El último sábado se llevó adelante una nueva edición de la caminata recreativa familiar con la participación de unas 30 personas, lo cual pudo concretarse a partir del nuevo cupo permitido en actividades deportivas al aire libre.
Los participantes disfrutaron de elongación guiada antes de comenzar, un recorrido explicativo de las características naturales de la meseta, ejercicios de respiración y alimentación saludable.
La caminata comenzó en el Sendero a la Capilla, incluyó la Capilla Santa Teresita del Niño Jesús, el Monumento al Indio Comahue y el descenso por la bajada ‘Horacio Santángelo’.
Al finalizar los participantes degustaron un café y un snack saludable en la Oficina de Turismo.
Con distanciamiento social, barbijos y actividad al aire libre continuamos cuidándonos y disfrutando la Perla del Valle con las propuestas de la Dirección de Turismo.
Mientras el Gobierno avanza con su agenda de privatizaciones, crecen las críticas por el caso Intercargo: una firma estatal superavitaria que, lejos de ser una carga fiscal, genera ingresos propios y hoy queda en la mira del ajuste. Especialistas advierten inconsistencias económicas y políticas detrás de la decisión.
Por Celina Fraticiangi para NLI
La ofensiva privatizadora de Milei sumó un nuevo capítulo con Intercargo, la empresa estatal que presta servicios de rampa en aeropuertos y que, paradójicamente, no solo no da pérdidas sino que registra superávit operativo. En ese contexto, empiezan a multiplicarse las voces que cuestionan el sentido económico —y también político— de desprenderse de una firma rentable.
El punto más contundente lo sintetizó el periodista económico Andrés Lerner, quien señaló que la compañía “podría comprarse a sí misma”, en alusión a su capacidad financiera y a la inconsistencia de vender un activo que genera recursos genuinos.
Una privatización difícil de justificar
El caso Intercargo expone una de las principales contradicciones del modelo económico actual: no se trata de una empresa deficitaria ni de un “agujero negro” del Estado, como suele argumentarse para justificar privatizaciones. Por el contrario, es una firma que funciona, que presta un servicio estratégico en el sistema aerocomercial y que además deja saldo positivo.
Esa realidad abre una pregunta incómoda: si el objetivo es reducir el déficit, ¿por qué vender una empresa que aporta ingresos? La respuesta, para muchos analistas, no está en la eficiencia sino en la lógica ideológica del Gobierno, que busca achicar el Estado incluso en áreas donde su presencia es rentable.
El negocio detrás del desguace
La discusión no es menor. Intercargo opera en un sector clave: el manejo de equipajes, asistencia en tierra y logística aeroportuaria, un servicio esencial para el funcionamiento del transporte aéreo. En ese marco, su eventual privatización implicaría transferir a manos privadas un negocio ya consolidado y con rentabilidad asegurada.
Además, la apertura del mercado aerocomercial y la desregulación impulsada por Milei ya venían anticipando este escenario: menos Estado, más competencia privada y un corrimiento deliberado de empresas públicas del centro de la actividad.
Superávit, pero igual en venta
El dato central que incomoda al relato oficial es que Intercargo no encaja en el discurso clásico de “empresa pública ineficiente”. Muy por el contrario, su condición de superavitaria la convierte en una rareza dentro del universo estatal… y al mismo tiempo en un botín atractivo.
De ahí surge la frase que resume la polémica: “podría comprarse a sí misma”, una forma de señalar que la operación no responde a una necesidad económica sino a una decisión política.
Privatizar por definición, no por necesidad
Lo que está en juego, entonces, es más profundo que una simple venta. Es un modelo de país. La decisión de avanzar sobre Intercargo revela que el criterio no es corregir desequilibrios sino reconfigurar el rol del Estado, incluso cuando eso implique desprenderse de activos rentables.
En ese marco, la privatización deja de ser una herramienta puntual para convertirse en un fin en sí mismo. Y allí es donde aparecen las mayores resistencias: no solo por lo que se pierde en términos económicos, sino por lo que significa en términos de soberanía y control de sectores estratégicos.
Porque cuando una empresa que funciona, gana plata y cumple un rol clave entra en la lista de venta, la discusión ya no es contable. Es política.
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El debate por zonas frías que se dará este miércoles en el Congreso se convirtió en uno de los temas de la conversación política en Córdoba. Principalmente, porque el gobernador Martín Llaryora encontró en esta agenda una nueva herramienta para tomar distancia del gobierno de Javier Milei al que volvió a criticar porque, en caso de que se elimine a la provincia de la región denominada zonas frías, más de 680 mil familias perderían subsidios que van del 30 al 50% en la boleta del gas.
Esta postura desató una furiosa defensa de los libertarios cordobeses en la Cámara baja, más aún después de la reunión que Llaryora encabezó con intendentes de los 13 departamentos (distritos) que se verían afectados por la medida.
Sin embargo, acerca de la interpelación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, el cordobesismo decidió despegarse de la oposición más dura a la gestión de Milei.
En tanto, la también diputada Natalia de la Sota decidió abarcar los dos reclamos para enfriar aún más su relación con el peronismo de Llaryora y Schiaretti.
Este mediodía, en una entrevista en LV2, la hija del exgobernador dijo que «deberían explicar ellos» (los cordobesistas) por qué no acompañan el pedido de interpelación a Adorni. «Hay que pedir explicaciones de todo porque la sociedad pide eso. Los reclamos de Llaryora y sus diputados son un día sí y un día no. Porque vemos que, a la hora de sentarse en la banca, ese reclamo no existe, no sucede», dijo Natalia de la Sota.
Que, además, cuestionó a la bullrichista Laura Rodríguez Machado que sostuvo el lunes que «no se va a seguir subsidiando la climatización de las piletas y saunas». «Está fuera de la realidad, diciendo ridiculeces. Lo digo con respeto, pero que vaya a San Antonio de Arredondo a ver cuántas personas tienen pileta climatizada», dijo.
La diputada del bloque Defendamos Córdoba también se refirió a la recorrida del gobernador bonaerense Axel Kicillof por la provincia mediterránea hace diez días. «Kicillof tiene su trabajo, su agrupación. Él está recorriendo como muchos dirigentes buscando esa síntesis política y social. Los que estemos convencidos de que este modelo social y económico no sirve debemos lograr esa síntesis. Hablo del peronismo, el panperonismo y sectores que no necesariamente piensen como el peronismo», aunque, consultada por si es posible pensar en una fórmula, De la Sota «los nombres es lo último que hay que discutir».
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