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Se acondiciona el predio del Club Banco Nación para el inicio de la LIMUFI

Con vistas al inicio del torneo de la Liga Municipal de Fútbol Infantil (LIMUFI) previsto para abril, la Municipalidad de Villa Regina lleva adelante tareas para acondicionar el predio del Club Banco Nación.

En ese sentido, días atrás se rubricó el convenio entre el Municipio y la institución que permitirá que el torneo se dispute en ese lugar.

Por ello desde la Dirección de Deportes trabaja en la parte organizativa de la competencia además de las mejoras que se realizan en el predio.

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    El jefe del bloque libertario en Diputados, Gabriel Bornoroni, atraviesa uno de los momentos más complejos desde que le toca ser el referente de los hermanos Milei en Córdoba. Porque, más allá del microclima de crisis libertaria, hay una cuestión que lo deja en una posición incómoda a la hora de sumar aliados en territorio cordobés: la demanda de los intendentes por la deuda de Pami en el interior provincial.

    Cifra que, según estiman los alcaldes cordobeses, alcanza casi un total de 9.000 millones de pesos en concepto de -entre varios ítems- atenciones en hospitales y dispensarios que se brindaron a cargo de los municipios, pero que todavía no logran cobrar desde la obra social estatal.

    El problema es que para que eso ocurra, Karina le tiene que soltar fondos al caputista Mario Lugones, el ministro de Salud que responde al asesor presidencial y a quien la hermana del Presidente tiene en la mira. Y, como casi con seguridad es difícil que esto suceda en lo inmediato, el reclamo de intendentes a Bornoroni, el dueño de la botonera de Pami y Anses en Córdoba, seguirá creciendo.

    LPO reveló la semana pasada que Lugones le está reclamando a Toto Caputo fondos para el PAMI por un equivalente a mil millones de dólares, ante la amenaza de proveedores de empezar a cortar servicios y cobrar copagos. La tensión es tal que este lunes la oficina anti fake news que dirige Santiago Caputo tuvo que salir a negar la renuncia del ministro de Salud.

    Otra guerra en el gabinete: Lugones le exige a Caputo mil millones de dólares para el PAMI

    Por esto, en un intento por recuperar la iniciativa y volver a levantar el perfil después de varios días de hermetismo, el libertario cordobés concretó este lunes un pase que se venía anunciando hace rato: la incorporación del radical de Río Cuarto, Gabriel Abrile. El excandidato larretista en la elección municipal del 2021 se sumó a las filas libertarias de la mano de la radical Soledad Carrizo, la exdiputada y actual directora del Inaes que ejerce la pata UCR dentro del armado opositor a Llaryora en Córdoba.

    Según estiman los alcaldes cordobeses, la deuda del PAMI alcanza casi un total de 9.000 millones de pesos

    Abrile llegó con la otra concejala del radicalismo en Río Cuarto, Ana Laura Vasquetto, dos heridos de la elección del 2024, sobre todo después de la derrota en la interna UCR de Abrile frente a Gonzalo Parodi.

    El edil de Río Cuarto, además, tiene un pie en el Pami de esa ciudad. Organismo convulsionado por una causa que se heredó de gestiones anteriores, pero repercutió con fuerza hace un par de años, ya dentro de la gestión libertaria y derivó en la investigación por una defraudación millonaria por sobrefacturación. Causa que involucró a la obra social nacional y a un sanatorio del sur cordobés, y que llegó al fuero federal tras iniciarse en la Justicia provincial por una denuncia de abuso sexual.

     Vasquetto, Abrile, Bornoroni y Carrizo 

     

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    Cap. 7 «LOS MANEJES DE LAS PRETROLERAS». Estreno Web

    «Una vecina rural define la situación: “acá hablamos de plata nomás, de plata y contaminación, porque no hay otra cosa”. Los vecinos al no ser escuchados por las petroleras, se quejan en los medios o toman medidas de protesta como cortar el acceso al pozo. Recién ahí es cuando las petroleras ofrecen “soluciones”, como regalarles electrodomésticos, ofrecerles materiales para la casa, mudarlos a un hotel mientras perforan o pagarles por su silencio.»

