La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina comparte las actividades planificadas para este fin de semana:
*Tardes Dulces: Continuamos la semana de la Dulzura con la pastelería y panificación artesanal de emprendedores locales. Este viernes 9 nos acompaña Paola Pavian con panificación y repostería vegana.
El sábado 10 Rosi Arrieta con chocolatería, alfajores y conitos de dulce de leche artesanales y el domingo 11 será el turno de Muñoz Alicia.
Durante los tres días a partir de las 14 y hasta las 18 horas.
*Caminatas Recreativas: Salimos de de caminata guiada el viernes 9 y sábado 10 a las 15 horas. El punto de encuentro será la Oficina de Turismo. Con la inscripción te llevás un cafecito gratis a elección para la vuelta. Actividad gratuita con cupo limitado y protocolo COVID- 19.
*GastroArte en RuGliano: junto a la Dirección de Cultura los invitamos a ser parte de la propuesta que une a nuestros artistas locales y lo mejor de la gastronomía regional. Este fin de semana es el turno de RuGliano quienes se sumaron a la propuesta con un almuerzo el domingo 11 de Lasagna italiana acompañada de tabla de fiambres, pan casero, y variados postres que incluyen conservas y tartas de manzana. La música estará a cargo de los artistas Alexis y Pablo.
Reservas al 2984 865960
*Feria ReEmprender: La Plaza de los Inmigrantes se vuelve a vestir de Feria el domingo 11 con un nuevo horario de invierno a partir de las 14 horas. Nos acompañan artesanos y emprendedores locales de variados rubros.
El pasado fin de semana se disputó la primer fecha de Top Race en el circuito 8 del Autódromo Oscar y Juan Gálvez de la ciudad de Buenos Aires, en la que el piloto reginense se subió por primera vez al Lexus y le sacó buen «jugo» durante todo el fin de semana. Las primeras sensaciones arriba del…
El canciller Pablo Quirno difundió con entusiasmo la decisión de la norteamericana Halliburton de no participar en la explotación petrolera de Malvinas, de la que no formaba parte. Pero guarda un espeso silencio sobre una multinacional británica que opera en el país y tendría a cargo la parte crítica del proyecto Sea Lion: Noble Corporation.
El riesgo que la ofensiva de Javier Milei contra las empresas que participen de la explotación petrolera de Malvinas choque contra el propio desarrollo offshore argentino, fue anticipado en exclusiva por LPO, que este sábado reveló que Noble estaba en una situación muy delicada.
Noble Corporation, uno de los gigantes mundiales de la perforación marina, fue contratada por Total Austral para perforar los tres pozos de Fénix que hoy producen gas frente a Tierra del Fuego, un desarrollo clave para la isla y para abastecer de gas a la Argentina. Al mismo tiempo, otra plataforma de Noble tiene adjudicado un misterioso contrato por 11 pozos en Sudamérica que coincide punto por punto con la primera etapa de Sea Lion.
La conexión argentina está documentada. Total Austral contrató a Noble para llevar la plataforma Noble Regina Allen hasta Tierra del Fuego y ejecutar la campaña de perforación de Fénix.
No fue un proveedor lateral. Noble puso la tecnología que hizo los pozos. La Regina Allen llegó desde el Mar del Norte después de un viaje de más de 14 mil kilómetros y fue instalada junto a la estructura de producción de Fénix. Desde allí perforó los tres pozos horizontales que hoy permiten extraer el gas.
Noble Corporation, uno de los gigantes mundiales de la perforación marina, fue contratada por Total Austral para perforar los tres pozos de Fénix que hoy producen gas frente a Tierra del Fuego, un desarrollo clave para la isla y para abastecer de gas a la Argentina. Al mismo tiempo, otra plataforma de Noble tiene adjudicado un misterioso contrato por 11 pozos en Sudamérica que coincide punto por punto con la primera etapa de Sea Lion.
Fénix está ubicado aproximadamente 60 kilómetros mar adentro frente a Tierra del Fuego, dentro de Cuenca Marina Austral. Total Austral, subsidiaria de TotalEnergies, tiene el 37,5% y es el operador.
