En un emotivo acto, el Intendente Marcelo Orazi, junto al Director de Deportes, Damián Álvarez, y la Asociación Civil de Fútbol Femenino de Río Negro y Neuquén, se celebró la entrega de los certificados del curso de arbitraje municipal de Fútbol.
Más de 135 personas de ciudades de ambas provincias, participaron de la capacitación que dictó la institución deportiva bajo la coordinación de la árbitra neuquina, Laura Escobar.
Recibieron sus títulos:
Angélica Vásquez, Luis Rubén Sepúlveda, Andrea Henríquez y Candela Jazmín D’Cristofaro.
A partir de este curso, la ciudad podrá sumar nuevos árbitros y árbitras para todas las ligas municipales, tanto en categorías infantiles como mayores.
Hoy jueves, Maddison será el escenario de GastroArte, la propuesta de las Direcciones de Cultura y de Turismo que tiene como objetivo revalorizar e impulsar a los artistas y emprendimientos gastronómicos locales. En esta ocasión, la cita será a las 21,30 horas con la presencia de DJ Matías Le Music y Camila Tapia en ‘Entre…
La Municipalidad de Villa Regina participó del lanzamiento virtual del programa “La UNS en la región”. Este programa dispone de un mecanismo de acompañamiento a estudiantes de la Universidad Nacional del Sur procedentes de siete municipios, que incluye a Villa Regina y toda la zona de influencia. De esta manera, los estudiantes que debieron permanecer…
El ‘Mes de la Niñez’ se festejará en distintos sectores de la ciudad con el objetivo de que niños y niñas puedan disfrutar de una jornada con juegos y refrigerio, cerca de sus domicilios y así evitar traslados y aglomeraciones. Con este objetivo, distintas áreas de la Municipalidad de Villa Regina organizaron los festejos que…
Pese al asombro inicial, finalmente fue amable la participación de León Gieco en el cierre de Lollapalooza, en 2017, cantando “Todos los caballos blancos” frente al público de Lana del Rey. Lo mismo pasó después, cuando Pablo Lezcano compartió lineup con Liam Gallagher. Y, más acá en el tiempo, en el último show de Lali Espósito, cuando Sandra Mihanovich la tomó de la mano para corear “Soy lo que soy”. La industria musical cambió, y, como todos los rubros, también necesita generar sorpresas, espectáculo mediante. Este mandato tiene Lado B y es que muchos escenarios recuperan lo esencial de la música en vivo, de la zapada, de la experimentación: el encuentro. Lo analógico. Lo presencial. Tocar, cantar, sentir, compartir.
Y hay una música que es sinónimo de cruces permanentes: el folklore. Así, el Festival Nacional de Folklore de Cosquín 2026 vuelve a ser provocador y/o legitimador de encuentros, sin prejuicios, entre generaciones y audiencias. En el mismo escenario donde debutó Mercedes Sosa el 31 de enero de 1965 y donde, este año, La Sole festejará tres décadas de carrera, la sorpresa de la programación es la presencia de Cazzu y de Milo J. Muy gauchitos: dos referentes de la música urbana cuya manera de innovar en sus carreras es volver a nuestra música autóctona. Y a sus propias raíces personales.
En tiempos de celebración del individualismo extremo, el folklore propone diálogos con otros géneros y desarrollo colectivo.
Será otra noche memorable del Festival que nació en 1961, organizado por un grupo de vecinos en un pequeño escenario ubicado sobre la ruta 38, destinado a público y artistas de todo el país (mientras los porteños bailaban tango). Desde entonces, dura nueve noches en homenaje a la novena de la Virgen del Rosario. Por eso, Cazzu, la jefa del trap, llegará con sus coplas el domingo 25 de enero, en la Segunda Luna (y después de sorprender al público del Festival de Jesús María a pura chacarera), y Milo J pondrá en diálogo la música urbana con la zamba y el carnavalito el 1º de febrero, en el cierre, en la Novena Luna. ¡Adentro las nuevas generaciones!
