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Se suman 5 nuevas cámaras de monitoreo en la ciudad

El Intendente Marcelo Orazi recibió el lunes a la Secretaria de Estado de Seguridad y Justicia de Río Negro, Betiana Minor, ocasión en la que se anunció la incorporación de 5 nuevas cámaras de monitoreo en la ciudad.

Con este objetivo, en las próximas semanas se llevará a cabo un relevamiento para definir los puntos de ubicación.

Este anuncio se suma a otras gestiones realizadas por el Intendente como la relocalización de la Comisaría de la Familia y la instalación de un nuevo destacamento policial.

“Estoy muy contento con el trabajo que venimos realizando en conjunto. En mi viaje a Viedma hace una semana conversamos con Minor sobre la posibilidad de incorporar más cámaras a la ciudad y este lunes me trajo la confirmación de que serán cinco y que seguiremos trabajando para sumar más en el futuro”, manifestó Orazi.

Por su parte, Minor sostuvo que “la idea es seguir sumando y cumplir con los compromisos que ya hemos asumido. Pudimos entregar movilidad y las body cam recientemente. Ahora confirmamos que vamos a incorporar cinco nuevas cámaras de monitoreo en la ciudad”.

“Luego haremos una visita más operativa para recorrer los lugares donde vamos a ubicar las cámaras y quizás reubicar otras para hacer más eficiente la visualización”, indicó la funcionaria provincial.

Del encuentro participaron también el Subsecretario de Seguridad Ciudadana de la provincia Guillermo Rodríguez Moreno y el Director del Operativo RN Emergencias Sergio Davicino.

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    Adorni y el jet del sigilo: el vocero de la “casta austera” que voló a Punta del Este y no puede (ni quiere) explicar cómo pagó

     

    Mientras el Gobierno de Milei repite a diario el discurso del ajuste, la austeridad y la lucha contra los privilegios de la “casta”, el jefe de Gabinete y exvocero presidencial, Manuel Adorni, quedó envuelto en una nueva polémica luego de que se revelara que viajó a Punta del Este en un vuelo privado que habría costado unos 10.000 dólares, acompañado por un periodista de la TV Pública y su familia, además de haber pedido un tratamiento migratorio especial para evitar ser visto al regresar al país.

    Por Roque Pérez para NLI

    Manuel Adorni, Lilia Lemoine y Marcelo Grandio, durante la campaña de 2023

    El vuelo VIP del funcionario que predica austeridad

    La información surge de documentación oficial y fuentes vinculadas al operativo aéreo que el periodista Sebastián Lacunza mostró en ElDiarioAr y permitió reconstruir el viaje realizado entre el 12 y el 17 de febrero, cuando Adorni partió desde el aeropuerto de San Fernando rumbo a Punta del Este a bordo de un Honda Jet contratado a la empresa Alpha Centauri, una aeronave ejecutiva considerada de alta gama dentro de los jets livianos.

    El vuelo transportó al funcionario, a su pareja Bettina Angeletti, a dos familiares y al periodista libertario Marcelo Grandio, conductor de un programa en la TV Pública y cercano al actual jefe de Gabinete desde antes de la llegada de Milei al poder. Según los registros aeronáuticos, cada tramo de ese tipo de aeronave ronda los 5.800 dólares, aunque el paquete completo de ida y vuelta habría sido contratado por unos 10.000 dólares.

    El detalle no es menor: mientras el Gobierno repite que “no hay plata” y aplica recortes sobre jubilaciones, salarios públicos y programas sociales, uno de sus principales funcionarios eligió trasladarse en un avión privado de lujo para pasar el feriado de carnaval en Uruguay.


    El pedido de “sigilo” para no ser visto

    El episodio, sin embargo, no termina con el viaje. Al regresar al país, Adorni solicitó realizar el trámite migratorio en un hangar privado del aeropuerto de San Fernando, evitando el circuito habitual de pasajeros y el contacto con las áreas comunes de la terminal aérea.

