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Pase sanitario: Regina adhiere a la Resolución del Ministerio de Salud

A través del Decreto 189/21, la Municipalidad de Villa Regina adhiere en todos sus términos a la Resolución del Ministerio de Salud de Río Negro Nº N° 8951/21 que establece el ‘PASE LIBRE COVID’ como requisito para asistir a aquellas actividades realizadas en el territorio de la provincia que representan mayor riesgo epidemiológico, además de cumplir con los protocolos, recomendaciones e instrucciones de las autoridades sanitarias.

El ‘PASE LIBRE COVID’ consistirá en la acreditación, por parte de todas las personas mayores de 13 años, de al menos dos dosis de la vacuna contra el COVID-19, aplicadas por lo menos 14 días antes. La acreditación podrá hacerse mediante la App ‘Mi Argentina’ o el carnet de vacunación en formato cartón o tarjeta.  

Las actividades son las siguientes:

*Actividades culturales, deportivas, religiosas y recreativas en espacios cerrados que impliquen la concurrencia de más de 1000 personas.

*Viajes grupales.

*Locales bailables.

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  • Ferraresi puso en marcha la Policía Municipal en Avellaneda

     

    Una fuerza de élite para la prevención del delito. Tecnología de última generación, armas no letales, cámaras corporales, vehículos de respuesta rápida y formación en artes marciales, derecho y procedimientos.

    Con la presencia del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, y el intendente municipal, Jorge Ferraresi, comenzó el ciclo lectivo de la Escuela de Policía Municipal. La fuerza de seguridad, presentada por Ferraresi durante la campaña de las legislativas 2025, viene a reforzar la prevención del delito en las calles avellanedenses.

    Esta primera promoción está formada por 124 cadetes que aprobaron los exámenes de admisión entre 3.800 inscriptos tras la convocatoria inicial que realizó el municipio.

    La Policía Municipal de Avellaneda es una fuerza de cercanía con el vecino, que nace para la prevención del delito en la ciudad, y la articulación con las fuerzas de seguridad provinciales y la Justicia para el seguimiento de los sucesos delictivos.

    Está provista de equipamiento de última tecnología, vehículos de respuesta rápida, armas no letales y su formación está orientada a las técnicas de defensa personal, artes marciales, resolución inmediata de conflictos, operaciones policiales, Derecho Penal y Procesal, bioseguridad y primeros auxilios, Derecho Constitucional y Derechos Humanos, Género y diversidad y Tecnologías de la seguridad.

    En la inauguración de la escuela, Ferraresi sostuvo que «queremos formar una fuerza que sea querida y respetada que sea complementaria con la policía bonaerense». Además, resaltó que la política municipal buscará complementar y fortalecer el sistema de seguridad provincial.

    El municipio informó que el trabajo será plenamente articulado con las demás fuerzas de seguridad y con la Justicia, para lo cual firmó un convenio de asistencia técnica con el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.

     

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  • POR UNANIMIDAD SE INCORPORÓ «LA EDUCACIÓN A DISTANCIA» EN LA LEY DE EDUCACIÓN

    La senadora por San Juan, Cristina López Valverde(FdT) informó sobre el proyecto conocido como «educación a distancia». Destacó que la educación a distancia se dará «en tiempos de excepcionalidad» y «garantizando que se trate de una educación de calidad». Al hablar sobre la importancia de la educación presencial aseguró que «la brecha digital y tecnológica…

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    Adorni y el jet del sigilo: el vocero de la “casta austera” que voló a Punta del Este y no puede (ni quiere) explicar cómo pagó

     

    Mientras el Gobierno de Milei repite a diario el discurso del ajuste, la austeridad y la lucha contra los privilegios de la “casta”, el jefe de Gabinete y exvocero presidencial, Manuel Adorni, quedó envuelto en una nueva polémica luego de que se revelara que viajó a Punta del Este en un vuelo privado que habría costado unos 10.000 dólares, acompañado por un periodista de la TV Pública y su familia, además de haber pedido un tratamiento migratorio especial para evitar ser visto al regresar al país.

    Por Roque Pérez para NLI

    Manuel Adorni, Lilia Lemoine y Marcelo Grandio, durante la campaña de 2023

    El vuelo VIP del funcionario que predica austeridad

    La información surge de documentación oficial y fuentes vinculadas al operativo aéreo que el periodista Sebastián Lacunza mostró en ElDiarioAr y permitió reconstruir el viaje realizado entre el 12 y el 17 de febrero, cuando Adorni partió desde el aeropuerto de San Fernando rumbo a Punta del Este a bordo de un Honda Jet contratado a la empresa Alpha Centauri, una aeronave ejecutiva considerada de alta gama dentro de los jets livianos.

