El Intendente Marcelo Orazi firmó esta mañana el convenio con el Ministerio de Educación y Derechos Humanos de Río Negro para la provisión de insumos para los establecimientos escolares que se encuentran dentro de la jurisdicción local. El monto es de más de $7 millones.
El acto se desarrolló en Cipolletti y contó con la presencia de la Gobernadora Arabela Carreras, la Ministra de Educación Mercedes Jara Tracchia, el Ministro de Gobierno Rodrigo Buteler, entre otras autoridades provinciales.
Villa Regina fue uno de los siete municipios en rubricar este convenio con la cartera educativa provincial junto a Cipolletti, Chichinales, Godoy, Huergo, Cervantes y Allen.
A 176 años de su muerte, la historia de José de San Martín también puede leerse como la de un hombre que eligió el exilio antes que convertirse en protagonista de las guerras políticas argentinas.
Por Alcides Blanco para NLI
Cada 17 de agosto, la Argentina recuerda a José de San Martín como el Libertador, el Padre de la Patria, el hombre que cruzó los Andes y condujo campañas decisivas para la independencia de Argentina, Chile y Perú. Las escuelas repiten su nombre, los granaderos custodian su mausoleo y las plazas se llenan de actos conmemorativos. Sin embargo, existe una parte de su historia que suele quedar comprimida detrás de la estatua ecuestre y de la épica militar: San Martín pasó los últimos casi treinta años de su vida fuera de América y murió en Francia, lejos de la Argentina que había contribuido decisivamente a liberar. No fue una casualidad geográfica ni simplemente el resultado de una enfermedad o de una vejez tranquila. Su alejamiento estuvo profundamente relacionado con la convulsión política que encontró al regresar de su campaña libertadora y con su decisión de no convertirse en un jefe militar de ninguna de las facciones que se disputaban el poder.
Mañana, 17 de agosto de 2026, se cumplen 176 años de su muerte, ocurrida en 1850 en Boulogne-sur-Mer. San Martín tenía 72 años. Había nacido en Yapeyú en 1778, había desarrollado buena parte de su carrera militar en España, regresado al Río de la Plata en 1812 y construido en apenas una década una de las trayectorias militares más extraordinarias de la historia americana. Pero cuando terminó su etapa pública en América, no buscó quedarse con el poder que había contribuido a construir. Esa decisión, que hoy puede parecer natural porque forma parte de la imagen idealizada del prócer, fue en realidad una elección política extraordinariamente significativa para una época en la que los vencedores de las guerras de independencia solían convertirse en árbitros del nuevo poder.
El problema que encontró al regresar
San Martín no volvió a una patria unificada y tranquila. Volvió a una región atravesada por enfrentamientos políticos, disputas entre Buenos Aires y las provincias, conflictos entre unitarios y federales y una creciente militarización de la vida pública. Después de la campaña de los Andes, la independencia de Chile y la expedición al Perú, el general había alcanzado una autoridad enorme, pero también comprendía que la guerra contra España y las guerras civiles americanas eran problemas diferentes. Su objetivo había sido la independencia; no estaba dispuesto a utilizar el ejército libertador como instrumento de una facción argentina contra otra.
Ese punto es fundamental para comprender su salida de América. La documentación sanmartiniana conserva una definición particularmente clara de su conducta política. En una carta de 1848, al reconstruir su trayectoria, San Martín explicó que durante su carrera pública había procurado no mezclarse con los partidos que alternativamente dominaron Buenos Aires y que había mantenido como principio considerar a los Estados americanos en los que había intervenido como naciones hermanas comprometidas con una misma causa.
No era una posición ingenua. San Martín sabía perfectamente qué significaba el poder militar. Había visto de cerca las guerras napoleónicas, había combatido en Europa y después había utilizado el ejército como herramienta para modificar el equilibrio político de América. Precisamente por eso conocía el peligro de convertir la fuerza armada en el mecanismo mediante el cual una facción interna podía imponerse sobre otra.
Su negativa a intervenir en las guerras civiles argentinas terminó siendo una de las decisiones más importantes de su vida política.
Y también una de las que más condicionaron su futuro.
Cuando decidió abandonar definitivamente el escenario americano, no se estaba retirando de una revolución que había fracasado. Se estaba apartando de una política que consideraba incompatible con la causa por la que había luchado.
