Pity Alvarez y su madrugada eterna, ponen en relevancia algo que a los medios no les interesa enfocar. Lo que expone el suceso «Pity» son las 40 muertes al mes que hay en la Argentina a causa del «paco»(según un relevamiento realizado por “Madres contra el paco y por la vida”) de noche y de día, en el barrio, en la calle, en la plaza. Desidia, narcotráfico, exceso de drogas, adicciones, pibes sin consciencia de sus acciones, desamparados a la deriva en un mar de mierda, sin ningún proyecto, ni contención familiar y menos aún del Estado. Esperamos a que mueran y no maten. Pero mueren. Y matan. Ahí está el Pity.
El accionar de Pity siempre habló por sí mismo, ese deterioro de años al que asistimos vía medios entre risas, burlas y halagos musicales, ese contexto está lleno de mensajes, y son claros. Son mensajes que nos explotan en la cara todos los días. Enviados por miles de pibes, disertantes de la coyuntura que comunican sin querer, sin destinatarios particulares, ni remitentes. Son todos uno. Y avisan. Pity inconscientemente lo volvió a hacer, como tantos otros. Y no los vemos, porque estamos ciegos. Porque podemos interpretar que pasa o saberlo, pero estamos ciegos. Elegimos estar ciegos. A veces ver, cuesta caro. En la Argentina ver, cuesta horrores.
El caso de Pity, expone el ejemplo de “ceguera blanca” con la que convivimos y de la que habla Saramago en “Ensayo sobre la ceguera”, en un caso que se torna público porque Pity es un personaje reconocido, y que además tiene todos los condimentos necesarios para entretener a los ciegos por elección. Tiene todo lo que demanda la demanda y la macro estructura medial que hace babear a los empresarios de medios: Violencia, drogas, armas y el personaje público, llegada a la juventud y rechazo de los adultos, cuestiones que movilizan al morbo societario nacional. Solo que en este caso no es ficción, es una realidad. Es la realidad, al menos la mía.
Pity corre el velo, nos quiere quitar la “ceguera”, inconscientemente representa una realidad, hace un intento más. Pero los medios siguen poniendo la pantalla en blanco, como la ceguera de la que habla Saramago. El tema central es el Pity, no el paco. La cuestión es el Pity en la cárcel, no la problemática social que mata 10 pibes por semana (sin datos oficiales, como todo lo que mide mal en la Argentina, no se mide). El tema es su adicción, no la de miles de pibes que están en la misma o peor aún, en situación de calle, sin una chance. Pibes que sienten la obligación de robar o matar (no hay diferencia) para comprar porque la carne les pide, baja como una exigencia satánica a la que responden con total fidelidad. El fin les justifica los medios.
Es necesario instalar el tema en la agenda. El paco sigue quemando cráneos. Y convierte en una responsabilidad tener ojos, cuando cercanos los perdieron. Pero no para tenerlos abiertos como si por ellos entrara una visión divina sin siquiera pensarla, se puede cerrar los ojos y ver, para renacer desde dentro. Recuperar la lucidez y rescatar el afecto por el prójimo. Ética del amor y la solidaridad. Y como una epidemia viral cuando empecemos a ver, el que otros recuperen la vista será solo cuestión de tiempo.
Apagá la tele que está en blanco y mirá para el costado que es donde podés pintar colores.
«Por qué hemos quedamos ciegos, No lo sé, quizá algún día lleguemos a saber la razón, Quieres que te diga lo que estoy pensando, Dime, Creo que NO nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, Ciegos que, viendo, no ven.»
El último martes se realizó una reunión convocada por referentes de la Agencia para la Prevención y Asistencia del Abuso de Sustancias y de las Adicciones (APASA) de la que participaron la Secretaria de Desarrollo Social de la Municipalidad de Villa Regina Luisa Ibarra y la Directora de Promoción Social Adriana Torres. El encuentro tuvo…
Victoria Villarruel pegó el faltazo a la misa oficial en homenaje al Papa Francisco, realizada este martes en la Basílica de Luján, para no salir en la foto con Manuel Adorni, envuelto en un interminable escándalo por denuncias de corrupción. «Era un acto donde estaba lo peor de la casta política», dijo la Vicepresidenta cuando la abordó la prensa a la salida de la parroquia donde fue bautizado Jorge Bergoglio.
La ausencia de la Vicepresidenta en la ceremonia principal sorprendió porque la Conferencia Episcopal Argentina había reservado un lugar para ella en la primera fila.
