La basura es un hecho cultural que nos concierne a todos, a todos los sectores de la sociedad sin distinción alguna. Todos somos asociados responsables del daño ambiental que genera nuestra basura. Una de las actividades humanas más inadvertidas es la producción de deshechos. Somos la basura que producimos, y como la tratamos habla de nuestro compromiso con las demás personas y el medio ambiente.
Pasada la fiesta de la vendimia el predio ferial quedó en condiciones deplorables. Bolsas y botellas de plástico (entre otras cosas) inundaron la zona. El rápido accionar de los agentes municipales favoreció inmediatamente el estado del predio, que ayer lunes, se asemejaba al centro de transferencia ubicado en zona de bardas. Si tuviéramos en cuenta el párrafo inicial podríamos decir muchísimo de quienes ocuparon un espacio en el predio durante el fin de semana. Ya que existe una narrativa directa de nosotros mismos que descansa en como tratamos nuestra basura.
Todos los miembros de una familia producen residuos, desde los recién nacidos hasta los abuelos, incluyendo las mascotas. Una de las maneras de saber cómo funciona una sociedad es conocer qué hace con su basura. No somos conscientes de la basura que producimos porque no generamos ningún vínculo con ella. Hasta nos causa placer tirarla, sacarla de nuestro camino, dejarla huérfana, como si no nos perteneciera, y una vez que está afuera de nuestro entorno ni siquiera nos sentimos responsables de haberla creado. Ya es el problema de otro.
Es importante la forma en qué manejamos la basura, estamos acostumbrados a pensar que la misma da olor y eso en realidad sucede porque está mal gestionada. La basura no da olor, eso es el metano que se produce por la descomposición de la materia orgánica que sucede por la falta de oxigeno, cuando nosotros embolsamos todo y lo cerramos aceleramos la descomposición.
Separar la basura hace darnos cuenta que los deshechos no son algo asqueroso, sino que pueden convertirse en un recurso muy valioso. Ese es el primer gran cambio. Lo notable de esta transformación en la conciencia del tratado de los deshechos es que te va modificando en otros aspectos de tu vida. Es un proceso de aprendizaje complejo, pero es posible, hay que experimentar en este cambio de hábito y educar sobre el mismo.
Es importante lograr un nivel alto de concientización en la sociedad con respecto al tratamiento de la basura, para luego desarrollarlo como parte de nuestra cultura y llevarlo a cabo todos los días como una actividad internalizada y procesada sistematicamente.
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Una investigación reciente reveló los costos, destinos e invitados de las giras internacionales de Milei y expuso un patrón incómodo: gran parte de los viajes oficiales no estuvieron orientados a atraer inversiones o fortalecer vínculos estratégicos, sino a actividades personales, ideológicas o de autopromoción.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI
Por detrás de la intensa agenda internacional que el Gobierno exhibe como señal de “inserción en el mundo”, comienza a consolidarse otra lectura: la de un uso sistemático de recursos públicos para sostener una agenda que, en muchos casos, parece responder más a intereses personales de Milei que a necesidades estructurales de la Argentina.
Una investigación publicada por La Nación detalla los costos, destinos e integrantes de las comitivas que acompañaron al Presidente durante el primer semestre de gestión fuera del país, y pone en evidencia una dinámica repetida: viajes frecuentes, gastos elevados y objetivos difusos o directamente ajenos a la política exterior clásica.
Viajes caros, objetivos difusos
El relevamiento muestra una sucesión de destinos internacionales —Estados Unidos, España, Hungría, Chile, entre otros— que, lejos de responder a una estrategia diplomática coherente, parecen estar vinculados a eventos específicos como conferencias, foros ideológicos o entregas de premios.
No se trata de una percepción aislada. Datos oficiales y análisis independientes coinciden en que el gasto en viajes se disparó: el presupuesto en viáticos y giras al exterior creció un 62,5%, alcanzando más de $4.100 millones proyectados para 2026.
Ese aumento no sólo contrasta con el discurso de ajuste, sino que además coincide con una agenda internacional donde muchas giras carecieron de reuniones bilaterales relevantes o acuerdos concretos para la economía argentina, algo que distintos sectores políticos comenzaron a cuestionar abiertamente.
Premios, conferencias y afinidad ideológica
Al analizar en detalle los objetivos de los viajes —como exige cualquier política exterior seria— aparece un patrón claro: la centralidad de actividades de carácter personal o ideológico.
Por ejemplo, Milei participó reiteradamente en eventos como la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), foros empresariales o encuentros organizados por sectores afines a su ideología, además de viajes destinados a recibir distinciones individuales o protagonizar conferencias.
Incluso en 2025, uno de los viajes tuvo como finalidad recibir el denominado “Lion of Liberty Award”, mientras que otros incluyeron galas, foros privados o actos partidarios en el exterior.
Los datos son elocuentes: casi un tercio del gasto en vuelos oficiales en los primeros meses de gestión se destinó a viajes con fines personales o partidarios, como premios o conferencias, sin impacto directo en la economía nacional.
La ausencia de resultados concretos
El problema de fondo no es sólo el gasto, sino la falta de resultados. En términos de política internacional, los viajes presidenciales suelen tener objetivos claros: cerrar acuerdos comerciales, atraer inversiones, fortalecer alianzas estratégicas o negociar financiamiento.
Sin embargo, en muchos de los destinos visitados por Milei no se registraron avances significativos en esos planos. Incluso en casos donde se esperaban reuniones de alto nivel —como encuentros con líderes internacionales— estas no se concretaron o quedaron en contactos informales sin consecuencias tangibles.
En paralelo, el propio diseño de las comitivas también generó polémica: la presencia de invitados sin rol institucional claro o vinculados al círculo personal del oficialismo refuerza la idea de que los viajes funcionaron más como plataformas de construcción política y mediática que como herramientas de gestión estatal.
Una política exterior personalizada
Lo que emerge de este conjunto de datos no es sólo una crítica coyuntural, sino un rasgo estructural del gobierno de Milei: la personalización extrema de la política exterior.
Lejos de responder a una estrategia nacional articulada, las giras parecen organizadas en función de la agenda, las afinidades ideológicas y los intereses individuales del Presidente. La recurrencia de viajes a espacios como CPAC, encuentros libertarios o foros privados refuerza esa lógica.
En ese marco, la política internacional deja de ser una herramienta para el desarrollo y pasa a convertirse en un escenario de validación personal, donde el reconocimiento simbólico —premios, discursos, fotos— adquiere más peso que los resultados concretos.
Entre el ajuste interno y el gasto externo
La contradicción política es evidente. Mientras el Gobierno impulsa un ajuste sin precedentes sobre jubilaciones, salarios y políticas públicas, el gasto en viajes presidenciales crece de manera sostenida y sin justificación clara en términos de beneficios para el país.
La investigación de La Nación no hace más que poner números y nombres a una realidad que ya se percibía: una política exterior que privilegia la exposición personal de Milei por sobre los intereses estratégicos de la Argentina.
En un contexto de crisis económica y necesidad urgente de inversiones productivas, la pregunta que queda flotando es tan simple como incómoda: ¿para qué viaja Milei?
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