    El vuelo transportó al funcionario, a su pareja Bettina Angeletti, a dos familiares y al periodista libertario Marcelo Grandio, conductor de un programa en la TV Pública y cercano al actual jefe de Gabinete desde antes de la llegada de Milei al poder. Según los registros aeronáuticos, cada tramo de ese tipo de aeronave ronda los 5.800 dólares, aunque el paquete completo de ida y vuelta habría sido contratado por unos 10.000 dólares.

    El detalle no es menor: mientras el Gobierno repite que “no hay plata” y aplica recortes sobre jubilaciones, salarios públicos y programas sociales, uno de sus principales funcionarios eligió trasladarse en un avión privado de lujo para pasar el feriado de carnaval en Uruguay.


    El pedido de “sigilo” para no ser visto

    El episodio, sin embargo, no termina con el viaje. Al regresar al país, Adorni solicitó realizar el trámite migratorio en un hangar privado del aeropuerto de San Fernando, evitando el circuito habitual de pasajeros y el contacto con las áreas comunes de la terminal aérea.

    Ese tipo de tratamiento es excepcional y suele reservarse para funcionarios o personalidades VIP que prefieren no exponerse públicamente durante su ingreso al país, lo que agrega un elemento político difícil de explicar para un funcionario que construyó buena parte de su imagen pública denunciando los privilegios de la dirigencia tradicional. En otras palabras: no solo hubo un vuelo privado costoso, sino también un operativo de discreción para evitar que el viaje trascendiera.


    El periodista amigo y la TV Pública libertaria

    Otro elemento que complejiza la escena es la presencia de Marcelo Grandio, conductor del programa “Giros en Línea Recta” en la TV Pública, quien acompañó a Adorni en el viaje de ida a Punta del Este.

    La relación entre ambos no es reciente. Antes de que Milei llegara a la Casa Rosada, Adorni y Grandio ya compartían espacios mediáticos y proyectos vinculados al universo libertario. Una vez que el economista asumió la presidencia y el exvocero comenzó a tener influencia sobre los medios públicos, el periodista terminó desembarcando en la programación del canal estatal con un ciclo propio, donde el propio Adorni fue entrevistado en varias oportunidades, en un clima que el funcionario llegó a describir como “el living de casa”.

    La escena resume con crudeza la lógica que empieza a instalarse en los medios públicos bajo el gobierno libertario: amigos políticos que pasan a ocupar espacios en la pantalla estatal mientras el discurso oficial insiste en la necesidad de achicar el Estado.


    “Es mi vida privada”: la respuesta que no responde

    Consultado por el episodio, Adorni optó por una respuesta que ya se volvió frecuente entre los funcionarios libertarios cuando surgen situaciones incómodas: sostuvo que se trata de un asunto de su “vida privada” y evitó dar explicaciones.

    El problema es que el argumento de la vida privada resulta difícil de sostener cuando se trata de un funcionario que ocupa un cargo central en el gobierno nacional y cuya agenda, relaciones y eventuales beneficios deben someterse a un estándar de transparencia pública mucho más exigente que el de cualquier ciudadano.

    Más aún cuando la figura de Adorni se construyó precisamente denunciando los supuestos privilegios de la “casta política”.


    La paradoja de los discursos libertarios

    El episodio también deja al descubierto otra contradicción que persigue al actual jefe de Gabinete: en años anteriores, el propio Adorni había criticado con dureza a los políticos que viajaban en vuelos privados o participaban de comitivas costosas, cuestionando la falta de gestos de austeridad de la dirigencia.

    La escena actual, sin embargo, parece reflejar lo contrario: un funcionario que construyó su carrera denunciando privilegios termina protagonizando una historia que recuerda demasiado a aquello que decía combatir.

    En definitiva, el llamado “anticasta” parece haberse transformado rápidamente en una nueva versión de la vieja política, donde el discurso público habla de sacrificios colectivos mientras algunos funcionarios disfrutan de escapadas en jets privados y regresos discretos por hangares VIP.

