7.700 MILLONES

Cada yo es un universo particular por donde transcurren historias, sensaciones, pensamientos, modos de afrontar a la realidad, intereses, gustos y disgustos, traumas, ocupaciones y preocupaciones, geografías, alimentos y excrementos, roles, miedos y orgullos, logros y fracasos, escuelas y calles, sillas y medios de transporte, lógicas instaladas y absurdos del aquí y ahora, redes sociales para compartir o quedar atrapados, centros para la salud y centros para contagiarse de cualquier germen que ande cerca.

Es así, cada yo tiene su recorrido, y a veces ese mismo yo se encuentra con otro para crear momentos irrepetibles. La vida se trata del encuentro de los yo. Pero nadie dice que cuando los yo se reúnen, las cosas sean tan fáciles como parecen. Porque los huesos del yo no están hechos de calcio sino de conflictos. La cuestión es, ¿cómo cada uno de los 7.700 millones de yo que habitan este mundo conviven con sus propios conflictos?

Podemos ubicar a cada persona con precisión gracias a su dispositivo celular, pero el yo de esa persona se escurre y se desconecta de la localización satelital para poder sentir que nadie lo vigila o controla.

Hay una tendencia a creer que el yo es el único que anda dando vueltas por ahí, y que todo gira alrededor de él, a eso suele llamársele autoreferencia. Sin embargo, cuando la autoreferencia se afloja, el yo puede apreciar que hay tantos yo como él, o sea: diferentes, contrapuestos, afines, cercanos o longincuos, y que, además, empiezan a tomar conciencia que deben aprender a relacionarse con otros yo. Por eso, algunos le llamarán a esa relación: empatía, negociación, relaciones interpersonales, diplomacia, diálogo, o comunicación…

Es imposible negar las tensiones que surgen entre los diversos yo. Tensiones que pueden ir desde la ira hasta la esperanza. Si el yo decide formar parte de un club, un partido político, una religión, un país, o cualquier otra institución social, la esperanza y la ira se condensarán en un cúmulo de esperanzas e iras en donde decida incluirse.

Nos podrán decir que hay semillas de yo guardadas en los óvulos y los espermatozoides, en el banco genético de una informacion en contanste transmisión. Y son esas semillas que tendrán que juntarse y anidar en el cuerpo para formar una combinación única que hará aparecer un yo, un yo irremplazable y especial que tendrá que crear su propio destino…

El yo dirá: acepto o rechazo, pienso luego existo, voy o me quedo, insisto o desisto, gané o perdí, comprendo o no entiendo, me despierto o me duermo, me cuido o no me importa, respondo o pregunto, me siento fuerte o débil, necesito alguien que me ayude o me las arreglo por mi cuenta, voy a obedecer o hago la mía, estoy vivo o me estoy muriendo…

Las historietas y el psicoanálisis se metieron con el yo para magnificarlo, y en consecuencia aparecieron los superhéroes y los superyo, algunos de ellos vendrían a salvarnos, otros a decirnos qué debemos hacer. Una construcción de idealidades para un yo ideal, o quizás para un ideal del yo. Sin embargo, la era del anti-yo no tardaría en emerger de las tinieblas, algunos lo identificaron con los impulsos más reprimidos o con siniestras intenciones, y otros lo representarían como un antihéroe que pusiese en peligro las verdades y los recursos del supuesto superyo. Pero tanto los super-yo como los anti-yo nos han demostrado sus vulnerabilidades, sus hábitos y problemas en una lucha desenfrenada por el reconocimiento entre el dilema del ser o no ser.

El yo es como el tiempo, no se lo ve pero transcurre. Transcurre con el espacio indefinido que también él es. Podrá ser un mediador entre el interior y el exterior, entre la oferta y la demanda, entre la necesidad y la satisfacción, o hasta un mensajero que debe filtrar como una membrana celular aquello que entra y aquello que sale de sus más entrañables tejidos. ¡No maten al mensajero! Van a decir los simpatizantes del yo.