El problema es que el entorno de Villarruel advirtió que la Casa Rosada podía tenderle una redada: con Javier Milei volviendo de Israel junto a Karina, la Vicepresidenta iba a quedar sentada al lado de Adorni por una cuestión protocolar.
Fuentes del Senado reconocieron que Villaruel «no quería esa foto con Adorni». «Ella fue a honrar al Papa a la iglesia donde se bautizó, hoy es el día de Francisco», argumentaron.
La decisión de la Vicepresidenta ahonda las diferencias con los hermanos Milei, que en el transcurso del mandato resolvieron «confinarla» a la Cámara Alta al tiempo que la compañera de fórmula de 2023 intentaba armar sus propios equipos para desembarcar en territorio bonaerense pero no terminaba de animarse.
La desconfianza creció en la Residencia de Olivos por las expectativas que despertaba la figura de Villarruel en el círculo rojo, como contraste con el desenfreno y las extravagancias del Jefe de Estado en sus discursos, entrevistas o posteos en redes sociales. De hecho, Milei acusó a Villarruel de haber conspirado con Javier Ortega Smith, uno de los fundadores de Vox, para boicotearle sus actos ya en 2021.
Villarruel, en el recinto.
Un legislador libertario, en tanto, le dijo este martes a LPO que la Vice «no entorpece pero tampoco ayuda demasiado» con las iniciativas parlamentarias del oficialismo, una tarea que recayó netamente en Patricia Bullrich. Sin embargo, concedió que Villarruel maneja la cámara «en piloto automático, sin obstrucciones».
Acaso Villarruel atisba el riesgo de la crisis política que implica un eventual desequilibrio en el «empate nuclear» descripto por LPO entre Karina y Santiago Caputo, sea que Adorni continúe o no en el gobierno.
El momento que eligió la titular de la Cámara Alta para eludir el respaldo al funcionario que está hundiendo la imagen del gobierno termina resaltando, además, el silencio que mantuvo hasta acá desde que estalló el caso Adorni.
Los que sí asistieron en representación del oficialismo fueron el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, su par de la Cámara Baja, Martín Menem, y el ministro del Interior, Diego Santilli. Por la oposición, asistió el gobernador Axel Kicillof.
En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y todo parece indicar que los ucranianos han perdido la guerra. El 12 de febrero de 2025, el flamante secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dio inicio a las negociaciones de paz en Ucrania. Ya desde un comienzo cedió ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”, es decir, la anexión de cuatro regiones ucranianas a Rusia, así como también de Crimea. Al día siguiente, tras una larga conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente Donald Trump anunció su intención de reunirse con su par ruso en Arabia Saudita –sin los ucranianos ni los europeos– y expresó su deseo de que pronto se organicen elecciones en Ucrania. Finalmente, el 14 de febrero, en un discurso pronunciado en una conferencia en Munich, el vicepresidente estadounidense, más que abordar la cuestión ucraniana, reprochó a los dirigentes europeos el hecho de que deshonraran las aspiraciones de sus propios pueblos restringiendo la libertad de expresión en las redes sociales o anulando las elecciones en Rumania por supuestas injerencias rusas (1).
Semanas antes, Trump había lanzado una ofensiva comercial al aumentar los aranceles a las importaciones de Canadá, México y la Unión Europea, y también había expresado sus intenciones anexionistas sobre Groenlandia (2). Sin embargo, de ahora en adelante, ya no se trata tan sólo de manipular a sus “aliados” para que compren más armas o para equilibrar la balanza comercial. Al declarar que Estados Unidos no les concedería garantías de seguridad ni a Ucrania ni a las tropas europeas que pudieran desplegarse para hacer cumplir un eventual alto el fuego, Trump inevitablemente sembró dudas sobre la solidaridad estadounidense en caso de un ataque al territorio de un miembro de la OTAN. Sin su contrapartida de seguridad, el vínculo transatlántico se parecería más bien a una completa relación de dependencia.
