Trump sugirió que podría abandonar la guerra pero se desdijo y expuso las internas por el costo interno

Trump sugirió que podría abandonar la guerra pero se desdijo y expuso las internas por el costo interno

 

Donald Trump empieza a mostrarse contradictorio respecto del rumbo de la guerra contra Irán. La semana pasada, con el inicio del conflicto, el presidente de Estados Unidos habló de cuatro o cinco semanas de duración. 

Sin embargo, este lunes habló de «guerra terminada» pero luego se desdijo y volvió con la narrativa de confrontación. Estas idas y vueltas expone cierta debilidad de Trump que se empieza a sentir en los mercados. 

La idea de «guerra terminada» también contradijo al propio Secretario de Guerra Pete Hegseth, quien menos de 24 horas antes había sostenido en una entrevista con el mismo medio que «la armada iraní prácticamente ha desaparecido» pero que «habrá más barcos que hundir», que su poderío militar en la zona está «disminuyendo» y que «esto es solo el comienzo».

Con esto, Trump planteó que «no voy a permitir que un régimen terrorista tenga al mundo como rehén e intente detener la oferta mundial de petróleo. Y si Irán hace algo en ese sentido, serán golpeados muy, muy duro».

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«Más les vale no jugar a ese juego. Todo lo que tienen se ha ido, incluida su dirigencia», explicó. Luego indicó que buscaba una «victoria definitiva» contra el régimen clerical, que el fin de semana eligió al hijo del asesinado líder supremo como su nuevo guía.

«Los golpearemos tan fuerte que no les será posible, ni para nadie que los ayude, recuperar jamás esa parte del mundo, si hacen algo», volvió a advertir. 

Los golpearemos tan fuerte que no les será posible, ni para nadie que los ayude, recuperar jamás esa parte del mundo, si hacen algo

La elección de Mojtaba Khamenei como líder supremo es un desafío de los iraníes porque se trata de un ayatolá que garantiza la continuidad y en paralelo es un perfil radicalizado apoyado por la Guardia Revolucionaria.

Una señal de eso es que la primera decisión del ayatolá fue lanzar masivamente misiles a Israel y continuar con los ataques con drones a las bases militares en los países del Golfo Pérsico. 

El costo de la guerra para Trump puede ser alto. La imagen está en su momento más bajo y la posibilidad de mandar fuerzas militares por tierra no cuenta con el apoyo de la población de Estados Unidos y genera resistencia en la propia base MAGA.

Además, el líder republicano atraviesa una crisis de desempleo y repunte de la inflación, dos variables que podrían llevar a los republicanos a una derrota en las elecciones legislativas de noviembre que lo dejaría sin mayoría en el Congreso. En efecto, los vaivenes suponen una evaluación sobre el costo interno que genera este conflicto.

La guerra y los aranceles disparan el desempleo de Estados Unidos a 4,4 por ciento 

Otro gesto en ese sentido es la conversación telefónico que Trump tuvo con Vladimir Putin, quien se solidarizó con Irán y expresó su apoyo al nuevo ayatolá. «Él quiere ayudar» en Oriente Medio, dijo Trump sobre Putin.

Otro punto importante que habla de los riesgos que significa esta guerra para Estados Unidos eses la decisión de levantar ciertas sanciones relacionadas con el petróleo para rebajar los precios. «Vamos a retirar esas sanciones hasta que esto se arregle», añadió, sin especificar a qué países se refería.

 

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    Blindados usados y desarrollo abandonado: Milei desmantela el TAM y profundiza la dependencia militar

     

    La paralización de la modernización del Tanque Argentino Mediano y la compra de vehículos Stryker usados a Estados Unidos no es un hecho aislado: es una definición política que resigna industria nacional, transferencia tecnológica y autonomía estratégica en nombre del alineamiento automático con Washington.

    Por la Redacción de NLI

    La política de Defensa del gobierno de Milei volvió a encender alarmas. Mientras se congela el desarrollo y la actualización del histórico Tanque Argentino Mediano (TAM), se avanza en la adquisición de blindados Stryker usados provenientes del Ejército de Estados Unidos. La ecuación es simple y preocupante: menos industria nacional, menos trabajo argentino y más dependencia externa.

    El TAM no es un simple vehículo militar, señala el periodista Walter Onorato. Es uno de los desarrollos más emblemáticos de la industria de defensa argentina, fruto de un esquema mixto que combinó ingeniería local con aportes tecnológicos extranjeros, permitiendo durante décadas sostener capacidades propias de producción, mantenimiento y modernización. La actualización del sistema no sólo implicaba mejorar la flota, sino preservar conocimiento acumulado y una cadena industrial estratégica.

    Sin embargo, bajo la actual gestión, ese proceso quedó virtualmente paralizado. Las restricciones presupuestarias y administrativas impactaron de lleno en la operatividad: incluso la compra de insumos básicos para mantenimiento se vio afectada, dejando unidades fuera de servicio. No fue la obsolescencia lo que frenó al TAM, sino decisiones políticas concretas.

    En paralelo, el entonces ministro de Defensa Luis Petri firmó una carta de intención para adquirir vehículos Stryker a Estados Unidos. El anuncio, realizado en el Pentágono, dejó en evidencia que la operación excede lo técnico y se inscribe en un alineamiento geopolítico explícito.

