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Otro domingo de música para disfrutar en la plaza

La Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Regina invita a disfrutar de un nuevo encuentro de ‘Domingos de Plaza’.

A partir de las 20 horas en la Plaza de los Próceres se presentarán Foca, Ayelén Müller, Hora libre y Luz de luna.

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  • Trump confirma el acuerdo de paz con Irán y se abre el Estrecho de Ormuz

     

    Luego de casi cuatro meses de guerra, Donald Trump anunció la firma de un acuerdo de paz de Estados Unidos con Irán, que incluye la apertura del Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo para el transporte de petróleo y gas que producen las naciones del Golfo Pérsico.

    «El Acuerdo con la República Islámica de Irán está ahora completo. ¡Felicitaciones a todos! Por la presente, autorizo plenamente la apertura sin peajes del Estrecho de Ormuz, y, simultáneamente con esto, autorizo la eliminación inmediata del bloqueo naval de los Estados Unidos. Barcos del Mundo, enciendan sus motores. ¡Dejen fluir el petróleo!», postéo el líder republicano. 

    El acuerdo también fue confirmado por la televisión iraní que en tono desafiante afirmó que el líder supremo Mochtabá Jameneí dijo que «Estados Unidos no tuvo otra opción mas que aceptar la derrota» y agregó que Washington se comprometió a una inversión de 300 mil millones de dólares para la reconstrucción de Irán.

    Según publicó el sitio estadounidense Político, el entendimiento prevé una tregua de 60 días, el levantamiento gradual del bloqueo naval estadounidense sobre puertos iraníes y la reapertura del estrecho al tráfico comercial internacional. Se supone que en esos dos meses se discutirán los temas que no han sido resueltos como que pasará con el desarrollo nuclear iraní y el uranio enriquecido que aún posee y las sanciones económicas que enfrenta.

    EEUU negocia la liberación de fondos iraníes a cambio de limitar el programa nuclear 

    El acuerdo será formalizado en una ceremonia prevista para el 19 de junio en Suiza, con la presencia de Pakistán, que se lleva un gran triunfo internacional la haber sido el broker del acuerdo que se negoció en Islamabad. 

    E primer ministro de Pakistán, Shenbaz Sharif, confirmó en redes que «tras intensas conversaciones, nos complace anunciar que el Acuerdo de Paz entre los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán ha sido ALCANZADO. Ambas partes han declarado la terminación inmediata y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluida Líbano». 

    Esta última afirmación es relevante porque implica un triunfo de la diplomacia iraní que logró vincular la paz en el Golfo con el cese de hostilidades en el Libano, una decisión que Israel resiste y casó no pocos cruces entre Trump y Netanyahu.

    El Acuerdo con la República Islámica de Irán está ahora completo. ¡Felicitaciones a todos! Por la presente, autorizo plenamente la apertura sin peajes del Estrecho de Ormuz, y, simultáneamente con esto, autorizo la eliminación inmediata del bloqueo naval de los Estados Unidos. Barcos del Mundo, enciendan sus motores. ¡Dejen fluir el petróleo!

    El líder pakistaní afirmó que «la ceremonia oficial de firma será el viernes, 19 de junio, en Suiza. Nos gustaría agradecer a los Estados Unidos de América y a la República Islámica de Irán por su compromiso en encontrar una solución diplomática al conflicto. También nos gustaría extender nuestro sincero agradecimiento a nuestros hermanos en este esfuerzo de mediación, el gran liderazgo del Estado de Qatar, por su apoyo en alcanzar este acuerdo».

    «También agradecería especialmente al liderazgo visionario del Reino de Arabia Saudita y la República de Turquía por sus inmensas contribuciones en este sentido», agregó.

    El presidente de Pakistan, Shenbaz Sharif, durante las negociaciones en Islamabad.

    Si bien aún no trascendieron los detalles del acuerdo, Político publicó que Irán se comprometió a congelar cualquier avance adicional de su programa nuclear mientras duren las conversaciones, que tendrían un plazo inicial de 60 días. Una concesión menor frente a la posición inicial de Trump y Netanyahu que era la eliminación completa del programa nuclear y la entrega de los más de 400 kilos de uranio enriquecido de grado militar que sigue en manos de la Guardia Republicana.

    Como sea, la reapertura del estrecho de Ormuz provocó una inmediata caída de los precios internacionales del crudo y una suba de los mercados de futuro bursátiles, ante la expectativa de una normalización del suministro energético. 