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  • Los dividendos del apocalipsis

     

    Hay dos guerras en Oriente Medio. Una se libra con misiles, portaaviones y drones sobre el territorio iraní y de las monarquías del Golfo Pérsico. La otra tiene lugar en los mercados de energía, en las bolsas de materias primas, los boards de las grandes corporaciones petroleras y de los alimentos.

    Un quinto. Un tercio. Un tercio. Dos quintos. Casi la mitad. Estas son las proporciones de las exportaciones mundiales de gas natural licuado (GNL), petróleo crudo, fertilizantes, y también de helio y azufre que transitan por el estrecho de Ormuz, controlado por Irán. Son materias primas indispensables para producir combustibles y alimentos, así como el helio y el azufre son indispensables para fabricar microchips, y por tanto automóviles o, data centers y, en fin, para el desarrollo de la inteligencia artificial. El abastecimiento mundial de estas materias depende de su transporte por el estrecho que quedó cerrado desde el inicio de la guerra, casi para todo el mundo.

    Desde el ataque israelo-estadounidense a fines de febrero, el precio del crudo subió más de un 50%. Es el impacto de la escasez en los precios de las mercancías. Scarcity! Algunos analistas advirtieron que este precio podría alcanzar los 150 y hasta 200 dólares por barril. Según la consultora Rystad Energy, si el precio de referencia del petróleo estadounidense pasara a promediar los 100 dólares por barril a lo largo del año, los flujos de caja del sector petrolero norteamericano pasarían a ser 63.000 millones de dólares más altos que en un escenario estándar de 70 dólares/barril.

    Es la mayor amenaza a la seguridad energética global en la historia, en palabras de Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de Energía (AIE). La publicación Foreign Policy destacó que esta es, tanto en volúmenes totales como en porcentaje del consumo mundial, la mayor disrupción del suministro energético jamás registrada.

    La crisis no se proyectó al futuro. Es hoy. Los estadounidenses empezaron a pagar 80 centavos más por galón de nafta, según cálculos del Senado. El Banco Central Europeo redujo su proyección de crecimiento para la eurozona a apenas 0,9% para 2026, con inflación potencialmente del 4,4% en escenarios adversos. La OMC proyecta una desaceleración abrupta del comercio global. El mundo se empobrece. Algunos, sin embargo, se enriquecen.

    Antes de la guerra, 20 millones de barriles diarios pasaban por el estrechó de Ormuz, controlado militarmente por Irán. Tres semanas más tarde ese volumen cayó a casi la mitad. La liberación de reservas estratégicas por parte de EE.UU., así como el saqueo de las reservas de Venezuela, solo puede inyectar 2 o 3 millones de barriles diarios al mercado. Ninguna intervención política podrá compensar tamaña disrupción.

    ¿Por qué? Porque cuando los depósitos de petróleo y gas ubicados en el entorno del estrecho se llenaron, varios yacimientos tuvieron que detener la producción: están, en el lenguaje de la industria, shut in. Cero suministro. 

    Imagen de María Lupan en Unsplash

    Y los yacimientos y refinerías no se reactivan de la noche a la mañana. Sin contar con que la infraestructura de producción y transporte ha sido dañada físicamente en Irán y en Qatar. Los ataques israelíes alcanzaron el campo de gas South Pars, el más grande del mundo, y entonces Irán golpeó la planta de GNL de Ras Laffan, norte de Qatar, eliminando 3,5% de la producción mundial de GNL durante los próximos tres a cinco años.

    A la fórmula del caos se le agrega que los rebeldes hutíes de Yemen  lanzaron ataques contra Israel. Si esta facción pro iraní intensificara sus acciones, podría agravar la situación causada por el cierre de Ormuz al entorpecer aún más el tráfico marítimo comercial global al bloquear el estrecho de Bab el-Mandeb, que controla el acceso al Mar Rojo. Por el momento, se trata de ataques limitados: una «escalada controlada«. Pero la guerra no es matemática. El dominio completo de las consecuencias de echar a andar una guerra es imposible.