    Ese tipo de tratamiento es excepcional y suele reservarse para funcionarios o personalidades VIP que prefieren no exponerse públicamente durante su ingreso al país, lo que agrega un elemento político difícil de explicar para un funcionario que construyó buena parte de su imagen pública denunciando los privilegios de la dirigencia tradicional. En otras palabras: no solo hubo un vuelo privado costoso, sino también un operativo de discreción para evitar que el viaje trascendiera.


    El periodista amigo y la TV Pública libertaria

    Otro elemento que complejiza la escena es la presencia de Marcelo Grandio, conductor del programa “Giros en Línea Recta” en la TV Pública, quien acompañó a Adorni en el viaje de ida a Punta del Este.

    La relación entre ambos no es reciente. Antes de que Milei llegara a la Casa Rosada, Adorni y Grandio ya compartían espacios mediáticos y proyectos vinculados al universo libertario. Una vez que el economista asumió la presidencia y el exvocero comenzó a tener influencia sobre los medios públicos, el periodista terminó desembarcando en la programación del canal estatal con un ciclo propio, donde el propio Adorni fue entrevistado en varias oportunidades, en un clima que el funcionario llegó a describir como “el living de casa”.

    La escena resume con crudeza la lógica que empieza a instalarse en los medios públicos bajo el gobierno libertario: amigos políticos que pasan a ocupar espacios en la pantalla estatal mientras el discurso oficial insiste en la necesidad de achicar el Estado.


    “Es mi vida privada”: la respuesta que no responde

    Consultado por el episodio, Adorni optó por una respuesta que ya se volvió frecuente entre los funcionarios libertarios cuando surgen situaciones incómodas: sostuvo que se trata de un asunto de su “vida privada” y evitó dar explicaciones.

    El problema es que el argumento de la vida privada resulta difícil de sostener cuando se trata de un funcionario que ocupa un cargo central en el gobierno nacional y cuya agenda, relaciones y eventuales beneficios deben someterse a un estándar de transparencia pública mucho más exigente que el de cualquier ciudadano.

    Más aún cuando la figura de Adorni se construyó precisamente denunciando los supuestos privilegios de la “casta política”.


    La paradoja de los discursos libertarios

    El episodio también deja al descubierto otra contradicción que persigue al actual jefe de Gabinete: en años anteriores, el propio Adorni había criticado con dureza a los políticos que viajaban en vuelos privados o participaban de comitivas costosas, cuestionando la falta de gestos de austeridad de la dirigencia.

    La escena actual, sin embargo, parece reflejar lo contrario: un funcionario que construyó su carrera denunciando privilegios termina protagonizando una historia que recuerda demasiado a aquello que decía combatir.

    En definitiva, el llamado “anticasta” parece haberse transformado rápidamente en una nueva versión de la vieja política, donde el discurso público habla de sacrificios colectivos mientras algunos funcionarios disfrutan de escapadas en jets privados y regresos discretos por hangares VIP.

     

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  • Legislatura: los libertarios tensionan con el reparto de comisiones y quieren quedarse con Justicia

     

    La Libertad Avanza tensiona en la Legislatura y pretende quedarse con tres de las principales comisiones. Pidieron ocho comisiones, entre ellas Seguridad, Justicia y Asuntos Constitucionales.

    El panorama no es sencillo para el oficialismo, que cuenta con 11 bancas a las que se pueden sumarse cinco del radicalismo. Pilar Ramírez consiguió sumar otro escaño con la partida del bloque larretista y tiene 14.

    Todavía no está claro cuál es el alcance del acuerdo entre el PRO y los libertarios. Hasta ahora se comportaron como adversarios del gobierno y su acompañamiento estuvo casi siempre en duda.

    Por una regla no escrita, la comisión de Presupuesto debería quedar para el PRO, pero LLA quiere discutir el resto. En total, la Legislatura tiene 27 comisiones y 2 juntas que se reparten según la cantidad de integrantes de cada bloque y según el equilibrio político que existe en el parlamento.

