‘El Valle es Mujer’, una muestra que expresa el rol de la mujer como artista en nuestra región
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‘El Valle es Mujer’, una muestra que expresa el rol de la mujer como artista en nuestra región

‘El Valle es Mujer’, una muestra que expresa el rol de la mujer como artista en nuestra región

En la tarde del viernes quedó habilitada en el Galpón de las Artes la muestra colectiva de mujeres de Río Negro denominada ‘El Valle es Mujer’, que podrá ser visitada todos los domingos de octubre de 18 a 20 horas.

La apertura contó con la presencia del Secretario de Gobierno Guillermo Carricavur, la secretaria de Desarrollo Social Luisa Ibarra y la Directora de Cultura Silvia Alvarado.

‘El Valle es mujer’ tiene como eje central reflexionar sobre el rol de la mujer como artista, no sólo en las artes visuales sino también en los actos cotidianos que emancipan el cuerpo y la sensibilidad.

En el hilo conductor de todas las obras que integran la muestra se evidencian las miradas, las cosmovisiones, los relatos, las luchas de cada una y de todas las mujeres, con multiplicidad de recursos, diferentes técnicas y metodologías de creación, nos encontramos con la esencia de nuestro ser, indagamos el misterio, la pasión, la memoria, habitamos los mismos sueños y la misma tierra, nos apropiamos de diversas influencias, sin embargo todas tenemos en común haber elegido vivir y crear en el valle de Río Negro.

Las artistas que son parte de la muestra son: Carola González Rostoll, Noe de Sosa, Alicia Iturbe, Leticia Rubina, Silvia Sánchez, Viviana Portnoy, Silvia Delinger, Sandy Inostroza, Natalia Nedbala y Pelusa Miño. De la apertura participaron también como artistas invitadas Lena Díaz Pérez y Melina Herrera.

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    La serie española que tienes que ver si te gustó ‘La casa de papel’: con Álex González y Silvia Alonso

     

    Desde el éxito indiscutible de la serie La casa de papel, las series sobre atracos se han multiplicado. En las plataformas de streaming hemos podido disfrutar de series como Tú también lo harías en Disney+ o El robo del siglo, El asalto al Banco Central y Caleidoscopio en Netflix. La novedad es que estas series no se centran solo en el robo, sino que también nos explican los problemas personales de los protagonistas y las razones por las que han tomado la decisión de perpetrar el atraco. Para los que les gustan este tipo de ficciones, otra buena opción puede ser la serie Ladrones: la tiara de santa Águeda que se estrenará el próximo 18 de junio en la plataforma de streaming Disney+, dirigida por Inma Torrente (Valeria, Los enviados) y protagonizada por los actores Álex González, Silvia Alonso y Asier Etxeandia. Esta nueva serie narra un robo imposible que tiene lugar en una isla paradisíaca y se puede definir como un thriller en el que se combina la acción, la aventura y el romance.

    La serie Ladrones: la tiara de santa Águeda ha sido producida por Disney+, que sigue apostando por las ficciones españolas, en colaboración con Plano a Plano (El príncipe, Allí abajo, Valeria, Un cuento perfecto). Una serie de solo 6 episodios que viene a rellenar el vacío dejado por La casa de papel, ya que, aunque ya se está rodando la temporada 2 del spin-off Berlín, sus seguidores tienen ganas de más robos y amores imposibles. Esta serie ha sido rodada en localizaciones de República Dominicana, Málaga y Madrid y puede ser una buena opción para los seguidores de La casa de papel.

    Esta nueva serie de atracos imposibles está dirigida por Inma Torrente (Valeria, Los enviados), aunque ha contado con Alejandro Bazzano (Mar de plástico, La casa de papel, Cicatriz) como director de dos episodios. Los creadores son los guionistas Verónica Marzá (Mar de plástico, Cicatriz), Pablo Roa (Vis a vis, La casa de papel, Cicatriz) y Fernando Sancristóbal (La casa de papel, Tierra de lobos). El actor Álex González junto con Verónica Marzá, Pablo Roa, César Benítez y Ángel Armada son los productores ejecutivos.

    Ladrones serie

    ¿Qué pasa en la serie Ladrones: la tiara de santa Águeda?

