Pity Alvarez y su madrugada eterna, ponen en relevancia algo que a los medios no les interesa enfocar. Lo que expone el suceso «Pity» son las 40 muertes al mes que hay en la Argentina a causa del «paco»(según un relevamiento realizado por “Madres contra el paco y por la vida”) de noche y de día, en el barrio, en la calle, en la plaza. Desidia, narcotráfico, exceso de drogas, adicciones, pibes sin consciencia de sus acciones, desamparados a la deriva en un mar de mierda, sin ningún proyecto, ni contención familiar y menos aún del Estado. Esperamos a que mueran y no maten. Pero mueren. Y matan. Ahí está el Pity.
El accionar de Pity siempre habló por sí mismo, ese deterioro de años al que asistimos vía medios entre risas, burlas y halagos musicales, ese contexto está lleno de mensajes, y son claros. Son mensajes que nos explotan en la cara todos los días. Enviados por miles de pibes, disertantes de la coyuntura que comunican sin querer, sin destinatarios particulares, ni remitentes. Son todos uno. Y avisan. Pity inconscientemente lo volvió a hacer, como tantos otros. Y no los vemos, porque estamos ciegos. Porque podemos interpretar que pasa o saberlo, pero estamos ciegos. Elegimos estar ciegos. A veces ver, cuesta caro. En la Argentina ver, cuesta horrores.
El caso de Pity, expone el ejemplo de “ceguera blanca” con la que convivimos y de la que habla Saramago en “Ensayo sobre la ceguera”, en un caso que se torna público porque Pity es un personaje reconocido, y que además tiene todos los condimentos necesarios para entretener a los ciegos por elección. Tiene todo lo que demanda la demanda y la macro estructura medial que hace babear a los empresarios de medios: Violencia, drogas, armas y el personaje público, llegada a la juventud y rechazo de los adultos, cuestiones que movilizan al morbo societario nacional. Solo que en este caso no es ficción, es una realidad. Es la realidad, al menos la mía.
Pity corre el velo, nos quiere quitar la “ceguera”, inconscientemente representa una realidad, hace un intento más. Pero los medios siguen poniendo la pantalla en blanco, como la ceguera de la que habla Saramago. El tema central es el Pity, no el paco. La cuestión es el Pity en la cárcel, no la problemática social que mata 10 pibes por semana (sin datos oficiales, como todo lo que mide mal en la Argentina, no se mide). El tema es su adicción, no la de miles de pibes que están en la misma o peor aún, en situación de calle, sin una chance. Pibes que sienten la obligación de robar o matar (no hay diferencia) para comprar porque la carne les pide, baja como una exigencia satánica a la que responden con total fidelidad. El fin les justifica los medios.
Es necesario instalar el tema en la agenda. El paco sigue quemando cráneos. Y convierte en una responsabilidad tener ojos, cuando cercanos los perdieron. Pero no para tenerlos abiertos como si por ellos entrara una visión divina sin siquiera pensarla, se puede cerrar los ojos y ver, para renacer desde dentro. Recuperar la lucidez y rescatar el afecto por el prójimo. Ética del amor y la solidaridad. Y como una epidemia viral cuando empecemos a ver, el que otros recuperen la vista será solo cuestión de tiempo.
Apagá la tele que está en blanco y mirá para el costado que es donde podés pintar colores.
«Por qué hemos quedamos ciegos, No lo sé, quizá algún día lleguemos a saber la razón, Quieres que te diga lo que estoy pensando, Dime, Creo que NO nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, Ciegos que, viendo, no ven.»
El próximo sábado 28 las actividades en el marco del ‘Mes de la Niñez’ se desarrollarán en los siguientes barrios: *Pulmón Ecológico, CGT y Tierra del Fuego: concentración en Pulmón Ecológico *Gardín y Progreso: concentración en Gardín *25 de Mayo *Don Rodolfo Habrá juegos, sorpresas y refrigerio en los diferentes sectores entre las 15 y…
Guillermo Montenegro está analizando seriamente regresar a la intendencia de Mar del Plata. Aunque las versiones que corrieron desde principios de año siempre fueron desmentidas, en el entorno del hoy senador provincial ahora admiten en privado esa posibilidad.