    Alta tensión en el gobierno por la definición del reemplazo de Cúneo en Justicia 

    La comisión de Justicia estuvo en los últimos años en manos del radicalismo, pero LLA reclama la presidencia. En los próximos meses se convertirá en uno de los lugares más importantes de la Legislatura: por allí pasarán los acuerdos de decenas de magistrados. Lo mismo ocurre con la junta de Ética, que sería para el peronismo.

    Como contó LPO, Karina quiere ganar influencia en la Justicia, un ámbito en dónde en la última década tallaron Daniel Angelici y Juan Manuel Olmos.

    Por el sistema D’Hont, a los libertarios les corresponderían 7 comisiones, pero aspiran a quedarse con 8. «Va a ser difícil que el PRO y aliados puedan manejar Seguridad, Justicia y Asuntos constitucionales. Van a tener que ceder una o más de una», explicó un veterano legislador.

    El peronismo, primera minoría con 20 integrantes, podría manejar Educación, Salud y la junta de Ética además de otras menos relevantes.

    «Está todo muy abierto, el lunes arranca todo, pero las discusiones van a seguir», dijo a LPO una fuente parlamentaria que no se animó a vaticinar cómo quedará el reparto de poder en la Legislatura.

     

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  • Nada novedoso…

    “La sociedad ofrece estereotipos: los prejuicios (racistas, clasistas, xenófobos, sexistas)…La fisonomía del delincuente en el imaginario colectivo, que es alimentado por las agencias de comunicación…¿Por qué siguen reproduciéndose estas prácticas?

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  • ¿Cómo enfrentar el “contragolpe cultural”?

     

    Así como las afirmaciones terraplanistas no modifican el hecho de que la Tierra sea redonda, así como los movimientos antivacunas no cambian la naturaleza contagiosa del Covid, el conservadurismo cultural, expresado hoy por fuerzas como las que lideran Javier Milei y Donald Trump, no modifica esta realidad: las sociedades humanas son constitutivamente diversas, heterogéneas y desiguales; en todas las comunidades humanas, pero aun más en aquellas donde existen el dinero y el Estado, hay multiplicidades y hay disparidades.

    Qué hacer con esta diversidad es un debate que viene concentrando la mayor parte de la historia ideológica, filosófica y política, y que por supuesto no está saldado. Dentro de estas controversias, uno de los capítulos centrales es el concepto de libertad, que ha sido utilizado por la extrema derecha como una de sus banderas. Para los conservadores, hoy llamados libertarios, la libertad se basa en la idea de que somos todos iguales: un rico y un pobre son consecuencia del modo distinto en que cada uno usó sus posibilidades. En esta mirada, la desigualdad fáctica es una consecuencia de una igualdad ontológica. Para las corrientes conservadoras, la libertad agiganta desigualdades. El rol del Estado, además de garantizar seguridad y justicia, debe ser restringir la diversidad: el Estado, que no debería cobrar impuestos, sí debe decretar que hay dos géneros, que la familia debe estar constituida de cierta manera y que las mujeres no pueden disponer de sus cuerpos.

    Desde una mirada democrática y progresista que asume que las sociedades son por naturaleza diversas, en cambio, la igualdad es algo a construir. Pero esa perspectiva hoy está a la defensiva. A través de una serie de subterfugios de ingenieros del caos, la posición histórica que conjuga liberalismo cultural, pluralismo político y justicia social ha sido estigmatizada como “woke” o “progresista”. La expresión “woke” surgió en Estados Unidos, un territorio de alta intensidad en la batalla cultural, en referencia a “despertar” (awake) ante la discriminación (“despierto” en el sentido de “concientizado”); pero hoy se usa de modo despectivo, que es la connotación que le dio Milei en su discurso en Davos. Como si las personas que descienden de esclavos o de pueblos originarios, como si las mujeres, que hasta hace setenta años no podían votar, hoy, justamente porque se reconocieron algunas de esas desigualdades, contaran con privilegios.