    La protagonista de esta serie es Amber (Silvia Alonso), la cual es una de las más brillantes ladronas del mundo que, después de un robo fallido en Las Vegas, prepara su próximo golpe. Esta vez el objetivo de esta atrevida ladrona será la tiara de santa Águeda, una joya valorada en 240 millones de dólares, que portará durante su boda la hija del magnate mexicano del petróleo Emilio Villegas (Asier Etxeandia) y que se encuentra en Isla Esperanza, un lugar perdido en el Pacífico.

    Amber lleva tres años preparándose para realizar el robo y para lograrlo se ha infiltrado en la familia Villegas como institutriz. Este plan se tuerce cuando aparece en la isla el ladrón Rui (Álex González) con el que tuvo una complicada relación en Las Vegas durante otro de sus atracos.

    La vicepresidenta de producción original de Disney+ España Sofía Fabregas ha indicado lo siguiente sobre esta producción: ·»Desde Disney+ España estamos orgullosos y satisfechos de dar un paso más en nuestra producción original y continuar con nuestro compromiso con ficciones de calidad que lleguen a todos los espectadores. Ladrones: la tiara de santa Águeda, es una ambiciosa serie enmarcada en el género de robos que ofrece ingredientes de comedia romántica y de acción. Además del gran trabajo de guion de los creadores Verónica Marzá, Pablo Roa y Fernando Sancristóbal; Álex González y Silvia Alonso elevan cada secuencia consiguiendo una serie única y adictiva».

    Ladrones serie

    El reparto de esta serie de acción, comedia y misterio

    Los protagonistas de la serie Ladrones: la tiara de santa Águeda son el actor Álex González, al que conocemos por ficciones como Desde el mañana, Operación Marea Negra, El Príncipe y Vivir sin permiso, y la actriz Silvia Alonso a la que hemos visto en Sin instrucciones o ‘Fuerza de Paz, También tiene un papel de peso el actor Asier Etxeandia al que hemos visto en ficciones como Dolor y gloria, La novia o Sky Rojo.

    Además en el reparto de esta serie, están los actores Antonio Pagudo, Olga Hueso, Albert Baró, Alicia Jaziz, Jan Buxaderas, Eduardo Gómez, Cumelén Sanz, Oliver Ruano, Milena Radulovic, Saibon Wang y Ainhoa Santamaría, entre otros muchos.

    La serie Ladrones: la tiara de santa Águeda es uno de los estrenos más esperados de 2025 en Disney+. Además, a esta plataforma de streaming van a llegar este año las series Daredevil: Born Again, la temporada 4 de The Bear, la temporada 2 de Andor, Alien: Planeta Tierra, Ironheart, Entrepreneurs, Paradise, Chad Powers, Custodia compartida y Pesadillas: La desaparición.

     

  • La ultraderecha alemana arrasa en una región clave y el gobierno de Merz entra en crisis

     

    Alternativa para Alemania obtuvo una victoria histórica este domingo en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt y se consolida como la fuerza con más proyección en el país. Si bien no llegó la mayoría absoluta y necesita aliarse con otras fuerzas para gobernar, AFD se convierte en una amenaza para todo el sistema político. Sin embargo, el partido no alcanzó la mayoría absoluta que le habría permitido gobernar en solitario por primera vez en un estado federado alemán.

    Con el 100 % de los votos escrutados y según el resultado final oficial provisional, AfD consiguió el 43,8 % de los votos y quedó a solo tres bancas de la mayoría absoluta en el Parlamento regional.

    El candidato a la presidencia regional del partido ultra, Ulrich Siegmund, calificó la jornada de «histórica» y aseguró que su partido consiguió «exactamente lo que nos propusimos: hemos hecho historia en este país». Según él, es necesario un cambio político fundamental y este esultado es también «una señal para Berlín».

    La ultraderecha alemana gana en las elecciones regionales y agrava la crisis del gobierno 

    La conducción nacional del partido también celebró el resultado porque lo ve como una muestra de lo queremos pasar en las elecciones generales que deberían celebrarse en 2029.

