión. El mercado, que había aplaudido el crecimiento, marcó el costo de pagarlo.

    El Galicia perdió 83 mil millones y marca el impacto de la mora en los bancos

    Ese fue el punto de inflexión. A partir de ahí, la acción entró en una zona más volátil. En los últimos 12 meses tocó máximos de USD 65,48, pero hoy se mueve en torno a USD 41,34. Un retroceso que refleja ese doble movimiento: entusiasmo estratégico y castigo financiero.

    Los balances de fines de 2025 terminaron de enfriar el cuadro. Los costos de integración pegaron fuerte y dejaron pérdidas contables. Era, en buena medida, lo esperado. Integrar un banco del tamaño de HSBC no es gratis. Pero el mercado, en el corto plazo, no suele tener paciencia.

    Ahora el tono es otro. El consenso de analistas volvió a inclinarse a favor. Informes de JPMorgan y de HSBC, con recomendación de compra, proyectan precios objetivo de hasta USD 75 para 2026. Es una señal clara de que el foco pasó del costo al potencial.

    Los balances de fines de 2025 terminaron de enfriar el cuadro. Los costos de integración pegaron fuerte y dejaron pérdidas contables. Era, en buena medida, lo esperado. Integrar un banco del tamaño de HSBC no es gratis. Pero el mercado, en el corto plazo, no suele tener paciencia.

    En ese giro también juega un factor concreto: el regreso del pago de dividendos. Galicia ya retomó pagos trimestrales a sus accionistas. Ahora hay expectativa por un nuevo anuncio a mediados de mayo, cuando presente balance. 

    La clave está en la rentabilidad. Se espera que el retorno sobre el patrimonio (ROE) se ubique entre 11% y 12% este año, una vez absorbido el impacto de la fusión. Ahí aparece la lógica de fondo: el negocio ampliado debería empezar a rendir.

    En ese cambio de clima hay una lectura más estructural. Galicia quedó mejor posicionada en tamaño y capilaridad. En un sistema financiero chico, ganar escala no es un detalle. Es poder competir, prestar más y capturar negocio cuando la economía se reactive. 

    El punto que todavía hace ruido es la mora. Con niveles en torno al 8,2%, sigue por encima de algunos competidores. Es el dato que el mercado mira con más atención. Algunos analistas, como Invertir Online, recomiendan cautela o incluso rotar hacia entidades. 

    La historia todavía está en desarrollo, pero el guion cambió. Galicia atravesó el tramo más áspero de la operación y ahora juega otro partido. El mercado, que primero se entusiasmó y después se decepcionó, vuelve a darle crédito. Con una condición: que la mejora prometida deje de ser expectativa y se transforme en números.

     

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  • Sturzenegger se adjudica el acuerdo con el FMI y aumenta sus críticas a Caputo por la inflación

     

    La interna del gobierno por el rumbo económico pasó a jugar en la superficie. El dato de inflación expuso una fisura entre Javier Milei y Luis Caputo. Y en ese ruido, Federico Sturzenegger encontró terreno fértil para moverse.

    El contraste fue inmediato y quedó plasmado en redes. Caputo salió primero. Publicó un hilo técnico en el que culpó a la guerra de Medio Oriente por la suba de combustibles, pero insistió que la inflación núcleo, excluyendo carnes, se mantuvo en 2,5% y que el proceso de desinflación sigue en pie.

    Horas después, Milei eligió otro registro. «El dato es malo. No nos gusta», escribió. No hubo guiños al ministro. No hubo respaldo explícito. 

    La diferencia no es solo de tono. En un gobierno donde la comunicación suele estar alineada, la divergencia llamó la atención. Cuando se conoció el dato, Sturzenegger le dijo a Milei que eso no podía pasar y que la suba de la inflación era culpa de Caputo y de su socio y presidente del Banco Central, Santiago Bausili.

    Nada marcha de acuerdo al plan

    Las diferencias de tono entre Milei y su ministro de Economeia son cada vez más evidentes. Días antes de conocerse el dato de inflación, en la Bolsa de Comercio, Caputo prometió que comenzaban «los mejores dieciocho meses de la historia argentina». Un mensaje que pocos economistas comparten. Esa misma noche, en la Televisión Pública Milei pidió paciencia. Habló de un proceso más largo. Dos discursos para un mismo momento.

    Federico suma puntos cada vez que Toto queda expuesto.

    En ese desacople se metió Sturzenegger, que como nunca vio la oportunidad de cobrarse viejas cuentas con su colega del macrismo. Tiene historia con Caputo. Y no es menor. Ambos chocaron en el gobierno de Mauricio Macri por las metas de inflación y el control del dólar. Aquella disputa terminó con la salida de Sturzenegger del Banco Central y dejó una marca en el ministro desregulador.

    Hoy, ese rencor encuentra una ventana. Sturzenegger se posiciona como el técnico confiable ante Washington. Su paso por el MIT le abre puertas. En el Fondo lo escuchan. En conversaciones privadas, Sturzenegger se adjudica haber destrabado el acuerdo con el FMI, que venía demorado desde enero. 

    No parece casualidad que al anunciar el acuerdo en Washington, la titular del FMI, Kristalina Georgieva, haya subrayado la suba de la inflación como un tema negativo. «Vamos a tratar el dato de la inflación en la reunión con Caputo», dijo Georgieva a la prensa. 

    «Federico suma puntos cada vez que Toto queda expuesto», afirmó a LPO un funcionario que conoce bien la dinámica del área económica.

    De hecho Sturzenegger empezó a moverse con más intensidad en los últimos días. Mas allá del cerco mediático que impuso Karina Milei a los funcionarios del Gobierno, el ministro desrelugador multiplicó los contactos con periodistas de confianza. Llama, comenta, baja línea. Nunca en público. Pero busca instalar su mirada y, al mismo tiempo, marcar diferencias con el enfoque del Palacio de Hacienda sin exponerse directamente.

     

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