    La derecha conservadora está presente en distintas corrientes políticas, del mismo modo que la corriente que defiende las diversidades está presente –aunque no de modo uniforme– en partidos distintos. En Argentina, el peronismo, el radicalismo, el socialismo y la izquierda cuentan entre sus integrantes con personas que defienden este punto de vista. Se trata de una corriente que busca principalmente dos metas: que las personas y los grupos sean cada vez más libres, y que esa libertad se sostenga en formas igualitarias que la hagan real y no puramente declarativa o formal. Es una corriente de opinión que pone en escena grandes tradiciones culturales de la modernidad, heredadas de la Revolución Francesa y la Estadounidense, y que no tiene una única posición en materia de desarrollo económico, justicia distributiva o lucha por la igualdad. Ese “progresismo” no está en contra de ninguna religión, pero sí lucha por una separación completa de cualquier religión y del Estado. Ninguna ley puede sustentarse en creencias religiosas. Pero sí debe haber leyes que, por motivos universalistas, exijan el respeto de todas las religiones. Esta perspectiva, sometida hoy a una fuerte ofensiva, merece una reflexión autocrítica.

    Acerca de la autocrítica

    La hegemonía cultural de la extrema derecha impacta en el campo progresista. ¿Los movimientos por la libertad de las diversidades se “pasaron de rosca”? La ofensiva cultural de Milei y las derechas extremas, la derrota electoral del peronismo y los niveles de inflación y pobreza que dejó el gobierno de Alberto Fernández han planteado ese debate. ¿Hay una incidencia de la lucha por las diversidades en el oscurantismo que estamos viviendo hoy? ¿No habremos ido demasiado lejos? ¿Se puede seguir sosteniendo la defensa del colectivo LGTBQi+ en el contexto actual?

    Los procesos sociales y políticos siempre son imperfectos. Conocer esas imperfecciones, practicar la autorreflexión, es clave para mejorarlos. Por otro lado, se trata de movimientos profundos y de larga duración. En Argentina, por ejemplo, el movimiento masivo de mujeres de los últimos años comenzó en 2015 con el “Ni Una Menos”, una gigantesca movilización contra la violencia de género. ¿Frenar el reclamo contra los asesinatos de mujeres hubiera sido “menos radicalizado”? Y hoy, ¿qué está más vigente? ¿El reclamo de que no mueran más mujeres por el hecho de ser mujeres o la propuesta oficial de retirar del Código Penal el agravante por femicidio?

    La autocrítica no equivale a autoflagelación; debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican. Entre las múltiples causas que produjeron esta nueva etapa histórica global de las derechas extremas están, en efecto, los profundos déficits de la izquierda, la centroizquierda y los partidos tradicionales. Pero no coincido con quienes, subidos a la marea reaccionaria, afirman que la culpa es del progresismo, de un supuesto “wokismo” o de una “excesiva” ampliación de derechos civiles. Ese argumento puede terminar en diputados que voten con Milei regresiones culturales o puede llevar a un catolicismo de gobierno en contra de la libertad de las personas y los grupos. Empieza cuestionando el DNI no binario y termina aboliendo el divorcio.

    Pero entonces, ¿cuáles son esos errores de la izquierda? Si hubiera que elegir uno, diría lo siguiente: mientras las vocaciones igualitarias y de justicia social se tornaban cada vez más difíciles de lograr, en gran parte por no tener una alternativa concreta al capitalismo neoliberal, la izquierda avanzó con leyes y políticas tendientes a garantizar derechos civiles. Dependiendo de los países, se avanzó en materia de identidad de género, aborto, discriminación positiva, educación sexual, matrimonio igualitario, derechos de los pueblos originarios y los migrantes. Cuantas más dificultades aparecían en materia económica y social, cuanto más complicado se hacía sostener el horizonte de movilidad social, más se acentuaron estos derechos como compensación.