A las tensiones internas que estaban subyacentes desde que Agustín Neme se hizo cargo de forma interina del municipio, se suma ahora una crisis de gestión que tiene su epicentro precisamente en la bandera del gobierno local de Montenegro: la seguridad.
Como contó LPO, desde que Karina Milei cortó su ingreso al gabinete nacional, Montenegro se volvió a encuadrar en el PRO al punto de ponerle ese sello al bloque de concejales local.
Sin embargo, Neme reforzó su acercamiento con los libertarios, a quienes les dio lugares clave en el gabinete, como Obras Sanitarias. Esa relación, desmarcada de Montenegro, empezó a mostrarlo a Neme con la intención de construir un perfil propio con vistas a una candidatura en 2027.
Para eso, Neme tiene el apoyo de parte de la estructura del PRO local que preside su mentor político, el empresario y ex titular del Ente de Turismo Emiliano Giri, con fuerte influencia en el interinato municipal.
Pero es muy corto el hilo en el carretel que tiene hoy Neme para levantar vuelo propio, ya que cualquier movimiento abrupto de desmarque o un giro fuerte en la marcha de la gestión, pueden provocar el hastío de Montenegro y su decisión de volver a tomar control del municipio. Y eso parece que está sucediendo.
Por lo pronto, fuentes cercanas a Montenegro señalaron a LPO que Neme no es el elegido del hoy senador para continuar su proyecto de municipio en 2027, sino que es el jefe del bloque de concejales PRO, Fernando Muro, quien se muestra completamente alineado al intendente en uso de licencia.
Además, cerca de Montenegro advierten que, además de su alianza con los libertarios, Neme quiere apalancarse sobre Florencio Aldrey Iglesias, uno de los empresarios más fuertes de la ciudad, dueño de medios, hoteles y hasta un shopping que bautizó con su apellido.
Según comentan en Mar del Plata, Neme estaría dispuesto a abrirle más puertas a «El Gallego», algo que no aprueba Montenegro.
«El Senado no funciona y no puede dejar que se prenda fuego la ciudad», dicen dirigentes con llegada a Montenegro.
Pero, más allá del plano político, lo que parece acelerar un regreso de Montenegro a la comuna es la marcha de la gestión. Por fuera de los datos que muestran un derrumbe del turismo y de las ventas en comercios o de las quejas por la prestación deficitaria de servicios, la crisis de la gestión Neme está en la ola de inseguridad.
En sólo días, se produjeron tres asesinatos que conmocionaron a la ciudad balnearia, al punto de realizarse el último miércoles una marcha contra la inseguridad que tuvo como uno de sus destinos el Palacio Municipal.
El sábado pasado, el chofer de Uber Alberto Rodríguez fue asesinado en ocasión de robo de su auto. También durante un asalto, se produjo el crimen del ferretero Ricardo Ruiz, quien fue atacado por dos delincuentes que le dispararon al huir.
Neme no es el elegido de Montenegro para continuar su proyecto de municipio en 2027, sino que es el jefe del bloque de concejales PRO, Fernando Muro
Luego, se produjo el femicidio de Mailén Antonich en una de las playas del sur, donde había sido citada para una falsa entrevista de trabajo.
El descontrol en materia de seguridad llevó incluso al ex intendente Gustavo Pulti a levantar el tono reclamando al Ministerio de Seguridad de la Provincia y a Neme «sentarse a trabajar juntos. Coordinar, actuar y dar respuestas».
La movilización de este miércoles al Municipio en reclamo por la ola de inseguridad.
«Mar del Plata necesita decisiones serias, no un circo mediático. La seguridad se construye con gestión y resultados», lanzó Pulti en un mensaje que descolocó a sectores del axelismo por el tono crítico a una de las áreas de gestión provincial.
Como sea, lo que quedó en evidencia esta semana fue cómo trastocó al pleno del arco político el masivo reclamo por seguridad y es ahí donde Montenegro analiza apurar un regreso que antes se meditaba con mayor hermetismo y por razones políticas.
Otra de las razones que tributan a la vuelta a Mar del Plata es la cuasi nula actividad en la Legislatura bonaerense. «El Senado no funciona y no puede dejar que se prenda fuego la ciudad», dicen dirigentes con llegada a Montenegro.