En tiempos de retorno conservador y de celebración del individualismo extremo, el folklore (o, mejor dicho, la música de raíz folklórica) propone cruces, encuentros y diálogos con otros géneros: retoma gran parte de su espíritu de vanguardia y desarrollo colectivo. Si en la dictadura del ‘76 se prohibía “Zamba de mi esperanza” por proponer un aire de independencia -no del mercado, sino frente a la opresión-, cincuenta años después el folklore, cerca o lejos de Cosquín, busca vincularse con los públicos de otros géneros y demostrar que no son espacios bajo llave: se completan, unos a otros, constantemente. Y a nadie escandaliza ya que Milo J o Cazzu puedan estar en Cosquín: hay música para todos y todas. Así, el trap puede alimentar al folklore y, viceversa, los ritmos de tierra enriquecen a las letras urgentes de los chicos de ahora.
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—¿Qué es el folklore?
Es una tarde de mayo de 2025 y ya se enfrió el mate. Ahora circulan empanadas y vino en el patio de la casa de Mex Urtizberea: avanza el especial ¡FAlklore! del ciclo Esto es ¡FA! Soledad Pastorutti canta con Milo J la zamba “Cuando ya nadie te nombre”, de Horacio Guarany. Peteco y Cuti Carabajal interpretan a dúo la chacarera “Dejame que me vaya”. Chango Spasiuk y Teresa Parodi tararean el chamamé “Kilómetro 11”. A la peña se suman artistas más jóvenes: Maggie Cullen, Julián Kartun y Juan Gigena Ábalos, el director musical de la tertulia. La raíz es para todos.
Luna Monti y Maggie Cullen
¿Qué concepto pensaron Milo J y Mex, impulsores de esta juntada telúrica, para ¡FAlklore!? El especial, que oxigenó el ánimo social de 2025 y está disponible en YouTube, representa una reunión de artistas muy diversos —por estética, edad y trayectorias— y una manera abierta de entender el folklore para nuevos públicos: sin estereotipos. ¿Por qué? Durante décadas muchos concibieron al género como un sinónimo de cantores vestidos de gauchos con una visión ultra-nacionalista, patriarcal y machista. O como “tipos con quenas, bombos, charanguitos”, como dijo Pettinato en aquella frase que se viralizó, a mediados de 2025: muy por fuera de esta recuperación del género. Por eso, lejos de cristalizarse en una música estática que le canta a la patria y a sus paisajes con fanatismo tradicional, la raíz folklórica no sólo innova en arreglos y reversiones, sino que incluye discursos más abiertos, y hasta abarca a la musicalidad de la disidencia sexual con figuras como LeGon Queen y La Ferni.
El género contiene riquísimos matices, con exponentes muy distintos entre sí y discursos hasta contrapuestos, pero que pueden convivir. Entre los tradicionalistas y los innovadores hay una gran paleta de colores.
¿Cómo acortar esa distancia? Una respuesta posible está en ¡FAlklore!: “Buscamos acercarnos a las nuevas generaciones”, dijo Mex Urtizberea aquella tarde de mayo, en su patio. Y, para abrir el debate, tiró esa pregunta filosófica sobre qué representa este género. ¿Qué respondieron los invitados con mayor experiencia? ¿Qué se oyó decir en ¡FAlklore!?
—Es la afinación de este lugar en el mundo —dijo el Chango Spasiuk.
—A cada generación le corresponde un eslabón de la cadena. Es muy bueno relacionarnos de esta manera tan espontánea y hermosa —sumó Teresa Parodi.
LeGon Queen y Peteco Carabajal
Y aquella zapada sin barreras saltó de YouTube al Movistar Arena: apenas se anunció el primer show, las entradas se agotaron en dos horas. Por eso el 23 de diciembre hicieron un bis, en el que estuvieron Abel Pintos, Eugenia Quevedo, Lázaro Caballero, Rubén Rada, Nati Pastorutti, Sergio Galleguillo, Yamila Cafrune, Sele Vera, Radamel, Nahuel Pennisi, Agarrate Catalina, Raúl “Tilín” Orozco y Lito Vitale, entre otros. La zamba y la chacarera dejaron paso al chamamé y hasta hubo toques de rock argentino. La inclusión escénica fue la norma. Así, la tertulia devenida espectáculo de entrecasa, primero, y luego de estadio, hace que el folklore resulte la propuesta cultural que ofrece compañía y respuestas a estos tiempos aciagos. Y el retumbo de un bombo puede ser el llamado a compartir entre todos.