El proyecto demandó una inversión superior a los USD 700 millones y puede aportar hasta 10 millones de metros cúbicos diarios de gas, alrededor del 8% de la producción argentina. El gas de esos pozos viaja por una línea submarina hasta Vega Pléyade y desde allí utiliza la infraestructura existente para llegar a tierra.
El informe de Noble Corporation a sus accionistas donde blanquea el misterioso contrato en «Sudamérica».
Por eso conviene entender qué es Noble. No es una petrolera como Total o YPF. Es una contratista de perforación offshore. Las petroleras tienen las concesiones, desarrollan los yacimientos y venden el petróleo o el gas. Noble pone las máquinas más complejas y caras para llegar hasta los hidrocarburos debajo del mar. De hecho, en el contrato se puede observar que cobra 300 mil dólares por día, más gastos.
Noble Corporation plc está constituida en Inglaterra y Gales y tiene sus principales oficinas ejecutivas en Houston. La compañía nació hace más de un siglo y durante los últimos años se convirtió en uno de los gigantes mundiales del sector después de absorber Pacific Drilling, fusionarse con Maersk Drilling y comprar Diamond Offshore.
Su negocio es alquilar monstruos de acero: plataformas que se desplazan de una cuenca petrolera a otra siguiendo contratos que pueden valer cientos de millones de dólares.
Noble es la compañía. Noble Regina Allen, Noble Endeavor, Noble Resilient y las demás son unidades de su flota. Cada plataforma tiene características diferentes y va saltando entre clientes y continentes según las campañas contratadas.
En febrero de 2026 Noble informó a sus inversores y a la Securities and Exchange Commission de Estados Unidos que había conseguido para su plataforma Noble Endeavor un nuevo contrato. El cliente permanece confidencial. La descripción pública tiene apenas cuatro datos centrales: 11 pozos, Sudamérica, comienzo hacia fines de 2026 y una tarifa de USD 300 mil diarios. Los cuatro datos llevan directamente hasta Sea Lion.
La Noble Regina Allen es una jack-up. A diferencia de los buques de perforación, este tipo de plataforma llega flotando hasta el lugar de trabajo y baja enormes patas hasta apoyarlas sobre el fondo marino. Después eleva su estructura por encima del nivel del agua y queda estabilizada para perforar. Esa fue la máquina elegida por Total para Fénix. La Regina Allen permaneció contratada por TotalEnergies en Argentina desde mayo de 2024 hasta comienzos de 2025. Todavía en abril de ese año la documentación aeronáutica argentina registraba el helipuerto «Noble Regina Allen» en Tierra del Fuego.
La Noble Endeavor es otra clase de animal. Se trata de una plataforma semisumergible, diseñada para trabajar flotando en aguas mucho más profundas. Puede operar en profundidades de agua de hasta unos 8.000 pies y perforar aproximadamente hasta 35.000 pies. Tiene capacidad para alojar alrededor de 140 personas. Y la Endeavor es justamente la que abre el capítulo Malvinas.
En febrero de 2026 Noble informó a sus inversores y a la Securities and Exchange Commission de Estados Unidos que había conseguido para esa plataforma un nuevo contrato. El cliente permanece confidencial. La descripción pública tiene apenas cuatro datos centrales: 11 pozos, Sudamérica, comienzo hacia fines de 2026 y una tarifa de USD 300 mil diarios. Los cuatro datos llevan directamente hasta Sea Lion.
El CEO de Noble Corporation, Robert Eifler junto al vicepresidente de TotalEnergies, Thomas Gautherot.
El proyecto de Navitas Petroleum y Rockhopper al norte de Malvinas contempla exactamente 11 pozos en su primera fase. La perforación debe realizarse durante la ventana temporal que comienza hacia fines de 2026 para permitir que el yacimiento alcance su primera producción, prevista para marzo de 2028.
La coincidencia temporal también aparece en la información de Noble. La compañía ubica actualmente a la Endeavor en Sudamérica y la muestra comprometida hasta el segundo trimestre de 2028.
La relación con Sea Lion surge de una coincidencia extraordinariamente precisa de cantidad de pozos, región y calendario, pero todavía no fue reconocida oficialmente por las compañías.