     La copresidenta Alice Weidel afirmó que Siegmund será el primer presidente regional de AfD, mientras que el también líder del partido Tino Chrupalla sostuvo que la formación está preparada para asumir responsabilidades de gobierno tanto en Sajonia-Anhalt como, en el futuro, a nivel federal. En 2024, AfD ya había ganado en Turingia, aunque entonces quedó fuera del gobierno debido al rechazo del resto de partidos a colaborar con la formación. 

    El gran derrotado de la jornada fue el partido gobernadora, la Unión Cristiano Demócrata. El actual presidente regional, Sven Schulze, obtuvo alrededor del 17,2 % de los votos, prácticamente la mitad que en 2021. El dirigente conservador reconoció que su partido había sufrido «un duro golpe» y admitió que AfD pasa a ser la fuerza dominante en el Parlamento regional. 

    La copresidenta Alice Weidel afirmó que Siegmund será el primer presidente regional de AfD, mientras que el también líder del partido Tino Chrupalla sostuvo que la formación está preparada para asumir responsabilidades de gobierno tanto en Sajonia-Anhalt como, en el futuro, a nivel federal.

    El canciller alemán Friedrich Merz , del mismo partido, se reunirá el lunes dirigentes de la CDU para discutir las consecuencias de la derrota.

    Frederic Meriz, canciller alemán.

    En Berlín cobra ahora fuerza el debate sobre el futuro de la coalición federal entre la CDU y el SPD. El diputado de la CDU Alexander Räuscher criticó en ‘WELT’ la estrategia de su partido y su relación con los socialdemócratas: «Cometemos el error de aceptar a un socio de coalición como el SPD, que ha celebrado la transición energética hasta el último día antes de las elecciones y se convence de que con ello las cosas irían mejor para los ciudadanos».

    El gran derrotado de la jornada fue el partido gobernadora, la Unión Cristiano Demócrata. El actual presidente regional, Sven Schulze, obtuvo alrededor del 17,2 % de los votos, prácticamente la mitad que en 2021. El dirigente conservador reconoció que su partido había sufrido «un duro golpe» y admitió que AfD pasa a ser la fuerza dominante en el Parlamento regional.

    «Eso sencillamente no es cierto. Ahí tendríamos que haber marcado más el perfil de la CDU. Hace tiempo que deberíamos haber puesto un freno y haber dicho: eso no lo aceptamos. En la ampliación de superficies para las energías renovables tendríamos que habernos resistido más como región», agregó.

    El retorno de Trump potencia a la ultraderecha alemana y complica al gobierno a un mes de las elecciones 

    La catastrofe electoral sufrida por el oficialismo en esta elección regional pone en debate no solo el futuro de la alianza nacional entre CDU y SPB sino que podría forzar a un Merz a dar un giro a la derecha, algo que intentó en la campaña electoral pero fue vetado por líderes importantes del partido como Angela Merkel. 

    AFD es considerado por el sistema político como una amenaza a la democracia por sus constantes coqueteos con la reivindicación al nazismo. Por eso, la prohibición es un tema de debate nacional que se vuelve mas complejo con este crecimiento. El partido suele tener cercanía con la Rusia de Putin y figuras como Elon Musk y se hizo fuerte en la vieja Alemania comunista del este en donde la situación económica, salarial y laboral contrasta con los grandes centros urbanos alemanes. 

     

  • Ucrania: una paz que avanza a la fuerza

     

    En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y todo parece indicar que los ucranianos han perdido la guerra. El 12 de febrero de 2025, el flamante secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dio inicio a las negociaciones de paz en Ucrania. Ya desde un comienzo cedió ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”, es decir, la anexión de cuatro regiones ucranianas a Rusia, así como también de Crimea. Al día siguiente, tras una larga conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente Donald Trump anunció su intención de reunirse con su par ruso en Arabia Saudita –sin los ucranianos ni los europeos– y expresó su deseo de que pronto se organicen elecciones en Ucrania. Finalmente, el 14 de febrero, en un discurso pronunciado en una conferencia en Munich, el vicepresidente estadounidense, más que abordar la cuestión ucraniana, reprochó a los dirigentes europeos el hecho de que deshonraran las aspiraciones de sus propios pueblos restringiendo la libertad de expresión en las redes sociales o anulando las elecciones en Rumania por supuestas injerencias rusas (1).