    Como se puede ver, son muy malas noticias para el mundo. Aunque no para todos. Las empresas petroleras volvieron a ver sus ganancias multiplicarse de la noche a la mañana, como en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, por una decisión adoptada en oficinas muy lejanas de Teherán.

    Un win-win para los winners

    Un informe de Greenpeace publicado el 1 de abril reveló que las empresas petroleras en la UE obtuvieron 81,4 millones de euros adicionales cada día—unos 2.500 millones de euros solo en marzo— debido al aumento de los precios de los combustibles desde el inicio de la guerra en Irán. Los precios en los surtidores subieron mucho más que el costo del petróleo crudo.

    La guerra es una máquina de ganancias para las petroleras Pero también una máquina de riesgos. La diferencia está en quién paga los riesgos y quien cobra las ganancias. Una asimetría que lleva la forma misma de la estructura de propiedad desigual del capitalismo petrolero.

    No están siendo los pueblos del Sur Global los que recogen los beneficios. Sobre todo no los venezolanos, que liberados por Estados Unidos de la tiranía unipersonal de Nicolás Maduro se han visto expropiados de su petróleo. Recibirán aún menos regalías que durante el bloqueo previo a la invasión. Al mejor estilo corsario del siglo XVIII, EE.UU. se jacta de haberle robado hasta sus reservas de oro.

    Son compañías como ExxonMobil las que vieron disparar sus ganancias sin haber para ello invertido, ni innovado. Aramco, la mayor petrolera del mundo superó sus previsiones de ganancias y sin embargo su CEO advirtió que una interrupción prolongada en el estrecho de Ormuz tendría “consecuencias catastróficas” en los mercados globales.

    La lógica es obscena: el conflicto restringe la oferta global, los precios suben, y quien controla la producción y la logística se alza con una renta extraordinaria que luego se distribuye en dividendos entre accionistas.

    El mismo mecanismo que enriqueció a las petroleras durante la guerra de Ucrania está funcionando hoy, a mayor velocidad y con mayor intensidad.

    Un síntoma de esto: los contratos a futuro del petróleo WTI —el crudo de referencia que cotiza en Texas y sirve de pronóstico de los operadores del mercado — que tenían vencimiento en abril se negociaron en 96,14 dólares el 20 de marzo. Pero la realidad superó la imaginación del mercado y esta semana la cotización osciló en los 120 dólares por barril.

    ¿Qué es lo que ocurrirá con esa renta si el gas y el petróleo siguen aumentando? La investigación pionera de la economista alemana Isabella Weber sobre el shock posterior a la invasión rusa de Ucrania en 2022, explica que los ingresos netos de las compañías petroleras que cotizan en bolsa alcanzaron entonces los 916.000 millones de dólares en un solo año. En EE.UU., el 50% de esas ganancias fue a dar a los bolsillos del 1% más rico de la población, mientras que el 50% más pobre recibió apenas el 1%.

    Así es como funciona la hiperconcentración de riqueza. La economía global está administrada por corporaciones gigantes que fijan sus propios precios. Cuando los costos de sus insumos suben, las corporaciones los trasladan a los consumidores. Esto se llama “inflación de vendedores”. Y se agrava cuando los insumos escasean físicamente, porque eso otorga a las empresas un monopolio temporal.

    En la Argentina, esa mecánica se agrava por una paradoja institucional: el Estado está conducido por quienes consideran que los impuestos son, en sí mismos, un robo. Eso se traduce en desmantelamiento de capacidad fiscalizadora —la AFIP achicada, los cuerpos técnicos vaciados— y en la imposibilidad práctica de determinar con precisión la magnitud de la renta extraordinaria apropiada por las petroleras y las empresas de alimentos. Una parte de esa renta terminará en guaridas fiscales, eludiendo cualquier tributación local. Otra se convierte en distribución de dividendos: las empresas de alimentos, por ejemplo, registraron ganancias extraordinarias durante los ciclos inflacionarios y respondieron no con inversión productiva sino con remesas a sus casas matrices. «Son las élites las que debilitan la economía de cada país», anticipaba Agustina Paz Frontera en su análisis «Poniendo estaba la casta», en noviembre 2024 en Anfibia.