El yo tiene que estar atento a la simplificación y a la generalización que lo aproximan a las envolventes esferas del estereotipo. Un yo que no pretende quedar codificado como una contraseña que nunca cambia. Y si el prejuicio forma parte del caldo de la cultura, entonces el yo deberá moverse con cautela o arriesgarse a salir de las costumbres y el lenguaje que lo hacen dirigirse a las habituales direcciones, o decir siempre las mismas palabras. Además, el yo podría retomar las fortalezas de la tradición para moverse con seguridad y abrir alternativas hacia la innovación, o ejercer una reviravolta de los prejuicios ya no en su sentido peyorativo.

Vivimos en épocas en donde el yo se ha saturado de exigencias propias y agenas, exigencias que lo agobian y le recortan los posibles senderos por donde este podría avanzar. Sin embargo, la oportunidad para reorganizarse está a la orden del día; y entonces, es ahí que la autoafirmación es un enclave propicio para recuperarse, tomar aire, y buscar formas de consolidarse y expresar sus potencialidades.










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  • Polimorosos

     

    “Tengo 28 años, estoy cansada,

    solo vivo para pagar deudas,

    pagar deudas hasta la muerte”. 

    Lourdes, de 28 años, en Plaza Constitución, entrevista televisiva.

    Entre las terribles consecuencias del modelo económico vigente en Argentina desde 2023, una de las más graves es el endeudamiento para sobrevivir. Algunxs lo enfocan con preocupación macroeconómica ante el previsible crack que puede suponer este escenario, otrxs consideramos que estamos ante  una tecnología  de gestión de la subjetividad dirigida a producir una individualización del ajuste, el agotamiento total, la  asunción de que nuestro devenir , el de las mayorías, es vivir para pagar deudas.  

    Es consecuencia obvia, no un error ni un exceso, del conjunto de medidas económicas que se vienen implementando y tiene una secuencia histórica que vale la pena reponer, para pensar más allá de las tropelías del gobierno de turno. 

    Desde que el Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a pisar la Argentina en 2018, los ingresos populares comenzaron a caer y, en paralelo, empezó a observarse un fenómeno particular:  la toma masiva de deuda de individuos no destinada a resolver alguna cuestión circunstancial o transitoria, sino a completar ingresos que cada vez alcanzan menos. 

    2018 es el año en que deuda externa y deuda de las familias se relacionan orgánicamente en un combo que empieza con la bicicleta financiera promovida desde el Estado para sostener la fuga del excedente económico y que se expresa en cada casa con ingresos devaluados y en forma de un endeudamiento perpetuo.

    Otro momento importante fue la pandemia que, ya sabemos sobradamente, no fue solo una crisis sanitaria. Fue también el momento en que se  infiltró  en las casas la tecnología financiera de las billeteras virtuales. Esas que te permitían evitar salir o ir al cajero, que entraron en nuestras camperas como medios de pago, empezaron a ofrecer préstamos en un momento de precarización generalizada de la vida. Así, desde un click del celular, cualquiera accede en el momento a la solución financiera de una emergencia. 

    En esta historia que reponemos rápidamente aquí, hoy estamos ante un punto de inflexión. La escalera al infierno está multiplicando peldaños a fuerza de una intensificación y aceleración de este proceso a niveles nunca vistos.  Este nivel de endeudamiento es una decisión política,  que en absoluto se explica por la decisión desesperada de cada individuo. Para decirlo con un poema de Laura Devetach: “Vibrando en el cansancio elemental de  ganarle nuestra vida a un puñado de crápulas”. El broche es el conjunto de decisiones que se han tomado en nombre de la modernización, la desregulación, junto con la decisión de favorecer la privatización y concentración descomunal de recursos,  lo que explica que las filas de endeudados y endeudados para sobrevivir no pare de crecer. 

