La Municipalidad de Villa Regina, a través de la Dirección de Tránsito y Protección Civil, solicita a los vecinos tener en cuenta las siguientes recomendaciones por la realización del Rally Ciudad de Villa Regina.
En principio, el día viernes mantener liberado el estacionamiento de la Avenida 9 de Julio margen norte desde calle Irigoyen hasta España ya que será utilizada durante la presentación oficial de los vehículos participantes en la rampa de largada que se ubicará en Plaza de los Próceres.
Por otro lado, estará prohibido el ascenso y descenso al circuito de la carrera desde una hora antes del inicio del prime y hasta que finalice la competencia. Esta medida se aplicará durante el sábado desde las 11,46 horas y el domingo a partir de las 10,36 horas.
Esto se debe a cuestiones de seguridad para evitar accidentes con los competidores. En el caso de que no se cumpla con esta regla, la organización procederá a interrumpir la competencia.
Además se recomienda a los espectadores no ubicarse en zonas peligrosas y de curvas que impliquen un riesgo ante el paso de los autos, tomar los recaudos con los menores de edad y no llevar mascotas.
Se agradece la colaboración y predisposición para garantizar el normal desarrollo de la competencia.
En 1929, durante la segunda presidencia de , el Congreso sancionó la Ley 11.544, que estableció por primera vez en todo el país la jornada máxima de 8 horas diarias o 48 semanales. El texto legal recogía una demanda histórica del movimiento obrero argentino y colocaba a la Argentina, al menos formalmente, dentro del mapa de las legislaciones laborales modernas.
Sin embargo, entre 1929 y 1945, la distancia entre la ley y la realidad fue abismal. La jornada de 8 horas existía en los códigos, pero no organizaba la vida cotidiana de la mayoría de los trabajadores.
La sanción de la ley no implicó automáticamente su cumplimiento. El Estado argentino carecía —y en muchos casos no tenía voluntad— de los mecanismos necesarios para garantizarla. Las inspecciones laborales eran escasas, las sanciones simbólicas y la justicia tendía a fallar en favor de los empleadores. En los hechos, el límite horario seguía siendo una decisión patronal.
En algunos sectores urbanos e industrializados la situación fue diferente. Grandes empresas, talleres visibles y actividades con fuerte organización sindical —gráficos, ferroviarios, portuarios— lograron imponer, no sin conflictos, la jornada legal. Aun allí, el cumplimiento era parcial: horas extras obligatorias no pagadas, jornadas partidas que extendían el tiempo total de trabajo y mecanismos de evasión salarial eran prácticas habituales.
Pero fuera de esos núcleos organizados, la ley simplemente no existía en la práctica. En el campo, donde la relación laboral estaba atravesada por el aislamiento, la dependencia personal y la ausencia casi total de inspección estatal, las jornadas de sol a sol siguieron siendo la regla. En las economías regionales, la situación era aún más evidente. En los ingenios azucareros de Tucumán, la jornada se organizaba en torno al ritmo de la zafra: turnos extensos, calor extremo y trabajo continuo mientras durara la molienda, sin límites horarios reales. En los yerbatales de Misiones, los mensúes cobraban por cantidad de kilos transportados, lo que los obligaba a prolongar indefinidamente la jornada para alcanzar un ingreso mínimo. El tiempo de trabajo no se medía en horas, sino en desgaste físico.
En los viñedos cuyanos y los algodonales del norte, la lógica era similar: trabajo estacional, pago por rendimiento y jornadas que se extendían mientras hubiera luz natural. La ley de 8 horas era irrelevante frente a un sistema productivo que organizaba el trabajo por campaña y no por jornada.
En los pequeños talleres urbanos de ciudades como Buenos Aires o Rosario, especialmente en rubros como la confección, el calzado o la metalurgia liviana, eran habituales las jornadas de 10 a 12 horas, justificadas como “aprendizaje” o compensadas con salarios miserables. El trabajo a destajo permitía al empleador exigir una producción diaria fija que solo podía alcanzarse extendiendo el horario real de trabajo.
El comercio minorista reproducía una lógica similar. Empleados de almacenes, tiendas y casas de ramos generales abrían temprano y cerraban de noche, muchas veces con descanso parcial o inexistente, bajo la excusa de la atención al público. En el servicio doméstico, directamente excluido de toda protección efectiva, la jornada carecía de límites: vivir en la casa del empleador implicaba disponibilidad permanente, sin distinción clara entre tiempo de trabajo y tiempo de descanso.
La ley estaba vigente, pero no tenía ejecutores. El Estado carecía de un cuerpo de inspectores con presencia territorial, las sanciones eran irrisorias y la justicia laboral —cuando intervenía— tendía a legitimar las prácticas patronales. En ese contexto, la jornada de 8 horas no era un derecho exigible sino una declaración abstracta, desconocida para amplios sectores del mundo del trabajo. Para millones de trabajadores, la jornada legal era una promesa distante, ajena a su vida cotidiana y subordinada a una realidad donde el poder de fijar el tiempo de trabajo seguía en manos del patrón.
La clave no estaba en el texto legal sino en la correlación de fuerzas. Donde había sindicatos fuertes, comisiones internas y capacidad de huelga, la jornada de 8 horas se defendía. Donde no, el trabajador quedaba librado a su patrón. Durante esos años, el cumplimiento de un derecho laboral dependía más de la organización colectiva que del Estado.
