¿Qué hacer? Juntarse
LA REPETICIÓN En el origen de su obra está la insistencia. Repite, repite, repite. Y otra vez. El guión de Estado de Asamblea repite que puede explotar todo, que puede explotar todo. Repetir hasta el cansancio, cansada de todo menos de repetir, creyendo en el poder alucinatorio de las palabras de otras mujeres que responden a su insoportable espiral mental. Gabriela Golder cuenta que todo el tiempo su cabeza le pregunta qué hacer. Qué hacer ante la erosión de derechos, ante las violencias, ante el odio. Si algo insiste en su obra no es la forma de la respuesta sino el recurso de crear a partir de relatos y saberes de otras y otros y otres. Esta vez, el proceso se inició en conversación con los archivos vivos de Olympe de Gouges, de las zapatistas, de Gloria Anzaldúa, de Lesbianas en Lucha, entre tantos otros textos y experiencias feministas que revisó. Continuó grabando las asambleas de mujeres y disidencias realizadas durante los primeros meses del gobierno de Milei en Parque Lezama, la UTEP (Unión de Trabajadores de la Economía Popular) y CTA (Central de Trabajadores de la Argentina). También hizo videos en los que reconstruyó la escena asamblearia y a sus personajes en acción. En la instancia embrionaria de la obra de Golder insiste su marca personal, la que le pide jugá. Por eso se desplaza hacia la performance, expandiendo los límites del audiovisual, incorporando la improvisación junto con personas que no tienen nada que ver con la práctica artística pero son alojadas por su búsqueda.
Me pregunto mucho qué hacer.


RECORRIDO Si dirigir una obra es, sobre todo, dirigir la atención del público, Gabriela Golder renuncia a eso. No dice primero por acá, después por allá. Estado de Asamblea asume ese riesgo como parte de su política estética. Propone una atención distinta, dispersa y contundente… como en una asamblea. Cada desplazamiento por las diferentes salas de Arthaus activa una experiencia desjerarquizada entre pantallas, voces, sonidos, colores y cuerpos. El montaje funciona de manera relacional, lo que se escucha en una sala retroalimenta lo que se verá en la otra. La dimensión pictórica de cada toma se presenta actual y aurática. Una vez más, la palabra vuelve a ser materia de sus obras, circula entre tipografías y fraseos para subrayar, desmontar y producir fórmulas nuevas. Estallido, revuelta, revolución, subversión, comunidad, juntas, democracia: las palabras que parecían vaciadas activan su urgencia, su deseo. Estado de Asamblea no es un documental sobre las asambleas ni un homenaje. Es una obra sobre encontrarse y escucharse para crear otras probabilidades hacia el buenvivir.
¿Qué hacer además de mirar, de escuchar?

MONTAJE Desde hace muchos años, casi desde siempre, su trabajo se construye a partir de la escucha y el encuentro con otrxs. Durante los procesos, se acerca a espacios de trabajo, de organización y de conflicto, y se queda ahí todo el tiempo que haga falta para que aparezcan esas voces, gestos y experiencias que suelen quedar afuera de las representaciones más visibles. Que luego las performatea, las pone en relación y en tensión hasta que produzcan nuevos sentidos, Así realizó Esta es reocupación (2006) con trabajadores desocupados de empresas del Estado privatizadas en los ´90 como Astars, YPF y Ferrocarriles Argentinos. No nos burlamos de la muerte (2010), con testimonios de antiguos trabajadores de las Pompas Fúnebres de la Ciudad de París. También en Francia realizó La caravane (2010), junto al Movimiento de Desocupados y precarios. En ese año también inauguró Dolor, junto a mujeres migrantes. Documentó la experiencia de las fábricas recuperadas en En construcción (2014) y Laboratorio de invención Social (2017). Cuando la represión policial a la protesta social se ensañó con disparar a la cara de los manifestantes, Golder lo registró en Arrancar los ojos (2023). Luego realizó obra en Matanzas, Cuba, y en San José, California.
¿Qué podemos hacer?