    En términos históricos, Argentina ha tenido bajos niveles de endeudamiento familiar en comparación con otros países de la región que forjaron sus modelos neoliberales a fuerza de privatización y oferta de deuda.  Pero, además, el motivo del endeudamiento  y la capacidad de pago hacen la diferencia. Los principales motivos de la demanda crediticia son el costo de vida, la inflación creciente y el acceso a la vivienda. Para hacerlo bien gráfico: la deuda y la mora aumentan porque compensan tres procesos en simultáneo:  la desregulación de los precios más importantes (alquileres, servicios públicos, salud, educación, internet) para sostener la vida de las familias, el atraso de los salarios con respecto a la inflación y el festival de tasas usureras y desreguladas. Todo, en buena parte, ministerio de Sturzenegger mediante. 

    En ese combo, estar endeudadx  para vivir es la condición transversal de las mayorías sociales. Y la mora, una consecuencia de tasas que acumulan deuda mes tras mes y es la muestra más concreta de que ya no hay más de dónde pedir prestado. 

    Un mapeo del sobreendeudamiento y sus consecuencias

    El modelo muestra sus límites. Son económicos y se ven en los balances de bancos y empresas de fintech. Pero sobre todo son límites en la salud mental de la población. Cada día este tema gana, afortunadamente, más espacio comunicacional. Se han multiplicado desde diciembre los proyectos legislativos. 

    Las cifras se repiten provengan del sector que sea. Referimos aquí el análisis que efectúa la CTA a enero de 2026, donde se afirma que estamos ante  “un deterioro generalizado de la cartera crediticia de los hogares. La mora de las familias se ubicó en 10,6%, frente a un 2,7% registrado en el mismo mes del año anterior y un 2,5% al cierre de 2024. Los atrasos crecieron durante dieciséis meses consecutivos. Es el nivel más alto desde que existen registros comparables”, esto es: 2004. 

    Es particularmente útil la  comparación que este informe hace entre las tasas de endeudamiento y el tipo de deuda, con la sistematización de las estrategias de manutención que el Estado mismo releva a través del INDEC: “Los hogares de menores ingresos se endeudan más (30,4% frente a 18,5% del estrato alto) y por vías distintas: mientras los sectores altos recurren a bancos, los bajos dependen de préstamos de familiares y amigos en una proporción casi tres veces mayor”. 

    A eso es posible sumar informe tras informe de consultoras privadas y análisis de centros especializados que confirman mes a mes el impacto desmedido de la deuda en la economía y en la vida de cada vez más personas. 

    Para dimensionar, según una nota publicada el último 6 de abril en el Perfil, el endeudamiento total de las familias supera los $39 billones, con $32,1 billones en crédito bancario y $6,9 billones fuera del sistema. Comparemos estos números. Si el presupuesto total del Gobierno, aprobado en diciembre de 2025, fue de 148 billones, la deuda acumulada representa casi un tercio de ese total. En la misma línea, la deuda por supervivencia de las familias  es casi ocho veces el presupuesto para educación y cultura (6.8 billones) y más de diez veces el presupuesto en salud (3.1 billones).  

    A estas cifras se suma la calamidad del endeudamiento informal, administrado más que nunca por bandas criminales que se ufanan del terreno ganado a la política  en cada territorio. 

    La vida, las partes del cuerpo, la libertad, son moneda de cambio financiero de formas brutales. El Observatorio Villero de La Poderosa destaca que casi el 25%  de quienes se endeudan en los barrios populares lo hacen con prestamistas informales:  “Nosotros convivimos con una realidad más cruda: 4 de cada 10 hogares deben dinero a prestamistas informales, casas de electrodomésticos, comercios barriales, billeteras virtuales y tarjetas de crédito. Apenas el 8% accede a un empleo formal (…) Con ingresos que promedian los $340.000, muy por debajo de lo necesario para no ser pobres, el crédito se volvió una trampa cotidiana. Nos endeudamos para sostener lo básico, mientras el Estado y el trabajo formal retroceden”.