No obstante, desde 2022, Estados Unidos ha “invertido” un promedio de 35.300 millones de dólares por año en Ucrania (3). Mucho más que los 3.000 a 5.000 millones de dólares que Washington destinó cada año a Israel antes del ataque del 7 de octubre de 2023 y el equivalente a casi la mitad de los gastos militares anuales para Afganistán entre 2001 y 2019 –un esfuerzo para financiar una ocupación militar y operaciones directas–. El nivel de apoyo a Ucrania se sitúa, por lo tanto, en algún punto intermedio entre la ayuda brindada a un aliado histórico en Medio Oriente y el compromiso de una intervención directa en el campo de batalla en su propio nombre. Pero a Trump poco le importa todo eso: la guerra en Ucrania no es la de Estados Unidos, sino la de su antiguo rival Joseph Biden…
Errores de cálculo
Evidentemente, la magnitud de la ayuda occidental llevó a Kiev a cometer un error y la alentó a rechazar la negociación. En la primavera boreal de 2022, incluso antes de que Occidente le proporcionara su apoyo militar, la resistencia ucraniana podía enorgullecerse de haber frustrado la operación de cambio de régimen fomentada por el Kremlin y de haber minimizado las pérdidas territoriales. Después de cuatro semanas de combates, los beligerantes estaban cerca de llegar a un acuerdo. En Estambul, Kiev aceptó un estatus de neutralidad –es decir, renunció a adherirse a la Alianza Atlántica– y confirmó su intención de no dotarse de armas nucleares. A cambio, buscaba conseguir la retirada voluntaria de Moscú de los territorios que había ocupado desde el 24 de febrero. Sin embargo, Kiev necesitaba garantía de seguridad por parte de los líderes occidentales, quienes se la negaron. Boris Johnson se convirtió en el portavoz de la posición occidental durante una visita a la calle Bankova, sede de la Presidencia ucraniana. El Primer Ministro británico afirmó que nunca firmaría un acuerdo con Putin. Por eso, lo que ofrecían no eran garantías, sino armas (4).
Europa deberá pagar la reconstrucción de Ucrania y, al mismo tiempo, afrontar los costos de su seguridad.
Por un tiempo fue posible creer que dicha apuesta resultaría exitosa. Tras una primera contraofensiva, en noviembre de 2022, Kiev recuperó la ciudad de Jersón, ubicada en la orilla derecha del río Dnieper. Se desató la euforia. La palabra “negociaciones” se volvió tabú. No alinearse con los objetivos ucranianos –es decir, recuperar por la fuerza las fronteras de 1991– equivalía a firmar un pacto con el diablo. Los grandes medios de comunicación occidentales respaldaron el decreto ucraniano de octubre de 2022 que prohibía las negociaciones con Putin, a quien buscaban llevar ante la justicia internacional por crímenes de guerra (5).
Sin embargo, la segunda contraofensiva ucraniana de junio de 2023 resultó en una derrota. En los medios de prensa, los estadounidenses expresaron su descontento: Kiev habría escatimado demasiado sus hombres para privilegiar ataques tácticos dispersos a lo largo del frente en lugar de enviar soldados en masa a los campos de minas rusos con la esperanza de traspasar las defensas del adversario y cortar el puente terrestre entre Rusia y Crimea (6). Bajo la presión de Washington, Kiev redujo la edad de reclutamiento de 27 a 25 años en abril de 2024, pero en diciembre se negó a bajarla a los 18 años. Así, la apuesta hecha en base a las exhortaciones occidentales fracasó trágicamente. Tanto el costo humano –cientos de miles de muertos y heridos– como los sacrificios exigidos a la sociedad fueron en vano (7).
Como lógica consecuencia, durante el mismo período, Rusia experimentó una suerte inversa. El inicio de su “operación militar especial” resultó un fiasco. Los servicios de inteligencia rusos sobrestimaron los apoyos con los que contarían tanto por parte de la población como dentro de las élites ucranianas. El Ejército se estancó en los barrios periféricos de la capital ucraniana y fracasó en su intento de tomar el control del país. El Kremlin decidió entonces concentrar su dispositivo militar en el Donbass y Crimea. Concebida inicialmente como una expedición relámpago, la guerra fue cambiando de escala y de naturaleza. La movilización forzada decretada en septiembre de 2022 provocó una ola de protestas y exilios.
Atrapada en su propia guerra, Rusia agravó su situación en materia de seguridad. Su “operación militar especial” tenía como objetivo, por un lado, prevenir que Ucrania se rearmara –antes de que Kiev recuperara por la fuerza las regiones separatistas prorrusas– y, por otro lado, poner un freno a la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, unos meses después del inicio del conflicto, Rusia enardeció el patriotismo de un adversario que recibía un flujo continuo de armas y que contaba con el respaldo de una Alianza Atlántica reforzada con dos nuevos miembros: Suecia y Finlandia, que limitan con la zona ártica, estratégica para Moscú. Los dirigentes europeos reforzaron los batallones enviados al flanco oriental de la alianza, incluida Francia, que hasta entonces se oponía a una presencia permanente. La fuerza de reacción rápida de la OTAN cuadruplicó su número de efectivos; también continuó la construcción de la nueva base antimisiles estadounidense en Polonia, en donde los norteamericanos elevaron su presencia militar a 10.000 soldados. Lejos de calmarse, en Rusia las preocupaciones respecto de la seguridad se intensificaron por no haber previsto la fuerza y la unidad de la reacción occidental. Empero, al apostar por la consolidación de sus defensas detrás del Dnieper, Rusia logró estabilizar el frente. Los avances territoriales, como la toma de Bajmut en mayo de 2023, se consiguieron a costa del sacrificio de numerosas tropas, en un país ya golpeado por su crisis demográfica.