    Los Stryker son vehículos diseñados para transporte de tropas y operaciones de movilidad táctica. No reemplazan al TAM, no cumplen la misma función y, además, llegan usados, con menor vida útil y mayores costos de mantenimiento. Según trascendió, la operación implicó alrededor de 100 millones de dólares por 27 unidades, una cifra significativa si se considera que se trata de material ya utilizado en conflictos como Irak y Afganistán.

    El contraste con otras alternativas regionales resulta elocuente. El blindado Guaraní, desarrollado en Brasil, ofrecía unidades nuevas, posibilidad de transferencia tecnológica y participación de componentes argentinos en su fabricación. Además de resultar más conveniente desde el punto de vista industrial, fortalecía la integración regional. Aun así, fue descartado.

    Como señala Walter Onorato en EnOrsai, la decisión de abandonar la modernización del TAM y optar por Stryker usados implica resignar una cadena industrial propia y profundizar la dependencia externa, incluso pagando más por menos. No se trata solamente de una compra militar: es un modelo de país.

    La llegada de las primeras unidades fue presentada como un avance en la modernización del Ejército. Sin embargo, los límites son claros: no son anfibios —una característica clave en un país atravesado por ríos—, no generan producción local y no transfieren tecnología. La supuesta modernización no impacta en la industria argentina ni fortalece capacidades estratégicas propias.

    La paradoja es evidente. Mientras se justifica el ajuste con el argumento de la austeridad, se desmantela un proyecto nacional y se desembolsan millones de dólares en equipamiento usado importado. El recorte cae sobre la producción argentina; la billetera se abre para compras externas alineadas con la agenda de Washington.

    Este episodio se inscribe en un marco más amplio que incluye la compra de aviones F-16 y el acercamiento a la OTAN. La defensa deja de pensarse como política de Estado con perspectiva soberana y pasa a funcionar como señal ideológica de alineamiento automático.

    La pregunta de fondo es inevitable: ¿qué autonomía estratégica puede sostener un país que abandona sus propios desarrollos para depender de material usado importado?

    Lo que está en juego no es solamente un sistema de armas. Es el modelo de desarrollo. Y en ese terreno, el gobierno de Milei vuelve a elegir dependencia antes que soberanía.

     

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  • Empezaron los paros en Metalfor por el atraso en el pago de sueldos

     

    La localidad cordobesa de Marcos Juárez, entró en un serio conflicto a raíz de la crisis económica que envuelve a la fábrica de maquinaria agrícola Metalfor. Este viernes los trabajadores de las plantas de Marcos Juárez y Noetinger decidieron parar porque no se les terminó de abonar la primera quincena de febrero, como así tampoco tuvieron completo el pago de la segunda.

    Situación que preocupa al sudeste cordobés, pero esencialmente a la ciudad de Marcos Juárez que este año tiene la elección municipal y donde la intendenta Sara Majorel, de origen en el PRO, y actualmente en las filas libertarias, se juega la reelección.

    El contexto en cuanto a la masa salarial es muy similar al que LPO contó la semana pasada de Pauny, la cooperativa que fabrica tractores en Las Varillas, también en el interior cordobés. Con una notoria salvedad: casi en simultáneo con el comienzo de la crisis, que incluye cheques rechazados por cientos de millones de pesos como reveló este medio, Metalfor anunció un crédito internacional de 50 millones de dólares de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos.

    La histórica fábrica de tractores Pauny entró en crisis y cae la imagen de Milei

    Por fuera de ello, las similitudes. En Pauny son 500 empleados, pero si se contempla los puestos indirectos están alrededor de las 800 fuentes de trabajo. Mientras que en Metalfor, entre las dos plantas mencionadas, suman alrededor de 600 trabajadores.

    La crisis de Metalfor preocupa especialmente a la ciudad de Marcos Juárez que este año tiene la elección municipal y donde la intendenta Sara Majorel, de origen en el PRO, y actualmente en las filas libertarias, se juega la reelección.

    La cuenca productiva del sudeste cordobés acompañó en diferentes ocasiones al PJ cordobesista; sin embargo, en cada parada electoral nacional votó las opciones en contra del peronismo: primero con Cambiemos y en 2023 con Javier Milei. Por lo que, de igual manera que ocurrió en 2023 con Las Varillas, dentro del departamento San Justo, en el departamento Marcos Juárez, Milei también arrasó en la segunda vuelta frente a Sergio Massa y se quedó con el 75% de los sufragios del balotaje.

    Y no sólo esto. El año pasado, en las Legislativas, la lista libertaria con Gonzalo Roca a la cabeza y apadrinada por Gabriel Bornoroni le sacó 20 puntos al armado de Provincias Unidas que lideró el exgobernador Juan Schiaretti.

    Por lo que, con este escenario la intendenta exlarretista Majorel pasó primero al esquema de Patricia Bullrich, y desde esa puerta desembarcó en La Libertad Avanza. Sello con el que, probablemente busque su reelección entre los dos alfiles que tiene el cordobesismo: la schiarettista Verónica Crescenti, excandidata y derrotada en 2022; y el hombre del PRO, actual funcionario llaryorista, el exintendente Pedro Dellarossa.

    Con lo cual, el impacto de la crisis en la industria metalmecánica puede incidir en el voto agro en el único test electoral cordobés del 2026. «Si esto no mejora después de ExpoAgro se complica», reconoció un intendente de la zona tras la charla con un empresario del campo. 

     

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