El Intendente Marcelo Orazi participó del acto en el que fue puesto en funciones Sergio Barreiro como Delegado de Trabajo en Villa Regina. En la oportunidad estuvo presente la Subsecretaria de Trabajo Natalia Reynoso y acompañaron el presidente de la Cámara de Comercio Franco Susca y representantes gremiales.
En la oportunidad, Reynoso destacó el acompañamiento del Intendente Orazi en el trabajo que el Municipio y la Secretaría viene desarrollando durante este tiempo, además de la presencia de referentes de los sindicatos y de la Cámara.
Por su parte, Barreiro también expresó su agradecimiento al Intendente y manifestó: “Son momentos difíciles, muy difíciles los que nos toca atravesar y que requieren más que nunca del diálogo y el consenso”.
La Municipalidad de Villa Regina adhiere a la Resolución N° 4463 del Ministerio de Salud de Río Negro y establece nuevas medidas sanitarias hasta el 25 de junio. El detalle: CIRCULACIÓN La restricción a Ia circulación de las personas seguirá siendo entre las 20 y las 6 del día siguiente. Quedan exceptuadas de Ia medida:…
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UNA NECESIDAD, UNA OBLIGACIÓN Luego del accidente ocurrido en la tarde noche del lunes en Av. Gral. Paz a la altura de la chacra 91, a unos cinco kilómetros al sur de la ruta 22, en el cual falleció Evelyn Joana Alarcón (25) luego de ser impactada desde atrás por el conductor de una camioneta que escapó del lugar…
La diputada nacional Lilia Lemoine denunció penalmente a la senadora bonaerense Malena Galmarini por el viaje en un avión privado a la isla de Barbados, que habría pagado el empresario Francisco De Narváez.
La libertaria explicó que la presentación por el presunto delito de dádivas fue realizada por
el abogado Leandro Furundarena y quedó radicada en la UFI N° 2 de La Plata.
Días atrás, el diario
La Nación
reveló que Sergio Massa, su esposa y un grupo de amigos viajaron en un jet privado tipo Gulfstream a la paradisíaca Barbados. El avión es atribuido a De Narváez y según sostuvo Lemoine el costo del viaje rondaría los 400 mil dólares.
La denuncia pide establecer si Galmarini «recibió gratuitamente un beneficio patrimonial de considerable entidad económica proveniente directa o indirectamente de un empresario privado; quién afrontó efectivamente dicho costo; cuál fue la causa concreta de esa liberalidad y si el beneficio fue otorgado en consideración al cargo público desempeñado por la denunciada».
«Considero especialmente relevante investigar si Francisco De Narváez, las sociedades integrantes de su grupo económico, sus controladas, vinculadas, participadas o aquellas respecto de las cuales posea intereses económicos relevantes mantienen o mantuvieron contratos, concesiones, permisos, autorizaciones, beneficios fiscales, relaciones comerciales, intereses regulatorios o cualquier otro vínculo susceptible de resultar alcanzado por decisiones emanadas del Estado de la Provincia de Buenos Aires», dice la denuncia citada por Lemoine.
La Ciudad avanza con el traspaso de la justicia laboral y esperan que en febrero de 2027 ya estén en funcionamiento 10 juzgados y dos salas de cámara. Las causas colectivas seguirán en el fuero nacional. Los jueces y fiscales compartirán equipos para las tareas administrativas. Aún no está cerrado el monto que transferirá Nación.
La magistratura porteña envió a la Legislatura el listado de los primeros diez jueces y los primeros seis camaristas que tendrá el fuero laboral porteño, además de fiscales, fiscales de cámara y asesores tutelares. Allí irán a parar los nuevos casos expedientes vinculados al mundo del trabajo. Los viejos continuarán tramitándose con sus jueces naturales en el fuero nacional.
A diferencia de lo que ocurre en Nación, el Consejo no elabora ternas, sino listados que corresponden al orden de mérito. En los que elevó el jueves no hay casi diferencia con el puntaje del examen escrito y los antecedentes.
Entre los postulantes para jueces y camaristas del fuero laboral que debe votar la Legislatura hay abogados de empresas, de sindicatos, jueces y ex funcionarios como Horacio Pitrau. Durante 27 días fue subsecretario de Trabajo de Milei y viceministro de Jorge Triaca. Aparece en el listado de los camaristas.
