53 personas se capacitan en diferentes oficios a través de los cursos que brinda el Instituto Crecer. Esto es posible a partir del convenio que en marzo pasado firmó el Intendente Marcelo Orazi con la institución que contempla el otorgamiento de becas para capacitaciones destinadas a personas en situación de vulnerabilidad y la posibilidad de acceder a los cursos que brinda la institución tanto a beneficiarios de programas sociales como a no beneficiarios.
La Secretaría de Desarrollo Social, a través del Área Mujer y Diversidad, coordinó la elaboración de los listados de las personas beneficiadas.
El municipio reginense, con Carolina Cailly como representante legal, presentó una medida cautelar ante el juzgado civil N°21 donde se solicitó el cese de la demolición de la chimenea Fioravantti, el recurso fue aceptado por la jueza Paola Santarelli, pero el trabajo realizado sobre las bases de la construcción ya no puede retrotraerse. Si bien…
La Tapa relanza el hashtag #YOMESUMO para que en estas fiestas la pirotecnia se la metan en el c… cajón! y te invitamos a utilizarlo en todas las publicaciones que hagas en referencia a “Regina ciudad libre de pirotecnia” para lograr definitivamente una maduración social a través del compromiso y la empatía, respetando a todo…
La situación en Medio Oriente se sigue complicando para los países del Golfo Pérsico. Irán atacó por lo menos tres barcos comerciales en la zona del Estrecho de Ormuz y apuntó al Aeropuerto Internacional de Dubai.
En este marco, el portavoz militar, Ebrahim Zolfaqari, de Irán advirtió: «Prepárense para que el petróleo cueste 200 dólares el barril, porque el precio del petróleo depende de la seguridad regional, que ustedes han desestabilizado».
Esto se produce en un contexto en el que ya se produjeron aumentos de nafta en 85 países desde que arranco la guerra y países como Japón, Alemania, Francia y hasta el propio Estados Unidos están hablando de liberar reservas para estabilizar el precio.
En ese sentido, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) acordó unánimemente liberar 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas de emergencia. Esta medida, la mayor en sus 52 años de historia, busca aliviar la presión sobre los precios y compensar el suministro perdido por el cierre del estrecho de Ormuz.
«Hay que tener en cuenta que los barcos bloqueados no hubieran llegado hasta fin de marzo, comienzos de abril, es decir, ni arrancó el faltante todavía», afirma una fuente diplomática que conoce el territorio.
El mando militar conjunto de Irán anunció que comenzará a apuntar a bancos e instituciones financieras en Medio Oriente, una amenaza que pondría en riesgo especialmente a Dubai, en Emiratos Árabes Unidos, sede de muchas instituciones financieras internacionales, así como a Arabia Saudita y al reino insular de Bahréin. A su vez, el régimen remarcó que las personas de todo Medio Oriente deberían mantenerse a 1000 metros de distancia de los bancos.
Según informaron agencias internacionales, uno de los proyectiles iraníes impactó en un buque de carga tailandés frente a la costa de Omán en el estrecho de Ormuz que terminó incendiado. Las autoridades buscan a tres tripulantes desaparecidos del Mayuree Naree después de que 20 fueran rescatados por la marina omaní, indicó el Departamento Marítimo de Tailandia.
También, el buque portacontenedores One Majesty, con bandera japonesa, había sufrido daños menores por un proyectil desconocido a 25 millas náuticas (46 km) al noroeste de Ras al-Jaima, en Emiratos Árabes Unidos. El tercer buque fue un granelero, también fue alcanzado por un proyectil desconocido a unas 50 millas náuticas al noroeste de Dubai, según informaron empresas de seguridad marítima.
El buque tailandés Mayuree Naree prendido fuego.
La Guardia Revolucionaria de Irán asumió la responsabilidad y dijo en un comunicado que «el barco Express Rome, de propiedad israelí y que enarbola bandera liberiana, y el portacontenedores Mayuree Naree fueron alcanzados por proyectiles iraníes y detenidos tras ignorar las advertencias de las fuerzas navales de la Guardia Revolucionaria».
En este contexto, el especialista en geopolítica y energia Víctor Bronstein, explicó a LPO que «el petróleo no tiene reemplazo y su falta hace colapsar a la civilización. Es imprescindible e insustituible».