    Semanas antes, Trump había lanzado una ofensiva comercial al aumentar los aranceles a las importaciones de Canadá, México y la Unión Europea, y también había expresado sus intenciones anexionistas sobre Groenlandia (2). Sin embargo, de ahora en adelante, ya no se trata tan sólo de manipular a sus “aliados” para que compren más armas o para equilibrar la balanza comercial. Al declarar que Estados Unidos no les concedería garantías de seguridad ni a Ucrania ni a las tropas europeas que pudieran desplegarse para hacer cumplir un eventual alto el fuego, Trump inevitablemente sembró dudas sobre la solidaridad estadounidense en caso de un ataque al territorio de un miembro de la OTAN. Sin su contrapartida de seguridad, el vínculo transatlántico se parecería más bien a una completa relación de dependencia.

    No obstante, desde 2022, Estados Unidos ha “invertido” un promedio de 35.300 millones de dólares por año en Ucrania (3). Mucho más que los 3.000 a 5.000 millones de dólares que Washington destinó cada año a Israel antes del ataque del 7 de octubre de 2023 y el equivalente a casi la mitad de los gastos militares anuales para Afganistán entre 2001 y 2019 –un esfuerzo para financiar una ocupación militar y operaciones directas–. El nivel de apoyo a Ucrania se sitúa, por lo tanto, en algún punto intermedio entre la ayuda brindada a un aliado histórico en Medio Oriente y el compromiso de una intervención directa en el campo de batalla en su propio nombre. Pero a Trump poco le importa todo eso: la guerra en Ucrania no es la de Estados Unidos, sino la de su antiguo rival Joseph Biden…

    Errores de cálculo

    Evidentemente, la magnitud de la ayuda occidental llevó a Kiev a cometer un error y la alentó a rechazar la negociación. En la primavera boreal de 2022, incluso antes de que Occidente le proporcionara su apoyo militar, la resistencia ucraniana podía enorgullecerse de haber frustrado la operación de cambio de régimen fomentada por el Kremlin y de haber minimizado las pérdidas territoriales. Después de cuatro semanas de combates, los beligerantes estaban cerca de llegar a un acuerdo. En Estambul, Kiev aceptó un estatus de neutralidad –es decir, renunció a adherirse a la Alianza Atlántica– y confirmó su intención de no dotarse de armas nucleares. A cambio, buscaba conseguir la retirada voluntaria de Moscú de los territorios que había ocupado desde el 24 de febrero. Sin embargo, Kiev necesitaba garantía de seguridad por parte de los líderes occidentales, quienes se la negaron. Boris Johnson se convirtió en el portavoz de la posición occidental durante una visita a la calle Bankova, sede de la Presidencia ucraniana. El Primer Ministro británico afirmó que nunca firmaría un acuerdo con Putin. Por eso, lo que ofrecían no eran garantías, sino armas (4).

    Europa deberá pagar la reconstrucción de Ucrania y, al mismo tiempo, afrontar los costos de su seguridad.

    Por un tiempo fue posible creer que dicha apuesta resultaría exitosa. Tras una primera contraofensiva, en noviembre de 2022, Kiev recuperó la ciudad de Jersón, ubicada en la orilla derecha del río Dnieper. Se desató la euforia. La palabra “negociaciones” se volvió tabú. No alinearse con los objetivos ucranianos –es decir, recuperar por la fuerza las fronteras de 1991– equivalía a firmar un pacto con el diablo. Los grandes medios de comunicación occidentales respaldaron el decreto ucraniano de octubre de 2022 que prohibía las negociaciones con Putin, a quien buscaban llevar ante la justicia internacional por crímenes de guerra (5).

    Sin embargo, la segunda contraofensiva ucraniana de junio de 2023 resultó en una derrota. En los medios de prensa, los estadounidenses expresaron su descontento: Kiev habría escatimado demasiado sus hombres para privilegiar ataques tácticos dispersos a lo largo del frente en lugar de enviar soldados en masa a los campos de minas rusos con la esperanza de traspasar las defensas del adversario y cortar el puente terrestre entre Rusia y Crimea (6). Bajo la presión de Washington, Kiev redujo la edad de reclutamiento de 27 a 25 años en abril de 2024, pero en diciembre se negó a bajarla a los 18 años. Así, la apuesta hecha en base a las exhortaciones occidentales fracasó trágicamente. Tanto el costo humano –cientos de miles de muertos y heridos– como los sacrificios exigidos a la sociedad fueron en vano (7).