La Noble Resilient muestra otra pata de la telaraña. Esa plataforma trabajó para Harbour Energy en aguas británicas, después de un contrato con Wintershall Dea. Son justamente las dos compañías que aparecen sucesivamente en el mismo 37,5% de Fénix: Harbour compró los activos de Wintershall Dea y pasó a ser socia de Total en el proyecto argentino.
La plataforma Noble Resilient muestra otra pata de la telaraña. Esa plataforma trabajó para Harbour Energy en aguas británicas, después de un contrato con Wintershall Dea. Son justamente las dos compañías que aparecen sucesivamente en el mismo 37,5% de Fénix: Harbour compró los activos de Wintershall Dea y pasó a ser socia de Total en el proyecto argentino.
La flota completa permite dimensionar a Noble. Después de una enorme concentración del negocio durante los últimos años, la compañía opera decenas de unidades entre drillships, plataformas semisumergibles y jack-ups.
Entre sus nombres aparecen Noble Voyager, Noble Viking, Noble Valiant, Noble Venturer, Noble Invincible, Noble Innovator, Noble Integrator, Noble Intrepid, Noble Interceptor y Noble Resolute, además de Endeavor y Resilient.
Ese mapa también permite entender por qué la amenaza de Milei puede ser bastante más complicada de ejecutar de lo que sugiere la retórica oficial.
Las petroleras no tienen una plataforma de perforación esperando en cada puerto. Existe un mercado mundial relativamente concentrado de contratistas capaces de ejecutar estas campañas y sus equipos se reservan con mucha anticipación.
Linda Z. Cook, la CEO de Harbour Energy.
TotalEnergies conoce perfectamente esa dependencia. Cuando Noble consiguió Fénix, uno de sus máximos responsables comerciales afirmó que la compañía esperaba profundizar su relación con TotalEnergies a partir del contrato argentino. No era una frase ceremonial. Total es uno de los clientes más importantes de Noble en el mundo.
En 2023 representó alrededor del 10,5% de los ingresos de la contratista y al cierre de 2025 concentraba aproximadamente 12,6% de su cartera global de contratos pendientes.
Ese vínculo internacional agrega otro problema. Una sanción argentina contra Noble no tendría enfrente solamente a una contratista que eventualmente participe de Sea Lion. Tocaría la cadena de proveedores de TotalEnergies, una de las principales petroleras que Milei necesita para sostener inversiones en la Argentina.
El Gobierno acaba de anunciar precisamente que quiere recorrer esa cadena. La Casa Rosada informó que Cancillería inició procedimientos contra 45 personas humanas y jurídicas vinculadas a la actividad hidrocarburífera en Malvinas y dejó expresamente planteado que las sanciones pueden alcanzar a quienes presten servicios a esos desarrollos.
Si el contrato secreto de la Endeavor finalmente corresponde a Sea Lion, Noble encaja de lleno en esa definición. Y ahí aparece el búmeran.
La ofensiva de Milei parte de una idea sencilla: aislar económicamente la explotación petrolera de Malvinas hasta volverla incompatible con hacer negocios en Argentina.
El problema aparece cuando se abre el capó de la industria offshore. Total, Harbour, PAE, Noble y decenas de contratistas trabajan mediante una red global de plataformas, barcos, seguros, financiamiento y servicios que atraviesa jurisdicciones y fronteras.
Tenía 17 años, una pequeña cámara Kodak Brownie y ninguna idea de que estaba registrando imágenes que más de un siglo después terminarían en el Smithsonian. Bernice “Bernie” Palmer viajaba con su madre a bordo del Carpathia cuando el barco recibió el desesperado llamado del Titanic. En medio de la noche más famosa de la…
En enero de 1945, mientras la Segunda Guerra Mundial entraba en su tramo final y el régimen de Edelmiro Farrell todavía no había declarado la guerra a Alemania y Japón, el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública enviaba a las escuelas argentinas una circular que recomendaba a las alumnas utilizar zapatos con tacos de no más de cuatro centímetros. Detrás de una medida aparentemente trivial había un extenso expediente médico y administrativo sobre el cuerpo femenino: anatomía, postura, maternidad, trabajo, disciplina, moral y hasta la idea de “mejoramiento de la raza”. La historia de aquellos cuatro centímetros permite asomarse a una época en la que el Estado pretendía conocer, clasificar y modelar los cuerpos juveniles en nombre de la ciencia y de la nación.
