El Intendente Marcelo Orazi se reunió hoy con el senador nacional Martín Doñate, con quien analizó el estado de los proyectos que el Municipio presentó ante el gobierno nacional en el marco de diferentes programas. Además recorrieron la obra de veredas que se ejecutó en la Plaza de las 201 Viviendas financiadas por Nación a través del ‘Argentina Hace’ y la planta de alimentos de la Universidad Nacional de Río Negro.
Durante el encuentro, Orazi informó al senador nacional de los proyectos elevados en el mencionado programa y también en el denominado ‘Municipios de pie’.
De la recorrida participó también la Subsecretaria de Relaciones Municipales del Ministerio del Interior, Ana Marks.
Tuve la oportunidad de hablar con una madre que me trasmitió su interés de alimentar bien a su hijo. Alrededor de este tema hay muchos mitos desde que el niño nace, lo cual hace a los padres el gremio más criticado. Es importante no volverse locos, y entender que incluir la consciencia en la alimentación…
El presidente se subió a un tweet de Lilia Lemoine, donde se burlaba y ponía en duda que Nadia Beller hubiera sufrido un intento de asesinato.
Según el parte médico difundido en Bolivia, Beller llegó al hospital con «heridas múltiples por proyectil de arma de fuego, con compromiso de mama derecha, brazo derecho y cuello y hombro izquierdo; una fractura expuesta conminuta de húmero derecho; y una herida supraclavicular izquierda sin evidencia radiográfica de compromiso óseo».
Lemoine se lo tomó a broma: escribió que los sicarios que intentaron matar a la ex pareja de Cerimedo habían estudiado en la «academia para copitos ‘Montiel'» y fue retuiteada por Milei.
En paralelo y tras un debate, el bloque de diputados libertario había decidido no salir a bancar a Cerimedo. El problema no fue la acusación por intento de femicidio, sino que el consultor fuera parte del esquema para difundir los audios de las coimas en Discapacidad. Y los diputados se negaron a avalar esa supuesta deslealtad con los Milei.
El presidente habría respaldado esa posición de forma tajante. Hubo desconcierto entre los integrantes del bloque libertario cuando Milei retuiteó la teoría conspirativa de Lemoine que deja bien parado a Cerimedo.
Como contó LPO, Lemoine está en una posición delicada. Karina tomó distancia y peligra su reelección en Diputados. La maquilladora quedó en medio del enfrentamiento entre las Fuerzas del Cielo y los Menem, sin banca en ninguna de las dos facciones. Temerosa de perder su banca, Lemoine salió a sobreactuar karinismo tras años de jactarse de su llegada directa a Javier Milei.
La Municipalidad de Villa Regina informa que el gobierno provincial dispuso de $100 millones de pesos para asistir a los sectores comerciales que se han visto afectados por las actuales medidas que dispuso el Gobierno Nacional debido a la situación sanitaria por COVID-19. Las personas interesadas en los subsidios a los comercios pueden inscribirse desde…
El Vaticano confirmó que el papa León XIV visitará la Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre, en la que será la primera visita de un Sumo Pontífice al país en casi cuarenta años.
El viaje fue confirmado por el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, que detalló que «León XIV realizará un Viaje Apostólico a Uruguay, Argentina y Perú del 6 al 17 de noviembre 2026.
El Papa visitará las ciudades uruguayas de Montevideo, Paysandú y Florida del 6 al 8 de noviembre; luego vendrá a Buenos Aires, Córdoba y Luján del 8 al 11 de noviembre; y finalmente partirá a Perú para visitar Lima, Chiclayo, Cuzco y Pucallpa del 11 al 17 de noviembre.
LPO informó en junio que en el gobierno de Córdoba tenían una confirmación extraoficial del Vaticano y ya estaban trabajando en la coordinación de la visita de León XIV, que es amigo del arzobispo cordobés Ángel Rossi. Como antecedente, la provincia exhibía la visita de Juan Pablo II en 1987, cuando celebró una misa ante 400 mil personas en el Área Material Córdoba, sede de Fadea.
La visita del Papa se dará en un momento político clave para la campaña electoral 2027, que en muchas provincias ya estará en marcha. Por ejemplo en Córdoba donde se descuenta que los comicios serán en los primeros meses del año.