    Como lógica consecuencia, durante el mismo período, Rusia experimentó una suerte inversa. El inicio de su “operación militar especial” resultó un fiasco. Los servicios de inteligencia rusos sobrestimaron los apoyos con los que contarían tanto por parte de la población como dentro de las élites ucranianas. El Ejército se estancó en los barrios periféricos de la capital ucraniana y fracasó en su intento de tomar el control del país. El Kremlin decidió entonces concentrar su dispositivo militar en el Donbass y Crimea. Concebida inicialmente como una expedición relámpago, la guerra fue cambiando de escala y de naturaleza. La movilización forzada decretada en septiembre de 2022 provocó una ola de protestas y exilios.

    Atrapada en su propia guerra, Rusia agravó su situación en materia de seguridad. Su “operación militar especial” tenía como objetivo, por un lado, prevenir que Ucrania se rearmara –antes de que Kiev recuperara por la fuerza las regiones separatistas prorrusas– y, por otro lado, poner un freno a la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, unos meses después del inicio del conflicto, Rusia enardeció el patriotismo de un adversario que recibía un flujo continuo de armas y que contaba con el respaldo de una Alianza Atlántica reforzada con dos nuevos miembros: Suecia y Finlandia, que limitan con la zona ártica, estratégica para Moscú. Los dirigentes europeos reforzaron los batallones enviados al flanco oriental de la alianza, incluida Francia, que hasta entonces se oponía a una presencia permanente. La fuerza de reacción rápida de la OTAN cuadruplicó su número de efectivos; también continuó la construcción de la nueva base antimisiles estadounidense en Polonia, en donde los norteamericanos elevaron su presencia militar a 10.000 soldados. Lejos de calmarse, en Rusia las preocupaciones respecto de la seguridad se intensificaron por no haber previsto la fuerza y la unidad de la reacción occidental. Empero, al apostar por la consolidación de sus defensas detrás del Dnieper, Rusia logró estabilizar el frente. Los avances territoriales, como la toma de Bajmut en mayo de 2023, se consiguieron a costa del sacrificio de numerosas tropas, en un país ya golpeado por su crisis demográfica.

    El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada.

    Si bien Rusia mostró debilidades militares, la resiliencia de su economía resultó sorprendente. El Banco Central había acumulado suficientes reservas para asumir una confrontación financiera con Occidente. Logró sostener eficazmente el rublo y salvar su sistema bancario a pesar del congelamiento de sus activos en Europa y Estados Unidos. En cuanto a las sanciones energéticas, terminaron volviéndose en contra de los propios impulsores europeos: el aumento de los precios del gas compensó la pérdida de los volúmenes enviados al Viejo Continente, dando tiempo a Rusia para reorientar sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia (8). El fracaso de la estrategia de aislamiento se volvió evidente porque, si bien Moscú se vio obligada a recurrir a “Estados parias”, como Corea del Norte o Irán, para obtener armas o soldados, la realidad es que no le faltaron socios económicos interesados en sus descuentos energéticos. Los países que forman el núcleo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) vieron con preocupación la ofensiva punitiva financiera de Washington contra uno de sus miembros y profundizaron de forma preventiva su cooperación para reducir el uso del dólar en sus intercambios. En 2024, BRICS acogió a cinco miembros nuevos, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en las nuevas rutas del petróleo ruso (véase el artículo de págs. 12-14).

    ¿Acercamiento al hermano menor?

    Al elegir negociar cara a cara con Moscú, Trump le ofrece una vía de escape al Kremlin. El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada. Las concesiones, por ahora sólo verbales, resultan vertiginosas: reanudación de las negociaciones sobre el desarme, promesa de reincorporación al G7 y, a largo plazo, levantamiento de las sanciones. Aunque el Presidente estadounidense trate de morigerar estas promesas en las próximas semanas, la solidaridad transatlántica parece estar ya profundamente deteriorada.

