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Turismo: ¡Se viene otro finde cargado de actividades!

La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina comparte las actividades planificadas para este fin de semana:

*Tardes Dulces:  Continuamos la semana de la Dulzura con la pastelería y panificación artesanal de emprendedores locales. Este viernes 9 nos acompaña Paola Pavian con panificación y repostería vegana.

El sábado 10 Rosi Arrieta con chocolatería, alfajores y conitos de dulce de leche artesanales y el domingo 11 será el turno de Muñoz Alicia.

Durante los tres días a partir de las 14 y hasta las 18 horas.

 *Caminatas Recreativas: Salimos de de caminata guiada el viernes 9 y sábado 10 a las 15 horas. El punto de encuentro será la Oficina de Turismo. Con la inscripción te llevás un cafecito gratis a elección para la vuelta. Actividad gratuita con cupo limitado y protocolo COVID- 19.

*GastroArte en RuGliano: junto a la Dirección de Cultura los invitamos a ser parte de la propuesta que une a nuestros artistas locales y lo mejor de la gastronomía regional. Este fin de semana es el turno de RuGliano quienes se sumaron a la propuesta con un almuerzo el domingo 11 de Lasagna italiana acompañada de tabla de fiambres, pan casero, y variados postres que incluyen conservas y tartas de manzana. La música estará a cargo de los artistas Alexis y Pablo.

Reservas al 2984 865960

*Feria ReEmprender: La Plaza de los Inmigrantes se vuelve a vestir de Feria el domingo 11 con un nuevo horario de invierno a partir de las 14 horas. Nos acompañan artesanos y emprendedores locales de variados rubros.

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  • Citarán al empresario Carlos Tita en la causa contra Salmain por pedir un soborno de 100 mil dólares a Vaudagna

     

     El empresario de salud Carlos Tita será llamado a declarar en la causa que el juez federal de Rosario Gastón Salmain está imputado de haber pedido un soborno de 100 mil dólares al ex director regional de la AFIP de Santa Fe Carlos Vaudagna para quedarse con las causas penales que implicaban a este en hechos de corrupción.

    Tita es un médico cirujano devenido en poderoso empresario de la ciudad de Rafaela, que controla clínicas y sanatorios de distintas zonas de Santa Fe y que fue en los 90 socio del ministro de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti, que es oriundo de la misma ciudad. Lo que la Justicia Federal trata de establecer es si Tita fue quien aportó el dinero solicitado a Vaudagna para que el juez Salmain reclamara la competencia y se quedara con múltiples expedientes que implicaban al ex alto funcionario de la entonces AFIP por múltiples delitos. Cosa que efectivamente Salmain hizo en diciembre de 2024.

     Tita es un médico cirujano devenido en poderoso empresario de la ciudad de Rafaela, que controla clínicas y sanatorios de distintas zonas de Santa Fe y que fue en los 90 socio del ministro de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti, que es oriundo de la misma ciudad 

    La relación entre Vaudagna y Tita está acreditada en los contenidos de un teléfono secuestrado al primero en una causa ligada a la empresa Vicentin que impulsó una decena de causas penales, al descubrirse que el ex director de AFIP cobraba a empresarios legales para ayudarlos a evadir dinero, hacer colocaciones en paraísos fiscales y persiguió a contribuyentes para extorsionarlos. Esos contenidos indican que Vaudagna, que entonces era máximo jefe en Santa Fe del organismo recaudatorio, hacía trabajo de asesor contable para Tita, algo del todo incompatible con sus funciones públicas.

    Hace diez días, en la audiencia en que Salmain fue imputado por el intento de cohecho, el fiscal federal Federico Reynares Solari reveló en audiencia que el intermediario para cobrar ese soborno fue el abogado Diego Feser, que integra el plantel de un destacado estudio jurídico y es director del diario La Capital de Rosario.

     [Imputan al juez Salmain por pedir una coima de 100 mil dólares a un ex jefe de la AFIP]

    Hace ocho días el fiscal Reynares imputó al juez Salmain que «a través de la intermediación del doctor Diego Feser, le ofreció a Carlos Vaudagna la posibilidad de influir en el trámite de las causas que se le seguían en el expediente FRO 16727/2023, donde Vaudagna estaba denunciado como alto funcionario de la AFIP por violación de secreto, abuso de autoridad y violación de deberes de funcionario público». El motivo, según el fiscal, fue para que estas causas «quedaran radicadas bajo su competencia y resueltas en un sentido favorable a sus intereses, a cambio de una suma de dinero que fue fijada en 100 mil dólares».

    Los indicios que volcaron la atención hacia el empresario de salud rafaelino, que ahora según supo LPO sería convocado a declarar, es que en una de las comunicaciones que Feser mantiene con Vaudagna le pregunta si ya habló con Tita, en fechas que coinciden con el momento en que Salmain intenta sin éxito quedarse con las causas que implican al directivo de AFIP, que estaban claramente no solo fuera de su competencia territorial sino de la materia en la que entiende, ya que es magistrado civil y estos temas son de índole penal.