Por Guillermo Carlos Delgado Jordan para NLI
Hay documentos que, vistos desde el presente, parecen demasiado pequeños para contener una época. Una disposición sobre el largo de un taco puede parecer uno de ellos. Sin embargo, cuando se la lee completa, cuando se reconstruyen los funcionarios que participaron de su elaboración y cuando se la coloca dentro del universo intelectual de la educación física argentina de los años treinta y cuarenta, aquellos cuatro centímetros adquieren otra dimensión. El 29 de enero de 1945, la Dirección General de Educación Física remitió a los establecimientos de enseñanza para mujeres la Circular N.º 3, firmada por su director, César S. Vásquez, transcribiendo las actuaciones que habían conducido a la Resolución Ministerial N.º 1980, del 21 de diciembre de 1944. La resolución no prohibía legalmente los tacos altos para todas las mujeres: recomendaba a las escuelas que aconsejaran a sus alumnas utilizar calzado cuyo taco no excediera los cuatro centímetros, por considerarlo beneficioso “desde el punto de vista higiénico y sanitario”.
La diferencia no es menor. El Estado no dictaba una ley nacional sobre la moda femenina. Construía algo más sutil: una recomendación administrativa dirigida a las instituciones educativas, acompañada por un voluminoso expediente médico destinado a persuadir a autoridades, familias y alumnas de que determinado modo de utilizar el cuerpo era saludable y otro resultaba perjudicial. Y ese expediente había comenzado varios meses antes, el 19 de julio de 1944, cuando la Dirección General de Educación Física decidió consultar a su Servicio Médico sobre los efectos del taco alto en las estudiantes.
Un médico frente al cuerpo femenino
El encargado de responder fue el doctor Luis La Madrid, jefe del Servicio Médico de la Dirección General de Educación Física, quien elaboró su informe con la colaboración de los médicos David Orlando y Domingo Ortiz. La Madrid no era un profesional convocado ocasionalmente para resolver una cuestión de calzado. Para entonces llevaba varios años trabajando en la medicalización de la educación física y había participado de la Primera Conferencia de Profesores de Educación Física, realizada en Buenos Aires en diciembre de 1942. Allí había presentado un trabajo sobre la importancia del examen físico y había intervenido en una sección donde se discutieron precisamente las fichas, los tests, las mediciones y la clasificación corporal. Un estudio histórico de Pablo Ariel Scharagrodsky sobre la Primera Conferencia de Profesores de Educación Física de 1942 reconstruye el universo de saberes que atravesaba aquel campo y registra la presencia de conceptos como la antropometría, la biotipología, la degeneración, la clasificación entre ‘aptos’ e ‘inaptos’, los llamados paramorfismos y el examen físico-funcional.
El propio programa aprobado en aquella conferencia resulta revelador. Se sostuvo que el examen físico debía constituir una guía para orientar científicamente la práctica de las actividades físicas, que debía ser obligatorio para quienes practicaran actividad física en instituciones oficiales o particulares y que los alumnos debían agruparse para gimnasia y deportes sobre la base de “características biológicas homogéneas”. También se reclamó que el médico vigilara la evolución de los practicantes y que la ficha de educación física expresara sintéticamente su estado de salud y aptitud integral.
No se trataba, por lo tanto, simplemente de hacer que los jóvenes corrieran o hicieran gimnasia. Se estaba construyendo una ciencia estatal del cuerpo juvenil. Había que examinarlo, medirlo, clasificarlo, conocer sus defectos, determinar sus aptitudes y establecer qué ejercicios convenían a cada organismo. Una investigación dedicada específicamente a la recepción de la eugenesia y la biotipología en la educación física argentina ha señalado que esas prácticas produjeron procesos de “medición, clasificación y jerarquización” de los estudiantes, y que durante el período estudiado existieron conexiones entre esas ideas y las políticas impulsadas por César Vásquez al frente de la Dirección General de Educación Física.
Es dentro de ese mundo donde debe leerse el informe de La Madrid sobre los tacos.