El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada.
Si bien Rusia mostró debilidades militares, la resiliencia de su economía resultó sorprendente. El Banco Central había acumulado suficientes reservas para asumir una confrontación financiera con Occidente. Logró sostener eficazmente el rublo y salvar su sistema bancario a pesar del congelamiento de sus activos en Europa y Estados Unidos. En cuanto a las sanciones energéticas, terminaron volviéndose en contra de los propios impulsores europeos: el aumento de los precios del gas compensó la pérdida de los volúmenes enviados al Viejo Continente, dando tiempo a Rusia para reorientar sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia (8). El fracaso de la estrategia de aislamiento se volvió evidente porque, si bien Moscú se vio obligada a recurrir a “Estados parias”, como Corea del Norte o Irán, para obtener armas o soldados, la realidad es que no le faltaron socios económicos interesados en sus descuentos energéticos. Los países que forman el núcleo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) vieron con preocupación la ofensiva punitiva financiera de Washington contra uno de sus miembros y profundizaron de forma preventiva su cooperación para reducir el uso del dólar en sus intercambios. En 2024, BRICS acogió a cinco miembros nuevos, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en las nuevas rutas del petróleo ruso (véase el artículo de págs. 12-14).
¿Acercamiento al hermano menor?
Al elegir negociar cara a cara con Moscú, Trump le ofrece una vía de escape al Kremlin. El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada. Las concesiones, por ahora sólo verbales, resultan vertiginosas: reanudación de las negociaciones sobre el desarme, promesa de reincorporación al G7 y, a largo plazo, levantamiento de las sanciones. Aunque el Presidente estadounidense trate de morigerar estas promesas en las próximas semanas, la solidaridad transatlántica parece estar ya profundamente deteriorada.
Estas declaraciones podrían cerrar la era geopolítica que comenzó en 1949. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó la Alianza Atlántica para imponer su influencia a la mitad de Europa, mientras que la otra mitad se alineaba primero con el bloque soviético y luego se unía al Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, a fines de la década de 1980, el último líder soviético, Mijail Gorbachov, al frente de un país agotado por la carrera armamentista, se comprometió con una serie de concesiones unilaterales y desordenadas: aceptó la reunificación de Alemania y su adhesión a la OTAN sin obtener garantías escritas sobre la no expansión de la alianza occidental en Europa del Este. De este modo, el antiguo instrumento de seguridad sobrevivió a la Guerra Fría, y la Unión Europea, al expandirse, permaneció firmemente vinculada a Washington. Aunque en 1989 y 1990 se llegó a considerar por un momento la posibilidad de implementar un nuevo sistema de seguridad, no surgió ninguno alternativo tras la disolución de la URSS en 1991. Si bien el conflicto ruso-ucraniano tiene en parte su origen en esta oportunidad perdida, su resolución negociada está provocando una reconciliación ruso-estadounidense a espaldas de Europa.
En Munich, el vicepresidente James David Vance incluso señaló una nueva dirección estratégica de Estados Unidos: “A Putin no le interesa ser el hermano menor en una coalición con China” (9). ¿Se trata del regreso a la estrategia de triangulación que había puesto en marcha el presidente estadounidense Richard Nixon en 1971 al acercarse al “hermano menor” (en ese entonces, China) para aislar mejor al enemigo principal (la URSS)? Si este es el “plan”, Trump tendrá dificultades para romper el eje Rusia-China. Pekín, si bien se molestó por el hecho consumado de la invasión rusa y le ha reprochado a Moscú su abuso de la amenaza nuclear, no le ha retirado su apoyo. China suministra de manera discreta tecnologías necesarias para el complejo militar-industrial ruso, al mismo tiempo que profundiza su cooperación militar con Moscú. Aunque desequilibrada, esta relación se basa en una fuerte frustración compartida respecto de un orden internacional dominado por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría.