    El acuerdo incluye conversaciones sobre el alivio de sanciones económicas a Irán. Estados Unidos podría liberar hasta 25.000 millones de dólares en activos iraníes congelados y flexibilizar algunas restricciones sobre las exportaciones de petróleo, aunque esos puntos aún deberán ser ratificados en la negociación final en Suiza,

    La ceremonia oficial de firma será el viernes, 19 de junio, en Suiza. Nos gustaría agradecer a los Estados Unidos de América y a la República Islámica de Irán por su compromiso en encontrar una solución diplomática al conflicto. También nos gustaría extender nuestro sincero agradecimiento a nuestros hermanos en este esfuerzo de mediación, el gran liderazgo del Estado de Qatar, por su apoyo en alcanzar este acuerdo

    Durante las últimas semanas existieron versiones contradictorias entre Washington y Teherán respecto del grado de avance de las conversaciones, especialmente sobre el control del Estrecho de Ormuz y las condiciones vinculadas al programa nuclear iraní. La negociación estuvo cerca de fracasar tras un reciente ataque israelí contra objetivos vinculados a Hezbollah en Beirut en El Líbano que generó la furia de Trump con Netanyahu.

    En ese sentido, uno de los interrogantes del acuerdo gira en torno a la reacción de Israel que rechaza el apartado anunciado por Pakistán sobre la guerra en El Libano y la retirada de las Fuerzas de Defensa de Israel de terrario libanés.

    El acuerdo también dejó en una posición de fuerza al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, que evitó alinearse con Estados Unidos y logró hacer valer su creciente peso internacional.

    El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan.

    «Subrayo con importancia que, en el proceso hasta el día en que se firmen las firmas, se debe evitar cualquier discurso, provocación y acción que eleve la tensión, y se debe ser cuidadoso contra posibles sabotajes. Agradezco a Pakistán por sus excepcionales esfuerzos de mediación, especialmente a los liderazgos de Estados Unidos e Irán, en la obtención de este resultado. Además, quiero expresar que recibo con aprecio el apoyo proporcionado por Catar y Arabia Saudita a las iniciativas diplomáticas», agregó.

    «Como Turquía, continuaremos apoyando todos los esfuerzos dirigidos a establecer la paz, la estabilidad y la tranquilidad en nuestra región, y contribuyendo a soluciones permanentes sobre la base de la diplomacia y el derecho internacional», cerró.

    Subrayo con importancia que, en el proceso hasta el día en que se firmen las firmas, se debe evitar cualquier discurso, provocación y acción que eleve la tensión, y se debe ser cuidadoso contra posibles sabotajes. 

    De concretarse la firma prevista para esta semana, el acuerdo podría poner fin a más de tres meses de conflicto abierto entre Estados Unidos e Irán y reconfigurar el equilibrio político y energético en Medio Oriente. Sin embargo, el éxito del proceso dependerá de las negociaciones posteriores sobre el programa nuclear iraní y del cumplimiento efectivo de los compromisos asumidos por ambas partes.

    Pero los mercados financieros estadounidenses ya se preparan para iniciar la semana con subas. Los futuros de los principales índices bursátiles como Dow Jones, del S&P 500 y del Nasdaq mostraban una tendencia positiva.

    El optimismo de los inversores está vinculado principalmente a la caída del precio del petróleo. La perspectiva de que el Estrecho de Ormuz vuelva a operar con normalidad redujo los temores sobre interrupciones en el suministro mundial de energía, provocando una fuerte baja del crudo y mejorando el apetito por activos de riesgo. 

    Es por eso que el acuerdo es clave para Trump frente a las elecciones legislativas de noviembre en Estados Unidos. Desde el inicio de la guerra, la economía norteamericana registró el índice de inflación más alto de los últimos tres años y sufrió una caída del empleo, dos variables determinantes para la suerte electoral del gobierno.

     

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  • Ucrania: una paz que avanza a la fuerza

     

    En menos de 72 horas, la relación transatlántica cambió de naturaleza y todo parece indicar que los ucranianos han perdido la guerra. El 12 de febrero de 2025, el flamante secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dio inicio a las negociaciones de paz en Ucrania. Ya desde un comienzo cedió ante las dos principales exigencias de Moscú: la no adhesión de Kiev a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la ratificación de las “nuevas realidades territoriales”, es decir, la anexión de cuatro regiones ucranianas a Rusia, así como también de Crimea. Al día siguiente, tras una larga conversación telefónica con Vladimir Putin, el presidente Donald Trump anunció su intención de reunirse con su par ruso en Arabia Saudita –sin los ucranianos ni los europeos– y expresó su deseo de que pronto se organicen elecciones en Ucrania. Finalmente, el 14 de febrero, en un discurso pronunciado en una conferencia en Munich, el vicepresidente estadounidense, más que abordar la cuestión ucraniana, reprochó a los dirigentes europeos el hecho de que deshonraran las aspiraciones de sus propios pueblos restringiendo la libertad de expresión en las redes sociales o anulando las elecciones en Rumania por supuestas injerencias rusas (1).