Por el estrecho de Ormuz no solo pasa los hidrocarburos sino también el 30 y 40 por ciento de los fertilizantes. Es decir, si se cierra, podemos tener también problemas de alimentación este año
Bronstein dijo que «si se cierra en el Estrecho de Ormuz pasan 14 millones de curdos y 6 millones de derivados no es fácil de reemplazar. Ahora se liberan reservas estratégicas, esto se remontan la crisis del 1973 porque antes de esa primera crisis, el mundo vivía tranquilo con el petróleo. A tal punto que hasta 1974 Estados Unidos no tenía la secretaria de Energía. Después de esa crisis se crea la AIE y empieza a enfocarse en la seguridad energética».
«Por el estrecho de Ormuz no solo pasa los hidrocarburos sino también el 30 y 40 por ciento de los fertilizantes. Es decir, si se cierra, podemos tener también problemas de alimentación este año», añadió.
Bronstein asegura que «Irán tiene poder de fuego para generar esta situación y creo que Estados Unidos lo sabe. Ahora no encuentra la manera de salir. Seguramente buscará algún atajo para decir que ganó».
«EEUU está yendo por China como hizo con Venezuela. China tiene firmado acuerdos con Irán por mas de 400 mil millones de dólares para la construcción de infraestructura, caminos, y ferrocarriles. Es un activo chino en Medio Oriente. Esto también tiene que ver con esa disputa», añadió.
Por último, sobre el riesgo de un crudo a 200 dólares, Víctor Bronstein, anticipa que «generará inflación y recesión, como las dos crisis del petróleo (1973 y 1979). No es la nafta solamente, es el alimento también y puede generar una crisis humanitaria».
«Detrás de cada caloría de alimentos hay diez calorías de hidrocarburos, el precio de los alimentos y de los hidrocarburos son curvas papelearas. El crudo a 200 dólares es un shock que a la economía le va a costar acomodarse», concluye.
El concepto de “cadaunitos” desarrollado por el sociólogo Josep-Vicent Marqués en el libro No es natural permite analizar con notable precisión el núcleo ideológico del mileísmo: una visión del mundo donde la sociedad se disuelve en individuos aislados. Desde una perspectiva política, económica y sociológica, esa concepción no sólo redefine el rol del Estado sino que también tensiona los fundamentos mismos de la democracia moderna.
Por Tomás Palazzo para NLI
Imagen modificada digitalmente
Los “cadaunitos” de Marqués: la ilusión de la sociedad sin sociedad
En el primer capítulo de No es natural, Marqués propone una crítica al sentido común que naturaliza el orden social. Allí utiliza el término “cadaunitos” para referirse irónicamente a una concepción según la cual la sociedad sería simplemente la suma de individuos aislados, cada uno viviendo su vida privada sin mediaciones colectivas.
El autor señala que muchas formas de vida que creemos naturales en realidad son construcciones históricas y sociales, y que podrían ser distintas. La vida cotidiana de los “cadaunitos” aparece entonces como una ficción ideológica: individuos que creen actuar libremente pero que en realidad reproducen estructuras sociales que se presentan como naturales.
Esta crítica es central para la sociología moderna. Desde Émile Durkheim hasta Karl Marx, las ciencias sociales han sostenido que el individuo no existe fuera de la sociedad, sino que es producido por ella. El propio Marx sintetizó esta idea al afirmar que el ser humano “solo puede individualizarse en sociedad”. En otras palabras: el individuo no es el punto de partida de la sociedad, sino su resultado.
El individualismo radical en el ideario de Milei
El proyecto político de Javier Milei se inscribe dentro del libertarismo económico y del anarcocapitalismo, corrientes que sitúan la libertad individual como valor político supremo. En esa tradición, el Estado aparece como una institución sospechosa o incluso ilegítima, mientras que el mercado y las decisiones individuales son considerados los mecanismos más eficientes para organizar la vida social.
Esta concepción ha sido señalada por distintos analistas como una forma de individualismo radical. Un artículo de Carla Yumatle advierte ya, antes de su llegada a la presidencia, que en el ideario libertario mileísta la libertad individual ocupa el centro del sistema moral, mientras que el lugar de la democracia como valor político aparece difuso o subordinado.
En términos ideológicos, esto se expresa en varios rasgos característicos del discurso mileísta:
la crítica a la “justicia social” como principio organizador del Estado;
la deslegitimación de la intervención estatal en la economía;
la exaltación del éxito individual y el mérito personal;
la reducción de los problemas sociales a decisiones individuales.
Desde una perspectiva sociológica, este marco conceptual se acerca notablemente a la lógica que Marqués ironizaba con los “cadaunitos”.
