Si Regina fue una ciudad planificada desde cero, ¿por qué sus calles son tan intrincadas? (Primera nota)

Quienes, luego de décadas, estamos habituados a transitar las calles del centro de Villa Regina, solemos sentir que las ciudades con trazado en damero o cuadricular resultan, en comparación, un tanto insípidas o monótonas.

Y surge entonces la pregunta que da título a esta nota: si Regina fue una ciudad planificada desde sus inicios, ¿por qué no fue diseñada con calles rectas y manzanas más regulares, que facilitaran su tránsito y parcelamiento?

LAS RAZONES GEOGRÁFICAS

Las razones geográficas son simples y representaron un límite claro tanto al norte como al sur de la ciudad. Al norte, el perfil de la barda no es recto: es zigzagueante. Al sur, el cauce del Salado (Río Primero) describe una medialuna a su paso. Esto hizo imposible establecer líneas guías paralelas en esos extremos.

Pero el trazado de este a oeste tampoco fue completamente regular. En este caso, influyó el Arroyo Salado (o Río 1° Salado), o más precisamente, el primer puente construido para atravesarlo: el de la calle Cipolletti. Ese puente permitió unir dos sectores clave: “la Colonia” (zona de chacras) y “el Pueblo” (el centro urbano), salvando el obstáculo natural del Salado y conectando de forma sencilla y segura ambas partes de Regina.

Si bien el puente favorecía especialmente a los habitantes de la 1ª, 2ª y 3ª Zona, no ocurría lo mismo con quienes vivían en la 4ª Zona. Antes del puente, al parecer, el único paso posible era vadear el río por el cruce de la actual calle General Paz. Este dato parece coherente: aún hoy, ese es el paso más plano y a nivel de todo el cauce.

Puente de calle Cipolletti, sobre el Arroyo Salado. Hacia el norte se ve el actual Museo Felipe Bonoli.
Puente de calle Cipolleti, sobre el Arroyo Salado – Mirando al sur – Julio de 1928

LOS TRES “RAYOS” DEL PUENTE

Una vez construido el puente de la calle Cipolletti, fue sencillo trazar desde allí tres calles diagonales que respondieran a las necesidades primarias de la época:

  • La calle Sarmiento, que llevaba al almacén de la GRAAVA (Grandes Almacenes del Valle).
  • La calle 25 de Mayo, que conectaba directamente con la Estación de Trenes, punto neurálgico y único medio de transporte para personas y mercancías. (Originalmente se llamaba calle San Martín)
  • La calle Italia (cuyo primer tramo también se llama Cipolletti), que terminaba en la fábrica de conservas de tomate de Torrigiani y Bagliani (luego “Fioravanti”), funcionando como salida clave para la producción.

Sin posibilidad de trazar paralelas, y con tres calles diagonales que partían de un mismo punto, el entramado urbano del centro de Regina terminó siendo forzosamente intrincado. Así lo refleja el plano de 1924, cuando Regina aún era solo un proyecto.

Plano original vectorizado. Con el agregado de calles actuales en color violeta.

Podemos concluir que Villa Regina no es tan caótica: responde a su entorno natural, a su historia productiva y a decisiones que priorizaron la conexión sobre la simetría.

Vivimos en una ciudad pintoresca, distinta a la mayoría, al menos por su trazado. La belleza de lo complicado.

– Abril 2025 –

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  • Ucrania: una paz que avanza a la fuerza

     

    En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y todo parece indicar que los ucranianos han perdido la guerra. El 12 de febrero de 2025, el flamante secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dio inicio a las negociaciones de paz en Ucrania. Ya desde un comienzo cedió ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”, es decir, la anexión de cuatro regiones ucranianas a Rusia, así como también de Crimea. Al día siguiente, tras una larga conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente Donald Trump anunció su intención de reunirse con su par ruso en Arabia Saudita –sin los ucranianos ni los europeos– y expresó su deseo de que pronto se organicen elecciones en Ucrania. Finalmente, el 14 de febrero, en un discurso pronunciado en una conferencia en Munich, el vicepresidente estadounidense, más que abordar la cuestión ucraniana, reprochó a los dirigentes europeos el hecho de que deshonraran las aspiraciones de sus propios pueblos restringiendo la libertad de expresión en las redes sociales o anulando las elecciones en Rumania por supuestas injerencias rusas (1).