    En un relevamiento de la organización Movida Ciudad, pionera en asumir la dimensión federal del sobreendeudamiento con una política de acompañamiento y seguimiento de casos de distintos lugares del país, es posible ver constantes en quienes se endeudan y en los efectos que está teniendo en distintos niveles de la vida.  La mayoría de las deudas formales siguen siendo con tarjetas de crédito, y las billeteras virtuales. Los datos de esta organización expresan la misma tendencia que las cifras de La Poderosa. Pero lo que una política de acompañamiento y seguimiento permite ver es quiénes y por qué se sobreendeudan. En la mayoría de los casos son mujeres quienes sostienen la economía del hogar, administran ingresos insuficientes y recurren al crédito para cubrir necesidades de otras personas. Ya sea hijxs, personas mayores, o personas con discapacidad. Algunos datos que surgen del último informe de marzo de 2026 la Cocina de los Cuidados, apoyan esta afirmación. Entre las principales dificultades durante 2025 para familias que cuidan personas con discapacidad, los principales obstáculos fueron el aumento del 70% en medicamentos y del costo de los prestadores en un 20%.

    Esto debe leerse en un contexto de crecimiento de los hogares monomarentales y una persistente renuencia de los padres a hacerse cargo de la cuota alimentaria de sus hijxs. No tomamos dimensión real, pero según datos de UNICEF publicados en noviembre de 2025, 7 de cada 10 padres no cumple con su obligación de pagar la cuota alimentaria de sus hijos o lo hace irregularmente. De esta forma, la centralidad de la responsabilidad de cuidados es también una expresión concreta del peso específico de la alianza patriarcado y capital cuando analizamos el endeudamiento para la supervivencia como se ha destacado desde una lectura  feministade la deuda.

    Hablar de endeudamiento hoy es también tocar un punto nodal de la salud mental, donde se asume individualmente el ajuste, donde confluyen la sensación de fracaso personal, angustia e imposibilidad de imaginar un futuro por fuera del de la deuda. Así también lo acreditan varios testimonios de personas endeudadas en el último Encuentro Federal Por el Desendeudamiento de Movida Ciudad,  donde eran recurrentes los testimonios tales como: “Desde que estoy endeudada me metí para adentro, no veo y no salgo con mis amigos para no gastar y porque ya no tengo ganas”; o “ bajé de peso, todo es un caos en mi casa, mucho bardo con mi hijo preadolescente”. 

    También vimos hacer esta conexión con fresca lucidez a la conducción estudiantil de varios colegios de la Ciudad de Buenos Aires, que reclaman no ser abandonados por una lectura simplista y reduccionista del síntoma – pintadas amenazando con matar a todos en distintos colegios – para asumir el contexto de precariedad económica, social y afectiva que atraviesa las vidas de ellxs, pero también el espacio familiar. En sus intervenciones, el par endeudamiento-salud mental es central en la caracterización y la demanda de intervención que promueven.  

    El poliendeudamiento destruye la organización política y lo comunitario

    La decisión de no solventar políticas públicas como las de cuidado, las de reducción de desigualdades y asimetrías,  empuja a muchas familias a endeudarse  a escala individual e impacta incluso en la disponibilidad para el trabajo comunitario, para lo colectivo. 

    El pluriempleo destruye también la organización colectiva y está orgánicamente vinculado al endeudamiento. No arrasa solo con lo lúdico y el descanso, que ya es una pesadilla, condiciona al extremo el tiempo para el encuentro con los demás. 

    No pocas veces este saqueo planificado a quienes tienen menos para desbordar las arcas infinitas de los mismos pocos de siempre, se hace además criminalizando a quienes recibían esas ayudas. En el transcurso de este proceso político se ha acuñado la idea de gerentes de la pobreza para demonizar toda práctica social redistributiva. Estas realidades también deben ser incorporadas urgentemente en el mapa de lecturas del sobreendeudamiento y sus funcionalidades políticas. 