¿Y Europa?… Europa se encuentra en la peor situación posible: ya debilitada por la crisis energética que ella misma provocó al renunciar –a petición de Washington– al gas ruso barato y pronto golpeada también por la guerra comercial decretada por la Casa Blanca, ahora se ve obligada a gestionar en soledad las consecuencias del revés occidental en Ucrania. Mientras la confrontación con Rusia alcanza un nivel incandescente y sus arsenales se han vaciado en favor de Kiev, Europa se prepara para aumentar de forma urgente su gasto militar, lo que implica comprar armamento estadounidense. Washington le exigía un “reparto de la carga” de la financiación de la alianza. Ahora la carga es doble: pagar la reconstrucción de Ucrania (que, a esta altura, Rusia deja de buena gana en manos de la Unión Europea) y, al mismo tiempo, asumir su propia seguridad. El gasto parece simplemente inasumible para los presupuestos europeos y augura nuevas divisiones.
1. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2025. 2. Philippe Descamps, “Affoler la meute”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 2025. 3. “Ukraine support tracker”, Kiel Institute for the World, 2024. 4. Samuel Charap y Sergueï Radchenko, “¿Podría haber terminado la guerra en Ucrania?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2024. Volodimir Zelensky se esfuerza en negar el papel que habría desempeñado así Johnson; véase también Shaun Walker, “Zelensky rejects claim Boris Johnson talked him out of 2022 peace deal”, The Guardian, Londres, 12 de febrero de 2025. 5. Véase, por ejemplo, “Soutenir l’Ukraine pour assurer la paix”, Le Monde diplomatique, 10 de enero de 2023. 6. Alex Horton y John Hudson, “US intelligence says Ukraine will fail to meet offensive’s key goal”, The Washington Post, 17 de agosto de 2023. 7. Hélène Richard, “Ucrania, una sociedad dividida por la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2023. 8. Hélène Richard, “Sanciones de doble filo”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2022. 9. Bojan Pancevski y Alexander Ward, “Vance wields threat of sanctions, military action to push Putin into Ukraine deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 14 de febrero de 2025.
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Federico Machado es un economista joven que no juega en categorías simples. Profesor de microeconomía en la Universidad de La Plata, combina sin pudor herramientas del keynesianismo, la economía neoclásica y el estructuralismo. Se define como nacionalista cristiano, habla de justicia social y suele votar al peronismo.
Pero al mismo tiempo defiende la disciplina fiscal, la acumulación de reservas y, sobre todo, la reforma laboral. Es uno de los reivindicadores del FAL, el Fondo de Asistencia Laboral, un esquema de capitalización para indemnizaciones que busca más flexibilidad y menor costo para las empresas.
Esa combinación lo vuelve un rara avis. Un economista con valores comunitarios que apela a las herramientas del mercado como condición excluyente para la mejora de las condiciones de vida de las personas.
-Como economista sos difícil de definir. ¿Por qué no es una tarea sencilla de identificar a que escuela pertences?
-Creo que todas las personas somos difíciles de definir. Yo en el ámbito ideológico, político, me identifico como nacionalista cristiano, porque me parece que tengo el interés en que Argentina sea un país referencia en la región en términos económicos y políticos. Y cristiano, porque creo en los valores del Nuevo Testamento y creo en una sociedad comunitaria, solidaria, igualitaria. Creo en la justicia social.
Así que ese es mi eje. Después de eso, la representación política en distintos momentos puede variar. En general, he votado al peronismo, pero bueno, en sí lo que me representa son esos valores. No un partido político o una escuela de pensamiento económico.
-O sea, no, no sos un keynesiano puro o por lo menos no te identificas estrictamente con lo que se conoce como el campo nacional y popular…
-Yo para hacer análisis económico tomo herramientas del keynesianismo como herramienta del liberalismo. Soy profesor de microeconomía en la Universidad de La Plata, donde nos basamos mucho en la teoría marginalista y en el análisis del mercado. Y también puedo tomar herramientas del estructuralismo, del marxismo. Me parece que en economía es importante el pragmatismo. Yo creo que si algo está demostrado a lo largo de los siglos de estudio económico, es que casarte con una escuela económica es obsoleto.
Si algo está demostrado a lo largo de los siglos de estudio económico, es que casarte con una escuela económica es obsoleto. Más aún en un país como Argentina, tan difícil de encasillar.
