El Intendente Marcelo Orazi firmó esta mañana el convenio con el Ministerio de Educación y Derechos Humanos de Río Negro para la provisión de insumos para los establecimientos escolares que se encuentran dentro de la jurisdicción local. El monto es de más de $7 millones.
El acto se desarrolló en Cipolletti y contó con la presencia de la Gobernadora Arabela Carreras, la Ministra de Educación Mercedes Jara Tracchia, el Ministro de Gobierno Rodrigo Buteler, entre otras autoridades provinciales.
Villa Regina fue uno de los siete municipios en rubricar este convenio con la cartera educativa provincial junto a Cipolletti, Chichinales, Godoy, Huergo, Cervantes y Allen.
La Dirección de Turismo de la Municipalidad de Villa Regina se prepara para vivir un fin de semana con muchas actividades e invita a los vecinos a sumarse a las diferentes propuestas. El sábado 17 a las 14 horas ‘Tardes Dulces’ en la Oficina de Turismo con la participación de la emprendedora Cassia Repostería. A…
La decisión del Gobierno de avanzar sobre la regulación del mercado editorial abrió una discusión que excede el precio de los libros. Editoriales, librerías y escritores advierten que detrás de la promesa de mayor competencia puede producirse una concentración del mercado que termine afectando la diversidad cultural y la supervivencia de las pequeñas librerías.
Por Redacción de NLI
Hay discusiones que parecen económicas hasta que uno mira un poco más de cerca. La pelea que acaba de abrirse alrededor del mercado editorial argentino es una de ellas. El Gobierno de Javier Milei impulsa modificaciones que apuntan a desregular la comercialización de libros, mientras editores, libreros y autores advierten que el problema no es solamente cuánto costará un ejemplar dentro de algunos meses, sino qué libros estarán disponibles, quién podrá publicarlos y qué librerías sobrevivirán en un mercado dominado cada vez más por grandes cadenas y plataformas digitales.
La discusión tiene un punto particularmente sensible: la posible eliminación de la llamada ley de precio uniforme del libro, vigente desde hace 25 años. El principio es relativamente sencillo: un mismo título debe venderse al mismo precio de referencia independientemente de que sea ofrecido por una gran cadena, una librería independiente o una tienda situada en una ciudad pequeña. La intención histórica fue evitar que los actores con mayor capacidad financiera pudieran utilizar descuentos agresivos para concentrar el mercado y desplazar a los competidores más pequeños.
Lo que desde el Gobierno puede presentarse como una simple eliminación de una regulación que encarece los productos, desde el sector editorial es observado de otra manera. Un libro no funciona exactamente como una lata de gaseosa, un par de zapatillas o un teléfono celular. Su valor económico convive con una dimensión cultural: detrás de cada título existe un autor, una editorial, un traductor, un corrector, un diseñador, una imprenta, una distribuidora y, finalmente, una librería que decide qué colocar en sus estantes.
El problema no es solamente cuánto cuesta un libro
La Argentina tiene una tradición editorial extraordinariamente rica. Buenos Aires fue durante buena parte del siglo XX una de las grandes capitales editoriales de habla hispana y sus empresas publicaron a autores argentinos, latinoamericanos y europeos que encontraron en el mercado local una plataforma para llegar a millones de lectores.
Esa estructura, sin embargo, nunca estuvo compuesta exclusivamente por grandes compañías. Una enorme cantidad de pequeñas editoriales construyó catálogos especializados, recuperó autores olvidados, publicó poesía, ensayo, literatura infantil, traducciones y obras que difícilmente tendrían espacio en un mercado guiado exclusivamente por el volumen de ventas.
Ahí aparece una de las principales preocupaciones del sector frente a la desregulación. Si una gran cadena o una plataforma puede ofrecer determinados títulos con descuentos mucho mayores que una librería independiente, dispone de una capacidad para absorber temporalmente menores márgenes que un comercio pequeño difícilmente puede igualar.
El resultado podría parecer beneficioso en el corto plazo para el consumidor: un libro más barato.