    Demonizar lo comunitario, desalentar la comprensión del carácter común del problema es una herramienta de este proceso. Como en un movimiento de pinzas, se celebra el hiperindividualismo y  se nos ha inundado con la apelación constante a la idea de gerenciamiento de la pobreza y la demonización del empleo público. Se bastardea una historia enorme y rica de tejidos de apoyo comunitario, a los que ahora se persigue marcando que el verdadero crimen es la solidaridad, tal como ocurre con la avanzada punitiva sobre comedores, organizaciones sociales y redes abocadas a paliar el hambre en los barrios. 

    Tamar Pitch en su libro “El malentendido de la víctima” (Tinta Limón, 2025)  habla, en esta línea, de la criminalización de “acciones de personas que hacen lo que, presumiblemente, las instituciones deberían hacer, y al hacerlo, resaltan no solo sus deficiencias, sino sobre todo, sus injusticias. Sus acciones se vuelven políticas, tanto más cuánto más se las criminaliza” 

    Llegamos a un límite y hoy la demanda por el desendeudamiento es una urgencia que atraviesa desde el debate legislativo hasta la vida política de cualquier organización. 

    ¿Qué hacer?

    1. Politizar la deuda y el modelo económico que lo produce. Dar por sentado el carácter individual del sobreendeudamiento es una trampa. Y las iniciativas políticas que no ponen en discusión la legitimidad en la composición de la deudas familiares – tanto en el motivo de la deuda, como en las condiciones de  usura  que les son impuestas por el mercado  y la desesperación – son el reaseguro de esa trampa. Debemos instalar en el vocabulario político palabras como condonación y quitas. El punto de partida de una política de reparación de los daños de este plan sistemático de endeudamiento para sobrevivir no debe dar por sentado que los acreedores de esa deuda tienen legitimidad y carecen de toda responsabilidad.  Varios de los proyectos en discusión hoy en el Congreso tienen esta limitación: no parten de reconocer que es indispensable no dar por sentada la legitimidad de toda esta deuda. 

    Es importante considerar que la legislación y las políticas que se propongan en este sentido, puedan trabajar de manera novedosa. Por ejemplo, trabajar con presunciones por endeudadx que operen como indicadores para avanzar con condonaciones o quitas: si los ingresos no aseguran salario mínimo o canasta básica, o si existen condiciones de vida extremadamente precarias (vivir en la calle, en hoteles,  tener amparos), si se tiene a cargo el cuidado de personas que súbitamente fueron abandonadas por el Estado y sus políticas. En ese sentido, la medida de que la deuda no afecte más del 20 o el 30 por ciento de los ingresos debería completarse con que el monto que paguen las familias en una reestructuración/quita no puedan dejarla por debajo de la línea de la pobreza. 

    2. Aliviar en la urgencia. Claro que urge coyunturalmente aliviar la situación aquí y ahora.  Esto es importante porque además, en el transcurso de estos años todo recurso institucional para garantizar derechos de consumidores y reequilibrar las relaciones ha sido desmantelado. Según los acompañamientos realizados en Movida Ciudad desde fines de 2025, la voluntad de pago de quiénes están en mora es mayoritaria, sin embargo se encuentran con obstáculos permanentes como falta de información clara y accesible sobre las deudas, condiciones de refinanciación inviables incluso por parte de bancos públicos,  ausencia de instancias formales de negociación y prácticas abusivas en cobranzas. Para dar un ejemplo, el desmantelamiento del Servicio de conciliación previa en las relaciones de consumo (COPREC) que era una instancia gratuita, accesible y sin necesidad de abogado para resolver conflictos de consumo, dejó a muchas personas sin instancias de mediación y con la judicialización como única salida. Cosa que, en la práctica, es inaccesible.