    La autocrítica no equivale a autoflagelación: debe ser una reflexión sobre prácticas y políticas que nos implican.

    Ese fue el gran problema. Las libertades civiles no pueden compensar el fracaso económico o social. Si son las únicas banderas que se agitan cuando se desfinancia el Estado de Bienestar, se retiran regulaciones públicas o se producen escaladas inflacionarias, como en el caso argentino, se corre el riesgo de que las fuerzas democráticas queden reducidas y debilitadas. Los límites para corregir o superar el neoliberalismo los terminan pagando los avances en materia de diversidad o pluralismo.

    Mi primera tesis es que, frente a quienes creen que la ampliación de libertades favoreció a la derecha extrema, creo que su causa es el fracaso económico.

    En segundo lugar, la cuestión de los particularismos. Mientras Martin Luther King buscó cambios que mejoraran la desigualdad estructural de la sociedad norteamericana, muchas políticas de la identidad del siglo XXI se concentraron en derechos particulares. Y es difícil pedirles algo más que simpatía pasiva o inactividad a quienes no están directamente involucrados en la conquista de un derecho. Esto no implica que movimientos como “Ni Una Menos”, “Black Lives Matter” o la “Marcha anti-fascista” de febrero de 2025 no hayan sido señales contundentes en la dirección correcta, sino simplemente llamar la atención sobre cuál puede ser el alcance de esas convocatorias.

    Algo similar ocurre con el “lenguaje inclusivo”. Se trata de un cambio cultural crucial, que busca ampliar libertades e incluir diversidades. Pero debe expandirse a partir de la posibilidad, no como imposición. Los mayores fracasos del cambio cultural ocurrieron cuando se pretendió imponer a través de prescripciones. El liberalismo cultural busca ampliar, no restringir, las posibilidades de las personas.

    El caso de las cuotas

    Muchas veces, en lugar de luchar por cambiar una legislación, una política o un presupuesto, las reivindicaciones progresistas se enfocaron en personas concretas: los varones blancos, incluyendo casos de punitivismo extra-judicial, como escraches a adolescentes, altamente polémicos. En aquellos casos, hubo voces feministas potentes que alertaron que el feminismo no surgió para cambiar al dueño del poder del patriarcado, sino para modificar un tipo de poder y de dominación. El punitivismo y la cultura de la cancelación fueron algunos de los errores más graves. Pero no es verdad que sean inherentes a los reclamos por la diversidad y la libertad: fueron casos minoritarios en causas justas.

    Detrás de este tipo de cuestiones aparece un problema que vale la pena debatir a futuro: la tensión entre lo particular y lo universal. Si cada uno de los grupos discriminados reclamara sólo para sí mismo, si todo se tradujera en una simple cuota por grupo, a largo plazo se terminarían socavando algunos de los consensos culturales necesarios para mantener las políticas de acción afirmativa. Un ejemplo es el de las universidades. En la mayoría de los países del mundo existe un sistema de examen de ingreso a la universidad y cupos por carrera. Al observar las universidades se hacía evidente que la abrumadora mayoría de los alumnos eran varones blancos. Eso llevó a reclamar políticas de cuotas raciales, étnicas y nacionales, como las que se terminaron concretando en Estados Unidos y Brasil. Este sistema garantizaba una mayor presencia de diversidades, restando lugares a los blancos. Pero, ¿qué quedaba, por ejemplo, para los blancos pobres? ¿Quién se preocupó de su situación? En muchos casos fueron los grandes olvidados, lo que contribuyó a que volcaran su respaldo a fuerzas políticas conservadoras que dicen defenderlos. ¿Qué hubiera ocurrido si se hubiera incluido una cuota general para los estudiantes de colegios públicos de bajos recursos en el ingreso a la universidad? Mientras en un terreno puramente cultural la especificidad por grupo es adecuada, en cuotas vinculadas a desigualdades puede no producir las consecuencias buscadas.