    La renta extraordinaria de corporaciones multinacionales no se limita al gas y al petróleo y sus derivados (no olvidar los fertilizantes, es decir, los alimentos). El mecanismo se extiende con igual ferocidad a las ganancias a los seguros del transporte marítimo. Para empezar, reportes de Lloyd’s List y Bloomberg indican que Irán pasó a cobrar hasta 2 millones de dólares por buque para garantizar el ‘paso seguro’ a través de Ormuz, un peaje no oficial. Las grandes navieras —Maersk, MSC, CMA CGM, Hapag-Lloyd— estarían entre las perdedoras. Debieron suspender sus rutas por el Golfo y desvían sus buques por el Cabo de Buena Esperanza en el sur de África, alargando semanas los tiempos de tránsito y en costos.

    Según un informe de mercado de febrero, las tarifas de flete para petroleros de gran porte en la ruta del Golfo Pérsico a China alcanzaron niveles récord: 423.736 dólares por día. Estos aumentos generarán ganancias no previstas con relación al cálculo original de costos para estas operaciones. Es el costo del miedo.

    Pero es en el sector de las aseguradoras marítimas donde el incremento de las ganancias es aún más pronunciado. La primera reacción del sector fue la parálisis. Los principales clubes de aseguradores marítimos cancelaron toda cobertura de riesgo de guerra a partir del 5 de marzo. Entonces las primas de riesgo se dispararon entre un 200% y un 300%. Los precios se fueron a entre 3,5 % y 7,5 % del valor de un buque, que en promedio cuesta 120 millones de dólares, según un informe de The Guardian. Esto contrasta con el 1 % ó el 1,5% del costo de las primas de la semana anterior, y con el 0,25 % previo a la guerra.

    Ante la crisis, Trump ordenó crear un respaldo de reaseguro de 20.000 millones de dólares para intentar reactivar el tránsito por el estrecho. Aquí, nuevamente, liberales anti Estado en gobierno echan mano al presupuesto para subsidiar el riesgo y que ‘el mercado’ pueda seguir recogiendo ganancias extraordinarias.

    Países: súbditos del lucro geopolítico

    El mapa de los Estados ganadores es complejo. Según la BBC, mientras los productores del Golfo —Qatar y Arabia Saudita, principalmente— sufren ataques iraníes sobre su infraestructura, son otros quienes recogen los frutos del alza de precios.

    El gran beneficiario sería Rusia. Washington relajó las sanciones para aliviar la escasez global de hidrocarburos y entonces las ventas de petróleo crudo ruso a India saltaron un 50%. Moscú habría recaudado así 5.000 millones de dólares adicionales solo en el primer mes de esta guerra. Según Foreign Policy, el petróleo ruso pasó rápidamente de cotizarse muy a la baja a hacerlo con un precio incluso por encima del precio global.

    Expertos reunidos el mes pasado en el Institut Francais des Relations Internationales (IFRI), señalaron que el diferencial de precios entre el crudo Urals —la variedad rusa, que cotiza más barato a causa de las sanciones— y el Brent, referencia internacional, se redujo de 30 dólares a solo 10 por barril.

    Sin embargo, no hay euforia en Moscú. Las ganancias parecen ser absorbidas por intermediarios y por la guerra en Ucrania. El déficit presupuestario ruso,  que ya era elevado, alcanzó en enero y febrero el 90% del proyectado para todo el año.

    Ucrania entonces comenzó a atacar la infraestructura de exportación de petróleo ruso, para cortar la ventaja comercial que está recibiendo de la guerra en Irán. Por eso el escenario óptimo de Moscú es que la crisis dure lo suficiente para reponer las arcas del Estado sin provocar una desestabilización duradera en el Golfo. Una guerra corta que lo enriquezca; una paz rápida que no lo exponga.

    El caso de Irán es la paradoja mayor. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió una autorización de 30 días para la venta del petróleo iraní almacenado en alta mar. Ahora Irán puede vender más barriles más rápido y a un mejor precio. Las percepciones erróneas de fragilidad de Irán resultaron en una trampa,  advierten especialistas de Goldman Sachs.