     

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    AHORA VIENE EL BALOTAJE

    YA PASARON LAS ELECCIONES El oficialismo y la oposición están encaminados en desplegar sus campaña para ver quien será el próximo presidente. Dentro del oficialismo están como desentonados. Da la impresión de que algunos se van quizá sin comprender la diferencia entre ejercer la función pública o la representación temporal al frente del principal de…

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  • ¿Por qué funciona el discurso anticomunista?

     

    En la campaña electoral de 2023, los gritos vehementes de Javier Milei denunciando el “zurdaje comunista” generaron incredulidad y hasta risas. ¿A quién le hablaba?, ¿a quién convocaba con ese discurso antiguo? pensamos muchos. Un asombro similar produjeron las declaraciones de Donald Trump, que en 2019 denunció el “Green New Deal” (la propuesta de un nuevo acuerdo ecologista) como “un Caballo de Troya para el socialismo en Estados Unidos”. Más lejano aun pudo parecer el lema “Comunismo o libertad” usado en la campaña electoral de 2021 por Isabel Díaz Ayuso, la actual Presidenta de la Comunidad de Madrid. Y desde luego, está el caso de Jair Bolsonaro, uno de los pioneros en reavivar la tradición anticomunista. Hasta hace poco tiempo, en su dispersión y heterogeneidad estas menciones podían parecer trasnochadas o anacrónicas, dada la desaparición del horizonte del comunismo soviético. Sin embargo, esos candidatos han llegado al poder. Entonces: ¿trasnochados ellos o ingenuos nosotros?

    Estos líderes forman parte de una lista más larga de quienes, con mayor o menor vehemencia, reclaman contra la conspiración comunista, socialista o colectivista que aqueja al mundo. De la ecología a las políticas de género, de los impuestos al cuidado humanitario de inmigrantes, o la educación sexual, hoy muchas de las causas y valores de la renovación de la cultura democrática de las últimas décadas han sido tachados de comunistas, como un avance totalitario y opresor. En el caso de los sectores ultraliberales, la educación y la salud públicas –y todas las políticas redistributivas o progresivas– son consideradas nuevas formas de comunismo. Así, la gran familia de las nuevas derechas parece estar viviendo otra vez la Guerra Fría, más cerca del delirio paranoide que de algún enfrentamiento real con opciones anticapitalistas.

    ¿Anacrónico?

    El primer dato a considerar es que el anticomunismo de estos líderes no es una novedad; tiene una larga historia de persecución política y pensamiento conspirativo que atraviesa todo el siglo XX de Occidente y que se remonta incluso a décadas anteriores a la Guerra Fría, al menos hasta la Revolución Rusa de 1917. Lo mismo sucede con la historia de estas derechas: la novedad que representan tiene profundas raíces en la historia del conservadurismo y el nacionalismo de cada país y a escala global (1). Por tanto, el anticomunismo es tan antiguo como la historia de las derechas que hoy tratamos de entender. Pero esto no significa que el fenómeno actual sea la mera continuidad de ese pasado o que pueda pensarse como la simple reverberación del fascismo de entreguerras. Hay en las derechas radicales una novedad indiscutible en la manera en que disputan sus intereses bajo el juego político de la democracia liberal, al mismo tiempo que la socavan por dentro, tal como han señalado agudos observadores (2). ¿Cuál es la novedad de su anticomunismo? ¿Por qué y para qué movilizar imaginarios en apariencia old fashioned, especialmente para las jóvenes generaciones a las que se dirigen?

    Se suele decir que el anticomunismo es un discurso anacrónico, en un mundo donde, desde la caída del Muro de Berlín (1989) y la disolución de la Unión Soviética (1991) el comunismo no existe más como opción política. Por esa razón, el componente antimarxista de las nuevas derechas suele ser relegado como un dato más de una retórica florida. Esta perspectiva tiende a descartar el problema, considerando como una mera estrategia discursiva al elemento ideológico que organizó buena parte del conflicto político del siglo XX. La dificultad reside en entender “comunismo” en términos geopolíticos literales, como si solo se refiriese al mundo soviético, a los partidos comunistas en Occidente o a la defensa de un modelo anticapitalista. Y tal vez ese no sea el ángulo más productivo para pensar el problema. La pregunta es, más bien, otra: ¿qué están diciendo cuando dicen “comunismo”, y qué potencial político tiene hoy volver a movilizar este término?