En los últimos años, sectores libertarios repiten como argumento que el peronismo “miente” porque la jornada de 8 horas no fue creada por Perón, sino sancionada en 1929. El señalamiento es formalmente correcto, pero históricamente falaz. Confunde deliberadamente legislar con garantizar. La Ley 11.544 existía desde hacía más de una década, pero fue incumplida de manera sistemática por amplios sectores del empresariado, con un Estado ausente o complaciente. Reducir la historia social a una fecha en el Boletín Oficial implica borrar la diferencia central entre un derecho escrito y un derecho vivido.
Ese divorcio entre la ley y la realidad empieza a romperse recién a partir de 1943–1945, cuando el Estado deja de mirar para otro lado y decide intervenir de manera directa en la relación entre capital y trabajo. No se trató de crear nuevos derechos, sino de hacerlos cumplir. Bajo la acción del Estado y el impulso político de , la jornada de 8 horas dejó de ser una recomendación abstracta y pasó a convertirse en una norma exigible. El límite al tiempo de trabajo ya no lo fijó el patrón, sino el Estado. Ese fue el verdadero punto de inflexión.
La experiencia deja una enseñanza incómoda pero fundamental: los derechos laborales no existen solo porque estén escritos. Existen cuando hay un Estado dispuesto a garantizarlos y una sociedad organizada para defenderlos. Entre 1929 y 1945, la jornada de 8 horas fue una conquista legal sin poder. Su historia demuestra que la legislación social, sin voluntad política, puede convertirse en una promesa vacía.
La jornada de 8 horas no nació plena. Fue primero una letra, después una pelea y recién más tarde una realidad. Y esa diferencia —entre ley y vida— explica buena parte de la historia social argentina.
La Secretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad de Villa Regina destaca y agradece el gesto del ‘Maestro Celeste’ quien en el transcurso de esta semana se acercó al Centro de Desarrollo Infantil de barrio Matadero para explicarles a las ‘seños’ el trabajo que realiza para crear juguetes con tapitas de plástico. “El ‘Maestro Celeste’…
Hoy viernes continúa el Festival Regina Audiovisual, en su tercera jornada con la siguiente grilla de proyecciones: *Categoría videoclip: Ando de noche, Yo no, Tango criminal, Sabios designios-tu ciudad. *Categoría corto patagónico: Cuarto oscuro, Las vigilias de la noche, Último día. *Corto nacional: Distanciadxs, ¡El archiduque debe morir! y ESI: Un derecho en disputa. La…
Victoria Villarruel organizó una cumbre de urgencia en el Senado para que el juez Andrés Basso, titular de la Asociación de Magistrados, pudiera convencer a los senadores aliados de rechazar el traspaso del fuero laboral a la Ciudad, pero fracasó.
La vicepresidenta cursó invitaciones a «todos los jefes de bloque», según fuentes parlamentarias, pero la Casa Rosada salió a cortar la jugada.
La intervención del gobierno rindió sus frutos porque, pasadas las 2 de la madrugada, los libertarios consiguieron aprobar en particular el título correspondiente al traspaso, con las modificaciones que buscan amortiguar eventuales declaraciones de inconstitucionalidad.
LPO conversó con dos senadores que fueron convocados a la cita, aunque uno de ellos no asistió. «No quieren que desaparezcan sus juzgados», sintetizó sin darle demasiadas vueltas al asunto.
Cuando se filtró el encuentro, en el Poder Ejecutivo lo consideraron «una traición manifiesta» por parte de la vicepresidenta. «Después pide que se respete su lugar institucional, pero arma un circo en contra nuestro entre gallos y medianoche, y se hace la patriota», se quejaban en Balcarce 50.
Desde el oficialismo comentaron que Patricia Bullrich se habría puesto del lado del gobierno. Sin embargo, LPO reveló que la exministra de Seguridad intentó por diversos medios trabar la aprobación del artículo 91, bajo la sospecha que el traspaso encierra un acuerdo político entre Karina Milei y Daniel Angelici que favorece al jefe de gabinete, Manuel Adorni, en la carrera por la jefatura de gobierno porteño.
Otra fuente al tanto de la jugada de la vicepresidenta cargó sin trepidaciones contra Bullrich. «Está embarrada hasta la cintura», resumió.
Martín Göerling
Después de la intervención de la Rosada para desactivar la maniobra de Villarruel, la titular del Senado se quedó sola con Bartolomé Abdala, acaso el único legislador que le responde, y el jefe del PRO, Martín Göerling.
La cita con Basso, de todas formas, no alcanzó. El oficialismo amplió la diferencia con la oposición al máximo cuando se votó el capítulo del traspaso del fuero laboral: juntó 44 votos a favor contra 28 de rechazo, pertenecientes a la bancada peronista en pleno.
El Secretario de Obras y Servicios de la Municipalidad de Villa Regina Francisco Lucero ofreció detalles de la obra complementaria que debe realizarse para reparar el caño de impulsión de la red cloacal de barrio Belgrano que pasa por debajo de la ruta nacional 22 a la altura de barrio Don Bosco. Al respecto, explicó…
La Secretaría de Obras y Servicios de la Municipalidad de Villa Regina pone en conocimiento de los vecinos algunas consideraciones relacionadas con la turbidez que el agua ha presentado en los últimos días. En principio, y como se informó anteriormente, esto se debe a las recientes precipitaciones que se dieron en la región del Alto…
Difunde esta nota
Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.