    Las políticas de acompañamiento deben forzar nuestra imaginación, no podemos solo lamentarnos por la ausencia de Estado, hay que promover la mayor fuerza de las organizaciones intermedias porque los efectos subjetivos y anímicos tienen consecuencias ahora. 

    Un punto crucial y de atención inmediata. Volver sobre la política desinformada y opaca que favorece que las personas asuman créditos con condiciones draconianas que favorecen el abuso  financiero sobre el salario. Prácticas como los  débitos compulsivos por parte de bancos privados y públicos de deudas sobre el salario, jubilaciones y prestaciones por discapacidad. En este punto, considerar el tipo de ingreso y la finalidad, así como la ubicación de lxs deudorxs debajo de la línea de pobreza, es indispensable para pensar un sistema de débitos que no obligue a tomar deuda tras deuda. 

    3. Organizar el sindicalismo contra la deuda. La intervención de los sindicatos es clave tanto para mapear con más detalle la  deuda permitiendo correlacionar atraso salarial con endeudamiento. Son indispensables para romper el cerco del individualismo y la pura  decisión personal como causa de la deuda para sobrevivir.

    Veamos un ejemplo. En Entre Ríos, una investigación  elocuentemente titulada “Trabajar para deber” muestra esto con cruel claridad en base a una encuesta autoadministrada entre  trabajadores estatales: “Del total de encuestados un 35,1% declaró percibir ingresos inferiores a $1.000.000 mensuales; un 36,7% declaró percibir ingresos de entre $1.000.000 y $1.500.000 mensuales; un 22,3% dijo percibir entre $1.500.000 y $2.500.000 mensuales y solo el 5,9% declaró ingresos superiores a $2.500.000 mensuales. (…) el 71,8% de los participantes percibe hasta $1.500.000, lo que los posiciona por debajo o en el umbral de la línea de pobreza”. ¿Y cuánto de esos ingresos se destinan a pagar la deuda? En el caso de quienes reciben un salario de menos de $1.000.000, el pago de deudas compromete el 72,7% de su ingreso y quienes están comprendidos en el rango de ingresos de $1.000.000-$1.500.000 destinan el 65,8% de su ingreso a pago de deuda, quienes ganan hasta $2.500.000 asignan un 46,4% y los que perciben más de $2.500.000 un 42,4% estimado. Como puede verse, a menor ingreso, mayor compromiso salarial para el pago de la deuda. 

    El sobreendeudamiento se ha transformado en un mecanismo permanente de extracción de ingresos. Hoy, lo que se discute en paritarias -siempre y cuando existan- raramente  empata frente a la inflación, pero en gran medida esa supuesta mejora estará destinada a pagar deudas. La exigencia de medidas urgentes para desendeudar a lxs trabajadores debe ser incorporada en la discusión sindical. Politizar y acompañar en la obtención de alivio es un gran programa político, pero también es necesario organizar el conflicto contra el extractivismo financiero sobre el salario .

    4. Discutir la estructura legal-jurídica del saqueo financiero.  Hay un hilo, a 50 años de la dictadura cívico eclesial  militar. Directamente relacionado con la cuestión de la legitimidad de la deuda y el peso del endeudamiento con tarjetas de crédito y fintech, hay que derribar la arquitectura jurídica para que el saqueo se consume: aún cargamos con la Ley de Entidades Financieras de 1977, que regula gran parte del funcionamiento de bancos y entidades crediticias. Pero para acercarnos en el tiempo,  el Decreto de Necesidad y Urgencia 70/2023, validado por los cultores de la gobernabilidad aunque consoliden verdaderos cementerios sociales, les regaló a los bancos y financieras el poder de definir sus tasas de interés para estos productos, sin regulación alguna del Estado, sin mediación ni requisitos. Pueden fijar el monto que les plazca, lo pueden cambiar, no tienen que alertar ni avisar. No están sujetos a obligaciones de advertencia dirigidas a los consumidores ni tampoco deben abstenerse de ofrecer préstamos frente a imposibilidades evidentes para pagar. Todo lo contrario a las recientes regulaciones, por ejemplo, de la Unión Europea qu,e frente al crecimiento de deudas familiares marcadas por la inflación, la crisis habitacional y las restricciones salariales, dispuso reforzar controles de este tipo.  La libertad de la desregulación total de las tasas de interés es el primer eslabón de las cadenas del endeudamiento para sobrevivir. Si la deuda es con una fintech, el horror escala. En estos tiempos, la usura – que es delito –  se ha vuelto una política pública a cielo abierto. La lógica timbera de la economía la favorece.. 