    La idea de que Tita le facilitó dinero a Vaudagna no implica que supiera, en principio, para qué iba a ser destinado ese dinero. Pero de las múltiples investigaciones que hay en el Ministerio Público Fiscal en Santa Fe, Rosario y Reconquista, hay indicios vehementes de que el dinero habría sido entregado. E incluso fue aceptado por Vaudagna en su declaración como imputado colaborador, que dijo que dejó la mitad de la plata solicitada en una vieja estación de trenes cercana a su casa como le habían pedido.

    La alusión a Carlos Tita fue en la audiencia del pasado 31 de julio que presidió el juez de Garantías Román Lanzón. Allí Salmain, al defenderse, apuntó de una manera algo desconcertante por igual a la Corte Suprema. Primero dijo que las causas penales en las que está imputado -dos de ellas por pedidos de coimas- eran un armado que atribuyó «al presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, a su secretario, Silvio Robles, y a fiscales de la jurisdicción de Rosario, presuntamente vinculados con ellos».

     La idea de que Tita le facilitó dinero a Vaudagna no implica que supiera, en principio, para qué iba a ser destinado ese dinero. Pero de las múltiples investigaciones que hay en el Ministerio Público Fiscal en Santa Fe, Rosario y Reconquista, hay indicios vehementes de que el dinero habría sido entregado. E incluso fue aceptado por Vaudagna en su declaración como imputado colaborador, que dijo que dejó la mitad de la plata solicitada en una vieja estación de trenes cercana a su casa como le habían pedido. 

    Pero después de eso, al ampliar su descargo en el que defiende con vehemencia ser inocente, inesperadamente puso en la mira a otro ministro de la Corte, Ricardo Lorenzetti, al que mencionó explícitamente, incluso mostrando una publicación periodística.

     [Suspendieron al juez Salmain y le inician juicio político por dos casos de corrupción

    Entre quienes siguieron la audiencia hubo una fuerte impresión de que Salmain parecía haber en la alusión a Lorenzetti el envío de un mensaje cifrado. Lorenzetti participó personalmente de la ceremonia en la que Salmain, oriundo de Buenos Aires, asumió como juez federal de Rosario en julio de 2024.

    En la primera audiencia en la que Salmain fue imputado de un caso de cohecho resultó coimputado el escribano santafesino Santiago Busaniche, un conocido lobista de la Justicia Federal, muy conocido en Comodoro Py. Busaniche fue señalado como intermediario de un intento de soborno para que Salmain aceptara una demanda, como hizo, para que un fideicomiso comprara dólares en el mercado oficial durante la vigencia del cepo cambiario.

    En otra audiencia donde a Busaniche se lo acusó de gestionar una extorsión contra empresarios bursátiles, la abogada de Busaniche, Débora Lichtmann, habló de que esa causa penal era una construcción que atribuyó a una interna en la Corte Suprema de la Nación. Poco tiempo después la misma defensa de Busaniche citó a declarar al ex administrador general de la Corte, Héctor Daniel Marchi, sin la toma de juramento que es de práctica a los testigos, por si surgieran ulteriores responsabilidades penales.

     

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  • ¿Cuánto pesa una muestra de sangre?

     

    El jueves 9 de abril fui a dar una muestra de sangre para el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) al Hospital Rossi, en el barrio Hipódromo de La Plata, a 5 cuadras de casa. A las 11 de la mañana me presenté en el mostrador de la secretaría de Dirección, di mi nombre y avisé que tenía una cita para dar esa muestra y que me estaban esperando. La señora que estaban atendiendo a mi lado se dio vuelta para mirarme. No sé si entendió bien de qué hablábamos, pero se quedó mirándome, y yo me quedé pensando en qué pasaría por su cabeza. No parecía una señora de los derechos humanos. 

    Los días anteriores a la cita hice lo que había hecho toda la vida con los temas vinculados a la desaparición de mi viejo: como si nada. Tal y como me lo indicó mi madre a los 7 u 8 años cuando nos sentó a mi hermano y a mí en la mesa de la cocina de Berisso y nos dijo: “A su papá se lo llevaron y no pueden hablar de eso con nadie porque es peligroso”. Quizás dijo algo más, o usó otras palabras, pero yo ya no pude escuchar. En ese momento, ni mi hermano ni yo hicimos ninguna pregunta. Tampoco después. Supongo que él, como yo, se acostumbró a inventar historias, y a no hablar.