    Estas declaraciones podrían cerrar la era geopolítica que comenzó en 1949. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó la Alianza Atlántica para imponer su influencia a la mitad de Europa, mientras que la otra mitad se alineaba primero con el bloque soviético y luego se unía al Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, a fines de la década de 1980, el último líder soviético, Mijail Gorbachov, al frente de un país agotado por la carrera armamentista, se comprometió con una serie de concesiones unilaterales y desordenadas: aceptó la reunificación de Alemania y su adhesión a la OTAN sin obtener garantías escritas sobre la no expansión de la alianza occidental en Europa del Este. De este modo, el antiguo instrumento de seguridad sobrevivió a la Guerra Fría, y la Unión Europea, al expandirse, permaneció firmemente vinculada a Washington. Aunque en 1989 y 1990 se llegó a considerar por un momento la posibilidad de implementar un nuevo sistema de seguridad, no surgió ninguno alternativo tras la disolución de la URSS en 1991. Si bien el conflicto ruso-ucraniano tiene en parte su origen en esta oportunidad perdida, su resolución negociada está provocando una reconciliación ruso-estadounidense a espaldas de Europa.

    En Munich, el vicepresidente James David Vance incluso señaló una nueva dirección estratégica de Estados Unidos: “A Putin no le interesa ser el hermano menor en una coalición con China” (9). ¿Se trata del regreso a la estrategia de triangulación que había puesto en marcha el presidente estadounidense Richard Nixon en 1971 al acercarse al “hermano menor” (en ese entonces, China) para aislar mejor al enemigo principal (la URSS)? Si este es el “plan”, Trump tendrá dificultades para romper el eje Rusia-China. Pekín, si bien se molestó por el hecho consumado de la invasión rusa y le ha reprochado a Moscú su abuso de la amenaza nuclear, no le ha retirado su apoyo. China suministra de manera discreta tecnologías necesarias para el complejo militar-industrial ruso, al mismo tiempo que profundiza su cooperación militar con Moscú. Aunque desequilibrada, esta relación se basa en una fuerte frustración compartida respecto de un orden internacional dominado por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría.

    ¿Y Europa?… Europa se encuentra en la peor situación posible: ya debilitada por la crisis energética que ella misma provocó al renunciar –a petición de Washington– al gas ruso barato y pronto golpeada también por la guerra comercial decretada por la Casa Blanca, ahora se ve obligada a gestionar en soledad las consecuencias del revés occidental en Ucrania. Mientras la confrontación con Rusia alcanza un nivel incandescente y sus arsenales se han vaciado en favor de Kiev, Europa se prepara para aumentar de forma urgente su gasto militar, lo que implica comprar armamento estadounidense. Washington le exigía un “reparto de la carga” de la financiación de la alianza. Ahora la carga es doble: pagar la reconstrucción de Ucrania (que, a esta altura, Rusia deja de buena gana en manos de la Unión Europea) y, al mismo tiempo, asumir su propia seguridad. El gasto parece simplemente inasumible para los presupuestos europeos y augura nuevas divisiones.

    1. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2025.
    2. Philippe Descamps, “Affoler la meute”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 2025.
    3. “Ukraine support tracker”, Kiel Institute for the World, 2024.
    4. Samuel Charap y Sergueï Radchenko, “¿Podría haber terminado la guerra en Ucrania?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2024. Volodimir Zelensky se esfuerza en negar el papel que habría desempeñado así Johnson; véase también Shaun Walker, “Zelensky rejects claim Boris Johnson talked him out of 2022 peace deal”, The Guardian, Londres, 12 de febrero de 2025.
    5. Véase, por ejemplo, “Soutenir l’Ukraine pour assurer la paix”, Le Monde diplomatique, 10 de enero de 2023.
    6. Alex Horton y John Hudson, “US intelligence says Ukraine will fail to meet offensive’s key goal”, The Washington Post, 17 de agosto de 2023.
    7. Hélène Richard, “Ucrania, una sociedad dividida por la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2023.
    8. Hélène Richard, “Sanciones de doble filo”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2022.
    9. Bojan Pancevski y Alexander Ward, “Vance wields threat of sanctions, military action to push Putin into Ukraine deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 14 de febrero de 2025.

     

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