    Semanas antes, Trump había lanzado una ofensiva comercial al aumentar los aranceles a las importaciones de Canadá, México y la Unión Europea, y también había expresado sus intenciones anexionistas sobre Groenlandia (2). Sin embargo, de ahora en adelante, ya no se trata tan sólo de manipular a sus “aliados” para que compren más armas o para equilibrar la balanza comercial. Al declarar que Estados Unidos no les concedería garantías de seguridad ni a Ucrania ni a las tropas europeas que pudieran desplegarse para hacer cumplir un eventual alto el fuego, Trump inevitablemente sembró dudas sobre la solidaridad estadounidense en caso de un ataque al territorio de un miembro de la OTAN. Sin su contrapartida de seguridad, el vínculo transatlántico se parecería más bien a una completa relación de dependencia.

    No obstante, desde 2022, Estados Unidos ha “invertido” un promedio de 35.300 millones de dólares por año en Ucrania (3). Mucho más que los 3.000 a 5.000 millones de dólares que Washington destinó cada año a Israel antes del ataque del 7 de octubre de 2023 y el equivalente a casi la mitad de los gastos militares anuales para Afganistán entre 2001 y 2019 –un esfuerzo para financiar una ocupación militar y operaciones directas–. El nivel de apoyo a Ucrania se sitúa, por lo tanto, en algún punto intermedio entre la ayuda brindada a un aliado histórico en Medio Oriente y el compromiso de una intervención directa en el campo de batalla en su propio nombre. Pero a Trump poco le importa todo eso: la guerra en Ucrania no es la de Estados Unidos, sino la de su antiguo rival Joseph Biden…

    Errores de cálculo

    Evidentemente, la magnitud de la ayuda occidental llevó a Kiev a cometer un error y la alentó a rechazar la negociación. En la primavera boreal de 2022, incluso antes de que Occidente le proporcionara su apoyo militar, la resistencia ucraniana podía enorgullecerse de haber frustrado la operación de cambio de régimen fomentada por el Kremlin y de haber minimizado las pérdidas territoriales. Después de cuatro semanas de combates, los beligerantes estaban cerca de llegar a un acuerdo. En Estambul, Kiev aceptó un estatus de neutralidad –es decir, renunció a adherirse a la Alianza Atlántica– y confirmó su intención de no dotarse de armas nucleares. A cambio, buscaba conseguir la retirada voluntaria de Moscú de los territorios que había ocupado desde el 24 de febrero. Sin embargo, Kiev necesitaba garantía de seguridad por parte de los líderes occidentales, quienes se la negaron. Boris Johnson se convirtió en el portavoz de la posición occidental durante una visita a la calle Bankova, sede de la Presidencia ucraniana. El Primer Ministro británico afirmó que nunca firmaría un acuerdo con Putin. Por eso, lo que ofrecían no eran garantías, sino armas (4).

    Europa deberá pagar la reconstrucción de Ucrania y, al mismo tiempo, afrontar los costos de su seguridad.

    Por un tiempo fue posible creer que dicha apuesta resultaría exitosa. Tras una primera contraofensiva, en noviembre de 2022, Kiev recuperó la ciudad de Jersón, ubicada en la orilla derecha del río Dnieper. Se desató la euforia. La palabra “negociaciones” se volvió tabú. No alinearse con los objetivos ucranianos –es decir, recuperar por la fuerza las fronteras de 1991– equivalía a firmar un pacto con el diablo. Los grandes medios de comunicación occidentales respaldaron el decreto ucraniano de octubre de 2022 que prohibía las negociaciones con Putin, a quien buscaban llevar ante la justicia internacional por crímenes de guerra (5).