También Javier Milei aprovechará para tener la foto que no pudieron tener ni Cristina Kirchner, ni Mauricio Macri ni Alberto Fernández con el papa argentino Francisco. La visita a Luján también podría darle la oportunidad de la foto a Axel Kicillof.
Es por eso que la visita de León XIV era anhelada por varias provincias, como Santiago del Estero que era una de las primeras opciones que se barajó pero terminó siendo descartada por el Vaticano.
El anuncio fue celebrado por el gobierno argentino. «La visita del Santo Padre constituye un acontecimiento de enorme trascendencia espiritual e institucional para nuestro país y para todos los argentinos», sostuvo la Oficina del Presidente en un comunicado. «Una visita histórica para todos los argentinos», agregó Milei en un tuit.
También Jorge Macri dijo que lo «llena de orgullo» poder ser parte «de un momento histórico» para el país. «Será un honor abrirle las puertas de una Ciudad que hace del encuentro, el respeto y la convivencia una forma de vivir», sostuvo el jefe de gobierno.
Cuando la epidemia de fiebre amarilla golpeó a Buenos Aires en 1871, la ciudad quedó paralizada por el miedo. Miles de personas abandonaron sus hogares, los servicios públicos colapsaron y la muerte se convirtió en una presencia cotidiana. En medio de aquella tragedia, cientos de trabajadores ferroviarios, carreros, sepultureros y empleados públicos sostuvieron tareas esenciales que permitieron evitar un desastre todavía mayor. Su historia rara vez ocupa un lugar destacado en los libros, pero constituye uno de los ejemplos más conmovedores de solidaridad y compromiso colectivo de la historia argentina.
Por Alcides Blanco para NLI
La historia suele recordar las grandes epidemias a través de sus cifras: cuántos murieron, cuánto duró la enfermedad o qué gobiernos debieron enfrentarla. Sin embargo, detrás de esos números existen miles de historias individuales que muchas veces permanecen ocultas. La epidemia de fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires en 1871, considerada una de las mayores tragedias sanitarias de la historia argentina, también dejó un conjunto de protagonistas silenciosos cuya tarea resultó indispensable para que la ciudad pudiera seguir funcionando en medio del colapso. No eran médicos famosos ni dirigentes políticos. Eran trabajadores que, aun sabiendo que arriesgaban sus propias vidas, continuaron conduciendo trenes, trasladando enfermos, retirando cadáveres, limpiando calles o manteniendo servicios esenciales cuando buena parte de la población huía desesperadamente de la ciudad.
La enfermedad llegó a una Buenos Aires que crecía aceleradamente pero que todavía presentaba enormes deficiencias sanitarias. El acceso al agua potable era limitado, los sistemas de desagüe resultaban insuficientes y amplios sectores populares vivían hacinados en conventillos donde las condiciones de higiene favorecían la propagación de enfermedades. A eso se sumó el escaso conocimiento científico disponible sobre los mecanismos de transmisión de la fiebre amarilla, cuyo vínculo con el mosquito Aedes aegypti recién sería descubierto décadas más tarde. Frente a una amenaza que parecía imposible de controlar, el miedo comenzó a extenderse con una velocidad similar a la de la propia epidemia.
Mientras las familias con mayores recursos abandonaban la ciudad rumbo a zonas rurales o localidades vecinas, quienes no tenían esa posibilidad permanecían en Buenos Aires enfrentando una realidad devastadora. Los hospitales desbordaban, los cementerios no alcanzaban para recibir la enorme cantidad de víctimas y los servicios públicos funcionaban al límite de sus posibilidades. En ese escenario crítico, el trabajo cotidiano de miles de personas anónimas se volvió imprescindible para evitar que la crisis sanitaria derivara en un colapso absoluto.
El tren que llevaba esperanza en medio del miedo
Entre esos trabajadores ocuparon un lugar fundamental los empleados ferroviarios. Los trenes continuaron transportando alimentos, medicamentos, insumos y personas cuando gran parte de la actividad económica estaba prácticamente paralizada. También permitieron trasladar enfermos hacia zonas donde todavía existía capacidad de atención y facilitaron el abastecimiento de una ciudad que comenzaba a quedar aislada por el temor al contagio.