COLOR Y MÚSICA La puesta en escena de Estado de Asamblea no la aleja de la política, provoca extrañeza para volver a ser escuchada. En sus obras recientes Gabriela Golder incorpora el riesgo. Personas cantando. No es el canto de las calles ni el de las marchas ni el de las canchas. La denuncia viene en un pentagrama litúrgico y operístico. La música activa estados tales como ¡oh, no me recuerdes que estoy en un espacio de arte y no en una asamblea feminista! Realismo extraño. La distancia se templa cuando el paisaje sonoro aterriza en las letras de las canciones, que vienen de lejos. Algunas llegan de las páginas de Las guerrilleras, de Monique Wittig; otras, de escenas de Las eclesiazusas, de Aristófanes. La obra está habitada por voces de distintas épocas porque la pregunta por la organización colectiva cambia de forma pero nunca deja de formularse. Y otra cosa, el color. Las dos videoinstalaciones de Estado de Asamblea muestran paletas opuestas. En una, alterna lo real con tonos digitales chillones, fucsia y verde esmeralda publicitarios, frívolos, de mezcla aditiva; el color luz. En otra pieza, que se llama Las Presentes, la paleta tierra, morada, petróleo, imprime un dramatismo pictórico. Esa oposición cromática organiza dos modos de mirar. Estado de Asamblea reúne tradiciones que rara vez coinciden. La experimentación de las artes electrónicas, la historia del arte político latinoamericano y la performance conviven sin que ninguna absorba a la otra. La tensión entre arte contemporáneo y feminismo popular no aparece como una contradicción que haya que argumentar sino como una fricción que se decide habitar.
Lo que me desespera es qué hacer.


EL TIEMPO Las mujeres del video Las Presentes se sostienen. Se las ve en grupo, reunidas en el momento previo a la acción. De una punta a la otra, despacio, el travelling avanza mientras la imagen se reparte en doce pantallas. Están en silencio. ¿Qué esperan? Los cuerpos narran a través de respiraciones, posturas, roces, parpadeos y miradas. La hipnosis se interrumpe por un tamborileo que desestabiliza el tiempo y abre la posibilidad del impulso. Estado de Asamblea es un turn back por el pasado que está adelante, ejercicio retroprogresivo. Llega a Arthaus mientras en Córdoba se realiza el Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales, Intersex y No Binaries. Y seguirá exhibida cuando se cumplan 25 años del estallido social del 2001. Porque ninguna asamblea empieza de cero sino que se reinventa a partir de gestos, palabras y formas que las antecedieron. Como las rondas feministas del 2018, que fueron gestadas en las asambleas del 2001 que a su vez fueron incubadas por las organizaciones piqueteras de fines de los 90. Y todas son hijas del activismo por los derechos humanos de Argentina, maternadas por las rondas de las Abuelas de Plaza de Mayo. La insistencia no está solo en repetir sino también en transmitir.
No sé bien qué hacer.



LA ASAMBLEA La obra piensa la asamblea como acontecimiento, como invocación, como reivindicación y activación de otros horizontes político-afectivos. Atraviesa el conflicto, construye el consenso, no es una tesis sino una posibilidad. Estado de Asamblea no traslada una asamblea al museo; comparte su modo de agenciamiento.
Estamos miles. Estamos millones. Estamos.

LA INTENSIDAD Annie Ernaux escribió: cada vez más los seres de los que me acuerdo existen bajo la forma de las palabras que han dicho, de los gestos que han tenido. Estado de Asamblea es un homenaje a la palabra oral y pública. A las que hablan ante muchas y sin filtro, y hacen fáciles y épicos los temas complejos. Diálogo puro. Drama teatral. En las escenas registradas en las asambleas ellas dicen: “Es importante escucharnos sin juzgarnos en una época donde el tiempo se nos niega”, “El arte no es un espacio de lujo, es un derecho para pensar nuevas formas de vida”, “Si nos eligieron como enemigos tenemos que estar a la altura de la historia”, “Hay que estar en el barro”, “¿Por qué nos estamos sintiendo tan bajo? Siempre hemos estado en el corazón de las revoluciones”. Ellas lo dicen como quien sabe adónde quiere llegar, por qué necesita ser escuchada. Estado de Asamblea muestra la posibilidad de los cuerpos de decir. Es discurso sobre el discurso. En la videoinstalación, también hay actrices hablando a cámara. Un par de veces, alguna se enreda al decir sus textos. Se traban pero retoman, se vuelven a trabar y lo siguen intentando. Y eso no queda fuera de la obra, Golder incorpora ese padecimiento escénico como forma de su lírica. Para subrayar la insistencia, la repetición hasta el cansancio, hasta que salga, hasta donde llegue el cuerpo. Estado de Asamblea empieza representando un supuesto casting para sumarse a esa ronda. ¿Quiénes somos las que estamos acá?
El sábado 3/10, a las 16 hs, Estado de Asamblea se activará en vivo, en una convocatoria abierta a mujeres y diversidades a performatear de una gran asamblea pública para debatir, desde una perspectiva feminista, algunos de los problemas más urgentes de nuestro presente. La muestra se exhibe en Arthaus, con entrada libre y gratuita, hasta el 17 de enero de 2027.
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