Se viene la Bajada de Canoas Recreativa Huergo-Regina

Se viene la Bajada de Canoas Recreativa Huergo-Regina

Se viene la Bajada de Canoas Recreativa Huergo-Regina

La Dirección de Deportes de la Municipalidad de Villa Regina informa que están abiertas las inscripciones para participar de la Bajada de Canoas Recreativa que unirá Huergo-Regina el domingo 28 de febrero.

La inscripción tiene un costo de $1000 e incluye traslado al Fortín Lagunita en Huergo, transporte de embarcaciones, desayuno, refrigerio, almuerzo y seguro.

Para informes e inscripción, comunicarse a la Dirección de Deportes en Avenida Colón 107 o al teléfono 2984-651398.

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    Cuando el sábado a la noche se bailaba en el club del barrio

     

    Los bailes de los clubes de barrio fueron una tradición argentina que reunió música, familias, jóvenes y comunidad durante décadas. Una mirada a aquella vida social.

    Por Alcides Blanco para NLI

    Hubo un tiempo en que para salir un sábado a la noche no hacía falta conocer la cartelera de una discoteca, reservar una mesa ni cruzar media ciudad buscando el lugar de moda. En buena parte de la Argentina, alcanzaba con caminar unas pocas cuadras hasta el club del barrio, donde podía haber baile, orquesta, buffet, pista, rifas, juegos, partidos, reuniones y, sobre todo, gente conocida. Durante décadas, esas instituciones fueron mucho más que espacios deportivos: funcionaron como verdaderos centros comunitarios en los que distintas generaciones compartían buena parte de su tiempo libre. En los años 60 y 70, los grandes bailes de carnaval y las fiestas organizadas por clubes llegaron a convocar multitudes, con artistas populares, orquestas y precios accesibles.

    El sábado empezaba mucho antes del baile

    La preparación para el baile también formaba parte del ritual. Había que decidir qué ponerse, arreglarse un poco más de lo habitual y, en el caso de los adolescentes, negociar con los padres la hora de regreso. Para muchos jóvenes, el club era además uno de los pocos lugares donde podían encontrarse con amigos y compañeros fuera de la escuela, el trabajo o la familia. La pista se convertía así en un territorio de sociabilidad donde se cruzaban generaciones y grupos que durante la semana tenían rutinas completamente diferentes. En algunos barrios, además, el baile estaba directamente vinculado con la identidad de la institución: el club organizaba la fiesta, vendía las entradas, contrataba a los músicos y convertía sus instalaciones deportivas en un salón de celebraciones.

    La escena podía ser muy sencilla: mesas alrededor de la pista, familias conversando, parejas jóvenes esperando que empezara la música y chicos que entraban y salían del salón. En otros casos, especialmente cuando llegaban artistas reconocidos, el acontecimiento adquiría una dimensión mucho mayor. Boca Juniors, Vélez Sarsfield, San Lorenzo y otros clubes fueron escenario de grandes bailes populares, en los que podían presentarse figuras de enorme convocatoria. En los años 60 tuvieron presencia artistas como Los Cinco Latinos y Los Gatos, mientras que durante los 70 los bailes de clubes porteños llegaron a reunir a figuras como Sandro, Palito Ortega, Leonardo Favio y Joan Manuel Serrat.

    La música también contaba la transformación de una sociedad que estaba cambiando rápidamente. El tango seguía presente, pero convivía con la música tropical, el folklore, el pop y el naciente rock nacional. En una misma década podían coexistir una orquesta de tango, una banda de música tropical y un conjunto juvenil que tocaba canciones eléctricas. Esa mezcla no era solamente musical: expresaba el encuentro entre generaciones y la incorporación de nuevas formas de vestirse, bailar y relacionarse. El baile era uno de los lugares donde los cambios culturales podían verse en vivo, sin necesidad de que nadie los explicara.