Milo J
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Esta renovación generacional se suma a la huella de las últimas décadas iniciada por artistas que llegan a la música de raíz folklórica desde la tradición, desde las academias populares o desde la intuición.
¿Qué aportar sobre Liliana Herrero que no se haya dicho ya? A los 77 años, la pionera que reinventa la raíz tiene un nuevo disco, Fuera de lugar. Con él exterioriza su desazón ante el dominio libertario y los discursos de odio, y da su propia versión del folklore interpretando a Charly García y a Spinetta. En las rupturas y quebraduras de su canto, Herrero sabe que no hace falta gritar para conectar con el pasado. Ella lo repiensa, siempre, y por eso va varios pasos adelante.
Liliana Herrero
Habitando el folklore al mismo tiempo que el jazz, el tucumano Juan Quintero formó Aca Seca Trío junto con Andrés Beeuwsaert en teclados y Mariano “Tiki” Cantero en percusión. Una apuesta musical de gran vuelo: un trío de jazz en ritmos de 6 x 8. Y aportaron temas de Quintero, quizá el compositor contemporáneo más importante, heredero de Juan Falú y Raúl Carnota. Pero, a la par, el abrecaminos que es Juan Quintero también refinó la música argentina sin fronteras con el dúo de guitarra y voces que formó con Luna Monti.
Aca Seca Trío
Muchas artistas femeninas abren sentidos clave, como Silvia Iriondo, Lorena Astudillo, Chiqui Ledesma, Luciana Jury, Mery Murúa, Paola Bernal, Mariana Baraj, Mavi Díaz, Milena Salamanca, Charo Bogarin y Sofía Viola.
Explorando discursos sonoros vinculados a la Música Popular Brasileña, el entrerriano Carlos “Negro” Aguirre es un polo de innovación y agudeza impresionista desde el piano, la composición y la voz. Suena solo, en tríos, quintetos y sextetos. Ve al folklore como un magma a explorar.
El folklore resulta la propuesta cultural que hoy nos ofrece compañía y respuestas a estos tiempos aciagos. Y el retumbo de un bombo puede ser el llamado a compartir entre todos.
Desde una concepción de rock, Duratierra enchufa al folklore con ductilidad. En septeto, con la voz al frente de Micaela Vita y las guitarras de Juan Saraco, ganaron el Premio Gardel 2025 en el rubro Mejor Álbum Grupo de Folklore con su disco A los amores – El folklórico Vol. 1. El anterior había sido La fuerza, con un discurso de crítica social y el abrazo a las identidades de género que adquieren cada vez mayor visibilidad.
Duratierra
Ahora en pausa, el octeto Don Olimpio —con Andrés Pilar en piano, arreglos y dirección— combina música de raíz y vanguardia versionando clásicos con autores contemporáneos. Aporta arreglos desafiantes y un proceso de trabajo de lo individual a lo colectivo. Con la voz de la catamarqueña Nadia Larcher, grabaron varios discos y dejaron su álbum final, registrado en vivo en el Teatro Margarita Xirgu a fines de 2023, como ejemplo de que la formación académica también puede motivar el baile peñero: La Olimpeña en vivo.
También en el Xirgu se grabó, en septiembre de 2024, otro proyecto que unió tradición y vanguardia entre generaciones: Carnota Presente. Producido por Lito Vitale, fue un homenaje a los diez años de la muerte del autor de la clásica zamba “Grito Santiagueño”. Los artistas invitados abrazaron chacareras, zambas, vidalas y más canciones de Raúl Carnota, las cuales destacan por su destreza sonora y su sensibilidad social.