De hecho, si uno mira la literatura económica hoy en día, vas a encontrar que los papers trabajan sobre modelos, sobre construcciones empíricas que toman elementos de distintos autores que no se pueden encasillar en una escuela o en otra, sino que van tomando a lo largo del aprendizaje de los años herramientas de todos lados.
Me parece que esa es la forma de de hacer análisis económico, sobre todo en un país como Argentina, que es muy difícil de encasillar. Esa famosa frase que dice bueno, hay cuatro tipos de países lo desarrollados, los subdesarrollados, Japón y Argentina. Bueno, con más razón me parece que hay que ser pragmático en términos económicos.
-Entonces sos un economista del mainstream, que se compone por aportes de muchas corrientes.
-Así se construye el mainstream.
-El mainstrean habla de consensos básicos: no hay que tener déficit fiscal y hay que crecer.
-Yo creo que todos esos consensos también depende en cierta medida de las condiciones, porque yo creo que no todos los países deben tener superávit. De hecho son muy pocos los países que tienen superávit. Pero creo que Argentina, con su historia financiera, con su historia económica, sin prestamista de última instancia, con una moneda debilitada, con un montón de herramientas que no tienen caja porque se han mal utilizado en el tiempo, necesita superávit fiscal, porque no tiene financiamiento para ese déficit.
Un déficit sostenido con emisión monetaria permanente te va a llevar a la situación de inflación que hemos vivido en ese contexto. Por eso hay que tener superávit, hay que acumular reservas. Si vos tenés un banco central con reservas negativas que no puede ni siquiera cubrir sus compromisos en moneda extranjera, ni hablar de respaldar la moneda, Bueno, en ese contexto tenés que acumular reservas.
Me parece que esos consensos también surgen de el análisis de las problemáticas que hacen específicamente al país.
-Bueno, entonces ¿cómo estamos? ¿dónde estamos?
-Yo creo que hoy estamos en un contexto donde el gobierno tuvo un primer éxito inicial muy importante, que fue reducir la dinámica de inflación de la que veníamos durante muchos años, exponencial.
No todos los países deben tener superávit, pero Argentina, con su historia financiera, con su historia económica, sin prestamista de última instancia, con una moneda debilitada, necesita superávit. Un déficit sostenido con emisión monetaria te va a llevar a la situación de inflación que hemos vivido. Por eso hay que tener superávit y hay que acumular reservas.
Algunos van a discutir si estábamos en una hiperinflación o cuan lejos. Pero sin duda veníamos de muchos años de ascenso de la inflación y el gobierno logró traerla a un nivel similar al que teníamos en los últimos años de Cristina, lo cual fue un mérito importante.
Después la salida del cepo, creo que hubo un intento de estabilización sin comprar reservas que no salió bien, que tenía que ver con creer que con la salida del cepo iba a poder volver a los mercados internacionales de manera más o menos rápida. Argentina iba a ser re calificada como mercado emergente y eso iba a generar un ingreso de capitales importante, que no sucedió.
La inversión extranjera directa fue negativa en ver en vez de ser un flujo importante, ingresaron muy pocos dólares al carry trade desde el exterior y eso obligó al gobierno a cambiar esa estrategia y priorizar la acumulación de reservas, que es lo viene haciendo desde comienzos de año.
Estamos en una situación en la cual el proceso de desinflación está frenado. Yo no veo que el proceso de desinflación los últimos los últimos meses, el último año, haya continuado, sino que está estancado más o menos hace un año, en niveles en alrededor del dos y medio por ciento. Algunos meses fue por abajo, algunos meses fue por arriba, pero seguimos en ese nivel, en esa velocidad crucero.
Y por el lado de la producción hay un proceso de reestructuración, donde hay sectores que están creciendo y muy fuertemente, sobre todo el agro, la minería, algunos servicios en la intermediación financiera y hay sectores que siguen en crisis o retroceso, como la gran parte de las industrias y la construcción.
Estamos en una situación en la cual el proceso de desinflación está frenado, pero por motivos que son justificables como la necesidad de acumular reservas.
A mí me parece que estamos en un proceso de crecimiento empujado por los que crecen y amortiguado por los que caen. Hay un problema en eso que creo que es la principal debilidad hoy del plan económico. Más allá que digo, la desinflación está estancada, entonces eso es una debilidad, pero creo que está estancada por motivos que son justificables, que hay que priorizar acumulación de reservas. Pero creo que una debilidad importante es que los sectores que crecen no son empleo intensivos y los sectores que caen sí.
Por eso vimos en 2025 un fenómeno que no es tan normal, que es que la economía creció un 4% al respecto 2024, pero el empleo cayó y no veo grandes razones para que se revierta, por lo menos en el corto plazo.
