Esta mañana el Intendente Marcelo Orazi recibió a Fernando Gatti y Alejandro Mackielo pertenecientes a la Brigada de Fiscalización del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Nación, quienes arribaron a la ciudad para coordinar aspectos vinculados al funcionamiento de las maquinarias correspondientes al equipamiento para la gestión de los Residuos Sólidos Urbanos (RSU).
También estuvieron la Secretaria de Ambiente, Desarrollo Sustentable y Cambio Climático de Río Negro Dina Migani, Judith Jiménez perteneciente a la Secretaría; el Secretario de Coordinación del Municipio Ariel Oliveros y el Director de Ambiente y Desarrollo Sustentable Hugo Curzel.
En la oportunidad se abordó el tema de las capacitaciones para el manejo de la retroexcavadora y el autoelevador eléctrico al personal que operará los mismos. Además hubo un intercambio de cuestiones respecto a las políticas ambientales a desarrollar entre Nación, Provincia y Municipio.
Se prevé que en la segunda quincena de marzo el Municipio contará con la totalidad del equipamiento.
Los referentes del Ministerio junto a las funcionarias provinciales y municipales estuvieron en la Plaza de los Próceres donde se dispuso de uno de los puntos limpios recibidos y el camión que arribó hace unas semanas y luego visitaron el polideportivo Cumelen donde se encuentran la trituradora de vidrio, la guillotina de neumáticos, la chipeadora de ramas y un carrito recolector para los recicladores urbanos.
“En Nación están muy conformes con el trabajo que venimos realizando en conjunto, con el gobierno provincial y el municipal, lo cual ratifica las acciones que venimos desarrollando en el marco de la política ambiental de la gestión del Intendente Orazi”, indicó el Director de Ambiente Hugo Curzel.
Michelle Bolsonaro publicó un explosivo video en sus redes sociales en el que se dedica a criticar a Flavio Bolsonaro, el hijo mayor de su marido y actual candidato a la presidencia de Brasil.
La ex primera dama expuso todas las tensiones con Flavio que se sintió «maltratada y humillada». Michelle cuestionó la alianza del Partido Liberal con el dirigente cearense y ex ministro de Lula, Ciro Gomes y reveló detalles de un fuerte enfrentamiento con su hijastro.
Según relató Michelle, el conflicto comenzó después de que ella manifestara su apoyo al senador Eduardo Girão, a quien considera el único candidato «verdaderamente de derecha» en Ceará. La ex primera dama aseguró que Flávio la criticó públicamente en redes sociales antes de hablar con ella y que inicialmente ni siquiera respondió sus llamados telefónicos.
«Lo llamé varias veces, pero no atendió. Horas después me devolvió la llamada. Sinceramente, para decirme lo que me dijo, habría sido mejor que no llamara. Fue muy brusco, me faltó el respeto y me maltrató por teléfono. Me dijo que era mejor que me mantuviera al margen de las decisiones del partido y que yo había llegado ayer y no entendía nada de política», afirmó.
Michelle sostuvo que se sintió profundamente afectada por el episodio. «Ante esa humillación, le dije que estaba bien. Entendí que no quería mi apoyo o que mi apoyo era insignificante. Entonces me retiré y me mantuve al margen», declaró.
La ex primera dama también denunció que es tratada «como si fuera una idiota» y afirmó que para Flávio y algunos de sus allegados ella «no entiende nada de política». Michelle agregó que el senador visita regularmente la residencia familiar y que, si realmente quisiera dialogar con ella, ya lo habría hecho. También aclaró que los hechos que denunció ocurrieron antes de que Jair Bolsonaro eligiera a Flávio como candidato presidencial del espacio, una decisión que, pese a todo, aseguró haber apoyado y bendecido.
Lo llamé varias veces, pero no atendió. Horas después me devolvió la llamada. Sinceramente, para decirme lo que me dijo, habría sido mejor que no llamara. Fue muy brusco, me faltó el respeto y me maltrató por teléfono. Me dijo que era mejor que me mantuviera al margen de las decisiones del partido y que yo había llegado ayer y no entendía nada de política
La ex primera dama recordó que, tras sus críticas, no solo Flávio sino también sus otros hijastros -Eduardo Bolsonaro, Carlos Bolsonaro y Jair Renan Bolsonaro- salieron públicamente a cuestionarla. «Los hermanos vinieron juntos, de forma coordinada, con textos muy parecidos entre sí. Me quedó la impresión de que todo había sido combinado y premeditado», sostuvo.
En los videos, Michelle volvió a rechazar cualquier entendimiento con Ciro Gomes, recordando las duras críticas que el dirigente realizó durante años contra Jair Bolsonaro y su familia.