Sebastián Luis Caset y Agustina Bergonzelli son candidatos a jueces de primera instancia y vienen del mundo del derecho empresario. Silvia Inés Gutiérrez Garay, postulada para camarista, fue abogada del Suterh. Patricia Paola Ceriani, también candidata a camarista, es Coordinadora Técnico Legal y Jurídica de la Dirección General de Administración de Infracciones de la Ciudad.
En la Ciudad apuntan a tener al menos 40 juzgados y 5 salas con tres camaristas.
Diego Javier Tula es juez laboral en la Provincia mientras que Martín Furchi pertenece al fuero contencioso administrativo de la Ciudad. Ambos están en la lista de camaristas.
El traspaso era resistido por los jueces nacionales y un amparo frenó por varios meses el concurso organizado por el Consejo de la Magistratura de la Ciudad. Por eso la decisión fue que los juzgados nacionales continúen funcionando hasta que no tengan más tareas.
Las causas colectivas, aquellas que involucran a sindicatos, seguirán tramitándose en los juzgados nacionales.
En la Ciudad apuntan a tener al menos 40 juzgados y 5 salas con tres camaristas. En Nación buscan bajar ese número. «Todavía estamos discutiendo cuestiones del traspaso de la policía, esto viene para largo», bromeó un funcionario porteño.
El fuero podrá comenzar a funcionar 180 después de que la Legislatura y el Congreso aprueben el traspaso.
Para los nuevos juzgados, la Ciudad aplicará el modelo de gestión asociado. Implica la conformación de equipos administrativos especializados que trabajarán para varios juzgados en simultáneo. La intención es tener un servicio de justicia más rápido y eficiente.
«Vas a tener algunos que solo hagan notificaciones, otros que manejen las audiencias. Va a ser gente especializada que trabaja en una sola tarea», le dijo a LPO un funcionario judicial. El modelo ya se aplica en el fuero de relaciones de consumo y en ejecución penal.
Fue una innovación basada en los casos de Neuquén y Tucumán y también de España y Chile que tuvo su debut en las fiscalías de la Ciudad.
«Se bajan los costos, también se reduce el poder de los jueces. Y al final el servicio de Justicia es más rápido y efectivo», explicaron desde el gobierno porteño.
José Luis Delpini, el ingeniero detrás de La Bombonera y el Mercado de Abasto, revolucionó el hormigón armado y dejó una huella única en la construcción argentina y mundial.
Por Redacción de NLI
1939
Hay edificios que se construyen y hay edificios que cambian para siempre la manera de construir. La diferencia no está solamente en la espectacularidad de una obra terminada, sino en aquello que sucede detrás de sus paredes, en las soluciones que permiten que una idea aparentemente imposible termine convirtiéndose en una estructura que desafía las limitaciones de su época. En la Argentina de las décadas de 1920 y 1930, cuando el hormigón armado todavía representaba una frontera tecnológica en expansión, José Luis Delpini fue uno de los ingenieros que empujó esa frontera hasta lugares que sorprendieron incluso a especialistas internacionales. Su nombre quedó asociado para siempre con dos edificios que forman parte de la identidad porteña: el Mercado de Abasto y la Bombonera. Pero reducir su trayectoria a esas dos obras sería, justamente, cometer la misma injusticia histórica que durante décadas mantuvo su figura en un segundo plano.
Delpini se recibió de ingeniero civil en la Universidad de Buenos Aires en 1921, en una época en la que la ingeniería argentina comenzaba a adquirir un papel decisivo en la transformación material del país. La propia Facultad de Ingeniería de la UBA lo reconoce como uno de los pioneros del uso del hormigón armado en la Argentina. Su formación coincidió con una etapa de enorme transformación urbana: Buenos Aires crecía, la industria se expandía, aparecían nuevos medios de transporte y las técnicas constructivas europeas comenzaban a combinarse con una necesidad local cada vez más evidente: hacer posible una ciudad moderna utilizando soluciones adaptadas a sus propios problemas y recursos.
El Abasto: Cuando El Mercado Se Convirtió En Arquitectura
A fines de la década de 1920, el desafío consistía en reemplazar y ampliar el viejo Mercado de Abasto de la avenida Corrientes, un espacio que ya no podía responder a la dimensión que había adquirido la actividad comercial. El nuevo proyecto fue desarrollado por el estudio formado por Delpini, el arquitecto esloveno Viktor Sulčič y el geómetra Raúl Bes. La obra comenzó a ejecutarse a comienzos de los años treinta y las partes principales fueron inauguradas en 1934.