    Sin embargo, la segunda contraofensiva ucraniana de junio de 2023 resultó en una derrota. En los medios de prensa, los estadounidenses expresaron su descontento: Kiev habría escatimado demasiado sus hombres para privilegiar ataques tácticos dispersos a lo largo del frente en lugar de enviar soldados en masa a los campos de minas rusos con la esperanza de traspasar las defensas del adversario y cortar el puente terrestre entre Rusia y Crimea (6). Bajo la presión de Washington, Kiev redujo la edad de reclutamiento de 27 a 25 años en abril de 2024, pero en diciembre se negó a bajarla a los 18 años. Así, la apuesta hecha en base a las exhortaciones occidentales fracasó trágicamente. Tanto el costo humano –cientos de miles de muertos y heridos– como los sacrificios exigidos a la sociedad fueron en vano (7).

    Como lógica consecuencia, durante el mismo período, Rusia experimentó una suerte inversa. El inicio de su “operación militar especial” resultó un fiasco. Los servicios de inteligencia rusos sobrestimaron los apoyos con los que contarían tanto por parte de la población como dentro de las élites ucranianas. El Ejército se estancó en los barrios periféricos de la capital ucraniana y fracasó en su intento de tomar el control del país. El Kremlin decidió entonces concentrar su dispositivo militar en el Donbass y Crimea. Concebida inicialmente como una expedición relámpago, la guerra fue cambiando de escala y de naturaleza. La movilización forzada decretada en septiembre de 2022 provocó una ola de protestas y exilios.

    Atrapada en su propia guerra, Rusia agravó su situación en materia de seguridad. Su “operación militar especial” tenía como objetivo, por un lado, prevenir que Ucrania se rearmara –antes de que Kiev recuperara por la fuerza las regiones separatistas prorrusas– y, por otro lado, poner un freno a la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, unos meses después del inicio del conflicto, Rusia enardeció el patriotismo de un adversario que recibía un flujo continuo de armas y que contaba con el respaldo de una Alianza Atlántica reforzada con dos nuevos miembros: Suecia y Finlandia, que limitan con la zona ártica, estratégica para Moscú. Los dirigentes europeos reforzaron los batallones enviados al flanco oriental de la alianza, incluida Francia, que hasta entonces se oponía a una presencia permanente. La fuerza de reacción rápida de la OTAN cuadruplicó su número de efectivos; también continuó la construcción de la nueva base antimisiles estadounidense en Polonia, en donde los norteamericanos elevaron su presencia militar a 10.000 soldados. Lejos de calmarse, en Rusia las preocupaciones respecto de la seguridad se intensificaron por no haber previsto la fuerza y la unidad de la reacción occidental. Empero, al apostar por la consolidación de sus defensas detrás del Dnieper, Rusia logró estabilizar el frente. Los avances territoriales, como la toma de Bajmut en mayo de 2023, se consiguieron a costa del sacrificio de numerosas tropas, en un país ya golpeado por su crisis demográfica.

    El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada.

    Si bien Rusia mostró debilidades militares, la resiliencia de su economía resultó sorprendente. El Banco Central había acumulado suficientes reservas para asumir una confrontación financiera con Occidente. Logró sostener eficazmente el rublo y salvar su sistema bancario a pesar del congelamiento de sus activos en Europa y Estados Unidos. En cuanto a las sanciones energéticas, terminaron volviéndose en contra de los propios impulsores europeos: el aumento de los precios del gas compensó la pérdida de los volúmenes enviados al Viejo Continente, dando tiempo a Rusia para reorientar sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia (8). El fracaso de la estrategia de aislamiento se volvió evidente porque, si bien Moscú se vio obligada a recurrir a “Estados parias”, como Corea del Norte o Irán, para obtener armas o soldados, la realidad es que no le faltaron socios económicos interesados en sus descuentos energéticos. Los países que forman el núcleo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) vieron con preocupación la ofensiva punitiva financiera de Washington contra uno de sus miembros y profundizaron de forma preventiva su cooperación para reducir el uso del dólar en sus intercambios. En 2024, BRICS acogió a cinco miembros nuevos, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en las nuevas rutas del petróleo ruso (véase el artículo de págs. 12-14).