    Imagen de Javad Esmaili en Unspash.

    Noruega y Canadá también emergen como ganadores potenciales del lado del suministro. Canadá se posiciona como productor estable, confiable y basado en valores, luego del posicionamiento antiimperialista de su Primer Ministro Mark Carney en la cumbre de Davos.

    Estados Unidos encarna la paradoja central: las corporaciones basadas en su territorio ganan mientras que sus ciudadanos pagan. EEUU pasó de importar el 60% de su petróleo hace dos décadas a exportar hoy entre 3 y 4 millones de barriles diarios, con una producción que escaló de 5 a casi 14 millones de barriles por día —la expansión más rápida de la historia. Sin embargo, esto no protege a sus ciudadanos del encarecimiento global. Y ese dato, junto con la oposición a la guerra contra Irán incluso en el seno del espacio MAGA que sostiene al presidente Trump y el impacto de la brutal política anti inmigratoria en su base de apoyo latina, empieza a hacer crujir las expectativas electorales de medio término del presidente.

    China, por su parte, importa 50% de su petróleo y un tercio de su GNL a través de Ormuz. Pero las élites del Partido Comunista prepararon al país para esta crisis durante las últimas dos décadas. Un tercio de su sistema energético chino está electrificado, la mitad de los autos nuevos vendidos son eléctricos, y China acumuló una reserva estratégica de 1.500 millones de barriles mientras EEUU vendía las suyas.

    El escenario óptimo para China sería una derrota militar rápida de EEUU e Israel que desacredite a Washington y, sobre todo, distraiga a la potencia norteamericana de su proyección estratégica en Asia. Es decir, que contenga el entusiasmo expansionista de la Primer Ministra de Japón, Sanae Takaichi, aliada eufórica de Trump, y le abra el margen de maniobra en el Mar de China para su ambición irreductible de reunificación a través de la anexión de Taiwán.

    Los costos económicos de la guerra resultan aceptables para China si a cambio gana mayor espacio geopolítico.

    Los que pagan

    ¿Quiénes absorben el costo de esta guerra? Casi todos los demás, por regla general.

    India es de los más afectados. Importa el 60% de su gas licuado de petróleo (LPG) a través del estrecho de Ormuz. El 47% de su gas natural licuado proviene de Qatar, cuya capacidad exportadora fue dañada por ataques iraníes. Resultado: racionamiento de gas, escasez de cilindros, cierre masivo de restaurantes y pequeñas empresas. Los 10 millones de trabajadores indios en los países del Golfo —que envían 50.000 millones de dólares anuales en remesas— ven amenazadas sus condiciones laborales. El gobierno indio congeló los precios en surtidores.

    La crisis pone a prueba su ‘autonomía estratégica’. El gigante asiático dispone de 170 buques de guerra y ambiciones de convertirse en garante de seguridad en el Océano Índico. Tiene media docena de fragatas desplegadas cerca del estrecho de Ormuz para escoltar a buques propios. Pero su posición diplomática es cada vez más incómoda: India guardó silencio cuando un submarino estadounidense hundió una fragata iraní en el Océano Índico, su área de influencia regional. Su presidencia del BRICS (con Brasil, Rusia, Sudáfrica, entre otros) no produjo ningún comunicado.

    Japón importa más del 90% de su petróleo crudo del Medio Oriente; el 93% de éste transita por el estrecho de Ormuz. Tokio está bajo presión de Washington para intervenir militarmente, a lo que se resiste. Por ahora.

    Pakistán pidió a las universidades que pasen a modo remoto, pues no pueden pagar los costos de la electricidad.

    Corea del Sur enfrenta la misma presión. Cerca del 70% de sus importaciones de crudo se canalizan por el mismo estrecho. Los políticos advierten del riesgo para su industria de semiconductores, que produce más de la mitad de los chips del mundo. Esta semana el gobierno coreano introdujo una segunda inyección de dinero en el consumo y la industria de 17.300 millones de dólares para amortiguar el impacto. El paquete incluye compensaciones a las refinerías, vouchers para consumidores, ayuda a hogares vulnerables y jóvenes. Lo financiarán con un impuesto a las ganancias extraordinarias generadas por el boom de chips para inteligencia artificial.