    El club como segunda casa

    El fenómeno no apareció de la nada. Los clubes de barrio se habían consolidado durante las décadas anteriores como organizaciones sociales profundamente arraigadas en los barrios populares y de clase media, vinculadas al deporte, la educación física, las actividades culturales y la vida comunitaria. Investigaciones sobre la historia de estas instituciones destacan precisamente su papel en la formación de la cultura popular argentina durante las décadas de 1930 y 1940.

    Por eso el club podía ser, para una familia, una especie de segunda casa. Allí se jugaba al fútbol, al básquet o al baby fútbol, se practicaba gimnasia, se organizaban campeonatos de cartas, se festejaban cumpleaños y se realizaban reuniones sociales. También estaban el buffet, el salón, las comisiones de vecinos y las actividades de las distintas categorías deportivas. En algunos lugares había biblioteca, teatro o cine. La institución pertenecía al barrio porque el barrio participaba activamente de su funcionamiento, una diferencia importante respecto de buena parte de los espacios de entretenimiento posteriores, cada vez más organizados alrededor del consumo.

    Los bailes tenían además una dimensión económica. Para muchos clubes, las fiestas constituían una fuente de ingresos que permitía financiar actividades deportivas y mantener las instalaciones. No era extraño que una noche de gran convocatoria sirviera para recaudar fondos destinados a comprar equipamiento, reparar el techo del gimnasio o sostener alguna disciplina infantil. El espectáculo y la vida comunitaria se mezclaban entonces de una manera que hoy puede resultar extraña: la diversión del sábado podía contribuir a pagar el funcionamiento cotidiano de una institución del barrio.

    Hacia fines de los 70 y durante las décadas siguientes, ese mundo comenzó a transformarse. Las nuevas formas de entretenimiento, la expansión de las discotecas, los cambios en las pautas de consumo y las modificaciones en la vida urbana fueron quitándole centralidad a los grandes bailes de club. Una mirada retrospectiva sobre aquella época señala justamente que hasta los años 70 los clubes podían concentrar una vida social intensa que luego comenzó a fragmentarse.

    La desaparición de aquellos bailes no significó solamente el reemplazo de un tipo de música por otro. También representó la pérdida progresiva de un espacio de encuentro territorial, donde era posible conocer a personas de distintas edades sin que existiera necesariamente una finalidad comercial detrás. El club seguía siendo club, pero algunas de las funciones sociales que había concentrado comenzaron a repartirse entre gimnasios, centros comerciales, discotecas, restaurantes, televisión y, mucho después, las nuevas formas de comunicación digital.

    Quizás por eso, cuando alguien recuerda aquellos sábados de baile, no está evocando únicamente una canción o una pista. Está recordando una forma de vivir el barrio. La entrada podía costar poco, la orquesta podía tocar durante horas y alguien podía terminar la noche sentado en una mesa conversando con personas que conocía desde hacía años. En tiempos en que buena parte del entretenimiento se consume de manera individual y a través de una pantalla, aquellos salones representan una experiencia diferente: la de una comunidad que se reunía físicamente para divertirse, encontrarse y, de paso, sostener la institución que consideraba propia.

    Los clubes de barrio todavía existen y muchos continúan cumpliendo funciones sociales fundamentales. Lo que cambió fue el lugar que ocupan dentro de la vida cotidiana. Aquellas pistas de baile llenas durante los sábados y carnavales forman parte de una Argentina que ya no existe de la misma manera, pero que dejó una huella profunda en la memoria de varias generaciones. Y quizá la mejor forma de entender aquellos bailes no sea preguntarse solamente qué música sonaba, sino qué clase de sociedad necesitaba reunirse en un club para bailar hasta la madrugada.

     

  • La suba del barril de crudo empuja las acciones de las petroleras

     

    El petróleo volvió a colocarse en el centro de la escena financiera internacional. El Brent superó los USD 100 por barril, impulsado por la escalada militar en Medio Oriente. Para los inversores argentinos, el movimiento abre una oportunidad para posicionarse en compañías energéticas, aunque no todas ofrecen la misma sensibilidad frente a una eventual continuidad del rally del crudo.