El médico comienza explicando minuciosamente la anatomía del pie, la función del astrágalo, las bóvedas plantares y la distribución del peso corporal. Incluso ofrece un cálculo: sobre una carga de 80 kilogramos aplicada sobre el astrágalo, sostiene que aproximadamente 45 kilos son dirigidos hacia atrás y 35 hacia adelante. Una elevación moderada del talón, explica, puede contribuir al equilibrio, y por eso admite que un taco de uno o dos centímetros puede resultar adecuado. El problema aparecería cuando la elevación es mayor.
Según su razonamiento, el taco alto produce el denominado “equinismo”, desplaza hacia adelante la mayor parte de las fuerzas y concentra el peso sobre las cabezas de los metatarsianos. De allí se desencadenaría el aplanamiento de la bóveda plantar y una serie de compensaciones sucesivas que alcanzarían la rodilla, la pelvis y la columna. El informe habla de lordosis lumbar, cifosis dorsal, hipotonía muscular, alteraciones de la marcha, fatiga, torceduras, fracturas, artrosis y deformaciones.
La cadena llega incluso al abdomen. La Madrid sostiene que la inclinación de la pelvis puede producir una alteración que denomina “visceroptosis”, porque las vísceras abdominales quedarían sometidas a nuevas condiciones mecánicas. En el pie, mientras tanto, aparecen la hiperqueratosis, los dolores metatarso-digitales y el “hallux valgus”, el juanete.
Todo esto desemboca en una conclusión categórica: “Las alteraciones funcionales y orgánicas que se originan por el uso habitual del taco alto, obligan a considerarlo pernicioso para la salud y peligroso para la integridad física”. Pero la frase más significativa llega después: dado que los huesos y ligamentos del adolescente poseen menor solidez que los del adulto, el taco alto debía ser, para las alumnas de enseñanza media, “definitivamente proscripto”. La Madrid recomendaba punta ancha, suela mediana o gruesa y taco de entre tres y cuatro centímetros.
La cuestión médica, sin embargo, no terminaba en la medicina.
Del consultorio a la disciplina y la moral
El expediente pasó por distintas instancias de la burocracia educativa. El subsecretario de Instrucción Pública Antonio J. Benítez pidió considerar la posibilidad de establecer el límite de cuatro centímetros. La Inspección General de Enseñanza intervino después y allí aparece otro protagonista: el inspector doctor José A. Belfiore.
Belfiore no era un funcionario menor. La documentación ministerial lo muestra participando en distintas tareas de la Inspección General: integró comisiones oficiales, intervino en concursos y actuaciones sobre establecimientos educativos y tuvo funciones de inspección territorial. En 1944, además, aparece vinculado a la evaluación de materiales audiovisuales destinados a la enseñanza, incluidos contenidos de carácter sanitario. La documentación posterior confirma su continuidad como inspector, entre otros destinos, en el Colegio Nacional N.º 6.
Su intervención en el expediente resulta decisiva porque agrega una dimensión que el informe médico no había colocado en primer plano. Belfiore sostuvo que la medida no sólo podía adoptarse sino que sería “altamente beneficiosa” y agregó que, a las razones técnicas expuestas por La Madrid, correspondía sumar “las de orden disciplinario y moral”.
La frase es pequeña, pero históricamente enorme.
Belfiore comparó la recomendación sobre los zapatos con las disposiciones existentes sobre “el uso del guardapolvo, sobre peinados y pinturas”. De ese modo, el taco alto quedó incorporado a un universo mucho más amplio: el de las normas destinadas a determinar cómo debía presentarse una alumna dentro de la institución escolar.
El expediente muestra así dos lenguajes complementarios. La medicina decía qué cuerpo era saludable; la inspección educativa intervenía para establecer qué comportamiento era disciplinado y moralmente aceptable. La resolución ministerial podía entonces presentarse como una recomendación sanitaria, pero detrás de ella había también una concepción de la apariencia femenina adecuada para la escuela.
La Inspección General, de hecho, fue todavía más prudente que La Madrid. El 11 de septiembre de 1944 recomendó aprobar la iniciativa, pero sugirió que las autoridades escolares procuraran persuadir “a los padres o tutores de la conveniencia” del calzado recomendado. Finalmente, el ministro Rómulo Etcheverry Boneo convirtió aquella cadena de informes en la Resolución N.º 1980, del 21 de diciembre, que ordenó recomendar el taco de hasta cuatro centímetros y enviar una circular a los establecimientos para mujeres.