De héroe continental a exiliado europeo
Después de su encuentro con Simón Bolívar en Guayaquil, en 1822, San Martín dejó el escenario peruano. Poco después regresó a Europa acompañado por su hija Mercedes. El contraste entre la dimensión de su obra y las condiciones de su vida posterior es notable: quien había comandado ejércitos enteros terminó llevando durante décadas una existencia relativamente discreta, atravesada por problemas económicos, enfermedades, viajes y preocupaciones familiares.
En 1829 intentó regresar nuevamente al Río de la Plata. Desembarcó en Montevideo, pero finalmente decidió no instalarse en Buenos Aires. La situación política lo desalentó y volvió a Europa. El Instituto Nacional Sanmartiniano registra aquel episodio como uno de los momentos decisivos de su alejamiento definitivo de la vida pública americana.
Ese exilio voluntario suele presentarse como una especie de retiro romántico de un héroe cansado. La realidad fue bastante más compleja. San Martín continuó siguiendo con atención los acontecimientos americanos, mantuvo correspondencia con dirigentes políticos y militares y expresó opiniones sobre cuestiones vinculadas con la soberanía y la situación internacional. No dejó de interesarse por la Argentina porque hubiera dejado de ser argentino; dejó de participar directamente porque había decidido no convertirse en un actor de las disputas internas.
Su relación epistolar con Juan Manuel de Rosas resulta especialmente reveladora. San Martín le escribió en 1846 para felicitarlo por la defensa frente a la intervención anglo-francesa durante la Vuelta de Obligado y volvió a comunicarse con él en los años siguientes. El Instituto Nacional Sanmartiniano conserva esa correspondencia y registra su preocupación por la defensa de la soberanía frente a las potencias extranjeras.
El dato permite escapar de una simplificación frecuente: el San Martín del exilio no era un hombre desconectado de la política argentina. Estaba lejos del poder, pero seguía leyendo, escribiendo, opinando y observando lo que ocurría en el continente.
La diferencia era que ya no quería ocupar el centro de la escena.
Una vida en Francia mientras la Argentina se construía
San Martín pasó sus últimos años en Francia. Vivió primero en Grand-Bourg, cerca de París, donde adquirió una casa en 1834, y posteriormente se trasladó a Boulogne-sur-Mer. Allí su salud se deterioró progresivamente. Padecía problemas de visión y distintas enfermedades propias de su edad, aunque quienes lo conocieron durante esos años destacaron que conservó una notable lucidez intelectual.
La Francia en la que vivió sus últimos años tampoco era un escenario tranquilo. La Revolución de 1848 había derribado la monarquía de Luis Felipe y dado lugar a la Segunda República. La agitación política llevó a San Martín a abandonar París y trasladarse a Boulogne-sur-Mer en 1848. Allí alquiló una vivienda perteneciente a Adolphe Gérard, abogado y bibliotecario de la ciudad, con quien mantuvo una relación cercana durante sus últimos años.
Hay algo profundamente simbólico en esa última etapa. Mientras en América comenzaban a consolidarse los Estados surgidos de las guerras de independencia, el hombre que había contribuido decisivamente a poner en marcha ese proceso observaba desde Europa cómo aquellas nuevas repúblicas atravesaban sus propias disputas, guerras y transformaciones.
San Martín había conseguido algo que parecía imposible: había ayudado a derrotar al poder colonial español en una parte enorme de Sudamérica. Pero no pudo controlar lo que vino después. Y probablemente tampoco quiso hacerlo.
Su proyecto no consistía en convertirse en el dueño político de las naciones que había ayudado a liberar.
La muerte de un hombre que ya pertenecía a la historia
El 17 de agosto de 1850, alrededor de las tres de la tarde, José de San Martín murió en su residencia de Boulogne-sur-Mer. Estaban junto a él su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce, sus nietas y otras personas cercanas. Félix Frías, que viajó desde París al conocer la gravedad de su estado, llegó cuando el Libertador ya había fallecido y posteriormente dejó una crónica de sus últimos momentos.
La frase que se le atribuye durante sus últimos días —“es la tormenta que conduce al puerto”— quedó incorporada a la tradición sanmartiniana. Más allá de la belleza literaria de la expresión, lo que resulta verdaderamente significativo es que San Martín murió sin regresar a la Argentina.
Sus restos tampoco volvieron inmediatamente.
Permanecieron en Francia durante tres décadas, hasta que en 1880 fueron trasladados a Buenos Aires a bordo del vapor ARA Villarino. Desde entonces descansan en el mausoleo construido dentro de la Catedral Metropolitana, donde una guardia de granaderos custodia permanentemente sus restos.