    Semanas antes, Trump había lanzado una ofensiva comercial al aumentar los aranceles a las importaciones de Canadá, México y la Unión Europea, y también había expresado sus intenciones anexionistas sobre Groenlandia (2). Sin embargo, de ahora en adelante, ya no se trata tan sólo de manipular a sus “aliados” para que compren más armas o para equilibrar la balanza comercial. Al declarar que Estados Unidos no les concedería garantías de seguridad ni a Ucrania ni a las tropas europeas que pudieran desplegarse para hacer cumplir un eventual alto el fuego, Trump inevitablemente sembró dudas sobre la solidaridad estadounidense en caso de un ataque al territorio de un miembro de la OTAN. Sin su contrapartida de seguridad, el vínculo transatlántico se parecería más bien a una completa relación de dependencia.

    No obstante, desde 2022, Estados Unidos ha “invertido” un promedio de 35.300 millones de dólares por año en Ucrania (3). Mucho más que los 3.000 a 5.000 millones de dólares que Washington destinó cada año a Israel antes del ataque del 7 de octubre de 2023 y el equivalente a casi la mitad de los gastos militares anuales para Afganistán entre 2001 y 2019 –un esfuerzo para financiar una ocupación militar y operaciones directas–. El nivel de apoyo a Ucrania se sitúa, por lo tanto, en algún punto intermedio entre la ayuda brindada a un aliado histórico en Medio Oriente y el compromiso de una intervención directa en el campo de batalla en su propio nombre. Pero a Trump poco le importa todo eso: la guerra en Ucrania no es la de Estados Unidos, sino la de su antiguo rival Joseph Biden…

    Errores de cálculo

    Evidentemente, la magnitud de la ayuda occidental llevó a Kiev a cometer un error y la alentó a rechazar la negociación. En la primavera boreal de 2022, incluso antes de que Occidente le proporcionara su apoyo militar, la resistencia ucraniana podía enorgullecerse de haber frustrado la operación de cambio de régimen fomentada por el Kremlin y de haber minimizado las pérdidas territoriales. Después de cuatro semanas de combates, los beligerantes estaban cerca de llegar a un acuerdo. En Estambul, Kiev aceptó un estatus de neutralidad –es decir, renunció a adherirse a la Alianza Atlántica– y confirmó su intención de no dotarse de armas nucleares. A cambio, buscaba conseguir la retirada voluntaria de Moscú de los territorios que había ocupado desde el 24 de febrero. Sin embargo, Kiev necesitaba garantía de seguridad por parte de los líderes occidentales, quienes se la negaron. Boris Johnson se convirtió en el portavoz de la posición occidental durante una visita a la calle Bankova, sede de la Presidencia ucraniana. El Primer Ministro británico afirmó que nunca firmaría un acuerdo con Putin. Por eso, lo que ofrecían no eran garantías, sino armas (4).

    Europa deberá pagar la reconstrucción de Ucrania y, al mismo tiempo, afrontar los costos de su seguridad.

    Por un tiempo fue posible creer que dicha apuesta resultaría exitosa. Tras una primera contraofensiva, en noviembre de 2022, Kiev recuperó la ciudad de Jersón, ubicada en la orilla derecha del río Dnieper. Se desató la euforia. La palabra “negociaciones” se volvió tabú. No alinearse con los objetivos ucranianos –es decir, recuperar por la fuerza las fronteras de 1991– equivalía a firmar un pacto con el diablo. Los grandes medios de comunicación occidentales respaldaron el decreto ucraniano de octubre de 2022 que prohibía las negociaciones con Putin, a quien buscaban llevar ante la justicia internacional por crímenes de guerra (5).