    ¿Acercamiento al hermano menor?

    Al elegir negociar cara a cara con Moscú, Trump le ofrece una vía de escape al Kremlin. El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada. Las concesiones, por ahora sólo verbales, resultan vertiginosas: reanudación de las negociaciones sobre el desarme, promesa de reincorporación al G7 y, a largo plazo, levantamiento de las sanciones. Aunque el Presidente estadounidense trate de morigerar estas promesas en las próximas semanas, la solidaridad transatlántica parece estar ya profundamente deteriorada.

    Estas declaraciones podrían cerrar la era geopolítica que comenzó en 1949. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó la Alianza Atlántica para imponer su influencia a la mitad de Europa, mientras que la otra mitad se alineaba primero con el bloque soviético y luego se unía al Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, a fines de la década de 1980, el último líder soviético, Mijail Gorbachov, al frente de un país agotado por la carrera armamentista, se comprometió con una serie de concesiones unilaterales y desordenadas: aceptó la reunificación de Alemania y su adhesión a la OTAN sin obtener garantías escritas sobre la no expansión de la alianza occidental en Europa del Este. De este modo, el antiguo instrumento de seguridad sobrevivió a la Guerra Fría, y la Unión Europea, al expandirse, permaneció firmemente vinculada a Washington. Aunque en 1989 y 1990 se llegó a considerar por un momento la posibilidad de implementar un nuevo sistema de seguridad, no surgió ninguno alternativo tras la disolución de la URSS en 1991. Si bien el conflicto ruso-ucraniano tiene en parte su origen en esta oportunidad perdida, su resolución negociada está provocando una reconciliación ruso-estadounidense a espaldas de Europa.

    En Munich, el vicepresidente James David Vance incluso señaló una nueva dirección estratégica de Estados Unidos: “A Putin no le interesa ser el hermano menor en una coalición con China” (9). ¿Se trata del regreso a la estrategia de triangulación que había puesto en marcha el presidente estadounidense Richard Nixon en 1971 al acercarse al “hermano menor” (en ese entonces, China) para aislar mejor al enemigo principal (la URSS)? Si este es el “plan”, Trump tendrá dificultades para romper el eje Rusia-China. Pekín, si bien se molestó por el hecho consumado de la invasión rusa y le ha reprochado a Moscú su abuso de la amenaza nuclear, no le ha retirado su apoyo. China suministra de manera discreta tecnologías necesarias para el complejo militar-industrial ruso, al mismo tiempo que profundiza su cooperación militar con Moscú. Aunque desequilibrada, esta relación se basa en una fuerte frustración compartida respecto de un orden internacional dominado por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría.

    ¿Y Europa?… Europa se encuentra en la peor situación posible: ya debilitada por la crisis energética que ella misma provocó al renunciar –a petición de Washington– al gas ruso barato y pronto golpeada también por la guerra comercial decretada por la Casa Blanca, ahora se ve obligada a gestionar en soledad las consecuencias del revés occidental en Ucrania. Mientras la confrontación con Rusia alcanza un nivel incandescente y sus arsenales se han vaciado en favor de Kiev, Europa se prepara para aumentar de forma urgente su gasto militar, lo que implica comprar armamento estadounidense. Washington le exigía un “reparto de la carga” de la financiación de la alianza. Ahora la carga es doble: pagar la reconstrucción de Ucrania (que, a esta altura, Rusia deja de buena gana en manos de la Unión Europea) y, al mismo tiempo, asumir su propia seguridad. El gasto parece simplemente inasumible para los presupuestos europeos y augura nuevas divisiones.