    En distintas ocasiones comenté que iba a dar sangre, como algo que no requería demasiada importancia, y desestimé uno a uno todos los ofrecimientos de compañía. Después de todo, tenía que trabajar antes y después, y no le iba a complicar la mañana a nadie. Dami insistió y me mandó un mensaje el día anterior por si se tenía que pedir el día en el trabajo. Pero le dije que no, que estaba bien, y ya no insistió más. Estuvo medido. ¿Cómo será estar medido? ¿Cuánto pesa todo esto 50 años después? ¿Cuánto pesa una bolsa de huesos?

    Veo pasar imágenes de un libro que Martín Bonetto presentó en La Plata justo dos días después de la extracción, y leo que él y su hermana, al igual que Leti y Ramón, recuperaron uno de los dos cuerpos de sus padres desaparecidos. O sea, ahora tienen una madre o un padre desaparecido y otro asesinado, o muerto, que para el caso es lo mismo, o no. Alguna vez la escuché decir a Leti, en una entrevista, que lo que sentía por uno y por otro ya no era lo mismo. Y, como fuimos amigas, me dieron ganas de preguntarle qué era lo que sentía. Pero nunca lo hice.

    El jueves me levanto especialmente conmovida y mando un mensaje de Whatsapp a un grupo de amigos-familia: «Buen día! Alguno anda suelto a las 11 de la mañana hoy? Tengo que ir a dar la muestra del EAAF y me agarró susto. Me iba a acompañar Dami, pero le dije que no y ahora no está a tiempo para pedir el día en el trabajo. Sino le pido a mi vecina!”.   Sol se ofrece. 

    Me cuesta mucho pensar qué quiero ponerme para la ocasión. Me siento ridícula, pero me pruebo ropa como si fuese a ir a una fiesta. Tengo que medirme, no voy a una fiesta. Estoy eufórica. Me pongo linda, pero a último momento me saco las botitas porque me parece mucho. Me pinto la boca. Igual, siempre me pinto la boca —hasta para ir al gimnasio— y esto tiene que encajar en la rutina, así que no pasa nada.  

    Después de todo, Martín Bonetto se sacó una selfie con los huesos de su padre desaparecido arriba de una mesa; me cae bien. Pero no dejo de pensar en que no se note demasiado todo lo que estoy sintiendo. Lo hago todo el tiempo, sobre todo con las cosas que más me pesan, o incomodan. Y es raro, porque suelo ser bastante dramática. ¿Cuánto pesará una bolsa de huesos?

    Me decidí a llamar al Equipo de Antropología Forense porque encontraron 12 cuerpos en el ex centro clandestino La Perla, Córdoba, y por varios días se habló mucho del tema, en todos lados. También este año se cumplieron 50 años del Golpe. En la radio dicen que si tenés un familiar desaparecido llames para actualizar tus datos. Automáticamente pienso que quizás nunca nos llamaron para avisarnos que lo habían encontrado porque no tenían los datos actualizados. ¿Quién te dice?

    El otro día un pibe de un grupo de Whatsapp de periodistas contó que trabajaba para el EAAF. Le escribo por whatsapp. Los del EAAF me llaman por teléfono, actualizan mis datos y me preguntan si no quiero dar una muestra de sangre. Hasta ese momento, no recordaba que no lo había hecho. Pero después me acordé: no vivía en Argentina cuando se tomaron las muestras y supuse que con la de mis hermanos bastaba, o creo que eso me dijeron. Pero me explican que mi carga genética no es la misma que la de ellos -entre otras cosas porque son varones y los cromosomas y coso-, y entonces le dije que sí, con todo gusto, si lo que más quiero es esa bolsa de huesos, que ahora es una bolsa de huesos pero que hasta los 20 era que apareciera por la puerta. Esto último no se lo digo.

    Finalmente, me dicen que alguien de la subsecretaría de Derechos Humanos me va a llamar para coordinar una fecha, así que no me queda otra que esperar. También me advierten que es marzo, el mes de la memoria en Argentina, y, como además es la conmemoración de los 50 años del Golpe, la espera puede ser aún mayor. Qué puntería la mía, con lo mal que me llevo con estas esperas. 

    El 31 de marzo me escribe Beto Díaz, el director de Investigación y Memoria de la Subsecretaría, y me ofrece varias opciones de hospitales para la extracción. No lo dudo, inmediatamente le digo que el Rossi es el indicado porque queda muy cerca de casa. Al día siguiente, confirmamos la fecha y el horario: 9 de abril a las 11. Es 1 de abril, queda esperar, nuevamente, en loop.

    Marzo se me hizo eterno, y con esto de la muestra no hago más que estirarlo. 

    Ya es 9 de abril, son casi las 11, Sol me pasa a buscar y estamos paradas en el mostrador de un pasillo del Hospital Rossi. Por suerte es la parte nueva, que tiene más luz. Nos hacen entrar a una sala de espera y ahí viene la directora asociada, que se presenta y se toca un pañuelo de las Madres que le cuelga al cuello. Ella sí es una señora de los derechos humanos. Nos dice que esperemos un momento, que ya están bajando con el material, o algo así. Sol habla y me distrae. Lo hace bien, le sigo el juego.

