Villaverde voto y denunció «ataques a las mujeres»

 

La diputada de La Libertad Avanza se acerco a votar esta mañana, rompió la veda e hizo declaraciones por las acusaciones recibidas.

Lorena Villaverde voto esta mañana en Cipolletti y realizo una serie de declaraciones defendiendo su espacio político, alusiones personales y relacionadas al ataque a Pablo Cervi. Villaverde llegó al establecimiento acompañada por su hijo y por su colaborador Julián Goinhex, quien la trasladó hasta el lugar.

La candidata a senadora, entre sus declaraciones, rompió la veda electoral al pedir abiertamente que se vote por el partido que representa y a su vez defendió el modelo de gobierno nacional “Las mayores inversiones del país se hicieron en Río Negro, gracias a decisiones del presidente y del titular de YPF«. También sostuvo que las denuncias en su contra forman parte de un estrategia política que solo busca deslegitimarla y que se dan por su condición de mujer. “Siempre somos las mujeres las que recibimos los agravios. Mis hijos son adolescentes y son quienes más sufren. Pero yo camino con la frente en alto”

Por ultimo también se solidarizo y repudio el episodio de violencia que paso Pablo Cervi “Repudio completamente lo que vivió Pablo Cervi y su familia. Fueron dos caras de una misma campaña, una de ellas mostrando violencia hacia él como candidato”.

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  • ¿A qué apuntan Trump y Netanhyahu?

     

     

    Tras un comienzo arrasador, el Estado de Israel parece estancarse en Irán, mientras sus cielos ya no se ven impenetrables presiona a Estados Unidos para que se involucre en una guerra . Trump acude al rescate de palabra, aunque también parece estancarse y y dudar. ¿Cuáles son los objetivos de ambos jefes de estado, qué chances tienen de lograrlos?. La guerra que se define en estos días podría cambiar Medio Oriente. Por Leo Rodríguez para ANRed.


     

    El martes de la semana pasada Israel comenzó una guerra al iniciar la operación llamada «León ascendente», se inició con el asesinato de la mayor parte de la dirección militar y científica iraní, (al menos, 15 cientificos y unos 20 oficiales de altos cargos militares) y destruir una parte importante de las baterías antiaéreas del país. Al día siguiente Irán empezó a responder con el lanzamiento de misiles, mientras Israel continuó destruyendo objetivos militares, nucleares y de infraestructura básica.

    Al día de hoy, el 14 de junio, Israel comenzó a sostener bombardeos diarios, mientras que Irán respondía con ataques que penetran diariamente el sistema defensivo israelí, supuestamente inexpugnable. El balance provisorio fue que Israel mantenía su ofensiva pero a la vez Irán no dejaba de responder. Así que la situación continuaba abierta. Irán logro mantener la capacidad de disputar la iniciativa en la guerra.

    Comenzaron las especulación sobre si ambas fuerzas son capaces de mantener la escalda belica. ¿Cuáles son los objetivos de uno y otro bando en este momento?

    Netanhyahu logró con el inició de los ataques a Irán, escapar  de dos escollos simultaneos, la crisis genocida en Gaza cuestionada de forma masiva por la comunidad internacional (Marcha global por Gaza) y una crisis interna de gobierno que cuestionaba la conducción que no termina de lograr el objetivo de aniquilar a la resistencia palestina. Pero contra Irán se lanzó a  la destrucción del plan nuclear como el lograr la caída del regimen. Ninguno de los dos objetivos parecen alcanzables en el corto plazo.

    Irán plantea «resistir», manteniendo su extructura interna (sostener la cohesión social, evitar el pánico, mantener un piso de actividad económica) y la par demostrar que no pierde capacidad para responder día a día el bombardeo contra Israel penetrando las defensas antiaereas. Por ahora estos objetivos vienen siendo logrados.

    Aquí entra la decisión de Trump de intervenir en la guerra, amenazando a Irán con la destrucción total. Esta amenaza ha sido respondido firmemente por el ayatolla Ali Jamenei. Veamos la saga de los acontecimientos.

    Trump ha comenzado afirmando que “se le había agotado la paciencia”, que destruiría de inmediato las centrales nucleares y que estaba pensando si ordenaría el asesinato de Jamenei, para anunciar que se tomará 15 días para decidir si hacerlo. Ante ello, el gobierno israelí empezó a esgrimir que, de no cumplir Trump con el bombardeo de las centrales nucleares, Israel podría mandar comandos por tierra para destruirlas ellos mismos. Las cosas se van complicando evidentemente.

    Trump no tiene tan fácil involucrarse directamente, más allá de sus palabras.

    Desde un punto de vista práctico, si EEUU interviene, cómo evitará que se empantane como sucedió en las invasiones en Irak y Afganistán? Estará a tiempo de simplemente obtener concesiones y desescalar?

    Pero si las implicancias estratégicas no son tenidas en cuenta por el gobierno norteamericano, de todas maneras una cuestión más cercana le puede explotar en las manos. Hay que tener en cuenta que la fuerza política que expresa Trump se divide a la mitad entre los guerreristas y los aislacionistas, como Bannon, que no quieren meterse en Irán.