El Intendente Marcelo Orazi anunció la repavimentación de tres estratégicas calles rurales de Villa Regina, tras reunirse con el Ministro de Obras y Servicios Públicos de la provincia Carlos Valeri. Con una inversión de $42 millones aportados por el gobierno provincial se llevarán adelante estos importantes trabajos en 2,7 kilómetros, que corresponden a tramos del…
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El Secretario de Coordinación de la Municipalidad de Villa Regina Ariel Oliveros participó de la entrega de insumos informáticos a la Escuela N° 196 de Villa Alberdi que fueron adquiridos a partir del convenio que el Municipio firmó con el Ministerio de Educación y Derechos Humanos de Río Negro. En este caso, el establecimiento educativo…
El discurso de Javier Milei no se limitó a defender reformas económicas. A través de una interpretación histórica cargada de antagonismos, el Presidente buscó reconstruir el vínculo emocional con su núcleo de apoyo, presentar a sus adversarios como responsables de una decadencia prolongada y reafirmar una identidad política basada en la ruptura con el pasado.
Por Roque Pérez para NLI
Más que una explicación económica, una narración sobre el pasado argentino
El discurso presidencial pronunciado hace minutos por Milei tuvo una característica central que excedió largamente la discusión sobre inflación, déficit fiscal o reformas estructurales: fue una construcción de sentido político. El Presidente no solamente intentó convencer sobre determinadas medidas económicas, sino instalar una determinada lectura de la historia argentina, donde el país aparece como víctima de un sistema de poder que durante décadas habría utilizado al Estado, la emisión monetaria y el endeudamiento como herramientas de privilegio.
La operación discursiva no es nueva en la política contemporánea. Los liderazgos que buscan transformar un escenario social complejo suelen construir un relato que organiza el pasado en torno a una fractura: un “antes” marcado por el fracaso y un “después” que solo puede llegar mediante una ruptura profunda. El sociólogo francés Pierre Bourdieu explicó que la política no se desarrolla únicamente en el terreno de las ideas, sino también en la capacidad de imponer categorías de percepción sobre la realidad. Quien logra definir qué problema tiene una sociedad también obtiene una ventaja para definir cuál es la solución.
En ese sentido, Milei no presentó simplemente un diagnóstico económico: presentó una interpretación moral de la Argentina. La inflación dejó de ser solamente un fenómeno monetario para transformarse, dentro de su relato, en la consecuencia de una dirigencia que habría administrado el Estado en beneficio propio. El déficit fiscal dejó de aparecer como una discusión técnica sobre ingresos y gastos para convertirse en la evidencia de una supuesta estructura de privilegios. El Banco Central dejó de ser una institución económica para transformarse en el símbolo de un modelo que, según su discurso, habría permitido a los políticos trasladar sus costos al conjunto de la sociedad.
La política como identidad: la necesidad de reafirmar al propio grupo
Uno de los elementos más relevantes del discurso presidencial es que no parece estar dirigido únicamente a convencer a quienes todavía dudan, sino principalmente, en esta época en que se le fugan los votos, a reafirmar a quienes ya forman parte de su identidad política. La construcción de un liderazgo no depende solamente de sumar adhesiones nuevas, sino también de mantener cohesionada una comunidad política que necesita encontrar una explicación común frente a las dificultades.
El politólogo alemán Carl Schmitt planteaba que la política moderna se organiza alrededor de la distinción entre amigo y enemigo. Aunque su teoría fue profundamente discutida por sus consecuencias autoritarias, su análisis permite observar un fenómeno presente en muchos movimientos políticos: la creación de una frontera simbólica que separa a quienes representan el cambio de quienes son identificados como responsables del problema.
En el caso del mileísmo, esa frontera se construye alrededor de una oposición entre “la gente común” y una “casta política” presentada como beneficiaria de un sistema agotado. Esa categoría no funciona solamente como una descripción de dirigentes concretos, sino como una identidad colectiva. Permite que sectores sociales diversos puedan reconocerse dentro de un mismo relato: trabajadores afectados por la inflación, jóvenes desencantados con los partidos tradicionales, pequeños empresarios golpeados por las crisis recurrentes o ciudadanos que sienten que las instituciones no respondieron a sus expectativas.