    Según Damián Vlassich, líder de Estrategias de Inversión en IOL, el mercado energético acumuló una suba superior al 28% desde comienzos de agosto. El Brent avanzó 3,5% en la última rueda y cerró en USD 101,34, luego de alcanzar un máximo intradiario de USD 101,54. En tanto, el WTI estadounidense subió 3,1%, hasta USD 95,88.

    El especialista explicó que la escalada militar elevó la prima de riesgo geopolítico debido al temor a una interrupción prolongada de la oferta.

    «El Comando Central de EE. UU. confirmó la destrucción de cinco petroleros iraníes en respuesta a ataques contra buques de la Armada estadounidense, a lo que Teherán respondió con impactos de misiles sobre embarcaciones y bases en la región. La parálisis parcial del tránsito tanquero por Ormuz disparó la prima de riesgo geopolítico ante el temor a un choque de oferta prolongado», detalló.

    En este contexto, la elección de las petroleras como inversión resulta clave, ya que las compañías integradas y diversificadas no reaccionan de la misma manera que aquellas cuya actividad está concentrada en la extracción y producción de crudo. 

    Vista Energy e YPF, las opciones locales

    Para Agustín Boggiano, asesor financiero en Bull Market Brokers, entre las acciones argentinas Vista Energy (VIST) es la alternativa más directa para capturar una suba del petróleo.

    «Dentro de las locales, para mí Vista Energy es la más directa: extrae y exporta gran parte de su producción a precio internacional, así que siente la suba casi de inmediato», señaló Boggiano.

    Miguel Galuccio, CEO de Vista

    El ejecutivo destacó además que Vista, que es argentina, pero cotiza como Cedear, presenta una beta al Brent de 1,2, el más elevado del sector. Esto significa que, bajo determinadas condiciones de mercado, la acción puede tener una sensibilidad superior a los movimientos del precio internacional del crudo.

    YPF (YPFD) también aparece como una alternativa relevante por su exposición a Vaca Muerta, aunque Boggiano marca una diferencia importante. «Al ser integrada (refino + retail) diluye el efecto puro del crudo, aunque suma sensibilidad extra por combustibles», relató.

    «YPF también tiene fuerte exposición vía Vaca Muerta, pero al ser integrada (refino + retail) diluye el efecto puro del crudo, aunque suma sensibilidad extra por combustibles», explicó.

    Pampa Energía (PAMP), en cambio, presenta un perfil diferente. Su diversificación hacia gas y generación eléctrica hace que tenga una menor correlación directa con el precio del crudo.

    Cedears y ETFs para diversificar la apuesta

    Para quienes prefieren evitar el riesgo específico de una compañía argentina, los Cedears permiten acceder desde el mercado local a petroleras internacionales y diversificar la exposición geográfica.

    Fernando Villar, titular de FV Advisor, señaló que los inversores también pueden posicionarse en compañías como ExxonMobil (XOM) o Chevron (CVX), entre otras petroleras internacionales disponibles mediante Cedears.

    De esta manera, es posible capturar parte del potencial de una eventual continuidad del ciclo alcista del petróleo sin limitar la inversión al mercado argentino.

    Otra alternativa es utilizar un fondo cotizado sectorial. Villar mencionó al State Street Energy Select Sector SPDR ETF (XLE), que reúne compañías del sector energético estadounidense y permite obtener una exposición más diversificada que la compra individual de una petrolera.

    De esta forma, combinando acciones de empresas petroleras argentinas y Cedears de los principales gigantes multinacionales, los inversores locales pueden obtener una sólida exposición al petróleo, que podría continuar creciendo dada la inestabilidad geopolítica de Medio Oriente.

     

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