    1. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2025.
    2. Philippe Descamps, “Affoler la meute”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 2025.
    3. “Ukraine support tracker”, Kiel Institute for the World, 2024.
    4. Samuel Charap y Sergueï Radchenko, “¿Podría haber terminado la guerra en Ucrania?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2024. Volodimir Zelensky se esfuerza en negar el papel que habría desempeñado así Johnson; véase también Shaun Walker, “Zelensky rejects claim Boris Johnson talked him out of 2022 peace deal”, The Guardian, Londres, 12 de febrero de 2025.
    5. Véase, por ejemplo, “Soutenir l’Ukraine pour assurer la paix”, Le Monde diplomatique, 10 de enero de 2023.
    6. Alex Horton y John Hudson, “US intelligence says Ukraine will fail to meet offensive’s key goal”, The Washington Post, 17 de agosto de 2023.
    7. Hélène Richard, “Ucrania, una sociedad dividida por la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2023.
    8. Hélène Richard, “Sanciones de doble filo”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2022.
    9. Bojan Pancevski y Alexander Ward, “Vance wields threat of sanctions, military action to push Putin into Ukraine deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 14 de febrero de 2025.

     

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    PAGANO: “Adorni tiene 3 millones de dólares en una billetera virtual”

     

    La interna libertaria estalló en vivo y dejó al descubierto una denuncia explosiva: la ex aliada del oficialismo, Marcela Pagano, apuntó directamente contra Manuel Adorni y lo vinculó con movimientos millonarios en criptomonedas en medio de la investigación por enriquecimiento ilícito.

    Por Roque Pérez para NLI

    El escándalo alrededor de Manuel Adorni sumó un capítulo de alto voltaje político tras las declaraciones de Marcela Pagano, quien aseguró que el funcionario “tiene 3 millones de dólares en una billetera virtual”. La denuncia no surge en el vacío: aparece en pleno avance judicial sobre su patrimonio y en un contexto de creciente acumulación de sospechas.

    La intervención de Pagano se dio en televisión, donde no solo puso cifra concreta al presunto circuito de dinero sino que además sugirió que hay elementos suficientes para seguir la trazabilidad de esos fondos. Según planteó, el foco no debe limitarse a las criptomonedas sino también a las billeteras virtuales, donde —según afirmó— existirían registros de movimientos que permitirían reconstruir el origen del dinero.

    Una denuncia que apunta a la “ruta del dinero”

    El dato más explosivo no fue solo el monto, sino el encuadre político que le dio la propia Pagano. La diputada habló directamente de la necesidad de investigar lo que denominó la “ruta del dinero” vinculada al entorno de Milei, insinuando conexiones que podrían escalar más allá del propio Adorni.

    En ese sentido, sostuvo que el funcionario tendría cuentas en más de una billetera digital —mencionando incluso plataformas específicas— y que con “el dato de una sola wallet” sería posible acceder a la trazabilidad completa de las operaciones, incluyendo quién depositó y hacia dónde se movieron los fondos.

    La gravedad institucional del planteo es evidente: no se trata solo de una acusación mediática, sino de una línea de investigación potencial que podría derivar en medidas judiciales concretas si se aportan pruebas.

    Enriquecimiento bajo la lupa y señales que se acumulan

    La denuncia de Pagano se suma a un cuadro ya comprometido para Adorni. El funcionario viene siendo investigado por presunto enriquecimiento ilícito, luego de que se detectara un crecimiento patrimonial difícil de explicar en relación con sus ingresos declarados.

    En paralelo, trascendieron gastos millonarios, compras de propiedades, viajes al exterior y operaciones en dólares que alimentaron las sospechas. Todo esto configura un escenario donde la aparición de fondos en billeteras virtuales no sería un hecho aislado, sino parte de un patrón más amplio.