    A la discusión sobre la regulación de las tasas de interés le debe acompañar necesariamente una discusión pública sobre las ganancias de bancos y fintechs durante los últimos años de empobrecimiento generalizado. Muchos de los proyectos legislativos promueven formas de absorción estatal de estas deudas ¿Es justo que el Estado absorba las deudas de las familias o sería deseable que las empresas asuman parte de la responsabilidad por haber obtenido ganancias con tasas usureras sobre una situación de precarización acelerada?. 

    5. Pensar quién le debe a quién: discutir la legitimidad del sobreendeudamiento para vivir. El endeudamiento para sobrevivir  es un gesto masivo para acceder a lo que el salario ya no garantiza, para reemplazar lo que el Estado decidió dejar abandonado, o lo que destruyó el gobierno, como un topo desde adentro.  Las personas insisten con la costumbre de comer al menos una vez al día, luchan por sostener la llegada a los trabajos y lugares de estudio, se comprometen con la posibilidad de vivir bajo techo e incluso pretenden acceder a medicamentos que atemperen el desamparo durante la vejez.  Donde antes había claro que perfectibles políticas públicas combinadas con salarios no tan arrasados y organización comunitaria solidaria, ahora avanza la lógica de la usura y la extorsión.  Nuevamente, según el último informe de la Cocina de los Cuidados sólo queda vigente el 8% de las políticas de cuidado: 4 de 50 que había antes de la llegada del actual gobierno.

    Finalmente, la pregunta sigue siendo quién le debe a quién.  Lo que hagamos hoy con las deudas es también lo que configura quienes pensamos que tienen que cargar con los costos de este programa económico ¿Es justo que le reclamemos la deuda a una persona que se endeudó para cuidar a una persona con discapacidad a la que le estaban recortando prestaciones?  Necesitamos cuestionar el régimen de saqueo desde todas estas dimensiones, romper el velo de la voluntariedad y poner en discusión que la obediencia pasiva sea el único destino. Sumarse desde cada casa, cada lugar para volver ilegítimo que vivir en Argentina signifique vivir para pagar deudas. Es necesario devolver esta discusión al centro de la vida política y sacarla de la preocupación arrasadora de la vida individualmente considerada. 

    La entrada Polimorosos se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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  • La reaparición de Patricio Mussi agita la interna del peronismo en Berazategui

     

    El fallecimiento de Juan José Mussi en noviembre pasado dejó un profundo vacío de poder en Berazategui y la disputa por su legado de cara a las elecciones del año que viene empieza a generar tensiones, más aún tras la reaparición del hijo del caudillo, el ex intendente Patricio Mussi.

    Apartado de la escena política desde que le devolvió el sillón de intendente a su padre en diciembre de 2015, Patricio se mostró está semana en Ezeiza con el intendente local, Gastón Granados, quien fue el encargado de difundir el encuentro con un mensaje en clave electoral: «Mussi = Berazategui. Pasado, presente y futuro».

    En el sur del conurbano se habla de una decisión de Mussi hijo de posicionarse de cara a 2027 en su distrito con el impulso del grupo de intendentes peronistas que tiene gravitación propia en el PJ bonaerense y diálogo abierto con ambos polos de esa interna.