    Bajan con una caja de telgopor y pasamos todas a una oficina minúscula. Somos 5 y cada una cumple un rol específico: la directora (compañera), las bioquímicas que hablan de secuenciadores, Sol que acompaña y documenta, y yo que respondo órdenes y trato de seguir haciendo como si nada. Nos sentamos alrededor de una mesa y las bioquímicas  dicen que la muestra tienen que sacarla antes de llenar los papeles y responder las preguntas, porque luego hay que esperar media hora para que la sangre se seque. Menos mal que el tan mentado look incluía una remera, porque había pensado que me pinchaban el dedo y listo, pero no, es con jeringa, y las odio.

    La sangre va en tres cartoncitos que parecen tres pares de ojos. Pero antes de ponerlos en sobres, cerrarlos y meterlos en una caja fuerte, hay que esperar 30 minutos: empieza a correr el cronómetro. Llenamos las planillas, me preguntan el nombre de Cocho, mi viejo, y me quiebro. Nunca se sabe cuándo va a llegar ese momento, pero llega. Menos mal que está Sol y no mi vecina. Esa mañana cuando me desperté, y me di cuenta de que no podía ir sola, pensé en decirle a ella. Marina vive al lado, tiene 87 años y aunque nos conocemos hace mucho tiempo, tampoco nos conocemos demasiado. 

    Creo que me cuesta anticipar los escenarios. En todo caso, estuvo bien que fuera Sol y no mi vecina la que me abrazó. Esta vez no pensé si las señoras estarían incómodas. 

    Cuando pusimos la baldosa en la puerta de la casa de La Plata donde secuestraron a Cocho, alguien me dijo que le resultaba raro que yo no hubiese llorado. Que tu dolor más íntimo forme parte de un hecho social, de alguna manera te obliga a exponerlo de por vida, aunque no quieras, y yo me llevo muy mal con eso. Me incomoda. ¿Cuánto pesa el dolor en lágrimas? 

    Lloro, me repongo lo más rápido que puedo, llenamos los formularios, los firmamos y nos quedamos charlando hasta que suena el cronómetro. Entra el señor que sabe la clave de la caja fuerte, marca los números y yo pispeo, estoy tentada de saber la combinación, pero me contengo. La impunidad del momento me hubiese dejado hacer lo que quisiera, pero esta vez no me aprovecho. Soy víctima.

    Nos abrazamos. De alguna manera, nos sentimos hermanadas. Salimos por la parte fea del hospital, la oscura, pero estoy contenta. La mujer del EAAF con la que hablé por teléfono y me invitó a dar sangre me explicó que mi muestra entra en el sistema y automáticamente se cruza con todas las que hay, pero que es difícil que, al estar la de mis hermanos no haya saltado ninguna coincidencia. Pero también me aclara que a lo largo de estos 40 años se han encontrado con muchas situaciones inéditas. ¿Cuánto de mí se estará aferrando a lo inédito en estos días? ¿Cuánto pesa una muestra de sangre?

    Me despido de Sol y vuelvo a casa a escribir, pero no hay manera. El pintor me manda un mensaje, me dice que va a venir y me alegro. Es insoportable, pero me viene bien que venga, no quiero estar sola ni tampoco con alguien con quien me vea obligada a hablar. Sigo sin poder escribir. Busco y mando algunas fotos que me pidió el editor para un artículo que ya escribí, y luego nada, doy vueltas. Tomo mate con José, y me voy a cenar y beber con Marito y Gus. Lo llamo a Dami y le cuento que fue más fuerte de lo que pensaba. Estoy como en un limbo.

    El EAAF me pidió que, si quería, sacara fotos, porque a ellos les servirían para hacer un posteo en redes que pueda llegar a mucha más gente. Todavía tienen más de ochocientos cuerpos sin identificar. Yo decido hacer el mío en Instagram, pero no pongo emoticones. Que no se note nada. Estoy bien, sólo un poco rara. 

    Es sábado, me voy al teatro a Buenos Aires, pero antes lavo ropa, pongo música al palo y bailo Los Chunguitos. El algoritmo toma todas las decisiones que yo no puedo, thanks god.  Después juego a probarme lentes en una tienda de muebles caros en Palermo y de ahí al Colón, donde en el escenario padres e hijos bailan, y se tocan, y se pelean, y juegan, y se separan, y se pesan y se sopesan.

    El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) tiene más de 800 cuerpos de desaparecidos sin identificar por falta de muestras de sangre de las familias. 

    La entrada ¿Cuánto pesa una muestra de sangre? se publicó primero en Revista Anfibia.

     

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