Don Olimpio con invitados, Teatro Margarita Xirgu, 2023.
¿Carnota Presente habrá sido uno de esos conceptos que inspiraron la juntada de ¡FAlklore!? Muchos de quienes estuvieron en aquel escenario cantan hoy reunidos por Mex y Milo J. En el homenaje a Carnota estuvieron Juan Iñaki, Manu Sija, Verónica Condomí, Liliana Vitale y Matías Betti, Mono Izarrualde, La Bruja Salguero, Georgina Hassan, Maggie Cullen, Franco Luciani, Victoria Birchner y Minino Garay, Lidia Borda y Daniel Godfrid, Juan Pablo Di Leone, Lisandro Aristimuño, Suna Rocha, Willy González y Nadia Larcher.
—Les presento a la tinya, el tambor andino. Este instrumento une a los pueblos de la Cordillera de Los Andes desde América del Norte hasta el último rincón de América del Sur.
En junio de 2024, justamente, Nadia Larcher cantó unas coplas en el auditorio del Kennedy Center, en Washington. Presentaba el disco Tinya Raíz, su reivindicación de la herencia musical diaguita-calchaquí y de las piezas recopiladas por Isabel Aretz y Leda Valladares. Asimismo, en sus propios temas, Larcher expande sus líneas sonoras y se reafirma con interrogaciones profundas. “Esta música nos une en la humanidad, en el dolor, en el quejido, en la necesidad de expresar para sacar afuera lo que nos pasa adentro”, dijo Larcher, y quien también cantó “Vientito de Tucumán”, a dúo con Ricardo Mollo, en 2023, en el estadio de Vélez, en el festejo de los treinta y cinco años de Divididos.
Nadia Larcher
Fue otro cruce de generaciones y sonidos. El poder del rock, la poesía de Atahualpa Yupanqui y la raíz flotaron en la voz de Larcher, en su memoria y en su concepción artística hacia el futuro: mirar atrás es dar grandes pasos hacia adelante. Conectar con otros géneros es demostrar que el folklore es pasado, presente y vanguardia de la música popular argentina. ¿Cuántos nuevos públicos, en los tiempos que vengan, como los de Milo J o Cazzu, lo van a comprobar?
El satélite de observación SAOCOM 1B, construido por la empresa estatal rionegrina INVAP, ya está plegado y listo para su embarque en el avión Antonov AN 124, uno de los más grandes del planeta, que ya se encuentra en el aeropuerto de Bariloche. El traslado se iniciará con la salida del satélite desde las instalaciones…
En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y todo parece indicar que los ucranianos han perdido la guerra. El 12 de febrero de 2025, el flamante secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dio inicio a las negociaciones de paz en Ucrania. Ya desde un comienzo cedió ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”, es decir, la anexión de cuatro regiones ucranianas a Rusia, así como también de Crimea. Al día siguiente, tras una larga conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente Donald Trump anunció su intención de reunirse con su par ruso en Arabia Saudita –sin los ucranianos ni los europeos– y expresó su deseo de que pronto se organicen elecciones en Ucrania. Finalmente, el 14 de febrero, en un discurso pronunciado en una conferencia en Munich, el vicepresidente estadounidense, más que abordar la cuestión ucraniana, reprochó a los dirigentes europeos el hecho de que deshonraran las aspiraciones de sus propios pueblos restringiendo la libertad de expresión en las redes sociales o anulando las elecciones en Rumania por supuestas injerencias rusas (1).
Semanas antes, Trump había lanzado una ofensiva comercial al aumentar los aranceles a las importaciones de Canadá, México y la Unión Europea, y también había expresado sus intenciones anexionistas sobre Groenlandia (2). Sin embargo, de ahora en adelante, ya no se trata tan sólo de manipular a sus “aliados” para que compren más armas o para equilibrar la balanza comercial. Al declarar que Estados Unidos no les concedería garantías de seguridad ni a Ucrania ni a las tropas europeas que pudieran desplegarse para hacer cumplir un eventual alto el fuego, Trump inevitablemente sembró dudas sobre la solidaridad estadounidense en caso de un ataque al territorio de un miembro de la OTAN. Sin su contrapartida de seguridad, el vínculo transatlántico se parecería más bien a una completa relación de dependencia.