    Sin embargo, la segunda contraofensiva ucraniana de junio de 2023 resultó en una derrota. En los medios de prensa, los estadounidenses expresaron su descontento: Kiev habría escatimado demasiado sus hombres para privilegiar ataques tácticos dispersos a lo largo del frente en lugar de enviar soldados en masa a los campos de minas rusos con la esperanza de traspasar las defensas del adversario y cortar el puente terrestre entre Rusia y Crimea (6). Bajo la presión de Washington, Kiev redujo la edad de reclutamiento de 27 a 25 años en abril de 2024, pero en diciembre se negó a bajarla a los 18 años. Así, la apuesta hecha en base a las exhortaciones occidentales fracasó trágicamente. Tanto el costo humano –cientos de miles de muertos y heridos– como los sacrificios exigidos a la sociedad fueron en vano (7).

    Como lógica consecuencia, durante el mismo período, Rusia experimentó una suerte inversa. El inicio de su “operación militar especial” resultó un fiasco. Los servicios de inteligencia rusos sobrestimaron los apoyos con los que contarían tanto por parte de la población como dentro de las élites ucranianas. El Ejército se estancó en los barrios periféricos de la capital ucraniana y fracasó en su intento de tomar el control del país. El Kremlin decidió entonces concentrar su dispositivo militar en el Donbass y Crimea. Concebida inicialmente como una expedición relámpago, la guerra fue cambiando de escala y de naturaleza. La movilización forzada decretada en septiembre de 2022 provocó una ola de protestas y exilios.

    Atrapada en su propia guerra, Rusia agravó su situación en materia de seguridad. Su “operación militar especial” tenía como objetivo, por un lado, prevenir que Ucrania se rearmara –antes de que Kiev recuperara por la fuerza las regiones separatistas prorrusas– y, por otro lado, poner un freno a la expansión de la OTAN hacia el Este. No obstante, unos meses después del inicio del conflicto, Rusia enardeció el patriotismo de un adversario que recibía un flujo continuo de armas y que contaba con el respaldo de una Alianza Atlántica reforzada con dos nuevos miembros: Suecia y Finlandia, que limitan con la zona ártica, estratégica para Moscú. Los dirigentes europeos reforzaron los batallones enviados al flanco oriental de la alianza, incluida Francia, que hasta entonces se oponía a una presencia permanente. La fuerza de reacción rápida de la OTAN cuadruplicó su número de efectivos; también continuó la construcción de la nueva base antimisiles estadounidense en Polonia, en donde los norteamericanos elevaron su presencia militar a 10.000 soldados. Lejos de calmarse, en Rusia las preocupaciones respecto de la seguridad se intensificaron por no haber previsto la fuerza y la unidad de la reacción occidental. Empero, al apostar por la consolidación de sus defensas detrás del Dnieper, Rusia logró estabilizar el frente. Los avances territoriales, como la toma de Bajmut en mayo de 2023, se consiguieron a costa del sacrificio de numerosas tropas, en un país ya golpeado por su crisis demográfica.

    El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada.

    Si bien Rusia mostró debilidades militares, la resiliencia de su economía resultó sorprendente. El Banco Central había acumulado suficientes reservas para asumir una confrontación financiera con Occidente. Logró sostener eficazmente el rublo y salvar su sistema bancario a pesar del congelamiento de sus activos en Europa y Estados Unidos. En cuanto a las sanciones energéticas, terminaron volviéndose en contra de los propios impulsores europeos: el aumento de los precios del gas compensó la pérdida de los volúmenes enviados al Viejo Continente, dando tiempo a Rusia para reorientar sus exportaciones de hidrocarburos hacia Asia (8). El fracaso de la estrategia de aislamiento se volvió evidente porque, si bien Moscú se vio obligada a recurrir a “Estados parias”, como Corea del Norte o Irán, para obtener armas o soldados, la realidad es que no le faltaron socios económicos interesados en sus descuentos energéticos. Los países que forman el núcleo del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) vieron con preocupación la ofensiva punitiva financiera de Washington contra uno de sus miembros y profundizaron de forma preventiva su cooperación para reducir el uso del dólar en sus intercambios. En 2024, BRICS acogió a cinco miembros nuevos, entre los que destacan los Emiratos Árabes Unidos, un actor clave en las nuevas rutas del petróleo ruso (véase el artículo de págs. 12-14).

    ¿Acercamiento al hermano menor?

    Al elegir negociar cara a cara con Moscú, Trump le ofrece una vía de escape al Kremlin. El Presidente estadounidense parece elevar a Rusia al rango de nueva aliada. Las concesiones, por ahora sólo verbales, resultan vertiginosas: reanudación de las negociaciones sobre el desarme, promesa de reincorporación al G7 y, a largo plazo, levantamiento de las sanciones. Aunque el Presidente estadounidense trate de morigerar estas promesas en las próximas semanas, la solidaridad transatlántica parece estar ya profundamente deteriorada.