Pero existe una segunda pregunta: ¿qué ocurre después?
Si las pequeñas librerías pierden ventas y cierran, desaparece también una red de establecimientos que cumple una función cultural que una plataforma digital no necesariamente reemplaza. El librero recomienda, conoce a sus clientes, organiza presentaciones, arma vidrieras temáticas y muchas veces funciona como mediador entre un lector y un libro que jamás habría buscado mediante un algoritmo.
La preocupación no es hipotética. Según el sector citado por El País, la Argentina llegó a multiplicar por tres la cantidad de librerías durante el período en que rigió el esquema actual, pasando de unas 500 a alrededor de 1.500. Al mismo tiempo, las ventas atraviesan actualmente una etapa de dificultades.
Cuando la cultura queda sometida solamente a la lógica del mercado
El debate toca una cuestión mucho más profunda y que excede al Gobierno actual: ¿un libro debe ser tratado exactamente igual que cualquier otra mercancía?
La respuesta depende de qué sociedad se quiera construir.
Desde una perspectiva estrictamente económica, eliminar regulaciones puede aumentar la competencia y permitir que determinados productos tengan descuentos mayores. Pero cuando se trata de bienes culturales aparecen externalidades que no siempre quedan reflejadas en el precio. Una sociedad no lee solamente aquello que vende más. También necesita literatura experimental, investigación académica, poesía, pensamiento político, historia, traducciones y obras destinadas a públicos pequeños.
Ese ecosistema es frágil.
Una librería ubicada en un barrio puede vender menos ejemplares que una plataforma nacional, pero puede ser el único lugar donde una persona encuentre determinada literatura. Una editorial independiente puede publicar a un escritor que todavía no tiene mercado. Una biblioteca puede utilizar una pequeña editorial para construir una colección especializada.
El mercado no necesariamente elimina esas expresiones porque sean malas. Puede hacerlo simplemente porque no son suficientemente rentables.
Y ahí aparece una diferencia fundamental entre la concepción del libro como mercancía y la concepción del libro como bien cultural.
No significa que las editoriales deban trabajar sin criterios comerciales ni que todos los precios tengan que ser regulados indefinidamente. Significa reconocer que la industria cultural tiene características particulares y que las decisiones económicas pueden producir consecuencias culturales difíciles de revertir.
Una discusión que recién comienza
El proyecto oficial también contempla la disolución del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, otro de los puntos que generaron rechazo dentro del sector. Para editores y escritores, la combinación de menor regulación comercial y reducción de instrumentos de promoción podría producir una concentración todavía mayor.
La discusión llega, además, en un momento delicado. Las librerías argentinas enfrentan una caída de ventas, mientras el poder adquisitivo de los lectores se encuentra condicionado por la situación económica general. En ese escenario, cualquier modificación que altere la estructura de precios puede tener efectos importantes.
La paradoja es evidente: un mercado editorial más desregulado podría eventualmente ofrecer algunos libros más baratos, pero también podría reducir la cantidad de actores capaces de sostener una oferta diversa.
No hay una respuesta sencilla. Y precisamente por eso la discusión merece algo más que consignas a favor o en contra de la libertad de mercado.
La Argentina necesita lectores. Necesita autores. Necesita editoriales. Necesita imprentas. Necesita librerías independientes y también grandes cadenas. Necesita que los libros sean accesibles, pero también que exista una producción cultural capaz de escapar de la lógica de aquello que garantiza ventas inmediatas.
Porque una sociedad que solamente publica lo que sabe que va a vender puede terminar teniendo un mercado eficiente y una cultura mucho más pobre.
El libro es una mercancía, por supuesto. Tiene costos, trabajadores, distribución y un precio. Pero también es memoria, conocimiento, imaginación y discusión pública. Y esa dimensión es precisamente la que convierte esta pelea aparentemente técnica por una regulación comercial en una discusión mucho más importante: qué lugar quiere darle la Argentina a la cultura cuando el mercado deja de ser solamente una herramienta y comienza a convertirse en el principal criterio para decidir qué merece existir.