«Llamó a mi marido ladrón de gallinas, corrupto, burro. Dijo que robaba combustible. Dijo que sus esposas eran ladronas. Dijo que mis hijastros eran corruptos y les puso el apodo de ‘huevos de serpientes nazi’. Tengo derecho a considerar equivocada una alianza con alguien que siempre se declaró enemigo de ellos», afirmó.
Esto generará consecuencias, no terminamos de superar la crisis del Banco Master y el Tariflavio que ya tenemos otro problema nuevo
Si bien en el video lo niega, el fondo de la crisis radica en que Michelle tenía la expectativa de liderar la candidatura presidencial o integrar una fórmula con figuras de la derecha como Tarcisio Gomes da Freitas. «Ella siempre trabajó para una alianza con Taricisio u otro líder de derecha», dijo a LPO un integrante del Partido Liberal.
Tal como viene adelantando LPO, la decisión de Jair de impulsar la candidatura de Flavio terminó de detonar la interna y en su seno más íntimo, la ex primera dama, decidió abandonar por completo la campaña y mantenerse al margen. Esto último no ocurrió.
Ahora, en el equipo de Flavio reina la preocupación porque Michelle tiene carisma y conecta con sectores populares y evangélicos que ven en ella una referencia muy fuerte.
«Esto generará consecuencias, no terminamos de superar la crisis del Banco Master y el Tariflavio que ya tenemos otro problema nuevo», concluyó.
La basura es un hecho cultural que nos concierne a todos, a todos los sectores de la sociedad sin distinción alguna. Todos somos asociados responsables del daño ambiental que genera nuestra basura. Una de las actividades humanas más inadvertidas es la producción de deshechos. Somos la basura que producimos, y como la tratamos habla de…
La secretaria de Energía, María Tettamanti, profundizó la pelea del Gobierno con las industrias por el costo del gas en invierno. La funcionaria rechazó los reclamos de las cámaras empresarias y sostuvo que los problemas del sector privado no se explican por el precio de la energía.
«Si algún sector industrial está complicado en esta transición económica, no es culpa de la energía», afirmó Tettamanti en el Midstream & Gas Day organizado por Econojournal. La funcionaria dijo que la energía argentina es «muy competitiva» y que el aumento de los costos por la guerra afectó a todos los países. «De hecho, en algunos países fue peor porque no tienen energía», agregó. Y cerró con una definición política: «Hay que atacar las causas, no las consecuencias».
La frase cayó en medio de un conflicto abierto. La Unión Industrial Argentina, la Cámara de la Industria Aceitera y los grandes consumidores de gas venían acumulando reclamos por el aumento inesperado de los costos de abastecimiento, la falta de previsibilidad y el riesgo de cortes en pleno pico de consumo invernal.
El Gobierno reasumió la importación de GNL a través de Enarsa para evitar un impacto directo sobre las tarifas residenciales. Pero al mismo tiempo decidió que las industrias absorban el costo real del gas importado, sin subsidios directos. La cuenta quedó partida en dos. Los hogares quedaron protegidos del shock. Las fábricas, en cambio, quedaron expuestas al precio pleno.
El enojo empresario tiene tres frentes. El primero es el precio. En las subastas de Enarsa por el GNL regasificado, las industrias se encontraron con valores que podían rozar los 20 dólares por millón de BTU, casi cinco veces el valor del gas local. En una primera compulsa, el precio informado fue de 19,76 dólares por millón de BTU y la subasta quedó desierta. Nadie quiso convalidar ese número.
El caso de CIARA volvió más ruidosa la pelea. La cámara aceitera denunció falta de transparencia después de que Enarsa informara, pocas horas antes de una subasta, un aumento del 47% en el costo de regasificación. El valor pasó de 3,50 a 5,16 dólares por millón de BTU. Para las cerealeras, ese salto alteró la planificación, encareció el costo exportador y golpeó procesos críticos como el secado de granos, la generación eléctrica y la producción vinculada a fertilizantes.
Si algún sector industrial está complicado en esta transición económica, no es culpa de la energía.
El segundo frente son los cortes. A fines de mayo, unas 130 fábricas ya sufrían restricciones totales o parciales de gas. El problema pegó sobre todo en Córdoba, el Litoral y el NOA, donde la capacidad de transporte no alcanza cuando sube la demanda residencial. Según los industriales, las interrupciones no se limitaron a contratos interrumpibles. También alcanzaron a empresas con contratos firmes y semifirmes, que pagan más para tener mayor seguridad de suministro.
El impacto no es administrativo. Una planta que se queda sin gas tiene que parar líneas, reorganizar turnos, usar combustibles alternativos más caros o absorber costos que después aparecen en toda la cadena. La Unión Industrial de Córdoba lo planteó en esos términos: producir bajo incertidumbre diaria y sobrecostos extraordinarios complica el empleo, la inversión y los precios.