    Estas declaraciones podrían cerrar la era geopolítica que comenzó en 1949. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos creó la Alianza Atlántica para imponer su influencia a la mitad de Europa, mientras que la otra mitad se alineaba primero con el bloque soviético y luego se unía al Pacto de Varsovia en 1955. Sin embargo, a fines de la década de 1980, el último líder soviético, Mijail Gorbachov, al frente de un país agotado por la carrera armamentista, se comprometió con una serie de concesiones unilaterales y desordenadas: aceptó la reunificación de Alemania y su adhesión a la OTAN sin obtener garantías escritas sobre la no expansión de la alianza occidental en Europa del Este. De este modo, el antiguo instrumento de seguridad sobrevivió a la Guerra Fría, y la Unión Europea, al expandirse, permaneció firmemente vinculada a Washington. Aunque en 1989 y 1990 se llegó a considerar por un momento la posibilidad de implementar un nuevo sistema de seguridad, no surgió ninguno alternativo tras la disolución de la URSS en 1991. Si bien el conflicto ruso-ucraniano tiene en parte su origen en esta oportunidad perdida, su resolución negociada está provocando una reconciliación ruso-estadounidense a espaldas de Europa.

    En Munich, el vicepresidente James David Vance incluso señaló una nueva dirección estratégica de Estados Unidos: “A Putin no le interesa ser el hermano menor en una coalición con China” (9). ¿Se trata del regreso a la estrategia de triangulación que había puesto en marcha el presidente estadounidense Richard Nixon en 1971 al acercarse al “hermano menor” (en ese entonces, China) para aislar mejor al enemigo principal (la URSS)? Si este es el “plan”, Trump tendrá dificultades para romper el eje Rusia-China. Pekín, si bien se molestó por el hecho consumado de la invasión rusa y le ha reprochado a Moscú su abuso de la amenaza nuclear, no le ha retirado su apoyo. China suministra de manera discreta tecnologías necesarias para el complejo militar-industrial ruso, al mismo tiempo que profundiza su cooperación militar con Moscú. Aunque desequilibrada, esta relación se basa en una fuerte frustración compartida respecto de un orden internacional dominado por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría.

    ¿Y Europa?… Europa se encuentra en la peor situación posible: ya debilitada por la crisis energética que ella misma provocó al renunciar –a petición de Washington– al gas ruso barato y pronto golpeada también por la guerra comercial decretada por la Casa Blanca, ahora se ve obligada a gestionar en soledad las consecuencias del revés occidental en Ucrania. Mientras la confrontación con Rusia alcanza un nivel incandescente y sus arsenales se han vaciado en favor de Kiev, Europa se prepara para aumentar de forma urgente su gasto militar, lo que implica comprar armamento estadounidense. Washington le exigía un “reparto de la carga” de la financiación de la alianza. Ahora la carga es doble: pagar la reconstrucción de Ucrania (que, a esta altura, Rusia deja de buena gana en manos de la Unión Europea) y, al mismo tiempo, asumir su propia seguridad. El gasto parece simplemente inasumible para los presupuestos europeos y augura nuevas divisiones.

    1. Benoît Bréville, “Liquidación electoral”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, enero de 2025.
    2. Philippe Descamps, “Affoler la meute”, Le Monde diplomatique, París, febrero de 2025.
    3. “Ukraine support tracker”, Kiel Institute for the World, 2024.
    4. Samuel Charap y Sergueï Radchenko, “¿Podría haber terminado la guerra en Ucrania?”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, julio de 2024. Volodimir Zelensky se esfuerza en negar el papel que habría desempeñado así Johnson; véase también Shaun Walker, “Zelensky rejects claim Boris Johnson talked him out of 2022 peace deal”, The Guardian, Londres, 12 de febrero de 2025.
    5. Véase, por ejemplo, “Soutenir l’Ukraine pour assurer la paix”, Le Monde diplomatique, 10 de enero de 2023.
    6. Alex Horton y John Hudson, “US intelligence says Ukraine will fail to meet offensive’s key goal”, The Washington Post, 17 de agosto de 2023.
    7. Hélène Richard, “Ucrania, una sociedad dividida por la guerra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2023.
    8. Hélène Richard, “Sanciones de doble filo”, Le Monde diplomatique, noviembre de 2022.
    9. Bojan Pancevski y Alexander Ward, “Vance wields threat of sanctions, military action to push Putin into Ukraine deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 14 de febrero de 2025.

     

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