El Intendente Marcelo Orazi participó del acto encabezado por la Gobernadora Arabela Carreras en el que se abrieron los sobres de la obra que comprende la ejecución de infraestructura para 107 lotes del barrio Barazzutti que demandará una inversión de $21.615.872 e incluye redes de servicios de agua potable, red eléctrica y alumbrado público con sus nexos.
En este sentido, dos fueron las empresas oferentes: Nelly Fenizi SRL con un presupuesto de $25.870.016 e INGOO SRL con un presupuesto de $22.141.002.
Del acto participaron también el ministro de Gobierno y Comunidad, Rodrigo Buteler y la interventora del IPPV, Inéz Pérez Raventos.
En la oportunidad, Orazi manifestó que “como Intendente me enorgullece que Villa Regina se posicione como la segunda ciudad de la provincia en oficializar la implementación del programa ‘Suelo Urbano’ y así, en nuestro caso, regularizar la situación de estos lotes para que sus beneficiarios puedan comenzar a construir sus viviendas”.
“Agradezco nuevamente a la Gobernadora por pensar y tomar la decisión de poner en marcha ‘Suelo Urbano’ en todo el territorio provincial y a quienes trabajan para que sea una realidad, que se palpe, y que redunde en mejoras para nuestros vecinos”, sostuvo.
Por su parte, Carreras comentó que “aquí, nos encontramos con un desafío, vecinos y vecinas que hace años compraron sus lotes, pero sin servicios. Esta es una práctica que tenemos que desterrar, porque es una falsa promesa, entonces esto es lo que empezamos a revertir, pusimos los servicios para que rápidamente puedan empezar a construir y dejar de alquilar”.
Cabe destacar que el programa provincial Río Negro Suelo Urbano tiene como principal objetivo reducir el déficit habitacional en la provincia a través de una política pública transversal y sostenida que acompañe a aquellos sectores que quedan afuera del mercado inmobiliario.
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Juan Domingo Perón explicaba que sin ciencia y tecnología propias no hay soberanía, y sin soberanía no hay desarrollo posible. Exactamente a la inversa del proyecto libertario.
Por Walter Onorato para NLI
Hay textos que no envejecen: se actualizan. No porque el tiempo los haya tratado bien, sino porque las contradicciones que describen siguen vigentes —o incluso agravadas—. El capítulo dedicado a la ciencia y la tecnología en Modelo argentino para el proyecto nacional es uno de ellos. Allí, Juan Domingo Perón no sólo reflexiona sobre el desarrollo científico-tecnológico, sino que lo inscribe en una estrategia integral de liberación nacional, enfrentada de manera frontal al dogma liberal y a la dependencia estructural de los países periféricos.
El planteo parte de una definición clave: la tecnología no es neutra. Es poder social cristalizado, acumulable, transferible, comerciable, y por lo tanto, objeto de disputa política. Perón la define como una forma particular de “mercadería” inmaterial que entra en la producción, genera dependencia y condiciona las decisiones soberanas de un país cuando es controlada desde el exterior. Esta caracterización desmonta de raíz la visión tecnocrática que separa ciencia de política: para el peronismo, no hay desarrollo técnico sin proyecto nacional.
Perón escribe con claridad que los países de menor desarrollo relativo no pueden aceptar pasivamente la división internacional del conocimiento. La llamada “internacionalización del saber” —presentada muchas veces como cooperación desinteresada— encubre, en realidad, relaciones asimétricas de dominación. La dependencia tecnológica, advierte, es incluso más difícil de revertir que la financiera o la comercial, porque requiere largos procesos de acumulación, inversión sostenida y planificación estratégica. No se cambia de proveedor como se cambia de banco: se construye capacidad nacional o se profundiza la subordinación.
Este punto es central: sin base científico-tecnológica propia no hay liberación posible. La afirmación no es retórica ni abstracta. Perón la vincula directamente con la capacidad de decidir qué producir, cómo producir y para quién producir. La tecnología importada sin control nacional impone modelos productivos, ritmos de crecimiento y prioridades ajenas al interés popular. Por eso insiste en que toda incorporación tecnológica —sea externa o incluso nacional— debe estar gobernada por criterios políticos claros, orientados al modelo de sociedad que se busca construir.
En este marco, Perón rechaza explícitamente una política científico-tecnológica de tipo liberal. No hay aquí concesiones: la conducción del sistema científico debe estar en manos del Estado, con centralización estratégica y ejecución descentralizada. La ciencia no puede quedar librada al mercado ni a intereses extranjeros, porque su orientación define el perfil productivo del país. No se trata de acumular conocimiento por el conocimiento mismo, sino de identificar aquel saber indispensable para fortalecer el poder nacional de decisión.
El rol del científico y del tecnólogo ocupa un lugar destacado en el texto. Perón exige condiciones materiales y simbólicas para su desarrollo: estabilidad, reconocimiento social, remuneración digna, equipamiento adecuado y, sobre todo, utilidad social del conocimiento producido. Resulta especialmente contundente cuando señala la incoherencia de formar especialistas para luego expulsarlos —por falta de oportunidades— al exilio intelectual. La famosa “fuga de cerebros” no es un fenómeno natural: es una consecuencia directa de modelos dependientes que desprecian el conocimiento propio.
Hay, además, una dimensión ética profundamente peronista en esta concepción. Perón sostiene que el científico debe tener la capacidad de negarse a producir conocimientos que resulten perjudiciales para el país. Esta afirmación rompe con la idea liberal de neutralidad científica y plantea una responsabilidad social del saber, anticipando debates contemporáneos sobre tecnología, ambiente y desarrollo sustentable.
Finalmente, el texto propone incluso la constitucionalización de ciertos principios científico-tecnológicos, entendiendo que el desarrollo nacional no puede quedar sujeto a vaivenes coyunturales ni a gobiernos entreguistas. La ciencia y la tecnología, para Perón, son pilares estructurales del proyecto nacional, al mismo nivel que la industria, el trabajo y la justicia social.
Leído desde el presente, este capítulo funciona como una interpelación directa a las políticas de desfinanciamiento, extranjerización y mercantilización del sistema científico argentino. Frente al ajuste, la precarización y la subordinación tecnológica, Perón ofrece una hoja de ruta clara: planificación, soberanía y poder popular aplicado al conocimiento. No es nostalgia: es vigencia política.
¿Y ahora? ¿Y si la verde zanhaoria del dólar se desploma? ¿Conseguiremos un equilibrio monetario y financiero? ¿Hasta cuándo tendremos que soportar esta inestabilidad estable llamada inflación? ¿Cuál es el problema? ¿Los gobernantes? ¿El dólar? ¿El peso? ¿La inflación? ¿Todos éstos juntos? O ¿Ninguno? Los alquileres se podrán congelar pero la ferviente y cruel economía,…
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