    Atentos a este dato, pues de las brumas de la batalla comienzan a emerger soluciones. El gobierno de Dinamarca, por ejemplo, ganó unas elecciones parlamentarias cruciales con una plataforma de impuestos a las ganancias extraordinarias de corporaciones. Los gravámenes de este tipo aplicados en 2022 por Colombia y Argentina son antecedentes en los que se fijan los especialistas para promover reparaciones ante el shock. Por esa razón, tanto Greenpeace como los expertos de la comisión independiente ICRICT que presiden los economistas Joseph Stiglitz y Jayati Ghosh llamaron a que los países introduzcan impuestos permanentes y automáticos para las ganancias de los combustibles fósiles. Cinco países de la UE lanzaron una propuesta similar la semana pasada.

    Alimentos, horizonte opaco

    Un tercio de los fertilizantes del mundo ya está bloqueado en Ormuz. China, además, restringió sus exportaciones de fertilizantes para proteger su mercado doméstico con lo cual agrava la escasez global. Con el 40% de las exportaciones mundiales de fertilizantes en riesgo en plena temporada de siembra en mercados clave desde Estados Unidos hasta India, la caída en la producción de alimentos durante la próxima cosecha es un riesgo real.

    Lo que en el Norte Global se manifestara como un shock de precios, en las regiones importadoras netas del Sur Global será hambre.

    Cuando suben los precios de los fertilizantes, suben los precios de los alimentos. Cuando suben los alimentos, los que más sufren son siempre los mismos.

    Así lo hizo notar el Programa Mundial de Alimentos: el alza de los precios de alimentos y combustibles causada por la guerra en Irán puede tener efectos en cascada que agravará el hambre en las poblaciones vulnerables. El índice de precios de los alimentos de la ONU en marzo se situó en 128,5 puntos, un aumento del 2,4 % con respecto a febrero; el segundo incremento mensual consecutivo tras cinco meses de descensos.

    Al subir sus precios, las grandes empresas capturan la escasez como si fuera mérito, pero no lo es: en EEUU, el 10% más rico de los hogares posee el 87% de las acciones de las empresas de energía. El aumento de la cotización en Bolsa de estas empresas es celebrado por sus accionistas. Y el resultado es un incremento de la desigualdad. En el caso de 2022, las ganancias extraordinarias fluyeron hacia los accionistas ricos. La misma dinámica opera hoy. No se crea valor: se redistribuye hacia arriba lo apropiado.

    Incluso con una resolución rápida del conflicto hoy por hoy inverosímil, las disrupciones físicas en la producción de GNL, las redes globales de producción y su logística tardarán años en recuperarse. Y las consecuencias políticas de este tipo cambian el sentido de lo esperable. Hace cuatro años, la derecha radical resultó la ganadora. El shock actual podría golpear la gobernabilidad de aquellas mismas administraciones de ultraderecha.

    Las guerras en Irán y en Ucrania son conflictos geopolíticos y también mecanismos de redistribución masiva de riqueza, en tiempo real, desde los muchos de abajo hacia los pocos de arriba. Nombrar a los ganadores, identificar a los perdedores y reclamar los instrumentos fiscales para reequilibrar esa transferencia con impuestos sobre la renta extraordinaria es lo que separa a un gobierno de una escribanía al servicio del capital.

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  • Villa Regina será sede de la Fiesta de la Sidra

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  • Prat Gay se suma a las críticas del establishment: «No hay programa económico que enamore si no genera empleo

     

    El exministro de Economía y ex titular del Banco Central, Alfonso Prat-Gay, cuestionó la falta de rumbo del programa económico y se desmarcó fuerte de dos funcionarios que lo acompañaron durante el macrismo: Toto Caputo y Santiago Bausili.

    «No hay ningún programa económico que enamore si no genera empleo, más producción y exportación», afirmó en un almuerzo organizado por el Rotary Club de Buenos Aires y agregó: «Falta esto en el vocabulario de los que están a cargo de la gestión del Gobierno».