No hubo una policía de los tacos. Hubo algo mucho más característico de la administración educativa de aquel tiempo: medicina, inspección, autoridad escolar y familia articuladas para producir una determinada conducta corporal.
El cuerpo en tiempos de guerra
El contexto histórico vuelve el expediente todavía más significativo.
La Circular N.º 3 llegó a las escuelas el 29 de enero de 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial todavía estaba en curso y la Alemania nazi aún resistía. Edelmiro Farrell ejercía la Presidencia de facto desde febrero de 1944, luego del desplazamiento de Pedro Pablo Ramírez. El gobierno argentino recién declararía el estado de guerra con Alemania y Japón el 27 de marzo de 1945, dos meses después de aquella circular. La propia Presidencia de la Nación registra el carácter de facto del gobierno de Farrell entre febrero de 1944 y junio de 1946.
No existe presunción documental de que la decisión sobre el calzado hubiera sido tomada por influencia directa de las políticas raciales alemanas entonces vigentes. La relación que puede establecerse es otra, más compleja y más interesante: la medida forma parte de un ambiente intelectual argentino en el que la medicina, la educación física, la higiene y la biotipología habían convertido al cuerpo en objeto de conocimiento, clasificación y administración estatal.
Una investigación histórica sobre el Departamento de Cultura Física de Pablo Kopelovich mostró que durante las décadas anteriores se habían incorporado y resignificado en Argentina conceptos provenientes de la eugenesia y la biotipología, produciendo prácticas de medición y clasificación de los estudiantes. Ese trabajo señala además que las políticas impulsadas por César Vásquez a nivel nacional compartieron parte de aquel universo de preocupaciones sobre el fortalecimiento físico y moral de la juventud.
En la mencionada Primera Conferencia de Profesores de Educación Física de 1942, Guillermo L. Canessa, secretario general de la misma, propuso personalmente una ponencia que reclamaba investigar el desarrollo físico y psíquico de los niños argentinos para conocer su ‘tipo medio normal’ y ‘propender al mejoramiento de la raza’. En la misma conferencia, cuya declaración de principios fue presentada por Canessa, la Educación Física era definida expresamente como de carácter ‘eugénico’.
En aquellos años, mientras el nazismo llevaba al extremo criminal las políticas de selección racial, esterilización, exclusión y exterminio, en diferentes países circulaban conceptos médicos que hablaban de normalidad, degeneración, aptitud, herencia, higiene racial, biotipos y mejoramiento de las poblaciones. La Argentina tenía una historia propia de eugenesia y biotipología anterior al nazismo y que sobrevivió a gobiernos de distintas orientaciones políticas. La dictadura de Farrell comenzó en febrero de 1944, pero la educación física argentina ya había incorporado discursos de este tipo durante las décadas anteriores. El Departamento de Cultura Física de la Universidad Nacional de La Plata, por ejemplo, funcionó entre 1929 y 1946, atravesando gobiernos radicales, conservadores, la llamada Década Infame, el golpe de 1943 y los primeros años del peronismo.
El estudio de Pablo Kopelovich sobre ese Departamento justamente muestra cómo eugenesia y biotipología fueron incorporadas a la cultura física universitaria durante un período político mucho más amplio que un solo gobierno.
Lo que sí puede observarse es una inquietante coincidencia de época: el cuerpo había dejado de ser exclusivamente un asunto privado.
El eugenismo, nacido a fines del siglo XIX a partir de las ideas del británico Francis Galton, proponía intervenir sobre la reproducción y las condiciones de vida de las poblaciones con el propósito de favorecer determinados rasgos considerados deseables y evitar aquellos juzgados como perjudiciales. En la Argentina, estas ideas comenzaron a adquirir presencia desde las primeras décadas del siglo XX y se entrelazaron con tradiciones locales como el higienismo, la medicina social, la antropometría y la biotipología, ingresando en ámbitos tan diversos como la medicina, la educación, la criminología y la educación física. No se trató de una simple importación de las doctrinas raciales del nazismo: existió un desarrollo argentino propio, anterior al ascenso de Hitler y atravesado por gobiernos de distintas orientaciones políticas, en el que conceptos como “normalidad”, “aptitud”, “degeneración”, clasificación de los cuerpos y mejoramiento de la población adquirieron legitimidad científica. En ese universo intelectual debe leerse la documentación que, pocos años después, llevaría a las autoridades educativas a intervenir incluso sobre la altura de los tacos utilizados por las alumnas.