    Feminismo, género, diversidades sexuales, raciales o religiosas, educación sexual, cambio climático, migraciones, islamismo, redistribución del ingreso, protección de las minorías y de los sectores sociales más vulnerables… La lista de ideas, proyectos o sujetos tachados de “marxismo cultural” o “socialismo” –según las declinaciones de cada profeta– muestran, de una punta a la otra del mapa global, que “comunismo” designa hoy los valores del llamado mundo “progresista” de las últimas décadas (“woke”, en su versión despectiva). En otros términos, el anticomunismo es una declinación a la antigua del actual antiprogresismo, con la diferencia de que hoy la disputa se produce dentro del capitalismo y con variaciones muy relativas. Sin embargo, en esas variaciones relativas, que parecen marginales dentro del capitalismo, se juega la vida de millones de personas. Al apelar a la potencia simbólica del término “marxista” o “comunista”, los líderes de derecha buscan recuperar la fuerza mayor de ese combate en el Occidente liberal (de todas maneras, la evocación no es igual en todos, y de hecho algunos líderes, como Marine Le Pen o Giorgia Meloni, no recurren tanto a la batería discursiva anticomunista). En cualquier caso, todos defienden el mismo sentido antiprogresista que los vehementes antimarxistas Santiago Abascal o Javier Milei.

     

    Antiprogresismo

    El segundo dato clave –ya muy conocido– es que el antiprogresismo es hoy el centro de la batalla cultural de las nuevas derechas globales, que en cada país adquiere sus propios contornos –antiperonista y ultraliberal en Argentina, islamobófico y antimigratorio en Europa o Estados Unidos–. Esa guerra cultural de la “internacional reaccionaria” parte del supuesto de que la izquierda, a pesar de su fracaso en la construcción del socialismo, se impuso en el terreno cultural. La verdadera lucha debería apuntar, para las fuerzas conservadoras, a la hegemonía del progresismo que destruye la sociedad occidental con su pensamiento “políticamente correcto” (3). Por eso mismo, se presentan como la rebelión contra un sistema que suponen conquistado y dominado por el progresismo y la izquierda. Por muy anacrónico que parezca, el anticomunismo es coherente y está en el corazón del proyecto ideológico de las nuevas derechas.

    El anticomunismo propone respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social.

    Una mención aparte merece el combate contra el feminismo y la “ideología de género”, combate que va más allá de sus élites dirigentes. ¿Por qué el feminismo y la diversidad sexual están en el centro de la disputa y de la denuncia anticomunista sobre el “marxismo cultural”? En la actual configuración de las democracias liberales, pocas cosas –o casi ninguna– representan una amenaza real al orden social. Sin embargo, el feminismo, en su impugnación antipatriarcal (que incluye el cuestionamiento del orden heterosexual como norma), conserva un poder subversivo y antisistema que no tiene ningún otro factor del progresismo actual (independientemente de las corrientes dentro del feminismo). Así, estas derechas, que se proclaman antisistema, luchan en realidad por la preservación de un orden social blanco, masculino y colonial que sienten socavado. Tal como lo hacía el anticomunismo del pasado, que veía el orden occidental en peligro e imaginaba conspiraciones paranoicas de la Casa Blanca a la Casa Rosada, de los hippies a las guerrillas, de las minifaldas al peronismo. Es aquí, en la lucha por la preservación del sistema, donde la impugnación de “marxista” o “comunista” aplicada al feminismo encuentra todas sus resonancias pasadas.

    Si bien la batalla cultural antiprogresista unifica a las nuevas derechas radicales, sus diferencias no son menores, especialmente en cuestiones como la economía y el nacionalismo. Estas variaciones indican, también, que el florecimiento de fuerzas radicales de derecha debe ser explicado en función de procesos y tradiciones locales –y no meramente como una “ola global”–. Es aquí donde el anticomunismo de Milei adquiere su rasgo distintivo: no se trata de la impugnación de las agendas culturales del progresismo biempensante, sino de la destrucción de todo resabio de políticas orientadas a las grandes mayorías sociales entendidas como formas de estatismo y colectivismo. Se trata de la gestión desnuda en favor de los intereses del tecno-capitalismo concentrado internacional. Con ello, el neoliberalismo argentino –en la versión iracunda de Milei– retoma una larga tradición de nuestras derechas. Basta con evocar la última dictadura para constatar que las derechas fueron tan anticomunistas como neoliberales y autoritarias, y que su principal oponente fueron las políticas estatistas, keynesianas y redistributivas, en general asociadas al peronismo y al kirchnerismo. Desde luego, esto parece dejar a Milei lejos del proteccionismo de Trump, pero muy cerca de la defensa compartida del tecno-capitalismo. En todo caso, el anticomunismo neoliberal de Milei se alinea cómodamente con el de Bolsonaro o José Kast.