    Las críticas de Prat-Gay no parecen casuales. Coinciden con una profunda molestia de buena parte del establishment con Milei y el rumbo económico que motivo que numerosos economistas salgan a advertir que el dólar está atrasado, lo que desequilibró emocionalmente al ministro Caputo.

    Prat-Gay también apuntó contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, por sus escándalos de corrupción. «Es obvio que estamos en una transición en la que murieron prácticas viejas, como financiar planes sociales sin presupuesto. Lo que no sabemos es si nació lo nuevo. El Gobierno vino a terminar con la casta y lo prebendario, pero el jefe de Gabinete quedó enfrascado en lo que decía que venía a cambiar. Para llevarnos a lo nuevo, los que nos conducen realmente tienen que ser probos y absolutamente éticos», sostuvo.

    El podcast de LPO: La imagen de Milei en caída libre y la apuesta del establishment por Bullrich

    En relación con la economía, marcó una tensión entre los indicadores macro y la situación cotidiana. «No puede estar bien la macro si la micro está mal. Si el resultado del programa económico es que la micro está mal, entonces está mal el programa», afirmó. También advirtió que el clima social tiende a deteriorarse, con sectores que mejoran y otros que enfrentan un cuadro más complejo.

    El Gobierno subestimó la inercia inflacionaria en un país de alta inflación y sigue sin interpretarlo bien. No solo hay que mirar el equilibrio fiscal y la emisión cero. También se intentó esto con el gobierno de Macri y no funcionó.

    Sobre la sostenibilidad del esquema, identificó dos puntos críticos. El primero es la imposibilidad de acceder al financiamiento externo. «Es paradójico que un gobierno libertario que cumplió todo lo que le pidió Wall Street no logró acceder al mercado internacional de deuda», señaló. 

    En ese contexto, remarcó que el país enfrenta compromisos en moneda extranjera por unos USD 20.000 millones anuales, sin acceso al refinanciamiento y con reservas internacionales netas negativas.

    Frente a ese escenario, fue categórico: «No es sostenible», y aclaró que el superávit comercial de bienes no compensa el resultado negativo cuando se incluyen servicios en la balanza de pagos.

    El segundo eje que destacó es la falta de confianza en la moneda local. «La gente no quiere pesos», sintetizó. A partir de allí, describió un mecanismo que se retroalimenta: sin demanda de dinero no hay crédito, sin crédito no hay reactivación, y sin reactivación no se acumulan reservas. «Es el perro que se come la cola», graficó.

    En ese marco, planteó una duda central sobre el programa económico: «¿Qué pasa que los argentinos no terminan de confiar en el peso y qué pasa que los acreedores externos no terminan de confiar en el programa? Mientras no se resuelva esto, vamos a estar en una situación muy frágil».

    También cuestionó la dinámica inflacionaria. Señaló que, a casi 30 meses de gestión, la inflación mensual se ubica en torno al 3%, por encima de otras experiencias comparables. «El Gobierno subestimó la inercia inflacionaria en un país de alta inflación y sigue sin interpretarlo bien. No solo hay que mirar el equilibrio fiscal y la emisión cero. También se intentó esto con el gobierno de Macri y no funcionó», afirmó.

    A su vez, observó una falta de coordinación en la estrategia económica. «Los programas tienen que ir sincronizados. Si es shock en lo fiscal, debería ser shock en lo monetario, y viceversa», indicó.

    En defensa de su propia gestión, explicó: «No había ningún margen para hacer un shock fiscal cuando yo era ministro. Teníamos a la expresidente [Cristina Kirchner] vivita y coleando, compitiendo por una banca, no estaba presa. Además, lo que pedía el soberano en ese momento es distinto a lo que pide ahora. La audacia de Milei fue leer bien lo que pedían y avanzar rápido en lo fiscal».

    Finalmente, si bien no descartó que el programa pueda consolidarse, advirtió que hoy faltan condiciones clave para lograrlo, como crecimiento sostenido y una mejora en la distribución territorial del desarrollo. Cerró con una advertencia: «Que Dios no permita que resucite lo viejo, pero en primer lugar el Gobierno tiene que lograr que no pase.»

     

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