No obstante, desde 2022, Estados Unidos ha “invertido” un promedio de 35.300 millones de dólares por año en Ucrania (3). Mucho más que los 3.000 a 5.000 millones de dólares que Washington destinó cada año a Israel antes del ataque del 7 de octubre de 2023 y el equivalente a casi la mitad de los gastos militares anuales para Afganistán entre 2001 y 2019 –un esfuerzo para financiar una ocupación militar y operaciones directas–. El nivel de apoyo a Ucrania se sitúa, por lo tanto, en algún punto intermedio entre la ayuda brindada a un aliado histórico en Medio Oriente y el compromiso de una intervención directa en el campo de batalla en su propio nombre. Pero a Trump poco le importa todo eso: la guerra en Ucrania no es la de Estados Unidos, sino la de su antiguo rival Joseph Biden…
Errores de cálculo
Evidentemente, la magnitud de la ayuda occidental llevó a Kiev a cometer un error y la alentó a rechazar la negociación. En la primavera boreal de 2022, incluso antes de que Occidente le proporcionara su apoyo militar, la resistencia ucraniana podía enorgullecerse de haber frustrado la operación de cambio de régimen fomentada por el Kremlin y de haber minimizado las pérdidas territoriales. Después de cuatro semanas de combates, los beligerantes estaban cerca de llegar a un acuerdo. En Estambul, Kiev aceptó un estatus de neutralidad –es decir, renunció a adherirse a la Alianza Atlántica– y confirmó su intención de no dotarse de armas nucleares. A cambio, buscaba conseguir la retirada voluntaria de Moscú de los territorios que había ocupado desde el 24 de febrero. Sin embargo, Kiev necesitaba garantía de seguridad por parte de los líderes occidentales, quienes se la negaron. Boris Johnson se convirtió en el portavoz de la posición occidental durante una visita a la calle Bankova, sede de la Presidencia ucraniana. El Primer Ministro británico afirmó que nunca firmaría un acuerdo con Putin. Por eso, lo que ofrecían no eran garantías, sino armas (4).
Europa deberá pagar la reconstrucción de Ucrania y, al mismo tiempo, afrontar los costos de su seguridad.
Por un tiempo fue posible creer que dicha apuesta resultaría exitosa. Tras una primera contraofensiva, en noviembre de 2022, Kiev recuperó la ciudad de Jersón, ubicada en la orilla derecha del río Dnieper. Se desató la euforia. La palabra “negociaciones” se volvió tabú. No alinearse con los objetivos ucranianos –es decir, recuperar por la fuerza las fronteras de 1991– equivalía a firmar un pacto con el diablo. Los grandes medios de comunicación occidentales respaldaron el decreto ucraniano de octubre de 2022 que prohibía las negociaciones con Putin, a quien buscaban llevar ante la justicia internacional por crímenes de guerra (5).
Sin embargo, la segunda contraofensiva ucraniana de junio de 2023 resultó en una derrota. En los medios de prensa, los estadounidenses expresaron su descontento: Kiev habría escatimado demasiado sus hombres para privilegiar ataques tácticos dispersos a lo largo del frente en lugar de enviar soldados en masa a los campos de minas rusos con la esperanza de traspasar las defensas del adversario y cortar el puente terrestre entre Rusia y Crimea (6). Bajo la presión de Washington, Kiev redujo la edad de reclutamiento de 27 a 25 años en abril de 2024, pero en diciembre se negó a bajarla a los 18 años. Así, la apuesta hecha en base a las exhortaciones occidentales fracasó trágicamente. Tanto el costo humano –cientos de miles de muertos y heridos– como los sacrificios exigidos a la sociedad fueron en vano (7).
