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OBJETO DE BELLEZA

Interesante es el debate social que se ha generado en nuestra ciudad  tras el decreto firmado por el intendente interino José Rayo que estipula sustituir la tradicional elección de la reina del aniversario de Regina por el reconocimiento a valores comunitarios y de relevancia para nuestra comunidad.  Es oportuno mencionar que desde hace más de un año y medio existe un proyecto de ordenanza del FPV que prohíbe los certámenes de belleza y elección de reinas en la ciudad. Y que aún no ha tenido definición por parte de la Comisión de Asuntos Sociales que está integrada por los concejales Carlos Rodríguez, Claudia Ávila y Susana Cantero.  La Comisión tenía la intención de llamar a un debate abierto para definir el proyecto, pero el intendente interino se adelantó y tomó su propia decisión.

Antes de profundizar sobre los certámenes de belleza es oportuno soslayar su génesis. En el año 1920, el dueño de un hotel en Atlantic City (Estados Unidos) reunió un grupo de hombres empresarios para venderles una idea. “¿Qué tal si hacemos un concurso en el que muchachas vírgenes y bonitas compiten por un premio?” Eso atraería más turismo a la ciudad y aumentaría las ventas de sus negocios. La idea funcionó y los empresarios obtuvieron altas remuneraciones. A los dueños de los periódicos también les interesó la idea y entre todos, acordaron que una vez al año realizarían un concurso de belleza (que luego se exportó a nivel mundial) donde los hombres juzgarían a las mujeres. Fue el mismo año en que las mujeres consiguieron el derecho al voto en EEUU. Y no es coincidencia que así haya sido. Fue una manera simbólica de recordarles a todas las mujeres que no importa cuánto avancen en la sociedad, al final del día las aplaudirán con más o menos entusiasmo dependiendo de su sex appeal.

Al público en aquel entonces al igual que ahora, casi un siglo después, se le vendía la idea de que la reina de belleza es más que un título. Es un concurso para inspirar a las mujeres jóvenes, para que logren sus sueños y así motivarlas a que sean agentes de cambio colaborando con los demás.  Es raro leer ese lenguaje netamente feminista cuando de por sí ya existen movimientos políticos articulados donde las mujeres son verdaderas agentes de cambio en la sociedad. Para justificarse, los concursos de belleza buscan excusas bonitas que satisfagan a las más ingenuas y a los más machistas. Dicen que lo que se examina es la presencia  y el dominio en escena, que las concursantes promocionan sus provincias o ciudades y la identidad nacional. Todo menos admitir lo obvio: que es un espectáculo que sirve para poner a la mujer en una posición subordinada, en una sociedad machista que disfruta cosificándolas.

Los certámenes de belleza se contraponen con el arduo y complejo trabajo de acabar con la violencia contra la mujer, con los abortos clandestinos, la disparidad salarial y la falta de representación política de las mujeres, de hecho los hacen parecer problemas postergables. Y ahí se encuentran las concursantes, desesperadas por la aprobación de un jurado que las descartará un año más tarde porque esa ansiada exaltación como la elegida por pseudo-jueces solo dura doce meses. El sistema patriarcal no solo impone estereotipos de belleza y comportamiento, sino que condiciona para que se interiorice el mensaje de que en verdad las mujeres son las que quieren esos estándares. No es ninguna sorpresa que las muchachas quieran concursar. En una sociedad machista, en donde desde que nacen se les enseña que la estética es mucho más importante que la inteligencia. Los certámenes de belleza son un claro síntoma del sexismo de una sociedad machista.

Un gran desafío como sociedad es dejar de idealizar la belleza. ¿En qué nos basamos para saber o decir quién es más bello que quién? ¿Cuál es el concepto de lindo?  El solo hecho de que exista un concurso de belleza es discriminatorio en tanto que se resalta la belleza en contrariedad a la fealdad y se juzga a las mujeres por un atributo aislado, la belleza física separada del resto de la personalidad y existencia como un individuo, reduciendo los atributos a instrumentos de placer para otra persona. Aunque la prohibición de este tipo de certámenes pone en observación la idea de estar ganando una batalla. Ya hace un tiempo la difusión de videos y fotos de mujeres en situaciones íntimas que se difunden por internet son los nuevos formatos de cosificación. Quizás no estemos asistiendo a un cambio paradigmático sino a una mera metamorfosis. Las viejas formas, en nuevas prácticas.

 

LOS CONCURSOS DE BELLEZA SE CONTRAPONEN CON LA LEY

Los concursos de belleza en sus múltiples formas son una práctica extendida y naturalizada en la vida social, sin embargo, chocan con  la Ley 26485, que define a la violencia simbólica como la que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, iconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad”. Es por eso que, asociaciones de mujeres, organización de la sociedad civil y entidades públicas han comenzado a problematizar estas prácticas, contribuyendo a visibilizar su carácter violento, instalando el debate social y, sirviéndose de la ley para dar algunos golpes al patriarcado.

Ley 26485: http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/150000-154999/152155/norma.htm

 

LA TAPA-EMILIANO PICCININI

Emiliano Piccinini

Por Emiliano Piccinini

Periodista - Comunicador Social - Docente - Redactor y Editor de LaTapa - Reginense - Patagónico

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