    Además de Granados, en ese grupo reportan jefes comunales como Federico Otermín (Lomas de Zamora) y Nicolás Mantegazza (San Vicente).

    Esa foto no pasó desapercibida en los pasillos de la Municipalidad de Berazategui, hoy al mando de Carlos Eduardo Balor. «El Turco» custodió la sucesión de los Mussi en las últimas seis elecciones ejecutivas, encabezando la lista de concejales desde 2003.

    Ese dato es el que sacan a relucir voces de su entorno como una suerte de «testimonio electoral» de la voluntad del fallecido caudillo por ser sucedido por Balor. Por eso, se resisten en hablar de una «transición» y hablan de un «legado».

     «Desde que dejó de ser intendente, Patricio nunca más se comunicó con nosotros», dijo a LPO un dirigente alineado a Balor. 

    Así, la primera reacción a la reaparición de Juan Patricio fue el rechazo. «No tengo ni idea de lo que está haciendo ni le vamos a dar entidad», dijo a LPO un dirigente alineado al actual intendente, molesto con el posible regreso de Mussi hijo.

    «No hay internas para nosotros. El candidato natural es Carlos Balor, es el único que puede llegar a representar al justicialismo de Berazategui», agregó un concejal del oficialismo berazateguense, que definió al Turco como «la figura que nos dejó el Dr. Mussi para que continúe con su gestión».

    Cristina sugirió un apoyo a Patricio Mussi en la carrera por la sucesión en Berazategui

    Por eso, en ese espacio hay voces que ya avisan que Balor será candidato a intendente en 2027. En esa línea, resaltaron la ausencia de Mussi hijo desde su salida del Palacio Municipal. «Desde que dejó de ser intendente, Patricio nunca más se comunicó con nosotros», dijo a LPO un dirigente alineado a Balor.

    El legado de Mussi y lo que eso representa en términos electorales es lo que empieza a ponerse en disputa fuerte.

    A pesar de ser un funcionario de extrema confianza del caudillo, en Berazategui hay quienes no ven a Balor con un perfil de liderazgo lo suficientemente fuerte como para contener la interna del peronismo, dominada por décadas por Mussi, que se encargó de no poner cerca suyo figuras que desafíen su conducción.

    Carlos Balor asumió días atrás la conducción del PJ de Berazategui.

    Quienes tienen un buen recuerdo del paso de Juan Patricio por la intendencia (entre 2007 y 2015) también señalan el apoyo que el hijo de Mussi tiene del kirchnerismo.

    Como contó LPO, Mussi padre se mantuvo distante de Cristina en los últimos años. Siempre priorizó su territorio y renegó de las recientes internas.

    Con el fallecimiento del caudillo, el recuerdo de la ex presidenta incluyó palabras elogiosas y de afecto a Patricio Mussi. En sectores del peronismo, eso fue leído como una señal de apoyo a futuro, algo que cobra valor con la foto reciente de reaparición.

    A pesar de ser un funcionario de extrema confianza del caudillo, en Berazategui hay quienes no ven a Balor con un perfil de liderazgo lo suficientemente fuerte como para contener la interna del peronismo, dominada durante décadas por Mussi padre, que se encargó de no poner cerca suyo figuras que desafíen su conducción.

    Pero Balor y Mussi hijo no son los únicos nombres que suenan en la interna del peronismo de Berazategui a 2027. También aparece activo el ex diputado provincial Mario Giacobbe, que lidera la agrupación «Primero Berazategui» y que en los últimos días llamó a una «democratización interna del peronismo».

    «No creo en la portación de apellido y que cada uno tiene que dar explicaciones de lo que hizo y no hizo», dijo Giacobbe en declaraciones a El Termómetro al ser consultado sobre la reaparición política de Mussi hijo.

    Giacobbe admitió que el fallecimiento del caudillo dejó «un agujero muy grande» por lo que habló de «un proceso de discusión» que se abre en el peronismo local. 

     

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