Aquella tarea no estuvo exenta de riesgos. Los conocimientos médicos de la época no permitían comprender con precisión cómo se propagaba la enfermedad y muchos trabajadores desempeñaban sus funciones sin ningún tipo de protección. Cada jornada implicaba entrar en contacto con pasajeros, cargas y espacios donde la epidemia avanzaba sin control. Sin embargo, la necesidad de sostener el funcionamiento de la ciudad hizo que miles de ellos continuaran trabajando cuando hacerlo significaba poner en peligro la propia vida.
Junto a los ferroviarios actuaron carreros, cocheros, sepultureros, policías, empleados municipales, religiosos, voluntarios y médicos que permanecieron en sus puestos pese al miedo generalizado. La organización espontánea de esos sectores permitió que la ciudad siguiera recibiendo alimentos, que los hospitales continuaran funcionando y que las víctimas pudieran ser sepultadas en condiciones cada vez más difíciles.
La epidemia que cambió Buenos Aires
La fiebre amarilla dejó una huella profunda en la historia urbana argentina. La magnitud de la tragedia obligó a revisar las políticas sanitarias, impulsó obras de infraestructura vinculadas al agua potable y al sistema de cloacas y modificó la forma en que el Estado comenzó a pensar la salud pública. También aceleró transformaciones urbanas destinadas a mejorar las condiciones de higiene de una ciudad que había crecido mucho más rápido que sus servicios básicos.
Pero la epidemia también dejó una enseñanza política que mantiene vigencia. Las grandes crisis sanitarias no se resuelven únicamente con decisiones gubernamentales o avances científicos. También dependen del compromiso cotidiano de quienes sostienen los servicios esenciales. La pandemia de COVID-19 volvió a demostrarlo más de un siglo después, cuando trabajadores de la salud, transportistas, recolectores de residuos, personal de limpieza y empleados de múltiples actividades continuaron desempeñando tareas indispensables mientras buena parte de la sociedad permanecía aislada.
Ese paralelismo permite comprender que la historia de 1871 no pertenece solamente al pasado. Cada generación enfrenta sus propias emergencias y descubre, una vez más, que existen oficios cuya importancia suele pasar inadvertida hasta que una crisis los vuelve imprescindibles.
Una memoria construida desde abajo
Las grandes narraciones históricas suelen concentrarse en presidentes, generales o dirigentes. Sin embargo, la vida cotidiana de un país también se sostiene gracias a millones de trabajadores cuya contribución rara vez recibe reconocimiento público. La epidemia de fiebre amarilla ofrece uno de los ejemplos más claros de esa realidad. Sin el esfuerzo de quienes mantuvieron en funcionamiento los servicios básicos, el impacto de la tragedia probablemente habría sido todavía mayor.
Recordar esas historias también invita a revisar la manera en que se construye la memoria colectiva. Muchas veces, los protagonistas más importantes de un proceso histórico no son quienes aparecen en los retratos oficiales, sino quienes sostienen silenciosamente el funcionamiento de una sociedad cuando todo parece derrumbarse.
La fiebre amarilla de 1871 fue una de las páginas más dolorosas de la historia argentina, pero también una de las que mejor muestra el valor del trabajo colectivo. En medio del miedo, cuando miles escapaban de la ciudad y la incertidumbre dominaba la vida cotidiana, hubo hombres y mujeres que siguieron cumpliendo su tarea para que Buenos Aires no terminara de colapsar. Su historia recuerda que las sociedades no se sostienen únicamente por las decisiones de sus gobernantes, sino también por el compromiso de quienes, muchas veces lejos de los homenajes, hacen posible la vida cotidiana incluso en los momentos más difíciles.
Masiva adhesión popular de asambleas ciudadanas, organizaciones socioambientales, cientificos/as, investigadores/as de la Argentina al rechazo de la censura del Director Nacional del INTA, Carlos Alberto Parera contra la investigadora de la institución Dra. Virginia Aparicio ordenando la suspensión de la reunión informativa sobre el mayor estudio sobre residuos de agrotóxicos realizado sobre pueblos fumigados de…
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