Como lógica consecuencia, durante el mismo período, Rusia experimentó una suerte inversa. El inicio de su “operación militar especial” resultó un fiasco. Los servicios de inteligencia rusos sobrestimaron los apoyos con los que contarían tanto por parte de la población como dentro de las élites ucranianas. El Ejército se estancó en los barrios periféricos de la capital ucraniana y fracasó en su intento de tomar el control del país. El Kremlin decidió entonces concentrar su dispositivo militar en el Donbass y Crimea. Concebida inicialmente como una expedición relámpago, la guerra fue cambiando de escala y de naturaleza. La movilización forzada decretada en septiembre de 2022 provocó una ola de protestas y exilios.
Atrapada en su propia guerra, Rusia agravó su situación en materia de seguridad. Su “operación militar especial” tenía como objetivo, por un lado, prevenir que Ucrania se rearmara –antes de que Kiev recuperara por la fuerza las regiones separatistas prorrusas– y, por otro lado, poner un freno a la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, unos meses después del inicio del conflicto, Rusia enardeció el patriotismo de un adversario que recibía un flujo continuo de armas y que contaba con el respaldo de una Alianza Atlántica reforzada con dos nuevos miembros: Suecia y Finlandia, que limitan con la zona ártica, estratégica para Moscú. Los dirigentes europeos reforzaron los batallones enviados al flanco oriental de la alianza, incluida Francia, que hasta entonces se oponía a una presencia permanente. La fuerza de reacción rápida de la OTAN cuadruplicó su número de efectivos; también continuó la construcción de la nueva base antimisiles estadounidense en Polonia, en donde los norteamericanos elevaron su presencia militar a 10.000 soldados. Lejos de calmarse, en Rusia las preocupaciones respecto de la seguridad se intensificaron por no haber previsto la fuerza y la unidad de la reacción occidental. Empero, al apostar por la consolidación de sus defensas detrás del Dnieper, Rusia logró estabilizar el frente. Los avances territoriales, como la toma de Bajmut en mayo de 2023, se consiguieron a costa del sacrificio de numerosas tropas, en un país ya golpeado por su crisis demográfica.
El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada.
Si bien Rusia mostró debilidades militares, la resiliencia de su economía resultó sorprendente. El Banco Central había acumulado suficientes reservas para asumir una confrontación financiera con Occidente. Logró sostener eficazmente el rublo y salvar su sistema bancario a pesar del congelamiento de sus activos en Europa y Estados Unidos. En cuanto a las sanciones energéticas, terminaron volviéndose en contra de los propios impulsores europeos: el aumento de los precios del gas compensó la pérdida de los volúmenes enviados al Viejo Continente, dando tiempo a Rusia para reorientar sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia (8). El fracaso de la estrategia de aislamiento se volvió evidente porque, si bien Moscú se vio obligada a recurrir a “Estados parias”, como Corea del Norte o Irán, para obtener armas o soldados, la realidad es que no le faltaron socios económicos interesados en sus descuentos energéticos. Los países que forman el núcleo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) vieron con preocupación la ofensiva punitiva financiera de Washington contra uno de sus miembros y profundizaron de forma preventiva su cooperación para reducir el uso del dólar en sus intercambios. En 2024, BRICS acogió a cinco miembros nuevos, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en las nuevas rutas del petróleo ruso (véase el artículo de págs. 12-14).
¿Acercamiento al hermano menor?
Al elegir negociar cara a cara con Moscú, Trump le ofrece una vía de escape al Kremlin. El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada. Las concesiones, por ahora sólo verbales, resultan vertiginosas: reanudación de las negociaciones sobre el desarme, promesa de reincorporación al G7 y, a largo plazo, levantamiento de las sanciones. Aunque el Presidente estadounidense trate de morigerar estas promesas en las próximas semanas, la solidaridad transatlántica parece estar ya profundamente deteriorada.