    Dentro de estas variaciones nacionales, algunos argumentos de orden geopolítico explican los tópicos anticomunistas de manera más concreta, sin los efectos anacrónicos que parecen tener en boca de líderes como Milei. El caso más claro es Trump y su batalla por la supervivencia del poder imperial estadounidense frente a China. Ello le permite, sin excesivos retorcimientos históricos, identificar su enemigo en el “comunismo oriental”. De la misma manera, su electorado de origen latino vota entusiasta la condena a la “troika de la tiranía”, tal como la llamó su Consejero de Seguridad Nacional en 2018, John Bolton, a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Por la misma razón estratégica pero en sentido inverso, en Hungría Viktor Orban dejó de lado su discurso anticomunista –que asociaba la Rusia de hoy con la Unión Soviética– para pasar a una cercanía más pragmática con Vladimir Putin.

    Significante vacío

    Volvamos a nuestras preguntas de partida: ¿por qué y para qué movilizar el imaginario anticomunista? Si, una vez más, dejamos de pensar el comunismo en términos literales, surge un último elemento clave: el potencial político-simbólico del discurso anticomunista en su larga historia. Con mayor o menor pregnancia según los países, “comunista” ha funcionado también como un potente significante vacío negativo, capaz de ser llenado con los más diversos contenidos y sujetos, como un otro absoluto, peligroso y amenazante. Tanto es así que Alice Weidel, la dirigente de la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD), puede permitirse decir que Adolf Hitler era un “comunista”.

    La noción de significante vacío es particularmente útil para entender el peso del anticomunismo en Argentina, donde –salvo algunos momentos– no ha habido fuerzas de izquierda importantes, a diferencia de países como Brasil o Chile, donde el comunismo evoca miedos históricos bien reales. En Argentina “comunista” es, entonces, un sentido a ser llenado, que sirve para polarizar y designar un otro peligroso que pone en riesgo “nuestro” orden social y moral, nuestra comunidad. Es, por ello, un enemigo absoluto que debe ser eliminado (4). En la historia argentina, la denuncia del “peligro rojo” ha servido para generar miedos sociales y justificar la persecución de trabajadores, partidos de izquierda, peronistas y antiperonistas, mujeres, jóvenes, gays o artistas “transgresores”, cuyas prácticas, ideas o deseos parecían hacer tambalear el orden occidental y cristiano. Movilizado con fines instrumentales o con auténtica convicción ideológica, “comunista” o “marxista” ha funcionado en boca de las derechas como designación automática de un culpable de todos los males. Así, el anticomunismo finalmente propone certezas y respuestas fáciles en un mundo atravesado por miedos, incertidumbres y sentimientos de disolución social y amenaza sobre la comunidad de pertenencia. Esta potencia simbólica es la que sigue funcionando en el apelativo “comunista” aplicado en el presente. Por eso mismo, la pandemia de Covid –epítome máximo de la disolución final por venir– fue también un momento de renacimiento del anticomunismo.

    Es entonces este gran poder performativo de la acusación de “comunista”, tan sedimentado históricamente en el mundo occidental, lo que permite que las nuevas derechas –herederas al fin y al cabo de largas tradiciones conservadoras– sigan utilizando el término para arremeter en su batalla cultural. Sin duda, la movilización antiprogresista ha logrado dar una nueva vida al “miedo rojo” para las generaciones desencantadas de nuestro tiempo.

    1. Para el caso argentino, véase: Sergio Morresi y Martín Vicente, “Rayos en un cielo encapotado: la nueva derecha como una constante irregular en Argentina”, en Pablo Semán (coord.), Está entre nosotros, Buenos Aires, Siglo XXI, 2023.
    2. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Barcelona, Ariel, 2018; Steven Forti, Democracias en extinción, Barcelona, Akal, 2024.
    3. Pablo Stefanoni, “Las mil mesetas de la reacción: mutaciones de las extremas derechas y guerras culturales del siglo XXI”, en J. A. Sanahuja y Pablo Stefanoni (eds.), Extremas derechas y democracia: perspectivas iberoamericanas, Madrid, Fundación Carolina, 2023.
    4. Ernesto Bohoslavsky y Marina Franco, Fantasmas rojos. El anticomunismo en la Argentina del siglo XX, UNSAM, 2024.

     

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