-Esa devaluación inicial que aprecio el tipo de cambio en un 118% fue correcta, había que hacerla?
-Uno puede discutir que capaz que el salto barato inicial debió ser más chico, y el crawling no hubiese sido más alto. Entonces ahí el proceso hubiese sido de otra manera y después ir achicando el crawling paulatinamente, qué se yo. Podría haber habido otras alternativas.
Lo que yo creo es que la alternativa que eligió el Gobierno le permitió con éxito tener una recesión profunda, pero más bien corta, porque la economía empezó a recuperarse a partir abril del 2024. Logró bajar muy fuertemente la inflación del 25%, que fue el primer mes de gobierno o del 13% o 14%, que ha sido el último medio anterior.
Rápidamente llegó al nivel del 3% al 2%. ¿Y la economía? Si bien obviamente hubo un ajuste muy fuerte en los ingresos, logró que la pobreza en el segundo año de gobierno sea menor que a final del gobierno anterior. Entonces, me parece que en ese sentido el ajuste no sé si es lo mejor que podría haber sido, pero si tuvo éxito en en esos objetivos. Ahí la Asignación Universal por Hijo y su actualización tuvo un rol fundamental.
– Pero esa competitividad inicial que logró con la devaluación, ¿no se la comió muy rápido?
-La economía argentina se agota muy rápido, por eso requiere un cambio de plan económico, que es esta segunda etapa de la que hablamos con la salida del cepo, el acuerdo del FMI, etcétera. Yo creo que esa no salió tan bien. Las expectativas del gobierno era que al salir del cepo, volvíamos a los mercados internacionales
En un plan de estabilización, vos tenés un momento de ajuste de precios relativos, devaluación, pérdida del ingreso, etcétera y después un proceso de apreciación. Como dice el paper de Rapetii, que es uno de los mejores en análisis de planes de estabilización en América Latina.
La segunda etapa del plan económico que era con la salida del cepo, el acuerdo del FMI, volvera. los mercados internacionales, no salió tan bien.
De eso depende si ese éxito inicial es transitorio o permanente, si después eso termina en que por la apreciación del tipo de cambio tenés una mega de devaluación y se te desajustan todas las variables. Y la inflación vuelve a los niveles anteriores y todo lo que habías hecho lo borraste, entonces fue un éxito transitorio, pero no sirvió de nada.
En cambio, si lograste esa apreciación sostenerla en el tiempo, tener un déficit de cuenta corriente manejable, lograr financiamiento o acomodar las variables estructurales que necesitas para poder eso estabilizarlo. Bueno, ahí lográs un éxito perdurable que realmente son los menos casos. Creo que el gobierno está buscando ese éxito perdurable.
– La inflación que sube, un tipo de cambio que se aprecia, consumo derretido. Ves al gobierno tomando nota de esto?
Lo que a la oposición le gustaría son medidas para reactivar la economía en sectores de la industria y la construcción. Eso implicaría un tipo de cambio más alto y mayor protección. En cambio, el gobierno dice yo voy a tomar como medida para reactivar la economía, bajar las retenciones, la reforma laboral. Es decir, buscando que los sectores que en esta reestructuración productiva están ganando crezcan más, no buscando que los sectores que están perdiendo pierdan menos.
Entonces ahí obviamente que hay una discusión para mí irreconciliable entre el oficialismo y la oposición, sobre cuál es la estrategia. Yo creo que en ese sentido la decisión de apertura económica es medio apresurada y violenta.
-¿Por qué?
-Porque me parece que no están las herramientas para que la industria argentina pueda competir con el exterior. Es decir, vos primero abriste la economía y después vas a bajar impuestos. La lógica seria que vos primero mejores las condiciones de la industria argentina y después abras la economía para que compitan mano a mano,. Esto se vio en la discusión que hubo con el tema Techint y la empresa india que ganó. Pero la apertura importadora nos dirige justamente a eso, a disciplinar los precios domésticos. No se está pensando en la competitividad de las industrias.
Por ejemplo, el sector agro tiene condiciones favorables para capitalizarse. Le bajan las retenciones y puede importar más maquinaria afuera. Antes se veía obligado a comprar maquinaria más cara en Argentina. Entonces yo creo que de ese lado el Gobierno busca que la apertura ayude a los sectores que ya son ganadores. No le importa el perjuicio de los sectores perdedores.
– ¿La reforma laboral va a crear empleo?