Economía política de los “cadaunitos”
En el plano económico, la visión libertaria supone que la sociedad funciona como un mercado compuesto por individuos autónomos que intercambian libremente. Esta idea tiene raíces en el liberalismo clásico de Adam Smith, pero alcanza su forma más radical en el libertarismo contemporáneo, donde el mercado reemplaza casi por completo a la política. Sin embargo, numerosos autores han cuestionado esta premisa.
El economista Karl Polanyi sostiene —en su libro The Great Transformation— que la idea de un mercado que funciona solo, sin intervención del Estado ni de la sociedad, es relativamente reciente en la historia (siglo XIX, con el capitalismo liberal). Antes de eso, las economías no funcionaban solo por oferta y demanda. La producción, el trabajo y el comercio siempre estuvieron regulados por normas sociales, costumbres, religiones o decisiones políticas.
De manera similar, el sociólogo Pierre Bourdieu describió el neoliberalismo como una utopía que pretende crear un mundo compuesto por individuos empresarios de sí mismos, donde cada persona compite permanentemente con las demás.
En ese esquema, la sociedad se transforma en un campo de competencia entre “cadaunitos”.
Política sin comunidad: el problema democrático
La crítica más profunda al individualismo radical aparece en el plano político. La democracia moderna se funda en la idea de soberanía popular, es decir, en la existencia de un sujeto colectivo llamado pueblo. Sin embargo, si la sociedad se concibe únicamente como la suma de individuos, esa noción se vuelve problemática.
De allí que algunos analistas hablen de un individualismo antidemocrático, en el sentido de que la lógica libertaria privilegia la libertad individual por sobre la deliberación colectiva o el bien común.
La paradoja es evidente: si la sociedad está formada por individuos aislados, entonces el espacio político se reduce a la defensa de intereses privados. En ese punto, la política tiende a desaparecer o a convertirse en mera gestión técnica del mercado.
La crítica sociológica al individualismo extremo también se vincula con el problema de la desigualdad. Si cada individuo es responsable exclusivo de su destino, entonces la pobreza deja de ser un problema estructural y pasa a interpretarse como un fracaso personal.
Este enfoque ignora lo que el sociólogo C. Wright Mills llamó la “imaginación sociológica”: la capacidad de comprender que muchos problemas individuales son en realidad problemas sociales. Cuando esa dimensión desaparece, el resultado es una sociedad fragmentada donde cada sujeto queda librado a su propia suerte.
En términos de Marqués, el mundo de los “cadaunitos”.
Milei y la naturalización del individualismo
Volviendo a la tesis central de Marqués, el autor advertía que muchas ideologías intentan presentar como “natural” aquello que en realidad es histórico y político. El individualismo radical funciona exactamente de ese modo.
La idea de que cada persona debe arreglarse sola, que el mercado es el mecanismo más justo o que la desigualdad es inevitable, se presenta como una ley natural cuando en realidad responde a decisiones políticas concretas.
En este sentido, el mileísmo puede interpretarse como una forma contemporánea de naturalización del orden social: un relato donde la sociedad desaparece y sólo quedan individuos compitiendo entre sí.
La política contra los “cadaunitos”
El concepto de Marqués resulta sorprendentemente actual para interpretar el debate político argentino.
Si el mundo está compuesto por “cadaunitos”, la política pierde sentido y el mercado se convierte en árbitro universal. Pero si aceptamos que los seres humanos viven en sociedades estructuradas por relaciones de poder, desigualdades y vínculos colectivos, entonces la política vuelve a ser indispensable.
En definitiva, el problema no es la libertad individual —valor central de la modernidad— sino su absolutización. Porque cuando la sociedad se reduce a individuos aislados, lo que desaparece no es el poder, sino la posibilidad de controlarlo colectivamente.
El Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Villa Regina Guillermo Carricavur hizo entrega de la bicicleta mountain bike del sorteo realizado el viernes anterior entre los contribuyentes que abonaron la boleta por tasas retributivas del mes de octubre y también aquellos que había efectuado el pago anual. El hijo de la ganadora, Gregoria Pinto,…
A mi tío lo baleó una patota parapolicial en una emboscada, mientras intentaba escapar por la ventana del primer piso de una casa en Mar del Plata. No es, la historia de mi tío, una historia de desaparecidos. Pero yo todavía lo sigo buscando. Mi tío, Pacho Elizagaray, tenía 24 años cuando lo mataron. Mi tío está. Mis abuelos pudieron llevarle flores. Mi papá, tres años menor que él, pudo llorarlo. Sabemos dónde está su cuerpo. Hubo un juicio en 2016 y algunos de los responsables de su muerte fueron condenados. No todos. Pero mi tío está. Y yo todavía lo sigo buscando.