El tercer frente es el traslado del riesgo. ACIGRA, que reúne a grandes consumidores industriales, cuestionó que el nuevo esquema obliga a las empresas a estimar con precisión cuánto gas necesitarán durante el invierno. Si compran de más, pagan un sobrecosto millonario por un insumo que quizás no usan. Si compran de menos, o si el sistema se satura, pueden quedarse sin abastecimiento.
Por eso las cámaras llevaron el reclamo al Ministerio de Economía. La mesa chica de la UIA se lo planteó a Luis Caputo y a Pablo Lavigne. La propuesta fabril fue pagar el costo real del GNL, pero sin absorber todo el salto provocado por la guerra. En la entidad plantean que pasar de 10 dólares a 22 o 23 dólares por millón de BTU es inviable para una industria golpeada por caída de demanda, presión impositiva, márgenes comprimidos y dificultades financieras.
El conflicto tiene una historia corta, pero intensa. En febrero, mediante la Resolución 33/2026, Economía había convocado a una licitación nacional e internacional para elegir un «comercializador» privado. Ese operador debía importar GNL, regasificarlo en Escobar y venderlo en el mercado interno. El objetivo era sacar esa carga financiera del Estado y reducir el riesgo fiscal.
La idea duró poco. A fines de abril, el Ejecutivo dio marcha atrás. La licitación, en la que aparecían jugadores como Trafigura y Naturgy, quedó cancelada y la operatoria volvió a Enarsa. El motivo fue doble. Por un lado, la volatilidad internacional y la suba del gas por la tensión geopolítica. Por otro, las ofertas privadas llegaron más caras de lo previsto. Economía intervino la licitación después de ofertas de 4,91 y 4,95 dólares por millón de BTU, más del doble del costo que venía pagando Enarsa por el mismo concepto.
El Gobierno eligió entonces una solución intermedia. Enarsa compra, el Estado ordena, pero las industrias pagan. La administración libertaria evita un salto tarifario pleno en hogares para no pegarle a la inflación, cuida el superávit fiscal con subsidios más focalizados y descarga sobre el sector productivo el costo más duro del invierno.
Tettamanti defendió esa arquitectura con una frase que resume la doctrina oficial. «La eficiencia se logra cuando los precios reflejan los costos», dijo. También insistió en que el sector privado debe «contractualizar» y que el Plan Gas termina en 2028 y no será renovado. Cuando le preguntaron a qué precio, respondió: «No sé a qué precio, la verdad es que no tengo ni idea». Y agregó: «No es mi responsabilidad, no es mi obligación y no es mi rol». Su rol, explicó, es fijar reglas.
La neutralidad también es reparto. El Estado conserva intacto el poder de cortarle el gas a la industria, desentendiéndose de la obligación de garantizárselo.
Alejandro Di Palma, del Instituto de Energía Scalabrini Ortiz, lo resumió con una fórmula incómoda para el discurso oficial: «La neutralidad también es un reparto». Para el especialista, la Secretaría de Energía no puede decir que solo fija reglas y después desentenderse del precio, porque esas reglas ya definen ganadores y perdedores. «El Estado conserva intacto el poder de cortarle el gas a la industria, desentendiéndose de la obligación de garantizárselo», señaló. En su lectura, el racionamiento no se privatizó: lo que se privatizó fue el riesgo.
La paradoja es que el Estado se retira de la garantía, pero no del mando. Sigue definiendo la demanda prioritaria. Sigue ordenando cortes. Sigue obligando a las distribuidoras a ejecutar restricciones con cuadrillas y controles.
El punto físico también desarma parte del relato. Tettamanti admitió que el sistema llega al invierno con la misma capacidad de transporte que el año pasado, igual o mayor producción en Neuquén y una cantidad similar de barcos de GNL. Si la restricción está en los caños y no en la molécula, mandar a la industria a comprar gas no agrega un metro cúbico al sistema. Apenas reordena por precio una escasez que antes se administraba por instrucción. La señal de precios no construye gasoductos.
Ahí aparece la renta escondida. Vaca Muerta produce gas barato, pero en los picos de consumo el precio lo fija el GNL importado. La brecha entre el gas local y el importado no expresa solo un costo. También expresa la falta de infraestructura. El industrial que paga el sobreprecio no paga únicamente energía. Paga la escasez de transporte que el propio Estado no resolvió, ni este gobierno ni los anteriores.
El equilibrio actual tiene otro dato incómodo: cierra porque la economía está fría. La red no desborda, en parte, porque buena parte de la industria está de rodillas. Si la actividad se recupera, el límite del transporte va a aparecer con más fuerza.
La discusión, entonces, excede el invierno. Vaca Muerta puede ser una plataforma para abaratar la energía de la producción local o una caja de renta exportadora. Son dos países distintos.
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