    Al mismo tiempo la directora de inteligencia nacional de EEUU, Tulsi Gabbard, declaró que Irán no tiene armas nucleares (además de que ese país declara no querer tenerlas). El presidente de la OIEA (Organización Internacional de la Energía Atómica) el argentino Grossi declaró ahora en el mismo sentido, contradiciéndose de lo que anunció antes y fue usado como el disparador para el inicio de la guerra.

     

    Irán resiste, en medio de sus problemas

    Los puntos más débiles de Irán son: a) las fallas de inteligencia instalan la duda de hasta qué nivel están infiltrados, lo que favorece una desconfianza interna en altos niveles y b) el no tener ningún aliado militar directo, excepto los Hutíes de Yemen. En el caso de China hay versiones no confirmadas de cierto apoyo material. Esta situación se agrava si tenemos en cuenta que hasta hace poco se consideraba que «el eje de resistencia» pro iraní incluía importantes milicias en Irak, un despliegue conjunto de Irán con Hezbollah y cierta asociación con Hamas, lo que le daba a Irán una línea directa hasta cercar a 1srael por completo, más cierto colchón que le daba el régimen de Al Assad y las bases rusas en Siria.

    En contraste, Israel en el campo de la inteligencia y de las alianzas se muestra mejor. Tiene un apoyo muy activo de EEUU (si bien con las dudas dichas de Trump) y un apoyo muy cercano de Alemania y el Reino Unido.

     

     

    La cuestión estructural en el trasfondo

    La tendencia estructural al avance chino en el plano mundial viene expandiéndose hacia Asia suroccidental («Medio Oriente») por medio de la Ruta y la Franja de la seda. Irán, como en tiempos anteriores, es un nudo esencial para la misma.

    En mayo pasado se inauguró un ferrocarril directo de China a Irán. Los pactos de estos años de China y de Irán con los países del golfo plantean la consolidación de ese nudo por medio de infraestructuras de gran escala en el plano de la comunicación y los transportes, así como de un fluido intercambio de manufacturas por energía. Desde allí permiten la continuidad de la ruta terrestre y la franja marítima de cara a Africa y a Europa.

    Por supuesto, esa extensión y la consecuente integración orgánica de Eurasia no es posible sin algún tipo de acuerdo en relación con el conflicto palestino israelí, ahora extendido al conflicto persa israelí (al margen también debe resolverse la cuestión vecina de la guerra de Ucrania).

     

    Las alternativas planteadas

    Si bien Netanhyahu y Trump no lo explicitan en este sentido, en la práctica las alternativas planteadas, en términos estructurales son:

    1. resolución militar favorable a «occidente» (EEUU, Israel, Reino Unido) y sus halcones, un triunfo militar israelí tan aplastante que sea un punto de inflexión que haga que el capital occidental vuelva a hegemonizar medio oriente y por esa vía a la India, concretando el aislamiento chino.
    2. desescalada y acuerdo paritario, abriendo el camino de un pacto de asociación entre los capitales occidentales (EEUU, europeos, de Israel) con los capitales chinos. Un pacto que permita una mayor asociación «win-win», donde todos ganen. Este pacto sería ideal para los moderados dentro de Irán y dentro de Israel.
    3. Empantanamiento de la guerra. Situación de inestabilidad en Medio Oriente. Mientras siga desarrollándose la tendencia a la mayor competitividad mundial de China y el espacio orgánico que viene construyendo (BRICS ampliado), y al mismo tiempo se agudicen los problemas económicos y subjetivos en Europa y EEUU. Incentivos para que los países del golfo sigan orientandose cada vez más hacia China y el régimen iraní pueda recomponerse.

     

    La política de Netanhyahu va hacia la opción 1) pero tiene grandes dificultades para realizarse. Primero las limitaciones militares urgentes necesita del armaento yankee para penetrar las defensas iranies en torno a el desarrollo nuclear y necesita la aprovición de armemento incluso su defensa anti-aerea para defenderse de una guerra prolongada con Irán.

    La política de Trump es muy equívoca, no se orienta con claridad a ninguna de las tres opciones en disputa, aunque no puede descartarse que termine haciéndolo por alguna de ellas. Trump que supuestamente venía a detener las guerras y sus gastos, ahora es presionado por la coalicción israelí a una guerra con altas probabilidades que sea prolongada.

    Por lo tanto el conflicto tiene amplias posibilidades de continuar sin llegar a una resolución clara. Si bien el gobierno de Irán y los BRICS en general apuestan a “volver al multilateralismo” previo al ataque hecho por el Estado de Israel.