La mujer que debía ser sana, fuerte y funcional
Hay otra pieza documental de La Madrid que resulta imprescindible para comprender el expediente. En abril de 1944, nueve meses antes de la circular sobre los tacos, el Boletín del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública publicó un artículo suyo titulado “La educación física y la mujer”. Allí aparece expresamente como jefe del Servicio Médico.
El artículo permite comprobar que su concepción del cuerpo femenino era mucho más amplia que una preocupación por los pies. La Madrid sostenía que la mujer necesitaba un “cuerpo fuerte y sano” y vinculaba esa salud tanto con su capacidad de trabajo como con su función reproductiva. La educación física aparecía así conectada con la maternidad, la fortaleza, la armonía corporal y la capacidad funcional.
El contraste con el expediente del taco resulta evidente. La Madrid podía admitir que el taco alto contribuía a aquello que la época denominaba “gracia femenina”. En el informe de 1944 reconoce expresamente que estiliza la pierna, el tobillo y el pie y que produce una cadencia particular en la marcha. Pero para él esa ventaja estética debía ceder frente a la salud. La estética verdadera, sostiene, debía encontrarse en la integridad del organismo.
La Madrid escribía desde una época en la que el cuerpo femenino era pensado simultáneamente como cuerpo individual, cuerpo productivo y cuerpo reproductivo. No es casual que la educación física apareciera como herramienta para fortalecerlo y disciplinarlo.
Y tampoco es casual que el zapato terminara en el expediente.
El taco modificaba la postura. La postura modificaba la marcha. La marcha afectaba el rendimiento. El rendimiento se relacionaba con el trabajo. La pelvis se vinculaba con la maternidad. La apariencia quedaba sometida a la disciplina escolar. Y la disciplina, finalmente, era presentada como parte de la formación de una juventud sana y moral.
La cadena es reveladora. Un simple zapato podía convertirse, dentro de aquella lógica, en una cuestión de salud pública y formación nacional.
La Dirección General de Educación Física había sido creada en 1938 y permaneció bajo la conducción de César Vásquez hasta 1947. Investigaciones recientes caracterizan su gestión por un fuerte conservadurismo y por la utilización de la educación física como instrumento de formación moral, ética y nacionalista. Incluso las grandes fiestas de educación física organizadas durante aquellos años fueron concebidas como rituales patrióticos donde el cuerpo, la disciplina y los valores nacionales aparecían estrechamente asociados. Por eso, aquellos cuatro centímetros no fueron una extravagancia burocrática aislada. Fueron una pequeña manifestación de una política mucho más amplia: la voluntad de construir un determinado tipo de cuerpo y, a través de él, un determinado tipo de ciudadano y de ciudadana.
La propia circular termina con una instrucción que hoy puede resultar casi pintoresca: César S. Vásquez solicita que se dé “amplia difusión” a la medida y, “en lo posible”, que se coloque en la cartelera del establecimiento.
El taco terminaba así expuesto públicamente.
Pero lo verdaderamente expuesto era otra cosa: la concepción del Estado sobre el cuerpo de sus jóvenes.
En enero de 1945, cuando las tropas soviéticas avanzaban sobre Europa oriental, cuando el Tercer Reich se acercaba a su derrumbe y cuando la Argentina todavía no había declarado formalmente la guerra a Alemania, una oficina del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública dedicaba páginas y páginas a explicar cómo debía apoyarse el pie de una adolescente, cómo debía caminar, qué postura debía adoptar, qué calzado debía llevar y qué apariencia era compatible con la disciplina escolar.
No hace falta convertir ese expediente en algo que no fue para comprender su importancia. No era una ley general contra los tacos. No era una simple anécdota de moda. Era un documento argentino de una época en la que la medicina había adquirido autoridad para definir el cuerpo normal, la escuela para disciplinarlo y el Estado para intervenir sobre él.
Y justamente por eso, cuatro centímetros alcanzan para abrir una ventana sobre una época entera.
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