El Intendente Marcelo Orazi recibió al responsable de la empresa Recipetrol de General Roca, Alejandro Andion, con el objetivo de evaluar la incorporación de una planta de acopio y reciclado de residuos urbanos. Acompañados por Hugo Curzel, a cargo del sector de Medio Ambiente del Municipio, los presentes conversaron acerca de otras propuestas y proyecciones…
Desde una plaza vacía y frente a un Estado que negaba la existencia de miles de desaparecidos, un grupo de mujeres comenzó una lucha que terminó convirtiéndose en uno de los movimientos de derechos humanos más reconocidos del planeta. La historia de las Madres de Plaza de Mayo no es solamente la búsqueda de sus hijos e hijas secuestrados durante la última dictadura cívico-militar: es también la historia de cómo la sociedad argentina construyó una memoria colectiva que transformó el dolor en una bandera de democracia, justicia y resistencia frente al terrorismo de Estado.
Por Redacción de NLI
El 30 de abril de 1977, un grupo de mujeres decidió hacer algo que en aquel momento parecía imposible: reunirse en el corazón del poder político argentino para reclamar respuestas sobre el paradero de sus hijos desaparecidos. La Plaza de Mayo, escenario histórico de movilizaciones populares y acontecimientos políticos, se convirtió entonces en el lugar donde unas pocas madres comenzaron una protesta silenciosa contra uno de los aparatos represivos más violentos de la historia argentina. No tenían una estructura organizada, no contaban con respaldo institucional y muchas de ellas ni siquiera tenían experiencia política previa. Lo que las llevó allí fue una búsqueda desesperada: saber qué había ocurrido con sus hijos e hijas que habían sido secuestrados por las fuerzas represivas.
La dictadura cívico-militar que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983 había instalado un sistema clandestino de persecución, tortura y desaparición forzada de personas. Mientras el gobierno militar sostenía públicamente que en el país no ocurría nada irregular, miles de familias recorrían comisarías, cuarteles, juzgados e iglesias buscando información sobre seres queridos que habían sido arrancados de sus hogares. La respuesta del Estado fue el silencio, la negación y, en muchos casos, la complicidad con quienes llevaban adelante los secuestros.
En ese contexto nacieron las Madres de Plaza de Mayo. Aquellas mujeres comenzaron a encontrarse porque comprendieron que, aisladas, sus reclamos podían ser ignorados, pero juntas podían hacerse visibles. La decisión de caminar alrededor de la Pirámide de Mayo surgió porque las autoridades prohibían las reuniones públicas y les exigían “circular”. Aquella imposición terminó transformándose en una de las imágenes más poderosas de la historia argentina: una ronda que cada jueves desafiaba al miedo y demostraba que incluso frente a una dictadura era posible construir una voz colectiva.
El pañuelo blanco contra el silencio de la dictadura
Con el paso del tiempo, las Madres fueron convirtiéndose en un símbolo internacional de la lucha contra la impunidad. El pañuelo blanco que comenzaron a utilizar para identificarse entre ellas pasó a representar la búsqueda de verdad y justicia, pero también la resistencia de una sociedad que se negaba a aceptar que la desaparición de personas pudiera quedar enterrada bajo el silencio oficial.
La respuesta de la dictadura fue intentar desacreditarlas. Desde el poder se las presentó como mujeres manipuladas, exageradas o ajenas a la realidad política del país. Sin embargo, su persistencia logró romper el cerco informativo que el régimen había construido. Mientras los medios controlados por los militares intentaban mostrar una Argentina ordenada y sin conflictos, las Madres llevaban al mundo una denuncia que terminaría generando una enorme presión internacional sobre el gobierno de facto.
El reclamo de esas mujeres también expuso una de las características más profundas del terrorismo de Estado: no solamente buscaba eliminar físicamente a quienes consideraba opositores, sino también borrar sus historias, aislar a sus familias y construir una sociedad dominada por el miedo. Frente a eso, las Madres hicieron exactamente lo contrario: recuperaron nombres, reconstruyeron memorias y transformaron historias individuales de dolor en una causa colectiva.