    La propia Pagano fue aún más allá al vincular el caso con el escándalo de $LIBRA y deslizar que existiría una estructura de manejo de dinero dentro del oficialismo, con roles asignados para canalizar fondos.

    Un frente interno que se vuelve peligroso

    Lo que convierte esta denuncia en particularmente delicada es su origen: no proviene de la oposición tradicional, sino de una ex integrante del espacio libertario. Eso le otorga un peso político distinto y deja al descubierto fisuras internas que hasta ahora el gobierno intentaba disimular.

    Mientras Milei sostiene públicamente a su funcionario, el cerco político y judicial parece cerrarse. La combinación de denuncias cruzadas, investigaciones en curso y filtraciones constantes instala un clima de crisis permanente dentro del oficialismo.

    En ese contexto, la frase de Pagano —“3 millones de dólares en una wallet”— deja de ser solo un titular impactante y se convierte en un dato que podría marcar un punto de inflexión si logra ser probado en sede judicial.

     

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  • La crisis en la obra social de los militares aumenta el malestar de las FFAA con Presti

     

    Carlos Presti se encuentra en el centro de las críticas de sus ex compañeros de armas. El ministro de Defensa no logró revertir un gestión que viene golpeada desde el inicio con Luis Petri. 

    En el entorno del ministro de Defensa reconocen que apostaron a la resolución de la crisis de la obra social y la puesta en funcionamiento de los F-16 como pilares de una suerte de relanzamiento de gestión. 

    Sin embargo, la disolución de IOSFA y la creación de OSFA no mejoró la crisis sino que se profundizó con la reciente renuncia de su titular, el general de brigada Sergio Maldonado, que había asumido en febrero y se fue por profundas diferencias con el ministro y el suicidio de un suboficial retirado que se quedó sin cobertura. 

    La deuda sigue siendo de 200 millones de dólares y el contexto es cada vez más dramático en ciudades donde militares activos y retirados tiene que hacerse cargo de tratamientos de enfermedades graves o tiene que buscar un segundo trabajo por los bajos sueldos, otro de los dramas que golpea a los integrantes de las Fuerzas Armadas. 

    Renunció el presidente de la obra social de los militares y se profundiza la crisis 

    Un miliar en actividad reveló a LPO que «Presti se conforma con ser el primer Teniente General en llegar a ministro en democracia e imagina su cuadro en el edificio Libertador, pero va camino a un tribunal de honor». 

    Esta fuente aclara que «no lo veo siendo echado por el Presidente pero en este momento el tipo cayó en la cuenta que en el Gobierno lo quieren solo para organizar desfiles de bandas y otras pavadas por el estilo». 

    No lo han integrado al gabinete realmente y puertas adentro de las fuerzas los tres jefes de Estado Mayor saben que no tienen a un camarada que pide por ellos sino a un libertario que les pide paciencia en nombre del gobierno. Está mas solo que Kun Fu

    «No lo han integrado al gabinete realmente y puertas adentro de las fuerzas los tres jefes de Estado Mayor saben que no tienen a un camarada que pide por ellos sino a un libertario que les pide paciencia en nombre del gobierno. Está mas solo que Kung Fu», agregó.

    El panorama es complicado porque en las Fuerzas Armadas crece el enojo y el malestar con el ministro, de quien esperaban una incidencia mayor en la resolución de los conflictos internos y las necesidades de la fuerza. 

    Milei vende de los bienes de las Fuerzas Armadas y advierten que «no alcanza ni para comprar dos fragatas»

    «Son todos parches. Quieren vender los inmuebles para modernizar a las fuerzas y en el mejor de los casos pueden comprar dos fragatas. El enojo crece», sentenció este militar. 

    Por el momento, nadie habla de una salida pero afirman que ninguno de los jefes militares esperan soluciones de parte del ministro y afirman que «hay un corte total en el vínculo».

     

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