La de mi tío Pacho no es, entonces, una historia de desaparecidos. Es una historia de silencios. Y el silencio es una forma de la ausencia.
Mi abuelo presentía que a Pancho lo iban a matar. Mi abuelo se llamaba Carlos Elizagaray. En marzo de 1975, un año antes del golpe, era senador del Frejuli. Lo tenían entre ceja y ceja y ya lo habían amenazado varias veces. Gente que se identificaba como miembros de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) le había dicho que si Pacho no dejaba de joder lo iban a tener que ir a reconocer a un baldío. Mi tío Pacho estudiaba derecho y era uno de los principales referentes de la Juventud Universitaria Peronista de Mar del Plata. Entre otras cosas, había participado de las negociaciones que lograron instaurar la gratuidad universitaria en el 73. La CNU, mientras tanto, quería desmantelar a la militancia de izquierda en la universidad y en la ciudad.
Mi abuelo Carlos habló con mi tío cuando un ex compañero del Ejército le dijo que Pacho estaba en una lista y que lo iban a ir a buscar. Pacho siguió militando. Hasta que los de la CNU atacaron. La madrugada del 21 de marzo de 1975 lo fueron a buscar en la casa donde estaba con su tío y sus primos y los mataron a los cuatro.
Mi abuelo hablaba poco de ese día. Mi papá me contó más de una vez su recuerdo de escuchar desde la planta alta los pasos y la voz de mi abuelo cuando entró a la casa familiar y le dijo a mi abuela: “Maucita, nos destruyeron la vida”. Había subido al techo de la casa donde reconoció el cuerpo del tío Pacho. Era el único que quedaba. A los otros tres se los habían llevado a un descampado donde los fusilaron y los dejaron tirados. La CNU tenía la estrategia de dejar los cuerpos a la vista para infundir terror.
Veinte años antes, en septiembre del 55, mi abuelo Carlos había estado parapetado en la terraza de Casa Rosada ametrallando a los aviones que bombardearon Plaza de Mayo. Era bien peronista mi abuelo. Y era natural que sus hijos – mi tío, mi papá, mi tía – salieran también militantes. Mi papá militaba en una unidad básica de su barrio y siempre se lamentaba no haber escuchado nunca a mi tío en una asamblea en la universidad, ni dando un discurso. Decían que era buen orador. Y yo, que no lo conocí a mi tío Pacho, porque nací 17 años después de su muerte, lo sigo buscando.
El pasado, mientras tanto, parece alejarse más. Parece diluirse hacia atrás, o hacia algún fondo, como si se vaciara en una rendija oscura. Los rostros en los carteles de las plazas de todo el país, para muchos, dejan de ser personas y se vuelven eso: rostros sin nombre en carteles grises. Desconocidos para la mayoría. Cada vez más. Pero eran hermanos, amigos, padres, tíos. El duelo muta, toma nuevas formas, se esconde y brota en formas que no imaginamos hasta que se nos aparece. Y cada uno hace lo que puede hacer con eso.
De mi tío siempre supe poco. Cada vez que lo nombraba, se repetía una historia corta que era siempre la misma. Y después el silencio. Siempre me mostraron una misma foto de él. Un retrato sonriente, ya veinteañero. También había un cuadro pintado por él decorando una de las habitaciones de la casa. Nombrarlo no estaba prohibido, preguntar tampoco. Pero siempre era angustioso recordarlo y eso impedía hablar más.
Siempre sentí que me hubiera llevado muy bien con mi tío. Me gustaba pensar qué conversaciones hubiéramos tenido. Imaginar a qué se dedicaría si hubiera vivido más. Me parecía que el arte – él con la pintura, yo con la ilustración- era algo que nos podría haber unido. Quizás, de hecho, sí nos une.
Sentía que algo de Pacho habitaba en mí. Aún sabiendo tan poco, y acostumbrada a esa forma de las cosas. Me di cuenta el 24 de marzo de 2024 en plena Plaza de Mayo. Íbamos llevando un cartel con un retrato de mi tío. No lo habíamos hecho antes. Y en un momento se acercó un pibe de mi edad a mirar:
— ¿Sos algo de Pacho? — me preguntó — Yo lo conozco, era el mejor amigo de mi abuela.
El pibe, resulta, sabía más que yo de la historia de mi tío.
No teníamos la tradición de ir a la plaza los 24. A mi abuelo no le gustaban las multitudes. Comenzamos a ir más grandes, nosotros. Ese año era la primera vez que llevábamos las fotos de Pacho a la plaza. También de sus primos y su tío, las otras víctimas de la masacre de marzo del 75. Se lo había propuesto a mi viejo, hábil carpintero, que armó unos soportes de madera; yo imprimí las fotos y también la copia de una ilustración que había hecho de él cuando no pudimos marchar en la pandemia.