    En un mundo dominado por la incertidumbre económica, en el que se achican los recursos públicos, muchos países optaron por un modelo de cuotas para asegurar la presencia de los grupos discriminados no sólo en el acceso a la universidad sino también al empleo público –y en ocasiones al empleo privado–. Esto implica que los logros de la ampliación hacia los sectores discriminados se hicieron sobre la base de una reducción relevante de la participación de los sectores anteriormente privilegiados. Y esta estrategia, correcta desde un punto de vista filosófico, se topa con un problema político. Las personas de carne y hueso que se ven afectadas, que no logran ingresar a la universidad o no consiguen empleo, se van pasando en masa al ejército del “contragolpe cultural”, esperando el surgimiento de un Trump, un Milei o cualquier otro líder que proponga revertir la situación.

    Se trata de un error recurrente del progresismo: no percibir el dolor de las víctimas de sus políticas, y no elaborar una respuesta. Mi punto es sencillo: si se presuponen las restricciones económicas, como de hecho las aceptaron la mayoría de las fuerzas de centroizquierda en Europa y América, que los perdedores de la discriminación positiva pasen al otro lado es inexorable. Pero si se cuestiona un modelo que reduce los impuestos a la riqueza y desfinancia al Estado, y se usa ese dinero para ampliar el acceso a la universidad y el empleo, logrando mejorar la diversidad sin afectar drásticamente los espacios previos, la base política de la derecha extrema quedará reducida. Es cierto que esto no es posible para los varones privilegiados, que inexorablemente se verán afectados: será necesario pensar una política cultural específica para ellos.

    La defensa de la libertad

    Estamos ante un feroz ajuste a las libertades y es urgente emprender una fuerte defensa de políticas por la libertad basada en igualdades. La libertad, convertida en el eslogan hueco de la extrema derecha, no puede ser resignada por las fuerzas democráticas y progresistas. El principio básico de la lucha por la libertad es maravilloso: que las personas y los grupos puedan autorrealizarse en todas las dimensiones de la vida. Esto incluye su identidad de género, étnica, nacional, local, religiosa, así como su libertad de expresión, en la familia, en el trabajo…

    Esas libertades tienen un requisito: un piso de igualdad, porque quien sufre desnutrición no puede ser libre, quien no puede acceder a la escuela no puede ser libre. Una comunidad libre es aquella que garantiza un piso de igualdad para todos sus miembros.

    Los libertarios conservadores de la extrema derecha afirman que ser iguales es que cada uno se las arregle como pueda. Es una propaganda basada en la negación de la historia tal como sucedió. Los esclavos existieron hasta el siglo XIX bajo el imperio de la ley, y los afrodescendientes continúan siendo discriminados en prácticamente todos los países de América y Europa hasta hoy. La conquista colonial existió. El patriarcado y la desigualdad de géneros existieron… y todavía existen. En muchos países las mujeres votan recién desde hace algunas décadas. Y en la mayoría de los países europeos y americanos jamás hubo una presidenta o una primera ministra mujer. El capitalismo, por su parte, tiene mecanismos poderosos para reproducir la desigualdad de clases entre generaciones: a través de la herencia y también de la “herencia de clase”. La mayoría de los hijos de personas pobres son pobres. La movilidad social ascendente está en crisis en la mayoría de los países, y los mecanismos sociales que la hacían posible se están debilitando a un ritmo vertiginoso. Los libertarios conservadores quieren liquidar esos mecanismos, del mismo modo que se proponen atacar las leyes que tienden a asegurar libertades vinculadas a la diversidad y la disidencia. Esto implicará también contrarrestar su ofensiva individualista poniendo en valor la solidaridad, lo común y lo público. Enfrentar políticamente aquel proyecto exige autorreflexión y determinación.

     

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