El discurso presidencial vuelve así a una lógica política clásica: transformar una experiencia individual de frustración en una explicación colectiva. La pérdida de poder adquisitivo, la incertidumbre económica o la sensación de estancamiento dejan de ser problemas aislados y pasan a formar parte de una historia común donde existe un responsable identificable.
El poder de los números y la creación de una verdad política
Un aspecto central del discurso fue el uso de cifras extremas y referencias históricas para reforzar la idea de una Argentina al borde del colapso permanente. En estos casos, el número no funciona únicamente como una herramienta descriptiva, sino como un recurso político y simbólico. Su objetivo no es solamente informar, sino producir impacto.
Cuando una cifra alcanza dimensiones difíciles de imaginar, adquiere una fuerza narrativa propia. El ciudadano común no necesariamente puede verificarla o reconstruir su metodología, pero sí puede interpretar su significado político: “todo estaba peor de lo que nos dijeron”. Esa operación permite instalar una sensación de revelación, como si el gobierno estuviera mostrando una verdad oculta durante décadas.
El filósofo y sociólogo francés Jean Baudrillard analizó cómo en las sociedades contemporáneas los símbolos y las representaciones pueden adquirir una fuerza incluso mayor que los hechos que pretenden representar. La política moderna no se libra únicamente en el terreno de los datos, sino también en el de las narraciones que permiten ordenar esos datos dentro de una interpretación emocionalmente convincente.
Por eso, más allá de la discusión técnica sobre cada número utilizado, el elemento político relevante es la función que cumple dentro del relato presidencial: confirmar que la ruptura propuesta por Milei no sería una opción ideológica entre otras, sino una supuesta necesidad histórica frente a un fracaso acumulado.
El líder que promete cerrar una etapa histórica
El discurso también puede leerse como un intento de consolidar una figura presidencial asociada a un momento fundacional. Milei no se presenta solamente como un administrador que aplica políticas económicas, sino como alguien que pretende representar un quiebre histórico entre dos épocas.
La construcción de liderazgos de este tipo suele apoyarse en la idea de que existe una crisis profunda que las estructuras tradicionales ya no pueden resolver. La politóloga alemana Hannah Arendt analizó cómo las sociedades atravesadas por crisis prolongadas pueden volverse más receptivas a liderazgos que ofrecen explicaciones simples, contundentes y totalizantes frente a problemas complejos. No porque los ciudadanos carezcan de racionalidad, sino porque en contextos de incertidumbre las explicaciones integrales ofrecen una sensación de orden y pertenencia.
El mensaje de Milei busca ocupar precisamente ese espacio: el de quien dice haber identificado la raíz de todos los males y propone una transformación completa. La promesa no es únicamente económica; es también emocional. Para sus seguidores, el proyecto no representa solamente una política fiscal o monetaria, sino la posibilidad de formar parte de una generación que “termina” con un ciclo histórico.
La batalla por el relato argentino
La profundidad política del discurso presidencial está, entonces, en que no intenta solamente defender medidas concretas, sino disputar la interpretación del pasado y del futuro del país. La pregunta central que plantea no es únicamente cómo equilibrar las cuentas públicas, sino quién tiene la autoridad moral para explicar por qué Argentina llegó hasta aquí.
Toda transformación política necesita una narrativa que la justifique. Los gobiernos construyen legitimidad no solamente a partir de resultados, sino también a través de relatos que explican esos resultados. Milei busca que su electorado interprete cualquier dificultad presente como el costo inevitable de una reconstrucción histórica y que cualquier resistencia sea vista como la defensa de un orden anterior.
La disputa, por lo tanto, no está solamente en el terreno económico. Está en la capacidad de cada espacio político para imponer una explicación sobre la Argentina: si el país fue destruido por un sistema político que abusó del Estado, como sostiene Milei, o si la crisis argentina, tal cual fue, responde a una combinación más compleja de factores económicos, sociales e institucionales.
En esa batalla por el sentido, el Presidente no habló únicamente de reformas. Habló de identidad, pertenencia y memoria colectiva. Y allí reside la verdadera dimensión política de su discurso: en el intento de convertir una propuesta de gobierno en una interpretación completa de la historia argentina.