Lo extraordinario no estaba solamente en las dimensiones del edificio, sino en la manera de resolverlas. Delpini llevó el hormigón armado a una escala que todavía resultaba novedosa en la Argentina. Las grandes cubiertas permitían cubrir luces considerables y, al mismo tiempo, incorporar iluminación natural mediante sectores de vidrio armado. El resultado fue una estructura en la que la ingeniería no quedaba escondida detrás de la arquitectura: la propia estructura se convertía en arquitectura. Documentación patrimonial de la Ciudad de Buenos Aires considera aquella solución un proyecto revolucionario para su época y uno de los hitos de la arquitectura argentina.
El Abasto también permite entender algo fundamental sobre Delpini: para él, la ingeniería no consistía simplemente en calcular cuánto peso podía soportar una viga. Existía una búsqueda estética inseparable de la solución estructural. En esa concepción, la forma no era un adorno agregado después del cálculo: nacía de la necesidad de resolver el problema constructivo. Por eso las grandes bóvedas, los nervios del hormigón y los espacios interiores del mercado terminaron produciendo una imagen arquitectónica que todavía hoy resulta reconocible.
La magnitud de aquella innovación no pasó inadvertida. El Consejo Profesional de Ingeniería Civil recuerda a Delpini como un realizador estructural excepcional y destaca su relación con el italiano Pier Luigi Nervi, uno de los grandes nombres mundiales de la ingeniería estructural del siglo XX. Nervi llegó a considerar a Delpini un realizador extraordinario, una valoración particularmente significativa si se tiene en cuenta que ambos pertenecían a una generación que estaba redefiniendo las posibilidades del hormigón armado.
La Bombonera: Construir Donde Parecía No Haber Lugar
Después del Abasto llegó el desafío que terminaría convirtiendo a Delpini en parte de la cultura popular argentina. Boca Juniors necesitaba un nuevo estadio y el terreno disponible imponía una condición brutal: había que construir una cancha de enorme capacidad dentro de un espacio urbano extremadamente limitado. El proyecto de Delpini-Sulčič-Bes ganó el concurso y la construcción comenzó en 1938. El estadio fue inaugurado el 25 de mayo de 1940.
La solución fue tan particular que terminó generando una de las formas más reconocibles del fútbol mundial. En lugar de intentar reproducir el modelo tradicional de un estadio simétrico, el proyecto aprovechó cada centímetro disponible. Las tribunas fueron organizadas en bandejas superpuestas, con una inclinación muy pronunciada, mientras una de las cabeceras quedaba abierta a una configuración diferente. La estructura permitía ganar altura y capacidad allí donde el terreno no permitía ganar superficie.
La Bombonera, entonces, no fue simplemente una cancha diseñada con una forma extravagante. Fue la consecuencia visible de una solución de ingeniería frente a una restricción urbana. Esa es probablemente la clave para entender su singularidad. Allí donde otro proyecto habría concluido que el terreno era insuficiente, Delpini convirtió la falta de espacio en una oportunidad para experimentar con la estructura.
El propio nombre popular del estadio quedó ligado a aquella etapa del proyecto. La historia cuenta que Sulčič llevó al estudio una caja de bombones cuya forma recordaba a la maqueta del estadio y que, desde entonces, comenzó a utilizarse informalmente el nombre que terminaría convirtiéndose en una de las marcas culturales más poderosas del deporte argentino: La Bombonera.
Pero detrás de la anécdota había una verdadera proeza. Las tribunas empinadas, las bandejas superpuestas y el aprovechamiento de un terreno reducido obligaban a resolver simultáneamente cuestiones de estabilidad, circulación, visibilidad y resistencia. La estructura debía soportar enormes cargas y, al mismo tiempo, integrarse con una arquitectura que permitiera contener a decenas de miles de espectadores. La Universidad Torcuato Di Tella ha señalado precisamente cómo la tensión entre el terreno disponible, el campo de juego, las visuales y las fuerzas estructurales dio origen a una forma que terminó trascendiendo la ingeniería para convertirse en un símbolo urbano.