La paradoja histórica es enorme. El hombre que había cruzado los Andes para liberar territorios que se encontraban a miles de kilómetros de su lugar de nacimiento terminó muriendo en una pequeña ciudad francesa y recién tres décadas después regresó físicamente a la tierra por la que había combatido.
Pero quizás exista una lectura todavía más profunda.
San Martín construyó buena parte de su prestigio precisamente renunciando al poder que podría haber obtenido. Después de sus victorias militares pudo haber intentado convertirse en un caudillo armado, intervenir en las guerras civiles o utilizar su autoridad para imponerse sobre los gobiernos existentes. Eligió otro camino. Esa decisión no eliminó sus diferencias políticas ni lo convirtió en un personaje neutral; simplemente estableció un límite que consideró fundamental: el ejército de la independencia no debía transformarse en una herramienta para decidir las luchas internas.
Esa conducta explica buena parte de la enorme dimensión simbólica que adquirió después de su muerte.
No fue solamente el general que ganó batallas.
Fue también el hombre que supo retirarse cuando continuar en el poder podía significar traicionar aquello por lo que había luchado.
La historia argentina posterior estuvo llena de hombres que hicieron exactamente lo contrario: militares que se transformaron en árbitros políticos, dirigentes que utilizaron ejércitos para imponer proyectos internos y gobiernos que confundieron la fuerza del Estado con la voluntad de una facción. Frente a esa tradición, la trayectoria de San Martín adquiere una dimensión que va mucho más allá del bronce.
Por eso cada 17 de agosto no alcanza con recordar el Cruce de los Andes, Chacabuco o Maipú. También habría que recordar la decisión silenciosa de un hombre que, después de haber ganado una guerra, eligió no quedarse con el poder.
San Martín murió lejos de la Argentina.
Pero quizás justamente por eso terminó perteneciendo a toda ella.
Porque su legado no quedó asociado a un gobierno determinado, a una provincia, a un partido ni a una facción. Quedó ligado a una idea mucho más grande: que la independencia no consiste solamente en expulsar a un poder extranjero, sino también en comprender que la libertad política pierde sentido cuando quienes dicen defenderla terminan utilizando el poder para someter a sus propios compatriotas.
Mañana, cuando vuelvan a sonar las marchas y los granaderos rindan homenaje frente a su mausoleo, habrá una parte de su historia que permanecerá tan importante como la épica de las batallas: San Martín fue uno de los pocos grandes protagonistas de la independencia americana que entendió que también había que saber cuándo apartarse.
Y esa decisión, tomada hace dos siglos, sigue siendo una de las páginas más incómodas y más actuales de su legado.
Informamos a la comunidad las intervenciones ocurridas durante el día Viernes 14 de Febrero. 11:10 hs Se recibe llamado telefónico informando de un principio de incendio de pastizales en Chacra de Fedalto. Hacia el lugar se dirigieron dos dotaciones de bomberos con 6 voluntarios en el Móvil N° 15 Unidad Forestal de Ataque Rápido y Móvil N° 8 Unidad Cisterna. 15:15…
La escalada que registraron el oro y la plata en los mercados internacionales durante el último año comenzó a reflejarse con fuerza en las cuentas externas argentinas. Si bien ambos metales corrigieron desde los máximos alcanzados entre enero y marzo, continúan cotizando en niveles históricamente elevados respecto del año pasado, lo que disparó el valor de las exportaciones mineras aun cuando la producción y los volúmenes embarcados no crecieron al mismo ritmo.
El efecto ya se observa en la balanza comercial minera. Durante el primer semestre, los principales proyectos del sector acumularon un superávit de USD 4.265 millones, un 84,8% más que en el mismo período de 2025 y una cifra que prácticamente equivale al saldo positivo obtenido durante todo el año pasado. Se trata del mejor desempeño para un primer semestre en décadas y consolida a la minería como una fuente cada vez más importante de ingreso de divisas.
El buen resultado responde principalmente a la mejora de los precios internacionales. El oro llegó a superar los USD 5.300 por onza durante marzo y, aunque actualmente ronda los USD 4.000, continúa muy por encima del promedio registrado durante 2025 que fue de USD 2.801. La plata recorrió un camino similar: tras alcanzar valores cercanos a los USD 115 por onza, hoy cotiza alrededor de USD 60, lejos de los máximos pero todavía en niveles elevados en términos históricos.