Estas declaraciones podrían cerrar la era geopolítica que comenzó en 1949. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó la Alianza Atlántica para imponer su influencia a la mitad de Europa, mientras que la otra mitad se alineaba primero con el bloque soviético y luego se unía al Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, a fines de la década de 1980, el último líder soviético, Mijail Gorbachov, al frente de un país agotado por la carrera armamentista, se comprometió con una serie de concesiones unilaterales y desordenadas: aceptó la reunificación de Alemania y su adhesión a la OTAN sin obtener garantías escritas sobre la no expansión de la alianza occidental en Europa del Este. De este modo, el antiguo instrumento de seguridad sobrevivió a la Guerra Fría, y la Unión Europea, al expandirse, permaneció firmemente vinculada a Washington. Aunque en 1989 y 1990 se llegó a considerar por un momento la posibilidad de implementar un nuevo sistema de seguridad, no surgió ninguno alternativo tras la disolución de la URSS en 1991. Si bien el conflicto ruso-ucraniano tiene en parte su origen en esta oportunidad perdida, su resolución negociada está provocando una reconciliación ruso-estadounidense a espaldas de Europa.
En Munich, el vicepresidente James David Vance incluso señaló una nueva dirección estratégica de Estados Unidos: “A Putin no le interesa ser el hermano menor en una coalición con China” (9). ¿Se trata del regreso a la estrategia de triangulación que había puesto en marcha el presidente estadounidense Richard Nixon en 1971 al acercarse al “hermano menor” (en ese entonces, China) para aislar mejor al enemigo principal (la URSS)? Si este es el “plan”, Trump tendrá dificultades para romper el eje Rusia-China. Pekín, si bien se molestó por el hecho consumado de la invasión rusa y le ha reprochado a Moscú su abuso de la amenaza nuclear, no le ha retirado su apoyo. China suministra de manera discreta tecnologías necesarias para el complejo militar-industrial ruso, al mismo tiempo que profundiza su cooperación militar con Moscú. Aunque desequilibrada, esta relación se basa en una fuerte frustración compartida respecto de un orden internacional dominado por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría.
¿Y Europa?… Europa se encuentra en la peor situación posible: ya debilitada por la crisis energética que ella misma provocó al renunciar –a petición de Washington– al gas ruso barato y pronto golpeada también por la guerra comercial decretada por la Casa Blanca, ahora se ve obligada a gestionar en soledad las consecuencias del revés occidental en Ucrania. Mientras la confrontación con Rusia alcanza un nivel incandescente y sus arsenales se han vaciado en favor de Kiev, Europa se prepara para aumentar de forma urgente su gasto militar, lo que implica comprar armamento estadounidense. Washington le exigía un “reparto de la carga” de la financiación de la alianza. Ahora la carga es doble: pagar la reconstrucción de Ucrania (que, a esta altura, Rusia deja de buena gana en manos de la Unión Europea) y, al mismo tiempo, asumir su propia seguridad. El gasto parece simplemente inasumible para los presupuestos europeos y augura nuevas divisiones.
1. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2025. 2. Philippe Descamps, “Affoler la meute”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 2025. 3. “Ukraine support tracker”, Kiel Institute for the World, 2024. 4. Samuel Charap y Sergueï Radchenko, “¿Podría haber terminado la guerra en Ucrania?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2024. Volodimir Zelensky se esfuerza en negar el papel que habría desempeñado así Johnson; véase también Shaun Walker, “Zelensky rejects claim Boris Johnson talked him out of 2022 peace deal”, The Guardian, Londres, 12 de febrero de 2025. 5. Véase, por ejemplo, “Soutenir l’Ukraine pour assurer la paix”, Le Monde diplomatique, 10 de enero de 2023. 6. Alex Horton y John Hudson, “US intelligence says Ukraine will fail to meet offensive’s key goal”, The Washington Post, 17 de agosto de 2023. 7. Hélène Richard, “Ucrania, una sociedad dividida por la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2023. 8. Hélène Richard, “Sanciones de doble filo”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2022. 9. Bojan Pancevski y Alexander Ward, “Vance wields threat of sanctions, military action to push Putin into Ukraine deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 14 de febrero de 2025.
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