-Yo pienso que el empleo se genera con crecimiento económico, con demanda agregada, ya sea en el exterior o ya sea el consumo interno. Sí me parece que la reforma laboral lo que busca es que si vos tenés crecimiento, ese crecimiento sea en mayor medida en empleo registrado y no tanto en empleo no registrado.
Lo que a la oposición le gustaría son medidas para reactivar la industria y la construcción. Eso implicaría un tipo de cambio más alto y mayor protección. En cambio, el gobierno dice yo voy a tomar como medida para reactivar la economía, bajar las retenciones, la reforma laboral. Es decir, buscando que los sectores que en esta reestructuración productiva están ganando crezcan más, no buscando que los sectores que están perdiendo pierdan menos.
En Argentina hemos tenido una reforma laboral de facto, que es que fue creciendo el monotributo. Hace 20 años que el monotributo crece como proporción del empleo cada vez más. En los períodos en los que creció la economía se creó empleo registrado, pero se creó más monotributo.
Yo creo que la reforma laboral a lo que tiene que apuntar es que en los períodos de crecimiento crezca la proporción de empleo registrado en vez de que crezca la producción de monotributo. Me parece que ese es un poco el objetivo que debe tener la reforma laboral.
– Sos un gran defensor del FAL, el Fondo de Asistencia Laboral, el un sistema de capitalización individual obligatorio para indemnizaciones por despido, financiado por aportes patronales que antes iban al sistema previsional. ¿Eso es compatible con la idea de justicia social?
-Eso está bueno explicarlo porque es interesante desde esa posición defender la reforma y defender el mecanismo. Y es un punto muy interesante que traes, porque yo creo que el cristianismo en general no ha logrado desarrollar un modelo económico que permita mejorar las condiciones materiales de la población. ¿Los modelos económicos que han intentado anclarse en perspectivas cristiana que siempre son eso que se llama izquierda, no?
Es decir, son socialistas, son comunistas, son peronistas, pero los resultados han traído más pobreza, no? Caso de la Unión Soviética o de Cuba, de Corea del Norte o de muchos gobiernos en América Latina que han intentado tener una política progresista pero que como chocan con los mercados, como chocan con el capitalismo, terminan en crisis inflacionarias, deficitarias y todos los problemas que vemos en distintas experiencias de este tipo.
Los modelos económicos que han intentado anclarse en perspectivas cristiana que siempre son eso que se llama izquierda. Son socialistas, son comunistas, son peronistas, pero los resultados han traído más pobreza. Un problema que tiene el cristianismo es que hasta ahora el mecanismo más efectivo para desarrollar las condiciones materiales de la población y por ende para reducir la pobreza, es generar incentivos individuales de lucro.
Yo creo que un problema que tiene el cristianismo es que hasta ahora el mecanismo más efectivo para desarrollar las condiciones materiales de la población y por ende para reducir la pobreza, es generar incentivos individuales de lucro. ¿Es un problema filosófico, no? Porque son los incentivos individuales de lucro los que generan mayor esfuerzo en esto, en la innovación, en la creación de riqueza, en la creación de mejores condiciones materiales.
Y eso es lo que ha logrado que la humanidad en los últimos 200 años diera un salto enorme en sus condiciones materiales. Así que ahí un poco aparece lo que vos marcás, esta contradicción de nacionalista cristiano. Pero bancar algunos elementos de mercado pasa porque aspiro a una sociedad más justa, más igualitaria, con menos pobreza.
– ¿Y qué es lo que te parece interesante del FAL?
-Bueno, vamos al tema específico de la FAL. Yo creo que en Argentina ha habido una reforma laboral de facto en la práctica, que tiene que ver con el crecimiento del monotributo, incluso en el momento de mayor crecimiento inclusivo de Argentina durante el gobierno kirchnerista. Durante el gobierno de Cristina creció el monotributo por encima de lo que creció el empleo registrado.
¿Por qué sucede esto? Porque el monotributo tiene dos ventajas respecto al empleo registrado para el empleador, es más flexible y es menos costoso.
Una reforma que te permita mayor flexibilidad y que te permita menores costos laborales, lo que va a hacer es que en los momentos en que haya crecimiento económico, que no depende de la reforma, crezca más el empleo registrado bajo estas condiciones un poco más flexibles y un poco menos costosas.
– ¿Ahora bien, es bueno que el empleo sea flexible?
-Yo creo que sí, en el sentido de que el empleo flexible genera incentivos a que a que la empresa y a que el trabajador busquen la forma de que el producto se pueda lograr de la forma más eficiente posible.