Ese comportamiento explica por qué las exportaciones crecieron incluso sin un aumento de las cantidades comercializadas. De acuerdo con la Dirección Nacional de Promoción y Economía Minera, las ventas externas de oro alcanzaron USD 2.905 millones durante el primer semestre, un incremento interanual del 51,2%. Sin embargo, los volúmenes exportados cayeron 25,5% en el mismo período. En otras palabras, Argentina vendió menos oro al exterior, pero obtuvo muchos más dólares gracias al fuerte aumento de la cotización internacional.
En el caso de la plata, el fenómeno fue similar. Las exportaciones semestrales ascendieron a USD 562 millones, con un crecimiento interanual del 87,9%. Allí la mejora respondió tanto al nuevo escenario de precios como a una mayor estabilidad de los volúmenes exportados, aunque el factor determinante siguió siendo la valorización del metal.
Los datos de junio muestran además la elevada capacidad del sector para generar divisas netas. Los principales proyectos mineros exportaron USD 713 millones e importaron apenas USD 65 millones. Esto significa que por cada cien dólares vendidos al exterior sólo fueron necesarios nueve dólares en importaciones de insumos y equipos, una relación muy superior a la que presentan otros complejos exportadores.
El contexto resulta especialmente favorable para el Gobierno porque coincide con el período en que comienza a disminuir el ingreso de divisas provenientes del complejo agroexportador. Finalizada la cosecha gruesa, la oferta de dólares del campo pierde intensidad durante el segundo semestre. En ese escenario, el mayor aporte de la minería ayuda a sostener el superávit comercial y contribuye a aliviar una de las principales restricciones de la economía argentina: la disponibilidad de divisas.
El fenómeno no es homogéneo dentro de la minería. Un informe de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) señala que mientras el litio combina un aumento de la producción con una recuperación de los precios internacionales, en el caso del oro y la plata ocurre lo contrario: el menor volumen producido viene siendo compensado por el fuerte incremento de las cotizaciones. De esa manera, el crecimiento de las exportaciones de los metales preciosos responde principalmente al efecto precio y no a una expansión de las cantidades exportadas.
Esa dinámica explica por qué la minería gana cada vez más peso en el comercio exterior argentino. Según las proyecciones de CAEM, las exportaciones del sector podrían superar los USD 9.000 millones en 2026, con un crecimiento superior al 50% respecto del año anterior. De cumplirse ese escenario, la minería pasaría de representar alrededor del 7% a más del 10% de las exportaciones nacionales, consolidándose como un componente cada vez más relevante de la balanza comercial.
Para Amílcar Collante, de Profit Consultores, el actual contexto internacional se convirtió en un aliado para la estrategia cambiaria del Gobierno. Explicó que las tres principales exportaciones mineras de la Argentina -oro, plata y litio- registraron fuertes aumentos de precios en el último año, del 26%, 38% y 160%, respectivamente, un escenario que fortalece el ingreso de divisas y favorece la política oficial de acumulación de reservas.
El economista recordó que a comienzos de año las proyecciones del sector apuntaban a superar los USD 10.000 millones en exportaciones mineras durante 2026. Sin embargo, la corrección que experimentaron las cotizaciones del oro y la plata en los últimos meses llevó a revisar esas estimaciones y hoy el escenario más probable ubica las ventas externas cerca de los USD 9.000 millones. «El resultado final dependerá de cómo evolucionen los precios de acá a fin de año», sostuvo.
En ese sentido, Collante explicó que la evolución de las cotizaciones estará estrechamente vinculada con la política monetaria de Estados Unidos y el comportamiento de los bancos centrales. Según señaló, cada vez que aumenta la incertidumbre en los mercados, los inversores suelen refugiarse en el oro, mientras que la demanda también se mantiene sostenida por las compras que realizan China y otros países para fortalecer sus reservas internacionales al mismo tiempo que reducen su exposición a los bonos del Tesoro estadounidense.
En el marco de su cronograma de formación, la semana próxima la Secretaría de Deporte, llevará adelante tres capacitaciones vinculadas a diferentes temáticas deportivas de manera libre y gratuita. Las actividades comenzarán el miércoles 30 a las 18 con el curso de autogestión y charla de introducción “Iniciación Deportiva: de la Conceptualización General a las…
Como parte de las acciones tendientes a la prevención y detección temprana de casos de COVID-19, a partir de esta semana comenzaron a realizarse en el Complejo Fitosanitario Aduanero los tests de PCR solicitados en frontera a los transportistas rionegrinos. También podrán realizarlo los choferes que tengan como destino otras provincias. El Intendente Marcelo Orazi…
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