Después de ese día todo sucedió muy rápido. Subí la foto con el cartel de mi tío a Instagram y me escribió otra compañera de Pacho que a su vez me conecto con otros, y ellos a su vez con otros. Armé un archivo en la compu con sus nombres y números de teléfono. Los fui contactando uno a uno, y empecé a visitarlos.
Recién ahí, cuando sentí que era el momento, me animé a abrir más la charla con mi papá. Y descubrí, cuando pudimos conversar, un alivio muy profundo. La palabra liberada era un refugio. Conocer más de la vida de mi tío Pacho, contarla, era una forma de hacer algo por mí y por su memoria. Ayudaba a superar el dolor. Con el tiempo, pronunciar el nombre de mi tío Pacho dejó de generar un nudo en la garganta. Algo ahí se aflojó, y fue gracias a esa búsqueda.
Como aquellos que buscan los restos de sus desaparecidos, yo busco los restos de la historia de mi tío en cada una de las personas que lo acompañaron en su vida, y en especial en sus años de militancia. Siento la urgencia de recopilar cada memoria de él. Siento que todavía estoy a tiempo. Muchos hombres y mujeres de su generación siguen presentes, pero cada vez quedan menos. Recién en agosto de 2025 fui a conocer a La Polaca, la abuela de ese chico que se me acercó en la plaza y me despertó el impulso de buscar y saber más. Viajé con mi mamá a Mar del Plata para verla. Me puse nerviosa antes de entrar, me pasa antes de cada encuentro.
La Polaca murió dos meses después de nuestra visita. Me quedaron más preguntas por hacerle. Pero ahí tomé conciencia de que la conversación entre generaciones es imprescindible y no es algo que pueda quedar para otro momento.
En cada encuentro, con cada uno de ellos, pienso lo que me cuentan en imágenes. La Polaca era la esposa de un referente político al que Pacho admiraba, y la casa de ellos era el lugar donde se juntaban todos. Pacho se reunía a veces a solas con La Polaca y sentía esa casa como un refugio. Ella le hacía siempre una sopa con remolacha y un sandwich de rabanito. Yo no sabía que a mi tío le gustaba eso. Y a mí me encantó siempre el rabanito. Ahí encontré, quizás, una razón. Cuando la escuchaba, veía la imagen de mi tío en su casa.
Cada persona que llamo para hablar de mi tío me recibe con entusiasmo. Todos quieren contarme de él. Son siempre conversaciones para recordar con alegría. Hablamos de recuerdos íntimos. Humanos. Como los que encuentro cuando veo las fotos de los álbumes familiares, a los que vuelvo todo el tiempo porque lo que aprendo quiero dibujarlo. En las fotos noté que siempre, en la parte de arriba, en mi familia tenían la costumbre de escribir chiquitito el año: 73, 74. En esas fotos casi siempre la gente está feliz. Yo me obsesiono un poco con la fecha. Los veo en las imágenes y pienso cuánto faltaba para la masacre. Pienso que ellos están ahí en la foto, sonriendo, sin saber lo que va a pasar. Y yo sí sé.
Mientras miro las fotos y escucho a cada persona con la que puedo encontrarme en la búsqueda, pienso en cómo entendemos lo que nos queda del pasado a medida que nos alejamos en el tiempo. Como, con el paso de los años, nos cuenta entender esa época. La violencia de los setenta, que no empezó con el golpe de marzo del 76. Que empezó en democracia y empezó por el odio y el desencuentro entre los que pensaban distinto. Pienso en cómo heredamos la herida. Cómo llega a nuestras generaciones. Qué formas tiene. Y sobre todo, cómo le explicamos a los más jóvenes la complejidad de una época que se sigue estirando sobre nuestras propias vidas.
Sigo conversando con los que puedo. Sigo buscando. Avanzo, escucho, registro como puedo. Quiero filmar, pero no sé filmar. Pido un grabador para guardar las charlas con mejor calidad y hago lo que puedo. Trato de sacar alguna foto en cada encuentro. Al salir anoto las sensaciones que me dejó la conversación, detalles que no quiero olvidar. Trato de bajarlo todo a dibujos rápidos. Me aparecen escenas, imágenes de esas anécdotas. Eso puedo y eso me sale. Dibujar. Dibujarlo a mi tío Pacho es mi manera de encontrarlo.