De la resistencia a una política de Estado
Con el regreso de la democracia en 1983, Argentina inició un camino inédito en la región al decidir juzgar a los máximos responsables de la dictadura. El Juicio a las Juntas, realizado durante el gobierno de Raúl Alfonsín, fue un acontecimiento histórico porque un tribunal civil juzgó a los principales integrantes de una dictadura militar por los crímenes cometidos desde el Estado.
Sin embargo, el camino hacia la justicia no fue sencillo. Durante los años siguientes, las leyes de Punto Final y Obediencia Debida limitaron el avance de las investigaciones, mientras que los indultos otorgados durante la década de 1990 beneficiaron a numerosos represores condenados. Durante ese período, los organismos de derechos humanos continuaron reclamando que los crímenes de lesa humanidad no podían quedar impunes.
Esa lucha tuvo finalmente un punto de inflexión cuando la Justicia argentina declaró inconstitucionales esas normas y permitió la reapertura de los juicios. Desde entonces, cientos de responsables del terrorismo de Estado fueron juzgados y condenados, consolidando una política de memoria, verdad y justicia que convirtió a Argentina en un caso reconocido internacionalmente.
La experiencia argentina mostró que la democracia no solamente se construye mediante elecciones, sino también a través de la capacidad de una sociedad para revisar su pasado, reconocer a sus víctimas y establecer límites frente al abuso del poder estatal.
Una lucha que sigue interpelando al presente
La historia de las Madres de Plaza de Mayo continúa formando parte de los grandes debates políticos y culturales de la Argentina actual. Su recorrido, como ocurre con muchos movimientos históricos, también tuvo distintas etapas y discusiones internas, especialmente sobre el rol político que asumieron algunos sectores del movimiento con el paso de los años.
Pero más allá de esas discusiones, existe un hecho histórico difícil de negar: en el momento más oscuro de la Argentina contemporánea, cuando el Estado había utilizado su poder para perseguir y desaparecer personas, un grupo de mujeres comunes decidió enfrentarlo desde una plaza pública.
Su lucha trascendió las fronteras argentinas y se convirtió en una referencia mundial para otros pueblos que atravesaron dictaduras, guerras o procesos de violencia estatal. Las Madres demostraron que la memoria no es solamente un ejercicio del pasado, sino una herramienta del presente para defender la democracia.
En un contexto donde periódicamente reaparecen discursos que relativizan los crímenes cometidos durante la dictadura o buscan equiparar responsabilidades entre víctimas y victimarios, la historia de las Madres vuelve a adquirir una importancia central. La construcción del “Nunca Más” no fue automática: fue el resultado de décadas de movilización, reclamos y resistencia de familiares y organismos de derechos humanos.
La ronda de las Madres de Plaza de Mayo comenzó como un pedido desesperado de un grupo de mujeres que buscaban a sus hijos. Con el tiempo se transformó en una de las expresiones más fuertes de la defensa de los derechos humanos en el mundo. Su legado recuerda una verdad fundamental de la democracia argentina: cuando el Estado se convierte en instrumento de persecución, la sociedad tiene la responsabilidad histórica de exigir memoria, verdad y justicia.
Las organizaciones que accionan sostienen que en el fallo del STJ existe un agravio que justifica el recurso extraordinario que se basa en la convicción de que principios fundamentales para la sanción de normas en materia ambiental no se respetan. El sábado 3 de junio, en 4 puntos geográficos distintos (Loma Campana, Allen, Conesa y…
Por Marina Ardenghi Licenciada en QuímicaHealth Coach Como hacedores de nuestro día a día podemos considerarnos todos alquimistas, seres capaces de transformar la materia. Y cuando nos damos cuenta que la alimentación se vincula directamente con nuestro estado físico, mental y emocional es que podemos empezar a tener una mirada más aguda de lo que…
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