     

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  • La salud en terapia intensiva: la crisis sanitaria en argentina

     

    La crisis sanitaria en Argentina ha dejado de ser una preocupación sectorial para convertirse en un problema estructural de magnitud nacional. Las señales de alarma son múltiples: desde la precarización laboral del personal de salud, la falta de insumos médicos y el deterioro de la infraestructura hospitalaria, hasta episodios escandalosos como la distribución de fentanilo contaminado, que ha puesto en peligro la vida de decenas de pacientes. No se trata de emergencias aisladas, sino de los síntomas de un sistema en colapso. Por Lucio Le Moal, periodista y trabajador de la salud en HIGA San Martín de La Plata.


    Este panorama no es reciente ni accidental. Es el resultado de décadas de desfinanciamiento, fragmentación, decisiones erráticas y, sobre todo, de una ausencia sostenida de políticas de salud pública de largo plazo. La inflación y la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores de la salud son solo la punta del iceberg. A esto se suman la crisis de abastecimiento de medicamentos, las demoras crónicas en la atención y la saturación de servicios clave, como ocurre hoy en el Hospital Garrahan, ícono de la medicina pediátrica argentina.

    Pero más allá del diagnóstico técnico, lo que subyace es un debate profundamente ideológico: ¿la salud debe ser garantizada por el Estado como un derecho humano, o gestionada por el mercado como un bien de consumo? Dos modelos están en pugna: el modelo estatal/nacional y el modelo liberal-mercantil.

    El modelo estatal/nacional: salud como derecho y deber indelegable del Estado

    Esta visión tiene raíces profundas en la historia sanitaria argentina. Su mayor exponente fue el Dr. Ramón Carrillo, primer ministro de Salud de la Nación, quien sostenía: «Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente al dolor que causa la injusticia social, los microbios como causa de enfermedad son pobres causas.»

    Desde esta perspectiva, el Estado debe garantizar el acceso universal, equitativo y gratuito a la atención sanitaria. La planificación estratégica, la producción estatal de medicamentos, la inversión en infraestructura y la dignificación del trabajo profesional son pilares irrenunciables. Para este modelo, la salud no es un gasto, sino una inversión social.

    El caso del fentanilo contaminado —que provocó graves infecciones e incluso muertes— expone las consecuencias de tercerizar controles y compras de insumos vitales bajo la lógica del ajuste. Las fallas en los procesos de esterilización, almacenamiento y distribución no solo revelan negligencia, sino que cuestionan la capacidad del Estado de proteger la vida de sus ciudadanos cuando delega su rol rector en el mercado.

    En este marco, la situación crítica del Hospital Garrahan —con renuncias masivas, falta de insumos, demoras en turnos y deterioro edilicio— es la expresión más visible de un modelo en crisis, pero también de lo que ocurre cuando se debilita la responsabilidad estatal.

    Como afirmaba Carrillo: «El Estado no puede mirar para otro lado cuando la enfermedad afecta al pueblo. La medicina social no es una opción, es una obligación.»

    El modelo liberal-mercantil: la salud como responsabilidad individual

    En la vereda opuesta, el pensamiento libertario plantea que el Estado debe reducir su participación al mínimo, promoviendo la competencia entre prestadores privados como mecanismo para mejorar la calidad y reducir costos. Bajo este paradigma, el paciente se convierte en cliente, y la salud en un servicio a ser contratado según las posibilidades económicas de cada individuo.

    Se proponen medidas como sistemas de vouchers sanitarios, seguros médicos privados de libre elección, desregulación de laboratorios y privatización progresiva de hospitales.

    El caso del fentanilo contaminado, desde esta óptica, demuestra —según sus defensores— que el Estado es ineficiente y que los controles funcionarían mejor bajo lógicas empresariales.

    Sin embargo, esta visión ignora un dato clave: el mercado excluye. Y lo hace sistemáticamente. Cuando la atención sanitaria se rige por la rentabilidad, los más pobres quedan afuera. Como decía Carrillo: “No puede haber política sanitaria sin justicia social.”

    ¿Un punto medio posible?

    En un país donde todo debate se polariza, es necesario explorar modelos mixtos o híbridos, como los aplicados en los países nórdicos o en Holanda. Sistemas con financiamiento público, fuerte regulación estatal, pero también con capacidad de gestión eficiente y mecanismos de control social y transparencia.

    El desafío argentino es construir un modelo de salud que combine equidad, eficiencia y sostenibilidad. Esto implica no solo mayor inversión, sino planificación estratégica, control efectivo de insumos, mejora de las condiciones laborales y fortalecimiento institucional.

    Conclusión: la salud no es una mercancía. La salud no puede ser un campo de batalla ideológica. Pero sí debe ser una política de Estado. La vida de millones de argentinos depende de decisiones políticas que no pueden postergarse. El acceso a un sistema de salud seguro, humano y justo no debe depender del azar, del lugar donde se nace ni del ingreso que se percibe.

    Como nos enseñó Carrillo, «Los problemas de la medicina como rama del Estado no se pueden resolver si no hay una política social orientada al bien común.» Hoy más que nunca, debemos retomar ese legado.

    Porque en definitiva, la salud de una nación dice mucho más sobre su dignidad que cualquier indicador económico.

     

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