Mucho Más Que La Bombonera Y El Abasto
La historia de Delpini no termina en Corrientes y Brandsen. Su producción profesional incluyó obras industriales, mercados, edificios, instalaciones y proyectos en los que continuó explorando las posibilidades del hormigón y de las estructuras modernas. Entre las obras que registra la Asociación de Ingenieros Estructurales aparecen el Mercado Vélez Sarsfield, la Hilandería Juarros, la Iglesia del Asilo del Hospital Italiano, instalaciones industriales de Astra, Italar, Bagley, Gomycuer y Colgate-Palmolive, además de otras construcciones relevantes.
Y hay un detalle especialmente interesante para quienes viven en el oeste del Gran Buenos Aires: Delpini también dejó una obra significativa en San Justo. La capilla del Hospital Italiano, construida en la década de 1940, constituye una muestra particularmente expresiva de su manera de trabajar. Sus arcos escalonados de hormigón organizan el espacio interior y convierten la propia estructura en el elemento protagonista de la arquitectura. Investigaciones académicas sobre la obra remarcan precisamente que el componente estructural constituye allí el núcleo de la propuesta de Delpini.
Su pensamiento trascendió además las obras concretas. Delpini fue docente y director del Departamento de Construcciones y Estructuras de la Facultad de Ingeniería de la UBA, y desarrolló una reflexión propia sobre el diseño estructural. La Asociación de Ingenieros Estructurales lo presenta como autor de El Hormigón Preformado, una obra vinculada a su búsqueda de nuevas formas de pensar la relación entre estructura, materiales y diseño.
Ese aspecto resulta fundamental para comprender por qué su influencia excedió ampliamente los límites de Buenos Aires. Delpini no fue solamente un constructor de edificios extraordinarios: fue un profesional que intentó transformar la propia disciplina, combinando cálculo, experimentación, conocimiento de materiales y una concepción estética en la que la estructura debía expresar su propia lógica.
Su muerte, en 1964, llegó cuando buena parte de la arquitectura y la ingeniería mundial ya transitaban por caminos que él había contribuido a abrir décadas antes. La Asociación de Ingenieros Estructurales conmemoró en 2014 el cincuentenario de su fallecimiento y lo definió como una figura emblemática de la ingeniería argentina.
El Ingeniero Que Merecía Un Lugar En La Memoria
Hay una paradoja en la historia de José Luis Delpini. Millones de personas conocen sus obras sin conocer su nombre. Quien entra a la Bombonera reconoce inmediatamente el estadio; quien atraviesa Corrientes frente al antiguo Abasto identifica uno de los grandes símbolos arquitectónicos de Buenos Aires. Sin embargo, durante mucho tiempo el ingeniero responsable de buena parte de las soluciones estructurales que hicieron posibles esas construcciones quedó opacado por las figuras más visibles de la arquitectura.
Recuperar a Delpini no significa quitarle méritos a Sulčič, a Bes ni a todos los profesionales y trabajadores que hicieron posibles aquellas obras. Por el contrario, significa comprender que la arquitectura moderna fue también una construcción colectiva, donde arquitectos, ingenieros, técnicos, obreros y empresarios tuvieron que dialogar con una tecnología que todavía estaba en pleno desarrollo. El estudio Delpini-Sulčič-Bes fue precisamente uno de esos espacios de encuentro.
El Abasto y la Bombonera sobreviven porque resolvieron problemas concretos con una audacia extraordinaria. Uno nació para organizar el abastecimiento de una Buenos Aires que crecía; el otro, para darle a Boca Juniors un estadio donde parecía que no había lugar suficiente. Ambos terminaron convertidos en símbolos. Y en el centro de esa transformación estuvo un ingeniero argentino que entendió algo que todavía conserva plena vigencia: que la innovación no consiste en construir más grande, sino en encontrar una manera nueva de hacer posible aquello que parecía imposible.
José Luis Delpini hizo eso en el hormigón, en los mercados, en las fábricas, en los edificios y, sobre todo, en dos lugares que terminaron formando parte del imaginario colectivo argentino. Desde las grandes bóvedas del Abasto hasta las tribunas suspendidas de la Bombonera, su legado demuestra que la ingeniería también puede ser cultura, identidad y memoria. Y que detrás de algunas de las postales más conocidas de Buenos Aires existe una historia mucho más profunda: la de un ingeniero que convirtió las limitaciones de su tiempo en obras que terminaron adelantándose a él.
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